sábado, 14 de marzo de 2020

Idus de Marzo

Según la tradición romana fue Rómulo el creador del sistema de calendario que constó en su inicio de 10 meses, seis de ellos de 30 días y cuatro de 31, haciendo que el año comenzase el 1 de marzo. Fue el rey Numa Pompilio el que añadió 2 meses más, que supuso redistribuir los días entre los meses de la siguiente manera: todos los meses de 29 días, febrero de 28 y marzo, mayo, julio y octubre de 31 días (utilizando la terminología mensual actual). 

Aunque resultaba algo más complejo, la estructura y división de los meses se organizaba en tres tipos de días: las Calendas, las Nonas y los Idus, que correspondían a los periodos de la luna nueva, al cuarto creciente y a la luna llena, respectivamente. De esta manera, la distribución de los tipos variaba todos los meses (ver imagen distribución calendario anual: https://www.imperivm.org/el-calendario-romano-el-fasti/)
 
En la antigüedad los idus eran días de buenos augurios. Se celebraban los días 13 de cada mes, con excepción de marzo, mayo, julio y octubre que se celebraban el día 15. La importancia y el interés por los Idus de marzo, reside en que en el mundo romano se celebraba el mes de marzo como el inicio del año nuevo, pero, sobre todo, porque fue la fecha en la en el 44 a.C. murió asesinado aq los 56 años uno de los hombres más populares e importantes de la Historia: Cayo Julio César, el hombre que pudo reinar en Roma y cuya muerte desencadenó una serie de sucesos que trasformaron para siempre el futuro del mundo conocido.

Julio César es el único hombre de la antigüedad que sigue incrustado en nuestra manera de pensar, hablar o actuar. Y es que César es el primer publicista con sus frases universales, el primero que incorpora su imagen en las monedas, el que origina el nombre las distintas dinastías dirigentes: Emperador, Káiser, Zar … Pero también responsable en la reforma del calendario acomodándolo al año solar, formando su nombre parte del nombre de uno de sus meses, también la denominación de la forma de nacer mediante “cesárea”, la organización de bibliotecas, etc. Pudieron asesinarlo, pero no hacerle desaparecer de la historia de del mundo.


El suceso se produjo en el fondo de la parte central de la llamada Curia de Pompeyo (Curia Pompeia), edificio que formaba parte del gran recinto conocido como Teatro de Pompeyo, complejo construido por el que fue gran rival de César, Cneo Pompeyo Magno en el año 55 aC., para celebrar sus éxitos militares (http://www.todossc.es/visitas/TeatrodePompeyo). 

El enorme edificio situado en el Campo de Marte, contaba con el primer teatro permanente de Roma, pero también con tiendas, lujosos pórticos, jardines, un templo dedicado a Venus y edificios para servicios, como la Curia, que serviría provisionalmente para las reuniones del Senado, hasta la finalización de las obras de la futura Curia Julia del Foro.


Hoy solo quedan restos de la parte trasera oeste del enorme complejo, que se conoce como Área Sacra di largo di Torre Argentina, en pleno centro de Roma. Allí se pueden apreciar claramente los restos de los cuatro templos que se encontraban tras el edificio de la Curia, todos construidos en periodo republicano del I al IV siglo a.C.: Templo de Juturna (A – s.III), Templo de Aedes Fortunae (B – s. I) (redondo), Templo de Feronia(C – s. IV) y Templo de Lares Permanini (D – s. II).

 
El inmenso edificio del Teatro de Pompeyo queda bajo la ciudad actual, pero detrás de las estructuras de los templos señalados, se observan los escasos restos del edificio de la Curia, lugar que fue descubierto y señalado recientemente por investigadores españoles del CSIC, y que marca el lugar exacto donde fue asesinado Julio César (https://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/investigadores-del-csic-hallan-el-lugar-exacto-donde-fue-apunalado-julio-cesar).


Cuando César entró en la Curia hacia el mediodía de aquel 15 de marzo fue rodeado por los conjurados. Tulio Cimber, uno de ellos, se acercó a él pidiéndole clemencia para un hermano suyo condenado a destierro. César niega el perdón, pero Tulio le retiene sujetándole por la toga siendo ésta, al parecer, la señal para alzar puñales y espadas. De inmediato Casio le apuñaló por la espalda y, a pesar de la sorpresa, César tuvo arrestos para sujetar su mano mientras le increpaba. Seguidamente otra daga le atravesó el costado y Décimo Bruto le hirió en la ingle. En unos segundos, le asestaron 23 puñaladas.
 
 
Cuenta la tradición que cuando Julio César vio a Bruto con el arma en la mano, quedó tan sorprendido que dejó de defenderse y le dijo: Et tu, Brute (Tú también, Bruto?) Dejó de defenderse, se cubrió la cabeza con la toga y con la otra mano se envolvió las piernas y, ya agonizante, se derrumbó bajo los pies de la estatua de Pompeyo.

 
Conjurados y senadores abandonaron precipitadamente la Curia. Posteriormente todo resulto muy confuso. Los conjurados se dirigieron al Foro para proclamar públicamente la muerte del tirano y, posteriormente, con algunos partidarios más, dirigieron sus pasos al Capitolio, el sagrado monte donde se depositaban los símbolos del pueblo de Roma. Allí decidieron defender a los asesinos y legalizar su magnicidio, planeando arrojar el cadáver de Julio César al Tiber, como solía hacerse desde antiguo con los traidores y los peores criminales. Sin embargo, durante ese espacio de tiempo, el cadáver de César, abandonado en el suelo de la Curia, fue recogido por cuatro de sus esclavos y en una litera trasladado apresuradamente a la Domus Publica, al lado del Foro, que era habitualmente donde residia con su esposa Calpurnia al ser como Pontifex Máximus.


Ante los sucesos, Lépido, fiel partidario de César, que aturdido había presenciado el asesinato, se ocultó durante algunas horas temiendo una planificada represión por los conjurados. Más tarde y viendo que no existía un plan concebido contra los allegados a César, se reunió con las tropas que preparaba para ir a Galia e Hispania y ocupó esa misma noche el Campo de Marte, que en aquella época era todavía un espacio donde los jóvenes se ejercitaban y campamento provisional de las tropas de los generales que iban a celebrar un triunfo y que no podían atravesar las murallas servianas.

El resto de los seguidores de César también se recompusieron poco a poco de la sorpresa. Marco Antonio, que un primer momento se había escondido temeroso de los acontecimientos, decidió distribuir armas entre sus partidarios y se acercó a casa de César a visitar a su viuda Calpurnia. Con esta audaz operación se presentaba como su heredero político. Otra acción importante de Marco Antonio fue ocupar el Templo de Ops, diosa de la abundancia, donde se depositaba y custodiaba el tesoro de Roma y que se encontraba frente al templo de Júpiter Capitolino.


Las tropas de Lépido cercaron el Capitolio, que los asesinos habían hecho su cuartel general y que no supieron que acciones ni que decisiones tomar. Marco Antonio y Lépido dueños de la fuerza militar, convocaron al Senado en el Campo de Marte y allí se llegó a un acuerdo para no derramar más sangre y evitar una guerra civil: los conjurados quedarían impunes, pero se honraría la memoria y la obra de César.
 
Pero el testamento del general desbarató el acuerdo conseguido. César legaba una pequeña fortuna a cada vecino de Roma, trescientos sestercios, y cedía a la ciudad los jardines que poseía a la ribera del Tiber, en el Trastevere: César se descubría como un padre para los romanos y ellos no habían vengado su muerte.
 
El cuerpo de César, por instrucciones de Calpurnia, fue lavado, perfumado y amortajado y, una vez realizada la máscara mortuoria y cubierta su cabeza con un sudario blanco, fue revestido con la toga praetexta y colocado frente a las imágenes de sus antepasados, en el llamado lectus funebris, especie de diván que se situaba con los pies hacia la calle y donde amigos y clientes pasaron a rendirle honores durante 5 días. 

El lecho mortuorio se rodeó de flores, antorchas, velas y quemadores de perfumes, para amortiguar el olor de la muerte. Durante ese tiempo y siguiendo los rituales romanos para la clase poderosa, sería velado por parientes, mientras profesionales plañideras lloraban y cantaban los méritos del fallecido, mesándose los cabellos golpeándose el pecho mientras realizaban gritos lastimeros.
 
 
Cinco días después de su asesinato, concretamente el 20 de marzo, la comitiva fúnebre formada por magistrados, patricios, ciudadanos y veteranos militares llegó hasta el Foro, donde se agolpaba el pueblo, en su camino hacia el Campo de Marte lugar donde estaba prevista la incineración. El cadáver depositado sobre una angarilla de marfil, iba cubierto con la mortaja púrpura. En el Foro, el pueblo allí reunido escuchó el discurso fúnebre de Marco Antonio, que señaló a los asesinos como los hombres y traidores que habían jurado protegerlo, a la vez que mostraba entre sus manos a la muchedumbre el manto ensangrentado del difunto.


Comenzaron a oírse gritos de venganza y se desataron los ánimos. La decisión fue unánime, Julio César merecía el honor de ser incinerado en aquel lugar, en el Foro, en el propio corazón de Roma y no en el Campo de Marte, lugar a extramuros.

 Surgieron espontáneos que acumularon madera y muebles para improvisar una pira. Sobre ella colocaron la angarilla con el cadáver y le prendieron fuego con toda la madera que encontraron, desmontando bancos, tribunas, etc. Se formó una gran hoguera a la que la gente, según cuentan, arrojaba sus mantos, sus joyas y los veteranos de las legiones arrojaban sus armas. Tres días estuvo ardiendo la pira funeraria en el Foro y tres días duro la excitación de los ánimos entre los romanos. Las cenizas de César fueron colocadas finalmente en una urna, depositadas en un altar y adoradas como divinas día y noche. Según la leyenda fueron depositadas en un globo de oro que formaría parte del obelisco de la Colina Vaticana. Fue un duelo dilatado que dio tiempo a los asesinos a abandonar apresuradamente la ciudad.


“Depusieron los restos de César en el Foro, allí donde estaba la antigua Regia de los romanos y acomodaron encima mesas, asientos y cuantas cosas de madera había allí. Encendieron el fuego y todo el pueblo estuvo ante la pira funeraria durante la noche. En aquel lugar se erigió primero una columna y una ara; ahora allí está el templo del mismo César, en el cual es venerado como un Dios” (Apiano, s. II dC.).

En el lugar de la incineración se elevó por iniciativa del Senado una columna y un ara, hasta que en el año 29 aC., tras la batalla de Actium en la que fue derrotado Marco Antonio, el emperador Augusto erigió un templo a su “padre”, el “Templo del Divino Julio”, justo en el mismo lugar de la cremación, en el lado sudeste del Foro, donde se rendirá por tiempo culto a Julio César divinizado.
 

El templo se distinguía porque, en vez de una escalera frontal de acceso como era habitual, poseía dos escalinatas laterales bordeadas por un muro que cercaba el altar que señalaba el lugar de la espontánea incineración. Poseía una tribuna para los oradores, denominada Rostra del Divino Julio, que Augusto decoró con los mascarones de proa de las naves egipcias derrotadas en Actium.






Actualmente todavía se puede contemplar los restos del templo en el Foro. Solo existen algunos muros, su planta y parte del podio, ya que la mayoría de su estructura fue utilizada, curiosamente, para la construcción de la Basílica de San Pedro. Pero todavía se puede observar, el lugar, el altar que señala el punto exacto de la cremación. Aún hoy, como pudimos comprobar con emoción, se continúan realizando visitas y ofrendas sobre lo que queda del altar, y nunca faltan flores frescas en el mismo lugar de incineración.

Circulaba la leyenda de que la esfera de bronce que remataba el obelisco que se encuentra en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, contenía las cenizas de Julio César. El conocido obelisco fue erigido en el Foro Julio de la ciudad de Alejandría (Egipto) por indicación de Augusto. Trasladado por Calígula a Roma, se colocó en la espina del Circo Gaio y fue en ese momento cuando surgió la tradición de que las cenizas de Cesar se encontraban en la esfera.

La esfera de bronce con que fue rematado el obelisco se convirtió en la imaginación popular en el contenedor de las cenizas de Julio César. Quienes pasaban por la base del obelisco lo reverenciaban como cosa santa y se inclinaban ante aquello muy grande que custodiaba las alturas. En 1586 el papa Sixto V trasladó el obelisco frente a la Basílica de San Pedro y la esfera que lo coronaba fue sustituida por una cruz.








Se cuenta, que la esfera de bronce custodiada actualmente en los Museos Capitolinos desde su retirada y que hace unos años fue expuesta en Roma con ocasión de una muestra dedicada a Julio César, fue abierta a finales del s. XVI por Doménico Fontana, un arquitecto renacentista, comprobándose que estaba vacía.


                    Verde: Circo Vaticano o Gaio (Calígula)
                    Azul: Antigua Basilica de S. Pedro
                    Roja: Actual Basílica de San Pedro






Situación obelisco en Circo y durante primera Basílica.
                     
                                                                      
                                                                  

- Asesinato de César bajo la estatua de Pompeyo. E.H. Figer.    
- Calendario republicano romano.
- Busto de César de Arlés. Único realizado en vida.
- Teatro de Pompeyo. Recreación de Jean Claude Golvín.
- Teatro de Pompeyo
- Actualmente trasera Teatro de Pompeyo y Zona Sacra.
- Restos de la Curia de Pompeyo.
- César se dirige a la Curia en los Idus de marzo.
- Muerte de César. Karl Theodor.
- Asesinato de César. Jean León Gerome.
- Portalápices de César ...
- Vista aérea del lugar donde se encontraba la Curia de Pompeyo.
- Lépido.
- Marco Antonio.
- Cornelia.
- Turín. Máscara mortuoria de César?
- Discurso de Antonio en el funeral de César. Willians Holmes.
-Recreación de la cremación de César en el Foro. Jean Claude Golvin.
- Muerte de César. Guillaume Guillón.
- Reconstrucción Templo Divino Julio en el lugar de cremación.
- Templo Divino Julio actualidad (2 fotos)
- Ara del Templo del lugar cremación.
- Remate globo del obelisco del Vaticano. Museos Vaticanos.
- Grabado obelisco y primera Basílica.
- Idem.
- Circo, obelisco y Basílicas.
- Plaza del Vaticano. Centro el obelisco.
                          



                                                                                               
                               

lunes, 30 de diciembre de 2019

FELIZ AÑO 2020 !!!




El pasado día 20 de diciembre en la parroquia de San Martín de León, iglesia que tiene su origen en el s. XI, se celebró la novena edición del Concierto de Navidad, recital que marca el inicio del tiempo de Navidad en la ciudad de León y en su Diócesis. Estuvo a cargo, como viene siendo tradicional, de la Capilla de Música de la Catedral de León, de la que forman parte dos buenos amigos, María y Jacinto.

Entre las obras ofrecidas que alternaron la música sacra y piezas tradicionales leonesas, destacamos el clásico villancico leonés "Las campanas de la torre", que se muestra en el video, obra del musicólogo Don Felipe Magdaleno, fallecido ya hace algunos años, y cuyo busto se ha instalado en la Plaza de San Isidoro, justo al lado de la que fue su "casa", ya que fue canónigo de la Colegiata, además de Maestro de Capilla de la Real Colegiata-Basílica de San Isidoro, recopilador y divulgador de la música tradicional leonesa y fundador y director de la Coral Isidoriana.


Las campanas de la torre de la bella catedral,
repican con alegría en noche de Navidad ...
tan, tan, tan, ...

sábado, 21 de diciembre de 2019

La fiesta del solsticio de invierno





















Miles de años antes al nacimiento de Cristo, las sociedades primitivas celebraban el solsticio de invierno, la victoria de la luz sobre las tinieblas, era la noche en que se anunciaba un nuevo nacimiento de la luz, pero también el cambio del ciclo productivo que predecía una nueva primavera y, con ella, la continuación de la vida.

En los inicios de la era cristiana se ignoraba por completo la fecha en la que había nacido Jesús. Se especuló con distintos momentos: en los inicios de la primavera, también en otoño, hasta que en el año 350 el Papa Julio I dictaminó que Jesús fue alumbrado el 25 de diciembre.

¿Por qué el 25 de diciembre? Los romanos celebraban la fiesta en honor a Saturno, Saturnalia, dios de la agricultura y la cosecha, entre el 17 y el 24 de diciembre, tiempo en el que el ciclo climatológico cambiaba dando lugar al inicio de un nuevo periodo agrícola. En esos días la sociedad romana celebraba banquetes, se bebía y bailaba, adornaban las casas con planta de las denominadas siempreverdes: muérdago, acebo, etc., y se entregaban regalos. El día 25, la fiesta era denominada Brumalia y conmemoraba el día más corto del año (calendario juliano) y un “nuevo Sol”. Era la fiesta del Natalis Solis Invicti, el “Nacimiento del Sol Invicto”.

Los nuevos cristianos vieron con agrado la decisión de Julio I de conmemorar el nacimiento de Jesús en esas mismas fechas, y continuar así con las celebraciones ancestrales que se encontraban muy arraigadas en las costumbres populares. De esta manera, la Navidad (del latín nativitatem, nacimiento) o Christmas, (en lengua inglesa, “misa de Cristo”), se introdujo en nuestro mundo occidental como continuación o remedo de las mismas fiestas paganas del culto al Sol.

No se deben obviar como antecedentes de la Navidad, los ritos solsticiales que se celebraban en Egipto, donde la triada Isis-Osiris-Horus eran los protagonistas y el 25 de diciembre era precisamente la fiesta de Isis, un verdadero trasunto de María. Del mismo modo, Buda, Tammuz en Babilonia, el dios frigio Attis, Dionisio en Grecia, entre los vikingos, Frey, hijo de Odín, y Krishna en la India, todos muy anteriores a Cristo, poseen múltiples coincidencias en lo referido a su nacimiento: celebración el 25 de diciembre. Todos son hijos de una madre virgen, aparecen estrellas, hay pastores, el alumbramiento en pesebre o cueva, presencia de magos, ofrendas, rumiantes, etc.


Especial comentario merece el culto a Mitra, que enlaza fuertemente con las fiestas romanas que hemos citado. Las primeras noticias sobre el dios Mitra aparecen ya 3.500 antes de Cristo en la India donde es considerado como dios de la luz, del amanecer y del Sol, extendiéndose su influencia hacia el oeste y absorbiendo también usos y prácticas de todos los pueblos de la zona.

Mitra, llamado El Salvador, hijo de madre virgen, nació el día 25 de diciembre en una gruta en donde, curiosamente, también se hallaban una mula y un buey. Avisados por las estrellas y una luz resplandeciente, fueron a adorarle pastores y unos magos que le obsequiaron con ofrendas ... Dejaremos aquí las comparaciones con el nacimiento de Jesús, porque son múltiples y variadas, tanto en el alumbramiento, vida y obra, como en la liturgia y el culto posterior a su muerte. 

El culto a Mitra se extendió por todo el Imperio Romano llevado por las legiones, que la adoptaron en masa después de su paso por Asia Menor. La práctica religiosa resultaba muy atractiva a los soldados romanos que admiraban y seguían sus ceremonias machistas, acentuando y reforzaban sus lazos masculinos, resultando una práctica necesaria y positiva entre los guerreros afianzándoles como grupo compacto.

Fue una religión mistérica, es decir, celebraba las ceremonias en secreto, sólo para grupos reducidos de iniciados que practicaban un culto exotérico del que se apartaba a las mujeres. Se realizaba en templos denominados mitreos, espacios que en un principio eran cuevas naturales y, más adelante, construcciones que imitaban las cavernas oscuras con capacidad limitada para grupos inferiores a cincuenta personas. Es seguro que algunas de las criptas bajo las iglesias cristianas fueron en su momento mitreos.

A finales del siglo III se fundió la religión mitraica con el culto al Sol, cristalizando en la nueva religión del "Sol Invictus". El emperador Aureliano la hizo oficial en el año 274 y cada 25 de diciembre se celebraba el festival del Natalis Solis Invicti (el Nacimiento del Sol Invencible).

Los emperadores del s. III fueron protectores del mitraismo, en parte porque su estructura, fuertemente jerarquizada, les servía para afianzar su autoridad y poder, si bien el poder político de la época resultó permisivo en cuento a prácticas religiosas mientras no amenazara el orden vigente.

Cristianismo y mitraismo convivieron hasta la llegada de Constantino en el 306. Constantino el Grande proclamado emperador por las legiones, seguidor de Mitra y político pragmático, no dudó en aprovechar la ocasión para intervenir y elegir como opción preferida, a pesar de las leyendas surgidas alrededor sobre una intervención divina, el cristianismo para reforzar su posición política y declararla religión oficial del Imperio con el fin de mantenerlo unido.

En el Concilio de Nicea, convocado por el propio Constantino en el año 325, "nace" el cristianismo más o menos como lo conocemos hoy, apropiándose, retocando y adoptando fechas y hechos de la religión mitraica, copiando además su estructura clerical e iniciando a la vez un acoso hacia esta última. El culto a Mitra queda definitivamente proscrito con el edicto imperial de Tesalónica firmado por Teodosio en el 380, que supone su persecución, el derribo de templos, la quema de libros, etc., hasta su completa desaparición.

Todas estas consideraciones expuestas sobre los orígenes de las celebraciones navideñas, han servido siempre como argumento para desvirtuar, cambiar o tergiversar esta antigua conmemoración. Por una parte, se emplean estas evidencias para señalar las “eternas mentiras” de la Iglesia Católica, pero también, los grupos más ortodoxos abogan por abandonar este celebración que, según ellos, conmemora, con un empalagoso envoltorio cristiano, las fiestas paganas del culto al Sol.


Los hay que reniegan de estas celebraciones por el salvaje y progresivo consumismo que todo lo envuelve, o se quejan de una perenne obsesión por la apología del amor fraterno en estos días, mientras el resto del año se abandona o se pierde por completo esta práctica. En definitiva, estas fiestas son un auténtico abanico de opiniones: desde los que disfrutan plenamente de ellas, hasta los que verdaderamente las aborrecen.

Sin embargo, a pesar de la festividad religiosa, la alegría infantil, la confraternidad exacerbada, etc., nadie declara o defiende públicamente que, a la mayoría, en el fondo, lo que verdaderamente nos entusiasma en estos días es el cambio, el triunfo del día sobre la noche. Y es que, desde el origen del mundo, la naturaleza del hombre persigue y anhela la renovación que se produce con el "triunfo de la luz sobre la oscuridad", con el nuevo florecer y resurgir de la vida que comienza con el solsticio de invierno.


¡Feliz solsticio de invierno! ¡Io, bona, Saturnalia! ¡Feliz Navidad!


La juventud de Baco. William-Adolphe Bouguereau.
L´hiver ou les Saturnales. Antonio Callet.
Adoración de los pastores. Jan Victors.
La adoración de los magos. Rembrandt.
Orgía romana. Henryk Iemiradki.
Mitra, como Sol Invicto. Museos Vaticanos.
El sueño de Constantino. Piero della Francesca.
Fiestas Saturnalias. Thomas Couture.
Bacanal. Alma Tadema.




miércoles, 11 de diciembre de 2019

Epifanía: Los Reyes Magos

Adoración Reyes Magos. Antifonario de la Catedral de León. S. XI

Epifanía significa "manifestación", "darse a conocer". En la lectura de la Biblia se narra como Jesús de Nazaret se dio a conocer, se manifestó a diferentes personajes y en diferentes momentos. Los cristianos reconocen y celebran  los tres momentos, las tres Epifanías en la vida de Cristo.

La primera y más conocida se produce cuando Jesús se muestra a los Reyes Magos, Epifanía que se celebra cada año el 6 de enero; la segunda resulta en su presentación ante Juan Bautista en el río Jordán para ser bautizado. Por último la tercera, es el momento en que se considera el inicio de su vida pública, marcada por el hecho  y milagro de las bodas de Caná.

Como hemos citado, la que más se conoce y celebra es la primera, el 6 de enero. Jesús se muestra y manifiesta ante presencia de los Reyes Magos en Belén a los pocos días días de su nacimiento. Realmente la Biblia no habla del número de magos, reyes o sabios, y menos de sus nombres. Ha sido a lo largo de los siglos donde se forja la tradición del numero y de sus nombres que llega hasta nuestros días.

Mateo en en su Evangelio (2,1) indica que eran magos y que venían de Oriente. Sin embargo, el libro de Benedicto XVI, "La infancia de Jesús", recoge grandes sorpresas ya que el Papa afirma en su obra que los Reyes Magos no procedían de Oriente sino que su viaje se inicia en tierras occidentales. Nada menos que desde Tarsis, territorio que se ubica en el sur de España, en la zona que ocupan actualmente las provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla, la antigua y perdida Tartessos.

Como veremos, según narra el Evangelio de Mateo, los personajes que fueron a adorar a Jesús eran magos procedentes de Oriente. Sin embargo, en la Biblia, el Salmo 72,10 menciona: “Los reyes de Tarsis y las islas ofrecerán presentes, los reyes de Arabia y de Sabá le traerán regalos; ante él se rendirán todos los reyes, …”. También en el libro del profeta Isaías se dice: “.. Las naciones caminarán a tu luz, y los reyes al resplandor de tu aurora… todos vendrán de Sabá, trayendo oro e incienso … los rebaños de Quedar se apiñarán junto a ti … los barcos se congregaran, y al frente de ellos los navíos de Tarsis, para traer de lejos a tus hijos, con su plata y su oro …” (Isaías 60).

Estos comentarios de la Biblia son los que pueden confundir. Posiblemente lo quiera decir el Papa en su argumentación, es que los tradicionales Magos no son otra cosa que buscadores de la verdad. Simbolizan a los hombres que persiguen a Dios en todos los tiempos y en todos los lugares: desde Persia en el Oriente, hasta Tartessos en Occidente.

En los Evangelios canónicos se habla escasamente sobre la presencia de los Reyes Magos. Simplemente se hace referencia a ellos en el Evangelio de Mateo que no llega a mencionar su número, aunque si se menciona la entrega de tres presentes, lo que hace presuponer que en realidad se trataba de tres personajes: “Jesús nació en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes. Unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo”. Evangelio de Mateo (2, 1-2).

   
 Tabla de la Adoración de los Reyes Magos de Pedro de Campaña. Museo Catedral de León

Sin embargo, en los Evangelios apócrifos “de la Natividad” “de la Infancia”, existen muchas referencias sobre los Magos. Destacaremos el contenido del “Evangelio armenio de la Infancia” que, además de estar prohibido por la Iglesia y tratado como libro oscuro, se perseguía con saña a los que tuvieran una copia del mismo. En el texto apócrifo aparecen los nombres de los padres de la Virgen, del soldado romano que clavó la lanza a Cristo y, por supuesto, el nombre de los tres Reyes. Así se habla de ellos:

… Y José y María continuaron con el niño en la caverna, a escondidas y sin mostrarse en público, para que nadie supiese nada. Pero al cabo de tres días, es decir, el 23 de tébeth, que es el 9 de enero, he aquí que los Magos de Oriente, que habían salido de su país hacía nueve meses, y que llevaban consigo un ejército numeroso, llegaron a la ciudad de Jerusalén. El primero era Melkon, rey de los persas; el segundo, Gaspar, rey de los indios; y el tercero, Baltasar, rey de los árabes. …. 

… El primer rey, Melkon, aportaba, como presentes, mirra, áloe, muselina, púrpura, cintas de lino, y también los libros escritos y sellados por el dedo de Dios. El segundo rey, Gaspar, aportaba, en honor del niño, nardo, cinamomo, canela e incienso. Y el tercer rey, Baltasar, traía consigo oro, plata, piedras preciosas, perlas finas y zafiros de gran precio…

… Al ver todo aquel aparato, y al oír todo aquel estruendo, José y María, confusos y medrosos, huyeron de allí, y el niño Jesús quedó solo en la caverna, acostado en el pesebre de los animales. Mas los príncipes y los grandes señores de los reyes magos, detuvieron a José, y le dijeron: Viejo, ¿qué temor es el tuyo, y por qué haces esto? Nosotros, en verdad, también somos hombres semejantes a vosotros. José repuso: ¿De dónde llegáis a esta hora, y qué pretendéis, al venir aquí con tan numeroso ejército? Los magos replicaron: Llegamos de una tierra lejana, nuestra patria Persia, y venimos con gran copia de presentes y de ofrendas. Queremos conocer al niño recién nacido, que es el rey de los judíos, y adorarlo. Si por acaso lo sabes a ciencia cierta, indícanos puntualmente el lugar en que se halla, a fin de que vayamos a verlo. Al oír esto, María entró con júbilo en la caverna, y, alzando al niño en sus brazos, sintió el corazón lleno de alegría. Y luego, bendiciendo y alabando y glorificando a Dios, permaneció sentada en silencio.

Por segunda vez los magos interrogaron a José en esta guisa: Venerable anciano, infórmanos con exactitud, manifestándonos dónde se encuentra el niño recién nacido. José, con el dedo, les mostró de lejos la caverna. Y María dio de mamar a su hijo, y volvió a ponerlo en el pesebre del establo. Y los magos llegaron gozosos a la entrada de la caverna. Y, divisando al niño en el pesebre de los animales, se prosternaron ante él, con la faz contra la tierra, reyes, príncipes, grandes señores, y todo el resto de la multitud que componía su numeroso ejército. Y cada uno aportaba sus presentes, y los ofrecía.














Adoración de los Reyes Magos. Claustro de la Catedral de León

En primer término se adelantó Gaspar, rey de la India, llevando nardo, cinamomo, canela, incienso y otras esencias olorosas y aromáticas, que esparcieron un perfume de inmortalidad en la gruta. Después Baltasar, rey de la Arabia, abriendo el cofre de sus opulentos tesoros, sacó de él, para ofrendárselos al niño, oro, plata, piedras preciosas, perlas finas y zafiros de gran precio. A su vez, Melkon, rey de la Persia, presentó mirra, áloe, muselina, púrpura y cintas de lino.

Y, no bien hubieron ofrecido cada uno sus presentes, en honor del hijo real de Israel, los magos salieron de la gruta, y, reuniéndose los tres fuera de ella, iniciaron mutua consulta entre sí. Y exclamaron: ¡Asombroso es lo que acabamos de ver en tan pobre reducto, desprovisto de todo! Ni casa, ni lecho, ni habitación, sino una caverna lóbrega, desierta e inhabitada, en que estas gentes no tienen ni aun lo necesario para procurarse abrigo. ¿De qué nos ha servido venir de tan lejos para conocerlo? Franqueémonos los unos con los otros en recíproca sinceridad. ¿Qué signo maravilloso hemos contemplado aquí, y qué prodigio nos ha aparecido a cada uno? Los hermanos se dijeron a una: Sí, lleváis razón. Contémonos nuestra visión respectiva. Y preguntaron a Gaspar, rey de la India: Cuando le ofreciste el incienso, ¿qué apariencia reconociste en él?

Y el rey Gaspar contestó: Reconocí en él al hijo de Dios encarnado, sentado en un trono de gloria, y a las legiones de los ángeles incorporales, que formaban su cortejo. Ellos dijeron: Está bien. Y preguntaron a Baltasar, rey de la Arabia: Cuando le aportaste tus tesoros, ¿bajo qué aspecto se te presentó el niño? Y Baltasar contestó: Se me presentó a modo de un hijo de rey, rodeado de un ejército numeroso, que lo adoraba de rodillas. Ellos dijeron: La visión es muy propia. Y Melkon, sometido a la misma interrogación que sus hermanos, expuso: Yo lo vi como hijo del hombre, como un ser de carne y hueso, y también le vi muerto corporalmente entre suplicios, y más tarde levantándose vivo del sepulcro. Al escuchar tales confidencias, los reyes, llenos de estupor, se dijeron con pasmo: Nuevo prodigio es el que estas tres visiones sugieren. Porque nuestros testimonios no concuerdan entre sí, y, sin embargo, nos es imposible negar un hecho patentizado por nuestros propios ojos. …

¿Reyes, sabios o magos? El término griego magós no era únicamente utilizado para referirse a los hechiceros, sino también a “hombres sabios” u “hombres de ciencia”. En la religión zoroástrica, cuyos paralelismos con la judía y cristiana son abundantes y constantes, principalmente por la creencia en un solo Dios, se prohíbe la astrología y la hechicería. La palabra magu era el nombre dado a los sacerdotes persas que formaban una casta muy poderosa e infundían gran respeto, por lo que eran considerados como reyes, no reyes por linaje, sino por su saber y reputación dentro de la sociedad. Estos magos persas también creían en la llegada de un Mesías, de un Salvador que haría triunfar el bien sobre el mal, la luz sobre las tinieblas. Esto lo conocía el pueblo judío, que había sufrido el destierro en Babilonia (s. VI a.C.), y había tratado con estos sacerdotes/reyes que eran, como hemos dicho, considerados “magos”. Y así los define Mateo en su Evangelio: Magos de Oriente. De ahí, a Reyes de Oriente y, con el tiempo, a Reyes Magos.

Estos Magos llegan a Belén gracias a una luz, una estrella que les guía. Son varias las teorías científicas que tratan de explicar este suceso. Una, la posibilidad remota de la aparición de un cometa parecido al Halley, pero no existe ninguna referencia del evento. Más extendida está la creencia de una conjunción de planetas que resulta más frecuente en el tiempo; por ejemplo, en el año 6 a.C., hubo una conjunción de Saturno y Júpiter. Como tercera opción, se habla de una explosión estelar, una supernova, con su brillante estallido de luz. Pero tampoco existen registros de la época que lo corroboren.

El texto de Mateo hace entrever que solo los Magos percibían la estrella, lo que nos lleva a aventurar que la luz a la que seguían no puede tener una explicación natural. En un tiempo de “milagros”, no es de extrañar uno más: una luz celestial, una estrella sobrenatural que señalara a los Magos el lugar de nacimiento de Jesús.

Ya hemos dicho que, por el número de presentes que aparecen en el texto de Mateo, el número de Magos que llegaron al pesebre pudiera haber sido de tres. En un principio este número era indeterminado, oscilando entre los dos que figuran en una pintura del cementerio de los santos Pedro y Marcelino, tres en otra del Museo Laterano, o cuatro que figuran en un fresco de la catacumba de Domitila, todas ellas en Roma. Pero no son los únicos. Existe una representación de ocho magos en un jarrón del Museo Kircher (Roma), de la que resulta imposible conseguir una reproducción, pero que es citado en 1899 en la obra clásica Eléments d'archéologie chrétienne. Estas opciones se disparan en las tradiciones que guarda la iglesia de Siria que hablaba de doce, prefigurando así el número de los futuros Apóstoles, o entre los cristianos armenios donde la cifra alcanza los quince. También existe divergencia en la iglesia Copta que eleva hasta sesenta los Magos que llegaron a Belén, citando incluso los nombres de más de una docena de ellos.

El teólogo Orígenes (s III d.C.) afirma la existencia de tres reyes y en el mismo siglo, otro teólogo, Tertuliano, fue el primero que aseguró que eran Reyes de Oriente, resultando que en los siglos posteriores la visión monárquica de los Magos se fue imponiendo hasta el día de hoy. Ayudó a ello la interpretación del Salmo 72,10, que hemos mencionado al inicio, como confirmación de la naturaleza regia de los Magos.


El Papa San León Magno en el s. V, habla ya de ellos como si no hubiera ninguna duda de su existencia y confirma el número de tres. En el s. VI la iconografía comienza a diferenciarlos en la edad y el físico, comenzando las tradicionales representaciones de dos personajes con barba y uno sin ella. Como ejemplo, el conocido mosaico de origen bizantino fechado en el s. VI, que se encuentra en la Iglesia de San Apolinar el Nuevo de Rávena, en el que sobre las figuras de los Reyes aparece el siguiente texto: SCS BALTHASSAR + SCS MELCHIOR + SCS GASPAR (SAGRADÍSIMOS BALTASAR, MELCHOR Y GASPAR). El rey Baltasar, de mediana edad y con barba oscura, lleva en sus manos un recipiente para la mirra; Melchor, representado muy joven, aparece imberbe con una bandeja para incienso y Gaspar, el mayor de ellos, con pelo y barba blancos, presenta una canasta llena de oro. Todos aparecen con piel blanca, ropajes orientales, gorro frigio y pantalones anaxyrides (a la manera persa). Sin embargo, esta imagen cambiará con el tiempo.

El monje y erudito benedictino, Beda el Venerable, en su obra Excerptiones patrum, collectanea et flores, recoge, hacia el año 700, los nombres y atributos de los Reyes Magos, ya muy diferentes a los reflejados en Rávena. El texto tan conocido y difundido es el siguiente: “El primero de los Magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera cana y luenga barba, siendo quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena, testimonió ofreciéndole mirra, que significaba que el hijo del hombre debía morir”.

Aunque Beda señala al rey Baltasar como de rostro moreno, no será hasta los ss. XV-XVI cuando en todas las representaciones de la Epifanía la figura de Baltasar será de raza negra, debido, principalmente, a un contexto de viajes y descubrimientos geográficos de la época, que permitirán determinar que esa raza es propia del continente africano. Una leyenda se hizo popular en el s. XV, situando un reino cristiano más allá del mundo árabe, en el cuerno de África, de esta manera aparece un rey negro junto a los otros dos que representan Asia y Europa. En este momento también se inicia la tradición de presentar a los Reyes Magos, en algunas pinturas, montados sobre los animales propios de su geografía: caballo, dromedario y elefante.


Del mismo modo, a la vista del texto del monje benedictino inglés, se personifica a los Magos de acuerdo con unas determinadas edades: Melchor anciano, a veces calvo, de barba blanca; Gaspar, un hombre maduro y Baltasar joven e imberbe, como observamos en la representación anónima del s. XII del Museo de Jaca. También la indumentaria irá adaptándose con el tiempo y la moda de cada momento.


Los presentes que entregan a Niño Jesús son siempre los mismos: oro, incienso y mirra, regalos que encierran un fuerte simbolismo. El oro simboliza la realeza, el incienso la divinidad, y la mirra, la muerte como origen de la salvación del mundo. Igual que los ropajes que visten, la representación del continente que trasporta las ofrendas, soporta múltiples cambios a través del tiempo.

Los Reyes Magos no se salvaron de la “locura de las reliquias”. Se cuenta que, después de la Resurrección de Cristo, el apóstol Tomás los buscó y encontró en Saba. Allí, al parecer, fueron bautizados y consagrados obispos. Sufrieron martirio en el año 70 d.C., siendo enterrados los tres en un mismo sepulcro.

A principio del s. IV, la madre del emperador Constantino, Santa Elena, encontró los restos y los trasladó a Constantinopla para su veneración. Dos siglos después, el obispo de Milán, San Eustrogio, recibió como obsequio del emperador las reliquias de los tres Reyes Magos, que el obispo trasladó a Milán.

En el siglo XII la ciudad de Milán fue arrasada por el emperador alemán Federico Barbarroja y, entre otros, los restos de los Magos fueron trasladados a Colonia Agripina, actual Colonia, donde se construyó para ellos la Catedral de San Pedro y Santa María, llamada el Gigante Gótico, el monumento  actual más visitado de Alemania. Gracias a estas reliquias, la ciudad de Colonia se ha convertido, junto con Roma y Santiago de Compostela, en uno de los grandes centros cristianos de peregrinación.

Los sagrados restos de los Reyes Magos se encuentran dentro de un sarcófago triple situado detrás del altar mayor de la Catedral, siendo el relicario más grande de Occidente. Tiene forma de basílica y pesa más de 350 kilos. Mide más de un metro de ancho, metro y medio de alto y más de dos metros de largo, y fue realizado en madera revestida de oro y plata, con esmaltes y joyas, por el francés Nicolás Verdún y diversos orfebres alemanes entre los ss. XII y XIII. Dentro están las reliquias de los tres Reyes Magos, en tres cajas forradas de terciopelo. El relicario se abrió en 1864 y así lo describe un testigo del momento: "En un compartimiento especial del relicario que ahora se ve, junto con lo que queda de antiguas, viejas y podridas vendas, probablemente de biso (lino), y con restos de resinas aromáticas y sustancias semejantes, numerosos huesos de tres personas, que bajo la guía de varios expertos presentes se podría reunir en cuerpos casi completos: el uno en su juventud temprana, el segundo en su virilidad temprana, el tercero envejecido más bien …”.

Como indicábamos al inicio, la festividad actual se la conoce como Epifanía. Es una de las fiestas más significativas de la Navidad y más antigua que la propia Natividad. Ese día se celebra la presencia, adoración y ofrenda de presentes de los tres Reyes Magos a Cristo recién nacido Es considerada la primera Teofanía, o primera manifestación del Hijo de Dios, que elige a unos gentiles para señalar la universalidad de su mensaje de salvación.



Hay que tener en cuenta y esto resulta importante, que antes de la aparición del cristianismo se conmemoraba con grandes festejos el solsticio invernal del 25 de diciembre y el día 6 de enero se celebraba el acrecimiento efectivo de la luz, sobre todo en la región de Egipto. La fiesta de la Epifanía es de origen Oriental y surgió de forma pareja a la Natividad en Occidente. 

Los cristianos orientales vieron en la celebración pagana del día 6 de enero, la fecha propicia para el Nacimiento de Cristo, compitiendo así con la celebración pagana del sol invictus del 25 de diciembre, ya que el día 6 de enero  ya se aprecia de hecho el crecimiento del día, el triunfo de la luz, después de trascurridos doce días desde el solsticio de invierno (día 25 de diciembre).


Cuando la celebración llegó a Occidente, donde ya se celebraba el Nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, a la festividad del 6 de enero se le otorgó un significado distinto, conmemorándose la primera revelación de Jesús al mundo pagano, la Epifanía: la adoración de los Magos de Oriente.

La costumbre, casi exclusivamente española, de realizar regalos en esa fecha, como hicieron los Reyes en el portal de Belén, no es una tradición muy antigua. Se inicia en el s. XIX, aunque arraiga a lo largo del XX. En un principio, se dirigió especialmente a los niños a los que se regalaban dulces o algún que otro juguete. Con el tiempo, la festividad se rodeó de una serie de costumbres que todos conocemos: cabalgatas, entradas a media noche por la ventana, zapatos, bien limpios, comida y licor para para Reyes y camellos, el envío de la carta, el carbón como regalo, etc., etc. En la actualidad, y aunque la tradición de los regalos ha pasado en parte a la celebración de la Nochebuena-Navidad (el importado Papá Nöel), todavía se mantiene la tradicional petición y llegada de regalos en el día de Reyes y que se ha extendido, inevitablemente, a todas las personas queridas.

Adoración Magos. Panel alabastro trascoro Catedral de León. Esteban Jordan


Antifonario de la Catedral de León. S. XI
Tabla de la Adoración de los Reyes Magos de Pedro de Campaña. Museo Catedral de León
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- Adoración de los Reyes. El Greco
- Adoración de los Reyes Magos. Luis de Morales.
Adoración de los Reyes Magos. Claustro de la Catedral de León
- Cementerio de los santos Pedro y Marcelino,
- Museo Laterano
- Frescos de la catacumba de Domitila.
- San León Magno.
- Beda el Venerable
- Adoración de los Reyes. Museo de Jaca
- Sarcófago Reyes Magos en la catedral de Colonia
- Adoración de los Reyes. Giorgone
Adoración Magos. Panel alabastro trascoro Catedral de León Esteban Jordan