lunes, 28 de septiembre de 2020

Conquista normanda de Inglaterra


 


El 28 de septiembre de 1066, hoy hace 954 años, se produce un suceso trascendental en la historia de Europa. Guillermo, duque de Normandía, desembarca en el sur de Inglaterra con un importe contingente de normandos, bretones y francos, construyendo una fortaleza de madera en la costa, en Hasting al sur de Londres, desde la que asola los territorios circundantes, siendo el inicio de la conquista de la isla.

Dos sucesos unen al duque de Normandía y rey de Inglaterra con el Reino de León. El primero de ellos forma parte de la leyenda y se refiere a que el duque Guillermo se llevó a Inglaterra un caballo leonés que montó en la célebre y decisiva batalla de Hastings, donde el animal murió durante combate. En el Tapiz de Bayeux se le representa como un bello ejemplar negro, con una cruz esbelta y rasgos árabes, completamente distinto al resto de equinos. Había sido un regalo del señor de Longueville, Walter Giffard, que lo había adquirido durante su peregrinación a Santiago de Compostela en el año 1064.


El otro hecho, éste histórico, se refiere a que el monarca leonés Alfonso VI tras la anulación de su matrimonio con Inés de Aquitania por la esterilidad de la reina, acordó su matrimonio con Ágatha de Normandía, hija de Guillermo y Matilde de Flandes, que había estado prometida con el rey Harold antes de la invasión. La muerte prematura de Ágatha en 1080, frustró el compromiso por el que la princesa normanda podría haber sido reina de León.


La historia de la conquista a grandes rasgos es la siguiente: Eduardo “el Confesor”, rey de Inglaterra, anciano y sin herederos, designa como sucesor a su cuñado Harold. Como teme que no se le reconozca a su muerte, ya que el duque de Normandía, Guillermo, primo suyo, pretende el trono inglés, envía a Normandía al propio Harold con una misión que, en realidad, no se conoce exactamente. En el viaje Harold y su gente caen en manos del Conde Guy, que después de varios emisarios entrega el prisionero a Guillermo.



Harold, ahora huésped de Guillermo, le acompaña y apoya en distintas campañas militares en Bretaña, es armado caballero por el duque, le hace jurar fidelidad sobre las reliquias en la antigua catedral románica de Bayeux y se compromete en matrimonio con la hija de Guillermo, Ágatha de Normandía. Harold regresa a Inglaterra, pero a la muerte de Eduardo se erige como rey sajón olvidando y despreciando el juramento y compromiso que había adquirido en Normandía. Ante la ingratitud y traición de Harold, Guillermo se ve legitimado para exigir el trono preparando un poderoso ejército que invade Inglaterra el 28 de septiembre de 1066 y vence a Harold en la Batalla de Hastings, coronándose posteriormente como rey de Inglaterra.


La historia de la conquista está maravillosamente narrada en el Tapiz de la Reina Matilde (esposa de Guillermo), conocido popularmente como Tapiz de Bayeux. El Tapiz es una obra de arte única y un documento histórico de primer orden que narra en imágenes la aventura normanda. Contiene infinidad de detalles interesantes que ilustran casi todos los aspectos de la vida en el s. XI: equitación, armamento, vestido, construcción y navegación de naves, cocina, caza, etc. Una profusión increíble de imágenes: 37 edificaciones, 41 barcos, 202 caballos, 626 personajes, etc.

Está comprobado que es obra de un taller inglés, posiblemente del Condado de Kent y encargado y pagado por el obispo Odón de Conteville. Fue realizado relativamente poco tiempo después de la conquista, tal vez entre los años 1070-1080, con destino a la consagración solemne de la nueva catedral en 1077. El Tapiz se encuentra documentado en un inventario de la catedral del s. XV y parece que, durante toda la Edad Media y hasta la Revolución Francesa, se exhibía con regularidad en la nave central el 1 de julio, durante la celebración de la Fiesta de las Reliquias.


El Tapiz ha pasado por difíciles situaciones y se ha salvado milagrosamente. Durante la Revolución Francesa estuvo a punto de ser troceado para decorar las fiestas populares. En el año 1803 Napoleón lo transporta a París, pero debido a la impopularidad del tra
slado, es devuelto por el dictador a la ciudad de Bayeux, en la costa normanda, que lo custodia y, desde aquel momento, solamente se muestra a importantes visitas. Se oculta en diversos lugares, siempre cerca de Bayeux, en circunstancias especiales como las Guerras Napoleónicas, la Guerra Franco-Prusiana y la I y II Guerra Mundial. Después de esta última es enviado momentáneamente al Louvre, para ser expuesto tras la rendición nazi. Hoy se encuentra expuesto en su lugar: Bayeux.

Hace ya tiempo tuvimos ocasión de disfrutarlo en el antiguo Gran Seminario de la ciudad del s. XVII, en la rue Nesmond, que alberga el “Centro Guillermo el Conquistador” (Centre Guillaume-le-Conquérant). En la entrada del Museo, en su patio exterior, se puede observar un Thorvald, la única replica existente del modelo de nave noruega denominado kirkebat (barco-iglesia), semejante a la que utilizaron los normandos para cruzar el Canal de la Mancha en el s. XI.


En la planta baja se encuentra la denominada Sala Harold, una estancia de unos 50 metros de larga y prácticamente a oscuras en donde se musealiza el bordado dentro de una vitrina convenientemente iluminada. A mitad del recorrido, en la escena numerada como 37, la vitrina gira 360º, encontrándose el resto de la obra expuesta detrás de la primera parte.



En realidad la obra no es una tapiz, se trata de un bordado de hilos de lana de cuatro colores principales (rojo, amarillo, verde y azul) y otras ocho tonalidades diferentes menores, sobre una tela de lino de 70 metros de larga y 50 cm. de ancho. La faja de tela está dividida en tres; en el medio se narra la escena principal, mientras las dos franjas muy pequeñas de los extremos muestran una decoración a base de animales más o menos fantásticos: follajes, guerreros, labores de campo, etc. El dibujo, curiosamente, resulta muy actual al imitar el “comic” y el “dibujo animado”.

La narración que ofrece el Tapiz se interrumpe con la muerte de Harold (falta la última parte), que es considerada como un justo castigo para un perjuro. De esta manera, la historia de la conquista se justifica como un castigo divino al cometerse sacrilegio sobre las sagradas reliquias, acarreando forzosamente para el culpable y todos los suyos las consecuencias más terribles. Así se explica que un tema completamente profano como una intervención militar, se convierta en un asunto exclusivamente religioso y tenga permanentemente su sitio en la catedral.




En la primera planta del edificio se muestran varias maquetas, escenas en cera de la vida del nuevo rey de Inglaterra, paneles, vitrinas, etc., que tratan de explicar la vida cotidiana y el reinado de Guillermo el Conquistador. Toda su vida fue un continuo guerrear, enfermar y engordar. Se decía de él que parecía estar embarazado. El propio rey de Francia, enemigo suyo, una de las veces en las Guillermo cayó enfermo se burló de su obesidad, llegando a mandar un emisario para que le preguntase si había dado a luz con felicidad. Guillermo le respondió: “Todavía no he parido, pero podéis decir a vuestro señor que, después del parto, iré a misa a Nôtre Dame de París y no con cirios, sino con diez mil lanzas”.


El final de sus días no fue muy edificante. En el verano de 1087 se encontraba guerreando en la frontera de Normandía, en la ciudad de Mantes. En un rutinario reconocimiento del terreno, su caballo paró tan bruscamente que su enorme estómago se golpeó con fuerza contra el pomo de la silla de montar. El accidente le reventó internamente los intestinos y le produjo una peritonitis mortal. Seis semanas después moría a los 60 años en su castillo de Caen, en donde fue abandonado y despojado por sus sirvientes de todo lo que tenía a su alrededor: ropa, joyas, armas, muebles, …



Solamente uno de sus allegados consiguió que se celebrara el funeral en la Iglesia de Saint Éttiene de Caen, al que asistieron muy pocos fieles y donde actualmente se encuentran enterrados sus restos. Hasta el momento de su funeral Guillermo quiso ser único. Los obispos insistieron en enterrarle en un sarcófago de piedra, pero debido a su enorme tamaño, la descomposición que ya había comenzado y el hinchazón que le produjo su enfermedad, hubo que meter a presión el cuerpo en aquel pequeño nicho con un resultado nada edificante. El vientre de Guillermo reventó y, según cuentan, salpicó de vísceras, sangre y pus todo el lugar. El olor resultó tan insoportable, que los escasos asistentes que habían acudido al funeral abandonaron huyeron del templo y un hedor espantoso se mantuvo en el recinto durante varios meses.


- Guillermo el Conquistador con sus medio hermanos Odón y Roberto. Tapiz de Bayeux.

- Guillermo a caballo (¿leonés?). Tapiz de Bayeux.
- Batalla de Hastings. Tapiz de Bayeux.
- Grabado confección del Tapiz de Bayeux por la Reina Matilde. 
- Idem.
- Exposición Tapiz. Gran Seminario de Bayeux.
- Guillermo I el Conquistador.
- Funerales de Guillermo el Conquistador. Jean Paul Laurens.
- Tumba de Guillermo I. Iglesia de Saint Éttiene de Caen.

                                                                                                                       




viernes, 11 de septiembre de 2020

La farsa de la diada

 

La historia de la elección del 11 de septiembre como fecha de la diada de los catalanes se remonta al año 1886 cuando varias entidades catalanistas organizaron una misa en memoria de los caídos en el sitio de Barcelona al final de la Guerra de Sucesión española. Como podemos ver, la “invención” de turno comienza 172 años después de que las tropas de Felipe V pongan fin a la Guerra de Sucesión, NO SECESIÓN como permanentemente la denominan los catalufos


Dice Pío Moa que catalufo es un término despectivo que se viene aplicando desde hace ya tiempo no a los catalanes, sino a los nacionalistas. Señala que, para apreciar la diferencia entre catalanes y catalufos, basta decir que los catalanes convirtieron a Barcelona en el primer emporio industrial de España. Lo hicieron gracias, para empezar, a su renacido espíritu de empresa, pero también al conjunto del mercado español y a la protección –por lo demás excesiva–, de Madrid, que veía en Barcelona y en Bilbao dos focos económicos fundamentales para el país. La simbiosis entre Cataluña y las demás regiones era evidente, y así lo sentían los catalanes. Pero los catalufos no. Para ellos la industria barcelonesa probaba la diferencia esencial, racial, con el resto (su propaganda cultivó la idea ridícula de ser una raza aparte y superior). Dejaban a Cataluña, por tanto, dos opciones: separarse del resto de la inferior España o dominarla mediante un imperialismo extravagante. Que finalmente se contentaría con los “países catalanes" (¿eso qué es?).

Pero volvamos a el motivo de la diada. La verdad sobre aquel 11 de septiembre realmente es otra. Fue la oligarquía soberbia, ambiciosa e ignorante de Barcelona la que decidió entrar en la guerra únicamente para conseguir beneficios territoriales y económicos (¿os suena?). 

Gracias a la decisión de sus “dirigentes”, Cataluña fue arrasada y convertida en un campo de batalla durante 10 años, simplemente con la esperanza de poder conseguir para su único beneficio alguna merced en el caso de que triunfara el pretendiente austriaco. En la actualidad, los herederos de aquella fatal decisión, niegan los hechos ocurridos y lo trasforman en su fiesta nacional, invalidando y trasmutando la verdad del suceso. 


Aquella fue una guerra de Sucesión donde los vencedores borbónicos tenían catalanes en sus filas y los defensores de Barcelona luchaban por “nosotros y por toda la nación española” . Según el manifiesto leído al pueblo barcelonés en aquellos trágicos días, se trataba de: “salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España” (Todo esto, por supuesto, se omite por los catalufos). 

El escritor escocés J.M. Barrie autor de la conocida novela de fantasía titulada Peter Pan, describe en ella una isla ilusoria donde se asienta un país donde ocurren permanentes aventuras, y viven en diversión permanente, sin leyes establecidas, ni normas ni responsabilidades Es el país de Neverlan, de Nunca Jamás, es el país Catalán. 

Es el país donde habitan los catalufos. Allí todo es mentira e invento, pura fantasía: himno, dialecto, folclore, historia, arte, arquitectura, historia y, por supuesto, diada.