lunes, 18 de mayo de 2015

PLAZA MAYOR DE LEÓN (I)

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… “Es cuarta feria, día de Mercurio, como decían los romanos, y caminan deprisa para llegar al mercado en buena hora … Han cruzado ya el Torío por un viejo puente y han adelantado a varios labriegos de alfoz que, montados en las ancas de sus asnos, llevan en sus cuévanos o cestos, ajos, cebollas y castañas, y a varios campesinos de Macellarios, que, también caballeros en pollinos, traen a León carne, sebo y cecina. Una lenta carreta de bueyes cargada de madera queda, como los labriegos, rezagada, y llegan al mercado. Apiñada muchedumbre de gentes se estruclip_image003ja, grita, discute, gesticula. Los colores vivos de las túnicas o sayas de las mujeres, y de los jubones, sayos y mantos de los hombres destacan sobre el fondo gris oscuro de los lienzos de muralla que empieza a dorar el sol del mediodía….

Se apean de las cabalgaduras, las coge de las bridas el siervo que los sigue, abandonan el teso del ganado y se dirigen al Arco del Rey o de Palacio, para entrar por él en la ciudad.
No es empresa fácil abrirse paso por medio del mercado. Como las gentes de León han de proveerse en él de semana en semana de todo lo preciso para el vivir diario, y aun de lo superfluo, que como indispensable les reclama también el regalo y adorno de su persona y casa, la ciudad se ha vaciado toda en la explanada situada, mirando al mediodía, fuera de las murallas. Hay ya algunas tiendas dentro de la cerca que ciñe la agrupación urbana; pero unas se han abierto para remedio de los más pobres, cuya penuria no les permite hacer acopio un día a la semana de los más necesario, y otras han surgido al calor del lujo, para ofrecer a los ricos que viven o vienen a León, pan tierno, bocados exquisitos, carnes frescas, joyas y bellos paños. Ni aquellas por lo mísero, ni clip_image005éstas por lo escogido de los productos en que trafican, bastan al aprovisionamiento de la ciudad. El número de todos es, además, pequeño, no llegan tal vez al de los cuatro Evangelistas, y el vecindario acude todas las cuartas ferias al mercado, a vender y a comprar, que pocos dejan de ser a la vez mercaderes y consumidores.

Unos venden las galochas, abarcas y zapatones que han fabricado durante la semana, para comprar nabos, sebo, pan, vino, una pierna de carnero, cecina de vaca o de castrón y, si los hay, algunos lomos; y otros el trigo o el vino que les sobrar, cabezas de ganado menor, lino, legumbres o alguna res envejecida en el trabajo o desgraciada en accidente fortuito, para adquirir rejas de arado, espadas y monturas o para mercar sayas, mudas de mesa, tapetes y plumacios…”.

PLANO MEDIEVAL 3

Así era el mercado leonés en el siglo X según el conocido retrato que hace el historiador Sánchez Albornoz en su popular obra: “Una ciudad de la España cristiana hace mil años”, teoría avalada por la existencia de un diploma fechado en el 997 del Archivo de la Catedral de León que corrobora su existencia y localización.

Conocido como “mercado del Rey”, aquella feria leonesa se celebraba los miércoles fuera de las murallas del recinto romano, en un espacio situado hacia el este dclip_image009e la puerta denominada Arco del Rey o de Palacio, concretamente en el ángulo formado entre el ábside de la Iglesia de San Martín y la muralla romana. 

Este espacio urbano fue conocido de antiguo como “mercado del pan cocho y de la fruta”, y existen reseñas también a la venta de pescado. En el siglo XV, se hace referencia a este lugar de venta de pan, como plaza de Pinganilla (de poco valor), posiblemente porque en ella se realizaban los pregones de las almonedas, pero igualmente se la denominará como la plaza de la Picota, seguramente porque allí se ubicaba la cárcel de la ciudad. Con el tiempo, el lugar se conocerá por el nombre del templo: plaza de San Martín, pero también como plaza Vieja

El origen de aquel concurso de compra-venta de todo tipo de productos se desconoce, pero en el Fuero de León, conjunto de normas otorgadas por el rey Alfonso V en el año 1017 para la ciudad de León y considerado como la primera recopilación de derechos fundamentales de los ciudadanos, ya se mencionaba la existencia del tradicional mercado. En uno de los mandatos del Fuero leonés se regula la “paz del mercado”: “Quien con armas desnudas, a saber espadas y lanzas, perturbare el mercado público que de antiguo se celebra los miércoles, pague al sayón del rey sesenta sueldos de la moneda de la ciudad”. No será hasta el año 1466, en tiempos del monarca Enrique IV, cuando la ciudad consiga otra feria más que se celebrará los sábados. Estas dos ferias o mercados continúan celebrándose actualmente en León los mismos días y, prácticamente, en el mismo lugar.

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Venta Plaza Mayor
Vino






















A medida que aquel primer mercado se desarrollaba y adquiría mayor relevancia, se generó a su alrededor un suburbio conocido como arrabal de San Martín, habitado principalmente por mercaderes y artesanos. Este barrio, surgido a extramuros del recinto fortificado, se cercó primeramente por un muro de tierra en el s. XII, trasformándose en una cerca defensiva de canto rodado y cal en el XIV (ver plano).

Las noticias que se tienen sobre el lugar del mercado hablan de un espacio irregular y pequeño, de “mala disposición” debido a su solar desnivelado acorde con la topografía de la zona, situándose en la suave ladera existente en el lado meridional del exterior del campamento romano. La pendiente correspondería a la que hoy observamos en las calles Plegaria y Matasiete. En resumen, una topografía y lugar incómodo para transitar y ejercer el comercio.

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El espacio estaría circunscrito por un caserío modesto en los inicios, que se iría completando con alpendres, sostenidos con "pies derechos", que resguardasen a comerciantes y clientes del frio clima de León. Con el tiempo, surgiría algún que otro comercio estable, como se apunta en el plano elaborado por Don Claudio Sánchez Albornoz y que figura en la obra mencionada. En él, el historiador ubica dos tiendas en el lado sur de la plaza atendiendo a documentos de 1039: la tienda de San Pelayo y la tienda de Juan. Éstos dos diplomas se refieren a la venta que un tal Juan realiza a María Velasquiz: “tenda mea propia quem abeo in cius Legionis, foris murum per locis et terminis suis. Prima parte tenda de Sancti Pelagii de secunda terminu karraria qui discurrit ad mercato. De tercia parte affiget merkato de rege; pro que accepi de uobis in pretio solidos XX de argento”.

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En definitiva, la estructura y morfología del lugar mostraría un aspecto parecido al que hoy observamos en la plaza del Grano pero en suave pendiente y con algún soportal similar a los que en su momento existían en distintos puntos de la ciudad, hoy, por desgracia, todos desaparecidos: plaza de Santa Ana, plaza de Regla, Ramón y Cajal, La Torre, etc.

Ramón y Cajal y La Torre
Ramón y Cajal















Este espacio no fue el único espacio destinado al comercio en el León medieval. El mercado del Rey, en la plaza de San Martín, competía con los mercados que se celebraban en el Rollo de Santa Ana, en la plaza del Misteo (plaza Don Gutierre), en la del Mercadillo (plaza del Grano), en las plazuelas de Carnicerías y de las Tiendas (las dos ubicadas en la actual plaza de San Martín y separadas, de antiguo, por un edificio) o, en la propia plaza de Regla, frente a la Catedral. Muchas de éstas ferias, sobre todo la de plaza de Regla, donde el Cabildo construye las denominadas “casas de las Boticas” (balcones corridos y soportales), le quitaron protagonismo en ciertos momentos, pero la Plaza Vieja o de San Martín, a pesar de su inadecuada conformación, siempre mantuvo el espíritu y apoyo de los artesanos y mercaderes de la zona, además de la decisión del propio Concejo.

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Con el tiempo se impone una reforma de aquella zona. Desde los siglos XIV-XV comienza el gusto por los diseños geométricos en las ciudades. Se proponen trazados regulares para calles y plazas, alejándose de la sinuosidad, hacinamiento e irregularidad de los perfiles y construcciones medievales. Esta moda conecta desde comienzos del s. XV con la difusión en la Península de la afición por los espectáculos públicos: justas a pie o a caballo, teatro, coso taurino, sortijas, fiestas religiosas, cívicas, juegos de cañas o ejercicios militares, que acaparaban gran expectación y que necesitan áreas adecuadas para realizarlos y contemplarlos. Con la llegada de los Austrias se impondrán las pFiesta real de toros en la Plaza Mayor de Rubio Villegaslazas y espacios amplios y regulares, pensados como centro comercial pero, también, como lugar receptor de espectáculos y centro ciudadano de reunión.


Al inicio del s. XVI, el Cabildo de la Catedral leonesa se anticipó a los regidores de la ciudad, adecuando y ampliando la plaza existente frente a la Catedral. Se derribaron las viejas casas y se edificaron otras con soportales, como ya se ha indicado, dando lugar a un importante espacio donde se celebrarán todo tipo de fiestas profanas y religiosas que el Cabildo presenciaba desde la terraza existente sobre el pórtico, una vez desmontados los antepechos calados que se encontraban en la portada occidental.

Así todo, los mercados de miércoles y sábado se conservaron semanalmente en el mismo lugar hFelipe IV de Españaasta que el incendio ocurrido en febrero de 1654, determinó la decisión municipal de remodelar la plaza de San Martín edificando otra más acorde con las necesidades y gustos del momento. Pocos años más tarde, en 1657 y siguientes, la municipalidad realiza adquisiciones de solares con la firme decisión de ampliar y ensanchar el espacio de la plaza.

Teniendo como modelos las construcciones que se realizan en Valladolid y Madrid, dos ciudades con muchísimas posibilidades económicas, León se implica en la construcción de su nueva plaza. Sorprende como el Concejo leonés se atreve con la realización de una obra de esta magnitud, contando con una pobre economía y una precaria situación demográfica, que, probablemente, no llegaría en aquel momento a alcanzar los 10.000 habitantes. Esta iniciativa del Ayuntamiento solo se entiende desde la perspectiva de conseguir engrandecer la, en aquellos momentos, la decadente ciudad de León por encima de otras ciudades y de consolidarse frente al inmenso poder que ostentaba la Iglesia, además de delimitar claramente su propio ámbito.

Bodegas medievales

Todas estas circunstancias hicieron muy compleja la financiación de la obra. Popularmente se cree que la construcción de la Plaza Mayor leonesa se realizó gracias a la concesión de Felipe IV que, por Real Providencia de 1657, de un arbitrio de 40 maravedíes por cada cántara de vino que se vendiese en la ciudad y en su alfoz. Pero esto no es totalmente cierto. La recaudación del arbitrio sobre el vino, prorrogado invariablemente cada año por los monarcas, resultó cada vez más escasa. Este impuesto fue utilizado excepcionalmente para la construcción de la Plaza Mayor, ya que siempre surgieron motivos prioritarios para dedicar la tasa sobre el vino a otros asuntos del propio Ayuntamiento leonés o para solventar gastos excepcionales del Reino: casamiento de la infanta María Teresa y tratado de Paz de los Pirineos, la formación de una armada para la guerra con Portugal y las sucesivas campañas posteriores, reparación de los palacios del Rey, construcción capilla de San Isidro, etc. Constantes peticiones reales que continuaron en el reinado de Carlos II.

Tratado de los Pirineos

Todas estas circunstancias dieron lugar a que la financiación recayese principalmente en los censos propios del Ayuntamiento y en algunos propietarios, vecinos e Iglesia, que levantaron a su costa algunos edificios en la plaza a su costa, aunque siempre ajustándose al plan urbanístico comunal.

Señalar que la impronta de los municipios en la construcción de los nuevos trazados urbanos se manifiesta en un edificio principal que suele “presidir” la plaza y que en la mayoría de ciudades se trasformará en la sede del propio Ayuntamiento: la Casa de la Ciudad. Así se denominará generalmente a estos edificios que, normalmente, albergarán la sede del Concejo, aunque pueden tener también otras funciones de servicios o competencias propias de los municipios.

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Al poseer ya la ciudad León un palacete como sede municipal, concretamente el edificio de la plaza de San Marcelo construido en la segunda mitad del XVI por el arquitecto Juan del Rivero y Rada, se decidió erigir en 1587, en el espacio del mercado, un inmueble que albergara la venta de pan con el fin de normalizar, como en otro tipo de  géneros, como el pescado o la carne, la venta ambulante de estos productos. Este edificio se conocerá como Casa de las Panaderías. Recordar que en la ciudad de León ya existía la Casa de las Carnicerías, en la actual plaza de San Martín, y la Casa de las Pescaderías, de la que no quedan restos y que estaba situada entre la muralla y el crucero de la iglesia de San Martín.

La Casa de las Panaderías, que un principio se pensó que “presidiese” el nuevo proyecto de plaza, era una construcción de buena sillería con dos pisos y arcadas que se sustentaban con columnas con basa y capitel, además de balcones de forja en la fachada. El edificio también fue realizado por Juan del Rivero, discípulo de Juan de Badajoz, y su ubicación exacta no está muy clara. Parece que formaba parte de la calle Santa Cruz (según se entra), aunque, probablemente, siendo ésta una de las calles que más sufrieron con la traza de la nueva plaza, el inmueble pudiera estar a caballo entre la citada calle y parte de la actual plaza.
       
                                                                                                                      .../...

- Plaza Mayor de León. Inicios del s. XX. Óleo sobre tabla.
- Biblia de San Isidoro de León.
- D. Claudio Sánchez Albornoz.
- Plano extramuros, lado meridional del recinto campamental de León.
- Alfonso V de León. José María Rodríguez Losada.
- Instantáneas mercado Plaza Mayor primera mitad del s. XX.
- Soportales Santa Ana.
- Soportales Rollo de Santa Ana.
- Soportales intersección Ramón y Cajal y calle La Torre (Teatro Trianón).
- Soportales Ramón y Cajal.
- Soportales Plaza de Regla.
- Fiesta de toros en la Plaza Mayor de Madrid.
- Felipe IV. Velazquez.
- Bodegas medievales. Aranda de Duero.
- Tratado de los Pirineos (Isla de los Faisanes). Laumosnier.
- Edificio Consistorio. 1587 obra de Juan del Rivero de Rada.


                                                                                   

jueves, 26 de marzo de 2015

Procesiones

                                    VIDEO SEMANA SANTA 2015. Turismo ciudad de León.


La tradición de los desfiles procesionales de la Semana Santa no tienen un punto de partida definido, no comienzan en un momento determinado. Son el resultado de un proceso largo y muy cambiante a lo largo del tiempo, influido en sus inicios por la tradición pagana que tenían en los procesiones su manifestación de culto público, como conducto para exteriorizar la devoción y adoración hacia sus dioses, o para conmemorar las celebraciones y fiestas estacionales, tan unidas a su propia subsistencia, como la celebración de la llegada de la primavera.

Procesión del buey Apis. Frederick A. Bridgman
Los ancestrales cortejos, denominados “pompas”, exaltaban el fondo festivo y lúdico de las comitivas, en las que era habitual la presencia de carromatos o carrozas engalanadas, coros, músicos y danzantes. Las procesiones cristianas, aunque tiene su origen en las tradiciones paganas, se remontan a los primeros siglos de nuestra Era. Se suelen realizar desfiles de un lugar sagrado a otro, con el fin de promover la devoción de los fieles participantes.


Conocemos la más antigua descripción de la celebración de la Semana Santa. Corresponde al testimonio que realiza la piadosa Etheria, natural probablemente de la tebaida leonesa, que en su peregrinación a Tierra Santa en el s. IV dC., detalla las ceremonias que se realizaban en Jerusalén durante el Viernes Santo. La peregrina leonesa ofrece un curioso dato: “son parecidas a las que se realizan en mi tierra”. Este testimonio confirma que, aunque parece que las procesiones podrían tener su origen en Tierra Santa donde se conmemoraban los acontecimientos dela Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo en el mismo lugar en el que sucedieron, en el noroeste peninsular ya existían celebraciones parecidas a las que se llevaban a cabo en Jerusalén.

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Este tipo de ceremonias, posiblemente reflejaban dos tipos de actos: las escenificaciones y las procesiones, que se realizarían durante el Jueves y Viernes Santo. Estos actos, que ya tienen entidad al final de la Edad Antigua, se ven reforzados y fomentados en la Península en plena Edad Media, concretamente en el siglo XIII, con la publicación del Código de las Siete Partidas del rey Alfonso X, texto en el que se recomienda y se promueven las representaciones que, “recuerden la memoria del pasado”, referente a la Pasión y Muerte de Cristo: el lavatorio, la oración en el huerto, la flagelación, el camino al Calvario, la crucifixión, etc.

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Con el fin de la Edad Media, se realiza un giro significativo en las manifestaciones de la Semana Santa. Hasta ese momento, las imágenes y la devoción popular presentaban un Cristo glorioso, en majestad, protector, rey del mundo y triunfalista, como se comprueba en la iconografía existente en las pinturas o en las imágenes que ocupan las portadas de nuestras catedrales. Tras la Edad Media, la miseria y el hambre que se extiende por toda Europa y, sobre todo, la peste, transmutan las representaciones triunfales en otras donde se aprecia un Cristo esclavizado, resignado y torturado, que inspira un sentimiento dramático, incluso y en ocasiones, tétrico y macabro.

Procesión de los disciplinantes. Francisco de Goya

La irrupción periódica de las terribles epidemias de peste negra por Europa, origina procesiones de penitencia donde surgen los alumbrantes, flagelantes o disciplinantes, que se trasladaban de pueblo a pueblo, portando estandartes e imágenes con escenas de la Pasión, mientras que, desnudos hasta la cintura, se azotan incansablemente. A su llegada a los pueblos, estos grupos realizaban representaciones sacras sobre escenas de la Pasión, además de las conocidas y famosas Danzas Macabras, donde la muerte era la protagonista. Estas procesiones, con el tiempo, se fueron convirtiendo en espectáculo y a partir de los siglos XVI-XVII, con motivo de los dictámenes del Concilio de Trento, las procesiones de penitentes se trasformaron con el fin de fomentar el culto a las imágenes sagradas y como apoyo a la enseñanza de la doctrina católica.

Martínez Montañés contemplando salida Nuestro Padre Jesús de la Pasión. Joaquín Turina y Areal

A raíz de esto, nacen, sobre todo en España, las extraordinarias escuelas de tallas religiosas en madera, que combinan dramatismo, dulzura y perfección anatómica. La imagen del Cristo humano, sumiso y atormentado, se arropa con toda una parafernalia barroca de objetos ostentosos: estandartes, indumentarias lujosas, luminarias, etc., pero manteniendo la representación de los diversos episodios de la Pasión, dando lugar así a un segundo cambio importante en las costumbres que llevará a las manifestaciones actuales de la Semana Santa.

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Surgen así lo que se conoce como “pasos” escultóricos, escenas sobre la Pasión compuestas por tallas de madera que en las procesiones son trasladadas a hombros por los miembros de las cofradías. Es también en este momento, cuando aparece con fuerza la rivalidad entre cofradías. A las compañías denominadas “cofradías de sangre”, intituladas de la Vera Cruz, promovidas por los franciscanos y que extendían la práctica pública de la flagelación, surgen las patrocinadas por los dominicos partícipes en la fundación de las cofradías de Jesús Nazareno, o la de la Virgen de las Angustias y Soledad.

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Los procesos desamortizadores de mediados del siglo XIX, hacen prácticamente desaparecer cofradías y representaciones. Las procesiones de Semana Santa pervivieron solamente y con muchas dificultades, en algunos puntos de León, Andalucía, Castilla y Murcia, pero a partir de la segunda mitad del siglo XIX, debido principalmente a una reactivación del comercio que provoca el auge de una clase burguesa tradicional y de la consolidación de una monarquía conservadora, se produce la revivificación de las celebraciones en algunas ciudades, abandonando los componentes medievales y, de alguna manera, reinventando y trasformando los significados y funciones tradicionales de la Semana Santa.

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- Procesión del buey Apis. Frederick A. Brigman.
- Primavera. Procesión de las Cerealias en Roma. Lawrence Alma-Tadema.
- Procesión Semana Santa Sevilla. Valeriano Dominguez Bécquer.
- Semana Santa, calle Génova, Sevilla. Alfredo Dehodencp.
- Procesión disciplinantes. Francisco de Goya.
- Martinez Montañés contemplando salida de Nuestro Padre Jesús de la Pasión. Joaquín Turina y Areal.
- Sevilla: Viernes Santo. Manuel Cabral, 1862.
- Cristo Vera Cruz de Puente Genil, procesión de sangre, tarde Jueves Santo.
- Sevilla, Semana Santa: Los Nazarenos. Sorolla 1914.



domingo, 15 de marzo de 2015

Asesinato de Julio César (Idus de marzo)

Asesinato de César ante la estatua de Pompeyo. E.H. Figer
El 15 de marzo (Idus de marzo) del año 44 aC. era asesinado Cayo Julio César bajo la estatua de mármol de Pompeyo. El suceso se produjo en la parte central del fondo de la llamada Curia de Pompeyo (Curia Pompeia), edificio que formaba parte del gran recinto conocido como Teatro de Pompeyo, construido por el que fue gran rival de César, Cneo Pompeyo Magno en el año 55 aC., para celebrar sus éxitos militares (http://www.todossc.es/visitas/TeatrodePompeyo).

El enorme complejo construido en el Campo de Marte, contaba con el primer teatro permanente de Roma, pero también con tiendas, lujosos pórticos, jardines, un templo dedicado a Venus y edificios para servicios, como la Curia, que servirá provisionalmente para las reuniones del Senado, hasta la finalización de las obras de la Curia Julia.

Campo de Marte. Teatro de Pompeyo 3
Area Sacra 2


Reconstrucción templos T. Argentina

Hoy solo quedan restos de la parte trasera oeste del enorme complejo, que se conoce como Área Sacra di largo di Torre ATeatro templo de Pompeyorgentina, en pleno centro de Roma. Allí se pueden apreciar claramente los restos de los cuatro templos que se encontraban tras el edificio de la Curia, todos construidos aC., en tiempos republicanos: Templo de Juturna (A – s.III), Templo de Aedes Fortunae (B – s. I) (redondo), Templo de Feronia (C – s. IV) y Templo de Lares Permanini (D – s. II).

El inmenso edificio del Teatro de Pompeyo queda bajo la ciudad actual, pero detrás de las estructuras de los templos señalados, se observan los escasos restos del edificio de la Curia, lugar que fue descubierto y Pompeyo. Palacio Spada de romaseñalado recientemente por investigadores españoles del CSIC, y que marca el lugar exacto donde fue asesinado Julio César (http://www.csic.es/web/guest/noticias).

Cuando César entró en la Curia hacia el mediodía de aquel 15 de marzo fue rodeado por los conjurados. Tulio Cimber, uno de ellos, se acercó a él pidiéndole clemencia para un hermano suyo condenado a destierro. César niega el perdón, pero Tulio le retiene sujetándole por la toga siendo ésta, al parecer, la señal para alzar puñales y espadas. De inmediato Casio le apuñaló por la espalda y, a pesar de la sorpresa, César tuvo arrestos para sujetar su mano mientras le increpaba. Seguidamente otra daga le atravesó el costado y Décimo Bruto le hirió en la ingle. En unos segundos, le asestaron 23 puñaladas.

Área Sacra.



Cuenta la tradición que cuando Julio César vio a Bruto con el arma en la mano, quedó tan sorprendido que dejó de defenderse y le dijo: Bruto, ¿tú también, hijo mío? Dejó de defenderse, se cubrió la cabeza con la toga y con la otra mano se envolvió las piernas y, ya agonizante, se derrumbó bajo los pies de la estatua de Pompeyo.

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Conjurados y senadores abandonaron precipitadamente la Curia. Posteriormente todo resulto muy confuso. Los conjurados se dirigieron al Foro para proclamar públicamente la muerte del tirano y, posteriormente, con algunos partidarios más, dirigieron sus pasos al Capitolio, el sagrado monte donde se depositaban los símbolos del Cayo Casio Longinopueblo de Roma. Allí decidieron de encumbrar y defender a los asesinos y legalizar su magnicidio, planeando arrojar el cadáver de Julio César al Tiber, como solía hacerse desde antiguo con los traidores y los peores criminales. Sin embargo, durante ese espacio de tiempo, el cadáver de César, abandonado en el suelo de la Curia, fue recogido por cuatro de sus esclavos y en una litera trasladado a su casa apresuradamente.

Marco Junio Bruto
Ante los sucesos, Lépido, fiel partidario de César, que aturdido había presenciado el asesinato, se ocultó durante algunas horas temiendo una planificada represión por los conjurados. Más tarde y viendo que no existía un plan concebido contra los allegados a César, se reunió con las tropas que preparaba para ir a Galia e Hispania y ocupó esa misma noche el Campo de Marte.

lepidoEl resto de los seguidores de César también se recompusieron poco a poco de la sorpresa. Marco Antonio, que un primer momento se había también escondido temeroso de los acontecimientos, decidió distribuir armas entre sus partidarios y se acercó a casa de César a visitar a su viuda Calpurnia. Con esta audaz operación se presentaba como su heredMarco Antonioero político. Otra acción importante de Marco Antonio fue ocupar el Templo de Ops, diosa de la abundancia, donde se depositaba y custodiaba el tesoro de Roma.

Las tropas de Lépido cercaron el Capitolio, cuartel general de los asesinos, que no supieron que acciones ni que decisiones tomar. Marco Antonio y Lépido dueños de la fuerza militar, Calpurniaconvocaron al Senado en el Campo de Marte y allí se llegó a un acuerdo para no derramar más sangre y evitar una guerra civil: los conjurados quedarían impunes, pero se honraría la memoria y la obra de César.

Pero el testamento del general desbarató el acuerdo conseguido. César legaba una pequeña fortuna a cada vecino de Roma, trescientos sestercios, y cedía a la ciudad los jarJulio Césardines que poseía a la ribera del Tiber, en el Trastevere: César se descubría como un padre para los romanos y ellos no habían vengado su muerte.

Cinco días después de su asesinato, concretamente el 20 de marzo, la comitiva fúnebre llegó hasta el Foro, donde se agolpaba el pueblo, en su camino hacia el Campo de Marte lugar donde estaba prevista la incineración. 

El cadáver depositado sobre una angarilla de marfil, iba cubierto con una mortaja dorada y púrpura. El pueblo allí reunido escuchó el discurso fúnebre de Marco Antonio, que señaló a los asesinos como los hombres y traidores escultura_julio_cesarque habían jurado protegerlo, a la vez que mostraba entre sus manos a la muchedumbre el manto ensangrentado del difunto.

Comenzaron a oírse gritos de venganza y se desataron los ánimos. La decisión fue unánime, Julio César merecía el honor de ser incinerado en aquel lugar, en el Foro, en el propio corazón de Roma y no en el Campo de Marte, lugar a extramuros.

Surgieron espontáneos que acumularon madera y muebles para improvisar una pira. Sobre ella colocaron la angarilla con el cadáver y le prendieron fuego. Se formó una gran hoguera a la que la gente, según cuentan, arrojaba sus mantos y hasta sus joyas. Tres días estuvo ardiendo la pira funeraria en el Foro y tres días duro la excitación de los ánimos entre los romanos. Un duelo dilatado que dio tiempo a los asesinos a abandonar apresuradamente la ciudad.

En el lugar de la incineración se elevó por iniciativa del Senado una columna y un ara, hasta que en el año 29 aC., tras la batalla de Actium en la que fue derrotado Marco Antonio, el emperador Augusto erigió un templo a su “padre”, el “Templo del Divino Julio”, en el mismo lugar de la cremación, en el lado sudeste del Foro, donde se rendirá culto a Julio César divinizado.

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Templo de César en la actualidad
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El templo se distinguía porque, en vez de una escalera frontal de acceso como era habitual, poseía dos escalinatas laterales bordeadas por un muro que cercaba el altar que señalaba el lugar de la espontánea incineración. Poseía una tribuna para los oradores, denominada Rostra del Divino Julio, que Augusto decoró con los mascarones de proa de las naves egipcias derrotadas en Actium:

“Depusieron los restos de César en el Foro, allí donde estaba la antigua Regia de los romanos y acomodaron encima mesas, asientos y cuantas cosas de madera había allí. Encendieron el fuego y todo el pueblo estuvo ante la pira funeraria durante la noche. En aquel lugar se erigió primero una columna y una ara; ahora allí está el templo del mismo César, en el cual es venerado como un Dios” (Apiano, s. II dC.).

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Hoy se puede contemplar el lugar en el Foro. Solo existen algunos restos del templo, su planta y parte del podio, ya que la mayoría de su estructura fue utilizada para la construcción de la Basílica de San Pedro. Pero todavía se puede observar, el lugar, el altar que señala el punto exacto de la cremación. Aún hoy, como pudimos Esfera bronce obelisco vaticanocomprobar con emoción, se continúan realizando visitas y ofrendas, y no faltan flores frescas en la “tumba” de Julio César.

Circulaba la leyenda de que la esfera de bronce que remataba el obelisco que se encuentra en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, contenía las cenizas de Julio César. El conocido obelisco fue erigido en el Foro Julio de la ciudad de Alejandría (Egipto) por indicación de Augusto. Trasladado por Calígula a Roma, se colocó en la espina del Circo Máximo y fue en ese momento cuando surgió la tradición de las cenizas. En 1586 el papa Sixto V trasladó el obelisco frente a la Basílica de San Pedro y la esfera que lo coronaba fue sustituida por una cruz.

Se cuenta, también, que la esfera de bronce custodiada en los Museos Capitolinos desde su retirada y que hace unos años fue expuesta en Roma con ocasión de una muestra dedicada a Julio César, fue abierta a finales del s. XVI por Doménico Fontana, un arquitecto renacentista, comprobándose, dicen, que estaba vacía.

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- Asesinato de César ante la estatua de Pompeyo. E.H. Figer.
- Templos republicanos y complejo Teatro Pompeyo. Reconstrucción.
- Área Sacra. Roma.
- Reconstrucción templos republicanos.
- Reconstrucción Teatro de Pompeyo.
- Estatua de Pompeyo. Palacio Spada. Roma.
- Área Sacra (detalle).
- Plano Área Sacra.
- Muerte de César. Karl Theodor.
- Cayo Casio Longino.
- Marco Junio Bruto.
- Marco Emilio Lépido.
- Marco Antonio.
- Calpurnia.
- Julio César.
- Julio César. Nápoles.
- Reconstrucción Templo Divino Julio.
- Templo Divino Julio en la actualidad. Foro de Roma.
- Frente actual.
- Altar cremación de Julio César. Templo Divino Julio. Foro de Roma.
- Esfera bronce obelisco Vaticano.
- La muerte de César. Jean León Gérôme.