lunes, 28 de septiembre de 2020

Conquista normanda de Inglaterra


 


El 28 de septiembre de 1066, hoy hace 954 años, se produce un suceso trascendental en la historia de Europa. Guillermo, duque de Normandía, desembarca en el sur de Inglaterra con un importe contingente de normandos, bretones y francos, construyendo una fortaleza de madera en la costa, en Hasting al sur de Londres, desde la que asola los territorios circundantes, siendo el inicio de la conquista de la isla.

Dos sucesos unen al duque de Normandía y rey de Inglaterra con el Reino de León. El primero de ellos forma parte de la leyenda y se refiere a que el duque Guillermo se llevó a Inglaterra un caballo leonés que montó en la célebre y decisiva batalla de Hastings, donde el animal murió durante combate. En el Tapiz de Bayeux se le representa como un bello ejemplar negro, con una cruz esbelta y rasgos árabes, completamente distinto al resto de equinos. Había sido un regalo del señor de Longueville, Walter Giffard, que lo había adquirido durante su peregrinación a Santiago de Compostela en el año 1064.


El otro hecho, éste histórico, se refiere a que el monarca leonés Alfonso VI tras la anulación de su matrimonio con Inés de Aquitania por la esterilidad de la reina, acordó su matrimonio con Ágatha de Normandía, hija de Guillermo y Matilde de Flandes, que había estado prometida con el rey Harold antes de la invasión. La muerte prematura de Ágatha en 1080, frustró el compromiso por el que la princesa normanda podría haber sido reina de León.


La historia de la conquista a grandes rasgos es la siguiente: Eduardo “el Confesor”, rey de Inglaterra, anciano y sin herederos, designa como sucesor a su cuñado Harold. Como teme que no se le reconozca a su muerte, ya que el duque de Normandía, Guillermo, primo suyo, pretende el trono inglés, envía a Normandía al propio Harold con una misión que, en realidad, no se conoce exactamente. En el viaje Harold y su gente caen en manos del Conde Guy, que después de varios emisarios entrega el prisionero a Guillermo.



Harold, ahora huésped de Guillermo, le acompaña y apoya en distintas campañas militares en Bretaña, es armado caballero por el duque, le hace jurar fidelidad sobre las reliquias en la antigua catedral románica de Bayeux y se compromete en matrimonio con la hija de Guillermo, Ágatha de Normandía. Harold regresa a Inglaterra, pero a la muerte de Eduardo se erige como rey sajón olvidando y despreciando el juramento y compromiso que había adquirido en Normandía. Ante la ingratitud y traición de Harold, Guillermo se ve legitimado para exigir el trono preparando un poderoso ejército que invade Inglaterra el 28 de septiembre de 1066 y vence a Harold en la Batalla de Hastings, coronándose posteriormente como rey de Inglaterra.


La historia de la conquista está maravillosamente narrada en el Tapiz de la Reina Matilde (esposa de Guillermo), conocido popularmente como Tapiz de Bayeux. El Tapiz es una obra de arte única y un documento histórico de primer orden que narra en imágenes la aventura normanda. Contiene infinidad de detalles interesantes que ilustran casi todos los aspectos de la vida en el s. XI: equitación, armamento, vestido, construcción y navegación de naves, cocina, caza, etc. Una profusión increíble de imágenes: 37 edificaciones, 41 barcos, 202 caballos, 626 personajes, etc.

Está comprobado que es obra de un taller inglés, posiblemente del Condado de Kent y encargado y pagado por el obispo Odón de Conteville. Fue realizado relativamente poco tiempo después de la conquista, tal vez entre los años 1070-1080, con destino a la consagración solemne de la nueva catedral en 1077. El Tapiz se encuentra documentado en un inventario de la catedral del s. XV y parece que, durante toda la Edad Media y hasta la Revolución Francesa, se exhibía con regularidad en la nave central el 1 de julio, durante la celebración de la Fiesta de las Reliquias.


El Tapiz ha pasado por difíciles situaciones y se ha salvado milagrosamente. Durante la Revolución Francesa estuvo a punto de ser troceado para decorar las fiestas populares. En el año 1803 Napoleón lo transporta a París, pero debido a la impopularidad del tra
slado, es devuelto por el dictador a la ciudad de Bayeux, en la costa normanda, que lo custodia y, desde aquel momento, solamente se muestra a importantes visitas. Se oculta en diversos lugares, siempre cerca de Bayeux, en circunstancias especiales como las Guerras Napoleónicas, la Guerra Franco-Prusiana y la I y II Guerra Mundial. Después de esta última es enviado momentáneamente al Louvre, para ser expuesto tras la rendición nazi. Hoy se encuentra expuesto en su lugar: Bayeux.

Hace ya tiempo tuvimos ocasión de disfrutarlo en el antiguo Gran Seminario de la ciudad del s. XVII, en la rue Nesmond, que alberga el “Centro Guillermo el Conquistador” (Centre Guillaume-le-Conquérant). En la entrada del Museo, en su patio exterior, se puede observar un Thorvald, la única replica existente del modelo de nave noruega denominado kirkebat (barco-iglesia), semejante a la que utilizaron los normandos para cruzar el Canal de la Mancha en el s. XI.


En la planta baja se encuentra la denominada Sala Harold, una estancia de unos 50 metros de larga y prácticamente a oscuras en donde se musealiza el bordado dentro de una vitrina convenientemente iluminada. A mitad del recorrido, en la escena numerada como 37, la vitrina gira 360º, encontrándose el resto de la obra expuesta detrás de la primera parte.



En realidad la obra no es una tapiz, se trata de un bordado de hilos de lana de cuatro colores principales (rojo, amarillo, verde y azul) y otras ocho tonalidades diferentes menores, sobre una tela de lino de 70 metros de larga y 50 cm. de ancho. La faja de tela está dividida en tres; en el medio se narra la escena principal, mientras las dos franjas muy pequeñas de los extremos muestran una decoración a base de animales más o menos fantásticos: follajes, guerreros, labores de campo, etc. El dibujo, curiosamente, resulta muy actual al imitar el “comic” y el “dibujo animado”.

La narración que ofrece el Tapiz se interrumpe con la muerte de Harold (falta la última parte), que es considerada como un justo castigo para un perjuro. De esta manera, la historia de la conquista se justifica como un castigo divino al cometerse sacrilegio sobre las sagradas reliquias, acarreando forzosamente para el culpable y todos los suyos las consecuencias más terribles. Así se explica que un tema completamente profano como una intervención militar, se convierta en un asunto exclusivamente religioso y tenga permanentemente su sitio en la catedral.




En la primera planta del edificio se muestran varias maquetas, escenas en cera de la vida del nuevo rey de Inglaterra, paneles, vitrinas, etc., que tratan de explicar la vida cotidiana y el reinado de Guillermo el Conquistador. Toda su vida fue un continuo guerrear, enfermar y engordar. Se decía de él que parecía estar embarazado. El propio rey de Francia, enemigo suyo, una de las veces en las Guillermo cayó enfermo se burló de su obesidad, llegando a mandar un emisario para que le preguntase si había dado a luz con felicidad. Guillermo le respondió: “Todavía no he parido, pero podéis decir a vuestro señor que, después del parto, iré a misa a Nôtre Dame de París y no con cirios, sino con diez mil lanzas”.


El final de sus días no fue muy edificante. En el verano de 1087 se encontraba guerreando en la frontera de Normandía, en la ciudad de Mantes. En un rutinario reconocimiento del terreno, su caballo paró tan bruscamente que su enorme estómago se golpeó con fuerza contra el pomo de la silla de montar. El accidente le reventó internamente los intestinos y le produjo una peritonitis mortal. Seis semanas después moría a los 60 años en su castillo de Caen, en donde fue abandonado y despojado por sus sirvientes de todo lo que tenía a su alrededor: ropa, joyas, armas, muebles, …



Solamente uno de sus allegados consiguió que se celebrara el funeral en la Iglesia de Saint Éttiene de Caen, al que asistieron muy pocos fieles y donde actualmente se encuentran enterrados sus restos. Hasta el momento de su funeral Guillermo quiso ser único. Los obispos insistieron en enterrarle en un sarcófago de piedra, pero debido a su enorme tamaño, la descomposición que ya había comenzado y el hinchazón que le produjo su enfermedad, hubo que meter a presión el cuerpo en aquel pequeño nicho con un resultado nada edificante. El vientre de Guillermo reventó y, según cuentan, salpicó de vísceras, sangre y pus todo el lugar. El olor resultó tan insoportable, que los escasos asistentes que habían acudido al funeral abandonaron huyeron del templo y un hedor espantoso se mantuvo en el recinto durante varios meses.


- Guillermo el Conquistador con sus medio hermanos Odón y Roberto. Tapiz de Bayeux.

- Guillermo a caballo (¿leonés?). Tapiz de Bayeux.
- Batalla de Hastings. Tapiz de Bayeux.
- Grabado confección del Tapiz de Bayeux por la Reina Matilde. 
- Idem.
- Exposición Tapiz. Gran Seminario de Bayeux.
- Guillermo I el Conquistador.
- Funerales de Guillermo el Conquistador. Jean Paul Laurens.
- Tumba de Guillermo I. Iglesia de Saint Éttiene de Caen.

                                                                                                                       




jueves, 27 de agosto de 2020

Poeta del cielo y la tierra


Señala la tradición, que el día que murió Lope de Vega hubo un eclipse de Luna. La poetisa y amiga del poeta, Jacinta Baca, nos dejó un bello soneto sobre la confluencia de los dos sucesos:

Llegó ya a las montañas de Apenino,
llegó a la Libia ardiente y Seythia helada
la fama por justicia acreditada
de este varón de tanto laurel digno.

Y así del más remoto al más vecino
con himnos de dolor será llorada,
su falta, y la memoria venerada
del que en el velo humano fue divino.

Hasta en el campo de zafir hermoso
la noche, que dio término a su vida,
mostraron sus lumbreras sentimiento.

Y con afecto triste y amoroso,
cuando Delio llegó a su luz cumplida,
le formó en sombras sacro monumento.


Lope Félix de Vega Carpio es uno de los más significativos y trascendentales dramaturgos y poetas de nuestra literatura, además de ser uno de los más fecundos escritores de la literatura universal.


Es autor de nueve epopeyas, siete novelas, cuatro de ellas cortas y un número impresionante de comedias ya que llegan a atribuírsele más de 1500, siendo el primero en dividir las mismas en tres actos. Pero donde se considera que destaca verdaderamente es como poeta. Se le considera autor de 3000 sonetos que, sin duda, junto a las comedias, le otorgan la "inmortalidad" ya que nadie a conseguido en la confección del soneto la delicadeza, el refinamiento  y una musicalidad perfecta.


No podemos dejar de comentar de su paso por León, concretamente por La Bañeza y Astorga en la “huida” de casa durante su adolescencia. Tras la muerte de su padre y junto con un amigo con las mismas inquietudes, huyen de la casa familiar en Madrid y comienzan una aventura para ver mundo y alejarse de la protección paterna. Llegó a pie hasta Segovia donde compró, o compraron, un caballo ruin que les llevo hasta La Bañeza y luego a Astorga donde les desaparecieron por completo las ansías aventureras y decidiendo volver a la comodidad de la casa familiar, regresando a Madrid por el mismo camino por donde habían venido.



Hace hoy 385 años y tras llevar varios días enfermo, el lunes 27 de agosto de 1635 fallece a las 5 de la tarde en su casa, en el nº 11 de la calle de los Francos, actualmente la madrileña calle Cervantes, en el conocido Barrio de las Letras.


Las honras fúnebres con las que el Ayuntamiento madrileño había acordado homenajear al poeta, fueron prohibidas por el Consejo de Castilla, presionado por las altas esferas eclesiásticas que no llegaron a perdonar a Lope de Vega la vida libertina que, siendo ya sacerdote, había llevado en sus últimos años.


Sin embargo, al entierro, efectuado al día siguiente acudió todo el pueblo de Madrid y, según se cuenta, su sepelio fue tan espectacular como su contradictoria vida, apasionada y turbulenta: “… comparable a un vendaval, a una intrincada y ferocísima selva, a un encrespado mar en el que vemos zozobrar continuamente sus ilusiones y sus propósitos de enmienda”.



















El 28 de agosto a las once de la mañana salió de su casa el inmenso cortejó que acompañó el cadáver hasta su sepultura en la Iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha. Lope es conducido a hombros, con el rostro descubierto y vistiendo el hábito de caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, más conocida como Orden de Malta. La comitiva fúnebre, custodiada por frailes franciscanos con hachones, pasará antes por el convento de las Trinitarias Descalzas, entre las calles Huertas y Cantarranas (ahora Lope de Vega), donde una de las monjas, sor Marcela de San Félix, hija de Lope y la actriz Micaela Luján, una de sus amantes, solicitó que el féretro de su padre se detuviera unos instantes ante la entrada del monasterio para darle su último adiós.



Ese momento de desgarrada emoción en el que se refleja el instante en que sor Marcela despide el cadáver de su padre desde una de las puertas enrejadas del convento de clausura, es el que muestra la pintura realista del pintor decimonónico Ignacio Suárez Llanos, "Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega, su padre” (1862), actualmente en la pinacoteca del Senado. Tal suceso no debió suceder realmente como imagina el artista, ya que, al tratarse de un convento de clausura, el cadáver sería contemplado por su hija y el resto de religiosas desde alguna de las ventanas con celosías con las que contaba el edificio.

















El cadáver de Lope de Vega fue enterrado en la  iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha, por decisión de su protector el conde de Sessa, que entregó una cantidad a cuenta para sufragar los gastos del funeral y entierro. Esta cantidad, con el tiempo, resultó insuficiente y varios años después, al no abonarse la cantidad restante por los herederos del conde, los restos de Lope fueron llevados al osario común de la parroquia que hoy se encuentra bajo una de las capillas de la iglesia, en la que Real Academia Española de la Lengua erigió hace años una hornacina en honor al poeta.



Cuentan que sobre su mesa de trabajo se encontró su último poema. Se trataba de una silva moral titulada Al Siglo de Oro, todo un homenaje póstumo al esplendor cultural de España del que él fue ilustre y glorioso protagonista: poeta del cielo y la tierra.



Miguel Poveda/Para la Libertad
Desmayarse, atreverse/soneto Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.




                                                                                                      

sábado, 25 de julio de 2020

Santiago, Capitán General de las Españas


“Hundí, efectivamente, la mano en el guante de piedra que otras manos habían abierto. Era, por el roce, más alabastro que mármol: un tobogán exiguo y resbaladizo para que los dedos palpasen la ultratumba. Desde la metafísica del fuste, pero sin modificar su yerta superficie, me trepaba un calor que imaginé energía allí acumulada por los peregrinos. ... Pero conozco y jamás olvidaré el diáfano desenlace de la aventura. Mejor dicho: lo que entonces recibí, lo que aquellos minutos me restituyeron. Algo que tal vez nunca tuve: señas de identidad. No he vuelto a perderlas.” (Fernando Sánchez Dragó, “Gárgoris y Habidis”). 

Hoy día de Santiago Apóstol, debemos recordar el ritual obligado como final al largo tránsito de la aventura que supone recorrer cualquiera de las rutas hacia Santiago de Compostela. Allí los peregrinos funden su mano en la piedra, entierran sus dedos en el parteluz del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago, en el Árbol de Jesé, dejando allí parte de la esencia del viaje y recogiendo el testimonio de millones de caminantes que, en aquellos cinco huecos, han dejado desde antiguo parte de su espíritu. 

Muchos kilómetros atrás, en la ciudad de León, los viajeros del Camino, en ceremonia semejante, aunque más sencilla y poco conocida, remedan la misma escena. En la jamba central izquierda de la Portada del Juicio Final, en el Pórtico Occidental de nuestra catedral, entre San Juan y San Pedro, se encontraba la talla del Apóstol Santiago antes de su traslado al interior del templo para su restauración. 

La figura del Apóstol de España no se representa con la cruz abacial de doble travesaño, como primer arzobispo de España; ni con la espada envainada, en memoria de su martirio, como en Reims, Chartres y Amiens, o desnuda, como en Nôtre Dame de París. En la catedral de León, Santiago es peregrino y cubre su cabeza con el sombrero de fieltro y ala ancha, adornado con venera, que se recoge con cordón y que era usado con habitualidad en el Medievo. De aspecto amable y bondadoso, sostenía en su mano derecha el bordón de romero, de peregrino, que el tiempo y el hombre han hecho desaparecer; de su lado izquierdo cuelga un pequeño y típico zurrón, con venera. 

Este discreto lugar, actualmente poco o nada frecuentado, ha sido durante siglos punto de referencia de miles de peregrinos que en su camino se han acercado a la catedral, y han dejando su huella visible en el desgaste del pilar, del fuste central que sostiene al Apóstol. Con el paso del tiempo, la pequeña columna ha ido moldeándose por las caricias de muchas manos y el roce piadoso de medallas, cruces y objetos queridos, que buscaban y buscan la energía, la tradición, el aliento del santo, el poder y la magia que emerge de la catedral o, tal vez, el vigor y el ánimo de viajeros anteriores. 


Esta costumbre, aparentemente simple, forma parte de los cuantiosos mitos, prácticas y tradiciones que conforman el Camino de Santiago, peregrinación cuya existencia no hay que buscarla en la tumba del Apóstol ni en la ciudad donde se encuentra, sino en los mismos orígenes de la religiosidad humana: Sol y Tierra. El caminar hacia el oeste es una marcha constante hacia la puesta del Sol; hacia el lugar donde el Sol, fuente de vida, muere. Es el encuentro personal con la muerte en una tierra en donde aún persiste una atmósfera atemporal. 

La magia, la atracción, la esencia de lo que es y simboliza la Ruta Jacobea, el Camino de Santiago Apóstol, hay que buscarla en el significado de su origen primitivo, en su afán ancestral de la búsqueda de identidad, del conocimiento. Hay que buscarla en el contacto permanente y directo con la tierra, en los caminos que se transitan, en los parajes, pueblos y ciudades que se cruzan, en sus gentes, en sus templos; en los pequeños ritos y costumbres ancestrales que, como la caricia del fuste que sostiene a Santiago Peregrino en la catedral de León, se suceden a lo largo del trayecto.

El Reino de León protagonista de esta tradición. El 1 de agosto de 1170, con el patrocinio del rey leonés Fernando II, se funda la Orden de Santiago, en principio con el fin de defender la frontera de la extremadura del Reino leonés frente a las posibles incursiones musulmanas. 

Las conquistas leonesas, entre las que se encontraban la ciudad de Cáceres (Qasrish), son confiadas a la Orden que desde el 31 de enero de 1171 se sitúa bajo la advocación y patrocinio del apóstol Santiago que, a pesar de que actualmente se pretende vincular exclusivamente a un ámbito extremadamente localista, su culto y promoción fue desde sus inicios obra de los reyes asturianos y, más tarde, de sus herederos los monarcas del Reino de León, que protegieron y divulgaron la devoción al santo por toda la Península, que llegará a ser Patrón y Capitán General de las Españas. 

El Reino de León, y la Orden Militar de Santiago que implanta, protege y difunde por toda España, tendrán un protagonismo especial durante toda la Reconquista, llegando hasta el episodio que pone fin a la invasión y expansionismo musulmán iniciado en el siglo VIII desde el norte de África: la rendición de Granada. Pero eso es otra historia.


                                                  San Marcos (León) - (foto Artehistoria)

                                                                                                                                                 

miércoles, 10 de junio de 2020

2020: Sin NATALICIO DE LAS AGUILAS



Muerte de Nerón y entrada de la LEGIO VII en Roma a las órdenes de Galba.
Fragmento de QUO VADIS (Warner Bros)
Resulta una circunstancia inusual conocer la fecha oficial de la fundación de una legión romana: la LEGIO VII GEMINA. Las inscripciones que lo certifican están labradas en dos estelas de mármol fechadas en los años 163 y 184 dC., procedentes de la localidad de Villalís de la Valduerna, población que se encuentra a 48 km. al suroeste de la capital leonesa. Las lápidas se encontraban incrustadas en los muros de su iglesia parroquial, y en su texto conmemoran el “Natalicio del Águila”, el "ob natalem aquilae", la entrega de las enseñas militares a la Legio VII (http://www.fonsado.com/2008/06/la-entrega-de-las-guilas.html)

Este hecho sucedió en la ciudad de Clunia (Burgos) el IIII idus iunias, el 10 de junio del 68 dC., hace ahora 1949 años, en el cuartel general del, por aquel entonces, gobernador de la Hispania Tarraconensis: Servio Sulpicio Galba.

No se encuentran antecedentes de la creación o fundación de la legión en los textos históricos, pero si en estos dos textos epigráficos que ya fueron mencionados en el siglo XVIII por el historiógrafo italiano Ludovico Antonio Muratori que, parece ser, las recogió de un antiguo documento anónimo.

Estas estelas, que se consideraron perdidas, fueron de nuevo descubiertas por D. Manuel Gómez-Moreno a principios del s. XX en la iglesia de Villalís. El hallazgo fue publicado por el propio historiador en el Boletín de la Real Academia de la Historia en el año 1909. Gómez-Moreno describe brevemente su visita a la localidad leonesa en donde, incrustadas en las esquinas de su iglesia parroquial y a unos tres metros sobre el suelo, se encontraban seis estelas de mármol blanco.

Dos de aquellas conmemoran el “natalicio del águila” de la Legión VII Gemina y Felix, es decir, el día en que fue creado este cuerpo militar por Galba: el 10 de junio del año 68 dC.

Sobre la estela fechada en el año 163, Gómez-Moreno comenta lo siguiente: “Existe en el ángulo NO de la iglesia, tendida y llena de líquenes y musgo, que se albergan en la huella de las letras. Es un pedestal con sencillas molduras, de 1,16 metros de alto, 0,42 de ancho y 0,22 de grueso; miden sus letras 35 milímetros, disminuyendo en las dos últimas líneas, y son de tipo bastante clásico”.

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Transcripción:

“A Júpiter Óptimo Máximo. Por la salud de Marco Aurelio Antonino y de Lucio Aurelio Vero, Augustos, en el aniversario del natalicio del águila (enseña militar), (lo erigió) el destacamento de la legión VII Gémina Feliz, bajo el mando de Licinio Paterno, centurión de la misma legión, y de Hermes, procurador (de las minas), liberto imperial (de los Augustos), y de Lucrecio Paterno, decurión de la cohorte I de los celtíberos, y de Fabio Marciano, beneficiario del procurador imperial, y de Julio Juliano, portaenseña de la misma legión. En el día 4 antes de los idus de junio (día 10 de junio), siendo cónsules Leliano y Pastor”.

En cuanto a la estela fechada en el 184 dC., el historiador señala lo siguiente en su artículo: “En el ángulo NE de la sacristía. Remata en un frontispicio, con rudas molduras y algo como estrías en ellas. Alto, 1,06 metros; ancho, 0,50; alto, 0,20. Inscripción borrosa y desgarbada, cuyas letras decrecen de 4 a 3 centímetros. Grabados al margen, quizá dos cintos con phalerae y un varal entre ellos.”

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Transcripción:

“A Júpiter Óptimo Máximo. Por la salud de Marco Aurelio Cómodo Antonino Augusto, en el aniversario del natalicio del águila el destacamento de la legión VII Gemina Feliz bajo el mando de Aurelio Eutyches, liberto imperial procurador (de las minas), y de Valerio Semproniano, decurión del ala II Flavia. 4 días antes de los idus de junio (10 de junio) siendo cónsules Marulio y Eliano (año 184)”.

En ambas epigrafías, que se fechan el 10 de junio, se conmemora el aniversario del nacimiento (entrega) de la enseña militar (el águila) de la Legio VII Gemina por parte de dos unidades de la legión: la I Cohorte de los celtíberos y el Ala II Flavia.

La Legio VII, en aquel momento con el sobrenombre de Galbiana, formada íntegramente con legionarios hispanos, se levanta en armas contra Nerón marchando a las órdenes de Galba hacia Roma en el año 68, consiguiendo imponer, aunque efímeramente, a su general como emperador del Imperio.



(Fotograma serie TV: ROMA / Composición: Ricardo Chao)

Junto con la VII Claudia participó con victoria en la batalla de Bedriacum en el 69, y desempeñó un importante papel en la toma de las murallas de Cremona donde se dice que realizó un importante ataque en cuña para forzar la entrada.

La creación de la Legio VII, no debe confundirse con la fundación de la ciudad de León. El asentamiento debe su origen a otra fuerza militar, la Legio VI Victrix, que con posterioridad a las campañas contra los territorios norteños, será la fuerza militar romana que primero se instalará en el solar leonés.

Según el historiador Tácito, la Legio VII ayudó posteriormente a entronizar a Vespasiano como emperador. En ese tiempo tuvo numerosas bajas, dando lugar a que el propio Vespasiano la combinara con otra, concretamente con la Legio XVIII, creando así la Legio VII Gemina.

En el 74 Vespasiano la traslada a Hispania, instalándose definitivamente en el antiguo campamento de la Victrix, en el interfluvio de los ríos Torío y Bernesga. Ahí se encontraba todavía en torno al 230 dC. durante el reinado de Severo Alejandro. Después del s III no existe constancia de su estancia en el solar leonés. Será con posterioridad cuando la población, que residía a extramuros del campamento, ocupe el espacio interior de la muralla y surja lentamente la ciudad que hoy conocemos.







miércoles, 13 de mayo de 2020

Pobre España


En estos días terribles te das cuenta con estupefacción que hasta alguna de la gente que te rodea te impide criticar la situación actual, además de censurar la realización o divulgación de comentarios sobre la tragedia social y económica por la que transita España. 

No soportan la crítica hacia los que "deben" dirigir la Nación y dan por buena o aceptable su gestión. Es el sectarismo crónico que crucifica por norma al resto de personas que piensan de otra manera y que lo único que desean es el bien y progreso de España por encima de partidos y tendencias políticas. 

Además de todo esto, se permiten el lujo de llamarte estúpido utilizando y sentenciando con una frase lapidaria de asqueante tufo intelectual, que coincide plenamente con la ineptitud que demuestran diariamente los actuales encargados de la gestión nacional:

"Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro". A. Einstein.


La ignorancia e incapacidad (a juego con su sectarismo), les impide conocer que la culta y pedante frasecita es una de las cientos que falsamente se atribuyen a D. Alberto Einstein. Con esta cuidada y pulcra incultura te llaman "estúpido infinito" si te atreves a censurar, opinar o pensar distinto.

En su indecente postura, coinciden plenamente con la actuación del propio gobierno, nuestro gobierno, el gobierno de todos ¡! que, desde la propia tribuna del Congreso, dirigen a los españoles que piensan distinto los calificativos de hipócritas, miserables, parásitos e inmundicia. Pero no solamente eso, desde el propio gobierno también se amenaza e insulta a la Corona, a los medios de comunicación no afines, se ataca a la Justicia, a los que llevan la bandera de España, a los ahorradores y empresarios, se utiliza a las fuerzas y cuerpos de seguridad en su beneficio y, como no, se invoca permanentemente el guerracivilismo.

Por si estos necios necesitan ampliar su envidiable erudición, yo les ofrezco otras dos frases que pueden aprender, guardar y utilizar cuando les convenga en sus animadas y cultas conversaciones habituales, que no van más allá de fútbol, tetas, albóndigas  y cerveza:














Así todo, después de reflexionar sobre el apunte intelectual de estos fenómenos, llego a la conclusión de que el universo no sé si será realmente infinito, pero de lo que estoy seguro es de que la estupidez no es infinita, se limita y abarca completamente a este nutrido grupo de sectarios enfermizos que, por desgracia, destacan por su intransigencia en esta trágica situación repleta de incompetencia, torpeza, mentiras, ruina y, sobre todo, miles y miles de cruces.



lunes, 27 de abril de 2020

León: 24 de abril de 1808


Este pasado fin de semana nuevamente se ha tratado de celebrar en León, imposible por la confinación debida al covid-19, el levantamiento de la ciudad contra la invasión francesa de España. Como todos los años vuelven las discrepancias y discusiones sobre si el día 24 de abril de 1808, la ciudad de León se manifestó efectivamente contra la presencia militar francesa en la Península.

Las tropas francesas, al mando del mariscal Bessières, no llegan a León hasta el 26 de julio de 1808. La noche del 18 de julio la Junta leonesa sale de la ciudad y es el polémico obispo D. Pedro Luís Blanco, única persona de representación pública, quién negoció la capitulación con el mariscal francés, consiguiendo unas aceptables condiciones.

En tres días se formó un nuevo Ayuntamiento con leoneses adeptos a la causa francesa, y en el acta del día 30 de julio la nueva corporación jura fidelidad al nuevo rey José Bonaparte, proclamado por Napoleón tras las abdicaciones de Bayona el 5 de mayo:

“... Y en su vista deseando el Ayuntamiento complacer en todo y en cuanto esté de su parte a dicho Excmo. señor Mariscal Bessières acordó … prestar obediencia, y fidelidad a S.M. Catholica el Sr. Dn. Joseph Napoleón primero y reconocerle por su Rey y Señor en nombre del Común de vecinos de esta Ciudad, su Provincia y Reino, y que llegue noticia de todos este solemne Acto, se publicase por bando … “.

Poco duró esta primera estancia de las fuerzas ocupantes, porque siete días después, concretamente el 1 de agosto, se ven obligados a abandonar la población como consecuencia de la amenaza militar que, desde el sur y tras la victoria española en Bailén ocurrida el 19 de julio, presiona sobre la ocupación francesa existente en el norte peninsular, imponiendo su repliegue. 

Desde comienzos del año 1808 la sociedad española está convulsa. En una inmensa mayoría de pueblos y ciudades se producen actos de solidaridad, patriotismo, revueltas ciudadanas, etc., que desembocan en los acontecimientos definitivos del 2 de mayo en Madrid. 
El disturbio más importante lo protagoniza el Conde de Montijo, Cipriano Portocarrero, que consiguió reunir en torno al Príncipe de Asturias a la mayoría de los nobles, y en la noche del 17 al 18 de marzo de 1808 amotinó a los habitantes de Aranjuez y de otros pueblos cercanos, para que acudieran al Real Sitio a “defender” al Rey. La revuelta, conocida como Motín de Aranjuez, tiene como resultado la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando y la posterior detención de Godoy. A raíz de aquel suceso, se producen algaradas en varios puntos de la Península.

En el acta municipal del Ayuntamiento de León correspondiente al 1 de abril de 1808, se da cuenta de los acontecimientos referentes a la renuncia de Carlos IV y de la subida al trono de Fernando VII, pero también se hace cumplida referencia a la revuelta ocurrida en la ciudad el 28 de marzo de 1808 y que es conocida popularmente como “motín de la hogaza”.

El acta relata minuciosamente como los leoneses, conocedores de la detención de Godoy unos días antes en Aranjuez, se concentran ante la residencia del Comisionado Regio, D. Felipe Sierra y Pambley, para demandarle que arroje a la calle el retrato de Godoy con el fin de arrastrarlo por las calles y quemarlo. En la misma revuelta, exigen la supresión de la nueva e impopular tasa sobre el vino, de la que se decía que había sido impuesta por el favorito. El Comisionado se negó a las exigencias de los alborotadores y, en vez del retrato de Godoy, lanzó a los amotinados desde una ventana una hogaza de pan. Esto ocurría en nuestra ciudad el 28 de marzo. 
Esta pequeña revolución popular que se produce contra la persona y gobierno del favorito del ahora depuesto Carlos IV, si podría considerarse una oposición a la presencia francesa en España, ya que la estrategia seguida en su momento por Godoy con respecto a Francia, tuvo como consecuencia la ocupación militar del territorio español y, de alguna manera, el pueblo leonés manifestó su desacuerdo y repulsa contra el gobierno y la estrategia política de Manuel Godoy. 
Sin embargo, la fecha que suscita grandes controversias y la que es considerada por diversos sectores como la sublevación u oposición de la ciudad de León a la presencia francesa, el 24 de abril de 1808, no contiene ninguna evocación contra la ocupación a pesar de ser uno de los días importantes en la vida política de la ciudad de León.
Prueba de ello, es que los franceses todavía no han llegado a la ciudad, como ya hemos comentado, pero, sobre todo, lo que se invoca y demanda aquel día durante la algarada popular, es el apoyo al nuevo monarca Fernando VII. Para confirmar lo expuesto, acudimos al acta municipal de ese día que refiere dos sucesos importantes.

En primer lugar, se da conocer al pueblo de León la Real Orden de Fernando VII del 12 del mismo mes, expedida en Burgos, mientras el monarca se encaminaba a la frontera francesa para entrevistarse con Napoleón, por la que el Rey solicita que se hagan rogativas públicas para conseguir el mejor gobierno para el País. En segundo lugar, el Ayuntamiento leonés hace saber a S.M. Fernando VII los incidentes ocurridos esa mañana a favor de su persona:

“A las 10 de la mañana de ese día (24 de abril), ora en que recibe la ciudad el correo xeneral, empezó a trascender la noticia de que en esa vuestra Villa y Corte intentaron algunos malvados el día 20 del presente mes publicar edictos revolucionarios contra el sagrado gobierno que autoriza a Vuestra Digna Persona ... Los repetidos conductos por donde se comunicó dicha noticia a diferentes sujetos en esta Ciudad, ocasionaron a un tiempo mismo, no sólo el que no se dudase de su aserto, sino el que se llegase a vulgarizar entre todos los ciudadanos ... En tal supuesto, agitados, señor, todos los ánimos de estos fieles ciudadanos que no ceden en su amor y lealtad acendrada hacia vuestra Real Persona, ... juntándose en numerosos corrillos a cotejar sus pálidos semblantes, a la primera insinuación de un compatriota fiel repitieron millones de ecos: ¡Viva Nuestro amado Rey Fernando VII, mueran los conspiradores! ... de tal manera, Señor, se desplegaron las Quadrillas de vecinos de todas clases por las calles y por las plazas repitiendo entre incesantes alaridos y demostraciones emprendedoras ¡Viva el Rey, mueran los malvados!...”.
De lo manifestado en el acta, se desprende que los orígenes de la revuelta popular en la ciudad leonesa se encuentran en la noticia recibida aquella misma mañana, en la que se cuenta que el día 20 dos agentes franceses intentaron imprimir una proclama en Madrid a favor del abdicado Carlos IV (18 de marzo de 1.808) y en contra de su hijo y nuevo rey Fernando VII, originando una revuelta en la capital del Reino.

Tras comentarse la noticia, se fueron concentrando los vecinos animados por “patriotas”, entre otros, como bien se conoce, D. Luis de Sosa Tovar, que acabaron exigiendo en el Ayuntamiento los pendones de la ciudad para mostrar su fidelidad a Fernando VII, que en aquellos momentos no estaba en contra de la ocupación francesa, sino, más bien, trataba de entrevistarse y negociar con Napoleón su permanencia en el trono, manteniendo la situación de aliado y, por ende, la ocupación militar del territorio español.


- Mariscal Jean Baptiste Bessières.
- Regimiento de Infantería Fijo de Ceuta, en el frente de Bailén. Augusto Ferrer Dalmau. 
- Proclamación de Fernando VII en Aranjuez.
- Cipriano Portocarrero, Conde de Montijo.
- Don Felipe Sierra Pambley, Comisionado Real.
- Don Luis de Sosa Tovar.
- Oficiales británicos prisioneros en Astorga. Museo de Versalles.