sábado, 31 de mayo de 2014

Museo de León: Ara de Diana





El Museo de León se ha unido a la iniciativa del Consejo Internacional de Museos, con la intención de acercar al público los museos y a los profesionales que los gestionan. El pasado 18 de mayo se celebró el Día Internacional de los Museos, y el Museo de León facilitó la entrada gratuita a todos sus visitantes durante la semana del 12 al 18 de mayo.


Sin embargo, esta iniciativa del museo leonés ha pasando

prácticamente desapercibida, no ya para los visitantes que acuden a la ciudad, sino para la totalidad de la ciudadanía que, salvo una pequeña reseña en los periódicos locales, apenas ha trascendido a la calle y escasamente a las redes sociales.

Otra de las iniciativas del Museo de León para este mes de mayo que finaliza, como viene haciendo desde hace años, ha sido designar la “pieza del mes”. Esta elección ha recaído en una de las obras más emblemáticas e interesantes de su fondo museístico, considerada como uno de los mejores y más bellos ejemplares epigráficos de la Hispania romana: el Ara de Diana.



Fue en el siglo XIX, durante la demolición de los cubos o torres del lienzo norte de la muralla romana, cercana a Puerta Castillo, cuando apareció incrustada en ella este pequeño altar dedicado a la diosa Diana entre el material de derribo. Se trata de un ortoedro de 145 x 72 x 35, realizado en caliza marmórea, bien trabajada y conservada, de tono parduzco y con algunas vetas rosáceas.

Impresiona su tamaño, sobriedad y belleza, resultando una pieza espléndida de factura que cuenta con las cuatro partes fundamentales de las aras votivas: inferior o base, el cuerpo o parte central, el coronamiento o parte superior y el focus que, situado en la cara superior, es el punto donde se centralizaban las ofrendas.

En la misma cara superior se aprecian cuatro orificios, cuyo origen puede estar en una reutilización posterior, pero que, posiblemente, sirvieron de anclaje para la colocación de otra pieza sobre ella: una efigie o un retrato. Como muestra contamos con el medallón existente en el Arco de Constantino (“Sacrificio a Diana”), pero, sobre todo, en el primoroso mosaico de la Villa del Casale (Sicilia): “El sacrificio a Diana”, realizado con teselas de mínimo tamaño, donde se narra con inusitado realismo una jornada de caza menor. También en el mosaico de las Estaciones, procedente de Turquía, en el que una de sus partes  es conocida como “El sacrificio a Diana”, se aprecia un ara con otra parte superpuesta que contiene la imagen de Diana.

El ara de León presenta en su base un zócalo en sus cuatro lados, con moldura enmarcada entre dos listeles. En el coronamiento o parte superior, cuenta con una acanaladura y frontón central delantero y trasero en donde se aprecia grabado un creciente lunar con los cuernos hacia arriba, símbolo de Diana. Esta simbología se observa perfectamente en el cuadro de Jan Breughel el joven, “Paisaje con Diana y las ninfas volviendo de la caza”, en el que la Diosa, vestida con una túnica de un rojo intenso, es fácilmente reconocible por la diadema con el creciente lunar sobre su cabeza.




En el centro de la cara superior se encuentra un pequeño focus u hogar de 12 cm de lado, destinado directamente a depositar o quemar las ofrendas, y en el que se nota perfectamente los restos del fuego. Siguiendo con la cara superior, el ara conserva en los laterales los pulvinos, elemento arquitectónico y decorativo utilizado para rematar monumentos y que recuerdan los primitivos haces de ramas. Están decorados con varios símbolos astrales, entre los que se descubren cuatro lunas: Febea o Luna es el nombre que recibe la diosa Diana en el cielo, Hécate o Proserpina en el infierno y Delia (nacida en la isla de Delos) o Diana en la tierra. De ahí que Diana sea
considerada diosa triple, diosa de tres formas (triforme), como luego veremos en el detalle epigráfico.

El ara contiene cuatro inscripciones en cada una de las caras del cuerpo o parte central. La cara principal está redactada en prosa y las laterales y trasera en verso. Éstas últimas hacen del pequeño altar una de las muestras epigráficas más bellas entre las numerosas inscripciones leonesas, y una de las más sobresalientes del país. Nos encontramos ante un poema latino con clara influencia clásica y cuyo autor, sin duda una persona culta, pudo pertenecer al círculo de allegados al legado de la legión, o tal vez, ser obra del propio legado augustal.

En la cara principal, el texto en prosa hace referencia a la divinidad a la que está consagrado el pequeño altar: Diana. Además, se identifica al oferente: Quinto Tulio Máximo, legado de la Legio VII Gémina Féliz.

Texto y traducción cara anterior (en prosa):

Dianae / sacrvm / Q(vintvs) Tvllivs / Maximvs / leg(atvs) Avg(vsti) / leg(ionis) VII gem(inae) / [f]elicis.

«Consagrado a Diana. Quinto Tulio Máximo, legado Augustal de la legión VII Gémina Félix».

La identificación del donante Tulio Máximo se realiza gracias a un homónimo que se conoce que gobernó Tracia entre el 161-169, periodo de los emperadores Marco Aurelio y Lucio Vero. También se sabe que en esos primeros años el gobierno de Tracia estuvo en manos de Apio Claudio Martialis, deduciéndose que Q. Tulio debió llegar a Tracia en el 166. Su destino anterior fue el mando de la Legio VII, por lo que el ara puede fecharse entre el 162-165 dC.

Diana es la diosa protectora de los bosques y de los seres vivos que los habitaban. Los cazadores le imploraban para que les ayudara y protegiera de los posibles peligros, realizando votos y prometiendo trofeos para ganarse su favor. Marco Tulio, sin duda amante de la caza, deja constancia de su afición y religiosidad dedicando a Delia Virgo Triforme (Diana) estos bellos versos.


Texto y traducción cara posterior (en verso):

ae[q]vora  conclvsit campi/ divisque dicavit / et templvm statvit tibi / Delia Virgo Triformis / Tvllivs e Libya rector / legionis hiberae / vt qviret volvcris cap[re]as / vt figre cervos / saetigeros vt apros vt / eqvorvm silvicolentvm / progeniem / vt cvrsv certari / vt disice ferri / et pedes arma gerens et / eqvo iacvlator hibero.

«Acotó la planicie de un campo y se la consagró a los dioses; y a ti, Virgen Delia Triforme, te erigió un templo Tulio, natural de Libia, legado de la legión ibera, para poder ensartar a las corzas veloces, y a los ciervos; para cazar a los jabalíes de irsutas cerdas, y atrapar a la raza de caballos que se cría en los bosques; para poder competir en la carrera y con el filo de hierro, bien portando las armas a pie, bien lanzando la jabalina desde un caballo ibero».

Texto y traducción lateral derecho (en verso):

Dentes aprorvm / qvos cecidit / Maximvs / dicat Dianae / pvlchrvm vir/ tvtis decvs.

«Los colmillos de los jabalíes que ha abatido Máximo, se los consagra a Diana, como hermoso trofeo de su valor».



Texto y traducción lateral izquierdo (en verso):

Cervom altifrontvm cornva / dicat Dianae / Tvllivs / qvos vicit in parami aeqvore / vectvs feroci / sonipede

«La cornamenta de los ciervos de erguida testuz, a los que ha vencido Tulio en la planicie del campo a lomos de un impetuoso caballo, se la consagra a Diana».

Junto al ara del Museo de León es necesario mencionar el epígrafe que se encuentra en otro soporte distinto, que fue hallado a mediados del XIX formando parte de la escalera del claustro del Palacio de los Guzmanes y que, desgraciadamente, se trasladó al Museo Arqueológico de Madrid como consecuencia de la desamortización.


Se trata de una placa de mármol de color gris, mal conservada, cuyo texto se encuentra enmarcado por moldura con doble acanaladura, y en la que se narra la gran afición cinegética del legado Quinto Tulio Máximo.

Texto y traducción:

Donat hac pelli D[iana] / Tvllivs te Maxi[us] / rector Aeneadvm [--] / legio qvis est se[ptima]/ ipse qvam detrax [it vrso]  / lavde opima [--]

«Tulio Máximo, general de los descendientes de Eneas alistados en la legión séptima, te hace ofrenda a ti, Diana, de esta piel que él mismo ha arrancado a un oso, merecedor de la más gloriosa alabanza».

Los cinco epígrafes descritos se realizarán en tres momentos diferentes. En primer lugar, se ejecutaron los textos de la cara anterior y posterior del ara votiva: la dedicación a Diana y la acotación y consagración de un espacio para la construcción de un pequeño templo a la Diosa.

Posteriormente, se realizaron las inscripciones de las caras laterales, en las que el legado ofrece como voto a Diana los codiciados atributos de ciervos y jabalíes: astas y colmillos. La leyenda que figura en la placa del Museo Arqueológico resulta posterior en el tiempo, constatando la caza por parte de Quinto Tulio de un oso, pieza muy codiciada, y la posterior ofrenda de su piel a la Diosa. En el cuadro mencionado de Jan Breughel el joven, Diana está rodeada de dos ninfas y varios perros de caza. A la derecha se observa el abundante producto de la cacería: ciervos, pájaros, liebres y jabalíes. Al fondo se aprecian más ninfas que se acercan con un caballo cargado con un ciervo y un oso.

La necesidad de supervivencia que obligaba a obtener los alimentos del entorno mediante batidas periódicas, acabó convirtiéndose en una actividad de ocio para los poderosos. Entre ellos los terratenientes y, sobre todo, los altos mandos del ejército que, gracias a la práctica de la caza, conservaban la forma física y se ejercitaban con las armas en tiempos de paz. El historiador romano Salustio habla sobre la caza en la Roma del s. I aC, calificándola como “… honrosa e imagen viva de la guerra”. El triunfo en la caza suponía una victoria sobre la muerte y tenía un significado propiciatorio, por eso la existencia de múltiples representaciones cinegéticas en los sepulcros.

Al emperador Augusto le entusiasmaba la vida campestre y las actividades cinegéticas, rodeándose de poetas que, siguiendo sus gustos, componen obras en las que se ensalza las
actividades relacionadas con la naturaleza y la caza, como hará también el gran Virgilio en las Geórgicas. Pero, sin duda, será el poeta romano Quinto Horacio quien sitúa el arte de la caza en el primer lugar de los placeres campestres: “ … viril, solemne, digna de romanos, útil a su renombre y reposo …”

Hace 2000 años, en el sur, este y oeste del campamento de la Legio VII, hacia la confluencia de los dos ríos Torío y Bernesga que rodean la ciudad, dominaba un paisaje plenamente fluvial, predominando las inundaciones estacionales y las zonas pantanosas que mantenían diversas lagunas alrededor del asentamiento campamental. En el norte el paisaje resultaría más agreste debido a las elevadas terrazas formadas por los dos ríos: Monte Aureo sobre el Torío y Monte Frío sobre el Bernesga, repletas de generosa arboleda donde predominaban los robles y quejigos. También serían abundantes los abedules y alisos, más cercanos a los cursos fluviales y a los abundantes pozos, arroyos y fuentes existentes en la zona, como demuestran las conducciones de agua que abastecían la ciudad.


El escenario natural que representaban los humedales, ríos, lagunas, arroyos, fuentes, bosques, etc., resulta un espacio propicio para una abundante caza menor. Más hacia el norte, hacia la montaña, sería habitual encontrar las grandes piezas de caza: cérvidos, lobos, caballos salvajes, jabalíes y osos.

El legado Tulio Máximo, presumiblemente gran aficionado a las cacerías, encontraría en los alrededores del campamento de la Legio VII Gémina, el lugar ideal para practicar y disfrutar de grandes jornadas cinegéticas. Tras su llegada, buscó un espacio apropiado a extramuros de la ciudad, que delimitó y consagró a los dioses. En él no faltaría la referencia a las ninfas (www.fonsado.com: León y las ninfas), compañeras de Diana, a la que erigió un pequeño templo o santuario en el que instaló un ara votiva con el propósito de realizar ofrendas y ofrecer votos antes de iniciar sus jornadas de caza. A su regreso, depositaria, a modo de homenaje y agradecimiento, los preciados atributos de las distintas piezas cobradas.


Diana, hija de Júpiter y Latona, fue originalmente la diosa de la caza, estando relacionada con los animales y la naturaleza. Siendo testigo de los dolores del parto de su madre, concibió tal aversión hacia el matrimonio que pidió y obtuvo de su padre la gracia de guardar perpetua virginidad. El propio Júpiter la armó con arco y flechas y la hizo reina de los bosques, dándole como comitiva un numeroso grupo de hermosas ninfas, que debían hacer voto de castidad y que se dedicaban, como ella, a la caza, su ocupación preferida.

Sin embargo, a veces resultaba cruel y vengativa. No tenía escrúpulos con los que se ganaban su odio, llegando a cometer todo tipo de humillaciones y crímenes. Su brutalidad llegó hasta el pastor Acteón que la vio bañándose desnuda junto a sus ninfas. Diana lo trasformó en venado e hizo que sus propios perros le diesen caza y muerte. Pero también tenía su lado de ternura. Diana llegó a enamorarse platónicamente de otro pastor, Endimión, a quien besaba cuando dormía, tan suavemente, que no llegaba a despertarle.


Pero volvamos al comandante de la Legio VII Gémina, el libio Quinto Tulio Máximo y a su afición a las cacerías. En una de sus habituales jornadas de caza, el legado, acompañado de sus fieles, amigos y hombres de confianza, además de los siervos y esclavos que portarían la significativa intendencia, dirigirá su caballo desde los principia o cuartel general de la legión, hacia la puerta decumana, situada al norte del campamento.

No lejos de allí se encontrará el espacio consagrado a los dioses que recientemente ha dispuesto el legado, y en el que, junto a otros, se hallaría el templete dedicado a Diana. En él se alojaría el ara que el propio legado augustal se ha preocupado de encargar y ofrecer a la Diosa, y en la que ha dejado constancia de su nombre y título, además del bello poema que contiene sus votos.


Rodeado de sus fieles, encaminará sus pasos hacia el altar en donde él o uno de sus allegados, portando la patena con la ofrenda, realizará a la Diosa un pequeño sacrificio consistente en la quema en el pequeño hogar del ara, de algún costoso perfume mientras se invocarían las correspondientes plegarias y rogativas para la jornada.


Los dioses romanos eran considerados responsables de todo tipo de sucesos. Cualquier cosa podía ocurrir si los dioses lo deseaban o se encontraban descontentos. La vida romana, en tanto a acciones como a decisiones, se tenían que tomar contando con el favor y aprobación de los dioses, esto se conocía como pax deorum.

Cuando se realizaba un sacrifico o ritual, como en este caso a Diana, se pronunciaba la oración pertinente acompañada de los ritos establecidos según una fórmula determinada. Primero se invocaba a la deidad, posteriormente se realizaba la ofrenda y finalmente la petición.

El poeta latino del s. III, Marco Aurelio Olimpio, conocido como Nemesiano, en su poema Cynegetica, nos traslada una posible plegaria o ruego a la Diosa antes de comenzar la caza:

“Solo tú, Diana, gran gloria de Latona (hija de Leto), que recorres los pacíficos claros y bosques, ven rápido, asume tu traje, arco en mano, y cuelga la aljaba coloreada de tu hombro; sean de oro tus armas y tus flechas; y deja que tus relucientes pies calcen botas púrpuras; deja que tu manto sea ricamente tejido con hilo de oro, y un cinturón con hebilla enjoyada ciña tu plegada túnica, sujeta tus trenzas enroscadas con una banda... Diosa, levanta, dirige a tu poeta por el bosque sin pisotear, a ti seguimos, muéstranos las guaridas de las bestias. Ven conmigo, que estoy aquejado de amor a la caza”.

Después de las invocaciones y ofrendas obligadas a Diana, partirán los esclavos y criados con los perros hacia los cazaderos previstos, para iniciar el rastreo y la preparación de trampas y emboscadas. Otros les seguirán tras la partida del legado y su séquito, trasladando los numerosos utensilios necesarios para la jornada: alimentos, enseres, carpas y menaje para los descansos y ágapes campestres.

La jornada transcurriría, como hace referencia el poema de la cara posterior del ara leonesa. Se prepararían trampas con redes y trincheras camufladas en el suelo, también se tenderían potentes redes en las caminos de huida. Se rastrearía a todo tipo de cérvidos y jabalíes tratando de alancearles a pie o a caballo (www.youtube.com/watch?v=6vGxL-U-mgE#t=21), o asaetearles desde la propia montura o en puestos estratégicos, mientras son acosados por siervos y esclavos con la ayuda inestimable de los perros, señalando y hostigando a las piezas. Para las aves, zorros y liebres se pondrían trampas o los conocidos señuelos con liga para las aves, que impediría la huida del animal, permitiendo unos segundos de concentración al cazador para no fallar el lance.

Los caballos salvajes, muy apreciados, serían atrapados mediante redes y lazos una vez perseguidos y encauzados por los caminos previstos de huida. Como piezas especiales estarían los grandes cérvidos y, ocasionalmente, el oso. Éste último es la presa más escasa, difícil y apreciada. Acosado por los perros, sería, en principio, objetivo de los dardos de los cazadores, hasta el momento en el que los más audaces armados con una jabalina echasen pie a tierra y se enfrentaran cara a cara con el plantígrado, hiriéndole hasta acabar con él.

No sería nada frecuente esta situación, como lo demuestra la escasez de representaciones del oso entre las muestras musivarias de caza, pero su importancia queda patente en la placa que Tulio Máximo dedica a Diana, a la vez que le ofrece la piel que, según deja escrito, ha arrancado personalmente a un oso y de lo que se siente plenamente orgulloso.

Las jornadas de caza estarían jalonadas con grandes almuerzos campestres, una vez instaladas todas las las comodidades propias de la clase dirigente romana, y en los que no podrían faltar todo tipo de manjares exclusivos, vino abundante y, tal vez, algunas de las piezas cobradas.


En el mosaico de Villa del Casale en Sicilia se maneja la hipótesis de que el personaje representado es el emperador Constancio Cloro (250-306 dC.) que, vestido con túnica corta de color rojo, dirige el ritual del sacrificio a Diana antes de iniciar la jornada de caza. Se aprecia perfectamente el ara votiva, situada a los pies de una pequeña imagen de Diana cazadora, en la que el César quema en el focus la ofrenda de perfume que contiene una patena. A la izquierda, tomando las bridas del caballo zaino, su hijo Constantino, y al otro lado, Magencio, sujetando el caballo bayo. La imagen del pequeño altar de Diana es prácticamente idéntica a la que se observa en el mosaico de las Estaciones de Daphne, en la costa turca.

El altar leonés formaría parte de un pequeño conjunto a extramuros del campamento de la Legio VII, posiblemente en su zona norte. Junto al ara o sobre ella, podría encontrarse la imagen de Diana cazadora, como se observa en el mosaico citado.  El ara y la placa dedicadas por Tulio Máximo, estarían rodeadas de los trofeos conseguidos en las jornadas de caza del legado, por lo que, seguramente, se encontrarían a cubierto dentro de un pequeño templo o protegidas de la intemperie por un templete.

Si bien el Ara de Diana de León sobresale en todos los estudios y comentarios por su bella e interesante epigrafía, su aspecto, prácticamente idéntico al altar que aparece en el mosaico de la Villa del Casale, nos permite conocer su uso práctico, además de adentrarnos en las costumbres religiosas y cinegéticas de los hombres que vivían en esta ciudad hace 2000 años.

Resulta insólito que el Museo de León seleccione esta admirable pieza arqueológica como “pieza del mes”, mes en el que precisamente se celebró el Día Internacional de los Museos, conmemoración en la que el Consejo Internacional de los Museos pretende acercar a la ciudadanía los museos y sus profesionales. Sin embargo, lo único que ha llegado a nosotros es la escueta noticia en el periódico. Ningún artículo ni información nueva sobre el Ara de Diana ni comentarios en las redes sociales ni folletos explicativos o divulgativos, ni siquiera una pequeña referencia en la entrada del Museo. La distancia entre los técnicos y los ciudadanos sigue siendo la misma que antes.

En junio la "pieza del mes" seleccionada por el Museo de León es un Cristo de marfil de origen incierto, pero con rasgos orientales, que relevará al Ara de Diana del "protagonismo que ha tenido" en este mes de mayo. Durante las visitas guiadas y gratuitas al Museo de León a partir del 1 de junio, parece ser que se darán explicaciones detalladas de la nueva pieza elegida. Bienvenido Cristo desconocido, adiós desconocida Ara de Diana. 


- Ara de Diana. Museo de León.
- Anagrama: Consejo Internacional de los Museos.
- Anagrama: Día Internacional de los Museos.
- León. Derribo torres norte de la muralla romana.
- Sacrificio a Diana. Medallón Arco de Constantino. Roma.
- Paisaje con Diana y las ninfas volviendo de la caza. Jan Breughel el joven.
- Idem. Detalle.
- Focus y pulvinos. Ara de Diana. León. Foto Javier del Hoyo.
- Ara de Diana. Trasera derecha. Museo de León.
- Ara de Diana. Trasera izquierda. Museo de León.
- Placa Museo Arqueológico. Madrid. Foto Javier del Hoyo.
- Mosaico del oso. Domus de Astorga. León.
- Escena de caza. Villa de Olmeda. Palencia.
- Mosaico de Meleagro y el jabalí de Calidón. San Pedro de Arroyo. Ávila.
- Diana y Endimión. Luca Giordano.
- Escenas de caza. Villa del Casale, Piazza Armerina. Sicilia.
- Escenas de caza. Villa del Casale, Piazza Armerina. Sicilia.
- Escenas de caza. Villa del Casale, Piazza Armerina. Sicilia.
- Escenas de caza. Villa del Casale, Piazza Armerina. Sicilia.
- Escena de caza. Villa Tellaro. Sicilia.
- Sacrificio a Diana, detalle. Villa del Casale, Piazza Armerina. Sicilia.
- Cristo. Museo de León.




domingo, 25 de mayo de 2014

El final más cruel, de nuevo para el Atlético de Madrid ....



Qué manera de aguantar,
qué manera de crecer,
qué manera de sentir,
qué manera de soñar,
qué manera de aprender,
qué manera de sufrir,
qué manera de palmar,
qué manera de vencer,
qué manera de morir ...............................






viernes, 18 de abril de 2014

León: El Nazareno y Simón de Cirene.


Tiziano - Cirineo y Cristo

“Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón y le obligaron a que llevase la cruz”. Mateo 27, 31-32.

“Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”. Lucas 23, 26.

“Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle. Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz de Jesús”. Marcos 15, 20-21.

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Cuentan que Simón había nacido en la ciudad norteafricana de Cirene. Era un hombre de mediana edad, barbado, de ojos hundidos y, aparentemente, fuerte. Cuando ese fatídico día volvía del trabajo, se encontró inmerso entre un gentío que gritaba e insultaba, pero también con otros que clamaban pidiendo justicia.

Ante sus ojos aparecieron tres condenados que se dirigían, a golpe de látigo, al años 50monte cercano, conocido como Gólgota, para ser crucificados. Uno de ellos, recibía la mayoría de insultos, golpes y salivazos. Tenía poco más de 30 años, barba y pelo largo, sobre el que habían clavado una corona de espinas. Este individuo le pareció a Simón diferente. Su mirada no era la de una persona culpable. Aquel hombre, que no se dirigía a sus agresores con odio, no era posible que pudiera haber hecho nada malo.

Mientras lo observaba, el condenado cayó al suelo bajo el peso del madero que cargaba, y en el que iba a ser crucificado. Los soldados romanos que custodiaban al reo, se fijaron en Simón y, sacándole a empujones de entre la multitud, le obligaron a ayudar al hombre ensangrentado. Cargó el pesado madero y siguió los pasos de aquel condenado que, sin haber mediado palabra entre ellos, inexplicablemente, le hacía sentirse bien.

Llegados al destino, al punto más alto de aquella loma, los soldados le apartaron a empellones de la cruz y, sin saber realmente el porqué, se quedó a los pies del crucificado hasta que éste, pasadas unas horas, expiró.

Esta es la breve historia del hombre que ayudó a llevar la cruz a Cristo hasta el Calvario, hasta el lugar donde finalmente fue torturado y muerto. Este es Simón de Cirene, conocido como el “Cireneo”, prototipo de hombre bondadoso, co2mpasivo y piadoso, que, puntualmente, aparece todos los Viernes Santo en la ciudad para rememorar aquel suceso.

Desde antiguo, la imagen leonesa de Jesús Nazareno, realizada en la primera mitad del XVII y propiedad de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, es acompañada por Simón de Cirene, quien le auxilia para llevar la cruz, según cuentan los Evangelios. 

La primera talla de la que tenemos referencia relativa a esta figura del Nuevo Testamento es de 1674, fecha en la que la Cofradía encarga al escultor Francisco Díez de Tudanca :”… a de acer un cireneo también de bulto para ayudar a llebar la cruz de Jesus Naçareno”, Y es que, en aquellos 1momentos, se le había encargado al artista que, “… a de aguecar la imagen de Jesús Naçareno que tiene la compañía y ponerlo lo mas ligero que se pueda y volverlo a cobrir en la forma que oy esta”. Todo esto hace pensar lo difícil y gravoso que debía resultar contratar braceros para procesionar, buscado de esta manera aligerar el peso de las tallas haciéndolas más livianas, para reducir el coste que implicaba la puja de las imágenes.

No se conoce el destino de la imagen del Cireneo realizada por Díez Tudanca, al perderse la mayoría de la documentación de la Cofradía correspondiente a los ss. XVII y XVIII. Sin embargo, en el XIX se tiene constancia de reparaciones hechas a una figura de Simón de Cirene a base de repintes y reparaciones en manos y cara, pero se ignora si se trata de la misma talla encargada a Tudanca, u a otra realizada con posterioridad. 

Por las imágenes fotográficasEl-Cirineo que nos ha llegado de los desfiles procesionales de primeros del s. XX, creemos, por las características de la talla del “Cireneo”, que esa no puede tratarse de la obra de Díez de Tudanca; en primer lugar porque se trata de una talla desproporcionada, infantil y de mala hechura, impropia y ajena por completo a las formas y  hacer del gran artista. En segundo lugar, porque de la obra encargada al escultor por la Cofradía del Dulce Nombre, concretamente dos pasos completos con cinco figuras cada unos (“El expolio” y “La coronación de espinas”), solo se conserva el Cristo perteneciente a “El expolio”, que procesiona el Viernes Santo incluido en la procesión de Los Pasos. El resto de figuras, un total de nueve, se han perdido.

Este “Cireneo” anónimo, estuvo desfilando en la Cofradía hasta 1940. El año siguiente se reemplaza por otra imagen, al parecer de cartón piedra, procedente de talleres catalanes, y que se mantuvo muy poco tiempo. Seis años después, en 1946, se acuerda con el santanderino Víctor de los Ríos Campos, afincado en esta ciudad durante un tiempo, debido a su matrimonio con una prestigiosa dama leonesa, Dª Catalina Fernández Llamazares, una nueva imagen del “Cireneo”. Ésta es la que actualmente se incluye en la procesión de “Los Pasos” en el Viernes Santo, “compartiendo” el peso de la cruz con el Nazareno. Es una talla enormemente realista, que representa a un hombre fuerte, casi calvo, con barba y gesto adusto.
     
Victor de los Rios
Victor de los Ríos Dolorosa estoy recortada
Victor de los r.
Según los datos que ofrece la Cofradía, esta talla leonesa posee dos túnicas realizadas en los años 90, donadas por hermanos de la Cofradía. Anteriormente se cubría con una burda túnica marrón que dejaba piernas y hombros al descubierto. Como curiosidad, mencionar que tanto el “Cireneo” como el Nazareno, se acoplan en un espléndido trono realizado a mediados del s. XX, y que perteneció a la Hermandad de San Gonzalo de Sevilla. Pesa 1300 kg. y tiene asignados para pujarlo 96 braceros.

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El conjunto escultórico formado por el Nazareno y Simón de Cirene, posiblemente el paso más emblemático de la Semana Santa leonesa, estuvo presente en 2011 en las Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebraron en Madrid. En esta ocasión, la imagen del “Cireneo” fue más protagonista que el Nazareno, ya que en el Vía Crucis organizado como motivo de la visita de Benedicto XVI, el paso leonés representó la “VII estación”: “El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz”.

En el Paseo de Recoletos de Madrid en el altar destinado a la “VII estación”, el paso recibió la bendición del Papa, para más tarde, una vez finalizado el Vía Crucis, participar en la procesión conjunta de todas las imágenes, desde Recoletos a la Puerta del Sol, donde se recogió en el conocido edifico de la Comunidad de Madrid. El conjunto de León fue uno de los más aclamados en la procesión de regreso, donde una votación popular, promovida por A3TV, le otorgó el primer puesto entre todos los pasos (http://alcieloleon.blogspot.com.es/2011/08/leon-en-las-jornadas-mundiales-de-la.html).

                       Video: rodritriana / Jesus Nazareno de León - JMJ Madrid / 2011
                                                       Calle de Alcalá hacia La Puerta del Sol



- Cireneo y Cristo. Tiziano.
- Nazareno y Simón de Cirene. León.
- Simón de Cirene años 50. Víctor de los Ríos.
- Primeros del XX: ¿Tudanca?
- Años 40: cartón piedra.
- Simón de Cirene, actual. Víctor de los Ríos.
- Víctor de los Ríos: Años 40. Con la Soledad de Jesús Divino Obrero. Años 90.
- Paseo de Recoletos. "VII estación". JMJ/Madrid/2011.
- Video: rodritriana / Jesús Nazareno de León - JMJ Madrid / 2011



domingo, 23 de marzo de 2014

León: Iglesia del Mercado (II)


Como hemos mencionado en la anterior entrada, la Iglesia del Mercado es un templo de tres naves sin crucero, con planta que se estrecha a los pies. Su cabecera contaba con tres ábsides, habiendo desaparecido el central al alargarse, mediante una bóveda de cañón y arco toral peraltado sobre medias columnas, la nave central.

La separación de esta nave con las laterales, se realiza por seis pilares de base cuadrada que tiene adosadas medias columnas en cada uno de sus lados. Éstas medias columnas también se pueden ver en los muros y a los pies, formando así cuatro espacios a lo largo de toda la planta. Los arcos de las naves laterales son apuntados, de tipo cisterciense, y se apoyan en capiteles de formas vegetales. Sobre el resto de decoración interior, destacar algunas basas de las pilastras centrales que presentan garras, y los capiteles de las columnas que forman el arco toral decorados con ramajes y monstruos.

La Iglesia sufrió en el s. XV una importante rehabilitación, principalmente en la cubierta que ahora se realiza en estilo gótico hispano-flamenco. De aquella construcción, solo quedan restos en la parte central, sobre el coro, además de un pequeño tramo en la zona norte. En el XIX se realiza una nueva cubierta, que se eleva sobre la anterior con la construcción de unos pequeños paños sobre las arquerías románicas de los laterales.

Han sido permanentes las obras de reparación y reconstrucción desde el XV: portal nuevo, camarín, torre, chapitel, etc. En los ss. XIX y XX se realizan importantes trabajos de rehabilitación en la fábrica: cubierta de la torre, colocación de la pizarra, entarimado del templo, construcción del atrio alrededor y colocación de los leones del exterior, derribo de la sacristía y restauración del ábside que ocultaba, etc. La rehabilitación reciente más significativa se produce a mediados de XIX en que se derrumbó la cubierta y se tardó 3 años en recuperarla. Durante ese tiempo la imagen titular del templo, “Nuestra Señora del Mercado”, tuvo que ser ubicada en el cercano convento de las Carvajalas.


La Iglesia del Mercado vive un momento en la actualidad que rememora su antiguo esplendor, debido al auge, interés y recuperación de las arraigadas y entrañables tradiciones populares. La importancia que mantuvo durante siglos no fue debida, como se puede suponer, a su perfección y exquisitez arquitectónica ni por el valor artístico que albergaba, tan distante de los excepcionales edificios religiosos representativos del románico, gótico y plateresco que existían y existen en la ciudad: San Isidoro, la Catedral de Santa María o el Convento de San Marcos.

Su protagonismo se debió a la devoción que siempre gozó entre el pueblo su imagen titular: la "Virgen del Camino", representada primitivamente como una Virgen Madre y a partir del XIV-XV por una Piedad. Era la Madre del pueblo llano, humilde, artesano; amparo de los enfermos y refugio de los desheredados. Consuelo de la población a extramuros, del León milenario, recoleto, trabajador y peregrino, alejado de los hábitos purpurados.

Esta última imagen, hoy ocupando el lugar central en su retablo del s. XVIII, está datada entre el s. XIV-XV. No existe ninguna referencia a la anterior talla, pero no se diferenciaría mucho de la iconografía mariana tradicional hasta el momento: Virgen sentada en un trono, cubierta con una amplia túnica sobre manto y velo; se muestra bendiciendo o con una flor o manzana en su mano derecha. En sus rodillas el Niño con túnica y también bendiciendo; la mayoría de las veces ambos coronados. Es la representación de la Virgen Madre.

La antigua imagen de la Iglesia de Mercado, sería con seguridad una de estas tallas románicas sedentes y con el Niño en el regazo, al estilo de la imagen titular en el Monasterio de Santa María de Sandoval, hoy en el Palacio Episcopal de León, o la que existe en el Monasterio de Gradefes. Ahora, la nueva escultura de autor anónimo, posiblemente alguien cercano a la escuela de Alejo de Vahía, presenta maneras góticas muy realistas. Está ejecutada en madera de peral y es de pequeño tamaño: 130 cm. de altura. 

Es una talla de las conocidas como Piedad (Pietá). La Virgen tiene sobre sus rodillas el cuerpo de Jesucristo tras su descendimiento de la cruz, con la cabeza caída hacia atrás y el brazo derecho completamente perpendicular al suelo. Los pliegues del manto naturales, el rostro de María de sufrimiento y de un dolor contenido y resignado, mientras contempla al hijo muerto en sus brazos. 
En algunos documentos a partir del XV se la nombra como “Santa María la Nueva” o “del Camino del Mercado” o “Nuestra Señora la Antigua del Camino”. Ahora, para los leoneses es la Dolorosa”, o como cariñosamente la denominó el compañero y amigo Máximo Cayón Waldaliso, “la Morenica del Mercado”.

¿Qué explicación puede tener que la imagen de la Virgen mantuviera a través de los siglos la advocación y título “del Camino”, y su representación cambie tan radical: de una Virgen Madre a una Piedad?
  
En primer lugar hay que destacar la rápida popularidad que adquirió este último tipo iconográfico, que tiene sus inicios a principios del s. XIV en Alemania donde se la conoce como “imagen vísperal”, haciendo referencia a la hora litúrgica de vísperas, el atardecer, momento en el que el Viernes Santo, María recibe en sus brazos el cuerpo de Jesucristo, que ha sido bajado de la cruz.

Esta popularidad puede estar unida a la referencia que se hace en la Biblia a las Lamentaciones atribuidas al profeta Jeremías, muy difundidas y de las que se han realizado múltiples versiones musicales para su uso en el Oficio de Tinieblas del Viernes Santo. Así se dice en la “primera Lamentación” (1.12): “Vosotros todos, los que pasáis por el camino mirad y ved si hay dolor como el dolor que me atormenta…”.

No es de extrañar que, en aquellos momentos debido a un posible deterioro o desaparición, o por la antigüedad y el
estatismo de la antigua Virgen Madre, modelo que ya se consideraba agotado, se optara por una representación tan popular e inspirada en las Lamentaciones de Jeremías (“… todos los
que pasáis por el camino …”
), como era la imagen de una Piedad, de una Dolorosa, que se encontraría, además, a los pies del Camino más celebrado del mundo. Esta nueva imagen serviría de guía a los peregrinos que, con destino Compostela, tenían obligada parada en la Iglesia.

Ella serviría de norte a estos caminantes, pero también sería imagen de devoción para los pobres y humildes devotos, habitantes de esta ciudad milenaria, que representaría el sufrimiento diario de supervivencia, y un consuelo permanente ante la adversidad: “… mirad y ved si hay dolor como el dolor que me atormenta…”.

La Dolorosa del Mercado sigue siendo, como su Iglesia, un edificio e imagen entrañable para los leoneses, cuya religiosidad se identifica más claramente con esta muestra, que con la suntuosidad y la pompa de otras. Desde hace años será la Dolorosa la que el Viernes de Dolores, a las 8 de la tarde, en las Vísperas, saldrá de su Iglesia para anunciar la Pasión de Cristo y el inicio de la Semana Santa en León.


Es la procesión del pueblo leonés y sus calles se llenarán del olor de la cera ardiendo, de las velas que portarán cientos de mujeres que acompañarán a la Morenica del Mercado en su dolor durante su tradicional recorrido. Y es que desde 1739 está escrito que “… no se manifieste la santa imagen a menos que se enciendan cuatro velas, por respeto debido a la venerable Nuestra Señora del Mercado”.




- Plaza del Grano. Siglo XX.
- Planta de la Iglesia del Mercado.
- Interior Iglesia.
- Santa María de Sandoval.
- Santa María la Real de Gradefes.
- Nuestra Señora del Mercado, la Antigua del Camino.
- Profeta Jeremías. Rembrant.
- Viernes de Dolores. La Morenica del Mercado en la calle.
- Velas en el Viernes de Dolores.