jueves, 24 de septiembre de 2015

Cataluña: la mentira como costumbre


El prestigioso historiador José Luis Corral ha opinado recientemente sobre los acontecimientos históricos: “Las cosas han cambiado mucho, pero siguen existiendo demasiados intereses políticos que intervienen en la distorsión de los hechos históricos y a comienzos del siglo XXI se sigue haciendo presentismo con la historia; es decir, se proyecta una idea política del presente en el pasado aunque para ello sea preciso alterarlo y adulterarlo hasta el ridículo”.

Ejemplo claro de esta barbarie son los lideres catalanistas: políticos, intelectuales, artistas, etc., todos bien untados con dinero público, que con sus falsedades y mentiras han abducido a parte de la sociedad de Cataluña. Fruto de esta gran mentira (una entre tantas), es una web turística catalana que ofrece a sus clientes distintos circuitos con el motivo de mostrar la “verdadera historia y cultura del territorio catalán”: “Barcelona es la capital de Cataluña, y Cataluña es una nación milenaria. Nuestra nación os espera para ofreceros cultura, identidad, naturaleza y simbolismo. Si queréis conocer una auténtica visión de nuestra realidad, de nuestras raíces y de nuestra historia, venid con nosotros y os acompañaremos a través de un turismo que os mostrará todo aquello que no se explica. “¿Queréis saber por qué se esconde al mundo que los catalanes hicimos el descubrimiento

de América?”, “¿Queréis visitar dónde España colgó durante doce años la cabeza del General Moragues (nuestro Breaveheart)?, ¿Queréis visitar donde sitúa Richard Wagner el lugar en que estaba protegido el Santo Grial por los Caballeros Templarios catalanes?”… etc, etc,.

Si el incauto opta por el circuito del “descubrimiento de América”, se podrá saber de primera mano que: “Cristóbal Colón era catalán, barcelonés, miembro de la familia real que llevó a la nación catalana en su expansión por el Mediterráneo, y que llego a América saliendo del puerto de Pals, en Gerona, no de Palos de la Frontera en Huelva. Es en aquella época esplendorosa que nace la concepción de la nación catalana como una unidad territorial y lingüística, entre países hermanos y de igual a igual, que reúne el Principado de Andorra, el Principado de Cataluña (con la Catalunya Norte actualmente bajo el Estado francés), el País Valenciano y las Islas Baleares. Sólo la constante voluntad de aniquilar la memoria histórica catalana por parte de los españoles explica la tergiversación de la nacionalidad de Cristóbal Colón haciendo creer que era Genovés”. No solo Cristóbal Colón es catalán, sino que también señalan como catalanes universales a Santa Teresa de Jesús y Leonardo da Vinci, a la vez que proclaman que el Quijote se escribió primero en catalán.


Este panfleto-web, también señala los 300 años de ocupación española:
“Desde la pérdida del Estado catalán en el 1714, hasta su próxima recuperación, tres han sido los momentos más críticos para la supervivencia de la nación catalana, aún hoy día no asegurada: la Guerra de Sucesión en Europa (1707-1714), para ellos Secesión, la napoleónica Campaña de España -o Guerra del Francés- (1808-1814) y la Guerra Civil española -o Guerra del Español- (1936-1939)”.

Estamos ante un  auténtico tratado de falsificación histórica promovida y financiada por un entramado político corrupto que únicamente trata de acomodarse y perpetuarse en el poder más exclusivo, dividiendo a la sociedad catalana a base de engaños, mentiras e ilusiones planetarias. La página turística también dedica especial atención a los sucesos de 1714, que se conmemoran en la famosa Diada. En aquellos fatídicos momentos y después de “un asedio sangriento de más de un año”, … Barcelona cayó en manos españolas y la nación catalana perdió su Estado de más de 700 años”.

Esta sarta de mentiras, engaños e invenciones ya viene de lejos. Uno de los primeros iluminados, más bien traumatizados catalanes por falta de historia y protagonismo, es Próspero de Bofarull i Mascaró, barcelonés y director del Archivo de la Corona de Aragón (sí, Aragón). Este individuo a mediados del siglo XIX reescribió y suprimió los nombres y apellidos de navarros, aragoneses y castellanos del “Libro de los Repartimientos del Reino de Valencia”, con el fin de destacar los nombres catalanes en la conquista del reino de Valencia por el rey aragonés Jaime I en 1238. En los años 80 del siglo pasado un historiador y filólogo catalán (posteriormente defenestrado), desenmascaró al archivero y denunció su actividad que daba todo el protagonismo a los catalanes en la conquista del reino valenciano. Por aquellas fechas, curiosamente, desapareció del Archivo el testamento de Jaime I, que establecía claramente las fronteras de los reinos de Aragón, Mallorca, Valencia y EL CONDADO DE BARCELONA. Que casualidad.

No podemos olvidar al que puede ser considerado el primer tramposo-mentiroso escritor-historiador catalán del XVII, Juan Gaspar Roig i Jalpí. Este individuo escribió el “Libro de los hechos de armas de Cataluña”, asegurando que era copia de un volumen de primeros del s. XV donde se narraban, de primera mano, los sucesos “guerreros y conquistadores” de los catalanes. Esta gran libro-mentira, descubierta también a mitad del siglo XX, es considerado todavía (en Cataluña, claro), pieza clave de la literatura medieval catalana y fuente indiscutible de su historia a través de los siglos. Todo invención, todo mentira. Esta es la VERDADERA RAZA CATALANA.

Resulta inexplicable como la sociedad catalana, dirigida por este grupo de iluminados, se lanza a un expansionismo cultural, histórico y territorial sin ningún pudor, manipulando, inventando, adecuando o apropiándose de historia y cultura ajena, con el propósito de contar con una plataforma que de respaldo histórico a sus delirantes pretensiones.

Lo grotesco del asunto, es que no existe ni patria de 1000 años, ni héroes independentistas, ni reino, ni siquiera un himno íntegro, sin manipular, ni una bandera propia… ni tan siquiera el idioma, ya que lo que ahora es catalán, todavía en el siglo XIX era denominado por los propios lingüistas catalanes como limousin (de la ciudad francesa de Limoges, un dialecto del provenzal u occitano), y hasta 1913 no se fijaron las normas ortográficas que pusieron fin a decenios de disputas para escribirlo (por cierto, suprimieron la letra ñ ¿?).

Prácticamente todo es usurpado, inexacto o inventado. Cataluña es un gigantesco trampantojo. Y como ejemplo y a vista de todos es su ingeniada y “reciente” arquitectura medieval, visitada como ejemplo constructivo por miles de turistas que quedan admirados de la grandiosidad de sus edificios antiguos. Pero todo es un gran parque temático: catedral, barrio gótico con su conocido puentecito, Monasterio de Ripoll, Casa Canónigos, Palacio Pignateli, Palacio Berenguer, etc.


Actualmente, centenares de turistas recorren cada día el barrio gótico” de Barcelona, un gran éxito económico sostenido sobre una gran mentira. El movimiento cultural catalanista del XIX, denominado Renaixenca, buscó sin cesar el “pasado glorioso” de Cataluña, entre el que
se debía encontrar un patrimonio histórico-artístico que no existía. Previamente, se fijaron en el Monasterio de Ripoll, que por aquellas fechas se encontraba en completa ruina y que se utilizaba de cantera de materiales, para dar una base sólida a su gran mentira. A finales del s. XIX se realizó una obra prácticamente nueva, de estilo “románico”, donde enterraron a sus condes y se efectuaron continuamente celebraciones y exaltaciones de la “nación catalana”. Desde entonces, Ripoll significa la prueba inequívoca de la existencia de un pasado y una grandeza artística-cultural propia. Estupendo.

Y es que la arquitectura demuestra la existencia de una “nación legendaria” y, al no existir edificaciones características con marchamo catalán, se las inventaron. Puig i Cadafalch, arquitecto, historiador del arte y político, diseñó un modelo a la carta de arquitectura medieval típicamente catalana, separándose, por supuesto, de cualquier parecido a la francesa o castellana con el fin de diferenciarse claramente de los demás y dejando bien descrito como deberían ser las construcciones, hasta aquel momento inexistentes.

Según el espabilado arquitecto la “casa catalana” debe de ser: “la obra arquitectónica que más refleje la manera de ser del pueblo (…). La casa siempre es el arte nacional surgido de la propia tierra”. Y así la describe: “Un gran portal de medio punto en la planta baja, ventanas coronellas (altas, estrechas, partidas por columnas) en la planta noble, y el último piso se remata con una galería porticada y una torre en un ángulo”.


En su demencia nacionalista, afirmó que la arquitectura catalana se había paralizado en el siglo XV cuando Aragón se unificó con Castilla, y animaba a continuar a partir de aquel momento con el proyecto histórico de la nación ¿?, recuperando el estado original de todas los
restos de casas catalanas que existían, y negando la evolución histórica natural de la Edad Media que tenían ante sus ojos. En resumen, los 400 años anteriores había que olvidarlos y construir (inventarse) la historia y el arte de Cataluña durante esos más de cuatro siglos.

Con esa plantilla fantaseada, arquitectos posteriores realizaron numerosas rehabilitaciones, mejor dicho, reinvenciones, comenzando por inventarse un barrio medieval en la ciudad: el “Barrio Gótico”. Se abrieron calles, se reconstruyeron casas enteras, se derribaron otras, se intercambiaron fachadas, se inventaron puentes elevados, se trasladaron columnas, se abrieron galerías, nuevas ventanas, se reorientaron edificios, … apenas nada es original. Es el “barrio que nunca existió” y de “gótico” … nada, de la primera mitad del siglo pasado (Ver detalle en: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-371.htm). De esta manera, se crea poco a poco el parque temático del “Barrió Gótico”, del que también forma parte su conocida catedral.


A finales del siglo XIX, la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia de Barcelona, ofrecía un aspecto paupérrimo, desolador, feo y sin estilo definido. Esto no se podía tolerar, no se ajustaba a la historia que necesitaban. Antes de comienzos del s. XX, se le superpuso una fachada gótica y varios años después se añadió un cimborrio, dando como resultado un “espléndido templo gótico milenario” donde actualmente se agolpan los turistas-incautos para disfrutar de esta “joya arquitectónica”, y en la que los fines de semana se puede contemplar grupos de vecinos frente a su portada danzando al son de las populares sardanas.


Este baile tan venerado por el nacionalismo, que lo considera ancestral, no se perfila hasta el siglo XIX como música y baile único del folclore catalán. Pero esto no ha sido siempre así. Los bailes más típicos catalanes fueron una primitiva sardana, pero también la jota y el “españolito”. Como en la arquitectura, los regionalistas “depuraron” las danzas que contaban con puntos en común con las del resto de España, promocionando una nueva sardana y anulando y negando el resto de danzas tradicionales, haciendo de la primera el genuino y único “baile catalán”. El creador de la sardana moderna, tal como hoy la conocemos, fue Pep Ventura a mediados del XIX, inspirándose en la ópera y en la zarzuela. Por cierto, este músico se llamaba en realidad José María Ventura Casas y era andaluz, había nacido en Jaén (muy tradicional).


Pero esta locura no tiene límites. La página de turismo de la que hemos hablado al inicio, afirma que la catalanidad tiene sus orígenes en la tradición helena gracias a los griegos llegados a Ampurias en el s. VI a C. Estos griegos no llegaron directamente desde Grecia, sino que se trasladaron desde la cercana colonia de Marsalia (Marsella), pero según los creadores o promotores de esta web, esta tradición helénica:
“… ha estado siempre presente y consciente en nuestra nación, y ha marcado el talante de nuestra historia como base democrática y tolerante, versus el origen del derecho romano de los españoles y franceses, de tradición impositiva y siempre cercana a la inquisitoria Iglesia de Roma.” “Así pues, el espíritu griego de democracia impregnó los esplendorosos siglos X al XV en todo el Casal catalán (la corona Catalana y Occitania) con la creación de movimientos e instituciones como “Paz y Tregua” (siglo XI) o las “Cortes Catalanas” (siglo XII). Y este pensamiento animó a la Renaixenca catalana en el s. XIX como recuperación a través del arte de los orígenes helénicos de la nación.”.


Gracias a esta publicación nos enteramos que, después de transcurridos 25 siglos, los valores y el espíritu heleno que impregnaron el Mediterráneo, se encuentran únicamente refugiados y depositados en los hombres y mujeres catalanes (Véase familia Puyol y 3%), al haber caído todas las distintas civilizaciones mediterráneas en poder del mundo musulmán, cristiano o bajo el imperio arbitrario del derecho romano.

Josep Pla, escritor y periodista catalán (1897-1981), inexplicablemente medalla de oro de la Generalidad, reclamaba una nueva generación de historiadores catalanes que fueran fieles a la verdad: “¿Tendremos algún día en Cataluña una auténtica y objetiva Historia? ¿Cuándo tendremos una Historia que no contenga las memeces de las historias puramente románticas que van saliendo?”.


- Voluntarios catalanes bajo la bandera de España.
- Mas.
- El nuevo Colon.
- Manel
Próspero de Bofarull i Mascaró
- La Raza Catalana
- Mingote
- Monasterio de Ripoll
- Plantilla para la casa catalana.
- Barrio gótico?
- La catedral antes y ahora
- Casa de los Canónigos
- La sardana
- Ricardo








lunes, 31 de agosto de 2015

PLAZA MAYOR DE LEON (II)



El proceso de construcción de la Plaza Mayor leonesa comprende un periodo de 23 años: de 1654 a 1677. En este espacio de tiempo se distinguen claramente dos etapas constructivas: la comprendida desde el incendio ocurrido en 1654 hasta 1673, año en el que se acuerda una nueva ampliación del primer proyecto; el segundo periodo alcanzaría desde 1673 a la conclusión prácticamente de la obra en 1677.

En la primera fase, el proyecto primitivo del jesuita Antonio Ambrosio se sustituye por el que realiza el arquitecto Francisco del Piñal. En este nuevo plan se contempla el traslado al lado occidental de la plaza de la mencionada Casa de las Panaderías una vez desmontada de su antiguo emplazamiento en la calle Santa Cruz. El traslado del edificio ocupará tres años: de 1654 a 1657.

Siguiendo el nuevo proyecto de Piñal, se trabajará también en otros lugares del solar: se derriba, en el lado norte, parte de la muralla romana que entorpece las obras, se levantan algunos arcos y se construye la conocida escalerilla que unirá la plaza con Puerta Sol. Un asunto administrativo significativo a tener en cuenta en esta primera fase, es el fallo que en 1673 emite el Consejo de Castilla a favor del Municipio leonés para que se celebre la corrida de toros prevista en el área de la nueva plaza, en detrimento de los derechos que invocaba el Cabildo para que realizase, como venía haciéndose hasta el momento, en la Plaza de Regla.

En 1672 Francisco del Piñal propone al Municipio un proyecto de ampliación del solar, que se aprueba al año siguiente siendo ya corregidor D. Juan de Feloaga. Se abre una nueva fase o etapa en la transformación del espacio, derribándose y perdiéndose definitivamente el inmueble de la Casa de las Panaderías que no encaja en el nuevo proyecto, y al año siguiente, en 1674, se encarga al propio Francisco del Piñal el edificio que presidirá y preside la plaza: el Mirador, llamado también Pabellón o Casa del Consistorio, que será la construcción representativa del poder civil en la ciudad.


Este nuevo edificio, característico del Barroco, fue finalizado en 1677, quedando centrado en el lienzo occidental y adosado al ábside de la iglesia de San Martin. Es un palacio rectangular con torres a ambos lados rematadas con chapiteles; consta de cuatro plantas: bajo, primer piso, segundo piso y un tercer piso en las torres que lo flanquean. En la cornisa e interrumpiendo la balaustrada, de alza una peineta donde se instaló un reloj en el s. XIX.

El Mirador descompone el programa de altura de las edificaciones de la plaza, siendo protagonista y punto de atracción visual del conjunto. Desde su edificación apenas ha sufrido modificaciones, salvo la realizada en el s. XIX en el que se le abren dos accesos en los laterales destinados al establecimiento del Peso Real, llamado también Peso Merchán (aduana por la que debían pasar determinados artículos para ser fiscalizados: pescado, carne, especias, etc.). También fue sede de una academia de dibujo, archivo de la milicia, fue escuela pública municipal, Registro Civil, sede de los Juzgados y Gota de Leche. Actualmente se realizan actividades propias del Taller Municipal de Artes Plásticas y sede de la Junta de Cofradías de la Semana Santa.

Aunque el edificio aparenta un Ayuntamiento al uso, resulta quimérica su utilización administrativa debido a su estrechez y superficie interior: 32 metros de largo por 5,30 de ancho. En un primer momento su por los responsable del Municipio se centró en ser almacén de mercaderías pero, especialmente, tribuna o balconada presidencial durante las celebraciones y festejos, función que todavía hoy persiste en algunas celebraciones. Desde su balcón principal se realizaban las proclamaciones reales, pregones públicos, se utilizaba como tribuna para espectáculos, se presenciaban ajusticiamientos o se efectuaban sermones.


Como curiosidad destacar que a mediados del siglo XIX, en un año sin determinar, Gustavo Adolfo Bécquer estuvo presente el día de Viernes Santo en la Plaza Mayor de León. El poeta sevillano cuenta así la experiencia: “En uno de los balcones del piso principal de la Casa del Consistorio (Mirador), y bajo dosel, se coloca un sacerdote, el cual, forzando la voz de modo que pueda hacerse oír de los fieles que ocupan el extenso ámbito de la plaza, comienza a trazar a grandes rasgos y en estilo tan dramático como original todas las escenas de la Pasión y la Muerte del Redentor del mundo.

Durante el sermón, el paso de Jesús Nazareno con la cruz a cuestas está al extremo de la plaza, a la derecha del predicador y en un momento determinado los de San Juan y la Virgen de las Angustias comienzan a bajar por una de las calles próximas y en dirección contraria.

Cuando unos y otros se encuentran comienza lo más importante de la ceremonia. El predicador interroga a los sagrados personajes o habla con ellos; otras veces se dirige a la multitud, explica la escena que se representa ante sus ojos, y con sentidos apóstrofes y vehementes exclamaciones trata de conmoverla, despertando por medios de sus palabras, que ayudan a la comprensión y al efecto de las ceremonias, un recuerdo vivo del encuentro de Jesús con su Santa Madre en la calle de la Amargura”.


En 1677 la Plaza Mayor de León está prácticamente finalizada. A pesar de las reformas y cambios en su trazado, no fue posible conseguir un cuadrado perfecto. El resultado es un recinto trapezoidal que ocupa algo más de 4.000 m2, se encuentra rodeado de soportales conformados por arcos de medio punto sobre pilares de piedra, que soportan dos plantas de viviendas realizadas en ladrillo. La primera planta se encuentra articulada por un balcón corrido y la segunda posee balcones independientes. Solamente en el lado del Mirador, en la parte occidental, se interrumpe la sucesión de los soportales.

En el verano de 1695 la Plaza Mayor sufrió un nuevo incendio de grandes proporciones y con fatales consecuencias. El fuego se cebó en algunas edificaciones del lado sur y otras de la zona este. Durante tres largos años y debido a una gran crisis financiera municipal, el conjunto mantuvo un estado de abandono. Poco a poco comenzó su restauración que implicó una importante modificación en el sector este, en el que se abrió un paso que, mediante bóveda, unía la plaza con la calle Caño Badillo, como se recoge en el conocido plano del padre Risco del s. XVIII (nº 22 Puerta de Caño Badillo).



Este paso abovedado se debió eliminar a raíz de un nuevo incendio que se produjo en 1946 y que, casualmente, también afectó a las viviendas de la panda este de la plaza. Varios años después, en 1958, el Ayuntamiento se hizo cargo de los solares incendiados construyendo un pequeño edificio en piedra al que añadió una pequeña torre con chapitel, que fue sede durante el resto del siglo XX de la policía local y, en sus últimos años, oficina y almacén arqueológico municipal. Hoy ese edificio alberga un moderno hotel.



El acceso a la plaza es bastante heterogéneo. En el ángulo noroeste dos calles muy próximas: Plegaria y Mariano Berrueta, separadas por un acceso peatonal, en parte porticado y con algunos escalones: calle Escalerilla. En su ángulo suroccidental, la calle Santa Cruz y dos accesos peatonales: calle Matasiete (porticado en parte) y la peatonal Ramiro III; éstas dos últimas también disponen de graderías para acceder a la plaza. En el rincón opuesto, en el noroeste, otro paso peatonal en parte porticado, la calle Bermudo III, por el que se accede a la calle Caño Badillo. Por último, en la zona sureste, la conocida y tradicional escalera abovedada que salva mediante empinados escalones el importante desnivel entre la plaza y la calle Puerta Sol.

Muchos de estos accesos, muy arraigados en el paisaje urbanos leonés, son protagonistas de tradiciones y leyendas muy conocidas en la ciudad: la caída y muerte del coracero francés y su caballo por la escalera que accede de la plaza a la calle Puerta Sol, la reyerta de espadachines en la calle Matasiete en defensa del rey leones Alfonso IX o la conocida “plegaria” el día de Viernes Santo ante la Virgen Dolorosa de Doña Constanza, madre del pequeño Alfonso XI, ante la persecución a muerte que sufría el Rey niño.

La Plaza Mayor de León fue el centro comercial de la ciudad continuando con la tradición de aquel espacio extramuros dedicado a mercado desde tiempo inmemorial. A pesar de los dos mercados semanales, en sus soportales se situaron comercios y tiendas, principalmente alimenticias que, con el tiempo, se reubicaron en la Plaza del Conde. Allí se dispusieron boticas, ferreterías, platerías, artesanía, telas, etc., todo entramado comercial del s. XIX, antes de su expansión por otros lugares de la ciudad siguiendo el desarrollo urbanístico. Allí se encontraban las casas comerciales con más solera de León: Pallarés, Lobato, etc…

La Plaza leonesa es la sexta Plaza Mayor más antigua de toda España: Valladolid (1561), Toledo (1589), Madrid (1590), Almagro (1654), Tembleque (1657) y León (1657), y, posiblemente, la más representativa del s. XVII al no haber sufrido, prácticamente, ni cambios ni alteraciones importantes, salvo los dos incendios en algunas de sus casas, desde su finalización. Decimos esto porque la plaza de Valladolid, a pesar de haber sido el modelo a seguir, sus actuales edificios son todos modernos, incluido el Ayuntamiento. Recientemente, todos sus edificios ha sido pintados de almagre a imagen de la Plaza mayor de Madrid, para dar una cierta homogeneidad al conjunto.

































Del mismo modo, la plaza madrileña, aunque el espacio data de finales del s. XVI (1590-1610), ha sufrido tres destructivos incendios. Los edificios actuales datan de 1790, siglo y medio más tardíos que los de León. El resto de plazas más antiguas: Toledo, Almagro o Tembleque, aunque forman bellos y atractivos conjuntos, no mantienen la forma convencional ni los condicionantes ni características de las Plazas Mayores españolas. Es verdad que a la plaza leonesa carece de las dimensiones en espacio y edificios que le puedan dar la grandiosidad de otras, pero la regularidad de su plano, su pórtico continuo y su Mirador, le dan la fastuosidad necesaria para no desmerecer ni desafinar con ninguna de las grandes plazas clásicas.


Sin embargo, si se realiza una consulta en “internet” sobre “las plazas porticadas más bellas de España”, “las plazas más bonitas e interesantes de España”, “cuál es la Plaza más bonita de España” o “las mejores plazas de España”, etc., etc., será difícil encontrar entre ellas la plaza leonesa. Es verdad que no se puede comparar con la espectacularidad que ofrecen las plazas de Madrid, Santiago, Salamanca … o la monumentalidad que ofrece la de Sevilla, pero que figuren seleccionadas por delante de la leonesa conjuntos como el de Sigüenza, Aínsa, Arévalo, Pedraza y hasta el de Bilbao, Vitoria, Avilés, Burgos, o San Sebastián, resulta paradójico. 

Todo esto es producto del mismo virus que desde décadas padecemos: la ineptitud en la promoción y divulgación de nuestro patrimonio a cargo de los comisionados para ello. León posee una historia y un patrimonio artístico y natural difícil de igualar. No obstante, la torpeza e incompetencia de nuestros políticos, no importa el partido que gobierne, impide que León muestre su verdadero potencial turístico con fomento y desarrollo de eventos que evoquen y den a conocer sus legendarias tradiciones, su envidiable pasado romano, su inigualable epopeya medieval, o, mismamente, su importante tradición cultural judía, sin contar con sus construcciones barrocas, como nuestra Plaza Mayor, las joyas renacentistas, sus envidiables edificios modernistas o su revolucionaria arquitectura actual.








jueves, 18 de junio de 2015

Vegarada–Hoces del río Pino–Felechosa



En el mes mayo, en pleno apogeo de la primavera, se decide nuevamente disfrutar del espectáculo que siempre ofrece siempre esta estación en la montaña. El sábado 23 de mayo, a pesar de que esta vez la ruta elegida recorrerá, prácticamente en su totalidad, la provincia de Asturias, tendremos también ocasión de admirar los sugestivos paisajes que, desde la capital y durante 66 Km, nos trasladarán a través de Los Argüellos, comarca leonesa declarada por la Unesco Reserva de la Biosfera en 2005, a tierras asturianas. La travesía, de aproximadamente 14 km., discurrirá desde el puerto leonés de Vegarada a la localidad asturiana de Felechosa, atravesando las Hoces del Río Pino, paraje declarado Monumento Natural.



La Reserva de la Biosfera de Los Argüellos es un ejemplo representativo de un ecosistema característico de la Cordillera Cantábrica. Se encuentra en la zona central del norte de la provincia de León y su singularidad es fruto de su exclusivo paisaje, que articula su calidad estética con el interés cientíbiosfera_0fico.

Sus innumerables hendeduras, barrancos o cañadas y sus formaciones kársticas, resultan indispensables para entender los procesos geológicos de formación y transformación de la Cordillera, personificando la única muestra europea que ofrece un ecosistema de alta montaña muy cercano al mar y con una altitud moderada. Este ecosistema y su sorprendente orografía hacen de Los Argüellos un rincón único de la provincia de León para visitar y disfrutar, y mucho más en esta época.

Puente de Lugueros

La llegada a la localidad de La Vecilla, a 39 Km. de la capital y puerta natural de Los Argüellos, supone una explosión en el paisaje. Se imponen y son protagonistas las grandes masas calizas que sobresalen entre las praderías y bosques de las laderas. Desde esta localidad se continua hacia el norte siguiendo el curso del río Curueño por la antigua Calzada de la Vegarada, vía plagada de puentes de piedra que tienen su origen en la romanización y en el medievo. Restaurados convenientemente para preservar su futuro, el Ayuntamiento de Valdelugueros, dispone y facilita amplia e interesante información sobre estas antiguas e interesantes construcciones: www.mancomunidadcurueno.com/wp-content/uploads/rutadelospuentes.pdf
Cerulleda

Un escritor mediático local ha denominado al Curueño como “rio del olvido”, afección “poética” que actualmente parece tener éxito con el fin de atraer el turismo a la comarca, pero que no cuenta con tradición alguna. Es probable que la denominación esté “influenciada” por el río orensano Limia o Río del Olvido (Festa do Esquecemento en Xinzo de Limia), que si cuenta con una hermosa leyenda de tiempos prerromanos: www.fonsado.com/2008/06/el-guila-de-decio-junio-bruto.html.


Pero el Curueño no necesita ninguna invención elocuente o retórica. El Curueño es un río de historia, de memoria, pero también de presente y de futuro, que ofrece un espectáculo natural inconfundible al visitante. Es indiscutible su protagonismo en esta Reserva de la Biosfera y forma parte de lo que en Valdelugueros se denomina “Huellas del Paraíso”, dejando él su propia y característica huella en la roca viva a lo largo de varios kilómetros.
Huellas del Paraiso
Este curso fluvial de escasos 50 km., es la estrella de uno de los paisajes calizos más bellos y mejor conservados de toda la Cordillera Cantábrica: las Hoces de Valdeteja. Este fenómeno natural conforma un desfiladero de casi 5 km. originado por el curso del río, que busca, en su discurrir hasta su desembocadura en el Porma, las partes más débiles de las grandes elevaciones calizas de la Orogenia Alpina. Se impone la presencia de numerosos pliegues, fallas o cabalgamientos, que hacen que, en algunos lugares, las paredes calizas se estrechen y se vuelvan prácticamente verticales, con alturas que pueden llegar a los ochocientos metros.

El autocar en el que viajamos asciende lentamente por la estrecha y sinuosa carretera que recorre serpenteando el lecho del Curueño, permitiendo observar detenidamente las praderas de altura que, tímidamente, ocupan los espacios que dejan libres las masas calizas y las numerosas retamas que lucen en estos días, gracias a su desbordante floración, un amarillo insultante.

Patrimonio hidrulico del duero. Balnario de Nocedo

Tras cruzar la localidad de Valdepiélgo y a medio kilómetro al norte de Nocedo de Curueño, descubrimos, en la margen izquierda del rio, la silueta del antiguo balneario de Caldas de Nocedo. El balneario, muy conocido y frecuentado en su momento, es una construcción emblemática en este paisaje. Abrió sus puertas en 1900 y, después de pasar numerosas etapas a lo largo del s. XX, cerró sus puertas en 1986, encontrándose desde entonces abandonado y en permanente ruina. Miles de leoneses, y también de otras provincias limítrofes durante la primera mitad del s. XX, aliviaron sus dolencias gracias a sus aguas califiSan Salvador de Oviedocadas como oligo-mineralizadas, bicarbonatadas y nitrogenadas, indicadas para los tratamientos reumáticos, pero también para las deficiencias y problemas en las vías respiratorias y digestivas.

Tras dejar Nocedo y el pico Cueto Ancino a la derecha (1734 m., el conocido como K2 leonés), se entra en el municipio de Valdelugueros, atravesando las localidades de Tolibia de Abajo, Lugueros, Cerulleda, y Redipuertas. Dejando la carretera que parte hacia Riopinos y la Estación Invernal de San Isidro a nuestra derecha, continuamos por la LE 321 hacia el Puerto de Vegarada, uno de los pasos más altos de la Cordillera Cantábrica con 1560 metros de altitud. Este vado montañoso, final de la Calzada de la Vegarada y que une la provincia leonesa con el concejo asturiano de Aller, es conocido desde antiguo y se utilizó frecuentemente como ruta militar, paso de ganado y calzada de arrieros. Pero tuvo también su importancia como camino de peregrinación hacia San Salvador de Oviedo: “Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado pero no a su señor”.

Casa del Puerto de Vegarada

Antes de la llegada al puerto y debido a la estrechez de la carretera, la parada se realiza delante de la Casa de Vegarada, conocida de antiguo como Casa del Puerto, a escasos metros de la cima. Esta construcción tiene su origen en una primitiva ermita y hospital que estuvo bajo la advocación de la Virgen delCamapana de Vegarada Carmen, donde se auxiliaba a los peregrinos enfermos o necesitados. Desde la Casa del Puerto, en los complicados y frecuentes días de temporal, se hacía sonar repetidamente una campana cuyo tañido servía para orientar y guiar a los viajeros y peregrinos hacia el paso montañoso. Quien visite el Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas, podrá contemplar esta histórica campana que fue la salvación de muchos arrieros y devotos peregrinos.

Con la desamortización del XIX esta posesión propiedad de la Iglesia fue adquirida por el Municipio. Actualmente permanece en una eterna remodelación Nueva Casa Puerto Vegaradapara su conversión en complejo hostelero o, como otros señalan, en un Centro de Interpretación dependiente del Ayuntamiento de Valdelugueros.

Sobre las 10 de la mañana y con un desagradable viento frío, propio de la altura, iniciamos la ruta siguiendo la carretera que, en dirección oeste y en suave ascenso, continúa hacia la cima. La zona leonesa del puerto es más propicia al viento y a las bajas temperaturas que la franja asturiana a menos altura y más protegida. Aquí el bosque apenas se apunta, sin embargo, es el paraíso de los arándanos, de las retamas y del brezo, sienIMGP0126do estos dos últimos, en plena floración, quienes cubren copiosamente las laderas, ofreciendo un bello contraste entre el enérgico amarillo de la retama y el morado intenso del brezo.

A nuestra izquierda los perfiles y significativas alturas de Puerta de Faro y pico el Huevo, que sobrepasan los 1700 metros, manteniendo todavía cuantiosos neveros. A la derecha, en el horizonte, el conocido pico Jeje que supera los 2000 m.

Antes de llegar a la raya del puerto, todavía en territorio leonés, a la izquierda y en una peña de poca altura, se localiza uno de los bunkers de la guerra civil que defendió el ejército republicano. Consta de una casamBunkerata de hormigón para armas automáticas, trinchera excavada en la roca y varios parapetos para fusilería. En octubre de 1937 y tras el asalto de los nacionales a los puertos de la Cordillera, esta posición es tomada sin resistencia ante la huida republicana.

En lo alto del puerto (1560 m), límite entre Asturias y León, finaliza la carretera y se inicia la pista que desciende hacia tierra asturiana. Es en lo alto del puerto de Vegarada donde nace el río Curueño. Hay quien señala y fundamenta que el nacimiento se produce hacia el este, en una de las laderas del pico Toneo (2094 m), en IMGP0019la zona de Fuentes de Invierno. Pero más consistencia tiene la propuesta de que las primeras aguas del Curueño surgen en el lado meridional del Puerto de Vegarada, cerca de la zona conocida como Charcos Cochaína a 1600 metros.

Nada más iniciar el descenso el cambio de temperatura es instantáneo. Prácticamente desaparece el viento y el Sol cobra, poco a poco, protagonismo, apuntando un espléndido día. Inmediatamente surgen las brañas asturianas de Vega de Reina, con sus antiguos refugios que se han convertido, gracias a la rehabilitación, en pequeñas fincas de verano.

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Se continua en dirección noroeste hacia la zona conocida como Brañuelas, dejando a nuestra izquierda los farallones repletos de neveros de Les Morteres y Mayéu del Chegue, y atravesando, ya a la altura de IMG_1042las moles del Llanón a 1487 m., un carrascal, como llaman por aquí al acebal, en el que muchos de los ejemplares “femeninos” conservan todavía sus frutos rojos, propios del otoño-invierno. Entre ellos se distinguen incipientes avellanos, hayas o brotes de roble que pugnan por crecer entre el cerrado acebal.

Inesperadamente y ocupando espacios selectivos en las praderías, descubrimos brañas ocultas entre la arboleda, alguna de las cuales se revelan por el particular y IMG_1043seductor sonido del agua al romper sobre la superficie de los abrevaderos dispuestos para el ganado. En el entorno, se nota el esfuerzo del hombre que, mediante maquinaria moderna, trata de ganar espacio para pastos rozando las retamas que se aferran vigorosamente al suelo con sus potentes raíces.

La pista asciende hacia el norte, hacia el Collado Caniella, conocido también como Caniecha (1537 m.), que cruza por el sur lIMG_1050a conocida Serranía de las Fuentes de Invierno. El collado se encuentra a los pies de Peña Caniella (1627 m) y la collada Palmian. Desde lo alto se obtiene una vista extraordinaria del valle de la Camperina y las cumbres de los picos Caorna y Cicuela. Hacia el norte y enmarcada en el valle Caniella, por el más tarde descenderemos, las cumbres de la Serranía de las Fuentes de Invierno, con Peña Pandos como fondo.

Parada obligada en la collada junto a una pequeña laguna, que sobrevive milagrosamente, donde se renuevan fuerzas y se formaliza la foto de rigor de “todos juntos”, teniendo como marco el espectacular paisaje y una mañana espléndida.

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Se inicia el descenso en dirección norte por la pradería que lleva hasta la majada Caniella, con sus cabañas y abrevaderos construidos al refugio que, en cierta medida, le ofrecen las alturas. Muy cerca comienzan los primeros signos de lo que IMGP0063será un “rio de piedra” que, lentamente, se va estrechando y haciéndose más pedregoso. Es el conocido como Valle Caniella, garganta estrecha y pendiente en forma de V, formada por acumulaciones de rocas de mediano y pequeño tamaño (cantos rodados, guijarros o detritus rocosos), producto de la erosión y las glaciaciones en un antiguo cauce.

En varios puntos el estrecho sendero que atraviesa el valle se ha empedrado convenientemente para hacerlo más asequible para el ganado, al ser paso obligado, a lo largo del tiempo, para los pastos de Caniella y Vegarada a lo largo del tiempo. Según se desciende, la vegetación se hace más abundante, apareciendo abedules, hayas y robles, alguno de ellos espectacular. Asimismo, la vegetación rastrera y plantas como calabaceras, helechos, musgo, etc., ocupan y ocultan parte de las rocas y cubren las laderas del camino.

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Brezo de Primavera











Siempreniña

























Aparece ahora abundante floración, logrando identificar a grupos de gencianas amarillas, todavía incipientes; varios gamones que comienzan a florecer, uñas de gato mezcladas con las doradas genistas, vistosos brezos de primavera con sus “campanillas” malvas y la solitaria siempreniña. En el medio del camino dos ejemplares prodigiosos de espino albar, nos reciben con su espectacular fluorescencia blanca.

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El final del estrecho valle Caniella da lugar de nuevo al espacio abierto con su potente vegetación y las masas calizas coronando las alturas. Entre las rocas se distingue alguna que otra gruta; es la zona conocida como las Cuevas. La integración es a veces tan poderosa entre vegetación y riscos que permite descubrir como un viejo tejo, hunde sus raíces en plena roca ofreciendo una visión insólita.

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La pista es ahora un pequeño sendero que discurre por la ladera de la majada de las Campas hasta nuestro próximo y esperado objetivo: las Hoces del Río Pino, considerado Monumento Natural desde el 2001 por el Gobierno del Principado de Asturias.

La vegetación se multiplica y aparecen, salpicando las praderas y las grietas de las rocas, pequeñas muestras de las flores autóctonas de la Cordillera Cantábrica: los morados de las calabaceras o la coronilla de fraile, el amarillo de los adonis, gencianas, genistas, retamas o jarillas, el blanco del espino o del cantarillo… A nuestra izquierda la mole inconfundible de caliza de Peña Redonda de 1836 m.

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Se pierde velozmente altura en rápidas vueltas a la altura del aprisco de Fontil, dejándose oír ya en la lejanía el sonido del agua rompiendo en bruscas torrenteras. Antes de bajar al río Pino, que desciende impetuoso desde su nacimiento en Peña IMG_1091Redonda, nos asomamos a él desde un comprometido y escarpado mirador de roca que se levanta a considerable altura sobre el lecho del arroyo, justo en el nacimiento de las Hoces.

Tras la privilegiada perspectiva, descendemos directamente al denominado Posaero, lugar del río en el que se pueden admirar las espectaculares torrenteras desde el rústico puente que cruza su estrecho cauce, justo en la bifurcación que señala la subida en dirección a Peña Redonda. 

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La parada es imprescindible. Desde el pequeño pontón se puede disfrutar del espectáculo que ofrece la fuerte corriente que salva ruidosamente, mediante pequ
IMG_1138eñas e impetuosas cascadas, las rocas que se interponen en su curso para encajarse seguidamente por la estrecha y pendiente hoz, multiplicando su vivacidad y sonido al romper en numerosos rápidos.

El arroyo Pino, que nace en las estribaciones de Peña Redonda, tiene una longitud de apenas 6 km en los que salva un desnivel de 800 metros. En su tramo medio se encuentra un estrecho desfiladero de paredes verticales originado al erosionar el agua un determinado grupo de roca caliza, que en algunos puntos no llega a 6 metros de anchura.

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Después de un pequeño descanso para contemplar el espectáculo, continuamos a través del desfiladero siguiendo el arroyo. En varios tramos el sendero está pavimentado con grandes losas de caliza, con el fin de que el ganado pueda moverse cómodamente a los pastos de Caniella y Vegarada. La vegetación en el tramo de las hoces resulta escasa debido a la verticalidad de las paredes. Solamente algún tejo y pequeños ejemplares de sauces o alisios. Cerca de la orilla y entre las fisuras de las rocas: helechos, musgos, escuernacabras, chupamieles y, sobre todo, los brotes blancos de la milenrama o planta de Aquiles, planta con la que cuentan que el héroe aqueo curaba las hemorragias de sus soldados durante la Guerra de Troya; en un rincón un bello ejemplar de genciana o gitanilla azul de los prados.

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Genciana o ginanilla de los prados













Una vez superadas las hoces se abre a ambos lados del valle, un extenso hayedo que alterna con pastizales que llegan a ocupar las vaguadas, y laderas de brezales que dominan parte del paisaje. En el tramo final del curso del rio Pino, antes de su desembocadura en el río San Isidro, ya en la localidad de El Pino, se transforma la cubierta vegetal, donde predomina los prados de siega y cultivos forestales, entre los que prevalecen las plantaciones de castaños.

IMG_1175Siguiendo ahora el tranquilo río por una ancha y cómoda pista, encontramos a nuestra derecha un arroyo canalizado y dispuesto como fuente. Se trata de la fuente de Gavilanceras, fotografiada mil veces, y que da nombre a la majada que se encuentra a escasos metros. Muy cerca, al borde del camino, un viejo, retorcido y carcomido tejo, nos sorprende por su enorme tamaño y silueta de cuento.

Cruzamos el río por un antiguo puente de piedra, Puente el Vao, para llegar al conocido Molín de Peón, antiguo molino restaurado y minicentral hidroeléctrica, reconvertido en la actualidad en criadero de alevines de trucha con el fin de repoblar de esta especie los ríos que lo precisen (Centro Ictiogénico el Marabayu).

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ras cruzar el puente y dejar atrás el Molín de Peón, el arroyo fluye ahora por nuestra derecha. En el camino una nueva fuente muy conocida en el lugar de aguas ferruginosas, con la Santina en una pequeña y rústica hornacina, merece una parada para probar el agua. Es la fuente de la Salud, en la senda señalada como Verde Foyoso que nos llevará en pocos minutos hasta la localidad de El Pino. 

Nada más entrar en la población franqueamos una bella ermita abandonada, construida en canto rodado y que conserva una pequeña espadaña cobre la entrada que aún mantiene su campana. Más adelante y amenazando ruina, la conocida como Casa de la Torre que debe su nombre a una torre circular de origen medieval que quedó englobada en un edificio construido en el S. XVII y que, con el tiempo, desapareció. La actual estructura es del año 1928.

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En apenas un kilómetro llegamos a Felechosa, población que ha desarrollado a lo largo de la carretera, siguiendo también el río San Isidro que desciende de la Estación de Invierno del mismo nombre. Gracias a la cercanía de la Estación de Esquí,  Felechosa ha pasado a ser un gran centro turístico, de ahí la proliferación de establecimientos hosteleros.
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Es el final de la ruta y el lugar elegido para reponer fuerzas después de los 14 km. de travesía. El último tramo hasta encontrar el Hotel-Restaurante Peña Pandos, que se encuentra al final del pueblo, se hace interminable.

Una vez acomodada la impedimenta necesaria para la marcha y realizado un pequeño aseo, llega el momento de  disfrutar, antes de la comida, de unas cervezas y, como no, de unas botellinas de sidra que se agradecen tras la ruta y el calor, que ahora castiga.

El restaurante tiene preparado un menú que, a pesar de no ser típico asturiano como hubiéramos deseado, deja a todos muy satisfechos. Mientras se da cuenta de varios platos bien preparados y acompañados de un Mil Hojas, vinito suave de la Rioja, se comentan las anécdotas y la espectacularidad de la ruta, sin dejar de proponer diferentes ideas para una próxima escapada, que deseamos sea pronto.


Cordero
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