jueves, 8 de diciembre de 2016

El milagro de Empel: 8 de diciembre de 1585

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Video: "Los Tercios, el Milagro de Empel". MetalZ


sábado, 19 de noviembre de 2016

De Llamardal a Pola de Somiedo

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Como todos los años, el inicio del otoño es el momento para volver a disfrutar de la montaña y sus paisajes. En esta ocasión no será por nuestra provincia, sino en la vecina Asturias, concretamente por el Parque Natural de Somiedo, primer espacio asturiano declarado Parque Natural en 1988 y Reserva de la Biosfera el año 2000. Somiedo forma parte de la Cordillera Cantábrica, un accidentado relieve vestido con un hermoso manto de verdes pastos y bosques, es vecino norteño de la comarca leonesa de Babia, también declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO.


La diversidad de la cubierta vegetal de Somiedo es uno de los aspectos que más llama la atención, sobre todo por el dominio del bosque caducifolio, el bosque denominado “atlántico”. Es el robledal y el hayedo, sobre todo este último, el que ocupa la mayor superficie del Parque, extendiéndose por las laderas sombrías, en tanto que el roble ocupa las vertientes soleadas. En las cotas altas el clima y sobre todo el suelo, no permiten la existencia de roble ni haya, pero si el crecimiento del abedul, al que acompaña abundante matorral: piornos, aulagas, retamas, etc.
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El Parque de Somiedo tiene cuatro valles principales, atravesados por los cuatro ríos más importantes que dan su nombre a los valles. De izquierda a derecha: el Pigüeña, Somiedo, del Valle y Saliencia. El lugar elegido para visitar será el estrecho valle del río Somiedo, una ruta corta de aproximadamente 11 kilómetros, pero que promete unas vistas espectaculares, además de la observación y constancia de un hábitat concreto basado en una pobre agricultura de montaña y una forzosa trashumancia. Esto ha supuesto que el paisaje, aparte de los imponentes roquedos, aparezca tapizado con extensos pastos (brañas), que son fruto de la acción de los hielos cuaternarios que suavizaron el relieve y donde se levantan las típicas cabañas de teito, auténticas reliquias de tiempos castreños que hoy nos parecen propias de cuentos de hadas.

Puente Carlos Fernandez

El sábado 22 de octubre partimos en dirección a Babia cruzando el pantano de Luna, por el siempre espectacular puente Fernández Casado. Por tierras babianas viajamos hacia el oeste por la carretera que conduce a Villablino: Sena, Huergas, Cabrillanes y Piedrafita de Babia, en éste último pueblo un café ambientará una mañana ventosa y fría. Desde esta población nos desviamos por la calzada que se dirige al norte, hacia el Puerto de Somiedo. Se cruza un embrionario río Sil en Vega de Viejos y, posteriormente, la localidad de Meroy, último pueblo leonés donde el arroyo del Puerto forma profundas y vistosas cárcavas.

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Nada más cruzar el límite de provincia se alcanza el Alto de Somiedo a 1486 m., y a pocos metros el primer pueblo asturiano, Santa María del Puerto, donde se inicia una bajada vertiginosa hacia el Valle de Somiedo por las comprometidas curvas de Niseléu, que desde el autocar resultan aún más impresionantes.

Durante el descenso, la panorámica del Valle resulta espectacular por la grandiosidad que ofrece esta perspectiva, sobre todo el tramo de carretera antes de alcanzar el desvío que conduce a la pequeña población de La Peral, situada en una pequeña loma.

IMGP0242Antes de la finalización del puerto, hay que detenerse en la desviación que señala la aldea de Llamardal, todavía a 1200m. de altura, desde donde iniciaremos la ruta señalada como PR.AS. 11.

A esta primera hora de la mañana no acompaña el tiempo que se muestra desapacible, con viento frío y clara amenaza de lluvia, mientras se inicia el camino por una pista asfaltada que, en ligera subida, nos acerca al caserío que se encuentra a unos 500 metros de la carretera, en las estribaciones de la Sierra de Peñalba, cadena montañosa que se despliega de norte a sur.

DSC05250La pista se encauza con un muro de piedras por la derecha repleto de musgos, líquenes y helechos, donde no faltan los escaramujos y los majuelos; a la izquierda se extiende a lo largo del camino un largo cercado de estacas con alambre de espino, que protegen los prados que rodean Llamardal en donde pasta un abundante rebaño de vacas rubias.

Llegando a la aldea, justo al lado de la primera casa, observamos en un aprisco guardado por mastines, unos cuantos ejemplares de latxa de cara negra, ovejas adaptadas a zonas desfavorecidas de difícil acceso y elevada pluviosidad, que son muy estimadas por su leche y carne. Curiosamente, en algunas zonas del norte, como es el caso, tanto 20161022_104548hembras como machos presentan cuernos. Al lado de la majada y una vez sobrepasada una gran fuente-abrevadero, una casona presenta el distintivo TA (Turismo Activo). Bajo la casa, a la entrada del establo, la imponente figura de un caballo alazán observa nuestro paso.

Unos metros más adelante se abandona el caserío de Llamardal por un sendero que, partiendo a la izquierda, continúa hacia el norte delimitado por murias de piedra saturadas de vegetación, ascendiendo por las laderas de Pico Alto y Peña de Gúa, elevaciones que forman parte de la Sierra de Peñalba.

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El camino se va estrechando hasta, prácticamente, convertirse en un sendero que en estos primeros metros atraviesa pequeños tramos de arbolado donde predominan las hayas. Pero también se dejan ver con facilidad robles, así como acebos y majuelos repletos de frutos y cuantiosos escaramujos que se dejan notar en los ahora descarnados rosales silvestres. En algunos tramos el roquedo aparta el arbolado haciéndose dueño de la ladera, aunque no faltan entre la caliza las retamas, aulagas, piornos, helechos, bellos ejemplares de brecina con su intenso color rojo amarronado y, curiosamente por la fecha en que estmos, abundantes colchicos o comemeriendas, que no dejaremos de ver durante todo el recorrido.

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Bajo Peña de Gúa, siempre asomados a la ladera, el paisaje se abre por completo y el tiempo mejora lentamente, permitiendo disfrutar de las sorprendentes vistas sobre el valle que se muestra salpicado de rojos, amarillos y marrones, mezclados con el verde de las majadas y el blanco y gris de las calizas. En el fondo, a la derecha, el caserío de Caunedo, enfrente el cordal donde se encuentra el Pico Mocoso (1990 m.); mucho más a la izquierda Peña Penouta (1886 m.) y más alejado el Cornón, cerca de 2200m., la mayor altura de Somiedo.

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Desde un privilegiado mirador natural colgado en la ladera del Gúa (Canto Mostachal), aún resulta más admirable el valle del río Somiedo, una estrecha planicie interrumpida a la izquierda por la altura del Castiechu (1300 m.) que surge cual excrecencia en el medio del valle, por donde zigzaguean rio y carretera; a nuestra derecha, tras las casas de Caunedo, la caliza del Mochada (1700 m.), iluminada ahora por los primeros rayos de sol que consiguen filtrarse entre las nubes.

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La estrecha senda continúa hacia el norte entallada en la pendiente por donde surgen estrechas alfombras de derrubios. Tras una revuelta finaliza el declive del Gúa apareciendo amplios prados de siega cercados por murias de piedra seca, sin argamasa, que en Asturias se llaman corradas, y una serie de cabañas con teitos de retama o escoba dentro de los cercados. Es la Braña de Mumián.

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Las brañas son antiguas formas de explotación de los pastos de altura, que aprovechan especialmente los recursos de una forma integral, a la vez que se asocian y funden con su entorno, tanto por los materiales que se utilizan en las construcciones como en los ciclos de explotación de las mismas. Restauradas con ayuda de fondos del Programa Europeo LIFE (Programa de Medio Ambiente y Acción por el Clima), las 17 cabañas que posee estaCabaña teito braña son de planta cuadrada, cubierta de retamas, con la cuadra abajo y el henil en el desván. En la planta baja, en algunos casos, a un lado de la puerta de acceso, puede existir una pequeña portilla que da acceso a una pequeña estancia de uso exclusivo del ganadero.

Las cabañas, que parecen sacadas de narraciones fantásticas, no son exclusivas de Asturias, apareciendo en otros lugares como en el norte de la provincia de León. Son regularmente de planta cuadrada o rectangular y techo a cuatro aguas, con bastante inclinación para que pueda resbalar fácilmente la lluvia y la nieve. El cubrimiento se apoya sobre pequeños muros de piedra irregular, siendo la parte más significativa y sorprendente. Se sustenta sobre vigas de madera, la mayoría de haya al ser el árbol predominante.

DSC05296Sobre la estructura de madera se coloca una capa de brezo entrelazada con varas de avellano, también abundante en el lugar. Las ramas de retamas o escobas se van clavando sobre la estructura con el tallo hacia arriba y se comienza la cubrición de abajo arriba. Este trabajo tiene que ser ejecutado tras la corta de la escoba a ras de suelo después del verano, entre los meses de septiembre y noviembre. Este corte periódico de matorrales supone también un beneficio para las brañas o praderías, pues de lo contrario esta planta las invadiría por completo.IMG_7125

Las ramas han de clavarse verdes, pues de ello depende la impermeabilización de toda la construcción. La capa suele ser muy gruesa, de más de 50 cm, siendo las reparaciones frecuentes cada año después de soportar los rigores del invierno. La parte superior del techo, llamada cume, suele protegerse de forma especial, generalmente con largos maderos, llamados zancos, que se colocan a horcajadas sobre el cume o parte superior del tejado.

La Braña de Mumián pertenece a las brañas de “construcciones rectangulares”. En este tipo de brañas, que se utilizaban en primavera, verano y otoño, se recogía IMGP0383el heno seco y se acostumbraba a estabular el ganado durante la noche, consumiendo la hierba almacenada a la vez que se producía el estiércol como abono para los prados cercanos. Durante los veranos los brañeiros subían a la braña por la tarde, ordeñaban el ganado y pasaban la noche en la cabaña. Por la mañana, después de ordeñar, bajaban al pueblo para volver a subir por la tarde. En primavera y otoño, con las noches más largas y frías, no se dormía en la braña, el pastor subía por la mañana, ordeñaba mañana y tarde y bajaba por la noche a los pueblos.

IMGP0392Nos acercamos a la braña recorriendo los estrechos senderos que unen las cabañas, entrando en algunos de los cercados para observar de cerca las construcciones. La cercanía da crédito del trabajo que supone su construcción y mantenimiento.

En medio de la braña, la fuente del Cañu. Junto a ella, a su derecha, una de las joyas del patrimonio etnográfico de Somiedo, aunque común en otros lugares del norte: las olleras (otcheras). Las olleras son oquedades o construcciones realizadas normalmente con piedra labrada, que en el interior tenían un pequeño curso de agua que podría brotar del mismo terreno o de una fuente o arroyo cercano, permitiendo así mantener en su interior una baja temperatura, incluso en los meses de verano.

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Los brañeiros, recién ordeñado el ganado y recogida la leche en vasijas de barro u ollas, colocaban éstas dentro de las olleras, en la parte donde discurría el agua, agilizando así el enfriamiento de la leche. El objetivo era refrescarla con el fin de su conservación, además de recoger la nata con la que luego elaboraban la mantequilla. Este último proceso oscilaba entre las 24 horas en verano y 36 en invierno, según hemos podido leer en las publicaciones sobre la actividad en las brañas.

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Las ollas podían ser de forma de cono invertido, con la boca grande y un vertedor, llamados herradones, donde, cuidadosamente, se retiraba la nata acumulada en la superficie y en los costados. Otra vasija común para las olleras era la fabricada en barro con el interior vidriado, que en su parte inferior poseía un orificio con una pequeña espita de madera que lo taponaba. Cuando transcurría el tiempo determinado, se abría la espita para que saliera la leche completamente desnatada, quedando en su interior la nata que podía recogerse fácilmente.

La ollera de la fuente de la Braña de Mumián es una estructura en piedra labrada magníficamente conservada y orientada al norte, que contiene cinco olleras que aún mantienen parte de su cerramiento en madera.

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Abandonamos la braña para continuar por el camino empinado que nos asomará a otra vertiente del Parque, mientras el sol resalta su presencia y cambia por completo el aspecto del día. Bordeando el Pico del Miro, que dejamos a la derecha, se descubre a lo lejos otro de los valles de Somiedo, donde a lo lejos se distingue el caserío del Valle del Lago. Frente a nosotros las impresionantes calizas de Peñas de Urri20161022_124737a, que con sus alturas: Palombera, Piniecha, Piedralba y Gurugú, forman una gigantesca pared que encajona por el norte el río Sousas, que vierte sus aguas en el Somiedo.

Se entra ahora en una zona catalogada como de “uso restringido especial”, por lo que está prohibido abandonar la senda. Ésta desciende hacia el valle por la ladera de la Peña el Molinón. Lentamente se entra en el hayedo de la Enraimada, impregnado de los colores otoñales que hacen de cada recodo una imagen saturada de magia, un cuadro de silencio donde se siente intensamente la naturaleza. La ruta discurre en continuo zigzag para evitar la fuerte pendiente, resultando imprescindible el refuerzo artificial con entramado de troncos en algunos taludes para evitar los frecuentes argayos. Cerca de uno de estos taludes y creciendo al mismo lado del camino, descubrimos un ejemplar de belladona que, junto con la mandrágora, pertenece a la tradicional farmacopea de las “hierbas de las brujas”.

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Entre las viejas y retorcidas hayas aparecen al borde de la senda gran cantidad de acebos, moreras, majuelos, escaramujos, y grandes alfombras de helechos que han perdido su clásico verdor para dejarnos los bellos tonos marones y amarillos del otoño. A mitad de la pendiente y después de dejar atrás la Fuente del Tornu, la arboleda permite observar parte del valle al que descendemos. Enfrente, bajo las paredes calcáreas y a media ladera, el pueblo de Urria con su particular acceso por carretera en enérgico zigzag.

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El paisaje se abre al llegar al pueblo de Coto de Buenamadre, manifestándose un cambio de vegetación al ser sustituido el hayedo por pastizales de siega, con diversidad de especies entre las que destacan unos altos cerezos de un amarillo intenso. Los hórreos aparecen en varios lugares dentro del apretado caserío, con su clásica planta cuadrada y sus cuatro pies de piedra tallada. Se cruza por delante de la fuente de la Riba, una enorme fuente-pilón, con su cruz patada labrada en el frente, que mantiene también dos olleras a la izquierda.

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Breve parada al pasar por la pequeña capilla de San Claudio del siglo XVIII, con su minúscula espadaña de piedra y su campana, para continuar por la carretera hacia el fondo del valle por donde transcurre el río Sousas. Se dejan atrás los apartamentos rurales Buenamadre y el cementerio y la iglesia parroquial de San Miguel de la Llera, para abandonar la carretera por la margen izquierda del río, siguiendo la señalización de la PR. AS. 11.

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La ruta señalada continua por un estrecho camino, siempre con el murmullo de las aguas del Sousas. La vegetación envuelve la senda, atravesada permanentemente por sonoros riachuelos que bajan atropellados por la ladera. El reino del haya no llega tan abajo y ahora prevalecen los fresnos, avellanos y también castaños, rodeados de una abundante vegetación de ribera.

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Las murias que trazan el camino están prácticamente cubiertas de helechos, musgo y líquenes del tipo parmelia que gustan de invadir las rocas silícias y huyen de las zonas ventosas, como es el caso. También se hacen notar las setas como la lepiota, micena, ruxula o la yesca. Asimismo, aparecen flores como la campanita del té o poleo menta, las amarillas castañuelas, los curiosos pompones malvas de la hierba betunera y, hasta se descubre como si estuviera llegando la primavera, un vilano de diente de león.

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Antes de cruzar el río Sousas por un pequeño puente, se observan en el suelo las aparatosas huellas que dejan los jabalíes en su búsqueda incesante de tubérculos. Unos metros más adelante el camino accede directamente a la carretera que lleva a la capital del Parque Natural: Pola de Somiedo, el final de la ruta.

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Esta población nos recibe con sus múltiples y característicos hórreos, que aparecen salpicando todo el caserío. A la entrada la pequeña Iglesia de San Pedro fechada en el siglo XVIII, realizada en sillería y con su espadaña a los pies. Preside el altar un Cristo crucificado sin brazos y con las piernas cortadas, consecuencia de los tristes episodios ocurridos durante la Guerra Civil. Desmembrado y arrojado al río por partidarios del bando republicano, fue recogido por una vecina, envuelto en una sábana y enterrado en lugar cercano hasta el final de la contienda.

En Pola se localiza el “Centro de Interpretación del Parque Natural” con una amplia exposición, donde se proyectan varios videos y se facilita información sobre el Parque y sus distintas rutas. Igualmente, cerca de la iglesia de San Pedro, se encuentra el “Centro de Interpretación Somiedo y el Oso”, al que acudiremos a primera hora de la tarde.

Pero antes, la visita a la sidrería-restaurante Carión se hace imprescindible. Un tradicional pote asturiano y una carne asada, más los exquisitos, distintos y abundantes postres caseros, ponen el broche a una fenomenal jornada, solo pendiente de conocer el "reino del oso".

La asistencia tras la comida al pequeño Centro de “Interpretación Somiedo y el Oso” resultó muy interesante. Somiedo es u3interior_del_centrona de las últimas zonas de Europa donde aún vive el oso pardo en libertad, aunque la zona de expansión alcanza plenamente en la zona norte de la montaña leonesa que limita con el Parque. Se calcula que entre las dos provincias, pueden habitar más de 200 osos pardos.

En el Centro se muestran las costumbres y supervivencia del oso, supervivencia limitada a áreas poco habitadas, tranquilas y con escasa presencia humana. Su hábitat ideal lo constituye, en el caso del oso cantábrico, un mosaico de bosque formado por hayedos, robledales, abedulares, praderías y pastizales, matorral de brezos y piornos, arandaneras y roquedos. Este medio se sitúa habitualmente entre los 1.100 y los 1.800 m. de altitud, por encima de las áreas de intensa actividad agrícola y ganadera y por debajo de la zona subalpina. Los ambientes más frecuentados son los bosques maduros de hayas, abedules, abetos, pinos silvestres o pinos negros, ya sean puros o mixtos.

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Necesitan amplias extensiones para vivir, pero la edad y el sexo condicionan el uso del hábitat y el tamaño del área de campeo, que en las hembras reproductoras suele ser de algunas decenas de kilómetros cuadrados, mientras que en los machos son mucho más extensa, especialmente durante la época de celo.

Las amenazas a las que se enfrenta el oso cantábrico son variadas y todas provocadas directa o indirectamente por el hombre: caza furtiva, caza accidental, cambio climático, destrucción del hábitat, etc. Por eso su conservación es a la vez una historia de éxito y un reto de futuro.

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domingo, 30 de octubre de 2016

El Tenorio en el Día de Difuntos

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En el s. IX, concretamente en el 835, el papa Gregorio IV introdujo para toda la cristiandad la fiesta de difuntos en otoño. Sin embargo, fue su contemporáneo, el hijo y sucesor de Carlomagno, el emperador Luis I el Piadoso (Ludovico Pío), quien fijó el 1 de noviembre para honrar a todas las almas bienaventuradas.

Jose-Zorrilla-232x300El abad de Cluny, San Odilón, a finales del s. X, promovió prolongar la fiesta al día siguiente, con el fin de rezar por el resto de las almas fallecidas que aún se encontraban purificándose en el Purgatorio.

Durante la festividad de Todos los Santos, víspera del Día de Difuntos, se viene  representando en España y parte de hispanoamérica, la obra teatral de José Zorrilla: D. Juan Tenorio, sin que se conozca exactamente cuando se inicia realmente la costumbre de representar la obra en estas fechas.
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Parece ser que el origen de poner en cartel esta obra en fechas tan señaladas, se deba a que, aunque el texto se estrena en el Teatro de la Cruz de Madrid en el mes de marzo de 1844 (no tuvo mucho éxito), la segunda vez se representa dieciséis años más tarde, concretamente el 1 de noviembre de 1860 en el Teatro Novedades, también de la capital de España.

Señalar que el Tenorio es la pieza teatral más representada en la historia de la Literatura Española desde su estreno, y entre las representaciones más populares destaca la que en 1890 y ante el propio autor, protagonizó la célebre actriz María Guerrero en el Teatro Español que el pintor Raimundo de Madrazo inmortalizó en un bello cuadro.

Puede que la puesta en escena aquel 1 de noviembre de 1860 tuviera algo que ver en el origen de esta tradición, sin embargo, se coincide en afirmar que la costumbre de la representación se estableció por los grandes recursos dramáticos que se usan en la segunda parte del texto, donde la muerte adquiere el protagonismo con las figuras fantasmagóricas que, en el cementerio, tratan de salvar y redimir el alma de un D. Juan arrepentido.

SEVILLA HOSPITAL DE LA CARIDAD VANITAS - LA MUERTE Y EL CABALLERO - 1670 - BARROCO ESPAÑOL Obra de CAMPROBIN PEDRO 1605/74

Actualmente, en nuestro país, existen dos opciones para la celebración de estas fiestas. La primera, disfrazarse de algún personaje siniestro y festejar la fiesta anglosajona de Halloween; la segunda y más nuestra, continuar con la tradición y acudir al teatro para disfrutar del Don Juan. Si no hay posibilidad, siempre queda la opción de volver a ver el clásico Estudio 1 de 1966: Don Juan Tenorio, protagonizado por Francisco Rabal y Concha Velasco. Como suele decirse … “Menos calabazas y más Tenorio”.

- Manual original de la obra de José Zorrilla.
- D. José Zorrilla. Antonio María Esquivel.
- María Guerrero como Dª Inés. Raimundo Madrazo.
- El caballero y la muerte. Pedro de Campobrín.
- Video: D. Juan Tenorio (Estudio 1). Alexis Clio.

viernes, 7 de octubre de 2016

Lepanto, 7 de octubre de 1571

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Por estas fechas, hace un año cruzamos el Golfo de Corinto por el Puente de Rio-Antírio, cuyo nombre oficial es Charilaos Trioloupis, en honor a un antiguo primer ministro de Grecia. La excepcional obra de ingeniería une la península del Peloponeso con el resto de Grecia, cerca de las ciudades de Patras y Lepanto, respectivamente.

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Mientras recorríamos los cerca de tres kilómetros de distancia entre las dos orillas en dirección a la Grecia continental, disfrutamos de las vistas del Golfo de Corinto a nuestra derecha, y a la izquierda del Golfo de Patrás que se abre al Mar Jónico. Entre ambos, el pequeño Golfo de Lepanto, que recibe su nombre de la pequeña localidad de Lepanto, en griego Naupacto. Esta pequeña población dio su nombre a la mayor batalla naval de la Historia, a la gran victoria de España y sus aliados, a un trascendental triunfo de la sociedad cristiana sobre los seguidores de la ley islámica: "Lepanto".

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En Lepanto se enfrentaron dos visiones completamente distintas del mundo, divergentes y opuestas en lo político, en el terreno militar, en lo económico, en las costumbres, etc. Las consecuencias de aquel enfrentamiento, de aquella victoria que terminó con el futuro sombrío de Occidente, llegan todavía hasta la actualidad.

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La población de Naupacto está situada a modo de un gran anfiteatro sobre la ladera de una colina, que alcanza el mar con un bello puerto en forma de bahía, protegido por murallas. Desde el alto del castillo, se tiene una extraordinaria vista desde la que se distingue la ciudad de Corinto al este. Enfrente, al otro lado del estrecho, las llanuras del Peloponeso y a la derecha la impresionante silueta del puente de Río-Antírio, que marca la divisoria con el Golfo de Patrás.

clip_image004Sobre las murallas medievales que conforman y protegen el pequeño puerto, encontramos la estatua de Cervantes, como marino en la batalla de Lepanto. Un homenaje de esta ciudad al que, posiblemente, sea el más universal de los combatientes en la gran batalla.

Concretamente hoy se conmemora el aniversario de la batalla naval de Lepanto, 7 de octubre de 1571. La trascendental derrota naval turca, significó el final del peligroso expansionismo militar del Imperio Otomano hacia Occidente, que se inicia con la toma de Constantinopla en 1453 por el sultán Mohamed II que, ante el asombro del mundo y consciente de la importancia de aquella ciudad en la historia como capital del Imperio Romano de Oriente, se declaró “Kayzer-i Rum” (César de Roma), además de impulsar como ideología política, el denominado “Nizam ul Alem” (el Orden Mundial), estrategia que se basaba en el concepto de conseguir el dominio político y miliar global.

Desde aquel momento, España asume la contención ante la embestida otomana, dando lugar a un choque brutal de culturas e intereses. Los turcos consideraron a los españoles como su gran oponente y rival y siempre siguieron muy de cerca las actividades españolas, no sólo en el Mediterráneo, sino también en el Océano Índico y en el norte de África. Cortaron y reprimieron cualquier relación española con países de su retaguardia, además de establecer delicadas alianzas con los enemigos cercanos a España, en aquel tiempo: Francia, Inglaterra y algunos principados alemanes.

IND132961 The naval battle of Lepanto between the Holy League and the Turks in 1571 (oil on canvas) (detail) by Brugada, Antonio de (d.1863); Museu Maritim Atarazanas, Barcelona, Catalunya, Spain; Index; Spanish,  out of copyright

Los primeros encuentros armados suceden durante el reinado de Fernando el Católico, a finales del s. XV, con motivo de las campañas militares turcas sobre Rodas y Otranto. Desde aquellos momentos, la situación de guerra fue permanente entre turcos y españoles.

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A principios del s. XVI, la presencia otomana en Occidente es constante y cada vez más peligrosa. Atacan las costas de Italia, invaden Hungría, llegando a las puertas de Viena, conquistan Túnez y Chipre, se apoderan de Trípoli, asedian Malta …

La oposición resultó escasa y débil. Una armada de cruzados organizada por Venecia fue derrotada en Prevence en el año 1538, y la campaña de Carlos V en Argelia resultó un desastre. La hegemonía en el Mediterráneo era indiscutiblemente para la flota turca.

Las costas e islas españolas no se libraron de la amenaza, sufriendo importantes ataques las poblaciones de Mallorca y Menorca. Ante este peligro, la sociedad española se movilizó. Se construyeron galeras y organizaron flotillas de barcos guardacostas; se formó una milicia ciudadana de defensa, se edificaron por todo el litoral torres de vigilancia que servían para avistar con prontitud de la presencia de navíos enemigos y de esta manera organizar de inmediato a los vecinos para la defensa. Muchos pueblos de la costa se retiraron a las alturas y la frase, ¡Moros en la costa!, es un recuerdo actual de aquel tiempo de peligro e inseguridad permanente en nuestro litoral.

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Ante esta insostenible situación, tarde o temprano tendría que producirse un gran enfrentamiento que implicara la definitiva caída de Occidente o el fin de la exclip_image006pansión turca. Y eso último fue lo que ocurrió el 7 de octubre de 1571, en la costa griega, en el Golfo de Lepanto.

“Hijos, a morir hemos venido, o a vencer si el cielo lo dispone. No deis ocasión para que el enemigo os pregunte con arrogancia impía ¿dónde está vuestro Dios? Pelead en su santo nombre, porque muertos o victoriosos, habréis de alcanzar la inmortalidad”. Esas fueron las palabras que Don Juan de Austria, almirante de la fuerza aliada, dirigió a los españoles antes del encarnizado combate. A pesar de la aplastante superioridad turca en tropas y navíos, la victoria española no se debió a la disposicióclip_image009n táctica cristiana, como se suele señalar, ni a las ingeniosas maniobras a lo largo de la batalla.

clip_image008Las naves españolas consiguieron la victoria gracias a su gran potencia de fuego, muy por encima de la turca, tanto en la artillería de los navíos, como en el fuego de las armas individuales de la infantería embarcada: los conocidos como Tercios Viejos (Nápoles y Sicilia).

El empleo de los Tercios, enrolados para esta gran ocasión, fue también decisivo en el combate, tal es así, que desde entonces el embarque de infantería fue habitual en los navíos de guerra, pasando a ser el abordaje la táctica favorita de los barcos españoles, por encima del combate artillero que se limitaba a desarbolar y paralizar al buque enemigo, para pasar después al abordaje.

Otra baza importante en el triunfo final español, fue el hacinamiento de combatientes en las naves turcas, motivado por las levas urgentes que se realizaron para la batalla. Este hecho, supuso que los disparos cristianos, tanto de arcabuz como de artillería, produjeran cuantiosas bajas en los puentes de las galeras turcas.

Batalla de Lepanto. Por Juan Luna Novicio 1887

Curiosamente, después de esta decisiva victoria, el Reino de España y el Imperio Otomano continuaron en una situación jurídica de beligerancia al no haber llegado a ningún acuerdo de paz posterior. No hubo interés por ninguna de las dos partes; mientras los turcos no priorizaron en las relaciones diplomáticas con los países europeos, los monarcas españoles siempre fueron reacios al establecimiento de relaciones pacíficas con los países musulmanes.


Actualmente, las relaciones entre el mundo musulmán y occidental están muy complicadas. Creemos que, mientras no evolucionen ciertas mentalidades medievales, buscar un cambio positivo en las relaciones entre dos sociedades tan dispares resultará imposible.
  

- Batalla de Lepanto (Anónimo).
- Puente Río-Antírio.
- Cuatro vistas del puerto de Lepanto.
- Golfo de Corinto.
- Entrada de Mohamed II en Constantinopla. Benjamín Constant.
- Batalla de Lepanto. Antonio de Brugada. 
- Batalla de Lepanto (detalle). Andrea Michelli.
- Mapa del lugar enfrentamiento (web oficial Luis Zueco).
- Don Juan de Austria (Anónimo). 
- (1) Fanal de La Loba, galera capitana de Don Álvaro de Bazán..
- (2) Fanal de la galera de Mohamet Bey, apresada por Bazán. 
- Batalla de Lepanto. Juan Luna Novicio.
- Galera La Real en Lepanto. José Ferre Clauzel.
- Estandarte insignia de la Santa Liga.