viernes, 25 de enero de 2019

León y la conquista de Granada


Hace unos días, concretamente el pasado día 2, como todos los años se conmemoró en Granada, para oposición y disgusto de los "progres" y demás adláteres, el Día de la Toma, la celebración de los 527 años de la rendición de Granada que puso fin a la Reconquista y a la definitiva expulsión del poder musulmán de la Península, después de su invasión en el 711. De esta manera, se fijó definitivamente y  hasta la actualidad (esperemos que continúe), la frontera occidental europea de la expansión islámica.

¿Qué une o relaciona a los leoneses con esa conquista? El 1 de agosto de 1170, con el patrocinio del rey leonés Fernando II, se funda la Orden de Santiago, en principio con el fin de defender la frontera de la extremadura del Reino de León frente a las posibles incursiones musulmanas.

Las conquistas leonesas, entre las que se encontraban la ciudad de Cáceres (Qasrish), son confiadas a la Orden de Santiago que desde el 31 de enero de 1171 se sitúa bajo la advocación y patrocinio del apóstol que, a pesar de que actualmente se pretende vincular exclusivamente al ámbito gallego, su culto y promoción fue desde sus inicios obra de los reyes asturianos y, más adelante, de sus herederos los monarcas del Reino de León, que protegieron y divulgaron la devoción al santo por toda la Península,  que llegó a ser Patrón y Capitán General de las Españas.

La Orden Militar de Santiago y el Reino de León que la implanta, protege y difunde por toda España, tendrán un protagonismo especial en el episodio que pone fin a la invasión y expansionismo musulmán iniciado en el siglo VIII desde el norte de África: la rendición de Granada.

Mientras los reinos cristianos se fusionaban mediante intereses y alianzas que se consolidaban a través de importantísimos vínculos matrimoniales, como el de Fernando V e Isabel I, uniendo las coronas de Aragón y de León y Castilla, las monarquías árabes se entregaban a luchas fratricidas y sangrientas conspiraciones entre distintos pretendientes. Padre e hijo se enfrentaban en el Reino de Granada en los últimos años de la existencia del reino musulmán nazarí: Muley Hasan y su hijo Muhammad XII, conocido como Boabdil.

La situación para los granadinos se volvió insostenible. El 25 de noviembre de 1491 el reino nazarí se vio obligado a una irremediable rendición, firmando el Tratado de Granada o Las Capitulaciones de Granada. Por este acuerdo, el monarca granadino Boabdil renunciaba y entregaba a Isabel y Fernando la soberanía del último reino musulmán, a cambio de que se garantizara a los vencidos una serie de derechos, entre los que se encontraban la tolerancia religiosa y un tratamiento justo, compensando así su capìtulación sin resistencia.
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Mucho se ha escrito sobre la rendición del último baluarte musulmán en la Península, pero no resultan muy claros los sucesos ocurridos durante las horas que trascurrieron desde la madrugada del día de Año Nuevo de 1492, en las que las tropas cristianas penetraron en el recinto granadino, hasta que se izaron sobre las almenas de la Alhambra la cruz y enseñas de conquista.

El conocimiento y la seguridad de que parte de la población musulmana no iba a rendirse sin lucha, motivó que en una de la cláusulas de las Capitulaciones de Granada se cite: “Qué el día que Sus Altezas enviaren a tomar posesión de la Alhambra, mandarán entrar su gente por la puerta de Bib-Al Azhar, o por la Bilnest, o por el campo, fuera de la ciudad, porque entrando por las calles no haya algún alboroto”.



Pero los relatos que se conocen sobre los sucesos de la efectiva entrada en la ciudad no son coincidentes. Algunos textos hablan de que el encargado de entrar en la ciudad fue Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla; sin embargo, Luís M. de Carvajal escribe lo siguiente: “Llegado el día señalado … el cardenal Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo, fue a tomar posesión de ellas (las fortalezas) acompañando de muchos caballeros y suficiente número de infantería debajo de sus banderas. Y porque conforme a las Capitulaciones, no habría de entrar por las calles de la ciudad, tomó un nuevo camino por delante de la puerta de los Molinos”.

No obstante, el texto que toma más fuerza es una carta dirigida a Alonso Valdivieso, obispo de León, escrita por un tal Cifuentes que, según narra, en la madrugada del día de Año Nuevo, pasada la medianoche, acompañó a las fuerzas de lanceros y espingarderos que mandaba Gutierre de Cárdenas, Comendador Mayor de la Orden de Santiago de León, cuyo priorato se encontraba en el convento de San Marcos (Hoy conocido Parador Nacional), que de manera cauta y silenciosa entró en la ciudad posiblemente por la puerta de Bib-Al Azhar (Puerta del Azahar), hoy inexistente, que estaba situada en la actual Cuesta del Pescado y, bordeando la Almanjarra Mayor, penetró en el recinto de la Alhambra.

Una vez franqueada la entrada y aseguradas las posiciones estratégicas en la Alzacaba, Gutierre de Cárdenas dirigió sus pasos hacia el salón del trono (actual Salón de Embajadores), en la Torre de Comares, donde dice la tradición que el último monarca nazarí entregó las llaves de la ciudad. Sin embargo, parece ser que Boabdil en aquellos momentos se encontraba ya en su palacio-fortaleza del Albaicín, y que fue su hombre de confianza Aben-Comixa, que había negociado las Capitulaciones, quién al final entregó las llaves de Granada al Comendador Mayor de León.

También se cuenta que Gutierre de Cárdenas ordenó celebrar en una sala adyacente, dentro de la propia Torre de Comares, la primera misa en la Alhambra. Al despuntar el alba, una vez asegurado militarmente todo el recinto granadino, hizo desplegar la Cruz (perteneciente al arzobispo Mendoza), el pendón de Santiago y el pendón Real sobre la Torre del Homenaje de la Alcazaba, la torre que se orienta hacia el Albaicín y los barrancos del Darro, y no sobre la conocida Torre de la Vela con su significativa espadaña, como habitualmente viene difundiéndose.

Las enseñas y tres cañonazos o disparos de mosquetes, fue la señal para que avanzaran las tropas del conde de Tendilla a quién Isabel y Fernando habían dado la tenencia de la fortaleza, que hicieron su entrada en la Alhambra a primeras horas de la mañana del 2 de enero.

La reina Isabel, desde Armilla, en la vega granadina, aproximadamente a 4 kilómetros de Granada, y Fernando, un poco más cerca, desde el arenal del Genil, al sur de la Alhambra, pudieron observar y seguir los acontecimientos de aquel lunes del mes de enero junto a sus respectivas tropas.
Boabdil abandonó la ciudad sin que la mayoría de sus habitantes lo supiesen, rindiendo un pequeño homenaje a los Reyes a las puertas de la ciudad poco antes de dirigirse a las Alpujarras, cuyo dominio se le concedió. Pero el episodio también cuenta con diferentes versiones.

Alguna de ellas señala que Boabdil salió de la ciudad a las 3 de tarde del día 2 de enero por la Puerta de los Siete Suelos, situada al sureste, vistiendo una túnica negra bajo un almaizar de púrpura y llevando sobre su cabeza un sencillo tocado blanco. Iba acompañado de un importante séquito de caballeros y descendió con su imponente caballo desde la Alhambra por las laderas del cerro sur, llamado Al-Baul, hasta encontrarse con los Reyes Católicos que le esperaban junto a una antigua y pequeña mezquita (hoy ermita de San Sebastián), cerca de la confluencia del Darro con el Genil.

Otras versiones señalan que descendió de la Alhambra a lomos de una mula por el cerro sur, cruzándose con la vanguardia del ejército cristiano. En el momento del encuentro con los Reyes, tras las frases de rigor, hizo ademán de bajarse del animal pero el rey Fernando no se lo permitió, situación que estaba pactada de antemano. En el preciso momento del encuentro, desde la Alcazaba, se dispararon tres salvas y que, como recuerdo de aquel acto, la catedral granadina hace sonar a las tres de la tarde tres campanadas.

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Fuera como fuese, hay algunas cosas sobre el suceso que se deben matizar. La escena popularizada y archiconocida del cuadro realizado en 1882 por Francisco Pradilla, “La rendición de Granada”, presenta una instantánea del hecho que no se ajusta a la realidad.

La escena que refleja Pradilla, si parece situarse en su lugar, en las inmediaciones de una mezquita o morabito, ahora ermita de San Sebastián, que se situa en la margen izquierda del Genil, en el actual Paseo del Violón. Y esto se deduce de la espléndida perspectiva del cuadro, con la Alhambra en el horizonte, en lo alto, sobre el cerro denominado La Sabika, y las murallas de Granada en la parte baja.


Aunque existen dos versiones de las palabras pronunciadas en aquel momento por Boabdil, y ambas hacen referencia a la entrega de las llaves de la ciudad, el acto oficial de la entrega de llaves ya se había producido unas horas antes en la Torre de Comares al Comendador de León. Más bien debió de tratarse de un acto de homenaje o vasallaje de Boabdil hacia Fernando, porque la reina Isabel no se encontraba allí en aquel momento, sino que todavía continuaba en Armilla.
No obstante, pudo haberse producido una “segunda” entrega pactada, de la misma manera que se acordó que el rey Fernando no permitiese bajar de su montura al rey granadino, manteniendo éste parte de su estatus entre su séquito. Tras la escenificación del acto de rendición, Boabdil no emprendió el camino hacia Las Alpujarras como se viene difundiendo, sino que se dirigió a Santa Fe, donde se encontraban los rehenes musulmanes, entre ellos su hijo.

Días más tarde, partió hacia su último retiro en Las Alpujarras. Al pasar por un alto cercano a Granada se volvió hacia su antigua ciudad y, cuentan, que suspiró y rompió a llorar a la vista de la Alhambra, siendo famoso el intercambio de emociones con su madre donde surge las frases tan conocidas. El lugar, la pequeña colina, se denomina desde entonces “El suspiro del moro”.

Después de la caída de Granada, Gutierre de Cárdenas, protagonista de la entrada en Granada y la Alhambra, acrecentará su influencia y poder. Disfrutará de la confianza de los Reyes que le encomendarán importantes cuestiones de política interior y exterior: apoyo para la elección de Cisneros como cardenal-arzobispo de Toledo, nombramiento para el Consejo Real, e intervendrá en las trascendentales negociaciones del Tratado de Tordesillas.

Todo un personaje del siglo XV-XVI prácticamente desconocido, que forma parte de aquella nueva sociedad en construcción que estaba dando los primeros pasos para el dominio y la conquista de medio mundo, y que descansa junto a su esposa, Teresa Enríquez, en la Colegiata de Torrijos (Toledo).

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La Alhambra. Patronato de la Alhambra y el Generalife.
Cruz de Santiago sobre venera y león. Fachada de San Marcos de León.

Caballero de Santiago.
Salida de la Alhambra de la familia real nazarí. Ruíz Almodóvar.
San Marcos de León. Página "Diario Valderrueda".
Torre de Comares (primer término Peinador de la Reina). David Roberts.
Alcazaba: Torre del Homenaje a la izq.; centro Torre Quebrada. Patronato A. y G.
Rendición de Granada. Francisco Pradilla.
La despedida del rey Boabdil de Granada. Alfred Dehodencp.
El lamento del moro. Francisco Pradilla.

El suspiro del Moro (detalle). Marcelino de Unceta.
Pendón de los Reyes Católicos.
Sepulcro de Gutierre de Cárdenas y su esposa Teresa Enríquez. Colegiata de Torrijos (Toledo).




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