lunes, 24 de junio de 2019

La Puerta de los Hombres: solsticio de verano



La palabra solsticio viene a significar “parada del Sol”.  Durante dos o tres días, nuestra estrella parece que se detiene en la bóveda celeste, antes de que nuestro planeta invierta el sentido de su giro para iniciar su alejamiento  del astro. Entre el 21 y 24 de junio el Sol muestra su máximo esplendor, son los días en los que el reinado de las tinieblas es más corto. Hablamos siempre del hemisferio norte.

No resulta difícil comprender el fuerte simbolismo del solsticio de verano en un mundo en el que la supervivencia se ajustaba a los ciclos que marcaba la naturaleza. 

Era el momento intermedio entre la siembra y la recolección y su celebración es tan antigua como la misma humanidad. Para el hombre la continuidad del Sol era la garantía del crecimiento de las cosechas, la persistencia del ganado y de su propio bienestar; por esta razón se encendían hogueras y se realizaban todo tipo de ritos de fuego con el fin de ayudar al Sol a renovar su energía.

Entre los antiguos griegos a los solsticios se les llamaba “Puertas”. El solsticio de invierno era la denominada “Puerta de los dioses”, mientras que el solsticio de verano, el 21 de junio, era la “Puerta de los hombres”, también llamada la “Puerta del Infierno”. Los dos solsticios son las puertas, el umbral, el paso hacia el inicio y el final, las puertas que daban paso a cambios importantes en la Naturaleza.

Los romanos contaban entre su numeroso panteón con la figura de Jano, dios de los solsticios, el dios de las “puertas”, (en latín “janua” = la puerta), el dios de los inicios y los finales, de los misterios, de la iniciación, pero además el guía y mentor de los constructores. Se le representa normalmente con dos rostros, dos caras, ahí su denominación de Jano bifronte, las dos caras unidas aunque opuestas entre sí y coronadas por la luna creciente. 

La mitología cuenta que Saturno al ser destronado por su propio hijo Júpiter, se cobijó junto al dios Jano y en reconocimiento le confirió la facultad de ver el pasado y el futuro simultáneamente para poder obrar con sabiduría en el presente. Es el prototipo del hombre iniciado, dotado de plena conciencia, iluminado. Jano es el maestro, el señor del conocimiento y el que facilita el acceso a los iniciados para llegar a los misterios.

El culto a Jano se trasmitió a los constructores y canteros medievales, y de esta manera, pasó a la construcción e iconografía cristiana bajo el culto de los “dos San Juan”: el Bautista, cuya festividad se produce en el solsticio de verano (el 24 de junio), y el Evangelista en la celebración del solsticio de invierno (el 27 de diciembre), siendo representados casi siempre con aspecto atractivo y juvenil y, en cierto modo, como personajes con fisonomía andrógina.

Como todas las fiestas y tradiciones paganas, la fiesta del solsticio se sacralizó por los cristianos conmemorando el nacimiento de Juan el Bautista. El Evangelio de Lucas (1,38) cita que, los días siguientes a la Anunciación, María fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta se encontraba en el sexto mes de embarazo. De esta manera, no fue difícil fijar la solemnidad de Juan el Bautista, seis meses antes del nacimiento de Cristo el 24 de diciembre, concretamente el 24 de junio.

Curiosamente las fiestas de los santos se celebran el día de su muerte, pero en el caso del Bautista se hace una excepción y se conmemora el día de su nacimiento. San Juan Bautista es considerado por la Iglesia el “príncipe” del santoral cristiano, al ser ya santificado en el vientre de su madre. Es el “precursor”, el elegido para anunciar la proximidad del Redentor, el denominado sol de soles. Como señaló el propio Bautista: “Es preciso que Él crezca y yo mengüe”. Y, precisamente es lo que ocurre en el solsticio de verano, el Sol comienza a perder lentamente su fuerza hasta el 24 de diciembre.

De esta manera, los dos Juanes sustituyen al pagano Jano, partiendo las dos fases del ciclo anual. El Bautista “abriendo” la puerta del solsticio de verano, y el Evangelista “abriendo” la puerta del solsticio de invierno.

Así todo en la noche de San Juan, en el solsticio de verano, como escribe el historiador de las religiones Eliade, sucede algo especial, distinto. Todo el que ha saltado sobre las llamas y danzado en torno al fuego, el que ha enlazado su mano con un desconocido o con la persona amada, sabe del poder de esa noche mágica.



- Solsticio de verano.
- Salto del fuego en la noche de San Juan.
- Jano bifronte.
- Jano en la protada de Chartres, bajo la figura de los dos Juanes.
- Juan el  Bautista. Leonardo da Vinci.
- Solsticio.





miércoles, 17 de abril de 2019

Actualidad: el incendio de la Catedral de León

En el mes de mayo de 2016, se cumplieron 50 años del incendio que destrozó la techumbre de la catedral leonesa. Hoy el acontecimiento cobra nuevamente actualidad ante el incendio de la catedral parisina que ha conmocionado a medio mundo. 

Es el momento de recordar aquel suceso que en 1966 tuvo a los leoneses expectantes ante el terrible avance de las llamas que, poco a poco, iban adueñándose de la cubierta de la Catedral de León. Es el momento de recordar aquella historia que contamos en una entrada de hace ya 3 años.

"El domingo 29 de mayo de 1966 los presagios más pesimistas circularon rápidamente por la ciudad, tal fue la espectacularidad del incendio de la catedral leonesa, como se puede comprobar en algunas fotografías. Todo hacía pensar en un final trágico.

Han sido innumerables los problemas estructurales que a lo largo de los siglos ha sufrido la catedral, pero no son menos los que han surgido durante estos últimos 50 años y los que actualmente permanecen vigentes. Pero, como en aquel momento clave del año 1966, el edificio la Catedral de Santa María sigue en pie y, desde su pequeña atalaya, continua contemplando y gobernando el día a día de los leoneses y dejándose admirar permanentemente por los miles turistas que llegan a su plaza.


Hace unos pocos años, con motivo de un pequeño incendio, recordamos aquel acontecimiento del 29 de mayo 1966 mediante un entrada: http://www.fonsado.com/2008/01/hace-unas-semanas-y-en-plena-noche.html. Hoy después de 50 años del suceso merece la pena revivirlo.

Hace unas semanas y en plena noche, sonaron las alarmas. Una fuerte humareda surgía de la fachada meridional de la Catedral y a los pocos minutos, ambulancias, vehículos policiales y de bomberos llenaron la Plaza de Regla.


Uno de los equipos de bomberos accedió al triforio exterior sur, bajo el rosetón, logrando de inmediato sofocar el conato de incendio que, al parecer, tuvo su origen en el calor generado por uno de los focos en contacto con un elemento combustible, aun sin identificar, posiblemente olvidado por los obreros que ensamblaron la estructura metálica utilizada para los actuales trabajos de restauración.

Este pequeño incidente, nos hizo revivir el tremendo incendio  del año 1966 en el que el fuego arrasó por completo la cubierta de la Catedral. La magnitud del suceso fue de tal envergadura e impacto social, que todos los leoneses que lo vivieron no pudieron entender como fue posible que el edificio se salvara de un inevitable y casi presagiado derrumbe, a la vista de la intensidad y virulencia de las llamas.

Esa respuesta la tuve de primera mano hace un par de años, curiosamente a raíz de la última y polémica restauración de San Miguel de Escalada, donde conocí a Santiago Seoane Abuín, escultor, restaurador e hijo del también restaurador y gran maestro de la talla, Andrés Seoane Otero. Santiago Seoane, entre otras cuestiones, me contó la extraordinaria trayectoria profesional de su padre y su indiscutible protagonismo en aquel tremendo e inesperado incendio.

El buen hacer de Andrés Seoane, todavía se puede apreciar en una serie de obras realizadas en la ciudad, entre otras, la réplica en piedra de San Jorge sobre la puerta principal de la Casa de Botines, que realizó en 1953 ante el deterioro del original; pero sobre todas, destaca la copia de la Virgen Blanca para su ubicación en el parteluz de la Catedral y que aun hoy permanece espléndida presidiendo todo el conjunto escultórico de la portada occidental, mientras el original se trasladó al interior para su preservación.

Estos y otros extraordinarios trabajos, suponen que D. Luis Menéndez Pidal, por aquellos años responsable del Patrimonio Artístico Nacional, proponga a Andrés Seoane como encargado general de las obras de la primera zona del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional que comprendía las provincias de Asturias, León y Zamora.

Como he comentado, Santiago, su hijo, que por aquel entonces aprendía y colaboraba con él, me detalló la fundamental e inapreciable actuación de su padre en aquella trágica tarde-noche del 29 de mayo del año 1966 en nuestra ciudad.

Aquella tarde de primavera, se produjo una fuerte tormenta en la ciudad con abundante aparato eléctrico. Casualmente, uno de aquellos rayos, con una potencia extraordinaria, cayó sobre uno de los pararrayos de la Catedral. En una situación normal, este tipo de descargas eléctricas eran conducidas de los pararrayos mediante tirantes de metal a unos fosos en la Carretera de los Cubos; pero una de las descargas fue tan enorme y de tanta intensidad que no pudo ser absorbida, produciéndose un retroceso de la carga eléctrica que puso incandescente el hierro conductor por el que circulaba, rebotando y llegando hasta la cubierta de la fábrica realizada en madera de pinotea en el s. XIX. Esta madera, en contacto con el hierro incandescente, comenzó a arder muy rápidamente y con gran intensidad.


La actuación de los bomberos de León fue inmediata pero, ante la espectacularidad y magnitud del incendio, se decidió también avisar a los cuerpos de bomberos de Oviedo, Gijón y Zamora. Como encargado del Patrimonio y ante la petición expresa del Gobernador Civil de la ciudad, Andrés Seone se hizo cargo del siniestro y desde un primer momento coordinó los trabajos de extinción.

La primera orden que imparte es la retirada de los bomberos, dejando que el incendio, aunque controlado, se extinguiera de forma natural. Esta decisión, asombrosa en un principio, hizo que se salvara la Catedral de un derrumbe inminente.

Aquella sorprendente y valiente disposición tenía una explicación muy sencilla y Andrés Seoane, como buen profesional y experto en la fábrica del templo, la conocía. Debajo de la enorme techumbre de la Catedral construida con teja y madera, se encontraban las bóvedas de la fábrica (ver fotografías), realizadas y conformadas en piedra tova, material de origen volcánico, muy ligera y porosa, que se utiliza precisamente por su ligereza. Esta piedra, al recibir cantidades ingentes de agua, aumenta espectacularmente de peso, lo que hubiese originado toneladas y toneladas de sobrepeso en las bóvedas y su desplome inevitable.

La polémica decisión de Andrés Seoane Otero de retirar los bomberos en pleno incendio, salvó la Catedral de Santa María de un indudable derrumbe y, gracias a ello, todavía podemos seguir disfrutándola. Por este hecho, y aunque pocos leoneses lo conocen, Andrés Seoane fue reconocido a nivel nacional con la Encomienda de Alfonso X el Sabio.



Fotografías: Santiago Seoane / El Mundo. es


sábado, 13 de abril de 2019

La Morenica del Mercado: nuestra Piedad


Nuevamente ayer, como todos los Viernes de Doleres, recorrió las calles de León la imagen titular de la Iglesia del Mercado: “Nuestra Señora del Mercado, Antigua del Camino”. La Dolorosa, como normalmente se la reconoce, representa una iconografía muy conocida  con el nombre italiano de Pietà, y no precisamente porque las representaciones italianas sean las más antiguas, sino por la popularidad que adquirieron algunos ejemplos realizados por Botticelli o Tiziano, o la más conocida ejecutada por Miguel Ángel: la Piedad del Vaticano.
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Estas tallas muestran a la Virgen sentada sosteniendo sobre sus rodillas el cuerpo de Jesucristo tras ser desclavado de la Cruz. Toma diversos nombres según el tiempo y el lugar: Virgen de la Piedad, Virgen del Traspaso, Virgen de la Amargura, Virgen de la Caridad, Virgen de la Soledad, Virgen de las Angustias, Virgen Dolorosa, … Es popularmente conocida también como “Sexta Angustia”, aunque existen grandes equívocos al respecto, ya que, a lo largo del tiempo e incluso en la actualidad, se define erróneamente estas representaciones como “Quinta Angustia”. Lo veremos más adelante.
virgen-humildadEs, sin duda, el tema más humano de la Pasión. La iconografía tiene una gran similitud con la imagen de la conocida como Virgen de la Humildad, de claro origen italiano, y en la que María aparece sentada en el suelo mientras amamanta al recién nacido en una actitud maternal. En la Pietà el pequeño Jesús es sustituido por el Hijo torturado, crucificado y muerto. Es una imagen que refleja la desesperación y el dolor, pero también una rebelión contra la realidad insufrible y, a veces, un profundo desamparo y resignación.

A pesar de la posibilidad de antecedentes italianos, las primeras representaciones de la Piedad, de la Dolorosa, se inician en Alemania, en los claustros de religiosas del valle del Rin. Esta presencia en los conventos femeninos se debe a que el tema es fruto de la mística de la Baja Edad Media, que toma como referencia la conocida loa religiosa escrita por el franciscano Jacopone de Todi a finales del s. XIII, que ensalza los sufrimientos de María en su conocida obra Stabat Mater (“Estaba la Madre …”). Posteriormente es desarrollada por la literatura piadosa franciscana, dominica y cisterciense, y que fue pieza fundamental en el contenido de los Breviarios de Pasión utilizados en las congregaciones de monjas.
Piedad del escultor vallisoletano Luis Salvador Carmona (siglo XVIII) para León.
c69-piedad-roettgen-hacia-1300Las primeras tallas, de pequeño tamaño, resultan muy expresivas. Como ejemplo, la más antigua que se conserva datada a comienzos del s. XIV, la Piedad de Roettgen, actualmente en el Museo de Bonn, de 88 cm., considerada como una de las representaciones más conmovedoras del arte cristiano. De autor anónimo y realizada en madera policromada, esta primera muestra representa a María como Dolorosa, sobrecogida por el dolor que supone sostener sobre su regazo al Hijo brutalmente torturado y muerto, con la cabeza coronada de espinas y las múltiples heridas abiertas y sangrantes, entre las que sobresale la llaga del costado.

Estas imágenes, esta iconografía se la conoce también como “Vísperal”, en clara alusión a las Vísperas del Viernes Santo, hora litúrgica que coincide con el atardecer, momento en el que se piensa que Jesucristo fue desclavado de la Cruz y puesto en brazos de su Madre.

En el s. XV la rigidez de estas primeras representaciones se trasforma en formas y figuras más amables influenciado por el “estilo internacional” del momento. Ahora María es más joven, el tamaño es más real y manifiesta un dolor más contenido ante el cadáver de Cristo.

Sandoval
La representación de la Piedad varía también en su composición. De los dos personajes habituales, puede derivar a cuatro añadiendo al conjunto María Magdalena y San Juan, éste último, normalmente, atiende la cabeza de Cristo, mientras la Magdalena se encuentra a los pies del crucificado. También pueden existir conjuntos de seis, siete u ocho; los cuatro personajes ya citados se completan con una de las dos parejas formadas por María Salomé y María Cleofás o bien, por Nicodemo y José de Arimatea o, en otros casos, todas las figuras nombradas.

En la creación de esta imaginería influye también poderosamente el desaliento de los habitantes de centroeuropa, que padecen en aquel tiempo dos grandes sucesos: la Guerra de los Cien Años (entre 1337 a 1453) y la Peste Negra (del 1346 y 1347). En medio de estos dos terribles acontecimientos, los artistas renuevan la iconografía tradicional, fijándose principalmente en los episodios de la Pasión, con escenas patéticas que tratarán de conmover y originar compasión entre los devotos cristianos que, sobre todo hacia la mitad del XIV, conocerán una vida repleta de peligros y dificultades.

Quinta Angustia. Discp. de Nicolás Francés. s. XVI Catedral León. Mural trasaLTAR

Además, durante el Barroco y de siguiendo los preceptos del Concilio de Trento encaminados a remover la devoción entre los fieles, esta imaginería obtuvo gran popularidad y, aún hoy, continúa siendo una de las imágenes de la Pasión más populares, además de protagonista de centenares de desfiles procesionales durante la Semana Santa.

Expresamente, el tema de la Piedad no se menciona en los Evangelios, donde solo aparecen referencias al dolor de María en San Lucas (2, 35): “ … y una espada atravesará el corazón para que se descubran los pensamientos de todos”.

Q. Angustia. Pintura al óleo de escuela Memnling. S. XV. Museo CatedralSanta Brígida de Suecia en sus Profecías y Revelaciones, escribe: “A medida que todos se iban marchando, vino un hombre, y le clavó una lanza en el costado con tanta fuerza que casi se le salió por el otro lado. Cuando le sacaron la espada, su punta estaba teñida de sangre roja y me pareció como si me hubieran perforado mi propio corazón cuando vi a mi querido hijo traspasado. Después lo descolgaron de la cruz y yo tomé su cuerpo sobre mi regazo. Parecía un leproso, completamente lívido. Sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca tan fría como el hielo, su barba erizada y su cara contraída”.

En la célebre Leyenda Dorada, Santiago de la Vorágine habla en uno de sus capítulos de la Virgen de la Piedad basándose en el Evangelio de San Juan ( 19, 25-27): “ La Virgen, Madre de Dios, pues lo había engendrado, permaneció junto a la Cruz en que su hijo agonizaba transida de inmensa aflicción. Los dolores de esta madre fueron tan intensos al ver morir de aquel modo a su Hijo que casi murió también ella de compasión.”
Beatriz Barrientos BuenoLa propia Santa Teresa de Jesús, en una de sus visiones místicas ocurrida en Sevilla en 1575, relatará el suceso vivido: “… estando en maitines, el mismo Señor, por visión intelectual, tan grande que casi parecía imaginaria, se me puso en los brazos a manera como se pinta la “Quinta Angustia”. Hízome temor harto esta visión, porque era muy patente y tan junta a mí, que me hizo pensar si era ilusión.”

Estas dos últimas citas, no dejan de ofrecer grandes dudas y confusionismo que llegan hasta la actualidad. La imagen de la Piedad, ¿es la Quinta o Sexta Angustia?

Las conocidas “siete angustias”, “siete dolores”, son un conjunto de sucesos de la vida de la Virgen María, que poseen también origen alemán. Fueron instituidos y celebrados por primera vez en 1423 en la ciudad de Colonia por el obispo Teodorico de Meurs, y tenían como objetivo reparar las burlas que los herejes husitas (Bohemia) hacían de las imágenes de Cristo y de la Piedad.

Así todo, aunque su origen haya sido éste, no podría faltar en las devociones y celebraciones cristianas, la trasferencia de la mitificación del dolor y del sufrimiento a la figura femenina. En una religión como la cristiana, en la que el dolor está omnipresente. Frente a la figura del hombre, de Cristo torturado y crucificado, tiene que existir la Madre Dolorosa. Estos son los siete dolores, las siete angustias de María:

1º La profecía de Simeón.
2º Huida a Egipto.
3º Pérdida de Jesús en el Templo.
4º Encuentro de María con Jesús camino del Calvario.
5º Agonía y muerte de Jesús en la Cruz.
6 º Descendimiento de Jesús a los brazos de María
7º Entierro de Cristo.

Vrouwekerk
Así se completan los “siete dolores”, las “siete angustias”, los “siete cuchillos” que atraviesan el corazón de María. El número de dolores se fue incrementando hasta llegar a alcanzar la cifra de ciento cincuenta, aunque siempre a prevalecido el número “siete” que, verosímilmente, se sostuvo por la trascendencia de dicha cifra en la mayoría de las culturas y en particular en la forma de pensar medieval. Tienen su correspondencia, por ejemplo, con las siete horas del Oficio Divino e igualmente con los siete gozos de María. Como curiosidad, señalar que el número siete se utiliza frecuentemente en la Biblia: en el Antiguo Testamento el número 7 aparece 77 veces.

Virgen del Camino. Anónimo. s. XVI

La devoción a los Dolores, a las Angustias de la Virgen María fue extendida especialmente por los servitas, Orden fundada por siete patricios de Florencia a mediados del siglo XIII. La historia nos cuenta cómo se reunían estos hombres piadosos y cómo, poco a poco, fue surgiendo la Orden de los Siervos de la Virgen o Servitas, cuyo principal cometido era el meditar sobre la Pasión de Cristo y los Dolores de su Madre.

Anteriormente ya hemos mencionado que la figura de la Piedad, es denominada frecuentemente como Quinta Angustia. La distinción en las representaciones de las denominadas Quinta o Sexta Angustia está bastante clara. Se considera Quinta Angustia toda aquella imagen de la Virgen que se encuentre en el Calvario, a los pies de Cristo agonizante o muerto en la Cruz.

La Sexta Angustia serían todas aquellas imágenes que muestran a María con el cadáver de Cristo en sus brazos, pero también las escenas que representan el Descendimiento, poco antes de la entrega del cuerpo del Hijo a María. El conocido cuadro de Matías Grünewald sería el perfecto ejemplo de representación de la Quinta Angustia. Es una obra impresionante y desgarradora que representa la Crucifixión en toda su crudeza.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la imagen de la Piedad, tradicionalmente es denominada como Quinta Angustia, y todavía en muchos lugares, a muchas tallas, en muchas cofradías y hermandades, en todo tipo de bibliografía antigua o moderna y por muchos autores, se denomina de esta manera. Parece ser que el equívoco se origina al encontrarse en la mayoría de los devocionarios medievales y modernos, la referencia a esta iconografía como Quinta Angustia, por lo que es constante este apelativo al referirse a las imágenes de La Piedad.

Virgen de las Angustias - Angustias y Soledad (León)

Sobre estas lineas una de las muestras más representativas de esta iconografía en nuestra provincia. Es Nuestra Señora de las Angustias, imagen del s. XVI, realizada en madera policromada y que se encuentra en la Iglesia de Santa Nonia de León. 


Para saber más sobre esta cautivadora iconografía en León, existe un exquisito libro firmado por D. Máximo Gómez Rascón, el gran divulgador del Patrimonio Artístico de la Diócesis de León, en el que se recoge el origen e historia de estas representaciones, además de mostrar, en una excelente calidad, 142 láminas de las mejores muestras de La Piedad en León y su provincia.

Ayer, Viernes de Dolores, ha vuelto a salir por las calles de León a las 8 de la tarde, en las Vísperas, La Piedad leonesa, la Morenica del Mercado, Nuestra Señora del Mercado, la Antigua del Camino, anunciando la Pasión de Cristo y el comienzo de la Semana Santa. La acompañaban, como está “escrito” desde el s. XVIII, cientos de mujeres con velas que han llenado de devoción y olor a cera las calles de la ciudad antigua.

- La Morenica 2019.
- Nuestra Señora de las Angustias. Guillermo Doncel. S. XVI. Iglesia Santa Nonia de León.
- La Piedad. Miguel Ángel.
- Virgen de la Humildad. Anónimo.
- Nuestra Señora de las Angustias. L.S. Carmona. S. XVIII. Parroquia San Martín de León.
- Piedad de Roettgen.
- Quinta Angustia. Monasterio de Santa María de Sandoval. León.
- Peste Negra (fragmento). Anónimo.
- Quinta Angustia. Escuela Nicolás Francés. S. XVI. Mural trasaltar. Catedral de León.
- Quinta Angustia. Óleo s. XV, Escuela de Memnling. Museo Catedral de León.
- La Quinta Angustia de Santa Teresa. Beatriz Barrientos.
- Virgen de los Siete Dolores. Vrouwekert.
- Nuestra Señora del Camino. S. XVI, anónimo. Santuario Virgen del Camino. León.
- Crucifixión de Matías Grünewald.
- Nuestra Señora de las Angustias. Guillermo Doncel. S. XVI. Iglesia Santa Nonia de León.
- Nuestra Señora del Mercado, Antigua del Camino. Viernes de Dolores 2014.


sábado, 2 de marzo de 2019

EL VINO DEL ASESINO


Mi mujer está muerta, ¡soy libre!
Puedo, pues, beber hasta el hartazgo.
Cuando regresaba sin un sueldo,
Sus gritos me desgarraban los nervios.

Tanto como un rey soy dichoso;
El aire es puro, el cielo admirable...
¡Teníamos un verano semejante
Cuando me enamoré!

La horrible sed que me desgarra
Tendría necesidad para saciarse
De tanto vino como puede contener
Su tumba; — lo que no es poco decir:

La he echado al fondo de un pozo,
Y hasta he arrojado sobre ella
todas las piedras del brocal.
—¡La olvidaré si puedo!

En nombre de los juramentos de ternura,
De los que nadie nos puede desligar,
Y para reconciliarnos
Como en los buenos tiempos de nuestra embriaguez,

Le imploré una cita,
Por la noche, en un camino oscuro.
¡Ella acudió! —¡loca criatura!
¡Somos todos más o menos locos!

Estaba todavía bonita,
¡Si bien muy cansada! Y yo,
¡Yo la quería mucho! He aquí porque
Le dije: ¡Deja esta existencia!

Nadie puede comprenderme. Uno solo
Entre estos borrachos estúpidos
¿Pensó en sus noches morbosas
Hacer del vino una mortaja?

Esta crápula invulnerable
Como las máquinas de hierro
Jamás, ni en verano ni en invierno,
Ha conocido el amor verdadero,

¡Con sus negros encantos,
Su cortejo infernal de clamores,
Sus frascos de veneno, sus lágrimas,
Su estrépito de cadena y de osamentas!

—¡Heme aquí, libre y solitario!
Estaré esta noche borracho perdido;
Entonces, sin miedo y sin remordimiento,
Me echaré en el suelo,

¡Y dormiré como un perro!
El carretón de pesadas ruedas
Cargado de piedras y de barro,
El vagón desenfrenado puede quizá

Aplastar mi cabeza culpable
O cortarme por la mitad,
¡Yo me río, tanto como de Dios,
Del Diablo o de la Santa Mesa!

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Este es uno de los poemas más descarnados y trágicos del francés Charles Baudelaire, considerado como el poeta maldito. Será la embriaguez y el vino temas recurrentes en toda su obra. En su conocido poemario Las flores del mal, el vino se encuentran muy presente, pero también las drogas, el juego, la delincuencia y la prostitución, que hacen del título de la obra una descripción perfecta del mísero y marginal contenido que nos regala el poeta y que vivió en primera persona.

En Las flores del mal Baudelaire dedica una buena parte del libro al vino. Cinco son los textos: dos sonetos El vino de los amantes y El vino del solitario; y cinco poemas: El alma del vino, El vino de los traperos y el texto reproducido El vino del asesino (Le Vin de l´assassin). En su apología siniestra del vino Baudelaire llegó a comentar: Quien sólo bebe agua, oculta algún secreto a quienes le rodean.

El vino forma parte de nuestra tradición, de nuestra cultura. Desde las civilizaciones griega y romana pasando por la Edad Media y hasta la actualidad, la importancia del vino en la sociedad occidental es considerable. Esta trascendencia desde su origen llega hasta la propia religión cristiana que, en el momento cumbre de su ritual, como es la consagración, “transforma” el vino en sangre, siendo siempre ésta el elemento común en la mayoría de los sacrificios realizados por el hombre.

Ya desde la antigüedad son continuos los poemas que se dedican al vino: para el griego Homero o el romano Ovidio el vino era el néctar, la bebida de los dioses. España, como país occidental, cristiano y mediterráneo, no es ajeno a la exaltación del vino en la poesía. Uno de las rimas más conocidas es de Gonzalo de Berceo escrito en el s. XIII:

… Quiero fer una prosa en román paladino,
en cual suele el pueblo fablar con so vezino;
ca non so tan letrado por fer otro latino.
Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino ...

Como curiosidad, reproducimos dos de los sonetos contemporáneos sobre el vino más bellos, cuyo autor fue Luís López de Anglada, escritor y miliar que vivió en León, colaboró con Crémer en Espadaña y fundó y dirigió la emisora la Voz de León:

La Bodega 
Bajé, contigo, amor, a la bodega 
y me acerqué al tonel que allí dormía 
por ver si era verdad que en él crecía 
la flor del vino, diminuta y ciega.

Y para poder ver lo que trasiega
el vino al corazón, pensé que unía, 
para jugar, tu boca con la mía, 
porque el amor no sabe a lo que juega.

Uniendo así en tus labios vino y mieles 
le dimos a la flor de los toneles 
como vaso tu labio femenino.

Y todo fue tan dulce y abundante
que nunca la bodega vio otro amante
ebrio de tanto amor y tanto vino.




















Noche de Vendimia
Era de tanto amor la noche aquella
que hasta el alba rompió su compromiso
de clausurar las sombras y no quiso
partir la noche y apagar la estrella.

Subió a su boca el vino y puso en ella
tan breve y embriagante paraíso
que, robando a sus labios el permiso,
busqué su rastro y apuré su huella.

Tantas veces mezclamos vino y beso
que, al fin, el sueño la rindió, por eso
le sirvieron mis brazos como almohada.

Y cuando pudo el sol alzar el vuelo
estaba rojo, como el vino, el cielo
y azul, como sus ojos, la alborada.

Y así … Campoamor, Villaespesa, Panero, Miguel Hernández, Alberti, Cunqueiro, Rosalía de Casto …. realizan poemas sobre el vino. Hasta Federico García Lorca llegó a decir: Me gustaría ser todo vino y beberme yo mismo.

Pero volvamos sobre el título de la entrada: El vino del asesino.

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Anochece. Una fina lluvia hace brillar el suelo y las fachadas de los hermosos edificios que rodean la bella Piazza del Duomo, en el centro de la Isla de Ortigia, el punto más elevado de la ciudad de Siracusa, núcleo del primer asentamiento corintio, hace ya 3000 años, y considerada una de las más hermosas plazas de Italia.
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Ortigia es la joya de Siracusa. Es un pequeño islote de apenas un kilómetro unido a la ciudad por tres puentes. Accedemos a él por el Ponte Nuovo, desde donde nos contempla la efigie del gran siracusano: Arquímides, para, dejando atrás los restos del impresionante templo de Apolo, adentrarnos en el plano de Ortigia que mantiene el encanto de la ciudad medieval, heredera de la griega antigua. El trazado invita a pasear lentamente por sus bellas, estrechas y tortuosas calles que siempre se pierden en el mar.

Desde la citada Piazza del Duomo, caminamos hacia la costa hasta llegar a la gran terraza que rodea la mítica Fonte Aretusa, ligada mitológicamente al origen de la ciudad, en la que emerge la planta de papiro y se unen en eterno amor la ninfa Aretusa, transformada en manantial, y el dios Alfeo, convertido en río subterráneo. Desde allí  se puede contemplar la espectacular ensenada del Porto Grande de Siracusa.

Después del gran espectáculo visual, volvemos sobre nuestros pasos hacia el interior de Ortigia siguiendo la Vía Roma. A escasos metros del mar encontramos un discreto restaurante con un pequeño pero llamativo luminoso que muestra desafiante su nombre: Le Vin de L`assassin. Nombre un tanto “inquietante” para un lugar especial anclado en un paraje único.
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Siracusa es “hija” de griegos. Y griegos son los que introducen el vino y sus virtudes en occidente a través de su comercio y sus numerosas colonias. El historiador heleno Tucídides ya en el s. V aC llegó a decir: Las gentes del Mediterráneo empezaron a emerger del barbarismo cuando aprendieron a cultivar el olivo y la vid.

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Si acudimos a la mitología griega, la primigenia historia del vino se encuentra perfectamente detallada en ella. Y así tenemos a Dionisio, el antiguo dios mitológico griego del vino y la fertilidad. Dionisio es representado como navegante por el Mediterráneo portando una abundante planta de vid, plagada de racimos, que crece mágicamente del mástil de su navío. Esa bella imagen, como no podía ser de otra manera, se encuentra pintada en el fondo de un kílis, conocido como el Kílis de Exequias, (s. V aC), copa de cerámica de figuras negras que precisamente se usaba para servir y disfrutar del vino.

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El bistro o pequeño restaurante siracusano que se anuncia con el título del trágico y descarnado poema de Baudelarie, se sitúa, como hemos dicho, en un lugar delicioso. En una estrecha calle entre palacetes de grandes sillares y a unos pocos pasos del Mediterráneo, casi “fondeado” en la gran bahía siracusana.

Resulta imposible no entrar. Más cuando comprobamos el apetitoso y variado menú expuesto en grandes pizarras, que alterna entre los típicos platos italo-sicilianos con los tradicionales franceses y europeos. Pero sobre todo, nos atrapó el nombre del establecimiento y su pequeña exposición de vinos que recuerda los actuales "wine bar" (bar de vinos), establecimientos que surgen y “pelean” en la actualidad con las típicas cervecerías, y que son la punta de lanza del contraataque de la cultura ancestral del vino ante las modernas opciones de consumo.

La cena resultó excelente, dejando atrás la “monotonía” de la comida italiana de los últimos días a la que no estamos tan acostumbrados. Un lugar muy atractivo y, como suponíamos, una carta con variedad de platos de la Sicilia mediterránea y centroeuropea. A esa excelencia contribuyó, y de qué manera, un vino rosso siciliano embotellado para la casa: Le vin de L´assassin, cuya degustación resultó mucho más agradable, más reconfortante y menos dramática que el contenido del poema de Charles Baudelaire.


- Charles Baudelaire.
- Luís lópez de Anglada.
Piazza del Duomo. Siracusa.
Fonte Aretusa. Siracusa.
Le Vin de l`assassin.
Kílis de Exequias, (s. V aC).
- Tumba del Nadador.  Paestum.
- Vía Roma. Siracusa.



jueves, 31 de enero de 2019

31 de enero: DÍA DE LOS TERCIOS


Un grupo de historiadores y aficionados han propuesto, al calor de la popularidad de la que gozan hoy los Tercios, que el 31 de enero se convierta en un día dedicado a esta unidad legendaria de infantería que dominó los campos de batalla europeos durante casi dos siglos. De tal manera que el denominado GRUPO 31 DE ENERO quiere que ese día sea de recuerdo y homenaje a los Tercios españoles coincidiendo con la efeméride anual de la batalla de Gembloux. 

Así, el 31 de enero de 1578 se celebró la batalla de Gembloux, una de las más olvidadas dentro de la Guerra de Glandes, en la que Don Juan de Austria y su sobrino Alejandro Farnesio vencieron a 25.000 soldados de las provincias rebeldes con un ejército de solo 17.000 hombres. Una de las muchas demostraciones de la superioridad militar de esta unidad de la Monarquía hispánica.


- Texto: ABC
- Video: Día de los Tercios: Batalla de Gembloux 1578 / Autor: MANUTEZ2009


viernes, 25 de enero de 2019

León y la conquista de Granada


Hace unos días, concretamente el pasado día 2, como todos los años se conmemoró en Granada, para oposición y disgusto de los "progres" y demás adláteres, el Día de la Toma, la celebración de los 527 años de la rendición de Granada que puso fin a la Reconquista y a la definitiva expulsión del poder musulmán de la Península, después de su invasión en el 711. De esta manera, se fijó definitivamente y  hasta la actualidad (esperemos que continúe), la frontera occidental europea de la expansión islámica.

¿Qué une o relaciona a los leoneses con esa conquista? El 1 de agosto de 1170, con el patrocinio del rey leonés Fernando II, se funda la Orden de Santiago, en principio con el fin de defender la frontera de la extremadura del Reino de León frente a las posibles incursiones musulmanas.

Las conquistas leonesas, entre las que se encontraban la ciudad de Cáceres (Qasrish), son confiadas a la Orden de Santiago que desde el 31 de enero de 1171 se sitúa bajo la advocación y patrocinio del apóstol que, a pesar de que actualmente se pretende vincular exclusivamente al ámbito gallego, su culto y promoción fue desde sus inicios obra de los reyes asturianos y, más adelante, de sus herederos los monarcas del Reino de León, que protegieron y divulgaron la devoción al santo por toda la Península,  que llegó a ser Patrón y Capitán General de las Españas.

La Orden Militar de Santiago y el Reino de León que la implanta, protege y difunde por toda España, tendrán un protagonismo especial en el episodio que pone fin a la invasión y expansionismo musulmán iniciado en el siglo VIII desde el norte de África: la rendición de Granada.

Mientras los reinos cristianos se fusionaban mediante intereses y alianzas que se consolidaban a través de importantísimos vínculos matrimoniales, como el de Fernando V e Isabel I, uniendo las coronas de Aragón y de León y Castilla, las monarquías árabes se entregaban a luchas fratricidas y sangrientas conspiraciones entre distintos pretendientes. Padre e hijo se enfrentaban en el Reino de Granada en los últimos años de la existencia del reino musulmán nazarí: Muley Hasan y su hijo Muhammad XII, conocido como Boabdil.

La situación para los granadinos se volvió insostenible. El 25 de noviembre de 1491 el reino nazarí se vio obligado a una irremediable rendición, firmando el Tratado de Granada o Las Capitulaciones de Granada. Por este acuerdo, el monarca granadino Boabdil renunciaba y entregaba a Isabel y Fernando la soberanía del último reino musulmán, a cambio de que se garantizara a los vencidos una serie de derechos, entre los que se encontraban la tolerancia religiosa y un tratamiento justo, compensando así su capìtulación sin resistencia.
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Mucho se ha escrito sobre la rendición del último baluarte musulmán en la Península, pero no resultan muy claros los sucesos ocurridos durante las horas que trascurrieron desde la madrugada del día de Año Nuevo de 1492, en las que las tropas cristianas penetraron en el recinto granadino, hasta que se izaron sobre las almenas de la Alhambra la cruz y enseñas de conquista.

El conocimiento y la seguridad de que parte de la población musulmana no iba a rendirse sin lucha, motivó que en una de la cláusulas de las Capitulaciones de Granada se cite: “Qué el día que Sus Altezas enviaren a tomar posesión de la Alhambra, mandarán entrar su gente por la puerta de Bib-Al Azhar, o por la Bilnest, o por el campo, fuera de la ciudad, porque entrando por las calles no haya algún alboroto”.



Pero los relatos que se conocen sobre los sucesos de la efectiva entrada en la ciudad no son coincidentes. Algunos textos hablan de que el encargado de entrar en la ciudad fue Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla; sin embargo, Luís M. de Carvajal escribe lo siguiente: “Llegado el día señalado … el cardenal Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo, fue a tomar posesión de ellas (las fortalezas) acompañando de muchos caballeros y suficiente número de infantería debajo de sus banderas. Y porque conforme a las Capitulaciones, no habría de entrar por las calles de la ciudad, tomó un nuevo camino por delante de la puerta de los Molinos”.

No obstante, el texto que toma más fuerza es una carta dirigida a Alonso Valdivieso, obispo de León, escrita por un tal Cifuentes que, según narra, en la madrugada del día de Año Nuevo, pasada la medianoche, acompañó a las fuerzas de lanceros y espingarderos que mandaba Gutierre de Cárdenas, Comendador Mayor de la Orden de Santiago de León, cuyo priorato se encontraba en el convento de San Marcos (Hoy conocido Parador Nacional), que de manera cauta y silenciosa entró en la ciudad posiblemente por la puerta de Bib-Al Azhar (Puerta del Azahar), hoy inexistente, que estaba situada en la actual Cuesta del Pescado y, bordeando la Almanjarra Mayor, penetró en el recinto de la Alhambra.

Una vez franqueada la entrada y aseguradas las posiciones estratégicas en la Alzacaba, Gutierre de Cárdenas dirigió sus pasos hacia el salón del trono (actual Salón de Embajadores), en la Torre de Comares, donde dice la tradición que el último monarca nazarí entregó las llaves de la ciudad. Sin embargo, parece ser que Boabdil en aquellos momentos se encontraba ya en su palacio-fortaleza del Albaicín, y que fue su hombre de confianza Aben-Comixa, que había negociado las Capitulaciones, quién al final entregó las llaves de Granada al Comendador Mayor de León.

También se cuenta que Gutierre de Cárdenas ordenó celebrar en una sala adyacente, dentro de la propia Torre de Comares, la primera misa en la Alhambra. Al despuntar el alba, una vez asegurado militarmente todo el recinto granadino, hizo desplegar la Cruz (perteneciente al arzobispo Mendoza), el pendón de Santiago y el pendón Real sobre la Torre del Homenaje de la Alcazaba, la torre que se orienta hacia el Albaicín y los barrancos del Darro, y no sobre la conocida Torre de la Vela con su significativa espadaña, como habitualmente viene difundiéndose.

Las enseñas y tres cañonazos o disparos de mosquetes, fue la señal para que avanzaran las tropas del conde de Tendilla a quién Isabel y Fernando habían dado la tenencia de la fortaleza, que hicieron su entrada en la Alhambra a primeras horas de la mañana del 2 de enero.

La reina Isabel, desde Armilla, en la vega granadina, aproximadamente a 4 kilómetros de Granada, y Fernando, un poco más cerca, desde el arenal del Genil, al sur de la Alhambra, pudieron observar y seguir los acontecimientos de aquel lunes del mes de enero junto a sus respectivas tropas.
Boabdil abandonó la ciudad sin que la mayoría de sus habitantes lo supiesen, rindiendo un pequeño homenaje a los Reyes a las puertas de la ciudad poco antes de dirigirse a las Alpujarras, cuyo dominio se le concedió. Pero el episodio también cuenta con diferentes versiones.

Alguna de ellas señala que Boabdil salió de la ciudad a las 3 de tarde del día 2 de enero por la Puerta de los Siete Suelos, situada al sureste, vistiendo una túnica negra bajo un almaizar de púrpura y llevando sobre su cabeza un sencillo tocado blanco. Iba acompañado de un importante séquito de caballeros y descendió con su imponente caballo desde la Alhambra por las laderas del cerro sur, llamado Al-Baul, hasta encontrarse con los Reyes Católicos que le esperaban junto a una antigua y pequeña mezquita (hoy ermita de San Sebastián), cerca de la confluencia del Darro con el Genil.

Otras versiones señalan que descendió de la Alhambra a lomos de una mula por el cerro sur, cruzándose con la vanguardia del ejército cristiano. En el momento del encuentro con los Reyes, tras las frases de rigor, hizo ademán de bajarse del animal pero el rey Fernando no se lo permitió, situación que estaba pactada de antemano. En el preciso momento del encuentro, desde la Alcazaba, se dispararon tres salvas y que, como recuerdo de aquel acto, la catedral granadina hace sonar a las tres de la tarde tres campanadas.

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Fuera como fuese, hay algunas cosas sobre el suceso que se deben matizar. La escena popularizada y archiconocida del cuadro realizado en 1882 por Francisco Pradilla, “La rendición de Granada”, presenta una instantánea del hecho que no se ajusta a la realidad.

La escena que refleja Pradilla, si parece situarse en su lugar, en las inmediaciones de una mezquita o morabito, ahora ermita de San Sebastián, que se situa en la margen izquierda del Genil, en el actual Paseo del Violón. Y esto se deduce de la espléndida perspectiva del cuadro, con la Alhambra en el horizonte, en lo alto, sobre el cerro denominado La Sabika, y las murallas de Granada en la parte baja.


Aunque existen dos versiones de las palabras pronunciadas en aquel momento por Boabdil, y ambas hacen referencia a la entrega de las llaves de la ciudad, el acto oficial de la entrega de llaves ya se había producido unas horas antes en la Torre de Comares al Comendador de León. Más bien debió de tratarse de un acto de homenaje o vasallaje de Boabdil hacia Fernando, porque la reina Isabel no se encontraba allí en aquel momento, sino que todavía continuaba en Armilla.
No obstante, pudo haberse producido una “segunda” entrega pactada, de la misma manera que se acordó que el rey Fernando no permitiese bajar de su montura al rey granadino, manteniendo éste parte de su estatus entre su séquito. Tras la escenificación del acto de rendición, Boabdil no emprendió el camino hacia Las Alpujarras como se viene difundiendo, sino que se dirigió a Santa Fe, donde se encontraban los rehenes musulmanes, entre ellos su hijo.

Días más tarde, partió hacia su último retiro en Las Alpujarras. Al pasar por un alto cercano a Granada se volvió hacia su antigua ciudad y, cuentan, que suspiró y rompió a llorar a la vista de la Alhambra, siendo famoso el intercambio de emociones con su madre donde surge las frases tan conocidas. El lugar, la pequeña colina, se denomina desde entonces “El suspiro del moro”.

Después de la caída de Granada, Gutierre de Cárdenas, protagonista de la entrada en Granada y la Alhambra, acrecentará su influencia y poder. Disfrutará de la confianza de los Reyes que le encomendarán importantes cuestiones de política interior y exterior: apoyo para la elección de Cisneros como cardenal-arzobispo de Toledo, nombramiento para el Consejo Real, e intervendrá en las trascendentales negociaciones del Tratado de Tordesillas.

Todo un personaje del siglo XV-XVI prácticamente desconocido, que forma parte de aquella nueva sociedad en construcción que estaba dando los primeros pasos para el dominio y la conquista de medio mundo, y que descansa junto a su esposa, Teresa Enríquez, en la Colegiata de Torrijos (Toledo).

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La Alhambra. Patronato de la Alhambra y el Generalife.
Cruz de Santiago sobre venera y león. Fachada de San Marcos de León.

Caballero de Santiago.
Salida de la Alhambra de la familia real nazarí. Ruíz Almodóvar.
San Marcos de León. Página "Diario Valderrueda".
Torre de Comares (primer término Peinador de la Reina). David Roberts.
Alcazaba: Torre del Homenaje a la izq.; centro Torre Quebrada. Patronato A. y G.
Rendición de Granada. Francisco Pradilla.
La despedida del rey Boabdil de Granada. Alfred Dehodencp.
El lamento del moro. Francisco Pradilla.

El suspiro del Moro (detalle). Marcelino de Unceta.
Pendón de los Reyes Católicos.
Sepulcro de Gutierre de Cárdenas y su esposa Teresa Enríquez. Colegiata de Torrijos (Toledo).