martes, 14 de febrero de 2017

Febrero: fiestas ancestrales

Candela. 2

Plutón, el dios del inframundo, se enamoró de la bella Proserpina, hija de Júpiter y Ceres, raptándola y llevándola consigo al Averno. Ceres, al darse cuenta de la desaparición de su hija, la buscó día y noche alrededor del mundo, recorriendo campos, mares, montañas y bosques, alumbrándose en la oscuridad con teas y antorchas. Fue el Sol quién señaló a Ceres el rapto de Proserpina por parte de Plutón. Ésta, indignada, se retiró a uno de sus templos negándose a dejar crecer los frutos de la tierra, poniendo así en peligro el futuro de dioses y hombres. A éstos últimos por la falta de alimento y a los dioses por quedarse sin los sacrificios que cotidianamente les hacían los humanos.

El rapto de Proserpina – Alessandro Allori

Mercurio fue el enviado de Júpiter para que ordenara a Plutón que permitiera salir del Infierno a Proserpina. Plutón accedió con la condición de que ésta viviera seis meses al año con él, pudiendo permanecer el resto del año con su madre. De esta manera, los meses que madre e hija están juntas, Ceres decora la tierra con flores de bienvenida y, del mismo modo, permite que se llenen de frutos árboles, huertas y sembrados. Pero en el otoño, cuando Proserpina regresa al Hades y abandona a su madre, ésta desatiende la naturaleza que pierde así sus frutos y colores.
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En el mundo romano, las mujeres, en los primeros días del mes de febrero, rememoraban aquella búsqueda de Proserpina por parte de Ceres, utilizando teas y antorchas y dando lugar así a la fiesta conocida como “de las luces”.

Pero también el mes de febrero era el mes de las fiestas Lupercales, muy celebradas en Roma, que se festejaban el 15 de febrero (ante diem XV Kalendas Martias). Tras los oportunos sacrificios, adolescentes desnudos marchaban en procesión azotando manos y espalda a las mujeres que encontraban en su camino, dispuestas a ser parte de la fiesta lasciva. Utilizaban correas confeccionadas con piel de cabra, a modo de miembro viril, resultando rituales de fuerte contenido sexual encaminados a la fecundidad, pero también a la purificación.

Andrea Camasseiː Fiestas Lupercales, óleo sobre lienzo

Como vemos las tradiciones ancestrales se asemejan y entrelazan. En la ley judía, la madre que había dado a luz un varón era considerada impura durante siete días, a los que había que añadir treinta y tres días de “purificación de la sangre”. En total eran cuarenta días que, en el caso de que el nacido fuera niña, se duplicaban. Al cumplir los plazos, cuarenta u ochenta días según el sexo del recién nacido, la madre debía de llevar al Templo un cordero, un pichón o una tórtola para redimir su “pecado”. Si no fuera posible ofrecer un cordero, podría presentar dos pichones o dos tórtolas, caso de la Virgen María.

Sébastien Bourdon, La Presentación en el Templo

La purificación de las madres en el Templo tenía lugar por las mañanas en el atrio de las mujeres. Allí eran rociadas por el sacerdote con el agua lustral, agua que había apagado las brasas de la hoguera de algún sacrificio, a la vez que se recitaban oraciones al respecto.

Además de la purificación de la madre, la ley mosaica obligaba a la presentación del primer nacido si era varón. Según se cita en el Éxodo: “Le separaréis para el Señor y se le consagraréis”. De esta manera, todos los primogénitos de los hijos de Israel debían ser dedicados a la vida religiosa. Pero al escoger Dios para este cargo a los hijos de la tribu de Leví, estableció que los primogénitos de las restantes tribus no debían servir en el Templo, pero habrían de ser presentados al Señor como ofrenda que se le debía, siendo "rescatados" de la dedicación religiosa con ofrendas.

Giovanni Bellini, Presentación en el Templo

A finales del s. V el papa Gelasio I, con el fin de reemplazar las fiestas lupercales de febrero, que seguían teniendo mucho seguimiento entre el pueblo como fiesta de exaltación sexual y de purificación, además de terminar con la costumbre heredada de la mitología sobre la constante búsqueda de Proserpina, instaura el 2 de febrero la conmemoración de la visita al Templo que celebró la Virgen María a los cuarenta días de dar a luz, dando lugar a las fiestas cristianas de Purificación y Presentación: Las Candelas.

Pero Gelasio también instituyó el 14 de febrero la evocación del martirio de Valentín ocurrida en el año 270. Según la leyenda, Valentín fue un sacerdote cristiano, anteriormente médico, que se opuso a ley que prohibía a los soldados casarse. El sacerdote desafió al emperador Claudio II celebrando en secreto matrimonios para jóvenes enamorados. En consecuencia, el emperador ordenó encarcelar y asesinar a Valentín.

Gelasio I

Valentín fue martirizado y ejecutado el 14 de febrero del 270. Sobre su tumba Julia, la hija de un oficial romano al que Valentía había devuelto la vista, plantó un almendro de flores rosadas. Desde entonces el almendro es símbolo de amor y amistad duraderos. La festividad religiosa de San Valentín se celebró hasta el año 1969, año en el que Pablo VI decidió eliminarla siguiendo los acuerdos del Concilio Vaticano II, que ordenaba la búsqueda de existencia y detalles reales en la vida de los santos a los que la Iglesia dedicaba un día del santoral.


No se sabe a ciencia cierta cuando empezaron a celebrarse las procesiones cristianas en estos días. Se conoce que en el s. X se celebraba en Roma, con gran solemnidad, la fiesta de la Purificación de la Virgen María, en la que eran protagonistas las candelas y los cirios que se prendían para procesionar, para después llevárselos a casa y encenderlos en situaciones de necesidad.

En la actualidad, quedan varias muestras de esta celebración ritual. En León son varias las localidades que mantienen viva esta tradición: Cea, Grajal de Campos, Villafrea, Campazas, … En la capital, aparte de la tradicional misa y bendición de las candelas el día 2 de febrero en la catedral de Santa María, se celebra la entrañable fiesta de “Los Usías”, tradición que se sitúa en la iglesia de Santa Marina La Real y que tiene sus raíces en la Edad Media, siendo sus primeros protagonistas los nobles leoneses. En este día se realiza la tradicional presentación de los niños nacidos durante el año, con oferta de pichones, que ahora es recogida y participada por el pueblo como pequeña evocación de aquellas primeras fiestas atávicas.


- Hace 10 años. Las Candelas. San Miguel de Escalada.
- Rapto de Proserpina. Alessandro Allori.
- Retorno de Proserpina. Lord Leighton.
- Fiestas Lupercales. Andrea Camassei.
- La Presentación en el Templo. Sebastian Bourdon.
- Presentación en el Templo. Giovanni Bellini.
- Papa Gelasio I.
- Martirio de San Valentín. Maestro de Cambrai.
- Cartel: Celebraciones ciclo de invierno. León



domingo, 29 de enero de 2017

Delfos: centro del mundo.

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Desde el mito de su fundación hasta las fábulas, crónicas y leyendas que envuelven los célebres vaticinios entregados a los hombres a través de su sibila por el dios Apolo, todo en Delfos es evocador de misterio y religiosidad. Fueron esas sensaciones, junto con el enigma que envuelve el lugar y la turbación permanente de conocer lo que allí se gestó en la Antigüedad, las que permanecieron mientras pisábamos el suelo sagrado y nos cautivaron durante la estancia en el milenario santuario.

clip_image002Parnaso, hijo de Poseidón y de la ninfa Cleodora, dio su nombre a la cadena montañosa ubicada en la zona central de Grecia que, en su lado meridional, se orienta al golfo de Corinto salvando la bella llanura del río Pleisto, cubierta de olivos. En ese lado meridional, resguardado por las altísimas Fedríades, enormes peñas conocidas como las Resplandecientes o Brillantes, se encuentra el santuario y oráculo de Delfos.

Allí se localizaba el “centro de la tierra” desde la mitológica disputa entre Zeus y Atenea sobre cuál sería el centro del mundo. Zeus propuso dejar volar dos águilas desde los dos puntos más alejados del orbe, acordando que el lugar donde se cruzaran debía ser el centro. Las águilas se juntaron sobre las escarpadas y frondosas laderas del Parnaso, concretamente sobre Delfos, en el corazón de Grecia, a 2500 m de altura. Desde aquel momento el lugar fue considerado como el verdadero e indiscutible “centro de la tierra”.

Como notario del suceso, Zeus depositó una piedra en forma ovalada, el ónfalos, conocido como el “ombligo del mundo”, posiblemente una roca meteorítica, un betilo, con forma de medio huevo en el que se talló una malla con nudos adornados con piedras preciosas. Simbolizaba el centro cósmico donde confluye el mundo de los hombres, el de los muertos y el mundo de los dioses. El ónfalos que actualmente se conserva en el Museo de Delfos, es una copia romana encontrada en las excavaciones del santuario.

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Será en Delfos donde se sustituirá el primitivo culto de una diosa de la tierra por un dios del cielo, un joven dios olímpico con una historia confusa: Apolo. Un dios solar y sabio que otorgará al nuevo santuario una especial atmósfera profética que tomará forma en sus oráculos. Para ello, Apolo utilizará mediadores: la sacerdotisa o pitonisa y los profetas o sacerdotes del templo, que serán los encargados de contestar las cuestiones planteadas por los humanos.

Siguiendo la mitología, las formas empleadas por el dios Apolo para hacerse con el santuario resultaron brutales. Apolo tuvo que derrotar antes a los antiguos “propietarios” de Delfos, santuario custodiado por la serpiente Pitón. El dios luchará a vida o muerte por la posesión del lugar, en lo que puede considerarse como una lucha cósmica. Esta particular disputa entre el joven hijo de Zeus y el guardián de la Tierra, es el punto de inflexión que marcará el progreso triunfal de los dioses olímpicos, de origen indoeuropeo, sobre las primitivas divinidades autóctonas enraizadas a la tierra: Gea, Gaia, etc. Es la indiscutible victoria de los dioses celestes sobre las ancestrales diosas-madres terrestres.

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Apolo venció y acabó con la serpiente e inició la construcción de su nuevo templo y oráculo: “En este lugar quiero erigir un templo glorioso para que sirva de oráculo a los hombres que ofrecerán perfectas hecatombes, tanto los que habitan en el opulento Peloponeso como el resto de los hombres de Europa y de las islas lavadas por el mar, que vendrán a preguntarme. Y yo les daré consejo infalible, contestándoles en mi rico templo” (Himno Homérico a Apolo Délfico).

Todo en Delfos resulta especial. Desde los mitos sobre su fundación, hasta las leyendas que rodean los famosos oráculos formulados por Apolo en boca de su sibila, que resultan ser un poderoso aglutinante para los distintos pueblos griegos. A esa atmósfera de misterio contribuye su propio emplazamiento, un decorado, un marco natural de impresionante belleza en la ladera meridional de la cordillera del Parnaso.

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Los antiguos señalaban que no existían dudas sobre la ubicación divina de Delfos, ya que parecía una fortaleza que la propia naturaleza había elegido para velar por el santuario. No les faltaba razón. Mientras ascendíamos desde la costa hacia Delfos, comprobamos como la propia montaña resguarda permanentemente la vista del emplazamiento. No es hasta la última curva cuando se descubre el impresionante Delfos, siempre velado y protegido en el vientre de las estribaciones rocosas.

Preciso resulta Michael Scott, gran conocedor de Delfos, que describió así su llegada al santuario: “El mármol brilla bajo la luz del sol matinal y reluce dorado al atardecer. Las columnas decoradas y cuidadosamente coreografiadas de los templos contrastan con el gris salvaje de la ladera rocosa del Parnaso que tienen a su espalda. El sonido del agua de las fuentes de montaña que se abre camino hasta las llanuras a sus pies te llega a los oídos. Y te sientes sobrecogido por el silencio y la sensación de encontrarte fuera del mundo cuando finalmente se te revela este tesoro escondido y te acoge en su seno. Existe una magia en el aire que no se puede comparar con ningún otro lugar que haya visitado en la Tierra”.

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Unos metros antes de entrar en el recinto sagrado del santuario es necesario acercarse hasta la fuente Castalia para seguir con la tradición en cuanto a “purificación”, del mismo modo que ritualmente hacían las pitias, los sacerdotes y sirvientes del templo de Apolo, además de los solicitantes del oráculo. Sumergimos nuestras manos en la “fuente sagrada” y empapamos cara y frente, esperando que el agua sagrada socorra nuestro presente y futuro, recordando que era allí, al lado de la fuente, donde la mitología señala la existencia de un bosque de laureles consagrado al dios Apolo. En aquel bosque se reunían las Musas, deidades del canto, de la música y de la poesía, reuniones a las que asistía el mismo Apolo que tocaba la lira, mientras Musas y Ninfas cantaban y danzaban.

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El recinto sagrado de Delfos forma un rectángulo en terrazas de aproximadamente tres hectáreas rodeado de un muro con cinco puertas. Se accede por la Puerta de Milciades a la Vía Sagrada, el camino ascendente por el que transitaban en procesión los peticionarios del oráculo remontando la ladera en zigzag durante más de 400 metros.

No vamos hacer aquí un recorrido por los innumerables y bellísimos monumentos, estructuras, edificios o exvotos regalados y donados al santuario por los distintos pueblos o ciudades griegas, que se concentraban a lo largo de la Vía Sagrada, sino que trataremos de centrarnos en lo que más nos fascina y sugestiona de Delfos: su oráculo.

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Pierre Amandry, experto helenista del s. XX, sostiene una bella hipótesis sobre las primeras consultas al oráculo. Según Amandry las respuestas de la pitonisa se inspirarían gracias a la observación del movimiento de unas hojas de un laurel, pero no de un laurel cualquiera, sino del árbol en que se transformó Dafne cuando era perseguida por el propio Apolo. Aunque la hipótesis resulta hermosa, no deja de Apolo y Dafne de John William Waterhouse 2ser una versión poética del oráculo. 

Son muchas las opiniones que existen sobre la práctica de las consultas y sus pertinentes respuestas. Y es que, a pesar de que Delfos y su oráculo estuvieron vigentes mil años, no ha llegado hasta nosotros ningún relato completo y preciso sobre su verdadero funcionamiento. Lo único que existe son fuentes bastante tardías que provienen del periodo comprendido entre el s. I aC. al s. IV dC., principalmente de los historiadores Plutarco y Pausanias, y que, ocasionalmente, también resultan contradictorias.

Siguiendo al escritor Plutarco (s. I dC.), que llegó a ser sacerdote del templo de Apolo, en su tiempo solo existía una sacerdotisa o pitia elegida entre las “familias más sensatas y respetables que se podían encontrar en Delfos”. El propio Plutarco señala que, una vez elegida, la sibila servía a Apolo durante toda la vida y quedaba sometida a una vida austera y sibylla-delphica-by-Edward-Burne-Jonescasta. Indica también que en siglos anteriores eran tantas las visitas que recibía el santuario, que llegaron a coexistir tres pitias al mismo tiempo.

Según Plutarco, la pitonisa sólo estaba disponible un día al mes para las consultas, posiblemente el séptimo día de cada mes (aniversario del nacimiento de Apolo). Sin embargo, las consultas solo se realizaba durante nueve meses, ya que los tres meses de invierno Apolo se “ausentaba”, por lo que Delfos se quedaba sin su oráculo, pero no sin gobierno, ya que era el dios Dionisio quien se “encargaba” de proteger el santuario.

En esos escasos nueve días de consulta al año, la jornada comenzaba con la llegada al amanecer de la pitonisa a la fuente Castalia para purificarse mediante un baño ritual. Seguidamente regresaba al santuario y entraba en el templo de Apolo acompañada por los sacerdotes, donde quemaba, como ofrenda a Apolo y a todos los dioses locales, unas hojas de laurel.

Pero antes de seguir con las consultas, los sacerdotes comprobaban si el día era propicio para el vaticinio usando una prueba de lo más peregrina. Utilizaban una cabra que no tuviera ningún defecto, sobre la que vertían agua fría. Si la cabra temblaba, significaba que Apolo estaba de acuerdo con que ese día se le consultase. Seguidamente se sacrificaba el animal en el exterior del templo, sobre el gran Altar de Quíos.

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El conocido como Altar de Quíos se situaba frente la rampa de entrada al templo. Realizado en mármol negro a finales del s. VI aC., llevaba una inscripción que explicaba que los habitantes de Delfos concedían a la isla de Quíos el derecho a consultar en primer lugar el oráculo, a cambio de costear la edificación del altar.

Existe una leyenda en la que se narra que el hijo de Aquiles, Neoptólemo, fue asesinado sobre dicho altar por infringir las normas del templo. Era costumbre que los sacerdotes del templo se apropiaran de la mayor parte de la carne de los animales sacrificados como ofrenda a Apolo. Neoptólemo se negó a aceptar esta práctica, siendo asesinado por los sacerdotes sobre el propio Altar. El suceso se muestra en la pintura pompeyana de la Casa de Marco Lucrecio y en una crátera de volutas del pintor Iliuperis.

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En ambas estampas Neoptólemo se encuentra sobre el altar, frente al templo de Apolo. En ambas imágenes se puede comprobar la existencia de varios de los monumentos y ofrendas exclusivas de Delfos que se encontraban cerca del templo, del que también se muestra su frontal. Entre las ricas ofrendas de las imágenes, se observa la Columna de Platea, una columna de ocho metros de alto formada por tres serpientes, cuyas cabezas sostenían un cuenco de oro. Erigida en conmemoración de la victoria de Platea frente a los persas en el año 478 aC., aún se conserva parte de la columna en la ciudad de Estambul y una de las cabezas de las serpientes en su Museo Arqueológico. También el ónfalos, del que ya hemos hablado, el trípode donde se sentaba la pitia y la Palmera de Atenas, un monumento en forma de palmera de bronce con una estatua de Atenea en sus ramas, que conmemoraba la victoria militar ateniense en la batalla del río Eurimedonte en el 467 aC.

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Según la tradición, para evocar y rememorar el asesinato de Neoptólemo frente al templo de Apolo, Delfos se convirtió en sede de los Juegos Píticos, uno de los cuatro Juegos Panhelénicos junto con los Olímpicos, Ístmicos y Nemeos.

Pero continuemos con el oráculo. El preceptivo sacrificio de la cabra era la señal para que todos conocieran que el día era propicio y que se podrían realizar consultas. Los peticionarios tenían también que purificarse en la fuente Castalia y organizarse de acuerdo con unas reglas muy estrictas que fijaban el orden para consultar.

Antes de hacer la pregunta había que costear la respuesta. Cada consulta, en primer lugar, suponía la quema de una galleta de cebada que se tenía que adquirir en el propio Delfos. Además, se requería una cuantía en metálico que, al parecer, variaba según fuese una consulta privada u oficial o de una ciudad pudiente o modesta.

Tras la espera de turno, los demandantes entraban en el templo (nunca mujeres) acompañados obligatoriamente por un habitante de Delfos, un “padrino”. Antes era obligatorio realizar otro nuevo sacrificio, en este caso en el altar interior del templo. Parte del animal sacrificado era quemado en el propio altar, otra parte quedaba para el templo (sacerdotes), otra para la ciudad y una pequeña ración para la persona que realizaba el sacrificio.

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A partir de aquí las distintas fuentes se muestran muy dispares en cuanto al transcurso del oráculo. En primer lugar, se desconoce la verdadera disposición del interior del templo. Los restos actuales corresponden al último santuario construido en el siglo IV aC. que sustituyó a otros dos templos anteriores de los siglos VII y VI aC. En la actualidad sólo queda el basamento y fragmentos de seis columnas de estilo dórico realizadas en caliza. Sostenido en su parte sur por un imponente muro, el templo dórico tenía seis columnas en el frente (hexástilo) y quince en los laterales (períptero). Costaba de pórtico, cella y opistodomos (recinto y acceso trasero reservado al tesoro). Su frontón, orientado al este, narraba el nacimiento de Apolo, mientras el frontón trasero, orientado al oeste, representaba al dios Dionisio entre las ménades. De las metopas, cuentan que colgaban escudos capturados a persas y gálatas. En el ángulo noroeste se encontraba el famoso auriga, ofrenda de Policelo, tirano de Gela, en el 478 aC.

El templo se mantuvo en pie hasta el 390, año en el que el emperador cristiano Teodosio I silenció el oráculo. Con posterioridad fue saqueado y demolido por su sucesor Arcadio en nombre de la Cristiandad y con el fin de borrar todas las huellas del paganismo.

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Junto al templo, en otra terraza superior, se encuentra el teatro, construcción sorprendente del s. V aC. Realizado en mármol blanco sobre un terreno difícil, es uno de los mejor conservados de todo el mundo griego, aunque con numerosas restauraciones, sobre todo en el periodo de dominación romana. Era el hogar permanente de las competiciones musicales que formaban parte de los Juegos Pitios, sirviendo también como lugar de reunión para la asamblea de Delfos.

En varias terrazas más arriba, en la zona más elevada del santuario, se encuentra el estadio, espléndidamente conservado en su graderío norte y en la tribuna presidencial. Construido también en el s. V aC., tiene una capacidad para siete mil espectadores y más de 170 m de longitud en la pista.

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Volvamos al templo de Apolo y a su oráculo. Se cree que la sibila realizaba sus profecías en el ádyton, una pequeña sala en el interior del templo prohibida para los consultantes. No obstante, existen fuentes que aseguran que en el ádyton podía entrar cualquiera y que allí se encontraban dos estatuas de Apolo (en oro y madera), junto con su armadura sagrada y la famosa lira del dios. También el ónfalos, el ombligo del mundo y, por supuesto, la sibila sentada en su conocido trípode. Mucho se ha hablado sobre que el ádyton era un espacio subterráneo, no obstante, en los oraculo_apoloB_smallrestos del templo no existe prueba de ningún subterráneo, aunque sí de una sala dentro de la nave que, posiblemente, pudiera tratarse del nombrado ádyton.

En la conocida copa griega de figuras rojas (Museo de Berlín), en donde se observa a la sibila sentada en su trípode de cara al consultante, en este caso Egeo, es indicativo de que la pitia escuchaba personalmente al visitante y allí mismo le daría la respuesta del dios. Sin embargo, Plutarco afirma que el peticionario permanecía en sala aparte, por lo que la pregunta no se realizaría de viva voz, sino que se efectuaría por escrito y se entregaría a uno de los sacerdotes, que daría la respuesta de la misma manera. Como vemos, no se conoce realmente todo el proceso.

El interés por las formas y el escenario no resulta tan importante, como el deseo de conocer la manera en que la pitonisa recibía la inspiración para contestar a las preguntas que se le hacían a Apolo. Antes del s. IV aSacerdotisa de Delfos (1891) - John CollierC. no existen datos al respecto, salvo la leyenda que señala que la sibila se instalaba en el exterior, sobre una roca que todavía hoy se puede ver. Con posterioridad a esa época, cuentan que para el vaticinio la pitia se sentaba en un trípode con una rama de laurel que agitaba en una mano, mientras bebía el agua de la fuente Casiótide, manantial que se encontraba en el mismo templo (imagen que se ve claramente en la ya nombrada copa o kylix de Berlín).

Será el historiador griego del s. I aC., Diodoro Sículo, el primero que mencionará una grieta bajo el trípode de la sibila, de donde emanaban unos vapores. Dos siglos después, Plutarco menciona el “aliento” que ocasionalmente llenaba la sala del templo; el historiador menciona la existencia de una “fragancia deliciosa”, pero sin especificar nada más. La imagen de la pitonisa respirando los efluvios de la grieta bajo el trípode ha sido siempre la imagen dominante para comprender el “funcionamiento” del oráculo de Delfos, y así lo plasmó en 1891 John Collier en su conocida obra: Sacerdotisa de Delfos.

En la búsqueda de estas referencias, las primeras excavaciones del santuario resultaron decepcionantes al no encontrar vestigios ni de la grieta ni de las emanaciones, llegando a suponer que todo había sido un montaje de los sacerdotes del templo para engañar y confundir al mundo antiguo. Durante la primera mitad del siglo XX, para explicar el éxtasis de la pitia, se recurrió a otras teorías como la existencia de drogas, la auto-hipnosis y a un sin fin de suposiciones e hipótesis. No obstante, todo llevaba a pensar en la existencia de un autentico fraude.

Las pruebas y resultados de un estricto examen geológico en el emplazamiento de Delfos realizado a finales del s. XX y principios del XXI, han demostrado la existencia de dos grandes fallas geológicas que se cruzan precisamente en Delfos, justo bajo el templo de Apolo. Del mismo modo, se ha comprobado la existencia de fisuras en las rocas bituminosas que podrían permitir que, pequeñas cantidades de gas propios de estas calizas (etano, metano y etileno), llegaran al exterior. Estos gases, que producen un estado placentero al inhalarlos, pudieron generarse en una cantidad suficiente para que, en un lugar cerrado como el ádyton, la sibila pudiera caer en un estado de trance, una especie de “delirio sagrado”, balbuceando palabras o frases sin conexión que más tarde los sacerdotes se encargarían de redactar en forma de versos hexámetros, dando como resultado respuestas ambiguas y a veces incomprensibles. Así todo, y dando por hecho la existencia de estos gases y sus posibles consecuencias en el comportamiento de la sibila, creemos que todo este decorado y atrezo no tendría nada que ver con la conclusión final de su respuesta.

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¿Cómo puede ser posible que las contestaciones resultaran las adecuadas para que el oráculo de Delfos se mantuviera vivo durante más de mil años? La respuesta no hay que buscarla en la emanación de gases ni en drogas ni en el trance y gritos de la sibila, la respuesta hay que buscarla en la religiosidad, en la profunda y particular relación de los griegos con sus dioses.

Debemos imaginarnos una sociedad en contacto permanente con la divinidad mediante los oráculos. El pueblo griego creía plenamente que el mundo era controlado por los dioses y que éstos podían favorecerles o perjudicarles. De esta manera, era tarea cotidiana para los griegos tratar de apaciguarlos con todo tipo de ofrendas y sacrificios, además de conseguir averiguar, mediante distintos métodos de adivinación, que es lo que habían preparado los dioses para su futuro. Teniendo en cuenta esto, la supervivencia del oráculo de Delfos y su notoriedad y fama durante tanto tiempo, fue debida al ansia griega de preguntar a sus dioses sobre el porvenir.

Probablemente el “gran secreto” que encierra el oráculo en sus contestaciones fuese, precisamente, la “pregunta”. De las consultas que se conocen, la mayor parte de las cuestiones se planteaban en forma de consejos, buscando los peticionarios opciones sobre el futuro y no preguntas directas sobre lo que iba a ocurrir. Serían preguntas del tipo, ¿sería más beneficioso hacer esto o aquello? De esta manera, si la pitia aconsejaba A y esta opción era funesta, los griegos pensarían que la opción B hubiese sido mucho peor. Así resultaba imposible que el oráculo se equivocase de una manera total en su respuesta, ya que los dioses les habían indicado la mejor opción. El filósofo Heráclito en el s. V aC., señala: “El dios, cuyo oráculo está en Delfos, ni dice ni oculta, sino da señales”.
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Desde las últimas gradas del teatro, bajo el sol de Delfos, se contempla la práctica totalidad del recinto sagrado y su situación privilegiada frente al valle de PleistoDesde allí, es fácil imaginar el santuario en todo su esplendor: el ágora romana, las estoas de Atenas y Esparta, con sus innumerables esculturas; las diversas construcciones denominadas “tesoros”, entre las que sobresalían por su belleza y decoración el de los atenienses y el tesoro de los sifnos, la Esfinge de Naxos, el espléndido templo, cuya terraza, como ya dijimos, se encontraba repleta de excepcionales ofrendas como las ya nombradas, que se completaban con la pilastra y estatua de Emilio Paulo y el monumento de Jarixenos, ambos a los lados del templo, el gigantesco Apolo de Salamina, la estatua rodia de Helios, las estatuas de Atalo II y Eumenes II de Pérgamo y la columna de acanto de las Bailarinas; en un lateral, entre el templo y el teatro, el archiconocido Auriga de Delfos, todo un conjunto escultórico del que se conserva íntegramente la figura del auriga.

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Como escribe Michael Scott, Delfos conserva una magia en el aire que no se puede comparar con ningún otro sitio en la Tierra. Posiblemente sea el lugar donde más han confluido dioses, diosas, semidioses y héroes: Apolo, Atenea, Artemisa, Dionisio, Poseidón, Hermes, Gaia, Zeus Macaneo, Polieo, Sóter, Artemisa, Leto, Afrodita, Armonía, Deméter, Asclepio, los Dióscuros, Pan, las Musas, las Ninfas y las Trías, Heracles, Orestes, Egeo, Castalio, Parnaso, Neoptólemo, etc., etc.

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Pero hay algo más que magia en el ambiente. Allí estuvieron, entre otros, Jenofonte, Licurgo, Milciades, Pirro, Pausanias, Aristóteles, Esopo, Herodoto, Cicerón, Sila, Emilio Paulo, Filipo de Macedonia, Olimpia y su hijo Alejandro Magno, Plutarco, Nerón, Adriano, Juliano el Apóstata, …. Delfos posee el encantamiento, el hechizo que ha dejado la estancia de cientos de personajes históricos que durante 1000 años pisaron y admiraron, como ahora nosotros, la belleza y la fascinación del centro del mundo, del santuario de Delfos.

- Auriga de Delfos. Detalle. Museo de Delfos.
- Ónfalos. Museo de Delfos.
- Casa de los Vetti, Pompeya. Apolo, ónfalos y la serpiente Pitón.
- Apolo y la serpiente Pitón. Cornelis de Vos.
- Vista aérea de Delfos y llanura Pleisto.
- El Parnaso. Antón Mengs.
- Los poetas beben de la fuente Castalia. Friedrich H. Füger.
- Maqueta santuario. Museo Delfos.
- Apolo y Dafne. Willians Waterhouse.
- Sibila délfica. Edward Burne Jones.
- Muerte de Neoptólemo. Fresco casa Marco Lucrecio,  Pompeya.
- Crátera de volutas del pintor Iliuperis. Muerte de Neoptólemo.
- Reconstrucción Templo de Apolo en Delfos.
- Situación actual Templo de Apolo en Delfos.
- Teatro de Delfos.
- Estadio de Delfos.
- Kylix del Museo de Berlín.
- Sacerdotisa de Delfos. John Collier.
- Reconstrucción oráculo.
- Teatro y Templo.
- Reconstrucción Auriga de Delfos.
- Apolo. Tiépolo.
- Video Música et pictura. Primer Himno Délfico.  Paolo Emilio Carapezza.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Feliz año 2017!!!


Albeniz y Paco Montalvo para desearos un feliz año nuevo.
Video: Paco Montalvo Live Concert with Flamenco Dance


jueves, 22 de diciembre de 2016

La Sibila regresa a León tras cinco siglos

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El anuncio en la prensa ha sido todo una sorpresa. Mañana, día 23 de diciembre, la Sibila “volverá” a nuestra Catedral después de cinco siglos, gracias a la iniciativa del titular del órgano catedralicio, D. Samuel Rubio.

Según la noticia, la actuación de mañana en nuestra catedral será una referencia cultural nacional e internacional, debido a lo antiguo del espectáculo que, cada 24 de diciembre y a medianoche, se realizaba el solemne canto compuesto por la Profecía de Isaías, seguido por el Canto de la Sibila. Estos dos cantos trataban de significar la “venida” de Cristo, con su Nacimiento en estas fechas, mientras la Sibila anunciaba a continuación la segunda “venida”, el Juicio Final.

Samuel Rubio

La Sibila siempre ha estado presente en nuestra Catedral entre las tallas de la Portada Occidental, es la Sibila Eritrea, ahora situada en el claustro. ¿Qué hacía un personaje pagano cercano a la mitología griega y romana, en la portada de la catedral? La presencia de la Sibila Eritrea en el templo leonés y en la religión y tradición cristiana, obedece a que la pitonisa es considerada, desde los primeros tiempos del cristianismo, como la voz del mundo antiguo, del mundo pagano, al que se le prometía un Salvador de igual manera que los profetas anunciaban al pueblo judío la llegada de un Mesías.

Las sibilas eran mujeres que, en la cultura griega y romana, se creía estaban inspiradas para interpretar las respuestas de los dioses sobre la predicción del futuro. Según la tradición, la primera de estas mujeres se encontraba en Delfos y se llamaba Sibila, generalizándose el nombre a todas las demás. 

DSC01799También se las denominaba pitias o pitonisas, nombre tomado de la serpiente Pitón (antes designada como un dragón llamado Delfine, de ahí el nombre de Delfos) vivía dentro de una cueva en la ciudad griega de Delfos y a la que el dios Apolo (Apolo Pitio) dio muerte con el fin de apoderarse de su sabiduría. Delfos fue el oráculo más nombrado y sus prácticas las más conocidas y divulgadas por los autores de la Antigüedad.

La sibila o pitonisa de Delfos se sentaba sobre un trípode y, después de haberse purificado con el agua sagrada de Delfos y haber masticado hojas de laurel, escuchaba la pregunta y devolvía a los solicitantes el oráculo del dios que hablaba a través de ella.

En el siglo II aparecen una serie de libros de poemas, denominados sibilinos, compilados por cristianos orientales que tenían como base textos con contenidos históricos, políticos y religiosos de origen y antecedentes paganos, judíos y cristianos. Entre estos contenidos, figuraban los oráculos de la Sibila Eritrea que fueron considerados tan importantes como las predicciones de los profetas del Antiguo Testamento.

Durante la Edad Media, las profecías de la Sibila gozaron de gran estima e influencia, dando lugar a las representaciones teatrales más antiguas (s. XI) sobre el misterio de la Navidad. Eran, en principio, ceremonias sencillas que solían celebrarse el 24 de diciembre y que se limitaban al solemne canto de la “Profecía de Isaías” y al denominado “Canto de la Sibila”, que se componía principalmente de su antigua profecía sobre el Juicio Final y las horrendas consecuencias que le acompañaban.

En el XII y XIII surgen sobre el mismo asunto verdaderos dramas teatrales. Al profeta Isaías y a la Sibila Eritrea les acompañan ahora las prefiguras de Cristo y los profetas mesiánicos y escatológicos: Jeremías, Daniel, Samuel, Ezequiel, Elías, Asuero, Esther, etc.; también figuras con simbolismo escatológico: Baalam, Aarón, la Sinagoga, la Iglesia, la Virgen, San José, la reina de Saba, etc… Es el conocido drama denominado Ordo Prophetarum, que deriva de un sermón, atribuido a San Agustín, que se leía en la vigilia de Navidad.

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Durante la representación del drama son llamados a dar testimonio del advenimiento de Cristo y de los sucesos que acaecerán en el Juicio Final, los profetas del Antiguo Testamento, interviniendo también prefiguras de Cristo y de la Virgen, personajes mesiánicos y, por supuesto, la Sibila Eritrea.

El denominado “Canto de la Sibila”, del que mañana disfrutaremos después de cinco siglos, es una ceremonia propia de las iglesias españolas. Se representó en ciudades levantinas: Gerona, Barcelona, Palma, Valencia, etc., pero también en León. Desde la capital del Reino se expande la tradición a ciudades como Santiago, Toledo y, según avanzan las conquistas militares, a tierras portuguesas, extremeñas y andaluzas.



domingo, 18 de diciembre de 2016

El origen del villancico


Coro navideño en el Virreinato de Perú, autor anónimo.

A lo largo del siglo XVI la Iglesia empieza a utilizar durante los actos litúrgicos obras en castellano para acercar al pueblo las celebraciones religiosas. De esta forma, los villancicos cambiarán paulatinamente sus temas tradicionales a formas y temas que interesan a la Iglesia.

Hoy se asocia el villancico con los cánticos navideños, pero esto no fue así en un principio. La denominación de villancico procede del término “villano”, habitante de la villa, por lo que este tipo de cánticos eran propios de la gente del pueblo, que narraban la vida cotidiana y los sucesos de la aldea o villa y en donde no faltaban las sátiras, las intrigas amorosas o las gestas de armas; todo ello ajeno por completo a la religión y a las celebraciones navideñas.

Estos temas profanos van desapareciendo lentamente de las costumbres del pueblo, como consecuencia de la poderosa influencia de la comunidad eclesiástica conservadora que destierra por completo cualquier tradición ajena a la religiosidad, hasta hacerla prácticamente desaparecer a lo largo del siglo XIX.

El apogeo de las celebraciones navideñas a lo largo del siglo XX, permite la recuperación de las coplas y letrillas religiosas que adoptan el apelativo de villancico, pero únicamente como tonadillas propias de la Navidad. Realizadas con instrumentos simples y populares e interpretados la mayoría de las veces por voces infantiles, cuentan con letras poco elaboradas y una sencilla estructura armónica y melódica.

En la actualidad, el villancico tradicional permanece anclado en el siglo XX mientras está tomando enorme auge el villancico flamenco, sobre todo la “zambomba” de Jerez, nombre por el que se conoce la fiesta distintiva de la Navidad jerezana, que tiene su origen en las reuniones que se organizaban al caer la noche en las casas de vecinos durante estas fechas.

Video: Triana Pura - Villancicos por tangos de Esperanza la del Maera.
-Senador Música- 

domingo, 11 de diciembre de 2016

Loteria de Navidad: el retablo Alfa y Omega


“NAVIDAD”
Nacimiento flamenco. Anónimo.
Siglo XV. Retablo de madera policromada.
Catedral Santa María. León.

Este es el texto que figura bajo la imagen que se muestra a la izquierda en la Lotería de Navidad de 2016. Junto a las cinco cifras de la “suerte”, aparece en los décimos una ilustración que, desde hace unos años, suele ser representativa de la Navidad. Este año se incorpora la reproducción de un pequeño grupo escultórico realizado en el siglo XV en madera de nogal, que se encuentra en una de las capillas de la girola de la Catedral de Santa María de León y que escenifica el misterio de la Natividad de Cristo.

loteria_navidad_1973Es desde el sorteo navideño de 1974 cuando la imagen de los décimos de lotería se desplaza definitivamente a la izquierda y, unos años más tarde en 1986 se incorporan las representaciones de “Nacimientos”, que llegan hasta la actualidad. Con anterioridad se mezclaban todo tipo de imágenes y iconografías, tanto religiosas como civiles o deportivas, por ejemplo el campo de fútbol de la Romareda, la Huida a Egipto, homenaje al tenis, monumentos de España, etc.… Algunos resultan tan peregrinos como el sorteo correspondiente al año 1969, cuyo décimo contenía un dibujo de celebración navideña con el texto: “Por Nadal cada oveja a su corral”.

loteria_navidad_1976Esta es la tercera vez que León aparece indirectamente en los décimos de la Lotería de Navidad. La primera fue en 1973, año en el que se mostraba como fondo del décimo la portada del Santuario de la Virgen del Camino, con las conocidas esculturas de José María Subirachs. En 1976 los décimos exponían, ya a la izquierda, un dibujo del “Anuncio a los Pastores”, detalle de las célebres pinturas románicas del Panteón Real de San Isidoro.

Este año la imagen corresponde a un pequeño retablo flamenco que ocupa la capilla del Nacimiento de la Catedral. En la girola de la Catedral de Santa María de León, al lado del Evangelio, se encuentra la capilla del Nacimiento. El origen de este oratorio data de mediados del siglo XIII, donde en uno de los paños está el sepulcro del obispo Arnaldo, fallecido en 1253. Se supone que, en un principio, la capilla estuvo dedicada a San Ildefonso y San Pedro, santos que aparecen representados en las vidrieras de la propia capilla; pero es a mediados del s. XV cuando el obispo leonés Pedro Cabeza de Vaca “funda” la capilla del Nacimiento, donde se situó el retablo de la Natividad, también llamado el “retablo de Alfa y Omega”.

Alfa y omega

Ésta denominación es debida a una de las particularidades de este conjunto que mide dos metros de ancho y unos centímetros más de alto, y que está formado por dos cuerpos unidos por el centro. En la parte izquierda se distingue perfectamente la letra alfa y en la derecha, un poco menos identificable, la letra omega. Son la primera y la última letra del alfabeto griego, el primero y el último, el principio y el fin, es la simbología tradicional de Dios que de esta manera afirma el poder y la deidad.

Alfa y Omega 2Estas letras griegas están situadas sobre la “techumbre” del establo, bajo la cual se representa la escena central: la Natividad y Adoración de la Virgen y San José a Jesús recién nacido, escena en la que no falta la mula y el buey. Sobre el tejado se desarrolla otro suceso en una exposición muy saturada: sobre un paisaje abrupto y rocoso, tres pastores que miran al cielo cubiertos con tabardos y capuchas, reciben el Anuncio del ángel (que no existe). El rebaño de cabras y ovejas ramonea por la montaña, en donde también se aprecian dos perros y varios robles. En lo más alto, la ciudad de Jerusalén representada por castillos y palacios.

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San José y la Virgen figuran en primer plano arrodillados y adorando al Niño desnudo, que se muestra recostado sobre un cojín y el extremo del manto de su Madre. Un San José calvo, con barba y entrado en años, viste túnica bajo loba, mientras sostiene un bastón. María, con las manos cruzadas sobre el pecho, se nos muestra de perfil, mientras contempla al Niño con gesto arrobado. Viste túnica que cubre con un amplio manto y un velo sobre la cabeza, que resguarda en parte su larga y ondulada melena.

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En la parte derecha del establo, que ofrece aspecto de ruina con cubierta muy inclinada en la que afloran varios ventanucos, asoma la mula y el buey que, de frente al espectador, muestran fisonomías naturalistas y formas proporcionadas.

Alfa y Omega 3Ejecutada en el s. XV con claro estilo flamenco, no existen datos sobre el autor de esta pequeña obra, si bien pudiera ser Juan de Malinas o Copín de Holanda, artistas y promotores de la sillería del coro de la Catedral obra exquisita realizada también en madera de nogal y en la misma época.

El conjunto escultórico debió de estar integrado originalmente en una caja que no se conserva. Consta de ocho bloques de madera, cuatro en la Adoración y otros cuatro en la Anunciación, que se ensamblan entre ellos, y a los se les han añadido fragmentos o piezas sueltas que no parecen corresponder con la obra Capturar-2original. Se han perdido también algunos volúmenes, como el ángel anunciador, los pies del Niño, fragmentos de arquitectura, etc. Asimismo, la policromía no es la que inicialmente presentaba, según se comprueba en numerosos puntos: manto de la Virgen, túnica de San José, encarnaciones, etc.

En definitiva, se trata de un pequeño conjunto escultórico de máximo interés, que muestra un fuerte realismo debido a los múltiples detalles, además de revelar la indumentaria de la época. Una bella obra.

El retablo, que contiene una fuerza expresividad impresionante, se puede contemplar, como se ha dicho, en la capilla de la Anunciación de la girola de la Catedral de Santa María de León, en el lado del Evangelio. Un buen momento para disfrutarlo y llevar hasta allí nuestro décimo de la lotería navideña. Quién sabe …