domingo, 28 de marzo de 2010

Morir de amor en Viernes Santo


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Rafael Sancio fallecía en Roma el mismo día en el que cumplía 37 años: el Viernes Santo de 1520. Giorgio Vasari, célebre biógrafo de artistas italianos, cuenta que Rafael nació en Urbino el Viernes Santo del año 1483, a las 3 de la madrugada. Su énfasis sobre el día y la hora son claves porque sobre ellos el biógrafo comenzó a construir la vida del pintor renacentista como una milagrosa imitación de Cristo, con el fin de sostener la grandiosidad y divinidad terrenal del pintor. De hecho, su corta vida estuvo rodeada de un halo de misterio.

Entre los sucesos extraordinarios que le rodean, es conocido el que tiene como protagonista una de sus obras, actualmente en el Museo del Prado, Lo Spasimo di Sicilia (La subida al Calvario). Este cuadro fue lo único que se salvó de un naufragio ocurrido entre Génova y Palermo, en el que fallecieron todos los ocupantes del barco y se perdieron todos los enseres. También se cuenta, como hecho sorprendente, que el mismo día de su muerte, el 6 de abril de 1520, surgieron unas grietas en las Loggia vaticana que el artista estaba decorando, y que sus coetáneos tomaron por un signo milagroso, como si el Arte se resintiera de su prematura desaparición.

La Spasimo  di Sicilia

Según Vasari, a finales de marzo de 1520 Rafael contrajo unas fiebres originadas, según el biógrafo, por los excesos pasionales y amorosos del pintor: “Enamorado de los placeres y abusando de la práctica, en una de estas contrajo unas fiebres que los médicos creían que era una insolación por imprudencia suya, no confesando el exceso que se lo provocó. Le sangraron cuando más falta le hacía para recuperarse de la debilidad en que se zambulló. Por lo que hizo testamento como honrado y cristiano disponiendo medios para vivir a su amada la envió fuera”. Y así fue, el 4 de abril, Rafael despidió a su amante, hizo testamento solicitando ser enterrado en Santa María de la Rotonda y, dos días más tarde, el Viernes Santo de 1520, entre las nueve y las diez de la noche, expiró.

Es verdad que otro de sus cronistas Francesco Longhena, atribuye su muerte a una dolencia “más corriente”:”Rafael era de naturaleza muy delicada … Hallándose muy debilitado, un día, encontrándose él en la Farnesina, recibió orden de acudir a la corte inmediatamente. Echó a correr para no incurrir en retraso; y mientras hablaba allí, largamente, acerca de la construcción de San Pedro, se le secó el sudor encima. Súbitamente, se sintió enfermo. Marchó a su casa; y se vio acometido por una fiebre perniciosa …”.

Panorama 2 Su naturaleza enfermiza y la gran cantidad de trabajo debió influir en la salud de Rafael. El deterioro físico es evidente si contemplamos su “Autorretrato” de 1506, a los 23 años, con el conocido “Autorretrato con el maestro de esgrima”, pintado en 1518, a los 35 años, en el que el artista aparece con barba y largo cabello con raya al medio, rasgos que se aproximan a la iconografía de Cristo, y con una expresión de fatiga y dulce melancolía.

A pesar de su pésima salud, Vasari califica a Rafael de enamoradizo y gran aficionado a las mujeres, entregándose sin media al amor y, a veces, más pendiente de sus amantes que de su profesión. Aunque murió soltero, estuvo prometido a una dama importante María Bibbiena, sobrina del influyente cardenal Bernardo de Bibbiena, a la que continuamente daba largas sobre matrimonio, porque de quien realmente estaba enamorado era de su amante, Margarita Luti, apodada la Fornarina por ser hija de un panadero del Trastevere.

Con Margarita compartía su pasión vehemente, pintándola en numerosas ocasiones. Sobresale la “Donna velata”, pintado en 1516, en el que Rafael sintetiza su ideal de belleza en el retrato de su amante: perfección, virtudes, gestos, costumbres, etc.

Pero la obra que llama poderosamente la atención, es la que pinta un año antes de su muerte. Es el único desnudo no mitológico que realiza, “La Fornarina”, donde el pintor descubre su amor y pasión por aquella mujer, rubricándolo de una manera poco habitual: escribiendo su propio nombre en el brazalete que luce Margarita en el brazo izquierdo.

La declaración de Rafael sobre su pasión no ignora ni las plantas del fondo de la obra, entre las que se distinguen un membrillo y un mirto. Éste, asociado a Venus, era la planta del amor y el deseo; el membrillo, símbolo del amor carnal y la fecundidad.

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La gran historia de amor y pasión entre Margarita Luti y Rafael Sancio está repleta de leyendas y misterio. Desde considerarse como causa de la muerte del pintor los excesos pasionales con su amada, hasta la desaparición del anillo nupcial que lucía la Fornarina en el dedo anular de su mano izquierda, y que, incomprensiblemente, alguien borró.


- Donna Velata. Rafael Sancio.
- La Spasimo di Sicilia. Rafael Sancio.
- Autorretrato. Rafael Sancio.
- Autorretrato con el maestro de esgrima. Rafael Sancio.
- Rafael y la Fornarina. Ingres.
- Rafael pinta a la Fornarina. Felice Eschiavoni.
- Detalle de La Fornarina. Rafael Sancio.
- La Fornarina. Rafael Sancio.




lunes, 15 de marzo de 2010

Monedas con ceca en León

No son muy abundantes las monedas con ceca en León. Se realizan acuñaciones en la ciudad durante el periodo de tiempo comprendido entre los reinados de Alfonso VI de León (1072‑1109) y Enrique IV, rey de Castilla y de León (1454‑1474), si bien nos centraremos en las emisiones de moneda realizadas en la ciudad durante la existencia del Reino leonés del 910 al 1230, además de enumerar algunas emisiones anteriores a la invasión musulmana que, aunque escasas, merecen señalarse.

En la España Medieval era el monarca el que tenía el privilegio y la facultad de acuñar moneda. Para ello, poseía su propia ceca formada por pequeños talleres de herreros y artesanos grabadores, fijos o itinerantes. Era frecuente también, siempre con la supervisión del monarca, el encargo de emisión a artesanos particulares pero controlando exhaustivamente el peso y aleación de los metales. Con el paso del tiempo, los reyes concedieron ocasionalmente derechos de acuñación a obispos, abades, condes y señores feudales, lo que dio lugar a una gran confusión dentro del campo monetario, desconcierto que se acrecentó con las adulteraciones y falsificaciones constantes. 

El lugar físico del emplazamiento de una ceca (de la voz árabe sikka, que significa troquel), solía situarse en las ciudades más importantes del Reino, aunque en un principio, como hemos dicho, no tenía ninguna importancia su ubicación concreta al poder realizarse de forma ambulante por la sencillez que suponía la acuñación de forma manual: utilizando dos troqueles con los grabados que iban a figurar en la moneda, se situaba el disco metálico o cospel entre los dos troqueles y se golpeaba fuertemente para producir la impresión, produciéndose pieza a pieza. Trascurrido el tiempo, se utilizarán máquinas movidas por ingenios hidráulicos, con lo que el lugar de las cecas se traslada a las proximidades del cauce de los ríos.


En cuanto a la ceca de León, Amando Represa Rodríguez en su obra "Los viejos gremios de León", describe al gremio de monederos en la ciudad leonesa: "Gremio interesante y antiquísimo, pues consta la existencia de ceca en León desde los días de Alfonso VI. Su asentamiento en el Burgo de los francos y en uno de los accesos al mismo, bautizó la calle con el nombre de Moneda, así como la puerta próxima."

En los alrededores de Puerta Moneda, entrada a la capital del Reino por el este, ejercían su lucrativo oficio los cambistas que trocaban las monedas de oro y plata por las fracciones de vellón (aleación de plata y cobre). El lugar de asentamiento elegido no era casual. La ciudad medieval de León se expande hacia el sur y el este, hacia las vegas, y es por allí por donde entran principalmente las mercaderías, las cosechas, los comerciantes y los peregrinos que, desde Europa y los reinos cristianos peninsulares, acuden a Santiago de Compostela. Toda esta importante entrada de labradores, comerciantes y peregrinos, necesitaría fraccionar moneda con el fin de gestionar su estancia o sus negocios en la ciudad que, en aquel momento, era la más importante del norte peninsular.

Así todo, durante los siglos X y XI el uso de moneda no era habitual. Hasta ese momento, se usa moneda musulmana (dirhemes de oro y plata), alguna pieza franca e, incluso, moneda de cobre del Bajo Imperio. Es frecuente también como sistema de pago, el trueque, el pago en especie y el denominado "pagos en plata al peso", pesando con balanza cualquier pieza de plata en el caso de no disponer de moneda.

Una muestra excelente de esta actividad, se encuentra en un fragmento de la conocida obra del medievalista Claudio Sánchez Albornoz, “Una ciudad en la España cristiana hace mil años”. En uno de los episodios, se narra la compra de varias piezas de marroquinería para una cabalgadura en el mercado de la ciudad de León en los inicios del año 1.000: “El talabartero, a presencia de todos, prepara una pequeña balanza que le presta uno de los zabazoques o inspectores del mercado, allí presente, y se dispone a pesar los denarios romanos, los sueldos galicanos, los dirhermes moriscos y los demás pedazos de plata que entrega por la silla, el petral, la cincha y unas bridas el caballero recién improvisado. ... Mas no bastan las dirhemes de Córdoba, los sueldos ni los viejos denarios, y aunque con frecuencia se acude al trueque directo de objetos por objetos, como no es éste siempre suficiente y los reyes leoneses no acuñan numerario, fuerza es admitir en los pagos todo trozo de plata y pesar la moneda, para igualar de algún modo los diversos instrumentos de cambio.”
MONEDAS SUEVAS Y VISIGODAS
Antes del comienzo de la emisión de las monedas leonesas medievales, el reino suevo acuña en la actual provincia leonesa durante la ocupación del noroeste peninsular a principio del s. V, las primeras monedas denominadas tremis o trientes de oro (nombre de origen romano que vienes a significar “tercera parte”). Estas monedas poseen leyendas que resultan de difícil interpretación; una de ellas muestra en el anverso busto a la derecha con leyenda: LEONES MONETA CLARA; en su reverso, cruz en el centro de dos láureas o coronas de laurel con la leyenda: CONOB (abreviatura de “Obryzum de Constantinopol”, que vendría a significar “oro puro Constantinopolitano”). Se conoce otra acuñación similar a la anterior con la leyenda: LEIOA CUTIS MUNITA.


No existe mucha información gráfica sobre las emisiones suevas en la Península. Como ejemplo podemos mostrar una moneda de procedencia sueva emitida a mediados del s. V, en honor del Emperador Valentiniano III (423—455), perteneciente a los reinados de Rechila y Rechario, con busto a la derecha diademado y drapeado; en el reverso cruz dentro de dos láureas de laurel y la leyenda CONO. Una como la descrita, según Luengo Martinez, se encontró en las proximidades de la iglesia de San Bartolomé de Astorga.

Con posterioridad a la dominación sueva, los visigodos también acuñan monedas en territorio leonés. Sisebuto (612‑621), realiza emisiones en Villafranca del Bierzo de trientes de oro, con un peso de 1,50 gr., representando en el anverso la silueta muy esquematizada del rey con la leyenda: SISEBUTVS RE; en el reverso, la misma silueta del anverso, con la leyenda de la ceca: BERGIO PIVS.

Su sucesor Suintila (621–631), también acuña en zona leonesa trientes de oro con el mismo peso, presentando en el anverso silueta esquematizada del rey y leyenda: SVINTILA RE; en el reverso silueta esquematizada y la ceca de León: LEIONE PIUS. Este triente apareció entre las piezas del tesorillo de La Capilla, en Carmona. Asimismo, se conocen trientes del reinado de Suintila acuñados en Astorga con la leyenda de la ceca: ASTORICA PI.

MONEDAS MEDIEVALES – REINO DE LEÓN

Alfonso VI
Es a partir del siglo XI, coincidiendo con el apogeo político, económico y militar del Reino de León, cuando comienzan las emisiones de moneda en la ciudad. Después de las primeras monedas emitidas por suevos y visigodos, no se producen acuñaciones en León hasta el reinado de Alfonso VI (1072-1109), considerándose como las primeras realmente españolas sin influencia de emisiones extranjeras. Como ya se ha señalado, hasta ese momento imperaba el trueque y una escasa circulación de moneda procedente del Bajo Imperio, de acuñaciones suevas, visigodas y francas, pero, sobre todo, sobresalía la utilización de moneda hispano-árabe que llega desde el sur a los reinos cristianos en concepto de parias.

En 1086 irrumpe en la Península la primera gran expedición almorávide, netamente fundamentalista, que se hace con el control de los Reinos de Taifas y emprende su expansión hacia el norte derrotando a Alfonso VI en Sagrajas (1086) y, tras una segunda expedición, en Uclés (1108). Estas derrotas leonesas significan el fin de los pagos musulmanes y una gran escasez de moneda en el Reino de León.

La necesidad de moneda, el deseo del monarca leonés de afianzar su soberanía y una incipiente relación económica con los reinos europeos debido a su matrimonio con la princesa francesa Constanza, provocó la necesidad de acuñar una moneda propia.

Alfonso VI realiza acuñaciones de dineros (procede de denario) y óbolos (medio dinero) de vellón, con 0,90 gr. y 0,45 gr., respectivamente, en distintas ciudades: Santiago, Segovia, Toledo y León. Los motivos representados en estas primeras monedas leonesas están inspirados en emisiones francesas, mostrando en el anverso cruz griega patada y leyenda: ANFVS REX. En los reversos, crismones con la primera y última letra del alfabeto griego, alfa y omega, y las leyendas de la ceca con todas las letras: LEO CIVITAS.

Es a partir de estos momentos, cuando la ceca de León tomará gran importancia acuñándose más monedas en comparación con otras ciudades del Reino. Incluso llegó a emitirse una moneda, hoy parece perdida, con la leyenda: LEGIO CIVITAS CAPUT SPANIE (Ciudad de León Cabeza de las Españas). Esta importante moneda, viene a demostrar que la ciudad de León es la capital indicutible del Reino, ante el pretendido y reivincado protagonismo actual de castellanos y gallegos por minimizar y hasta anular su predominio durante los más de 300 años de la existencia del Reino. No está claro el periodo de acuñación, ya que puede tratarse de una emisión realizada por Alfonso VII (1126-1157). Ver artículo e imagen sobre el asunto en: http://corazonleon.blogspot.com/2009/09/leon-capital-de-alfonso-vii-leo-civitas.html.

Doña Urraca / Alfonso I de Aragón
Doña Urraca (1109-1126), hija de Alfonso VI, acuña dineros de vellón con ceca en León de ocho tipos diferentes. Seis de ellos, continúan con los modelos de su padre: cruces patadas, floreadas y crismones, con leyendas como VRRACA REGI alrededor de cruz floreada en los anversos, y LEO CIVITAS alrededor de crismón en los reversos, haciendo referencia directa a la ceca de la ciudad.

Los otros modelos introducen una variedad importante, ya que, por primera vez en esta etapa medieval, aparece el rostro del monarca, en uno de frente y en el otro de perfil, con la leyenda en el anverso: VRRACA REXA; en reverso: LEGIONENSIS.

Aunque no es monarca leonés, se debe citar a Alfonso I de Aragón y Navarra (1109-1114), casado con Doña Urraca y cuyo matrimonio que fue anulado en 1114.

Este monarca acuña en la ciudad de León dineros y óbolos de vellón, continuando con algunos de los motivos y creando otros nuevos e innovadores. En los anversos: cruces patadas, motivos florales, jinete a derecha con espada, busto mitrado con creciente y estrella en la parte superior. En los reversos: cruces patadas, cruz sobre vástago, y adornos florales.

Por primera vez se representa un león pasante en las monedas leonesas. Las leyendas de estas emisiones son: ALF REX, ANFVS REX y ANF REX en los anversos; IN SPANIA y LEO CIVITAS, en los reversos.

Alfonso VII
Continúan las acuñaciones en la ciudad de León durante el reinado del hijo de Doña Urraca y Raimundo de Borgoña, Alfonso VII (1126‑1157), proclamado Emperador en un acto solemne convocado por las Cortes Leonesas en el año 1135.

Durante este periodo, se consolida la ceca de León y se multiplican las emisiones de moneda como corresponde al más importante centro de la vida política, económica y religiosa del norte peninsular, llegando a acuñarse en la ciudad 23, de los 52 tipos diferentes.

Las monedas acuñadas son dineros y óbolos de vellón, con 1,0 gr. y 0,55 gr. de peso, respectivamente. Los motivos que se muestran son muy diversos. En los anversos: cabezas afrontadas con cruz y adornos florales, catedral y campanario, busto coronado a izquierda, león con cabeza humana y coronada, jinete a caballo con espada, leones pasantes y rampantes, enfrentados, espaldados, etc. Los reversos siguen con los modelos de cruz patada, equilátera, latina, floreada, sobre árbol, con creciente, con estrellas, con adornos florales, leones, etc.

Las leyendas de los anversos suelen ser con ANFVS REX, IMPERATOR, REX ANFVS IMPERATOR, incluso SVPER REX; en cuanto a las leyendas de los reversos, LEO CIVITAS, LEONI, LEO, LEONIS CIVI, LEGIONENS, LEGIO CIVITAS, LE CIVITAS, y por primera vez, LEON.

Fernando II
A Alfonso VII le sucede su hijo Fernando II (1157‑1188), reinado durante el cual se vuelven a separar los reinos de Castilla y León. Fernando II de León se intitula "rex Hispaniae", lo que da lugar a que, en alguna de las monedas que acuña, figure en los reversos la leyenda: IN SPANIA.

Siguen las acuñaciones de dineros y óbolos de vellón, figurando en los anversos rey coronado a derecha, cruces patadas, floreadas, en trebolillo y busto de frente; en los reversos, distintas cruces y leones en diferentes posiciones: a derecha, espaldados, cabezas, etc. Las leyendas siguen conformándose con los nombres: FERNAND, FERNANDVS REX, FERNAND REX, SPANIA y F REX LEGIONIS, en los anversos. En los reversos: REX D LEON, ET LEGIONIS, IN SPANIA.


Bajo el reinado de Fernando II se acuña por primera vez una moneda de oro de 3,85 gr., representando en el anverso al rey coronado a izquierda con cetro y cruz, mas espada, y leyenda de FERNANDVS DEI GRACIA REX; en el reverso, león a derecha y encima una espada sobre globo; debajo la ceca de León con LEO y leyenda IN NE PATRIS I FLI Y SPS SCI. Esta nueva moneda se denominada maravedí (de "morabithis", devotos a Dios, calificación dada por Abd Allah-ben-Yasim o los sectarios que llamamos almorávides. Con el tiempo los reinos cristianos harán de esta definición, sinónimo de moneda), designación que se utilizará hasta Isabel II, acuñándose, con el tiempo, en plata y posteriormente en cobre.

Alfonso IX
Al llegar al trono el hijo de Fernando II, Alfonso IX (1188‑1230), se encuentra con una economía muy poco saneada. Como consecuencia de esta situación, decide adoptar una serie de medidas económicas, entre ellas, una devaluación de la moneda, rebajando la proporción de plata en las piezas de vellón que pasa del 22% al 11%, y todo ello, sin incrementar las cargas impositivas.

El pueblo ante este cambio, y siendo consciente de la importancia de la devaluación, protesta ante el Rey consiguiendo de éste el compromiso de no modificar nuevamente el valor de la moneda durante un periodo de 7 años, a cambio de crear una tasa llamada de "la moneda forera", que consistía en pagar al monarca una cierta cantidad de dinero. Este acuerdo de “venta” al pueblo, se adopta en la Cortes de Benavente de 1202, resultando ser el más remoto antecedente histórico de una votación en unas Cortes Estamentales para otorgar un servicio y una normativa o Ley que puede considerarse como la actualmente existente en los parlamentos democráticos: la Ley de Presupuestos.

Durante este reinado, los modelos de monedas acuñadas en vellón son similares a periodos anteriores: dineros y óbolos. Los motivos que se representan son diversos tipos de cruces patadas, en trebolillo, potenzadas con veneras en los cuarteles, leones, busto coronado a derecha, en el anverso; en el reverso: cruces, cuatro cabezas de león bajo árbol, león a derecha, con muchas variantes combinando con estrellas, punto, medias lunas veneras, etc. Las leyendas: ADEFONSVS, ADEFONSV y ADEFONSVS REX en los anversos; LEGIONIS, LEONIS LEGIO CIVITAS, LEO Y IMPERATO.


El último rey leonés emite también un maravedí de oro muy parecido al de su padre, figurando en el anverso el busto del Rey a izquierda, con cetro, espada, y leyenda: ALFON SVS DEI GRACIA REX; en el reverso presenta un león pasante izquierda sobre puente, con leyenda: IN NE PATRIS IFLI I SPS SCI. Aunque no figura concretamente la ceca, todo hace pensar que fue acuñada en la ciudad de León.

Documentación:
F. Álvarez Burgos
Luís Abello Álvarez
Edmundo Carretero



sábado, 20 de febrero de 2010

La Marianne



Bajo el aspecto de una mujer, “La Marianne” personifica la República Francesa, además de representar los conocidos valores republicanos y de la sociedad francesa: “Libertad, Igualdad y Fraternidad.”
Es la imagen popular de la mujer que, en el célebre cuadro de Delacroix, conduce al pueblo con la bandera tricolor en una mano, un fusil en la otra, el pecho desnudo y el gorro frigio, en plena lucha contra los valores del Antiguo Régimen (“La Libertad guiando al pueblo en las barricadas - 1830”).


Las primeras representaciones aparecen durante los años de la Revolución Francesa, en las que se muestra una mujer como alegoría de la República y la Libertad luciendo, la mayoría de las veces, un gorro frigio rojo a imitación de los que llevaban en su indumentaria habitual los esclavos liberados en la antigua Roma.
Después de que la imagen republicana discurriese por distintas fases durante un siglo, los fundadores de la III República, tras los sangrientos sucesos de la comuna de 1871, restauran parte del simbolismo antiguo difundiendo el modelo de mujer con gorro frigio por encima de otras representaciones. En cuanto a la denominación, va a depender principalmente de la clase social que la nombre: el republicano del pueblo la designa “Marianne”, el republicano burgués “República” y el antirrepublicano, la denominará despectivamente “Marie-Anne”.
Lo que pocos franceses conocen es que lel nombre de la encarnación de su República tiene origen español. La Marianne, está relacionada con la figura del inflexible jesuita y humanista español el padre Juan de Mariana (1536-1623), conocido principalmente por su célebre Historia General de España, obra referente hasta el siglo XIX.
Juan de Mariana es considerado también como uno de los fundadores de las doctrinas liberales, por sus enfáticas reflexiones sobre la política. En uno de sus tratados De Monetae mutatione (De los cambios de la moneda), explica: “Podrán los monarcas proponer nuevas leyes, pero nunca deberán trastocarlas a su antojo, ni acomodarlas a capricho y a sus intereses, sin respetar para nada las Instituciones y el consentimiento de sus súbditos”.
Pero fue su obra De Regis et Regis Institutione (Del rey y de la institución real), escrita en 1599 a petición del preceptor en aquel momento del Príncipe de Asturias Felipe, el futuro Felipe III, en la que expone en tres partes: “La autoridad real”, “Educación de los príncipes” y “Manera de gobernar los pueblos”, sus cristianas opiniones que son demasiado avanzadas para la época.
Sus teorías hacen mención a la asistencia a los pobres, al trabajo en el campo y la distribución conveniente de las tierras, que debe reconducirse hacia intereses generales, prevaleciendo éstos a los particulares. Otro tema de la obra provocó una pequeña revolución en la Europa de aquel momento, por las trabas y limitaciones que impone al poder de los reyes, además de considerar legítimo que la sociedad pueda destronar al tirano, acabar con él y erigirse en juez y soberana.
La doctrina de Mariana causó gran interés en Francia, que vio como en la obra del jesuita español se justificaba el asesinato de Enrique III de Francia ocurrido en 1589, al que el español culpaba de “hereje y tirano anticatólico”. Tampoco faltaban acusaciones contra Enrique IV al que calificaba de depravado e indigno de asentarse en el trono de Francia.
Precisamente, el asesinato en 1610 de Enrique IV hizo que el Parlamento parisino ordenara quemar el tratado del padre Mariana por instigador del regicidio. Pero las teorías del español permanecieron arraigadas en Francia y volvieron a la luz en 1789 en plena Revolución, con la condena y muerte de los reyes Luís XVI y María Antonieta.
Durante el II Imperio, los opositores crearon una sociedad secreta La Marianne, que se convirtió en símbolo contra el absolutismo de Napoleón III, quien había sustituido la imagen de Marianne en monedas y sellos de correos por su propia efigie.
Como se ha descrito al inicio, es a partir de la III República cuando vuelve, ya sin retorno, La Marianne como personificación de la República Francesa, multiplicándose sus bustos en centros públicos: escuelas, ministerios, institutos, ayuntamientos, …
Hoy es un hecho. En todos los ayuntamientos franceses existe un busto de Marianne, que durante el pasado siglo ha tomado el rostro de actrices famosas como Catherine Deneuve o Brigitte Bardot. La Marianne a sobrevivido a las convulsas vicisitudes de la historia y a cinco Repúblicas, y a medida que se ha reafirmado la idea de Francia como nación, se ha fortalecido su poder simbólico. La personificación de la “idea de libertad” de Juan de Mariana sigue más viva que nunca en la nación vecina.

- Anagrama República francesa.
- La Libertad guiando al pueblo. Eugene Delacroix.
- Juan de Mariana. Anónimo.
- Enrique III de Francia. Anónimo.
- Enrique IV de Borbón, Rey de Francia. Mytens
- Moneda francesa.


domingo, 7 de febrero de 2010

El puteal de la Moncloa

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Aunque en estos momentos tan delicados el vocablo puede dar lugar a un fácil juego de palabras, puteal es un término latino cuyo significado es pozo. Esta obra que data del siglo I aC., corresponde a un brocal de pozo, tallado en una pieza de mármol blanco cuya superficie cilíndrica exterior ofrece en relieve el conocido pasaje mitológico del nacimiento de Atenea.

Aunque de factura romana, se desconoce su lugar de procedencia. La primera noticia que se tienen de la estructura, es que formaba parte de la importante colección de escultura que había reunido la reina Cristina de Suecia.

A su muerte, la colección de disgrega y pasa por distintas manos, hasta que a comienzos del siglo XVIII, Felipe V compra una parte de aquella colección de obras, entre las que se encontraba el puteal, al príncipe de D´Erba, con el fin de decorar el palacio de la Granja de San Ildefonso que en aquellos momentos se hallaba en construcción.

Allí estuvo hasta que el monarca Carlos III ordenó su traslado al palacio Real de Aranjuez. Posteriormente, con la reforma dispuesta en 1816 por Fernando VII del palacio del Real Sitio de la Moncloa, el brocal se trasladó hasta allí para adornar sus jardines. Su hija, Isabel II, cedió la propiedad de la Moncloa al Ministerio de Fomento y el puteal quedó olvidado. En 1868 Juan de la Rada, conservador del Museo, lo descubrió medio enterrado en los jardines sirviendo como simple macetero. Tras reconocer el valor de la pieza, dispuso su inventario y traslado al Museo Arqueológico Nacional, dejando una copia en su lugar como testimonio del hallazgo.

Según la tradición, en la antigua Grecia era costumbre erigir, de abrir un pozo de carácter sagrado en el lugar donde se producía la caída de un rayo, adornándolo y protegiéndolo con un puteal, con un brocal.

En aquel lugar sagrado, al lado del puteal, se sentaban los magistrados y políticos griegos con el fin de recapacitar y dictar convenientemente sus sentencias, y para calibrar y meditar sus decisiones que tendrían gran importancia y trascendencia para el futuro y bienestar del total de la ciudadanía a la que servían.

El tiempo y la casualidad ha hecho que el puteal y la Presidencia del Gobierno de España, hayan coincidido en el mismo lugar después de más de 20 siglos: el Palacio de la Moncloa (¿igual se referían a esto con la anunciada “coincidencia planetaria”?).

Sin embargo, y vistos los actuales resultados, en la Moncloa brilla por su ausencia cualquier tipo de meditación y decisión sensata y coherente por parte de los que dirigen la nación, y su pozo, el puteal, se utiliza únicamente para hundir, y arrojar todo lo que hasta ahora se había conseguido: credibilidad, influencia, bienestar, trabajo ...

Peligra la economía, la sanidad, la paz social, el estado del bienestar, las pensiones, la unidad, ... No obstante, impera la mentira, la incompetencia, la inoperancia, las guerras “buenas y malas”, los Dioclecianos que rezan, … Nuestra dirección política, tanto a un lado como al otro del Gobierno, forman un auténtico camino de maldición en una espiral de autodestrucción, que solo pasa por un urgente, contundente y estricto regeneracionismo de toda la clase política.

Ya en el siglo XVI Sebastián de Covarrubias, lexicógrafo y capellán de Felipe II, registra una expresión muy española y antiquísima, para referirse al desencanto que se produce cuando un asunto deseado, en el que se habían depositado grandes esperanzas, se malograba irremediablemente: “nuestro gozo en un pozo”. Ahora mismo nuestro futuro, nuestras esperanzas, se encuentran en el mismo borde del puteal de la Moncloa.


El puteal de la Moncloa. Museo Arqueológico Nacional.
Palacio de la Moncloa.
Jardines de la Moncloa. El Pais, 2005.

domingo, 31 de enero de 2010

“El cuadro de todos juntos”


Carlos IV denominaba de esta manera el lienzo que en 1800 realizó Francisco de Goya de la familia real española al completo. Alfonso E. Pérez, historiador del arte y director del Museo del Prado durante los años 80, afirma que el artista se inspiró en el retrato de familia del primer Borbón, Felipe V, obra de Lóuis Michel Van Loo, y que la reina María Luisa, al desaparecer prácticamente la familia real francesa, pretendía de esta manera dejar patente que los Borbones españoles habían recogido el testigo de la dinastía de Francia.

Goya realiza en Aranjuez este óleo de grandes dimensiones, en donde no falta el homenaje a su admirado Velázquez y a Las Meninas, colocando a la familia real en una estancia del Palacio de Aranjuez con dos cuadros al fondo de la sala. Igual que el pintor sevillano, Goya se retrata a sí mismo a la izquierda, junto al reverso del lienzo apoyado sobre su caballete; pero, en cambio, se muestra en un segundo plano y en la penumbra.

En la disposición de los protagonistas Goya sigue un criterio distinto y los viste de gala, situando a la mayoría de forma lineal, apaisada, lo que implica que de los 14 personajes, 9 de ellos se encuentran en primer plano permitiendo observar sus espléndidas indumentarias, sus bandas honoríficas, sus joyas y condecoraciones, y, sobre todo, sus rasgos físicos y su personalidad.

Sobresale el conjunto central en torno a la reina María Luisa, que es el personaje más iluminado y que pasa por ser la verdadera protagonista de la composición, en vez del monarca que, a pesar de ello, se encuentra un par de pasos por delante, según exigía el protocolo.

Se puede hablar de la luz y sombras del lienzo, la psicología de los retratados, la intención del autor, la composición de grupos, etc., pero lo que se busca es conocer el destino de los Borbones del cuadro, una dinastía que desde su instauración por la fuerza en España en 1700, hasta 1975, solo ha traído sufrimiento, guerras y revueltas, dictaduras, retraso e incompetencia.

Los personajes del cuadro.
Infante D. Carlos María Isidro (1788-1855):
Parece ser que su posición en el lienzo le hizo incomodarse con el pintor, al encontrarse detrás de su hermano mayor al que sujeta la cintura con las manos (según los maledicentes dicen que le estaba empujando).
Su papel en la Historia será nefasto para España. Don Carlos hará valer su segundo puesto en la línea de sucesión al trono negándose a reconocer a Doña Isabel, hija de Fernando VII, como Princesa de Asturias. Al producirse la muerte del rey y apoyado por grupos tradicionalistas, darán comienzo las insurrecciones carlistas por distintos puntos de la Península, que durante tres largas etapas del siglo XIX, ensangrentará hasta límites insospechados las tierras españolas.


Príncipe de Asturias, futuro Fernando VII (1784-1833):
Ya desde su juventud son incontables los actos de soberbia y bajeza que se cuentan del rey Fernando VII: admirador y seguidor rastrero de Napoleón, innumerables abusos sexuales entre sus servidores, conspiración contra su padre, engaños a los liberales, decorración de la Constitución de Cádiz, etc.
Es causante, en parte, de las terribles guerras carlistas y de la involucción política de inicios del XIX, reinstaurando un enérgico absolutismo que marcará políticamente toda la centuria en la Península. Su reinado es considerado el más nefasto de la Historia de España.


Infanta Doña María Josefa (1744-1801):
Hermana de Carlos IV. Era conocida familiarmente como “Tía Pepa”. Con un carácter desagradable, era además fea y algo contrahecha, no teniendo a lo largo de su vida ninguna relevancia ni en lo político ni en lo social.
Murió soltera debido principalmente a su aspecto físico. Sin embargo, a los 19 años estuvo a punto de casarse con Luis XV de Francia con el fin de asegurar el trono francés ante la falta de descendencia de los nietos del rey, que estaba dispuesto, ya casi anciano, a dar un nuevo heredero a Francia. Las negociaciones se frustraron por la muerte del rey.


Dama que vuelve la cabeza:
La joven oculta su rostro al volver la cabeza a su izquierda. Se supone que el artista quiso representar la futura esposa del Príncipe de Asturias, que se casará dos años después con María Antonia de Nápoles.
Otra versión señala que puede tratarse de la Infanta Carlota Joaquina (1775-1830), hija mayor de los Reyes, casada con Juan VI, rey de Portugal, y que su estancia en el país vecino supondría que Goya careciera de modelo y de un estudio fisonómico previo.


Infanta Doña María Isabel (1789-1848):
Se la describe físicamente como poco afortunada, por lo que resulta extraño su belleza en el cuadro de Goya. Dos años después de la creación del cuadro, en 1802, se casa con el príncipe Francisco de las Dos Sicilias, rey de Nápoles, con el que tuvo 12 hijos.
Unos de estos hijos, María Cristina, fue la cuarta y última esposa de su hermano Fernando VII, con el que tendrá a la única heredera al trono, la futura Isabel II. Esta sucesión originará las sangrientas guerras carlitas contra el otro pretendiente: su tío Don Carlos María Isidro.
Cuentan que era una mujer apasionada e inteligente. Las Cortes de Cádiz la excluyeron de la sucesión al trono español por suponer que era hija de Godoy y la reina María Luisa, debido al gran parecido con el favorito.


La reina María Luisa de Parma (1751-1819):
Fue una joven agraciada: bien proporcionada, de ojos negros y cabellos rubios, pero muy voluble y despótica, que desde que se casó a los 14 años, se aprovechó del carácter superfluo y bonachón del Rey. Se le atribuyen innumerables amoríos entre los que sobresale Manuel Godoy.
Tuvo 14 hijos y 10 abortos, lo que extraña el poco tiempo que le quedaría para los lances y escarceos amorosos. Estos 24 embarazos causaron estragos en su cuerpo, llegando a perder prácticamente todos sus dientes, por lo que nunca aparece sonriendo en los retratos. No obstante, se conoce que estaba orgullosa de de la perfección y redondez de sus brazos que procuraba lucir siempre.


Infante D. Francisco de Paula (1794-1865):
Se hizo popular al hacerse protagonista de la rebelión contra los franceses el 2 de mayo de 1808, ya que al grito “¡se los llevan a Francia”!, el pueblo de Madrid se abalanzó contra el carruaje donde le trasladaban y cortó las correas del tiro, dando así comienzo a los episodios del 2 de mayo en Madrid y la consiguiente sublevación popular contra la invasión francesa.

Como su hermana María Isabel, estuvo excluido de la sucesión al trono por Decreto de las Cortes de Cádiz, debido a su,“indecente” parecido con el favorito Godoy. Se casó con Luisa Carlota de Borbón, hermana de la reina María Cristina, con la que tuvo cuatro hijos; uno de ellos fue el “lamentable” D. Francisco de Asís, obligado a casarse con su prima la reina Isabel II, padres ambos ¿? del futuro Alfonso XII.
Es un personaje sorprendente. Artista, pintor, académico y masón activo, llegó a ser propuesto como rey del proyecto: Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile.


El rey Carlos IV (1748-1819):
Existe una anécdota muy conocida de la “inocencia” de la personalidad del rey y que dice mucho sobre su carácter. Cuando conciertan su boda, el futuro rey comenta a su padre Carlos III, lo contento que se encuentra porque al ser príncipe y casarse con una princesa, no será engañado como ocurre con la gente vulgar. Es conocida la respuesta del bueno de Carlos III: “Hijo mío, ¡pero que imbécil eres! También entre las princesas hay putas”.

Y esa más o menos fue su historia. Indolente, tranquilo, bondadoso, honrado, cazador, aficionado a los relojes, que “tragó” con todo: los devaneos de su esposa, la imposición y presencia constante de Godoy, la rebelión
de su hijo, la vergüenza de Bayona. En resumen, un reinado nefasto como será el de su hijo.


Infante D. Antonio Pascual (1755-1817):
Es considerado el más laborioso de los hijos de Carlos III, aunque existen
cronistas que opinan todo lo contrario. Tras la marcha de Fernando a Bayona, es nombrado Presidente de la Junta Suprema de Gobierno, pero ante los sucesos de Madrid del 2 de mayo, huye al refugio francés despidiéndose con una frase que dice mucho de su personalidad y de los dirigentes con los que contaba España en aquella época: “¡Ahí os queda eso!”.
Amante del “bordado”, se casó con una hija de los Reyes, su sobrina, la infanta María Amalia, cuando ésta tenía 16 años. La Infanta falleció tres años después.


Identificación insegura:
Existen dos posibilidades sobre este personaje. La que parece tener más credibilidad es la que asegura que se trata de Doña Carlota Joaquina, la hija mayor de los Reyes, y Reina de Portugal por su matrimonio con Juan VI. Intrigante, fomentó la guerra civil en el país vecino apoyando a su hijo Miguel contra su propio esposo. Huída a Brasil por la presión napoleónica y conociendo la abdicación de Bayona, hizo intentos para aspirar al trono de España.

Otra de las opciones que se barajan, presentan a este personaje como la Infanta Doña María Amalia, la joven esposa fallecida del D. Antonio Pascual.


D. Luís de Borbón (1773-1803):
Por su matrimonio con la Infanta María Luisa, era yerno de Carlos IV y efímero rey de Etruria desde 1801 a 1803. Este reino fuen "inventado" por Napoleón en la Toscana, y al que accede Don Luís por la cesión española de La Luisiana a Francia (Etruria por La Luisiana, no está mal el trato). Según se cuenta, la Reina María Luisa pretendía: “… colocar a los chicos, que no pidan limosna ni queden aquí a nuestra costa”.


D. Carlos Luís de Borbón (1799-1883):
El único nieto de Carlos IV que figura en el cuadro. Hereda de su padre el Reino de Etruria, pero sólo hasta 1807. Como duque efectivo de Lucca apenas se ocupó de su ducado, ya que residía en Viena y su ocupación fue únicamente dedicarse por completo a los placeres mundanos.

Las convulsiones político-militares de comienzos de siglo, hacen que regrese a sus manos el ahora el Ducado de Toscana. Se cansa pronto de los problemas que origina su nueva posesión y, abdicando en su hijo, vuelve a centroeuropa a dedicarse a lo que sabía hacer.


Infanta Doña María Luisa (1782-1824):
Casada con Don Luís de Borbón, Duque de Parma y Rey de Etruria, al fallecimiento de éste en 1803 actúa como regente de su hijo Don Carlos Luís, situación que solo se puede sostener hasta 1807.

Al caer Napoleón, Doña María Luisa hace valer sus derechos ante el Congreso de Viena, que le asigna el Ducado de Lucca, donde impondrá métodos totalmente absolutistas.

Según parece, era la hija predilecta de Carlos IV y puede que su carácter “impusiera” la escena con su bebe en brazos que no es habitual en este tipo de cuadros reales; y es que la Infanta tenía por costumbre (nada habitual) amamantarle personalmente y llevarlo con ella, incluso a recepciones y fiestas.

Se ha escrito muchas veces que con este cuadro, Francisco de Goya trató de satirizar a la familia real dejando en la pintura su opinión personal sobre los miembros retratados. Pero posiblemente, Goya, en una lección de profesionalidad y oficio, reflejo los personajes como eran, sin quitar ni añadir nada. Como escribe Alfonso E. Pérez: “No debe verse tras este retrato, como demasiado a menudo se ha afirmado, una intención caricaturesca de Goya, sino simple, y lamentablemente, el testimonio de un realidad fielmente plasmada por el artista”.

Y es así. “La familia de Carlos IV”, entre las múltiples opciones de estudio que brinda, sobresale principalmente por su categoría de documento de época. Goya, como cronista excepcional, no juzgó a los protagonistas del cuadro. Posteriormente, el tiempo y la Historia hicieron su trabajo.

La familia de Carlos IV.
Francisco de Goya. Vicente López.
Por la izquierda, todos fragmentos de la Familia de Carlos IV.
Don Carlos. Vicente López.
Fernando VII. Francisco de Goya.
Doña María Josefa. Francisco de Goya.
María Antonia de Nápoles. Vicente López.
Doña María Isabel de Borbón. Vicente López.
Maria Luisa de Parma. Francisco de Goya.
Don Francisco de Paula. Desconocido.
Carlos IV en Roma. José Madrazo.
Don Antonio Pascual. Francisco de Goya.
Doña Carlota Joaquina. Anónimo.
Don Luís de Borbón. Francisco de Goya.
Don Carlos Luís de Borbón.
Litografía de Andreas Estaub.
Doña María Luisa de Borbón. Francisco de Goya.