sábado, 23 de abril de 2011

Crucificados


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En el siglo IX, Ramiro I restauró un antiguo templo a extramuros de la ciudad bajo la advocación de San Marcelo, centurión romano que en el año 298 dC. y durante la celebración del aniversario del Emperador Maximiano, se negó a realizar sacrificios a los dioses e hizo pública su fe cristiana, proclamando que solo adoraría al verdadero Dios. La iglesia se eleva en el mismo lugar en el que, según la tradición, Marcelo realizó su declaración o “confessio”. A pesar de la destrucción de finales del siglo X por parte de Almanzor y los múltiples avatares del templo a lo largo de los siglos, aún hoy la podemos contemplar en su emplazamiento originario, en el centro de León.


"Condenado y crucificado" -La Pasión según San Juan-. J. S. Bach.


La iglesia de San Marcelo sigue siendo un referente en la ciudad, pero no sobresale por su calidad constructiva ni estética ni tampoco por sus tesoros artísticos, pero posee una historia que, como hemos visto, alcanza desde finales del Imperio Romano a la actualidad. No obstante, cuenta una obra excepcional y muy apreciada por los fieles leoneses: el Cristo de la Agonía, más conocido por el Cristo de los Balderas.

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A comienzos del siglo XVII, la familia Balderas, Antonio de Balderas y su esposa María Flórez, encargaron y costearon para instalar en la pequeña capilla situada en el lado de la Epístola, un Crucificado. El artista elegido fue el conocido Gregorio Fernández y las condiciones para el trabajo escuetas: “Una obra bien acabada, con mucho arte, con dientes de marfil y uñas postizas en los pies”.

El escultor gallego realizó una obra extraordinaria. Posiblemente sea el mejor crucificado de este artista y el que cuenta coSAM_1103 2n un mejor acabado: majestuoso, con una apariencia sobria y serena, un tratamiento anatómico refinado y contenido en el gesto; sosegada expresión en el rostro, con la vista caída, la frente limpia de arrugas y la boca con un realismo asombroso. El Cristo de la Agonía o de los Balderas, posee una serenidad y belleza plástica admirable, entre las imágenes que ofrecen los crucificados.

Hace unos años, la cadena BBC logró irritar a los cristianos ingleses más tradicionalistas, al alterar la representación clásica de la crucifixión de Cristo en una serie televisiva. En esta serie (“La Pasión”), se ofrecía la imagen de Jesucristo crucificado con los brazos en alto y clavados en la cruz por el antebrazo (no las manos o las muñecas). Las piernas muy flexionadas, con los pies clavados individualmente en una ménsula, que se sitúa mucho más alta de lo que es acostumbrado en las representaciones.

Ante las acusaciones de medios próximos a la ortodoxia cristiana de “reinventar” la narración bíblica tratando de engañar a los creyentes, los responsables de la serie alegaron que se tomó como referencia el descubrimiento en 1968 de los restos de un joven crucificado en las cercanías de Jerusalén. Es el único halnformacrux 4lazgo arqueológico de este tipo, y presenta la misma posición de crucifixión que se reproduce en la serie, fundamentado además, que los romanos crucificaban a los condenados de distintas formas y esta manera era una de las más extendidas y eficaces.

Según esto, y en contra de las múltiples representaciones pictóricas a través e los siglos, la cruz no sería muy alta, los pies del reo se encontrarían a tan solo a medio metro del suelo, principalmente debido a que la cruz se colocaba en su posición vertical con el condenado ya inmovilizado sobre ella. Los verdugos que se encargaban de levantar la cruz lo harían por medio de cuerdas, con su propia fuerza, resultando muy complicado elevar una cruz de gran altura.

La crucifixión es una práctica de tortura y ejecución muy antigua. Fue utilizada por numerosas civilizaciones: asirios, fenicios, persas, griegos, macedonios, cartagineses, romanos y hasta los japoneCapturar-2ses de la era Mejii (segunda mitad del XIX). Por encima de todo, fue un castigo destinado a la humillación pública, exponiendo al reo a una dolorosísima tortura a la vista de todos.

Es probable que fueran los asirios los que iniciaron esta tortura y de allí pasó a los persas. En el s. IV aC., Alejandro Magno lo aplicó en su invasión hacia el este y se cree que ejecutó de esta manera a más de 2000 supervivientes de la ciudad fenicia de Tiro, es más, se asegura que mandó crucificar al médico que no logró curar a su amigo Hefestión, como también a su historiador y biógrafo oficial Calístenes, por no estar de acuerdo en que Alejandro adoptara costumbres persas.

Fenicios, griegos, macedonios y cartagineses, como ya hemos dicho, la aplicaron asiduamente, sin embargo, la crucifixión estaba prohibida en la ley antigua judía. PerNikolai Ge La Crucifixión 2o sin duda, fue Roma quien difundió por todo el Mediterráneo este tipo de tortura.

Conocemos importantes y cruentos episodios de Roma. Célebre fue la condena del cónsul Marco Licino Craso, cuando hizo crucificar a lo largo de la Vía Apia a más de 6000 de los esclavos de Espartaco, suceso que, al parecer, duró varias semanas. Flavio Josefo relata como Tito crucificó a centenares de rebeldes judíos en Jerusalén en las paredes y murallas de la ciudad, ante la falta de madera en el lugar.

La muerte del crucificado solía producirse por asfixia, hambre, insolación, etc. Pero la intención era que el condenado muriera debido a la fiebre y a la sed, por lo que podría tardar en de 2 a 6 días en morir por deshidratación, siempre y cuando no le fuera suministrada agua en pequeñas cantidades para alargar el sufrimiento, o con anterioridad sufriera un castigo previo (como la flagelación) que pudiera acelerar el desenlace. Todas las fuentes antiguas hablan de que el suplicio podía durar días, a menos que el condenado fuera rematado de forma más o menos cruenta.

Los romanos despreciaban esta humillante tortura que era destinada únicamente a los peores criminales. Un condenado que pudiese mostrar el “civis romanus sum”, la prueba de ser ciudadano romano, podía optar por el “privilegio” de la decapitación, evitando la agonía de la crucifixión. De no poder demostrar su ciudadanía, al condenado se le ataba y cargaba con el tronco llamado “patibulum”, de aproximadamente 2 metros y 40 kg., hasta el lugar de ejecución. No se cortaban ni images (1)lijaban los maderos, ya que era una herramienta de muerte considerada maldita, siendo, la mayoría de las veces, quemada tras la ejecución debido a la superstición popular.

Una vez en el lugar, el patibulum se fijaba al stipes (parte vertical). El reo era desnudado, clavado y seguidamente se izaba. Los dos troncos podían adoptar la forma de cruz latina clásica (“crux immissa”). En ocasiones se utilizaba solo una estaca vertical, denominada en latín “crux simplex” o “palus”, resultando la manera más sencilla de tortura, o dos maderos unidos en la parte superior formando una T, era la “crux commissa”.

El cuerpo humano en esta situación sufre de asfixia gradual, ya que para poder inspirar el crucificado debe alzarse a pulso sobre los clavos que sujetan sus brazos, y tras poder coger un poco aire, vuelve a caer suspendido de los brazos, así muere asfixiado en poco tiempo. En algún momento de la ejecución, podían romperse las piernas del condenado con el fin de acelerar la asfixia, pues así la víctima quedaba sin sustento para poder levantarse y seguir respirando.

Para alargar la tortura, normalmente se instalaba un soporte (“aculeus”) en el "stipes" para apoyar los pies o la cadera, la muerte así llega mucho más tarde y, como ya cometamos, podría durar días. Crucifixin-StykaSe practicó también la modalidad de crucifixión invertida y añadir más sufrieminto, como aplicar un pequeño fuego en los pies.

Curiosamente, no resultaba extraño que se adornasen las cruces y los cuerpos de los condenados con guirnaldas de flores, hiedra u hojas. Es difícil imaginar una explicación. Puede que se tratase de un sacrifico especial dedicado a alguna deidad, a solicitud del condenado o, quizá, para camuflar el hedor que deberían desprender aquellos cuerpos, con el escaso perfume de las flores .

En la iglesia de San Vicente de Ávila se reproduce una extraña y desconocida forma de crucifixión. Es un bajorrelieve que representa el martirio de los hermanos Vicente, Sabina y Cristeta, ocurrido bajo el dominio de Diocleciano en el año 304 dC., en el mismo lugar en el que se erige el templo. Es un tipo de crucifixión en cruz aspada (ecúleo) cuyos brazos son móviles. Se clava a los condenados al revés, de cara al madero, se fija la cabeza del ajusticiado a una horca y se empujan hacia arriba las aspas de la cruz. La muerte se produce por la rotura lenta del esqueleto, una tortura horrible.

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Aunque parezca que la crucifixión es asunto del pasado no es así. Hace aproximadamente un siglo, Turquía cometió tremendas atrocidades contra la población cristiana de Armenia, crucificando a un grupo importante de mujeres por no querer abrazar el Islam. Asimismo, hace un par de décadas se conoce la crucifixión de varios sacerdotes cristianos en Sudán, en donde todavía se contempla esta pena en la Sharia islámica; también se impone como castigo en Yemen.

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Como hemos visto, la crucifixión ofrece multitud de variantes de acuerdo con la costumbre o el pueblo que la practique. Influye poderosamente el lugar, los medios de que se dispone y el talante de los verdugos.

Sobre la forma y método empleado en la crucifixión de Cristo, no existe nada claro. Pudo ser crucificado en la tradicional cruz latina, pero también en un simple palo vertical. Podría haber sido atado al madero y clavado por las manos, muñecas o antebrazos. Los Cristo de la Agonía pies clavados o simplemente atados a la cruz; pudieron usarse dos clavos, uno para cada pie, clavados por delante o lateralmente al stipes. Pero también pudo ser solo uno que taladrara los dos pies, uno encima del otro, o ladeados y clavados por el tobillo, como se hizo con el condenado del que se encontraron sus restos cerca de Jerusalén.

Sea como fuere, lo que debió ocurrir realmente en nada debe parecerse a la mayoría de las representaciones de Cristo crucificado, que muestran, dentro de lo que cabe, una imagen bastante templada. El panorama real debió de ser bien distinto: un cuerpo desnudo, completamente lacerado y ensangrentado, no con corona, sino con un casquete de espinos en la cabeza. La cruz estaría formada por dos bastos maderos, posiblemente en forma de "tau" y de baja altura, no más de 2 metros de alto. Los clavos de los brazos situados entre la muñeca y el antebrazo, el cuerpo muy flexionado, casi en cuclillas, y los dos pies ladeados clavados por los tobillos o individualmente a cada lado del madero. Una imagen terrible alejada del convencionalismo al que estamos acostumbrados.


- "Semana Santa". Película de Andrzej Wajda.
- Video
argot2000. YouTube: "La Pasión según S. Juan (Condenado y crucificado)". J.S. Bach
- Cristo de los Balderas. Gregorio Fernández, Iglesia San Marcelo de León.
- Cristo de los Balderos. Gregorio Fernández, Iglesia San Marcelo de León.
- Montaje-hipótesis crucifixión.
- Fotograma de "La Pasión".
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"La Crucifixión". Nikolai Ge.
- Fotograma de "La Pasión de Cristo". Mel Gibson.
-
"Martirio de cristianos en el circo de Nerón". Jan Styka.
- Martirio de Vicente, Sabina y Cristeta. Bajorrelieve iglesia San Vicente (Ávila).
- Fotograma final de "Espartacus". Stanley Kubrick.

- Cristo de los Balderas. Gregorio Fernández, Iglesia San Marcelo de León.

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jueves, 14 de abril de 2011

Papones y limonada


Morenica del Mercado 3

Hace más de siglo y medio, como ya se ha comentado en algún tema anterior, Gustavo Adolfo Bécquer estuvo presente en las celebraciones de la Semana Santa leonesa. El poeta sevillano debió quedar sorprendido por el fervor, la belleza y austeridad de aquellas celebraciones inundadas de tradiciones, tan distintas a la Semana Santa de su Sevilla natal, que dejó escrito lo que observó en aquella visita a León. Especialmente describió el espectáculo que supone “El Encuentro”, episodio al que asistió y que transcurre en la Plaza Mayor durante la procesión del Viernes Santo a primera hora de la mañana.


Ronda. Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Madrugada, Viernes Santo.

Bécquer sería testigo de la religiosidad leonesa de mediados del XIX, pero también, seguramente, de las arraigadas y peculiares tradiciones populares de la Semana SaEncuentronta de las cuales, desgraciadamente, no dejó constancia escrita: la existencia y desfile de los papones y la tradicional limonada, cuyo consumo, simbólicamente por supuesto, se asocia con el hecho de perseguir y "matar judíos" durante los días de Semana Santa en época medieval y moderna.

Esta antigua y vergonzosa práctica, como más adelante veremos, ocurría en una sociedad antagónica y religiosamente irreconciliable. Los cristianos, que eran la gran mayoría, culpaban a los israelitas de la muerte de Jesucristo, una vez debidamente instigados y azuzados por el clero, las órdenes religiosas y las hermandades de penitentes.

Estas primeras hermandades o cofradías y la costumbre de procesionar por las calles, tienen su origen, sin duda, en el Reino de León, donde todavía hoy es visible en alguna localidad, y a pesar de los trascendentales cambios, un mínimo de su austeridad primitiva.

Las cofradías, hermandades o fraternidades penitenciales no aparecen espontáneamente. Su evolución a lo largo de los siglos es el resultado de un larguísimo proceso protagonizado por distintas causas: económicas, culturales, religiosas, sociales, pero también producto de desgracias colectivas, como hambrunas y epidemias.

CervantesDisciplinantes

Se remontan al siglo XII-XIII donde surgen, al amparo de las órdenes mendicantes (agustinos, franciscanos, dominicos, etc.), grupos de flagelantes o disciplinantes en los que se impone la mortificación a base de la flagelación penitencial, muy repetida y bendecida en la Regla de San Benito, que practicaban y defendían los hombres santos del momento: San Francisco de Asís, San Antonio de Padua, Santo Domingo de Guzmán, etc. Son varias, además, las muestras pictóricas de esta tradicional y cruenta práctica espiritual española: Solana, Goya, Turina y Aureal, Pérez Rubio, etc.

En el siglo XIV aparece otra modalidad penitencial: el Vía Crucis o Camino de la Cruz. Se trata de realizar un camino devocional en el que se reconstruye y conmemora la Pasión de Cristo, fundándose también hermandades o cofradías para ello. Con el tiempo, se asociarán éstas últimas con las compañías de dipenitentessciplinantes, llegando en esta situación hasta el Concilio de Trento (1545-1564), que trazará las normas y reglas de penitencia pública y culto a las imágenes, además de mostrar las pautas para los desfiles procesionales, así como la trayectoria futura de las cofradías.

A finales del siglo XVI se fundó la primera compañía (así se denominaba) penitencial de León: Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. En el siglo XVII, en 1611, nació la cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno y un siglo más tarde, la cofradía que actualmente se denomina Real Cofradía de Minerva y Vera Cruz, fruto de la unión de una serie de hermandades a través de los años, algunas de principios del XVI, y que desde 1996 posee el título de “Real Cofradía” otorgado por D. Juan Carlos I, siendo la única en León que goza de la citada distinción.

Por esta tierra, a estos hombres que en otros lugares son nazarenos, cofrades, penitentes, etc., se les denomina: “papón”. El origen de la palabra y su asociación a los miembros de una cofradía resulta confusa, aunque se puede aportar una hipótesis razonable a la cuestión.

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Todas estas primeras hermandades eligen el color negro para sus túnicas. Un color que inspira muerte, dramatismo, dolor. Es propio de los hábitos, reflejo de un espíritu devoto que infunde recogimiento y es netamente penitencial, situando a quien lo porta en predisposición para afrontar y conmemorar la Pasión y Muerte de Jesucristo.

En sus inicios, e incluso a principios del s. XX, los desfiles penitenciales eran muy diferentes a como hoy los conocemos. La mayoría se realizaban de noche, sin apenas alumbrado público, salvo los escasos candiles existentes en alguna encrucijada. Eran procesiones envueltas en la penumbra, únicamente alimentadas por la llama temblorosa de los cirios de los penitentes o la que algún vecino colgaba de su balcón al paso de la cofradía.

En este baile de luces y sombras por las estrechas y viejas calles del León medieval, el desfile de los cofrades encapuchados, vestidos con sus túnicas negras y en absoluto silencio, resultaría tétrico. El espectáculo del desfile y la visión temible de aquellos hombres, provoCapturar-1có que los vecinos de la ciudad, en algún momento, les otorgaran una nueva denominación: “papón”, como sinónimo de espectro o aparición que asusta y aterroriza a los niños.

Si el apelativo de “papón” de los cofrades leoneses tiene ya algunos siglos, el tradicional consumo de limonada durante las fechas de Semana Santa no le va a la zaga. León siempre tuvo una importante y culta judería, siendo cuna, como hemos visto en otros momentos, del universal Moisés de León, intelectual y autor del Séfer ha-Zóhar, el “Libro del Esplendor”, uno de los grandes libros de la Humanidad.

La judería leonesa fue declinando con el paso del tiempo debido a los decretos de expulsión. Así todo, fueron muchos los judíos que se quedaron en la ciudad a pesar de la permanente aptitud de revancha, envidia y codicia cristiana. La conmemoración de la Semana Santa y los repetidos e intolerantes sermones en aquellos días, que no dejaban de apuntar a los judíos como únicos culpables de la Pasión y Muerte de Cristo, espoleaban y encandilaban a los cristianos que buscaban vengarse de los hebreos.

Durante muchos años el barrio judío de Santa Ana y sus aledaños, sufrió la ira de los cristianos durante la Semana Santa, produciéndose muchas muertes de hebreos por cuadrillas de ebrios y exaltados leoneses. Las autoridades, conocedoras de las circunstancias, llegaron a prohibir en aquellos días la venta de vino, si bien autorizaban servirlo mezclado convenientemente con agua, azúcar y limón, lo que rebajaba considerablemente sus grados y, consecuentemente, los efectos en los resentidos cristianos.

limonada Las bandas justicieras de fanáticos leoneses, en su camino por las calles Matasiete, Misericordia o Santa Cruz hacia el barrio hebreo de Santa Ana en busca de judíos noctámbulos a los que apalear, se detenían en las tabernas que encontraban a su paso para envalentonarse con una jarra de vino. Con la prohibición vigente, únicamente encontraban limonada, que aplacaba la euforia del momento y permitía que algún que otro judío encontrase refugio seguro, salvándose de los crispados vecinos.

La tradición permanece. Por supuesto no es aquella cruenta que terminaba con hombres heridos o muertos. La costumbre de beber limonada durante los días que duraba la celebración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, que atemperaba en parte la actitud belicosa de los cristianos contra sus vecinos judíos, conserva actualmente su ancestral denominación: “matar judíos”.

A pesar de lo poco apropiado de la expresión, la práctica de consumir limonada, antes o después de presenciar los magníficos desfiles procesionales que protagonizan nuestros papones, se ha convertido en una inocua e incruenta tradición gastronómica de la Semana Santa leonesa que merece la pena conocer y degustar.


- La Morenica (Dolorosa).
- VIDEO YouTube:
Ronda. Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Madrugada, Viernes Santo (León). pepejavi.
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El Encuentro. Procesión de los pasos. Viernes Santo Plaza Mayor de León.
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Procesión de disciplinantes atacada por D. Quijote. Antonio Pérez Rubio.
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Procesión de disciplinantes. Francisco de Goya.
- Papones. Dulce Nombre de Jesús Nazareno.
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Cristo ante Caifás. Gerrit van Honthorst.
- Limonada tradicional.

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