domingo, 22 de abril de 2012

El pórtico occidental de la Catedral de León. Portada del Juicio Final (II)

 

El Judici - Tradicional/Cancionero de Uppsala (S. XVII) 

En la anterior entrada sobre la puerta del Juicio Final de la portada occidental de la catedral de Santa María de León, se hizo referencia al conjunto de tallas de la portada, que conforman una serie de fases que perpetúan lo narrado en los Evangelios y en el Apocalipsis acerca de la "Segunda Venida" de Cristo, sobre los sucesos del Juicio Final. Estas fases o etapas se han agrupado de la siguiente manera: Anuncio, Resurrección de los muertos, Juicio e Infierno y Paraíso. 

Nos ocuparemos en este nuevo texto de la última fase, el Infierno y Paraíso. Son las imágenes que corresponden a la representación del “premio o castigo” tras la celebración del Juicio divino, y que se muestran en el dintel y distribuidas por varias de las dovelas de las arquivoltas, como veremos.

Cuarta escena: EL INFIERNO Y EL PARAÍSO

Dintel. Las escenas que contiene el dintel de la Portada del Juicio Final, son posteriores a la sentencia. San Miguel, en el centro, divide el cuadro. A su derecha los bienaventurados. Unos entrando directamente al Cielo, otros esperando. A su izquierda, los condenados padeciendo los castigos del Infierno.

El arcángel sostiene con sus dos manos una balanza, muy deteriorada, cuyo platillo derecho muestra un alma desnuda sentada, mientras que en el otro, el alma es atrapada por uno de los demonios. A San Miguel, Mikhael, cuyo nombre significa Quien como Dios, se le puede considerar como el ejecutor de la justicia divina. Es el heredero cristiano del dios egipcio Thot, del griego Hermes y del romano Mercurio. Su festividad, el día 29 de septiembre, no es una fecha casual: el equinoccio de otoño está regido astrológicamente por el signo de Libra, la balanza que, como el dios egipcio Thot, sostiene en la mano para cumplir la misión celestial de “pesador” de almas.


El acto del pesaje de las almas, que se conoce iconográficamente como psicostasis, ya aparece en el Libro de los Muertos, manual egipcio que servía a los difuntos para superar las pruebas que le permitían el acceso a las puertas del “más allá”. El dios Thot actuaba como notario del pesaje; si la balanza se inclinaba al lado negativo, el difunto era devorado por un monstruo híbrido de hipopótamo y león, y con fauces de cocodrilo, llamado Ammit. En cambio, si la balanza se inclinaba a favor del difunto, éste era premiado con la vida eterna. La imagen del pesaje de almas del Libro de los Muertos, con el tiempo fue copiada por los artistas cristianos y plasmada en distintas representaciones, aunque ya existían antecedentes y relatos parecidos en el mazdeísmo y budismo.



Hermes
y Mercurio fueron durante la época helenística y romana, los emisarios de los dioses y los encargados de ejecutar el pesaje de las almas, identificándose con el egipcio Thot. Pero su servicio de conductores y guías no se limitaba a los asuntos terrenos. “Viajan” entre la tierra y el cielo puesto que son conocedores de todas las rutas y caminos, ayudando a los hombres hasta después de la muerte. Estas tres figuras cumplían la función de psicopompos (conductores de almas), siendo uno de los motivos por los que los santuarios del arcángel San Miguel, normalmente construidos sobre templos de Mercurio, fueran erigidos en lugares elevados y en los cruces de caminos (Ver: http://fonsado.com/la-simbologia-de-san-miguel-de-escalada.html).


A la izquierda de San Miguel, se hallan varias representaciones de condenados, repartiéndose el espacio disponible con los bienaventurados que se muestran, como hemos mencionado, a la derecha. Las escenas del Infierno son más perturbadoras y fantásticas que las de la Gloria, las cuales resultan monótonas y repetitivas, dejando aparte su belleza plástica. No hay duda de que resulta más fácil para el ser humano engendrar y representar crueldad, que felicidad y placer.

Los personajes, demonios y condenados, se hallan mayoritariamente desnudos. Tras el demonio, que atrapa el alma del platillo de San Miguel, hay otros tres que arrojan otros tantos cuerpos a dos grandes ollas. Una mujer, dentro ya de la primera caldera y a la que únicamente  se le ve la cabeza, mira, desgreñada y atormentada, al espectador. Posiblemente simbolice la brujería. En la segunda marmita, dos demonios van a arrojar de cabeza a dos almas que representan dos de los pecados más perseguidos de la Edad Media: la lujuria y la avaricia. La lujuria está personificada en una mujer desnuda, que es arrojada cabeza abajo a la segunda caldera, mientras una serpiente le muerde los genitales. La avaricia se representa en la siguiente escena, en la que un hombre, a punto de ser arrojado a la marmita, lleva aún encima una bolsa de monedas.


Dos demonios agachados atizan con un fuelle el fuego de las ollas para evitar que se apague, y más a la derecha tres cabezas monstruosas engullen otras tantas almas. Este último conjunto de calderas y cabezas trata de plasmar, creemos que erróneamente, la imagen mítica de Leviatán, el monstruo marino de origen fenicio que se describe en la Biblia como pez gigantesco y monstruoso que lanza fuego por su boca, y que es conocido como boca del Infierno (Job 40, 25 y ss.). Estaba representado como una gran boca con grandes dientes que tiene en su interior una caldera de la que surgen llamas y a la que van a parar los condenados. Eran las propias fauces del Infierno.

A la derecha de San Miguel están los bienaventurados. La viveza de imágenes en la representación del Infierno, contrasta aquí con la monotonía, con la quietud de los personajes. ¿Cómo expresar el sosiego y la felicidad? En parte se consigue en la zona central de la escena, protagonizada por un grupo musical. La presencia del órgano, rompe la uniformidad del conjunto de la Gloria y consigue dar algo de movimiento, sensación de paz, de bienestar. Un ángel-niño dirige el compás con sus manos, mientras que un muchacho de espaldas interpreta y otro, desnudo y con un fuelle, sopla el órgano.


La escena de los bienaventurados la componen veintidós personajes que, serenamente, guardan su turno mientras conversan y se deleitan escuchando música. La mayoría son personajes importantes, entre los que no se aprecia gente del pueblo. Predominan los religiosos: un papa, un obispo y cuatro frailes. Los nobles están representados en varias figuras, entre las que sobresale un personaje coronado; solamente encontramos una mujer y un niño. Entre los restantes personajes, además de los músicos y los ángeles, encontramos la figura de San Pedro.

El final para todos los venturosos se encuentra en la entrada al Cielo, en la coronación gloriosa. La imposibilidad de representar artísticamente el Cielo se resuelve mostrando su entrada: la puerta que da paso a la felicidad y al bienestar eterno. Allí se encuentra San Pedro, el portero del cielo, mirando hacia los espectadores, invitándoles a seguir ese camino. Abre la puerta y permite a los bienaventurados la entrada. El primero, un personaje arrodillado espera su coronación. Su espléndido ropaje, la tiara coniforme sobre su cabeza y el lugar de privilegio que ocupa en el orden de entrada, nos indica que tiene que tratarse de la máxima representación eclesiástica: un papa. Tras él, y también vestido de pontifical con espléndida casulla, manípulo y mitra: un obispo. Entre los dos, un niño recibe la corona de la gloria de mano de uno de los dos ángeles que se encuentran sobre el dintel de la puerta. El otro, tiene en sus manos una nueva corona destinada al personaje arrodillado.


Arquivoltas condenados. La representación del Infierno no finaliza en el dintel, continuando por las arquivoltas (números rojos). Las torturas resultan horribles. Los demonios se ensañan con sus víctimas empleando toda clase de útiles para hacer más macabra la imagen. En dos de las ocho dovelas (4 y 8), se muestra la pugna de ángeles y demonios por llevarse las almas. Puede tratarse de una representación simple del Purgatorio.


1. Hombre y mujer desnudos, símbolos de la lascivia, sirven de asiento a un demonio coronado que sonríe irónicamente mostrando sus “trofeos”.

2. En esta piedra, dos diablos mortifican con instrumentos de tortura, horquilla y garfio, a dos condenados con semblante angustiado.

3. En una caldera al fuego, un condenado es introducido en ella por un demonio que emplea los pies para ello. A su espalda, otra alma lista para ser arrojada.

4. Cinco personajes componen esta escena llena de dinamismo y maestría: un ángel, dos demonios y dos almas. El ángel y uno de los demonios disputan por salir victoriosos y llevarse una de las ánimas. Otro diablo, en la parte inferior, tiene ya en sus manos el otro pecador. Esta pugna entre ángeles y demonios por la posesión de las almas, solo puede representar el Purgatorio. Es a partir del s. XI cuando se inicia la representación del Purgatorio, aunque tiene su origen en el periodo carolingio. No existen grandes diferencias con el Infierno: fuego, tormentos, etc. La existencia de un ángel en la escena, determina que el tiempo de expiación ha terminado y que viene a llevarse a las almas que han cumplido su pena, mientras los demonios tratan de impedirlo.

5. Un diablo de aspecto atroz, se dispone a echar de cabeza otro condenado a una olla puesta al fuego, donde ya están otros dos condenados. El suplicio no acaba ahí, ya que una rata, símbolo de la mezquindad y la destrucción, y un sapo, alegoría de la muerte, del diablo y del mal (Apoc. 16, 13), se aproximan con el fin de morder a los atormentados.

6. Dos demonios horribles, que tienen miembros de animales, están torturando a un hombre que, por sus rasgos, parece de raza negra.

7. La lujuria vuelve a hallarse en esta dovela. Una mujer y un hombre rodeados de cadenas, reciben tortura de dos diablos.

8. El Purgatorio vuelve a estar presente. Dos almas, demonio y ángel componen la escena. El ángel parece haber rescatado un alma, la otra sigue en poder del diablo.

Arquivoltas bienaventurados. También los bienaventurados se extienden por las arquivoltas de la portada. Ocupan en total diecinueve (color verde). Posiblemente, la dificultad de presentar personajes gozando de la impavidez y tranquilidad del Cielo, situación tan abstracta, tan vaporosa e incorpórea, obligue a los artistas a optar por personificar a un conjunto de mártires y santos que, con su vida ejemplar, sufrimientos y milagros, ejemplarizase a los espectadores. Se identifican los siguientes:

1 y 3. En las dovelas 1 y 3 se representa una misma escena, el martirio de San Esteban. En la dovela 1 un personaje, con las manos dirigidas a lo alto, espera de espaldas como un individuo, por las facciones de raza negra, se dispone a lanzarle una piedra mientras en su brazo derecho y recogidas entre su ropaje, sostiene algunas más. En la dovela superior, número 3, otro individuo de raza negra en posición de contorsionista parece recoger una piedra del suelo. A su lado hay un joven con ropa en el suelo y al que la Biblia identifica como Pablo: “ … y los testigos depositaron sus vestidos a los pies de un mancebo, que se llamaba Saulo” (Hechos, 7, 57). El personaje que acompaña a Pablo, coincide con la descripción que hace Santiago de la Vorágine de Gamaiel, maestro del apóstol San Pablo que posteriormente revela, según la tradición, el lugar de enterramiento de San Esteban.




4. Tres personajes ocupan el sillar número cuatro. Dos ángeles acompañan a una mujer que, con las manos juntas, mira a lo alto. A sus pies hay un dragón ensartado por una lanza que soporta uno de los ángeles. Esta figura es característica de Santa Margarita de Antioquía, que padeció martirio en el s. III en tiempos del emperador Aureliano. La presencia del dragón, en realidad Satanás, se debe a su enfrentamiento con el reptil al que llegó a vencer esbozando la señal de la cruz.

5. En la dovela número cinco de la arquivolta interior, se observan tres personajes: dos soldados, uno con espada al cinto, y un mártir que porta libro en la mano derecha y una bolsa en la izquierda, que entrega al soldado de la espada. Puede tratarse de San Lorenzo, administrador de la Iglesia en tiempos de Sixto II, al que algunas veces se representa mostrando la bolsa, los tesoros de la Iglesia, al emperador Valeriano. Sin embargo, nos inclinamos a pensar que se trate del apóstol San Mateo, ya que coinciden los dos atributos: libro y bolsa. El libro por Evangelista, la bolsa simboliza su profesión de recaudador de impuestos.



6. Dos ángeles acompañan a una mujer que viste velo corto y túnica con cordón franciscano en la dovela seis. Lleva un libro en su brazo izquierdo, mientras es abrazada por uno de los ángeles, en tanto que el otro, con un libro en las manos, entona un cántico. El hábito y el cordón franciscano son símbolos de Santa Clara, fundadora de las monjas franciscanas, aunque suele representarse con una custodia, una azucena o un crucifijo.

9. El sillar número nueve está ocupado por tres personajes. En el centro un mártir sonriente, flanqueado por dos guerreros, uno con lanza, otro con espada al cinto y portando una cruz. Aunque no hay a la vista más atributos, es probable que se trate de San Andrés ya que, según narra Voragine, fue gozoso a la crucifixión.

10. Tres personajes se encuentran en la dovela diez. El central, un obispo con casulla, mitra y báculo en la mano izquierda, impone su mano en acto de confirmación, a un muchacho arrodillado con las manos juntas en oración. Tras ellos, otro joven porta un cirio. No existe un atributo claro para la identificación, pero pudiera tratarse del obispo de León y patrón de la diócesis, San Froilán, que murió a principios del s. XI.

11. En la dovela once un personaje en actitud orante es sujetado por un soldado-verdugo con espada en mano y dispuesto a actuar. Aunque son muchos los santos-mártires que mueren bajo la espada, creemos que por el halo tras su cabeza, los pies desnudos y la posición simétrica a San Pedro, en la dovela trece, podría tratarse de San Pablo.

13. La imagen más curiosa de todas las dovelas se descubre en el sillar número trece. La escena se compone de cinco personajes. El central está clavado en la cruz, mientras dos ángeles asoman por encima de los brazos del madero y dos sayones ultiman la crucifixión agachados a los pies del mártir. La dovela está colocada al revés, tratando de que el crucificado figure boca abajo, exactamente como fue crucificado San Pedro y como se puede apreciar en una de las dovelas de la iglesia de San Miguel, en Estella (abajo).




La respuesta a esta situación no resulta fácil, ya que no parece probable un error en la confección por parte del artista. Dos hipótesis para esta situación: que sea una dovela reaprovechada o que con posterioridad a su factura
 fuese exigida por la ortodoxia religiosa, la reproducción real del martirio del apóstol en la portada de la catedral que, según la tradición fue crucificado boca abajo, lo que habría dado lugar a que el artista diese la vuelta a la piedra enmendando en parte el error.

14. En la siguiente dovela, en el número catorce, dos ángeles presentan a un mártir que porta un libro cerrado en la izquierda y palma en la derecha. San Vicente, diácono del obispo de Zaragoza, es representado a veces con los atributos mencionados.

19. Otra escena de martirio descubrimos en la dovela diecinueve. Un personaje desnudo está encadenado de pies y manos a una parrilla. Dos sujetos de mal aspecto avivan el fuego y acarrean leña para la hoguera. No hay duda de que se trata del suplicio de San Lorenzo, que fue martirizado en el s. III asado vivo sobre una parrilla.



En las restantes dovelas nos resulta imposible la identificación de los santos/mártires que se representan, al no contar con ningún atributo que sirva para su identificación.



- Dintel de la Portada del Juicio Final de la catedral de León.
- San Miguel. Centro del dintel.
- Libro de los Muertos.
- Mercurio.
- San Miguel. Gregorio Fernández, Iglesia de San Pedro (Serrada).
- Condenados, detalla dintel.
- Bienaventurados, detalle dintel.
- San Pedro y entrada al Cielo, detalla dintel.
- Portada Juicio Final.
- Arquivolta 9 bienaventurados: Purgatorio.
- Arquivolta 5 condenados.
- Arquivolta 1 y 3: martirio de San Esteban.
- Martirio de San Esteban. Anibal Carraci.
- Santa Clara. Convento de las capuchinas de Murcia.
- Arquivolta 6 bienaventurados. Santa Clara.
- Arquivolta 9 bienaventurados: San Andrés.
- Martirio de San Pedro. Leonello Spada.
- Arquivolta 13: martirio de San Pedro.
- Arquivolta iglesia de San Miguel (Estella): Martirio de San Pedro.
- Arquivolta 19: San Lorenzo.
- Martirio de San Lorenza. Iuseppe Leonardo.







domingo, 11 de marzo de 2012

León: arquitectura del siglo XXI



Auditorio

"Lumiere Naturelle". Trabajo alumnos de arquitectura de Granada, inspirada en la música de Enrique Morente (Agua, luz, arquitectura y música.) YouTube - karvynn.

El Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, concedió el Premio de Arquitectura Española 2003 (no confundir con el Premio Nacional de Arquitectura otorgado por el Ministerio de Fomento), al Auditorio Ciudad de León. Esta obra también fue finalista en el mismo año, del prestigioso Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea, y de la VII Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo, conocida como BEAU.

Interior
El Premio de Arquitectura Española, de carácter bienal, tienen como objetivo dar a conocer las obras de arquitectura que se realizan en España y que, a juicio del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, se consideren merecedoras de reconocimiento por su calidad, singularidad e innovación.

En la concesión del galardón al Auditorio Ciudad de León en el año 2003, el Colegio Superior de Arquitectos consideró, de un modo técnico, lo siguientes extremos sobre el edificio:

“Se resalta la activación de los mecanismos de inserción del edificio en casco consolidado, haciéndole convivir de forma natural con edificios históricos. El edifico aporta nuevos y contundentes recursos plásticos al problema esencial de la "caja" en la Arquitectura contemporánea y separa una "piel" externa como plano activo de la fachada, dando autonomía a los elementos compositivos y coherencia a los lenguajes constructivos y espaciales mediante el empleo rítmico de las series de luz utilizando variaciones cromáticas y tectónicas internas y externas.

Auditorio - WikipediaPara la resolución firme de los diálogos espaciales, en este proyecto se acude a una inteligente utilización de elementos arquitectónicos, escalas y promociones utilizados con la brillante sensibilidad de una partitura musical compleja y lúcida.”

La obra está concebida en dos piezas separadas, articulándose en dos volúmenes claramente diferenciados en forma, tamaño y funciones. El principal, más elevado, discreto y sobrio al exterior, con invocaciones corbuserianas, acoge en su interior la sala sinfónica, totalmente recubierta de madera, con un aforo para más de 1000 personas y en un espacio bifocal que entra en juego dependiendo del espectáculo.

El recinto dedicado a exposiciones, ocupa el segundo cuerpo y es la “cara” del edificio. Se trata de un prisma horizontal, distorsionado del anterior y mirando hacia la Plaza de San Marcos, con una fachada inconfundible y muy expresiva, compuesta de ventanas que hacen recordar la estética cubista de Picasso o Braque. Estos vanos, que se incrementan en número en dirección al suelo, se distinguen entre ellos por tres factores importantes: su tamaño, su perímetro y su proyección geométrica abocinada hacia el exterior.

Auditorioangular
El edificio resalta, como se menciona en el galardón, por su magnífica integración en el paisaje urbano y su perfecta convivencia con los edificios históricos cercanos, en este caso con el Parador Nacional de San Marcos, uno de los monumentos más importantes de Renacimiento español y prototipo del estilo plateresco. Los artífices de la obra comentaron que la edificación rinde homenaje al concepto de Ortega y Gasset de “ver y ser visto” y al origen romano de la ciudad de León, empleando grandes piezas de mármol travertino en su construcción.

El Auditorio Ciudad de León, inaugurado en 2002, es obra del estudio de arquitectura: Mansilla + Tuñón Arquitectos. El trabajo de los dos arquitectos madrileños Luís M. Mansilla y Emilio Tuñón, determinado por la pureza de líneas y el juego con volúmenTuñón y Mansillaes, es reconocido internacionalmente a pesar de que la práctica totalidad de su obra se encuentra en España. Muestra de ese reconocimiento son los premios obtenidos fuera de nuestras fronteras y su elección, junto con otros 53 arquitectos del todo el mundo, para  una exposición en el MOMA de Nueva York, donde los edificios leoneses fueron protagonistas.

La pareja de arquitectos Mansilla-Tuñón ha recibido en estos últimos años varias e importantes distinciones, como el premio COACV (2000), el Excellent Work Award (2000), el primer premio de la bienal de arquitectura iberoamericana (1998), el Architectural Digest (2009), el VIA (2006), el Saloni (2007), el de Fundación CEOE (1997), el Aplus en 2011 y el Foment de les Arts Decoratives que se les otorgó en tres ediciones (2001, 2007 y 2011). Todos estos premios les abrieron las puertas de los grandes centros universitarios estadounidenses como Princeton y Harvard. En Europa colaboraron con la suiza Ecole Polytechnique Federale de Lausanae y la Städelschule de Fráncfort.

Luís M. MansillaEl pasado 22 de febrero, una noticia conmocionaba el mundo del arte y la arquitectura. Luís Moreno Mansilla fallecía repentinamente en un hotel de Barcelona a los 53 años. Formado en el estudio de Rafael Moneo y considerado como uno de los arquitectos españoles con una de las trayectorias más brillantes y prometedoras, en apenas dos décadas y junto a su compañero Miguel Tuñón, renovó el panorama arquitectónico español en busca de “ideas y soluciones claras y sencillas”.

Los materiales han sido una parte muy importante en sus obras, que se integran a la perfección en el paisaje y el urbanismo. Sobresale la monumentalidad de sus espacios y, sobre todo, el juego de luces y sombras con el que buscan un fuerte impacto visual. Todos estos condicionantes son inconfundibles en los dos edificios leoneses.

Luís M. Mansilla y su socio Emilio Tuñón, han hecho realidad proyectos que resultan verdaderos iconos en el panorama de la arquitectura española: Museo de Arte Contemporáneo de Castellón, el Centro El Águila de Madrid, el Museo de Zamora, Centro Documental de la Comunidad de Madrid, Centro de Artes Visuales Fundación Helga de Alvear, propuesta para ampliación del Centro de Arte Reina Sofía, el Hotel Atrio de Cáceres, … pero ninguno tan sobresaliente como el Auditorio Ciudad de León, del que hemos hablado y, sobre todo, el Museo de Arte Contemporáneo, conocido como MUSAC.

El desvan de la imagen - Manuel
Según comentó en alguna ocasión Luís Mansilla, a León llegaron por casualidad. En los años 90 se presentaron a un concurso de ideas para la construcción en la ciudad de un edificio multiusos formado por un auditorio y un centro de arte. Con el tiempo, el proyecto se fraccionó y acabaron diseñando dos edificios que, al final, serían sus dos obras más emblemáticas: el Auditorio Ciudad de León y el Museo de Arte Contemporáneo.

Premio MiesPor esta última obra fueron galardonados en el año 2007 con el Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe, considerado el Nobel de arquitectura, concedido por la Unión Europea y la Fundación Mies van der Rohe, imponiéndose a 272 proyectos presentados, entre los que destacan los significativos: Centro de Artes de Sines en Portugal, el Museo de Mercedes-Benz en Stuttgart y el edificio “Veles e Vents” de Valencia.

El MUSAC resuelve constructivamente un área destinada a la cultura. Como dijeron sus autores, “soluciona el vínculo entre el hombre y los pensamientos, buscando un espacio donde el arte se sienta cómodo”. El proyecto, además, consigue desarrollar un nuevo comportamiento a la hora de abordar y exhibir el arte del siglo XXI.

Aunque la fachada resulta de lo más impactante, su interior, construido de hormigón blanco, es una bella muestra de una geometría compleja que utiliza cuadrados y rombos isósceles en una retícula a imitación de antiguos pavimentos, como se puede apreciar en la imagen aérea. Esto permite una flexibilidad total en el manejo de los distintos espacios, consiguiendo así un “sistema expresivo”, gracias también, a la existencia de vestíbulos, lucernarios, entreplantas y patios.

Foto zetacinco
La ausencia de áreas de circulación como pasillos o distribuidores, permite al visitante definir su propio recorrido. La combinación limpia y sencilla de hormigón blanco en el interior y de grandes paños de vidrio en el exterior, marcados por líneas horizontales de acero laminado, transmite una imagen contemporánea, mientras que la parte frontal del edificio, contiguo a una pequeña plaza y realizada a base de vidrios de colores, evoca, como luego veremos, el patrimonio de la ciudad.

En todo su perímetro existe espacio público que se moldea a partir de las fachadas, que cambian constantemente de dirección aPlano ondulante lo largo del desarrollo del Museo y que en ocasiones conforman zonas ajardinadas. Lamentar que, recientemente, le han adosado en el lado norte, uno de esos parques infantiles comprados por docenas y “encarcelados” con las típicas vallas de madera, que lesiona, innecesariamente, la perspectiva de la obra (¿no había otro lugar?).

El “movimiento ondulante” del plano del edificio, contrasta con la ingeniosa y conocida imagen exterior, compuesta por más de 3.351 vidrios stradip (acristalamiento de seguridad), de ellos 2.719 traslúcidos, sostenidos por más de 500 vigas de hierro, que hacen que el edificio presente una tonalidad distinta, cambiante, según el reflejo de la luz solar sobre los paneles. La parte de color, que resulta espeCaceríactacular, se encuentra en la fachada y forma una sección cóncava que sorprende al visitante según se va acercando a la entrada, sintiendo como el Museo le va envolviendo dentro de ese espacio de acristalamiento colorista. Es la “claridad tectónica”, de la que habla el jurado del Premio.

Ese colorido enlaza a través del tiempo con las vidrieras de la Catedral. El mosaico de vidrios de 37 colores distintos, ha sido digitalizado utilizado un panel (“El Halconero”) de los once que componen una de las vidrieras más antiguas de la Catedral, concretamente del s. XIII, la quinta de la serie alta de la nave central del lado norte, que retrata varias escenas de cacería, cinegéticas y circenses, y conocida como “La Cacería”. 

La elección resulta sorprendente y magnífica. Los arquitectos han escogido una curiosa vidriera laica, que refleja las aficiones existentes de la Corte del Reino de León en el s. XIII. Se supone que, por los temas que contiene, formara parte del palacio real leonés destruido en el siglo XIV, siendo trasladada a la catedral para cubrir uno de los huecos en la parte norte.

Una vez enumerados y separados todos los colores de la vidriera, se obtuvo el porcentaje de cada color en el conjunto, colocando los colores en gama tipo RAL (como las cajas de lápicesHaconero Vidriera de colores). Luego, simplemente, se instalaron tantos vidrios de cada color, como indicaba el porcentaje calculado del vitral del en El Halconero. Este personaje y puestos a imaginar, pudiera tratarse de la figura de aquel Juan Sarmiento que el rey Alfonso IX de León, a principios del s. XIII, tenía a su servicio como halconero real, un cargo que con el tiempo llegó a ser uno de los más considerados de la Corte, con importantes derechos, retribuciones y prebendas.

En las dos obras leonesas, el objetivo concebido por los dos arquitectos ha resultado muy positivo. Ninguna de las dos deja indiferente al espectador, aunque existen quejas sobre la utilidad del Auditorio o no se llegue a comprender el “contenido” del MUSAC. Gracias a la obra espléndida de Tuñón y Mansilla, León puede presumir de poseer dos obras contemporáneas que destacan a nivel internacional, y que vienen a completar la “historia arquitectónica” de la ciudad: desde su origen, con el espectacular recinto amurallado romano, hasta estas dos obras vanguardistas y reconocidas del s. XXI. Lo lamentable, la inexistencia de un proyecto integral que promocione este aspecto.

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El malogrado Luís Mansilla comentaba que la arquitectura había tomado el relevo de la pintura, precisamente porque tiene la ventaja de estar siempre en contacto con la gente, que la ve como un arte muy cercano, muy suyo. En la ejecución de las dos obras leonesas, no solo tuvo presente la versatilidad de los edificios, sino que consiguió espacios del siglo XXI que se integran y cautivan a la ciudad, muy marcada por su barrio antiguo y su Catedral. Por eso, Mansilla confesaba que le encantaba que la gente escogiera la fachada multicolor del MUSAC o la geométrica del Auditorio, como fondo, como paisaje, para fotografiarse. Desde aquí, nuestro pequeño reconocimiento al artista que entendió la ciudad y su gente, su presente y su pasado, que contribuyó   a su crecimiento artístico como ciudad y que siempre reconoció que, “León les había dado mucha suerte”.


- Auditorio Ciudad de León. Recinto Sala de Exposiciones. Mansilla + Tuñón Arquitectos.
- Auditorio Ciudad de León. Recinto Sala Sinfónica (interior). Mansilla + Tuñón Arquitectos..
- Auditorio Ciudad de León. Luces y sombras.
- Auditorio Ciudad de León. Vista general de las dos salas.
- Arquitectos: Luís M. Mansilla y Emilio Tuón.
- Luís M. Mansilla.
- Museo de Arte Contemporáneo - MUSAC.  Mansilla + Tuñón Arquitectos. Foto "Desván de la Imagen".
- Entrega del Premio Mies van der Rohe (2007). Foto Diario de León.
- MUSAC. Panorámica aérea Zetacinco.
- Plano MUSAC (volúmenes).
- Vidriera de la Cacería. Catedral de León.
- Vitral de El Halconero (Vidriera de la Cacería). Catedral de León.
- MUSAC. Panorámica fachada.


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sábado, 11 de febrero de 2012

El pórtico occidental de la Catedral de León. Portada del Juicio Final (I)




El Judici - Tradicional/Cancionero de Uppsala (S. XVII)

Durante el primer milenio la iconografía en España es prácticamente inexistente. Los dictámenes del Concilio de Elvira (Granada), celebrado a principios del s. IV, junto con la carencia de artistas cualificados y las invasiones bárbaras, propician una importante decadencia socio-económica-cultural, que dejan la Península huérfana de imágenes. Es a partir del segundo milenio, con el fin de la larga crisis, cuando se inicia una renovación y se producen abundantes representaciones plásticas.

Una de las mejores muestras de la estatuaria del s. XIII en España, se encuentra en la catedral de León. Son siete las puertas con obra escultórica, si bien, el vano izquierdo de la portada sur tiene exclusivamente motivos heráldicos.


La fachada oeste u occidental, la más conocida, posee tres puertas bajo un pórtico sustentado con pilares, en el que se encontraban hasta hace unos meses adosadas tallas. La Puerta de San Juan ocupa el vano izquierdo, mientras que a la derecha se halla la Puerta de San Francisco (ver http://www.fonsado.com/: “Portada de San Francisco (I)” de 12 de enero de 2009 y “Portada de San Francisco (II)” de 18 de enero). La central, de la que nos ocuparemos en esta entrada, es la denominada Portada del Juicio Final.

El occidente, por donde se pone el sol y desaparecen los últimos rayos de luz, es el lugar escogido por el hombre gótico para representar la escena del Juicio Final, la segunda Venida de Cristo, en la que, según la doctrina cristiana, se someterá a juicio a los vivos y a los muertos resucitados, para ser enviados al Cielo o al Infierno: “Todos los pueblos serán llevados a su presencia; y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda” (Mt. 25, 31-46).


Cuando el año 1.000 no trajo, como se esperaba, el fin del mundo ni el comienzo del Reino de Cristo, la Iglesia puso gran empeño en enseñar a los fieles las llamadas “Cuatro Postrimerías”: la Muerte, el Juicio, el Infierno y el Paraíso. Y allí, en los paramentos de poniente de las grandes iglesias y catedrales, se hace coincidir el fin de la luz, la puesta del Sol y el inicio de las tinieblas, con el drama que representa el Juicio Final. En estas portadas se muestra al pueblo, de una manera teatral, las enseñanzas bíblicas sobre la segunda venida de Cristo.

En la catedral de Santa María de León, el conjunto de la portada central del Juicio Final, constituida por el tímpano, dintel, arquivoltas y parteluz, muestran la mayor parte de esa representación. Todas las imágenes conforman una serie de fases que perpetúan lo narrado en los Evangelios y en el Apocalipsis (revelación), que se pueden relacionar de la siguiente manera: Anuncio, Resurrección de los muertos, Juicio, Infierno y Paraíso.

Escena primera: EL ANUNCIO.

Arquivoltas. Los ángeles músicos (números amarillos), anunciadores de la segunda venida de Cristo, ocupan la clave y cuatro de las dovelas centrales de la arquivolta interior. Son las dovelas principales de la portada y su presencia es esencial en la representación: “… enviará sus ángeles, que a voz de trompeta sonora congregarán a sus escogidos de las cuatro partes del mundo, desde un horizonte del cielo hasta el otro” (Mt. 24, 31).

Cuatro de ellos se hallan situados simétricamente: los que ocupan las dovelas números 2 y 4 hacen sonar las tubas, y los de las dovelas 1 y 5 el caramillo. El que se sitúa en la clave, representado únicamente por una cabeza y dos pares de alas, es un serafín, jerarquía angélica más cercana a Dios y encargada de ejecutar sus castigos.


Escena segunda: RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

Arquivoltas. Para ser juzgados, los muertos resucitarán en estado incorrupto con el fin de presentarse ante el Todopoderoso en el Juicio. Es reducida la presencia en la portada de gente humilde en comparación con la élite social del momento. Predominan los religiosos, obispos, nobles y reyes. La mayoría aparecen semidesnudos, los religiosos con sus hábitos que identifican su condición, los reyes con corona, el obispo con mitra. Si observamos, la mayoría de los resucitados son personas jóvenes. Probablemente los artistas siguen el criterio de San Agustín que en su obra, “Ciudad de Dios”, opina que, con independencia de los años que se tenga al fallecer, se resucitará con la misma edad que Cristo tenía en el momento de su Resurrección.


Prevalece un acercamiento físico entre los ángeles y los resucitados, siendo éstos en muchos casos ayudados a salir de sus tumbas. Estos cuadros (números azules), que representan la resurrección de los muertos, ocupan casi la totalidad de las dovelas de la arquivolta exterior izquierda, hasta enlazar con el bloque número ocho (rojo) que corresponde ya a los condenados. En total, con la escena de la clave, son las trece representaciones siguientes:

1. En este sillar un ángel levanta la tapa de la sepultura de un resucitado, desnudo y con rodilla en tierra, que es cogido por la muñeca por un segundo ángel que sostiene, en su brazo derecho, un niño.

2. Un fraile con capucha sale de su tumba ayudado por un ángel que tiene su pie sobre la losa del sarcófago. Ambos se miran y conversan. A su lado, otro religioso.

3. Un ángel ayuda a salir a un fraile de su sarcófago. La aptitud de ambos es semejante a la de la anterior dovela, si bien, aquí, el dinamismo es superior. Debajo de ellos, un personaje trata de salir de una segunda tumba.

4. En esta dovela la escena se repite. Un ángel toma de la mano a un religioso, indicándole el lugar dónde debe dirigirse.

5. En la siguiente piedra, un ángel observa detrás de la tapa de un sarcófago la resurrección de dos jóvenes. Uno de se encuentra de  pie, el otro parece buscar algo en el interior de su tumba.

6. Un alto cargo eclesiástico con mitra está representado en la dovela seis. Sale de su ataúd en aptitud implorante, mientras un ángel sostiene la lápida del sepulcro.

7. En este bloque, un rey coronado sale de su sarcófago al que un ángel ha retirado la losa. Otro personaje, de espaldas, sale de su tumba.

8. Un rey (¿o reina?), es ayudado por un ángel a salir de su tumba, tomándole de una mano.

9. En el número nueve, en la clave, se representa un ángel con otro personaje resucitado, en este caso también coronado.
10. En la piedra con el número diez, otro resucitado es recibido por un ángel. Bajo los pies de éste, aparece la cabeza de otro resucitado.

11. Un individuo coronado sale del ataúd, mientras a su lado, de menor tamaño, encontramos otro resucitado con las manos juntas. Tras ellos y bajo la tumba, aparecen otros dos personajes.

12. Un ángel recibe y ayuda a otro resucitado que le mira atentamente. Detrás, otra alma aparta la tapa de su sarcófago.

13. En esta dovela aparece una mujer, posiblemente la única representada. Se tapa púdicamente un pecho con su mano, mientras mantiene el otro brazo en alto señalando o bendiciendo. Está acompañada de otra figura arrodillada sobre un sarcófago.

Tercera escena: EL JUICIO

Tímpano. La Biblia fija el cuadro del Tribunal celestial en el exterior: “¡Despiértense y suban las naciones al Valle de Josafat! Que allí me sentaré yo para juzgar a todas las naciones circundantes” (Joel 3,12). Será allí, junto a la muralla oriental de la ciudad antigua de Jerusalén, en la parte septentrional del valle de Cedrón, el llamado Valle de Josafat, donde tendrá lugar el Juicio. Sin embargo, en nuestra catedral, la escena se desenvuelve en un ambiente arquitectónico: hexágonos, ménsulas, formas almenadas, arcos trilobulados, etc., forman parte del escenario que trata de emular la Jerusalén Celeste.


El momento captado por los artistas, son los instantes previos al dictado de la sentencia. La figura de Cristo grave. El ambiente tenso. Los ángeles fronteros miran a Cristo y esperan tranquilos. María y Juan expectantes, serenos, aunque se intuye en sus posturas un último esfuerzo de petición de misericordia. El silencio es estremecedor, Cristo-Juez no se ha dirigido aún a la Humanidad.

En la parte central del tímpano y de mayor tamaño que las demás
figuras, Cristo-Juez, sentado sobre un solio, con las manos levantadas mostrando sus heridas. Su torso y pies están desnudos dejando a la vista el resto de las llagas. De esta manera recuerda su condición humana y la Pasión sufrida como intercesor de los hombres.

Junto a Él, de pie, dos ángeles portan los instrumentos de la Pasión. El que está a su izquierda, más alto, mira directamente a Cristo mientras sujeta con sus manos enguantadas, para no tocar directamente los símbolos, la cruz, el sudario, la lanza y tres clavos, no cuatro, como era característico del románico. El ángel que está a su derecha, mantiene un semblante entre ingenuo y cómplice con el espectador, al que vuelve un poco la cabeza. Sostiene, con la mano enfundada, la columna y el flagelo.

La corona de espinas es sostenida en lo alto sobre la cabeza de Cristo, por otros dos ángeles que, arrodillados, se encuentran en el vértice del tímpano adaptados al pequeño espacio. El círculo que forma la corona, supone una relación directa con el orden superior, siendo el hombre coronado un intermediario con lo supremo. Si a esto se añade el sufrimiento que supuso la coronación de espinas, el martirio sangriento, se obtiene un valor de cima espiritual. En nuestra catedral, no solamente es la corona de espinas, en este caso sogueada, la que se muestra sobre la cabeza de Cristo, también está coronado como rey con un nimbo de inspiración románica.

Junto con Cristo-Juez y como testigos principales del Juicio, María y Juan forman el conjunto
principal. Ambos están de rodillas, con las manos juntas y los brazos en alto en actitud implorante. La presencia de la Virgen no debe extrañarnos. Ella está exenta del Juicio: siempre fue pura, no tuvo relación con el pecado, ni siquiera el pecado original.

La presencia de San Juan es debida a la existencia de una unión permanente entre la figura de María y el Apóstol. Pero Juan también es considerado virgen por la tradición occidental, de ahí sus representaciones como joven imberbe. Mientras en Oriente, sobre todo en el arte bizantino, el personaje que suele formar parte de la triada es San Juan Bautista, en Occidente se opta por el Evangelista. 

Este “cambio” tiene su origen en una mentalidad occidental más abierta, pero también influye el simbolismo de Juan con la luz solar, con la renovación. Mientras la festividad del Bautista, 24 de junio, coincide con la reducción de la luz, ya que los días comienzan a ser más cortos, la festividad del apóstol, 27 de diciembre, marca una inflexión. Los días se hacen más largos y la luz se aleja de las sombras, es el triunfo de la claridad sobre las tinieblas.



-Portada occidental de la Catedral de Santa María de León. Foto "Vivencias de ayer y hoy".
-Idem. Detalle de las tres puertas. Foto "Club Fardacho".
-El Juicio Final. Hans Memling.
-Ángeles anunciadores: Dovelas 4 y 5 (amarillas) de la arquivolta interior.
-Detalle tímpano, arquivoltas y dintel Catedral de León.
-Arquivolta exterior. Resurreción: dovelas 1, 2, 3 y 4 (azules).
-Idem, Dovelas 11 y 12.
-Tímpano.
-Ángel tímpano.
-Tímpano (detalle).
-San Juan Evangelista.