jueves, 28 de febrero de 2013

Un papa del noroeste hispano



Son múltiples las curiosidades y tradiciones que rodean la elección de un nuevo papa. Benedicto XVI con su renuncia, ha obligado a replantear alguna ellas y a tomar decisiones que, hasta ahora, resultaban innecesarias, y que se discuten y comentan en los centenares de artículos y entrevistas que inundan los medios de comunicación.

Benedicto XVI retomó, entre otras, una tradición “olvidada” desde finales del siglo XIX por sus antecesores, y que tiene un fuerte contenido simbólico. Desde el s. XIII (mención más antigua conocida), los papas portaban un anillo de oro con la imagen grabada de San Pedro (considerado el primer papa), sobre una barca como pescador, además del nombre del pontífice en latín. Este anillo-sello se utilizaba antiguamente para autentificar toda la correspondencia privada del pontífice, estampando el anillo sobre el tradicional lacre o cera roja.


El cardenal camarlengo, que gestiona la Iglesia en el periodo en el que no existe papa, es, según la tradición, el encargado de destruir el Anillo del Pescador para evitar posibles falsificaciones documentales. Es la persona comisionada para comprobar el óbito del papa y retirar el anillo del cadáver. Después golpeará el sello con un martillo de plata hasta que se deforme la imagen del “pescador”, significando que el pontificado ha finalizado. 

Según un portavoz del Vaticano, esta norma habitual se mantendrá, pero será el propio Benedicto XVI quien entregará su anillo para la destrucción. Sin embargo, parece que el anillo será "indultado" y solo se dañará la imagen del sello, para después pasar a formar parte de algún museo Vaticano.

En esta vuelta a las tradiciones y al respeto y cuidado de las costumbres y de la Historia, destacamos la figura de otro papa: Dámaso I. Curiosamente será en el espléndido Patio de San Dámaso del Palacio Apostólico del Vaticano, obra de Bramante y Rafael, el lugar elegido por Benedicto XVI para despedirse de sus más íntimos colaboradores.


Está en boca de todos, cuál será la nacionalidad del nuevo pontífice, siendo innumerables las especulaciones sobre ello. La posibilidad de un papa español es ínfima y, a pesar de la influencia y el peso de la sociedad hispana a lo largo de la existencia de la Iglesia, solo han existido cuatro papas españoles. El primero, casualmente, será el pontífice que hemos citado: Dámaso I.

No vamos a narrar su biografía, para eso está el Liber Pontificalis, pero si resaltar algunos aspectos de su figura que muestran una importante cercanía a la realidad actual, como su interés por conservar la memoria de la Iglesia, que le llevó a no olvidar las tradiciones ni a los mártires y a rehabilitar templos, como San Lorenzo Extramuros. Pero, sobre todo, a restaurar las catacumbas que, posiblemente, deban su existencia actual a este pontífice. Debido a este trabajo de recuperación, hoy el papa Dámaso I es el patrono de la arqueología.

San Dámaso nació en el noroeste peninsular en el año 304/5: en la Gallaecia, territorio hispano al norte del Duero que comprendía Asturias, Galicia, León, Zamora y norte de Portugal. En esta división territorial romana, Asturica Augusta (Astorga), Bracara Augusta (Braga) y Legio (León), serán los principales núcleos urbanos del siglo IV, siendo éste último el que contaba con una fuerza militar permanente al mando de un legatus legionis, con amplia influencia en la totalidad de la provincia romana. No resulta extraño, que el joven Dámaso residiera o conociese alguna de estas ciudades.


Dámaso se trasladará a Roma y es elegido papa con 62 años, en el 366. Su pontificado dura hasta su muerte en el 384, ocupando prácticamente el último tercio del s. IV. Es un periodo histórico marcado por una fuerte influencia hispana: Dámaso en la Iglesia, Teodosio en el Imperio y Prudencio en las letras.

La importancia de este papa nacido en la Gallaecia ha sido extraordinaria. No solo es el patrono de la arqueología moderna por su protección de los restos antiguos, sino que su influencia ha sido trascendental para el destino de la Iglesia, gracias a su compromiso y defensa a los ataques del paganismo, el arrianismo y todo tipo de herejías que surgieron en una época convulsa. Pero también como responsable e impulsor de la traducción latina que realizó San Jerónimo de la Biblia, la polémica y conocida Vulgata, que adquiere su aprobación definitiva más de 1000 años después, en el Concilio de Trento.

Su mayor batalla dogmática la libró contra Prisciliano, obispo de Ávila, también natural de la Gallaecia. Este obispo comenzó a predicar otra nueva manera de entender el cristianismo: promovía la pobreza, el celibato, la participación de esclavos y mujeres, y denunciaba los lujos y excesos de la curia, pero, sobre todo, impulsaba las celebraciones exotéricas, con rezos y danzas en la naturaleza: ríos, montes, bosques, … El “rebelde” Prisciliano fue decapitado por herejía tras la muerte de Dámaso.

Los restos de Prisciliano volvieron a Hispania, a su lugar de nacimiento. Muchos son los que piensan que es el hereje el que está enterrado en la catedral de Santiago, y que la constante peregrinación a su tumba fue acallada con la leyenda del Apóstol Santiago, una forma de convertir en ortodoxo un culto que resultaba muy incomodo para la Iglesia.


Dámaso I, un papa del s. IV, un pontífice de estas tierras, que resulta muy cercano a la actualidad por sus inquietudes. Pero también, y a pesar de los siglos transcurridos, la figura de este pontífice hispano sigue permanentemente presente (aunque pocos lo sepan) en los oficios religiosos, ya que suya es la conocidísima doxología: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos, amén.”. Igualmente, es el introductor de la voz hebraica: “Aleluya”, como término para alabar y dar gracias a Dios, tan actual y constante en el vocabulario de casi todas las religiones y cultos.


- San Dámaso.
- Benedicto XVI.
- "Anillo del Pescador" de Benedicto XVI.
- Patio de San Dámaso. Vaticano.
- Catacumbas de Roma.
- Basílica de San Lorenzo Extramuros. Piranesi.
- San Dámaso dicta la Vulgata a San Jerónimo.
- Tumba de San Dámaso. Roma, iglesia de San Dámaso.

domingo, 17 de febrero de 2013

La Plaza de España de Roma


La Piazza di Spagna se encuentra en la base del monte Pincio, al norte del Quirinal, fuera del primer recinto amurallado de la ciudad que integraban las legendarias siete colinas, pero en el interior de la muralla aureliana, construida entre el 270 y el 273 d.C. Desde la antigüedad, fue considerado un lugar especial (Colina de los Jardines), donde proliferaban huertos, florestas, y plantíos, y en el que se construyeron importantes mansiones de patricios romanos. Ahora, espléndido ejemplo de la arquitectura y urbanismo barroco romano, atrae a miles de turistas por su belleza y teatralidad. 

La Plaza de España, recibe su nombre por encontrarse allí desde 1647 el Palacio de España, antes Palacio Monaldeschi. Es la sede de la embajada española ante la Santa Sede (debería decirse “cerca de …“), considerada la delegación o embajada más antigua del mundo, al establecer en 1475 las Coronas de León, Castilla y Aragón, por deseo expreso de Isabel y Fernando, una delegación diplomática con el Estado Pontificio a cargo del “emisario” D. Gonzalo Fernández de Heredia. Pero será el caballero de la Orden de Santiago, D. Gonzalo de Beteta en el año 1480, el que se haga cargo por primera vez y de manera permanente, de los asuntos de los reinos hispanos con el Vaticano.

En esos primeros años no se mantuvo la sede en un edifico determinado. Se eligieron y alquilado distintos palacios privados de la ciudad: Orsini, Altemps, Aldobrandini, Doria Pamphili, Urbino, De Cuppis y por último, en 1622, el que será la definitiva y actual residencia: el antiguo Palacio Monaldeschi, conocido tras la compra en 1647 y rehabilitación posterior por el prestigioso arquitecto Borromini, como Palacio de España.

En estos primeros años de relaciones diplomáticas, se consuman objetivos tan significativos como el apoyo papal a la Guerra de Granada que pondrá fin a la Reconquista, se establecerá la partición de América entre Portugal y España, y se realizarán los primeros pasos para confirmar la Liga Santa, alianza que con el tiempo frenará la expansión turca por el Mediterráneo en Lepanto.

Pero esta denominación de la plaza no se hará efectiva hasta el papado de Alejandro VII, donde en un plano realizado por Rossi en 1665, ya se designa la parte de la plaza existente frente a la embajada como Forum Hispanicum, suponiendo que en aquellos momentos ya se asumía popularmente dicha toponimia.

Es una época en que los constantes conflictos jurisdiccionales con Francia relacionados con el llamado “franco”, “barrio” o “cuartel” (quartiere), territorio de la ciudad controlado por las embajadas extranjeras, se habían relajado y los galos se centraban en otra zona de Roma, hacia el sur, cerca del Tiber (espacio del Palacio Farnese, actual embajada francesa). Este desplazamiento francés se produce, tal vez, porque el dominio territorial español en el barrio del Pincio no tenía ya vuelta atrás.

Y es que este lugar de la ciudad de Roma, fue escenario de una pugna entre franceses y españoles por su posesión y hegemonía. En la primera mitad del s. XVII, la importancia de la monarquía hispana y el hecho de que se cuente con una sede diplomática permanente, permite a los representantes españoles extender y controlar la zona de influencia alrededor de la embajada, a pesar de la fuerte oposición del papado y, sobre todo, de los representantes de Francia.


Los franceses no cesaron de reivindicar la posesión de la ladera del monte Pincio, una fuerte pendiente con senderos arbolados que unía la “zona española” con la Iglesia de la Trinidad del Monte (Santissima Trinità dei Monti), construida a inicios del s. XVI por el rey de Francia, Luis XII, puesta bajo su protección y a cargo de los frailes mínimos (franciscanos). La posesión de esta ladera también preocupaba al papado que la codiciaba, pero sobre todo a los franceses, que tratan de impedir cualquier intervención papal o española mediante un proyecto de construcción de una gran escalinata para salvar el importante desnivel.

Los representantes españoles no cejaron en ampliar constantemente su cinturón de influencia y jurisdicción. Curiosamente, en 1678 el embajador español marqués del Carpio ya se jactaba de controlar una zona que, además del Palacio de España, incluía a su alrededor más de 800 casas, la iglesia de la Trinidad del Monte, de patrocinio francés, y la empinada y pretendida ladera boscosa que unía la iglesia con la embajada española.

La frontera o límite del barrio cuartel español, estaba señalizado por piedras blancas con las siglas ADS (Ambasciata di Spagna - Embajada de España). En aquel territorio el embajador ejercía plenamente su jurisdicción, como la prohibición de ejercer justicia sin su autorización expresa, la autorización de negocios, el juego, el derecho de poseer guardia propia, etc. Estas prerrogativas dieron lugar a múltiples altercados con el papado y los vecinos de Roma.


Inocencio XI (1676-1689) en 1683 consigue acabar momentáneamente con la mayoría de las jurisdicciones de las embajadas extranjeras, pero sus sucesores vuelven a ser permisibles y

permiten el resurgimiento de los “barrios” alrededor de las delegaciones diplomáticas, hasta su supresión definitiva por la República Romana en pleno siglo XIX, en 1849. Como prueba de la vuelta a las antiguas costumbres, en 1725, un plano de Antonio Canevari (Pianta della giurisdizione del Real Palazzo e Piazza di Spagna), detallaba el perímetro de la jurisdicción española en dicha fecha, en el que se incluye ya la magnífica y conocida escalinata, terminada de construir ese mismo año.


Antes de su construcción, franceses y españoles escogen aquella ladera del monte Pincio, para realizar grandes celebraciones y festejos, entre ellos las fiestas en honor del Delfín Luis nacido en 1661 y, cómo no, el nacimiento del heredero de Felipe IV, el futuro Carlos II, también nacido a finales de 1661. El 2 de febrero del año siguiente, aprovechando el clima festivo del Carnaval, el embajador francés dejó con la boca abierta a los nobles y al pueblo de Roma, con una maravillosa escenografía de fuegos artificiales; dos semanas después y en la misma colina, el embajador español D. Luís Guzmán Ponce de León, montó una gran máquina de fuegos representando el "Carro del Sol".


Delante del Palacio de España, cuyos balcones estaban decorados con damascos rojos, telares pintados y dos grandes escudos, se realizó la fiesta popular, con una torre para fuegos artificiales y una fuente de vino. Este último episodio queda reflejado espléndidamente en una pintura del momento: “Festa per la nascita dell’Infante Don Carlo”, realizada en 1662 por autor anónimo.

En 1564 se realiza un primer proyecto de escalinata por el arquitecto Giacomo della Porta, con el fin de convertir en transitable aquella ladera que, en invierno y con las lluvias, se convertía en un lodazal. Los franceses se opusieron a éste y posteriores planes constructivos, tratando de imponer varias opciones suyas a partir del s. XVII, que contaban siempre con una colosal estatua del Luis XIV, pero la oposición del papado y España fue constante. A la muerte del monarca francés, se retoma el proyecto de construcción, con la aportación económica del diplomático francés Étiene Fueffer y la aceptación de los tradicionales opositores, al eliminarse cualquier opción de realzar la monarquía francesa en la importante obra.



Fue diseñada por Francesco de Sanctis y Alessandro Specchi y realizada entre los años 1723 a 1725. Ejecutada en mármol travertino, cuenta con 135 escalones y una serie de rampas divididas en tres partes. Un gran proyecto que, aunque lo parezca, no es simétrico, ya que la iglesia de la cima no está directamente afrontada con la plaza.

Los arquitectos tampoco se limitaron a construir un elemento aislado, la escalinata se encuentra integrada en el espacio urbano con una amplia perspectiva arquitectónica determinada por los diferentes planos y por los escalones, cuyo perímetro por momentos es cóncavo y en otros lugares convexo, lo que forma un juego de curvas perfectamente armónico, que simula las ondas que se dibujan en el agua cuando esta cae en cascada. Es un “río de escalones” que provoca la ilusión de brotar desde la iglesia que se sitúa en la parte más alta y que va deslizándose lentamente por la pendiente.


Desde la primera terraza, la escalinata se bifurca dejando en su centro un segundo descanso de menores dimensiones que el anterior. Como suele ocurrir en la naturaleza, la fuerza del "agua" busca una salida y se derrama con una fuerza mayor por los laterales, hasta llegar a la última terraza en la que el “agua”, en forma de escalones, brota en su totalidad hacia la Plaza de España. Inaugurada por Benedicto XIII en 1725, la que a veces es denominada “escalera española”, es la más amplia escalinata de Europa y, posiblemente, la más conocida. 



Dos obras realzan esta fantástica gradería: en la cima el obelisco Salustiano, situado frente a la iglesia de la Trinidad, y la Fontana della Barcaccia, enclavada a los pies de la escalinata.

Varios años después de la construcción de la escalera, el papa Pio VI ordenó trasladar e instalar en 1789 delante de la iglesia de la Trinidad del Monte, el obelisco de 14 metros conocido como Salustiano, por haber aparecido en los jardines denominados Horti Sallustiani.

El obelisco parece tiene su origen en el deseo del emperador Adriano de situarlo en la tumba de Antinoo en Tívoli. Se talló durante el siglo III en Egipto, cerca de Asuán, y sin haberse grabado los textos de rigor, fue trasladado por el emperador Heliogáblo a Roma para decorar la spina del Circo Variano. Cada una de sus caras lleva tres columnas de textos jeroglíficos copiados por los artistas romanos del obelisco existente en la Plaza del Popolo.

La fuente situada a los pies de la escalinata, también posee una historia interesante. La Fontana della Barcaccia, inaugurada en 1627 por el papa Urbano VIII, cien años antes de de la construcción de la gran escalera, fue realizada por Pietro Bernini y su hijo, el sorprendente Gian Lorenzo Bernini. Con su particular forma de barca que se hunde, la fuente recuerda la leyenda popular del desbordamiento histórico del río Tíber en 1598, que dio lugar a que un barco de pesca llegara hasta ese mismo punto arrastrado por la crecida del río.


Pero la realidad parece otra. La forma del barco que se hunde parece ser que se concibió por Bernini para resolver el problema de la baja presión del agua en ese punto. Al no ser posible la instalación de grifos, se construyó un vaso ligeramente más bajo del nivel del suelo para conseguir que el agua surgiera sin ningún problema.

A esta sucesión de monumentos que conforma la Plaza de España, se añade la Columna de la Inmaculada Concepción instalada frente al Palacio de la embajada de España. Cuando el 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX proclamó el Dogma de la Inmaculada Concepción, se pensó que no había lugar más apropiado en Roma para levantar un monumento que la Plaza de España, ya que era la nación en la que esta devoción se encontraba ya  profundamente arraigada.

El 8 de diciembre de 1857, Pio IX desde unos de los balcones de la embajada española, bendijo el monumento que se había erigido frente a ella, realizado por el arquitecto Poleti, con una imagen de la Inmaculada fundida en bronce y sobre una columna de mármol de Corinto, conocido por su color como “cebollino”, que había sido hallada en 1778 en el Campo de Marte. 

Cada 8 de diciembre, el Palacio de España engalana sus balcones y ventanas para celebrar la ofrenda florar a la Inmaculada Concepción, a la que puntualmente acude todos los años el papa.

Sobre el espléndido Palacio de España que da el nombre a esta zona de Roma, ya hemos comentado su compra en 1647. A partir de ese momento se inician las obras de mejora y acondicionamiento en las que interviene nada menos que el arquitecto Francisco Borromini, que diseñó la ampliación del palacio y trazó el vestíbulo y la fantástica escalera principal, que tantas aparece en los reportajes.

Puede que el fabuloso tirón turístico actual de ese espacio urbano de Roma, tenga su origen en los siglos XVII y XVIII, en el que el palacio español fue el centro de un mundo fastuoso y alegre de fiestas que animaban también la Plaza de España, escenario de los acontecimientos más brillantes de su tiempo, en los que se mezclaban con el pueblo de Roma artistas y personajes famosos. Esta situación histórica, no hay duda que influyó poderosamente para que desde la plaza española, partan actualmente las calles comerciales más interesantes y famosas de la Ciudad Eterna, entre ellas Vía Condotti.

                   

- Plaza de España. Roma (deviajeporitalia.com)
- Palacio de España. Embajada ante la Santa Sede. Giovanni Paolo Panini.
- Borrromini.
- Alejandro VII.
- Monte Pincio. Gaspar van Wittel.
- Iglesia de la Trinidad.
- Plano "barrio" de España, s. XVIII.
- Inocencio XI.
-Roma Moderna. Panini.
- Roma moderna (detalle Plaza de España). Panini.
- Plaza de España. Panini.
- Benedicto XIII.
- Obelisco Salustiano.
- Plaza de España.
- Monumento a la Inmaculada Concepción.
- Pio IX.
- Plaza de España. Piranesi.





domingo, 27 de enero de 2013

9 de diciembre de 1869: Incautaciones en San Isidoro



A finales del año 1869 el comisionado por el General Serrano, en aquellos momentos Regente del Reino, junto con el secretario del Museo Arqueológico Nacional, un vocal de la Comisión
de Monumentos Históricos y 
Artísticos y un representante del Gobierno Civil de la provincia, procedieron a incautar en la Basílica de San Isidoro de la ciudad, para su posterior traslado a Madrid, concretamente a los fondos del recién creado Museo Arqueológico Nacional (1867), una serie de objetos artísticos.

Los comisionados para llevar a efecto las incautaciones en León, fueron Juan de Dios de la Rada y Delgado y Juan de Malibrán, que redactaron con rigor una “Memoria” que refleja el proceso de “adquisiciones”.

La situación no era nueva. Unos meses antes ya se habían confiscado o “donado” otros objetos de la Basílica, como refleja el acta  26 de enero 1869. Asimismo, a mediados de 1868, D. José Amador de los Ríos, por aquel entonces director del Arqueológico, en su búsqueda de piezas para el recién creado Museo, había localizado e incautado o le fue “regalada”, una espada jineta  de la iglesia de San Marcelo que portaba la imagen del santo titular http://la-jineta-de-san-marcelo.htmlasí
 como dos arquetas románicas de madera de nogal datadas en siglo XIII, del tipo denominado “pacotilla”, procedentes de un taller de Limoges. 

Tienen estructura prismática y tapa a doble vertiente, en la que sobre el alma de madera y mediante remaches, se colocan láminas de cobre dorado y esmaltado. Ambas procedían del muy querido Monasterio de Santa María de Sandoval, aunque fueron “obtenidas” del Convento de  San Marcos de León.

El acta de la incautación de diciembre de 1869, siendo director del MAN, D. Ventura Ruiz Aguilera, que a continuación se transcribe, delata uno de los saqueos de arte más significativos en la ciudad de León:

“NOTA. De los efectos de esta Colegiata trasladados al Museo Nacional por incautación.

En el día nueve de diciembre del corriente de sesenta y nueve, se constituyeron en esta Real Colegiata de San Isidoro, el jefe de sección de fomento D. Vicente Carbonell en representación del Gobierno Civil, D. Juan de Dios de la Rada y D. Juan Malibran como comisionados por S.A. el Regente del Reino para recoger de entre los efectos de que el Estado se halla incautado, los que se considerasen dignos por su mérito artístico o histórico de figurar en el Museo Arqueológico Nacional D. Ricardo Belazquez y D. Ramón Alvarez de la Braña, secretario el primero y vocal el segundo de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de esta Provincia. Y habiéndose hecho presente el objeto de la Comisión por el Sr. Jefe del Fomento a los señores Comisionados D. Fernando Lucas, D. Justo Fernandez y D. Nicolás Alvarez, procedieron los señores de la citada Comisión a designar e incautarse y llevar los objetos siguientes: Un arca de ágata y plata (a), estilo latino vizantino (dejado en poder de los señores Canónigos expresados las reliquias que contenía); así como también otra arquita pequeña que había dentro de esta que se describe. Otra arca de estilo mudejar de plata con varias leyendas (dejando igualmente a los Señores Canónigos las reliquias que contenía) (b). Una caja de marfil, estilo visigodo, con las Bienaventuranzas en el respaldo (c): tiene sobrepuestos adornos de estilo mudejar (entregaron las reliquias que contenía a los mismos señores). Otra caja de estilo mudejar, forma ovalada, con gravados de hoja de yedra (d). Un cofrecito de madera con incrustaciones de marfil (e), figurando vichas, con leyendas de estilo mudejar. Un crucifijo de marfil de estilo románico regalado por el Rey D. Femando y Dª Sancha su esposa (f), cuya leyenda viene al pie. Un códice del siglo catorce al quince, con iluminaciones, procedente de la Biblioteca de este Cabildo. Un cuadro pintado en tabla, que representa la Coronación de la Santísima Virgen y cuyo cuadro estaba colocado en la Sacristía de esta Iglesia. Todos los efectos constan del recibo dado por dicha Comisión al Cabildo.

Es cuanto ha parecido conveniente consignar en este libro de Actas para los efectos consiguientes. León, 10 de diciembre de 1869. Valentín Santiago, secretario.”


En este momento fueron requisadas cinco cajas o arquetas a las que hay que añadir una pequeña que se encontraba en el interior de otra. En total parece que fueron seis piezas, encontrándose alguna de ellas entre las más significativas del mundo medieval. Además de esto, significar la incautación del crucifijo de marfil conocido como de D. Fernando y Doña Sancha, que es una de las piezas artísticas más emblemáticas del Museo Arqueológico Nacional.


Arca de las Ágatas (a): Caja de madera de pino, plata nielada y ágatas, utilizada como relicario. Sobre su estructura prismática una tapa con forma ataudada, con una pequeña base superior para el asa y cuatro vertientes; lleva 57 piezas de ágata cuadradas, rectangulares o circulares; unas planas, otras almohadilladas, todas ellas con guarnición de chapitas de plata cincelada y nielada, formando un sogueado con adornos florales en las uniones y arcos de herradura en las esquinas. Posee una bella bisagra para el cierre, adornada con un vástago. La base, formada por un añadido de plata, es posterior, de época gótica. El asa es moderna, del XIX; la antigua sufrió el saqueo de las tropas francesas.

Los arcos de herradura hacen pensar en un origen musulmán, sin embargo, el sogueado es típico del arte peninsular norteño (asturiano). Hay que recordar,  que el arco de herradura ya se ejecutaba en época romana y visigoda, por lo que posiblemente se trate de una obra realizada en un taller leonés, para albergar alguna importante reliquia.


Arqueta arábiga con tres bisagras (b): Realizada en plata y esmaltes, se utilizó como relicario al llegar a tierras leonesas. Posiblemente data de finales del s. X (Alfonso VI), tiene estructura prismática y tapa ataudada, con dos bisagras en la parte posterior y una delantera de cierre, bellamente ornamentada con dos aves afrontadas. La decoración mediante esmalte es variada, representando motivos cúficos, vegetales y animalísticos.

En la tapa, representación de pequeños motivos vegetales y ocho pavos reales. En las cuatro vertientes una inscripción en caracteres cúficos: “PAZ PERPETUA, GLORIA CUMPLIDA, FELICIDAD PERFECTA Y PROSPERIDAD PARA TODOS”; en el último friso, tallo y hojas serpenteantes.

Este último motivo se repite en el cuerpo de la caja en dos frisos, uno inferior y otro superior, mientras el central contiene otro texto cúfico: “LA BENDICIÓN DE ALAH PARA LOS SUYOS, Y SALUD PERPETUA, GLORIA CUMPLIDA, FELICIDAD COMPLETA, DICHA PERMANENTE, SALVACIÓN PARA SU DUEÑO”.


Arqueta de las Bienaventuranzas
(c):
Cofre de madera y marfil (posiblemente contó con metales preciosos), creado para contener reliquias, de estructura prismática y con tapa ligeramente ataudada. En la cara principal y las dos laterales se desarrollan, en plaquetas de marfil, alusiones al Sermón de la Montaña: el tema de las Bienaventuranzas.

Falta una placa, la correspondiente a: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, … La pérdida y la alteración del orden del resto de placas, se debe a la restauración posterior realizada como consecuencia de los destrozos de las tropas francesas.

Esta acción dio lugar, como hemos señalado, a la pérdida de una placa de las Bienaventuranzas y a la placa decorativa que ocuparía un lateral de la arqueta, que, seguramente y según varias opiniones, pudiera ser el Cristo en Majestad de la colección Larcade, de París.

En esa remodelación y ante la falta de piezas, se modificó el orden lógico de las placas, colocándose tres en el frente y dos en cada lateral, cubriéndose la parte trasera con distintas piezas de marfil de origen islámico, que contienen motivos animalísticos y epigráficos, entre abundante decoración vegetal.

Cada placa de marfil se compone de dos personajes, todos con ojos de azabache, cobijados bajo un arco de medio punto, sostenido por estrechas columnas salomónicas. Uno de los dos protagonistas es un ángel que se representa en clara aptitud de dirigir o advertir a su interlocutor, que le escucha y que, seguramente, son representaciones de personajes bíblicos.

Sobre los arcos se observan construcciones que pueden evocar la Jerusalén celeste. De las ocho Bienaventuranzas se narran de manera abreviada siete, que se incrustan en el interior de los arcos:

“BEATI QUI LUGENT”: Bienaventurados los mansos.
“BEATI QUI PERSECUTIONEM”: Bienaventurados los perseguidos.
“BEATI PACIFICI”: Bienaventurados los que buscan la paz.
“BEATI MISERICORDES”: Bienaventurados los misericordiosos.
“BEATI MUNDO CORDE”: Bienaventurados los limpios de corazón.
“BEATI PAUPERES SPIRITU”: Bienaventurados los pobres de espíritu.
“BEATI MITES": Bienaventurados los que lloran.


Caja arábiga ovalada
(d):
 Esta realizada en plata con decoración nielada de motivos vegetales (yedra). Fechada en el s. XI, es ovalada y posee un bello cierre. En el borde de la tapa registra alrededor una inscripción en caracteres cúficos con una invocación personalizada: “PROSPERIDAD CONSTANTE, FELICIDAD CUMPLIDA, FORTUNA DURADERA Y CRECIENTE, Y VENTURA, SATISFACIÓN, RIQUEZAS, RESIGNACIÓN EN LA ADVERSIDAD PARA ABDU-XÁKIR”.

El parecido de su decoración con las yeserías de la Alfajería de Zaragoza, a base de palmas sobre esmaltado negro, hacen presuponer su origen musulmán-aragonés, y su llegada al Reino de León como botín o tributo al rey leonés Fernando I.


Arqueta arábiga de los perros (e): Realizada posiblemente a finales del s. XI y realizada en madera de alerce, con decoración en taracea. El tema decorativo principal son unos perros afrontados (vichas en el acta de incautación), entre abundantes motivos vegetales, todos realizados en hueso o marfil.

El tema vegetal se encuentra en una doble banda decorativa, en el cuerpo del cofre y en la tapa. En ésta, de forma ataudada, se repiten los motivos vegetales y los lebreles, pero con aves en las esquinas, salvo en sus dos vertientes laterales que se representan asnos. Sobre ellos se repite asimismo la banda geométrica. En la parte vertical de la tapa lleva una inscripción difícil de interpretar, realizada en caracteres nesjí (trazos más redondeados que la escritura cúfica).

Todos sus herrajes tienen forma y maneras hispano-musulmanas, a base de dos bisagras traseras y una delantera de cierre, además de un asa.


Crucifijo (f): Espléndida cruz relicario de marfil, oro y azabache del s. XI, formada por dos piezas: la cruz y la figura del crucificado, cuya espalda está perforada para contener una reliquia de la "Vera Cruz", o sea, se trata de una estauroteca. La forma de cruz latina termina con la tradición hispana de cruces patadas, tan abundante en época visigoda, y que todavía sobrevivió a los primeros siglos de invasión musulmana.

La imagen del Cristo, todavía vivo y expresivo, está tallada en marfil de bulto redondo, con la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha. La cara ovalada en la que resaltan los ojos grandes y abiertos con las pupilas realizados en azabache. Se le representa con barba, las piernas verticales y los pies sangrantes, pero, curiosamente, no se percibe la huella de los clavos. Ha perdido los dedos de la mano derecha y el paño de pureza le cubre hasta las rodillas y está anudado a la cintura con un gran lazo.

La cruz está completamente decorada en la que se representa, en los bordes del anverso, personajes ascendiendo al cielo y otros descendiendo a los infiernos. Entre ellos imágenes de animales y vegetales. Sobre la cabeza del crucificado la inscripción "IHCNAZA/RENVS REX/IVDEORVM", bajo los pies "FERDINADVS REX/ SANCHA REGINA". En el reverso, el Agnus Dei en el centro, en los extremos de ambos brazos abundante decoración a base de roleos, zoomorfos, atauriques y el símbolo alado de los cuatro evangelistas.

Está considerada como la obra cumbre de la eboraria del s. XI, formando parte del tesoro donado por los Reyes de León, Fernando I y D.ª Sancha, por testamento de fecha 17 de diciembre de 1063, a la Colegiata de San Isidoro de León.



- Tríptico de la Coronación de la Virgen con el Niño y ángeles. Marcellus Coffermans. Incautado.

- Juan de Dios de la Rada. Comisionado y presente en la incautación.
- José Amador de los Ríos. Director del MAN en 1868. Protagonista de la "donación" de la jineta de San Marcelo y las dos arquetas de Sandoval que se encontraban en San Marcos.
- Ventura Ruiz Aguilera, director del MAN en el momento de la incautación.
- Acta de incautación de 9 de diciembre de 1869.
- Arca de las Ágatas.
- Arqueta arábiga de tres bisagras.
- Arqueta de las Bienaventuranzas.
- Caja arábiga ovalada.
- Arqueta arábiga de los perros.
- Crucifijo de Fernando I y Sancha.







lunes, 31 de diciembre de 2012

FELIZ 2013



A pesar de todo ... los mejores deseos para este año nuevo ...



                ... porque a pesar de todo ... este no deja de ser un mundo maravilloso.


Video: Wonderful world. Louis Amstrong.


domingo, 16 de diciembre de 2012

Los Reyes Magos



Tabla de la Adoración de los Reyes Magos de Pedro de Campaña. Museo Catedral de León

En estos días la fiesta de la Epifanía vuelve a estar de actualidad. No solo porque nos encontramos en el inicio de otra nueva Navidad, sino porque el nuevo libro de Benedicto XVI, “La infancia de Jesús”, sigue “desvelando” sorpresas. Según informaciones recogidas en diversos medios, el Papa afirma en su obra que los Reyes Magos no procedían de Oriente sino que su viaje se inicia en tierras occidentales. Nada menos que desde Tarsis, territorio que se ubica en el sur de España, en la zona que ocupan actualmente las provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla, la antigua y perdida Tartessos.

Como veremos, según narra el Evangelio de Mateo, los personajes que fueron a adorar a Jesús eran magos procedentes de Oriente. Sin embargo, en la Biblia, el Salmo 72,10 menciona: “Los reyes de Tarsis y las islas ofrecerán presentes, los reyes de Arabia y de Sabá le traerán regalos; ante él se rendirán todos los reyes, …”. También en el libro del profeta Isaías se dice: “.. Las naciones caminarán a tu luz, y los reyes al resplandor de tu aurora… todos vendrán de Sabá, trayendo oro e incienso … los rebaños de Quedar se apiñarán junto a ti … los barcos se congregaran, y al frente de ellos los navíos de Tarsis, para traer de lejos a tus hijos, con su plata y su oro …” (Isaías 60).


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Estos comentarios de la Biblia son los que pueden confundir. Posiblemente lo quiera decir el Papa en su argumentación, es que los tradicionales Magos no son otra cosa que buscadores de la verdad. Simbolizan a los hombres que persiguen a Dios en todos los tiempos y en todos los lugares: desde Persia en el Oriente, hasta Tartessos en Occidente.

En los Evangelios canónicos se habla escasamente sobre la presencia de los Reyes Magos. Simplemente se hace referencia a ellos en el Evangelio de Mateo que no llega a mencionar su número, aunque si se menciona la entrega de tres presentes, lo que hace presuponer que en realidad se trataba de tres personajes: “Jesús nació en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes. Unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo”. Evangelio de Mateo (2, 1-2).

“ … Y la estrella que habían visto en oriente iba delante de ellos, hasta que fue a posarse sobre el lugar donde estaba el niño … entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre; se pusieron de rodillas y lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.” Evangelio de Mateo (2, 10-11).

Magos. Trascoro de la catedral de León
Adoración Magos. Panel alabastro trascoro Catedral de León. Esteban Jordan

Sin embargo en los Evangelios apócrifos “de la Natividad” y “de la Infancia”, existen muchas referencias sobre los Magos. Destacaremos el contenido del “Evangelio armenio de la Infancia” que, además de estar prohibido por la Iglesia y tratado como libro oscuro, se perseguía con ferocidad a los que tuvieran una copia del mismo. En el texto apócrifo aparecen los nombres de los padres de la Virgen, del soldado romano que clavó la lanza a Cristo y, por supuesto, el nombre de los tres Reyes. Así se habla de ellos, en un texto poco conocido que merece la pena leer:

… Y José y María continuaron con el niño en la caverna, a escondidas y sin mostrarse en público, para que nadie supiese nada. Pero al cabo de tres días, es decir, el 23 de tébeth, que es el 9 de enero, he aquí que los Magos de Oriente, que habían salido de su país hacía nueve meses, y que llevaban consigo un ejército numeroso, llegaron a la ciudad de Jerusalén. El primero era Melkon, rey de los persas; el segundo, Gaspar, rey de los indios; y el tercero, Baltasar, rey de los árabes. …. Y todos habían llegado, por orden de Dios, de la tierra de los magos, su patria, situada en las regiones de Oriente. Porque, como ya hemos referido, tan pronto el ángel hubo anunciado a la Virgen María su futura maternidad, marchó, llevado por el Espíritu Santo, a advertir a los reyes que fuesen a adorar al niño recién nacido. Y ellos, habiendo tomado su decisión, se reunieron en un mismo sitio, y la estrella que los precedía, los condujo, con sus tropas, a la ciudad de Jerusalén, después de nueve meses de viaje…

… El primer rey, Melkon, aportaba, como presentes, mirra, áloe, muselina, púrpura, cintas de lino, y también los libros escritos y sellados por el dedo de Dios. El segundo rey, Gaspar, aportaba, en honor del niño, nardo, cinamomo, canela e incienso. Y el tercer rey, Baltasar, traía consigo oro, plata, piedras preciosas, perlas finas y zafiros de gran precio…

… Al ver todo aquel aparato, y al oír todo aquel estruendo, José y María, confusos y medrosos, huyeron de allí, y el niño Jesús quedó solo en la caverna, acostado en el pesebre de los animales. Mas los príncipes y los grandes señores de los reyes magos, detuvieron a José, y le dijeron: Viejo, ¿qué temor es el tuyo, y por qué haces esto? Nosotros, en verdad, también somos hombres semejantes a vosotros. José repuso: ¿De dónde llegáis a esta hora, y qué pretendéis, al venir aquí con tan numeroso ejército? Los magos replicaron: Llegamos de una tierra lejana, nuestra patria Persia, y venimos con gran copia de presentes y de ofrendas. Queremos conocer al niño recién nacido, que es el rey de los judíos, y adorarlo. Si por acaso lo sabes a ciencia cierta, indícanos puntualmente el lugar en que se halla, a fin de que vayamos a verlo. Al oír esto, María entró con júbilo en la caverna, y, alzando al niño en sus brazos, sintió el corazón lleno de alegría. Y luego, bendiciendo y alabando y glorificando a Dios, permaneció sentada en silencio.

Por segunda vez los magos interrogaron a José en esta guisa: Venerable anciano, infórmanos con exactitud, manifestándonos dónde se encuentra el niño recién nacido. José, con el dedo, les mostró de lejos la caverna. Y María dio de mamar a su hijo, y volvió a ponerlo en el pesebre del establo. Y los magos llegaron gozosos a la entrada de la caverna. Y, divisando al niño en el pesebre de los animales, se prosternaron ante él, con la faz contra la tierra, reyes, príncipes, grandes señores, y todo el resto de la multitud que componía su numeroso ejército. Y cada uno aportaba sus presentes, y los ofrecía.














Adoración de los Reyes Magos. Claustro de la Catedral de León

En primer término se adelantó Gaspar, rey de la India, llevando nardo, cinamomo, canela, incienso y otras esencias olorosas y aromáticas, que esparcieron un perfume de inmortalidad en la gruta. Después Baltasar, rey de la Arabia, abriendo el cofre de sus opulentos tesoros, sacó de él, para ofrendárselos al niño, oro, plata, piedras preciosas, perlas finas y zafiros de gran precio. A su vez, Melkon, rey de la Persia, presentó mirra, áloe, muselina, púrpura y cintas de lino.

Y, no bien hubieron ofrecido cada uno sus presentes, en honor del hijo real de Israel, los magos salieron de la gruta, y, reuniéndose los tres fuera de ella, iniciaron mutua consulta entre sí. Y exclamaron: ¡Asombroso es lo que acabamos de ver en tan pobre reducto, desprovisto de todo! Ni casa, ni lecho, ni habitación, sino una caverna lóbrega, desierta e inhabitada, en que estas gentes no tienen ni aun lo necesario para procurarse abrigo. ¿De qué nos ha servido venir de tan lejos para conocerlo? Franqueémonos los unos con los otros en recíproca sinceridad. ¿Qué signo maravilloso hemos contemplado aquí, y qué prodigio nos ha aparecido a cada uno? Los hermanos se dijeron a una: Sí, lleváis razón. Contémonos nuestra visión respectiva. Y preguntaron a Gaspar, rey de la India: Cuando le ofreciste el incienso, ¿qué apariencia reconociste en él?

Y el rey Gaspar contestó: Reconocí en él al hijo de Dios encarnado, sentado en un trono de gloria, y a las legiones de los ángeles incorporales, que formaban su cortejo. Ellos dijeron: Está bien. Y preguntaron a Baltasar, rey de la Arabia: Cuando le aportaste tus tesoros, ¿bajo qué aspecto se te presentó el niño? Y Baltasar contestó: Se me presentó a modo de un hijo de rey, rodeado de un ejército numeroso, que lo adoraba de rodillas. Ellos dijeron: La visión es muy propia. Y Melkon, sometido a la misma interrogación que sus hermanos, expuso: Yo lo vi como hijo del hombre, como un ser de carne y hueso, y también le vi muerto corporalmente entre suplicios, y más tarde levantándose vivo del sepulcro. Al escuchar tales confidencias, los reyes, llenos de estupor, se dijeron con pasmo: Nuevo prodigio es el que estas tres visiones sugieren. Porque nuestros testimonios no concuerdan entre sí, y, sin embargo, nos es imposible negar un hecho patentizado por nuestros propios ojos. …

¿Reyes, sabios o magos? El término griego magós no era únicamente utilizado para referirse a los hechiceros, sino también a “hombres sabios” u “hombres de ciencia”. En la religión zoroástrica, cuyos paralelismos con la judía y cristiana son abundantes y constantes, principalmente por la creencia en un solo Dios, se prohíbe la astrología y la hechicería. La palabra magu era el nombre dado a los sacerdotes persas que formaban una casta muy poderosa e infundían gran respeto, por lo que eran considerados como reyes, no reyes por linaje, sino por su saber y reputación dentro de la sociedad. Estos magos persas también creían en la llegada de un Mesías, de un Salvador que haría triunfar el bien sobre el mal, la luz sobre las tinieblas. Esto lo conocía el pueblo judío, que había sufrido el destierro en Babilonia (s. VI a.C.), y había tratado con estos sacerdotes/reyes que eran, como hemos dicho, considerados “magos”. Y así los define Mateo en su Evangelio: Magos de Oriente. De ahí, a Reyes de Oriente y, con el tiempo, a Reyes Magos.

Estos Magos llegan a Belén gracias a una luz, una estrella que les guía. Son varias las teorías científicas que tratan de explicar este suceso. Una, la posibilidad remota de la aparición de un cometa parecido al Halley, pero no existe ninguna referencia del evento. Más extendida está la creencia de una conjunción de planetas que resulta más frecuente en el tiempo; por ejemplo, en el año 6 a.C., hubo una conjunción de Saturno y Júpiter. Como tercera opción, se habla de una explosión estelar, una supernova, con su brillante estallido de luz. Pero tampoco existen registros de la época que lo corroboren.

El texto de Mateo hace entrever que solo los Magos percibían la estrella, lo que nos lleva a aventurar que la luz a la que seguían no puede tener una explicación natural. En un tiempo de “milagros”, no es de extrañar uno más: una luz celestial, una estrella sobrenatural que señalara a los Magos el lugar de nacimiento de Jesús.

Ya hemos dicho que, por el número de presentes que aparecen en el texto de Mateo, el número de Magos que llegaron al pesebre pudiera haber sido de tres. En un principio este número era indeterminado, oscilando entre los dos que figuran en una pintura del cementerio de los santos Pedro y Marcelino, tres en otra del Museo Laterano, o cuatro que figuran en un fresco de la catacumba de Domitila, todas ellas en Roma. Pero no son los únicos. Existe una representación de ocho magos en un jarrón del Museo Kircher (Roma), de la que resulta imposible conseguir una reproducción, pero que es citado en 1899 en la obra clásica Eléments d'archéologie chrétienne. Estas opciones se disparan en las tradiciones que guarda la iglesia de Siria que hablaba de doce, prefigurando así el número de los futuros Apóstoles, o entre los cristianos armenios donde la cifra alcanza los quince. También existe divergencia en la iglesia Copta que eleva hasta sesenta los Magos que llegaron a Belén, citando incluso los nombres de más de una docena de ellos.

El teólogo Orígenes (s III d.C.) afirma la existencia de tres reyes y en el mismo siglo, otro teólogo, Tertuliano, fue el primero que aseguró que eran Reyes de Oriente, resultando que en los siglos posteriores la visión monárquica de los Magos se fue imponiendo hasta el día de hoy. Ayudó a ello la interpretación del Salmo 72,10, que hemos mencionado al inicio, como confirmación de la naturaleza regia de los Magos.

Mosaico-Reyes-Magos-iglesia-San-Apolinar-Ravena-Italia-siglo-VI

El Papa San León Magno en el s. V, habla ya de ellos como si no hubiera ninguna duda de su existencia y confirma el número de tres. En el s. VI la iconografía comienza a diferenciarlos en la edad y el físico, comenzando las tradicionales representaciones de dos personajes con barba y uno sin ella. Como ejemplo, el conocido mosaico de origen bizantino fechado en el s. VI, que se encuentra en la Iglesia de San Apolinar el Nuevo de Rávena, en el que sobre las figuras de los Reyes aparece el siguiente texto: SCS BALTHASSAR + SCS MELCHIOR + SCS GASPAR (SAGRADÍSIMOS BALTASAR, MELCHOR Y GASPAR). El rey Baltasar, de mediana edad y con barba oscura, lleva en sus manos un recipiente para la mirra; Melchor, representado muy joven, aparece imberbe con una bandeja para incienso y Gaspar, el mayor de ellos, con pelo y barba blancos, presenta una canasta llena de oro. Todos aparecen con piel blanca, ropajes orientales, gorro frigio y pantalones anaxyrides (a la manera persa). Sin embargo, esta imagen cambiará con el tiempo.

El monje y erudito benedictino, Beda el Venerable, en su obra Excerptiones patrum, collectanea et flores, recoge, hacia el año 700, los nombres y atributos de los Reyes Magos, ya muy diferentes a los reflejados en Rávena. El texto tan conocido y difundido es el siguiente: “El primero de los Magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera cana y luenga barba, siendo quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena, testimonió ofreciéndole mirra, que significaba que el hijo del hombre debía morir”.

SAN BEDA EL VENERABLE

Aunque Beda señala al rey Baltasar como de rostro moreno, no será hasta los ss. XV-XVI cuando en todas las representaciones de la Epifanía la figura de Baltasar será de raza negra, debido, principalmente, a un contexto de viajes y descubrimientos geográficos de la época, que permitirán determinar que esa raza es propia del continente africano. Una leyenda se hizo popular en el s. XV, situando un reino cristiano más allá del mundo árabe, en el cuerno de África, de esta manera aparece un rey negro junto a los otros dos que representan Asia y Europa. En este momento también se inicia la tradición de presentar a los Reyes Magos, en algunas pinturas, montados sobre los animales propios de su geografía: caballo, dromedario y elefante.

Del mismo modo, a la vista del texto del monje benedictino inglés, se personifica a los Magos de acuerdo con unas determinadas edades: Melchor anciano, a veces calvo, de barba blanca; Gaspar, un hombre maduro y Baltasar joven e imberbe, como observamos en la representación anónima del s. XII del Museo de Jaca. También la indumentaria irá adaptándose con el tiempo y la moda de cada momento.

Jaca

Los presentes que entregan a Niño Jesús son siempre los mismos: oro, incienso y mirra, regalos que encierran un fuerte simbolismo. El oro simboliza la realeza, el incienso la divinidad, y la mirra, la muerte como origen de la salvación del mundo. Igual que los ropajes que visten, la representación del continente que trasporta las ofrendas, soporta múltiples cambios a través del tiempo.

Los Reyes Magos no se salvaron de la “locura de las reliquias”. Se cuenta que, después de la Resurrección de Cristo, el apóstol Tomás los buscó y encontró en Saba. Allí, al parecer, fueron bautizados y consagrados obispos. Sufrieron martirio en el año 70 d.C., siendo enterrados los tres en un mismo sepulcro.

A principio del s. IV, la madre del emperador Constantino, Santa Elena, encontró los restos y los trasladó a Constantinopla para su veneración. Dos siglos después, el obispo de Milán, San Eustrogio, recibió como obsequio del emperador las reliquias de los tres Reyes Magos, que el obispo trasladó a Milán.

En el siglo XII la ciudad de Milán fue arrasada por el emperador alemán Federico Barbarroja y, entre otros, los restos de los Magos fueron trasladados a Colonia Agripina, actual Colonia, donde se construyó para ellos la Catedral de San Pedro y Santa María, llamada el Gigante Gótico, el monumento  actual más visitado de Alemania. Gracias a estas reliquias, la ciudad de Colonia srelicario_reyes_magos_39211e ha convertido, junto con Roma y Santiago de Compostela, en uno de los grandes centros cristianos de peregrinación.

Los sagrados restos de los Reyes Magos se encuentran dentro de un sarcófago triple situado detrás del altar mayor de la Catedral, siendo el relicario más grande de Occidente. Tiene forma de basílica y pesa más de 350 kilos. Mide más de un metro de ancho, metro y medio de alto y más de dos metros de largo, y fue realizado en madera revestida de oro y plata, con esmaltes y joyas, por el francés Nicolás Verdún y diversos orfebres alemanes entre los ss. XII y XIII. Dentro están las reliquias de los tres Reyes Magos, en tres cajas forradas de terciopelo. El relicario se abrió en 1864 y así lo describe un testigo del momento: "En un compartimiento especial del relicario que ahora se ve, junto con lo que queda de antiguas, viejas y podridas vendas, probablemente de biso (lino), y con restos de resinas aromáticas y sustancias semejantes, numerosos huesos de tres personas, que bajo la guía de varios expertos presentes se podría reunir en cuerpos casi completos: el uno en su juventud temprana, el segundo en su virilidad temprana, el tercero envejecido más bien …”.

La festividad actual de los Reyes Magos se la conoce como Epifanía. Es una de las fiestas más significativas de la Navidad, y más antigua que la propia Natividad. Ese día se celebra la presencia, adoración y ofrenda de presentes de los tres Reyes Magos a Cristo recién nacido Es considerada la primera Teofanía, o primera manifestación del Hijo de Dios, que elige a unos gentiles para señalar la universalidad de su mensaje de salvación.

La iglesia católica celebra como Epifanías (manifestaciones) tres acontecimientos en los que Jesús se da a conocer en diferentes momentos: a los Reyes Magos, a San Juan Bautista en el Jordán y en el milagro de las bodas de Caná, donde se considera que comienza su vida pública. La de los Reyes es la más importante y, como sabemos, se celebra doce días después de la Natividad.

Antes de la aparición del cristianismo, se conmemoraba con grandes festejos el solsticio invernal del 25 de diciembre, y el 6 de enero se celebraba el acrecimiento efectivo de la luz, sobre todo en la región de Egipto. La fiesta de la Epifanía es de origen Oriental y surgió de forma pareja a la Natividad en Occidente. Los cristianos orientales vieron en la celebración pagana del día 6 de enero, la fecha propicia para el Nacimiento de Cristo, compitiendo así con la celebración pagana del sol invictus del 25 de diciembre, al apreciarse el día 6 de enero fehacientemente el crecimiento, el triunfo de la luz, después de trascurridos doce días.


Cuando la celebración llegó a Occidente, donde ya se celebraba el Nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, a la festividad del 6 de enero se le otorgó un significado distinto, conmemorándose la primera revelación de Jesús al mundo pagano, la Epifanía: la adoración de los Magos de Oriente.

La costumbre, casi exclusivamente española, de realizar regalos en esa fecha, como hicieron los Reyes en el portal de Belén, no es una tradición muy antigua. Se inicia en el s. XIX, aunque arraiga a lo largo del XX. En un principio, se dirigió especialmente a los niños a los que se regalaban dulces o algún que otro juguete. Con el tiempo, la festividad se rodeó de una serie de costumbres que todos conocemos: cabalgatas, entradas a media noche por la ventana, zapatos, bien limpios, comida y licor para para Reyes y camellos, el envío de la carta, el carbón como regalo, etc., etc. En la actualidad, y aunque la tradición de los regalos ha pasado en parte a la celebración de la Nochebuena-Navidad (el importado Papá Nöel), todavía se mantiene la tradicional petición y llegada de regalos en el día de Reyes, y que se ha extendido, inevitablemente, a todas las personas queridas. Esperemos que continúe.

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Antifonario de la Catedral de León. S. XI



Tabla de la Adoración de los Reyes Magos de Pedro de Campaña. Museo Catedral de León
- Video: The Power Of Love  -  Frankie Goes To Hollywood 
Adoración Magos. Panel alabastro trascoro Catedral de León Esteban Jordan
- Adoración de los Reyes. El Greco
- Adoración de los Reyes Magos. Luis de Morales.
Adoración de los Reyes Magos. Claustro de la Catedral de León
- Cementerio de los santos Pedro y Marcelino,
- Museo Laterano
- Frescos de la catacumba de Domitila.
- Idem. Dibujo en la Eléments d'archéologie chrétienne 
- Mosaico Reyes Magos en Iglesia de San Apolinar el Nuevo de Rávena
- Beda el Venerable
- Adoración de los Reyes. Museo de Jaca
- Sarcófago Reyes Magos en la catedral de Colonia
- Adoración de los Reyes. Giorgone
- Noche de Reyes. Inicio s. XX
Antifonario de la Catedral de León. S. XI