sábado, 23 de marzo de 2013

Semana Santa: Simón de Cirene y el regidor de Valladolid


“Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón y le obligaron a que llevase la cruz”. Mateo 27, 31-32.

“Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”. Lucas 23, 26.

“Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle. Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz de Jesús”. Marcos 15, 20-21.

           

Cuentan que Simón había nacido en la ciudad norteafricana de Cirene. Era un hombre de mediana edad, barbado, de ojos hundidos y, aparentemente, fuerte. Cuando ese fatídico día volvía del trabajo, se encontró inmerso entre un gentío que gritaba e insultaba, pero también con otros que clamaban pidiendo justicia.

Ante sus ojos aparecieron tres condenados que se dirigían, a golpe de látigo, al monte cercano, conocido como Gólgota, para ser crucificados. Uno de ellos, recibía la mayoría de insultos, golpes y salivazos. Tenía poco más de 30 años, barba y pelo largo, sobre el que habían clavado una corona de espinas. Este individuo le pareció a Simón diferente. Su mirada no era la de una persona culpable. Aquel hombre, que no se dirigía a sus agresores con odio, no era posible que pudiera haber hecho nada malo.

Mientras lo observaba, el condenado cayó al suelo bajo el peso del madero que cargaba, y en el que iba a ser crucificado. Los soldados romanos que custodiaban al reo, se fijaron en Simón y, sacándole a empujones de entre la multitud, le obligaron a ayudar al hombre ensangrentado. Cargó el pesado madero y siguió los pasos de aquel condenado que, sin haber mediado palabra entre ellos, inexplicablemente, le hacía sentirse bien.

Llegados al destino, al punto más alto de aquella loma, los soldados le apartaron a empellones de la cruz y, sin saber realmente el porqué, se quedó a los pies del crucificado hasta que éste, pasadas unas horas, expiró.

Esta es la breve historia del hombre que ayudó a llevar la cruz a Cristo hasta el Calvario, hasta el lugar donde finalmente fue torturado y muerto. Este es Simón de Cirene, conocido como el “Cireneo”, prototipo de hombre bondadoso, compasivo y piadoso, que, puntualmente, aparece todos los Viernes Santo en la ciudad para rememorar aquel suceso.

Desde antiguo, la imagen leonesa de Jesús Nazareno, realizada en la primera mitad del XVII y propiedad de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, es acompañada por Simón de Cirene, quien le auxilia para llevar la cruz, según cuentan los Evangelios. 

La primera talla de la que tenemos referencia relativa a esta figura del Nuevo Testamento es de 1674, fecha en la que la Cofradía encarga al escultor Francisco Díez de Tudanca:
”… a de acer un cireneo también de bulto para ayudar a llebar la cruz de Jesus Naçareno”,
Y es que, en aquellos momentos, se le había encargado al artista que, “… a de aguecar la imagen de Jesús Naçareno que tiene la compañía y ponerlo lo mas ligero que se pueda y volverlo a cobrir en la forma que oy esta”. Todo esto hace pensar lo difícil y gravoso que debía resultar contratar braceros para procesionar, buscado de esta manera aligerar el peso de las tallas haciéndolas más livianas, para reducir el coste que implicaba la puja de las imágenes.

No se conoce el destino de la imagen del Cireneo realizada por Díez Tudanca, al perderse la mayoría de la documentación de la Cofradía correspondiente a los ss. XVII y XVIII. Sin embargo, en el XIX se tiene constancia de reparaciones hechas a una figura de Simón de Cirene a base de repintes y reparaciones en manos y cara, pero se ignora si se trata de la misma talla encargada a Tudanca, u a otra realizada con posterioridad. 
Por las imágenes fotográficas que nos ha llegado de los desfiles procesionales de primeros del s. XX, creemos, por las características de la talla del “Cireneo”, que esa no puede tratarse de la obra de Díez de Tudanca; en primer lugar porque se trata de una talla desproporcionada, infantil y de mala hechura, impropia y ajena por completo a las formas y  hacer del gran artista. En segundo lugar, porque de la obra encargada al escultor por la Cofradía del Dulce Nombre, concretamente dos pasos completos con cinco figuras cada unos (“El expolio” y “La coronación de espinas”), solo se conserva el Cristo perteneciente a “El expolio”, que procesiona el Viernes Santo incluido en la procesión de Los Pasos. El resto de figuras, un total de nueve, se han perdido.

Este “Cireneo” anónimo, estuvo desfilando en la Cofradía hasta 1940. El año siguiente se reemplaza por otra imagen, al parecer de cartón piedra, procedente de talleres catalanes, y que se mantuvo muy poco tiempo. Seis años después, en 1946, se acuerda con el santanderino Víctor de los Ríos Campos, afincado en esta ciudad durante un tiempo, debido a su matrimonio con una prestigiosa dama leonesa, Dª Catalina Fernández Llamazares, una nueva imagen del “Cireneo”. Ésta es la que actualmente se incluye en la procesión de “Los Pasos” en el Viernes Santo, “compartiendo” el peso de la cruz con el Nazareno. Es una talla enormemente realista, que representa a un hombre fuerte, casi calvo, con barba y gesto adusto.  


Según los datos que ofrece la Cofradía, esta talla leonesa posee dos túnicas realizadas en los años 90, donadas por hermanos de la Cofradía. Anteriormente se cubría con una burda túnica marrón que dejaba piernas y hombros al descubierto. Como curiosidad, mencionar que tanto el “Cireneo” como el Nazareno, se acoplan en un espléndido trono realizado a mediados del s. XX, y que perteneció a la Hermandad de San Gonzalo de Sevilla. Pesa 1300 kg. y tiene asignados para pujarlo 96 braceros.


El conjunto escultórico formado por el Nazareno y Simón de Cirene, posiblemente el paso más emblemático de la Semana Santa leonesa, estuvo presente en 2011 en las Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebraron en Madrid. En esta ocasión, la imagen del “Cireneo” fue más protagonista que el Nazareno, ya que en el Vía Crucis organizado como motivo de la visita de Benedicto XVI, el paso leonés representó la “VII estación”: “El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz”.

En el Paseo de Recoletos de Madrid en el altar destinado a la “VII estación”, el paso recibió la bendición del Papa, para más tarde, una vez finalizado el Vía Crucis, participar en la procesión conjunta de todas las imágenes, desde Recoletos a la Puerta del Sol, donde se recogió en el conocido edifico de la Comunidad de Madrid. El conjunto de León fue uno de los más aclamados en la procesión de regreso, donde una votación popular, promovida por A3TV, le otorgó el primer puesto entre todos los pasos (http://alcieloleon.blogspot.com.es/2011/08/leon-en-las-jornadas-mundiales-de-la.html).

                       Video: rodritriana / Jesus Nazareno de León - JMJ Madrid / 2011
                                                       Calle de Alcalá hacia La Puerta del Sol

Pero no todo son interesantes noticias. Por desgracia, existen otros “cireneos”, que nada tienen que ver con la figura del Evangelio. Éstos son dementes y crueles, muchos de ellos desequilibrados, que “ayudan” sin que el reo, el condenado lo desee, porque lo que realmente buscan y persiguen es la rápida desgracia, la fulminante ruina de los demás. Les invade una envidia visceral, la preocupación de quedarse sin siervos, de perder poder o privilegios. Este es el caso del patético Sr. León de la Riva (que desperdicio de apellido), perenne regidor de Valladolid.

Este “cireneo”, que guarda cierto parecido físico con nuestro Simón de Cirene (salvo en el porte, éste más "delicado"), lleva años “ayudando” a la ruina y el descrédito de esta ciudad y provincia, y no parece cejar en su enfermiza causa hasta que León llegué lo más rápido posible a su Gólgota particular, al Calvario en el que este iluminado, junto con la economía, el paro y nuestros propios político/as, pretenden crucificarnos.

Sus últimas declaraciones sobre la vulgaridad de algunas Semanas Santas, con claras referencias a esta ciudad que le obsesiona, forman parte de esa “ayuda” permanente con la que, de vez en cuando, nos obsequia. Estas afirmaciones nos hacen recordar y reflexionar sobre lo que este personaje declaró en su día refiriéndose a Manuel Fraga: “A determinada edad, lo mejor es no hacer declaraciones”. Solo nos consuela el hecho de pensar que, tanto malestar e insidia, suele producir en estos individuos insomnio, ansiedad y un profundo malestar general.

En los medios leoneses, las declaraciones irónicas de este individuo con su típica sonrisa chulesca de “medio lao”, como es habitual, han tenido eco y han sido muchos los que le invitan buenamente a acercarse a León para observar de primera mano sobre lo que no conoce. Pero este desplazamiento no resultará fácil. En su tierra, en estos días, necesitan muchos hombres “piadosos” y amantes de la "verdadera" Semana Santa como él, para remolcar y empujar las carretas o carromatos en las que se montan, hay que reconocerlo, grandes muestras de la imaginería del s. XVII-XVIII, siendo muchas de ellas "prestadas” por el Museo Nacional de Escultura para que desfilen por la ciudad, asunto que muchos desconocen.

Todos tenemos la imagen reciente de la Cofradía o Hermandad vallisoletana que participó en las Jornadas Mundiales de la Juventud, de la que ya hemos hablado, y que presentó la exquisita imagen de la Piedad, del gallego Gregorio Fernández, la única talla que lucía en el frente de su trono, bien visible, la matrícula, el escudo y nombre de la ciudad de Valladolid ¿?. Dicha imagen se transportó, como suele, sobre un carretón por las calles de Madrid, tirada por “cofrades”, y empujada a dos manos por detrás. Mientras, la música de la correspondiente banda, sonaba descompasada con la marcha “rodada” de la Virgen: la música religiosa y la rueda no son muy compatibles.

                             Video: Serpentinata. La Piedad (Valladolid) - JMJ Madrid 2011

Y es que hay Semanas Santas “ Muy Internacionales” donde predominan con profusión las ruedas, los colores chillones, los caballos, los lábaros, estandartes, banderolas y pendones, los incensarios, faroles y cruces churriguerescas, las capas multicolores, los monaguillos, los capirotes más altos del mundo, los “préstamos” impagables del Museo Nacional de Escultura, y los arzobispos vascos promotores. Todo un espectáculo, pero con justa tradición y una excesiva, continua y aburrida verborrea: "…es la mejor, la más sublime”; o como promociona este año la alcaldía presidida por este "cireneo": "La mayor historia jamás contada" (¡Qué casualidad! Me suena muy catalán).



- Cireneo y Cristo. Tiziano.
- Nazareno y Simón de Cirene. León.
- Simón de Cirene años 50. Víctor de los Ríos.
- Primeros del XX: ¿Tudanca?
- Años 40: cartón piedra.
- Simón de Cirene, actual. Víctor de los Ríos.
- Víctor de los Ríos: Años 40. Con la Soledad de Jesús Divino Obrero. Años 90.
- Paseo de Recoletos. "VII estación". JMJ/Madrid/2011.
- Video: rodritriana / Jesus Nazareno de León - JMJ Madrid / 2011.
- León de la R.
- La Soledad. Gregorio Fernández.
Video: Serpentinata. La Piedad (Valladolid) - JMJ Madrid 2011.
- Simón de Cirene (detalle). Víctor de los Ríos.




sábado, 16 de marzo de 2013

La mentira más grande jamás contada


Chrètiente dÒccident en làn de grace 1235
Existe una web turística catalana que ofrece a sus clientes distintos circuitos, con el único objetivo de mostrar la “verdadera” historia y cultura del territorio catalán. Se vende así: “Barcelona es la capital de Cataluña, y Cataluña es una nación milenaria. Nuestra nación os espera para ofreceros cultura, identidad, naturaleza y simbolismo. Si queréis conocer una auténtica visión de nuestra realidad, de nuestras raíces y de nuestra historia, venid con nosotros y os acompañaremos a través de un turismo que os mostrará todo aquello que no se explica”.

“¿Queréis ver dónde nuestros abuelos se refugiaron para salvarse de los bombardeos de las aviaciones alemana e italiana, enviada por la España fascista contra Barcelona?”, “¿Queréis saber por qué se esconde al mundo que los catalanes hicimos el descubrimiento de América?”, “¿Queréis visitar dónde España colgó durante doce años la cabeza del General Moragues (nuestro Breaveheart)?, ¿Queréis visitar donde sitúa Richard Wagner el lugar en que estaba protegido el Santo Grial por los Caballeros Templarios catalanes?”.

Por un precio entre 80 y 800 €, según integrantes y opciones, se puede conocer, como dicen, la “verdadera historia de Cataluña”. Por ejemplo, si se opta por el circuito del “descubrimiento de América”, se podrá saber de primera mano que: “Cristóbal Colón era catalán, barcelonColónés, miembro de la familia real que llevó a la nación catalana en su expansión por el Mediterráneo. Es en aquella época esplendorosa que nace la concepción de la nación catalana como una unidad territorial y lingüística, entre países hermanos y de igual a igual, que reúne el Principado de Andorra, el Principado de Cataluña (con la Catalunya Norte actualmente bajo el Estado francés), el País Valenciano y las Islas Baleares. Sólo la constante voluntad de aniquilar la memoria histórica catalana por parte de los españoles explica la tergiversación de la nacionalidad de Cristóbal Colón haciendo creer que era Genovés”.

La página turística también dedica especial atención a los sucesos de 1714, que se conmemoran en la famosa Diada. En aquellos fatídicos momentos y después de “un asedio sangriento de más de un año”, “Barcelona cayó en manos españolas y la nación catalana perdió su Estado de más de 700 años”.

La "historia catalana" y esta página hablan sobre los “300 años de ocupación española” de esta manera (vamos a subrayarlo): Desde la pérdida del Estado catalán en el 1714, hasta su próxima recuperación en el 2014, tres han sido los momentos más críticos para la supervivencia de la nación catalana, aún hoy día no asegurada: la Guerra de Sucesión en Europa (1707-1714), la napoleónica Campaña de España -o Guerra del Francés- (1808-1814) y la Guerra Civil española -o Guerra del Español- (1936-1939)”.

La visión (de visionario) catalana de la derrota de 1714 se fundamenta en hechos tergiversados, bases históricas imaginarias y “patriotas” inexistentes, como el nombrado General Moragues, declarado “defensor de la libertad de la nación catalana”, cuando simplemente es considerado un traidor y mediocre militar, defensor de la causa austracista frente a la borbónica, que nada sabía ni conocía de “causas catalanas” (fuentes de los propios historiadores catalanes: http://www.racocatala.cat/forums/fil/148583/ja-fora-hora-desmitificar-puto-traidor-general-moragues). 

La verdad realmente es otra. Fue la oligarquía soberbia, ambiciosa e ignorante de Barcelona la que decidió entrar en la guerra únicamente para conseguir beneficios territoriales y económicos (¿os suena?). Gracias a la decisión de sus “dirigentes”, Cataluña fue arrasada y convertida en un campo de batalla durante 10 años, simplemente con la esperanza de poder conseguir para su único beneficio alguna merced en el caso de que triunfara el pretendiente austriaco. En la actualidad, los herederos de aquella fatal decisión, “niegan” lo ocurrido y lo trasforman en su “fiesta nacional”, invalidando y trasformando la verdad del suceso.

Aquella fue una guerra de Sucesión (no secesión, como aseguran), donde los vencedores borbónicos tenían catalanes en sus filas y los defensores de Barcelona luchaban por “nosotros y por toda la nación española” y, según el manifiesto leído al pueblo barcelonés en aquellos trágicos días, con el fin “salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España”. 

Imagen de Foro España

Resulta penoso como una sociedad, dirigida por un grupo de iluminados que solo buscan protagonismo, dinero y poder, se lanza a un expansionismo cultural, histórico y territorial sin ningún pudor, manipulando, inventando, adecuando o apropiándose de historia y cultura ajena, con el propósito de contar con una plataforma que de respaldo histórico a sus delirantes y egoístas pretensiones. Lo grotesco del asunto, es que no existe ni patria de 1000 años, ni héroes independentistas, ni reino, ni siquiera un himno íntegro, sin manipular, ni una bandera propia… ni tan siquiera el idioma, ya que lo que ahora se llama catalán, todavía en el siglo XIX era denominado por los propios lingüistas catalanes como limousin (de la ciudad francesa de Limoges, un dialecto del provenzal u occitano), y hasta 1913 no se fijaron las normas ortográficas que pusieron fin a decenios de disputas de como escribirlo (por cierto, suprimieron la letra ñ ¿?). Todo, como vemos, a medida de sus intereses.

Esta gran demencia por la gloria de un pasado medieval, pasa por la constante, activa y conveniente propaganda (ver los 11 principios propagandísticos de Goebbels). Como ejemplo reciente y muy conocido, citaremos al escritor barcelonés Ildefonso Falcones (¡Cuidado! … ahora con una nueva obra), que adquirió hace pocos años un gran éxito con una novela histórica muy leída: “La catedral del mar”. Ambientada en la ciudad de Barcelona del s. XIV, es una prueba más de la manipulación histórica protagonizada por todos los sectores catalanes, en este caso no por lo que cuenta, sino por lo que excluye y oculta (http://www.chunta.org/pdf/lacatedraldelasmentiras.pdf).

Encubrir u omitir la historia es falsearla. Como la tan manipulada y recurrente referencia al  invencible “ejército medieval catalán”, los conocidos almogávares. Éstos componían una formidable infantería ligera de choque que existió entre los siglos XII al XIV. Esta denominación tiene su origen en la voz aragonesa “almogaguar”, que deriva del árabe “Al-mugawar” (algarada). Eran tropas mercenarias formadas por catalanes (principalmente pirenaicos), pero por supuesto también aragoneses, valencianos, mallorquines, granadinos, navarros e, incluso, hombres de las montañas de Galicia, Asturias y León. Continuamente se hace referencia a este “ejército catalán”, que combatían al grito de “¡Desperta ferro!”, pero omiten que entraban en combate gritando principalmente: ¡Aragó!, ¡Aragó!. Y es que eran tropas bajo la bandera cuatribarrada del Reino de Aragón, no de ningún otro.

Almogavares

Prácticamente todo es usurpado, inexacto o inventado. Un enorme, un gigantesco trampantojo, como su archiconocida catedral “gótica” y su no menos célebre “Barrio Gótico”, un auténtico parque temático.

En la red se puede encontrar información como la siguiente: “El área metropolitana de Barcelona, en la costa Mediterránea consta de varios distritos, cada uno de ellos con un estilo distintivo. El Barrio Gótico forma parte de la famosa Ciudad Vieja en pleno centro y cubre la zona desde la playa Barceloneta hasta la Plaza Cataluña, con la catedral y con edificios históricos y calles emblemáticas llenas de la historia de la ciudad … “ Todo una invención.

Actualmente, centenares de turistas recorren cada día el “Barrio Gótico” de Barcelona, es  un gran éxito económico sostenido sobre una gran mentira. El movimiento cultural catalanista del XIX, denominado Renaixenca, buscó sin cesar el “pasado glorioso” de Cataluña, entre el que se debía encontrar el patrimonio histórico-artístico que no existía. Previamente, se fijaron en el Monasterio de Ripoll, por aquellas fechas en completa ruina y que se utilizaba de cantera de materiales, para dar una base sólida a su gran mentira. A finales del s. XIX se realizó una obra prácticamente nueva, de estilo “románico”, donde enterraron a sus condes y se efectuaron continuamente celebraciones y exaltaciones de la “nación catalana”. Desde entonces, Ripoll significa la prueba inequívoca de la existencia de un pasado y una grandeza artística-cultural propia.

Ripoll 1

Y es que la arquitectura demuestra la existencia de una “nación legendaria”. Al no existir edificaciones características con marchamo catalán, se la inventaron. Puig i Cadafalch, arquitecto, historiador del arte y político, diseñó un modelo a la carta de arquitectura medieval típicamente catalana, separándose, por supuesto, de cualquier parecido a la francesa o castellana, con el fin de diferenciar claramente las nacionalidades, dejando bien descrito como deberían ser las construcciones, hasta el momento inexistentes.

Según este arquitecto esta “casa” sería, “la obra arquitectónica que más refleje la manera de ser del pueblo (…). La casa siempre es el arte nacional surgido de la propia tierra”. Y así la describe: un gran portal de medio punto en la planta baja, ventanas coronellas (altas, estrechas, partidas por columnas) en la planta noble, y el último piso se remata con una galería porticada y una torre en un ángulo. En su demencia nacionalista, afirmaba que la arquitectura catalana se había paralizado desde el siglo XV cuando Aragón se unificó con Castilla, y reclamaba continuar a partir de ese momento con el proyecto histórico de la nación, recuperando el estado original de todas los restos de casas catalanas que existían, y negando la evolución histórica natural de la Edad Media que tenían ante sus ojos. En resumen, los 400 años anteriores había que olvidarlos y construir (inventarse) la historia y el arte de Cataluña durante esos más de cuatro siglos.

Plantilla casa catalana
Diseño de la que debería y no fue: la casa catalana soñada

Con esa plantilla y línea de actuación fantaseada, arquitectos posteriores realizaron numerosas rehabilitaciones, mejor dicho, reinvenciones, comenzando por inventarse un barrio medieval en la ciudad: el “Barrio Gótico”. Se abrieron calles, se reconstruyeron casas enteras, se derribaron otras, se intercambiaron fachadas, se inventaron puentes elevados, se trasladaron columnas, se abrieron galerías, nuevas ventanas, se reorientaron edificios, … apenas nada es original. Es el “barrio que nunca existió” y de “gótico” … nada, de la primera mitad del siglo pasado (Ver detalle en: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-371.htm). De esta manera, se crea poco a poco el parque temático del “Barrió Gótico”, del que también forma parte su conocida catedral.


Casa de los Canónigos 1927 y después
Casa de los Canónigos: 1927 y después de la ¿restauración?

Palacio Berenguer de Aguilar 1955 y 1964. Actual Museo Picasso
Palacio Berenguer de Aguilar, actual Museo Picasso: 1955 y 1964

Palacio Pignateli. Edificio nuevo de 1970, imitando la plantilla de la casa catalana que nunca exisitó
Palacio Pignateli: 1970, nueva construcción imitación casa catalana soñada.

Puente elevado Barrio Gótico
Falso puente gótico en la calle del Obispo: 1928

En 1890 la catedral de Barcelona, de la Santa Cruz y Santa Eulalia, ofrecía un aspecto paupérrimo y desolador, feo y sin estilo definido. No podía tolerarse, no se ajustaba a la historia que necesitaban. Antes de comienzos del s. XX, se le superpuso una fachada gótica y varios años después se añadió un cimborrio, dando como resultado un “espléndido templo gótico milenario” donde se agolpan los turistas, y los fines de semana se puede contemplar desde la escalinata de su pórtico, grupos de gente danzando al son de las populares sardanas.

Finales XIX y 1913
Catedral: Finales del XIX y 1913

Catedral Barcelona
Un gigantesco decorado

Este baile tan venerado por el nacionalismo, que lo considera ancestral, no se perfila hasta el siglo XIX como música y baile único del folclore catalán. Pero esto no ha sido siempre así. Los bailes más típicos catalanes eran una primitiva sardana, pero también la jota y el “españolito”. Como en la arquitectura, los regionalistas “depuraron” las danzas que contaban con puntos en común con las del resto de España, promocionando una nueva sardana y anulando y negando el resto de danzas tradicionales, haciendo de la primera el único “baile catalán”. El creador de la sardana moderna, tal como hoy la conocemos, fue Pep Ventura a mediados del XIX, inspirándose en la ópera y en la zarzuela. Por cierto, este músico se llamaba en realidad José María Ventura Casas y había nacido en Jaén.

Pero esta locura no tiene límites. La página de turismo .cat, de la que hemos hablado al inicio, asegura que la catalanidad tiene sus orígenes en la tradición helena gracias a los griegos llegados a Ampurias en el s. VI aC. Estos griegos no llegaron directamente desde Grecia, sino que se trasladaron desde la cercana colonia de Marsalia (Marsella), pero según los creadores o promotores de esta web, esta tradición helénica, “… ha estado siempre presente y consciente en nuestra nación, y ha marcado el talante de nuestra historia como base democrática y tolerante, versus el origen del derecho romano de los españoles y franceses, de tradición impositiva y siempre cercana a la inquisitoria Iglesia de Roma.”

Pueblos antiguos del noreste
Los “catalanes” y griegos en el noreste

“Así pues, el espíritu griego de democracia impregnó los esplendorosos siglos X al XV en todo el Casal catalán (la corona Catalana y Occitania) con la creación de movimientos e instituciones como “Paz y Tregua” (siglo XI) o las “Cortes Catalanas” (siglo XII). Y este pensamiento animó a la Renaixenca catalana en el s. XIX como recuperación a través del arte de los orígenes helénicos de la nación.”

Nuevamente aparece en el texto la referencia al “reino que nunca existió”. Así todo, según el contenido de las anteriores afirmaciones, es de admirar como han guardado y conservado durante 2500 años la tradición tolerante y democrática griega, a pesar de franceses, españoles e Iglesia romana, partícipes, unos de la intransigencia más visceral que tiene su origen en el mundo y derecho romano, y otros del poder estricto y exigente que representa la Iglesia católica.

Gracias a esta publicación, nos enteramos que, después de transcurridos 25 siglos, los valores y el espíritu heleno que impregnaron el Mediterráneo, se encuentran únicamente refugiados y depositados en los hombres y mujeres catalanes, al haber caído todas las distintas civilizaciones mediterráneas en poder del mundo musulmán, cristiano o bajo el imperio arbitrario del derecho romano.

Discurso funebre de Pericles

Esa “ascendencia griega”, hace que consideren a unas asambleas denominadas de Paz y Tregua (relativas a solucionar los actos de violencia, o deliberar sobre la interrupción de conflictos), como los antecedentes de las Cortes Catalanas, “herederas de la democracia helena”. De esta manera, la asamblea de Paz y Tregua celebrada en 1192, en la que por primera vez participa el pueblo, la consideran como la primera asamblea parlamentaria moderna, y la confirmación de que hasta aquel momento se mantenía latente en la sociedad catalana la herencia griega. Es más, el Sr. Idem., el 25 de septiembre del pasado año, realizó la siguiente manifestación: "Nos avala una historia milenaria, ser la democracia más antigua …”. Sin palabras.

Pero el asunto viene aderezándose convenientemente durante años. Como ejemplo, las declaraciones del extraordinario violonchelista, pero ignorante y abducido nacionalista, Pablo Casals que en 1971 ante las Naciones Unidas, no se le ocurrió nada más que decir: “Cataluña ha sido la mayor nación del mundo. Les diré por qué: Cataluña tuvo el primer Parlamento, mucho antes que Inglaterra. Y fue en Cataluña donde hubo un principio de “Naciones Unidas”. Todas las autoridades de Cataluña se reunieron en el s. XI en una ciudad de Francia, pero que antes era de Cataluña para hablar de paz. ¡Sí, en el siglo XI! Paz en el mundo, porque Cataluña ya estaba contra la guerra, contra todo aquello que las guerras tienen de inhumano. ¡Sí, en el siglo XI! ¡Eso era Cataluña! …. ¡Sin despeinarse el músico!

claustro San isidoro
Aquí, sin ascendencia helena de ningún tipo, el rey de León, Alfonso IX, reunió en 1188 en San Isidoro las primeras Cortes Leonesas, convirtiéndose en el primer monarca en convocar un parlamento en el que conjuntamente participasen la Iglesia, nobleza y pueblo, adelantándose, no solo a las angélicas “asambleas catalanas” del sr. Casals, sino 24 años a la Carta Magna de Juan sin Tierra, considerada hasta ahora oficialmente el origen del parlamentarismo “democrático”.

Rogelio BlancoRecientemente, el Diario de León, en un artículo titulado “León se juega su historia en la Unesco”, hace mención a que el próximo mes de junio el organismo internacional decidirá en París, si declara Memoria de la Humanidad los documentos existentes sobre las Cortes Leonesas de 1188.

El mismo artículo señala que esta iniciativa, que partió del leonés Rogelio Blanco, anterior director general del Libro, Archivos y Bibliotecas perteneciente al Ministerio de Cultura, tiene como fin el reconocimiento a nivel mundial del Reino de León como cuna de la democracia. No será fácil. Gran Bretaña, hasta el momento considerada “cuna del parlamentarismo”, no renunciará llanamente a ello. Lo que resulta claro, es que, decida lo que decida la Unesco, la variada documentación existente avala que las Cortes Leonesas de 1188, son el testimonio existente más antiguo del germen institucional parlamentario, a pesar de los ingleses, del músico catalán, de los nazionalistas y de no haber llegado nunca los democráticos griegos a estos parajes para dejarnos su inigualable espíritu (lo dejaron todo en las costas del noreste).
Joseph Pla
Las afirmaciones vertidas por .cat, no son el final. Estos individuos, anclados permanentemente en la mentira, viven y sobreviven de ello, de falsear e inventar tradición, costumbres, arte  e historia, para hacerlas más atractivas y heroicas, a la vez que inciden en la esclavitud económica, moral e histórica a la que están y han estado “sometidos”. Pero ahora ya les conocemos y también conocemos su cantinela. Son los representantes de "la mayor mentira jamas contada".

Josep Pla, escritor y periodista catalán, inexplicablemente medalla de oro de la Generalidad, reclamaba una nueva generación de historiadores catalanes que fueran fieles a la verdad: “¿Tendremos algún día en Cataluña una auténtica y objetiva Historia? ¿Cuándo tendremos una Historia que no contenga las memeces de las historias puramente románticas que van saliendo?”. Pero no hay vuelta atrás. Es el repetido guion nazionalista del noreste peninsular, todo un bonito cuento, una inmensa mentira.

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- "Chrètientè d´Occident". Jerusalén 1235. Mapa Biblioteca Nacional Francia. ¿Dónde está Cataluña?
- Cristobal Colón. Barcelona.
- Toma de Barcelona por FelipeV. Proclama catalana.
- Entrada Roger de Flor en Constantinopla (fragmento). Jesús Moreno Carbonero.
- Ripoll, siglo XIX.
- Prototipo de casa catalana.
- Vistas del Barrio Gótico.
- Catedral de Barcelona. Siglo XIX y actual.
- Pueblos del noreste español.
- Discurso fúnebre de Pericles.
- Basílica de San Isidoro (claustro). León.
- Rogelio Blanco.
- Josep Pla.
- Albert Boadella.



jueves, 28 de febrero de 2013

Un papa del noroeste hispano



Son múltiples las curiosidades y tradiciones que rodean la elección de un nuevo papa. Benedicto XVI con su renuncia, ha obligado a replantear alguna ellas y a tomar decisiones que, hasta ahora, resultaban innecesarias, y que se discuten y comentan en los centenares de artículos y entrevistas que inundan los medios de comunicación.

Benedicto XVI retomó, entre otras, una tradición “olvidada” desde finales del siglo XIX por sus antecesores, y que tiene un fuerte contenido simbólico. Desde el s. XIII (mención más antigua conocida), los papas portaban un anillo de oro con la imagen grabada de San Pedro (considerado el primer papa), sobre una barca como pescador, además del nombre del pontífice en latín. Este anillo-sello se utilizaba antiguamente para autentificar toda la correspondencia privada del pontífice, estampando el anillo sobre el tradicional lacre o cera roja.


El cardenal camarlengo, que gestiona la Iglesia en el periodo en el que no existe papa, es, según la tradición, el encargado de destruir el Anillo del Pescador para evitar posibles falsificaciones documentales. Es la persona comisionada para comprobar el óbito del papa y retirar el anillo del cadáver. Después golpeará el sello con un martillo de plata hasta que se deforme la imagen del “pescador”, significando que el pontificado ha finalizado. 

Según un portavoz del Vaticano, esta norma habitual se mantendrá, pero será el propio Benedicto XVI quien entregará su anillo para la destrucción. Sin embargo, parece que el anillo será "indultado" y solo se dañará la imagen del sello, para después pasar a formar parte de algún museo Vaticano.

En esta vuelta a las tradiciones y al respeto y cuidado de las costumbres y de la Historia, destacamos la figura de otro papa: Dámaso I. Curiosamente será en el espléndido Patio de San Dámaso del Palacio Apostólico del Vaticano, obra de Bramante y Rafael, el lugar elegido por Benedicto XVI para despedirse de sus más íntimos colaboradores.


Está en boca de todos, cuál será la nacionalidad del nuevo pontífice, siendo innumerables las especulaciones sobre ello. La posibilidad de un papa español es ínfima y, a pesar de la influencia y el peso de la sociedad hispana a lo largo de la existencia de la Iglesia, solo han existido cuatro papas españoles. El primero, casualmente, será el pontífice que hemos citado: Dámaso I.

No vamos a narrar su biografía, para eso está el Liber Pontificalis, pero si resaltar algunos aspectos de su figura que muestran una importante cercanía a la realidad actual, como su interés por conservar la memoria de la Iglesia, que le llevó a no olvidar las tradiciones ni a los mártires y a rehabilitar templos, como San Lorenzo Extramuros. Pero, sobre todo, a restaurar las catacumbas que, posiblemente, deban su existencia actual a este pontífice. Debido a este trabajo de recuperación, hoy el papa Dámaso I es el patrono de la arqueología.

San Dámaso nació en el noroeste peninsular en el año 304/5: en la Gallaecia, territorio hispano al norte del Duero que comprendía Asturias, Galicia, León, Zamora y norte de Portugal. En esta división territorial romana, Asturica Augusta (Astorga), Bracara Augusta (Braga) y Legio (León), serán los principales núcleos urbanos del siglo IV, siendo éste último el que contaba con una fuerza militar permanente al mando de un legatus legionis, con amplia influencia en la totalidad de la provincia romana. No resulta extraño, que el joven Dámaso residiera o conociese alguna de estas ciudades.


Dámaso se trasladará a Roma y es elegido papa con 62 años, en el 366. Su pontificado dura hasta su muerte en el 384, ocupando prácticamente el último tercio del s. IV. Es un periodo histórico marcado por una fuerte influencia hispana: Dámaso en la Iglesia, Teodosio en el Imperio y Prudencio en las letras.

La importancia de este papa nacido en la Gallaecia ha sido extraordinaria. No solo es el patrono de la arqueología moderna por su protección de los restos antiguos, sino que su influencia ha sido trascendental para el destino de la Iglesia, gracias a su compromiso y defensa a los ataques del paganismo, el arrianismo y todo tipo de herejías que surgieron en una época convulsa. Pero también como responsable e impulsor de la traducción latina que realizó San Jerónimo de la Biblia, la polémica y conocida Vulgata, que adquiere su aprobación definitiva más de 1000 años después, en el Concilio de Trento.

Su mayor batalla dogmática la libró contra Prisciliano, obispo de Ávila, también natural de la Gallaecia. Este obispo comenzó a predicar otra nueva manera de entender el cristianismo: promovía la pobreza, el celibato, la participación de esclavos y mujeres, y denunciaba los lujos y excesos de la curia, pero, sobre todo, impulsaba las celebraciones exotéricas, con rezos y danzas en la naturaleza: ríos, montes, bosques, … El “rebelde” Prisciliano fue decapitado por herejía tras la muerte de Dámaso.

Los restos de Prisciliano volvieron a Hispania, a su lugar de nacimiento. Muchos son los que piensan que es el hereje el que está enterrado en la catedral de Santiago, y que la constante peregrinación a su tumba fue acallada con la leyenda del Apóstol Santiago, una forma de convertir en ortodoxo un culto que resultaba muy incomodo para la Iglesia.


Dámaso I, un papa del s. IV, un pontífice de estas tierras, que resulta muy cercano a la actualidad por sus inquietudes. Pero también, y a pesar de los siglos transcurridos, la figura de este pontífice hispano sigue permanentemente presente (aunque pocos lo sepan) en los oficios religiosos, ya que suya es la conocidísima doxología: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos, amén.”. Igualmente, es el introductor de la voz hebraica: “Aleluya”, como término para alabar y dar gracias a Dios, tan actual y constante en el vocabulario de casi todas las religiones y cultos.


- San Dámaso.
- Benedicto XVI.
- "Anillo del Pescador" de Benedicto XVI.
- Patio de San Dámaso. Vaticano.
- Catacumbas de Roma.
- Basílica de San Lorenzo Extramuros. Piranesi.
- San Dámaso dicta la Vulgata a San Jerónimo.
- Tumba de San Dámaso. Roma, iglesia de San Dámaso.

domingo, 17 de febrero de 2013

La Plaza de España de Roma


La Piazza di Spagna se encuentra en la base del monte Pincio, al norte del Quirinal, fuera del primer recinto amurallado de la ciudad que integraban las legendarias siete colinas, pero en el interior de la muralla aureliana, construida entre el 270 y el 273 d.C. Desde la antigüedad, fue considerado un lugar especial (Colina de los Jardines), donde proliferaban huertos, florestas, y plantíos, y en el que se construyeron importantes mansiones de patricios romanos. Ahora, espléndido ejemplo de la arquitectura y urbanismo barroco romano, atrae a miles de turistas por su belleza y teatralidad. 

La Plaza de España, recibe su nombre por encontrarse allí desde 1647 el Palacio de España, antes Palacio Monaldeschi. Es la sede de la embajada española ante la Santa Sede (debería decirse “cerca de …“), considerada la delegación o embajada más antigua del mundo, al establecer en 1475 las Coronas de León, Castilla y Aragón, por deseo expreso de Isabel y Fernando, una delegación diplomática con el Estado Pontificio a cargo del “emisario” D. Gonzalo Fernández de Heredia. Pero será el caballero de la Orden de Santiago, D. Gonzalo de Beteta en el año 1480, el que se haga cargo por primera vez y de manera permanente, de los asuntos de los reinos hispanos con el Vaticano.

En esos primeros años no se mantuvo la sede en un edifico determinado. Se eligieron y alquilado distintos palacios privados de la ciudad: Orsini, Altemps, Aldobrandini, Doria Pamphili, Urbino, De Cuppis y por último, en 1622, el que será la definitiva y actual residencia: el antiguo Palacio Monaldeschi, conocido tras la compra en 1647 y rehabilitación posterior por el prestigioso arquitecto Borromini, como Palacio de España.

En estos primeros años de relaciones diplomáticas, se consuman objetivos tan significativos como el apoyo papal a la Guerra de Granada que pondrá fin a la Reconquista, se establecerá la partición de América entre Portugal y España, y se realizarán los primeros pasos para confirmar la Liga Santa, alianza que con el tiempo frenará la expansión turca por el Mediterráneo en Lepanto.

Pero esta denominación de la plaza no se hará efectiva hasta el papado de Alejandro VII, donde en un plano realizado por Rossi en 1665, ya se designa la parte de la plaza existente frente a la embajada como Forum Hispanicum, suponiendo que en aquellos momentos ya se asumía popularmente dicha toponimia.

Es una época en que los constantes conflictos jurisdiccionales con Francia relacionados con el llamado “franco”, “barrio” o “cuartel” (quartiere), territorio de la ciudad controlado por las embajadas extranjeras, se habían relajado y los galos se centraban en otra zona de Roma, hacia el sur, cerca del Tiber (espacio del Palacio Farnese, actual embajada francesa). Este desplazamiento francés se produce, tal vez, porque el dominio territorial español en el barrio del Pincio no tenía ya vuelta atrás.

Y es que este lugar de la ciudad de Roma, fue escenario de una pugna entre franceses y españoles por su posesión y hegemonía. En la primera mitad del s. XVII, la importancia de la monarquía hispana y el hecho de que se cuente con una sede diplomática permanente, permite a los representantes españoles extender y controlar la zona de influencia alrededor de la embajada, a pesar de la fuerte oposición del papado y, sobre todo, de los representantes de Francia.


Los franceses no cesaron de reivindicar la posesión de la ladera del monte Pincio, una fuerte pendiente con senderos arbolados que unía la “zona española” con la Iglesia de la Trinidad del Monte (Santissima Trinità dei Monti), construida a inicios del s. XVI por el rey de Francia, Luis XII, puesta bajo su protección y a cargo de los frailes mínimos (franciscanos). La posesión de esta ladera también preocupaba al papado que la codiciaba, pero sobre todo a los franceses, que tratan de impedir cualquier intervención papal o española mediante un proyecto de construcción de una gran escalinata para salvar el importante desnivel.

Los representantes españoles no cejaron en ampliar constantemente su cinturón de influencia y jurisdicción. Curiosamente, en 1678 el embajador español marqués del Carpio ya se jactaba de controlar una zona que, además del Palacio de España, incluía a su alrededor más de 800 casas, la iglesia de la Trinidad del Monte, de patrocinio francés, y la empinada y pretendida ladera boscosa que unía la iglesia con la embajada española.

La frontera o límite del barrio cuartel español, estaba señalizado por piedras blancas con las siglas ADS (Ambasciata di Spagna - Embajada de España). En aquel territorio el embajador ejercía plenamente su jurisdicción, como la prohibición de ejercer justicia sin su autorización expresa, la autorización de negocios, el juego, el derecho de poseer guardia propia, etc. Estas prerrogativas dieron lugar a múltiples altercados con el papado y los vecinos de Roma.


Inocencio XI (1676-1689) en 1683 consigue acabar momentáneamente con la mayoría de las jurisdicciones de las embajadas extranjeras, pero sus sucesores vuelven a ser permisibles y

permiten el resurgimiento de los “barrios” alrededor de las delegaciones diplomáticas, hasta su supresión definitiva por la República Romana en pleno siglo XIX, en 1849. Como prueba de la vuelta a las antiguas costumbres, en 1725, un plano de Antonio Canevari (Pianta della giurisdizione del Real Palazzo e Piazza di Spagna), detallaba el perímetro de la jurisdicción española en dicha fecha, en el que se incluye ya la magnífica y conocida escalinata, terminada de construir ese mismo año.


Antes de su construcción, franceses y españoles escogen aquella ladera del monte Pincio, para realizar grandes celebraciones y festejos, entre ellos las fiestas en honor del Delfín Luis nacido en 1661 y, cómo no, el nacimiento del heredero de Felipe IV, el futuro Carlos II, también nacido a finales de 1661. El 2 de febrero del año siguiente, aprovechando el clima festivo del Carnaval, el embajador francés dejó con la boca abierta a los nobles y al pueblo de Roma, con una maravillosa escenografía de fuegos artificiales; dos semanas después y en la misma colina, el embajador español D. Luís Guzmán Ponce de León, montó una gran máquina de fuegos representando el "Carro del Sol".


Delante del Palacio de España, cuyos balcones estaban decorados con damascos rojos, telares pintados y dos grandes escudos, se realizó la fiesta popular, con una torre para fuegos artificiales y una fuente de vino. Este último episodio queda reflejado espléndidamente en una pintura del momento: “Festa per la nascita dell’Infante Don Carlo”, realizada en 1662 por autor anónimo.

En 1564 se realiza un primer proyecto de escalinata por el arquitecto Giacomo della Porta, con el fin de convertir en transitable aquella ladera que, en invierno y con las lluvias, se convertía en un lodazal. Los franceses se opusieron a éste y posteriores planes constructivos, tratando de imponer varias opciones suyas a partir del s. XVII, que contaban siempre con una colosal estatua del Luis XIV, pero la oposición del papado y España fue constante. A la muerte del monarca francés, se retoma el proyecto de construcción, con la aportación económica del diplomático francés Étiene Fueffer y la aceptación de los tradicionales opositores, al eliminarse cualquier opción de realzar la monarquía francesa en la importante obra.



Fue diseñada por Francesco de Sanctis y Alessandro Specchi y realizada entre los años 1723 a 1725. Ejecutada en mármol travertino, cuenta con 135 escalones y una serie de rampas divididas en tres partes. Un gran proyecto que, aunque lo parezca, no es simétrico, ya que la iglesia de la cima no está directamente afrontada con la plaza.

Los arquitectos tampoco se limitaron a construir un elemento aislado, la escalinata se encuentra integrada en el espacio urbano con una amplia perspectiva arquitectónica determinada por los diferentes planos y por los escalones, cuyo perímetro por momentos es cóncavo y en otros lugares convexo, lo que forma un juego de curvas perfectamente armónico, que simula las ondas que se dibujan en el agua cuando esta cae en cascada. Es un “río de escalones” que provoca la ilusión de brotar desde la iglesia que se sitúa en la parte más alta y que va deslizándose lentamente por la pendiente.


Desde la primera terraza, la escalinata se bifurca dejando en su centro un segundo descanso de menores dimensiones que el anterior. Como suele ocurrir en la naturaleza, la fuerza del "agua" busca una salida y se derrama con una fuerza mayor por los laterales, hasta llegar a la última terraza en la que el “agua”, en forma de escalones, brota en su totalidad hacia la Plaza de España. Inaugurada por Benedicto XIII en 1725, la que a veces es denominada “escalera española”, es la más amplia escalinata de Europa y, posiblemente, la más conocida. 



Dos obras realzan esta fantástica gradería: en la cima el obelisco Salustiano, situado frente a la iglesia de la Trinidad, y la Fontana della Barcaccia, enclavada a los pies de la escalinata.

Varios años después de la construcción de la escalera, el papa Pio VI ordenó trasladar e instalar en 1789 delante de la iglesia de la Trinidad del Monte, el obelisco de 14 metros conocido como Salustiano, por haber aparecido en los jardines denominados Horti Sallustiani.

El obelisco parece tiene su origen en el deseo del emperador Adriano de situarlo en la tumba de Antinoo en Tívoli. Se talló durante el siglo III en Egipto, cerca de Asuán, y sin haberse grabado los textos de rigor, fue trasladado por el emperador Heliogáblo a Roma para decorar la spina del Circo Variano. Cada una de sus caras lleva tres columnas de textos jeroglíficos copiados por los artistas romanos del obelisco existente en la Plaza del Popolo.

La fuente situada a los pies de la escalinata, también posee una historia interesante. La Fontana della Barcaccia, inaugurada en 1627 por el papa Urbano VIII, cien años antes de de la construcción de la gran escalera, fue realizada por Pietro Bernini y su hijo, el sorprendente Gian Lorenzo Bernini. Con su particular forma de barca que se hunde, la fuente recuerda la leyenda popular del desbordamiento histórico del río Tíber en 1598, que dio lugar a que un barco de pesca llegara hasta ese mismo punto arrastrado por la crecida del río.


Pero la realidad parece otra. La forma del barco que se hunde parece ser que se concibió por Bernini para resolver el problema de la baja presión del agua en ese punto. Al no ser posible la instalación de grifos, se construyó un vaso ligeramente más bajo del nivel del suelo para conseguir que el agua surgiera sin ningún problema.

A esta sucesión de monumentos que conforma la Plaza de España, se añade la Columna de la Inmaculada Concepción instalada frente al Palacio de la embajada de España. Cuando el 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX proclamó el Dogma de la Inmaculada Concepción, se pensó que no había lugar más apropiado en Roma para levantar un monumento que la Plaza de España, ya que era la nación en la que esta devoción se encontraba ya  profundamente arraigada.

El 8 de diciembre de 1857, Pio IX desde unos de los balcones de la embajada española, bendijo el monumento que se había erigido frente a ella, realizado por el arquitecto Poleti, con una imagen de la Inmaculada fundida en bronce y sobre una columna de mármol de Corinto, conocido por su color como “cebollino”, que había sido hallada en 1778 en el Campo de Marte. 

Cada 8 de diciembre, el Palacio de España engalana sus balcones y ventanas para celebrar la ofrenda florar a la Inmaculada Concepción, a la que puntualmente acude todos los años el papa.

Sobre el espléndido Palacio de España que da el nombre a esta zona de Roma, ya hemos comentado su compra en 1647. A partir de ese momento se inician las obras de mejora y acondicionamiento en las que interviene nada menos que el arquitecto Francisco Borromini, que diseñó la ampliación del palacio y trazó el vestíbulo y la fantástica escalera principal, que tantas aparece en los reportajes.

Puede que el fabuloso tirón turístico actual de ese espacio urbano de Roma, tenga su origen en los siglos XVII y XVIII, en el que el palacio español fue el centro de un mundo fastuoso y alegre de fiestas que animaban también la Plaza de España, escenario de los acontecimientos más brillantes de su tiempo, en los que se mezclaban con el pueblo de Roma artistas y personajes famosos. Esta situación histórica, no hay duda que influyó poderosamente para que desde la plaza española, partan actualmente las calles comerciales más interesantes y famosas de la Ciudad Eterna, entre ellas Vía Condotti.

                   

- Plaza de España. Roma (deviajeporitalia.com)
- Palacio de España. Embajada ante la Santa Sede. Giovanni Paolo Panini.
- Borrromini.
- Alejandro VII.
- Monte Pincio. Gaspar van Wittel.
- Iglesia de la Trinidad.
- Plano "barrio" de España, s. XVIII.
- Inocencio XI.
-Roma Moderna. Panini.
- Roma moderna (detalle Plaza de España). Panini.
- Plaza de España. Panini.
- Benedicto XIII.
- Obelisco Salustiano.
- Plaza de España.
- Monumento a la Inmaculada Concepción.
- Pio IX.
- Plaza de España. Piranesi.