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sábado, 16 de abril de 2016

LEÓN: el interior de sus iglesias


Hace algún tiempo publicamos una entrada sobre el “interior de las iglesias” (http://www.fonsado.com/2011/01/el-interior-de-las-iglesias.html), tomando como inicio los grabados que realizó Francisco Javier de Parcerisa del interior de nuestra catedral a mediados del s. XIX. En uno de ellos se aprecia la nave central en dirección oeste, hacia el coro, con el bello rosetón occidental al fondo y la mágica desintegración de la luz del mediodía al atravesar sus vitrales. Dos de las figuras principales que aparecen en el grabado, una mujer y un joven arrodillado, dirigen sus oraciones, curiosamente, de espaldas al altar mayor.

No vamos a entrar en la “desorientación” de estos fieles, pero si en algunos curiosos comportamientos, prácticas y usos de los feligreses durante los oficios religiosos de antaño pero, sobre todo, en la patente ausencia de mobiliario y desnudez de las naves de los templos a lo largo del tiempo.


En la actualidad nos resulta sorprendente imaginar el interior de catedrales, basílicas, iglesias o ermitas sin ningún tipo de mobiliario. En los primeros siglos los devotos ni siquiera se sentaban durante la predicación y cuando lo hacían, siempre por indicación del sacerdote o ministro, se sentaban en el suelo. En esta tesitura era posible y frecuente el movimiento o “traslado” de los fieles durante la celebración, asunto impensable hoy en día donde el sacerdote se ha convertido en el único actor de la “representación”, mientras los asistentes se sitúan estáticos en el puesto elegido y siempre con la vista fija en el celebrante.

A partir de los siglos XIV-XV se introduce en escasos templos algún reclinatorio casi siempre destinado a personajes destacados. Esta costumbre se impondrá más adelante en los templos protestantes con el fin de que los fieles pudieran sentarse durante los sermones que, a veces, duraban horas. La práctica irá adueñándose muy lentamente de las iglesias católicas, sobre todo después de la Contrarreforma (siglos XVI-XVII), que dará gran importancia a la “proclamación de la Palabra”.

A partir del XVII-XVIII comienzan a imponerse lentamente los grandes bancos con reclinatorio y respaldo alto, aunque en España, todavía en el siglo XIX e incluso a comienzos del XX, la mayoría de las iglesias permanecerán sin ningún tipo de amueblamiento, salvo algún que otro sencillo confesionario, los rocambolescos púlpitos o los impresionantes retablos, que se sitúan principalmente en el altar mayor para después ocupar las capillas laterales y, más adelante, cualquier punto en los lienzos laterales de las naves.

Como vimos en la anterior entrada, los pintores románticos españoles del XIX plasmaron magníficamente el interior de iglesias y catedrales, pero también rincones e íntimas ceremonias en pequeños templos. Unas y otras estampas delatan el ambiente y las costumbres de la feligresía española: entierros, oración, sermón, misa, etc. No hay como “acercarse” al cuadro y observar minuciosamente las escenas para desentrañar la actitud y el hacer de los fieles.

En alguna de estas representaciones también se pueden distinguir las distintas clases sociales, la vestimenta, el fervor religioso, la presencia de inválidos, de vendedoras, de amas de casa que acuden con su cesta o amamantan niños, … y hasta la tranquila presencia de algún que otro perro en aquellas inmensas naves que, vagabundeando o al lado de su dueño (Iglesia de San Isidro de Madrid de Pérez Villamil), asiste también a misa.


Existe un curioso testimonio de las costumbres y comportamiento de la clase alta en las iglesias, realizado por la condesa de D´Aulnoy en su obra “Un viaje por España en 1679”. La escritora francesa relata la conducta de hombres y mujeres de la clase alta madrileña en el interior de los templos:

"Las mujeres que frecuentan las iglesias acostumbran oír dos, tres y hasta una docena de misas; pero tan distraídamente que muestran bien a las claras estar pensando en otra cosa. Llevan manguitos de a media vara, hechos con la mejor marta cebellina, que no habrán costado menos de cuatrocientos o quinientos escudos; y los han de subir para sacar las puntas de los dedos. Usan también abanicos, tanto en verano como en invierno, y ni aun durante el santo sacrificio cesan de darse aire con ellos. Se sientan sobre las piernas y toman incesantemente rapé, pero sin mancharse, porque en esto, como en lo demás, son sus maneras correctas y pulcras. Durante la elevación de la sagrada forma, hombres y mujeres se golpean el pecho hasta una veintena de veces, con tanto estrépito que parece armada una riña. Los galanes se apresuran a rodear la pila de agua bendita apenas termina el oficio, para ofrecerla a las damas de su agrado, con algún piropo suplementario, al que saben ellas corresponder sobria y discretamente. El nuncio del Papa acaba de prohibir esa costumbre, conminando a los infractores con pena de excomunión.".


Como vemos la ausencia de mobiliario es patente. Damas y caballeros emplean las iglesias para, de alguna manera, relacionarse socialmente gracias a la inexistencia de mobiliario que no “obliga” a situarse en un mismo lugar durante el tiempo del oficio. Esta “libertad” hará muy factible la movilidad por la nave así como facilitará las relaciones entre los asistentes, al no estar obligados a permanecer estáticos ocupando un lugar determinado en un reclinatorio o en un banco.


En la anterior entrada, como ya comentamos, se mostraban ejemplos de interiores de templos, pintados magníficamente por artistas españoles del XVIII-XIX. Hoy queremos mostrar estampas cercanas, fotografías de los templos leoneses que, aunque muy escasas, reflejan fielmente el interior de nuestras iglesias y el comportamiento y aptitud de los leoneses en los oficios litúrgicos a finales del XIX y comienzos del siglo XX.

Comenzamos con nuestra catedral, la catedral de Santa María de Regla, de la que, como vimos, existe algún que otro grabado de su interior y alguna fotografía de finales del XIX y comienzos del XX.









De los primeros años del XX es esta fotografía del interior de la catedral. Se aprecian unas hileras de simples bancos corridos y enfrentados en perpendicular al altar mayor, situados entre éste y el crucero.


















Fotografía de la misma época, con escasas y sencillas bancadas a disposición de los fieles, situadas entre el crucero y el altar mayor.














Curiosa fotografía del interior de la catedral. Los fieles se congregan arrodillados ante el trascoro donde no existe ningún tipo de mobiliario. Es un día de Semana Santa de principios del XX. En los laterales se han colocado grandes cortinajes, lo mismo que en el arco de medio punto en la parte central del trascoro. Un sacerdote celebra la Eucaristía en el centro de la puerta. En el arco, sobre el altar, una representación pintada de la Sagrada Cena.


  

 


  








Pérez Villamil realizó este hermoso grabado del trascoro de nuestra catedral, nada menos que en la primera mitad del siglo XIX. Varios lugareños, con ausencia total de mobiliario, unos de pie otros arrodillados, siguen un oficio religioso o simplemente rezan. Pero también es lugar para charlar, como los dos varones que figuran en primer plano.








Estas dos fotografías están realizadas por Winocio Testera alrededor de 1900. Corresponden al interior de la Basílica de San Isidoro y, como puede observarse, aún en esos años no existía ningún tipo de mobiliario, salvo la doble puerta de entrada y un confesionario en la nave del Evangelio. 



San Isidoro unos años después aparece con varios bancos y reclinatorios. Poco a poco el interior de las iglesias se va llenado con mobiliario irregular y de colocación aleatoria: bancos sencillos sin respaldo, otros con respaldo y reclinatorio, o reclinatorios individuales. Estas sillas-reclinatorios solían dejarse permanentemente en la iglesia por su dueño. La más popular estaba fabricada con enea y se utilizaban tanto para sentarse como para arrodillarse.










Una imagen del interior de San Miguel de Escalada, la joya mozárabe del siglo X. La fotografía esta fechada en los primeros años del siglo XX y en la que se puede apreciar la carencia por completo de mobiliario.












Más antigua es esta fotografía de San Miguel tomada por J. Laurent a finales del XIX. El único mobiliario existente es un pequeño púlpito en la nave del Evangelio. Destacar los cortinajes existentes en el iconostasis.

  












Santa María de Arbás a primeros de siglos XX. A excepción de un candelero y el púlpito de metal, ningún mobiliario.
   



















Monasterio de Gradefes. Únicamente retablos, candeleros y un par de pequeños bancos enfrentados.








   

Esta última fotografía corresponde a la iglesia leonesa de San Martín. Posiblemente sea una toma realizada algunos años antes de 1900. La imagen es contundente. Mientras el cura hace su prédica subido al tradicional púlpito, los fieles, reflejo de una sociedad leonesa aldeana y agraria, escuchan atentamente las palabras del clérigo.

El templo carece de mobiliario. En primer plano, únicamente se aprecia una pequeña y sencilla banqueta de enea al lado de una mujer que, parece, estar sentada sobre otra igual. La mayoría de las mujeres se sientan en el suelo sobre las piernas cubriéndose con aparatosa y humilde vestimenta. Los hombre en pie al fondo.




- Catedral de León. Parcerisa.
- Interior de catedral. Pérez Villamil.
- La confesión. Pietro Longhi.
- Capilla de San Isidro en la iglesia de San Andrés de Madrid. Pérez Villamil.
- Idem. Pérez Villamil.
- Condesa de D´Aulnoy .
“Un viaje por España en 1679”. Condesa de D´Aulnoy.
- Misa solemne en una iglesia andaluza. Joaquín Fernández Cruzado.
- Varias iglesias de León y provincia.





domingo, 23 de marzo de 2014

León: Iglesia del Mercado (II)


Como hemos mencionado en la anterior entrada, la Iglesia del Mercado es un templo de tres naves sin crucero, con planta que se estrecha a los pies. Su cabecera contaba con tres ábsides, habiendo desaparecido el central al alargarse, mediante una bóveda de cañón y arco toral peraltado sobre medias columnas, la nave central.

La separación de esta nave con las laterales, se realiza por seis pilares de base cuadrada que tiene adosadas medias columnas en cada uno de sus lados. Éstas medias columnas también se pueden ver en los muros y a los pies, formando así cuatro espacios a lo largo de toda la planta. Los arcos de las naves laterales son apuntados, de tipo cisterciense, y se apoyan en capiteles de formas vegetales. Sobre el resto de decoración interior, destacar algunas basas de las pilastras centrales que presentan garras, y los capiteles de las columnas que forman el arco toral decorados con ramajes y monstruos.

La Iglesia sufrió en el s. XV una importante rehabilitación, principalmente en la cubierta que ahora se realiza en estilo gótico hispano-flamenco. De aquella construcción, solo quedan restos en la parte central, sobre el coro, además de un pequeño tramo en la zona norte. En el XIX se realiza una nueva cubierta, que se eleva sobre la anterior con la construcción de unos pequeños paños sobre las arquerías románicas de los laterales.

Han sido permanentes las obras de reparación y reconstrucción desde el XV: portal nuevo, camarín, torre, chapitel, etc. En los ss. XIX y XX se realizan importantes trabajos de rehabilitación en la fábrica: cubierta de la torre, colocación de la pizarra, entarimado del templo, construcción del atrio alrededor y colocación de los leones del exterior, derribo de la sacristía y restauración del ábside que ocultaba, etc. La rehabilitación reciente más significativa se produce a mediados de XIX en que se derrumbó la cubierta y se tardó 3 años en recuperarla. Durante ese tiempo la imagen titular del templo, “Nuestra Señora del Mercado”, tuvo que ser ubicada en el cercano convento de las Carvajalas.


La Iglesia del Mercado vive un momento en la actualidad que rememora su antiguo esplendor, debido al auge, interés y recuperación de las arraigadas y entrañables tradiciones populares. La importancia que mantuvo durante siglos no fue debida, como se puede suponer, a su perfección y exquisitez arquitectónica ni por el valor artístico que albergaba, tan distante de los excepcionales edificios religiosos representativos del románico, gótico y plateresco que existían y existen en la ciudad: San Isidoro, la Catedral de Santa María o el Convento de San Marcos.

Su protagonismo se debió a la devoción que siempre gozó entre el pueblo su imagen titular: la "Virgen del Camino", representada primitivamente como una Virgen Madre y a partir del XIV-XV por una Piedad. Era la Madre del pueblo llano, humilde, artesano; amparo de los enfermos y refugio de los desheredados. Consuelo de la población a extramuros, del León milenario, recoleto, trabajador y peregrino, alejado de los hábitos purpurados.

Esta última imagen, hoy ocupando el lugar central en su retablo del s. XVIII, está datada entre el s. XIV-XV. No existe ninguna referencia a la anterior talla, pero no se diferenciaría mucho de la iconografía mariana tradicional hasta el momento: Virgen sentada en un trono, cubierta con una amplia túnica sobre manto y velo; se muestra bendiciendo o con una flor o manzana en su mano derecha. En sus rodillas el Niño con túnica y también bendiciendo; la mayoría de las veces ambos coronados. Es la representación de la Virgen Madre.

La antigua imagen de la Iglesia de Mercado, sería con seguridad una de estas tallas románicas sedentes y con el Niño en el regazo, al estilo de la imagen titular en el Monasterio de Santa María de Sandoval, hoy en el Palacio Episcopal de León, o la que existe en el Monasterio de Gradefes. Ahora, la nueva escultura de autor anónimo, posiblemente alguien cercano a la escuela de Alejo de Vahía, presenta maneras góticas muy realistas. Está ejecutada en madera de peral y es de pequeño tamaño: 130 cm. de altura. 

Es una talla de las conocidas como Piedad (Pietá). La Virgen tiene sobre sus rodillas el cuerpo de Jesucristo tras su descendimiento de la cruz, con la cabeza caída hacia atrás y el brazo derecho completamente perpendicular al suelo. Los pliegues del manto naturales, el rostro de María de sufrimiento y de un dolor contenido y resignado, mientras contempla al hijo muerto en sus brazos. 
En algunos documentos a partir del XV se la nombra como “Santa María la Nueva” o “del Camino del Mercado” o “Nuestra Señora la Antigua del Camino”. Ahora, para los leoneses es la Dolorosa”, o como cariñosamente la denominó el compañero y amigo Máximo Cayón Waldaliso, “la Morenica del Mercado”.

¿Qué explicación puede tener que la imagen de la Virgen mantuviera a través de los siglos la advocación y título “del Camino”, y su representación cambie tan radical: de una Virgen Madre a una Piedad?
  
En primer lugar hay que destacar la rápida popularidad que adquirió este último tipo iconográfico, que tiene sus inicios a principios del s. XIV en Alemania donde se la conoce como “imagen vísperal”, haciendo referencia a la hora litúrgica de vísperas, el atardecer, momento en el que el Viernes Santo, María recibe en sus brazos el cuerpo de Jesucristo, que ha sido bajado de la cruz.

Esta popularidad puede estar unida a la referencia que se hace en la Biblia a las Lamentaciones atribuidas al profeta Jeremías, muy difundidas y de las que se han realizado múltiples versiones musicales para su uso en el Oficio de Tinieblas del Viernes Santo. Así se dice en la “primera Lamentación” (1.12): “Vosotros todos, los que pasáis por el camino mirad y ved si hay dolor como el dolor que me atormenta…”.

No es de extrañar que, en aquellos momentos debido a un posible deterioro o desaparición, o por la antigüedad y el
estatismo de la antigua Virgen Madre, modelo que ya se consideraba agotado, se optara por una representación tan popular e inspirada en las Lamentaciones de Jeremías (“… todos los
que pasáis por el camino …”
), como era la imagen de una Piedad, de una Dolorosa, que se encontraría, además, a los pies del Camino más celebrado del mundo. Esta nueva imagen serviría de guía a los peregrinos que, con destino Compostela, tenían obligada parada en la Iglesia.

Ella serviría de norte a estos caminantes, pero también sería imagen de devoción para los pobres y humildes devotos, habitantes de esta ciudad milenaria, que representaría el sufrimiento diario de supervivencia, y un consuelo permanente ante la adversidad: “… mirad y ved si hay dolor como el dolor que me atormenta…”.

La Dolorosa del Mercado sigue siendo, como su Iglesia, un edificio e imagen entrañable para los leoneses, cuya religiosidad se identifica más claramente con esta muestra, que con la suntuosidad y la pompa de otras. Desde hace años será la Dolorosa la que el Viernes de Dolores, a las 8 de la tarde, en las Vísperas, saldrá de su Iglesia para anunciar la Pasión de Cristo y el inicio de la Semana Santa en León.


Es la procesión del pueblo leonés y sus calles se llenarán del olor de la cera ardiendo, de las velas que portarán cientos de mujeres que acompañarán a la Morenica del Mercado en su dolor durante su tradicional recorrido. Y es que desde 1739 está escrito que “… no se manifieste la santa imagen a menos que se enciendan cuatro velas, por respeto debido a la venerable Nuestra Señora del Mercado”.




- Plaza del Grano. Siglo XX.
- Planta de la Iglesia del Mercado.
- Interior Iglesia.
- Santa María de Sandoval.
- Santa María la Real de Gradefes.
- Nuestra Señora del Mercado, la Antigua del Camino.
- Profeta Jeremías. Rembrant.
- Viernes de Dolores. La Morenica del Mercado en la calle.
- Velas en el Viernes de Dolores.










sábado, 30 de noviembre de 2013

Ramo leonés de Navidad


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Existe una antiquísima leyenda que narra la existencia de un gallo en el Portal de Belén en el momento del nacimiento de Jesús. Se cuenta, que fue él quien dio el primer testimonio del acontecimiento, primero a los pastores y después a la gente que vivía en los alrededores del lugar. Es por lo que se dice que la venida al mundo de Cristo fue anunciada “ad galli cantus”, es decir, “al canto del gallo”.

Esta historia es una de las tantas que existen sobre el origen de la denominación de la Misa del Gallo, celebración que, en teoría, marca el paso del Adviento, de un tiempo antiguo, a uno nuevo de alegría y celebraciones. A partir de ese momento se activan las tradiciones navideñas plagadas, entre otras, de manifestaciones y actividades teatrales.


A lo largo de los siglos, la Navidad leonesa ha sido pródiga y original en cuanto a los actos, expresiones y dramaturgia navideña. Todavía persisten las pastoradas, los tradicionales villancicos y los autos de reyes; otras, como el “cantico de la Sibila”, que ya comentamos en otra entrada (http://www.fonsado.com/2010/05/la-sibila-eritrea_30.html), han desaparecido. Sin embargo, una de las tradiciones navideñas leonesas que ha estado a punto de eclipsarse, pero que está teniendo actualmente un auge y seguimiento sorprendentes, es la instalación en las casas del ramo leonés, posiblemente, una de las costumbres con más arraigo en la Provincia.

No obstante, al ser poco conocido fuera de León, se sigue pensando que la existencia del popular árbol de navidad es una tradición genuina de los países del centro y norte de Europa, y que desde allí fue exportado a todo el mundo. En León, en el territorio del Reino de León, ya existía esta costumbre tiene sus raíces en época prerromana, como veremos.

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La tradición del ramo navideño es eminentemente rural, pero ha tenido un potente eco en la sociedad urbana, que aunque no era totalmente ajena a ello, ha estado y está ávida en la búsqueda de identidad y tradiciones propias que identifique a sus individuos y que, a la vez, los diferencien de costumbres vecinas. Gracias a esto, este entrañable uso tiene el futuro asegurado.

En su origen el ramo leonés era una simple rama de árbol de hoja perenne, de ahí procede su denominación, muy anterior a la romanización. Formaría parte del ancestral culto a la vegetación y serviría como ofrenda o tributo de fecundidad y prosperidad para el nuevo año. Con el tiempo, esta práctica se integraría en las fiestas o celebraciones paganas del solsticio de invierno, para más adelante convivir con los inicios del cristianismo, adaptándose a los nuevos tiempos, pero conservando parte de sus creencias antiguas. La Edad Media sería el momento de introducir en la tradición textos y cantos, junto con las ofrendas y tributos obligados, pero ahora integrados plenamente en las celebraciones religiosas cristianas de la Navidad.
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El ramo leonés no solo es su estructura física, la costumbre del ramo es una manifestación de la cultura tradicional leonesa, formado por un conjunto de valores en el que, por supuesto, su armazón y los objetos simbólicos que contiene forman parte de ello, pero también su texto o copla, la música y la teatralidad, todo al servicio de la religiosidad popular.

Generalmente, la estructura material está constituida por un varal que se incrusta en un cuerpo, ordinariamente también de madera, de distintas formas: triangular, la más común, pero también cuadrada, redonda o romboide. Se adorna (“vestir el ramo”) con velas (12 que representan los meses del nuevo año), puntillas, cintas, labores de bordados, etc., todo de colores vivos. Lo complementan, recordando sus orígenes, formas vegetales tales como acebo, laurel, muérdago, hiedra, laurel, o cualquier rama perenne del lugar. No puede faltar la presencia de los productos típicos de la estación o dulces tradicionales, que formaría parte de la ofrenda o impuesto religioso: manzanas, nueces, bollos, rosquillas, etc. Se apoya en una peana, pero cuenta con la posibilidad de trasladarlo a modo de trofeo y así poder ser observado por el pueblo.

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Esta tradición evolucionó desde la simple rama votiva arrancada y preparada de un árbol, a la estructura de madera descrita, que guarda parecidas formas con el tenebrario, existente en todas las iglesias, y del que ya se tiene noticias en el siglo VII. Los tenebrarios son candelabros triangulares que se sitúan en el presbiterio. Poseen quince velas que se van apagando durante el oficio de tinieblas de Semana Santa, en la que se cantaban los salmos y lamentaciones de Jeremías. Simboliza el día de la muerte de Cristo en la cruz, y sus quince velas las personas que supuestamente le acompañaron: los once apóstoles, las tres Marías y la Virgen María. El parecido con la estructura del ramo leones es evidente.

Tras la procesión de rigor, portado por hombres, en la que se exhibe el ramo leonés con sus “adornos y ofrendas”, se realiza la ofrenda y la plegaria correspondiente en el interior del templo, normalmente al finalizar la Misa del Gallo. La plegaria cantada es realizada siempre por las mujeres del pueblo con melodías propias de la zona, que recuerdan sonidos medievales y gregorianos. Aunque los temas giran casi siempre alrededor del nacimiento de Jesús, la plegaria y la ofrenda van dirigidas a la Virgen María, usándose episodios de las leyendas religiosas o de los Apócrifos.

Los cánticos suelen llevar un orden: permiso para entrar en la iglesia, estrofas de entrada, narración de las escenas evangélicas citadas, la ofrenda del ramo, petición de aguinaldo, despedida, felicitación de las fiestas y deseo de volver a verse en un año ... En algunos lugares, se intercalan los sucesos ocurridos en el pueblo durante el año.

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Se han llegado a catalogar más 200 antecedentes de ramo leonés en distintos pueblos de la Provincia. Es de desear que esta costumbre tan leonesa, arraigue y se consolide todo los años en estas fechas.


- Ramo leonés de Valcecillo.
- Video: "Ramo de Navidad", La Banzaca.
- Canto del ramo.Plaza San Marcelo. León.
- Canto del ramo en Valdevimbre.
- Tenebrario.
- Ramo del blog Sisters and Dresses.



viernes, 9 de diciembre de 2011

9 de diciembre: Santa Leocadia y la "locura de las reliquias"

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El rey Recesvinto entregando a San Ildefonso el cuchillo para cortar el manto de Santa Leocadia. 1270-80. Anónimo


En la catedral de León, concretamente en la Capilla del Nacimiento, en la ventana de la derecha, existen dos vidrieras fechadas en el siglo XIII y de autor anónimo. El vitral izquierdo resulta bastante popular por su armonía y bellos colores, pero prácticamente desconocido en su tema y significado.

IMGP1462Este vitral está conformado por una ojiva y cuatro paneles, donde se muestran cinco escenas de la vida de San Ildefonso, y en el que se han empleado vidrios de reducido tamaño y tonos bastante opacos, sobre un brillante fondo azul y con gran efecto ornamental. La tercera escena, comenzando desde arriba, refleja una secuencia del milagro ocurrido tal día como hoy, 9 de diciembre, en la iglesia toledana construida sobre la sepultura de Santa Leocadia, joven mártir, perseguida y víctima en el año 303 del legado imperial Daciano, bajo el imperio de Diocleciano.

El 9 de diciembre del año 666, se preparaba con gran ostentación en Toledo, capital del reino visigodo, la festividad de la Santa Leocadia. La nobleza, el clero y el pueblo se agolpaban en el recinto sagrado. Allí estaba también el rey visigodo Recesvinto y San Ildefonso, arzobispo de Toledo en aquellos momentos.

El arzobispo, en un momento durante la celebración, se arrodilla a los pies de la tumba de la Santa con el fin de realizar las oraciones dedicadas a la conmemoración de su martirio. Mientras se entonan los salmos y rezos por todos los asistentes, la pesada losa del sepulcro de la Santa lentamente se abre y aparece Leocadia que, incorporándose en su nicho, acompaña con su voz el canto de los fieles.

Iglesia de San Ildefonso de Granada
Después de rogar e interceder ante la Virgen María por la ciudad de Toledo, sus habitantes, el rey y San Ildefonso, la joven mártir vuelve lentamente a su sepultura. Antes de que se cierre por completo la enorme lápida que cubre el sepulcro, el rey Recesvinto desenvaina el cuchillo que cuelga de su cintura, se acerca al arzobispo Ildefonso y le insta para que corte y se haga con parte del velo que cubre a la Santa, con el fin de conservarlo como preciada reliquia. Ese es el instante que refleja la pequeña vidriera de la catedral de León: el momento en el que el rey visigodo entrega al arzobispo toledano el cuchillo y le apremia para conseguir la milagrosa reliquia.

Cripta de Santa Leocadia de Oviedo Hasta el siglo VIII los restos de la mártir descansaron en la iglesia toledana bajo su advocación, pero al producirse la persecución de Abderramán I contra los cristianos y sus reliquias, los restos de Leocadia y otros santos toledanos, partieron con los atemorizados mozárabes hasta el norte peninsular. El cuerpo de Leocadia fue depositado en Oviedo, donde Alfonso II el Casto erigió para ella una pequeña iglesia que ahora ocupa la parte más baja de la catedral, bajo la Cámara Santa.

Allí permaneció hasta el s. XI, en el que el rey leonés Alfonso VI “regaló” el venerado cuerpo al conde Hainaut, que había llegado a España como peregrino de Santiago y se había quedado para ayudar a Alfonso en las campañas de la Reconquista. En el siglo XII, los restos de Santa Leocadia se encontraban en Bélgica, en la abadía benedictina de Saint-Ghislain. Hasta allí llegaron en el siglo XVI los archiduques Felipe el Hermoso y Juana la Loca, quienes lograron enviar a la catedral de Toledo “una tibia” de la Santa.

Urna-Toledo Durante el reinado de Felipe II, se hacen numerosos intentos por el retorno de las reliquias de Santa Leocadia a Toledo, pero siempre surgía la negativa de la comunidad que los custodiaba. El Duque de Alba, toledano y gobernador de los Países Bajos, hizo varias gestiones, todas infructuosas, pero otro toledano, el jesuita Miguel Hernández, llegó a convencer a los monjes de la justicia de la petición.

Al acto de entrega de las reliquias a la ciudad de Toledo acudió el propio Felipe II, que llegó a llevar a hombros uno de los brazos de la litera en que el santo cuerpo era transportado, mientras su heredero, Don Felipe, sostenía un cordón a ella cogido y la Corte y la familia real iban tras el séquito funerario. Y es que la locura por las reliquias llegaba a todas las esferas sociales.

Martirio de San Ignacio de Antioquía. s. XVI Anónimo Desde los inicios del cristianismo los restos de los mártires estuvieron unidos al sacrificio eucarístico. No se podía concebir la construcción de una iglesia sin que figurara bajo su altar, un enterramiento de un santo o un mártir. El primer episodio documentado sobre la adquisición de reliquias, parece que sucedió tras el martirio de San Ignacio, obispo de Antioquía, que murió devorado por las fieras en la arena del anfiteatro de Roma en el año 107. Los escasos restos del mártir fueron "salvados" por algunos cristianos, envueltos en ricos tejidos y llevados a la ciudad de Antioquía.

En el siglo IV comenzó la práctica de fragmentar los cuerpos de los santos para repartirlos. De esta manera, comienzan a multiplicarse los restos u objetos y, lógicamente, convertirse en una fuente importante y permanente de ingresos, llegando a pagarse verdaderas fortunas por algunos cuerpos.

En el siglo XIII, el IV Concilio de Letrán, prohibirá la veneración de las reliquias sin “certificado de autenticidad”. También prohibirá que las antiguas reliquias se muestren fuera de su envase ni se expongan para la venta. Sin embargo, la “locura por las reliquias” llegará a extremos alucinantes. Ya no será reliquia sagrada el cuerpo del mártir o santo, sino también la multitud de objetos que le hubieran pertenecido o hubiesen estado en contacto con él.

El enloquecimiento llegó a extremos de considerar como reliquias las limaduras de metal de los instrumentos de tortura, los trozos de las piedras utilizadas en la lapidación, los lugares de vivienda o por los que pasó, predicó o se sentó. Pero también el aceite de las lámparas que se encendieron delate de su cuerpo, el polvo del lugar de enterramiento en las catacumbas, etc.

Concilio de Trento
La Iglesia de Roma llegó a clasificar el tipo de reliquia, recibiendo distintos nombres según que se trate de: "residuo", si era parte de un todo; "ex-carne", "ex-ossibus" y "ex-pilis" si son partes del cuerpo de un santo. Si es parte de una prenda, "ex-vestibus"; en cambio se denomina "a-contactu", "ex-capsa" o "extrema ratio", en el caso de ser un objeto tocado por el santo o mártir.

El concilio de Trento en 1545, intensificó aún el valor e importancia de las reliquias. Su posesión llegó a ser una especie de obsesión frenética. Particulares, nobles, religiosos y reyes, se desvivían por adquirir y acumular reliquias que, en algún momento, llegaron constituir colecciones magníficas. Este es el caso de Felipe II, que llegó a reunir reliquias documentadas de más 7000 cuerpos y objetos de santos y mártires. La descripción acumulada de los restos resulta espeluznante: 12 esqueletos completos, 144 cabezas enteras, más de 4000 fragmentos óseos y multitud de objetos sagrados.

Reliquiario
Y es que desde hace 2000 años no se ha extraviado absolutamente nada relacionado con Cristo Existen multitud de fragmentos de la cruz, varias coronas de espinas, la lanza de Longinos, el cáliz, la sábana santa, los clavos, el velo de la Verónica, la santa esponja, la sangre, la columna de flagelación, las vestiduras, la inscripción INRI, más de una mesa y un plato de Última Cena, las monedas de Judas, etc…

Pero entre miles de objetos esperpénticos sobresalen algunos verdaderamente cercanos a la esquizofrenia:

En Roma, en la iglesia de la Madona di Loreto, existe una pluma del arcángel San Grabriel que “se dejó” en la Anunciación. Parece que en Liria, Valencia, existe otra parecida.

Santa Maria la mayor 5De la Virgen María se conservan gotas de leche con la amamantaba al niño Jesús. Una muestra se custodia en la catedral de Oviedo, y otra en Santa María del Popolo, en Roma.

En la catedral de Murcia, existe un pelo de la barba de Jesucristo: Pelo Vultus Divini Jesuchristi. También existen cabellos de la Virgen María y María Magdalena en Sangüesa.

Los pañales de Jesús se conservan en San Marcelo al Corso de Roma, custodiados por los Servitas o Siervos de María. Fue muy conocido y venerado otro pañal que existió en Lérida, el “Santo Pañal”, que desapareció tras la Guerra Civil.

También en Roma, en Santa María la Mayor, encontramos una de las reliquias más sorprendentes: los restos del pesebre donde supuestamente fue acostado Jesús nada más nacer. Se muestran dentro de una espectacular urna de plata en forma de cuna.

Pacher, Michael Título. Retablo de San Wolfgang
Se conservan varios cordones umbilicales del Niño Jesús: en Francia, en la localidad de Chalons, también en Santa María del Popolo en Roma y otro más en la localidad italiana de San Martino.

La existencia de tres cordones umbilicales, no es nada comparado con la presencia de hasta 14 prepucios procedentes, se supone, de la circuncisión de Jesús. Contaron con una reliquia de prepucio, la abadía de Charrux, el monasterio Coulombs, San Juan de Letrán, la catedral de Le-Puy-en-Velay, Nuestra Señora de Amberes, las iglesias de Calcalta, Hildesheim, Besancon y Metz, y hasta la Catedral de Santiago de Compostela. El culto al Santo Prepucio, merece un seguimiento especial, a pesar de haber sido derogado por la Iglesia en el año 1900.

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La ciudad del Vaticano es un auténtico almacén de reliquias y, posiblemente, contenga las más sorprendentes. Como por ejemplo estrambótico tenemos trece lentejas, el mantel y un trozo de pan de la Última Cena. Pero, además, allí se guardan dos de las reliquias más sorprendentes de la cristiandad: procedente de la Iglesia de Blois, se conserva un “suspiro de San José” en el interior de un frasco, y también, en otro recipiente de vidrio sellado, existe un “estornudo del Espíritu Santo”, originario este último de la parroquia romana de San Frontino. Como vemos, son innumerables e insospechados los restos u objetos que han sido, y todavía son, objeto de veneración a través de los siglos.
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Por último volvamos a Roma, concretamente al Santuario Pontificio de la Escalera Santa, situado enfrente de la Basílica de San Juan de Letrán. Allí se encuentra el denominado Sancta Sanctorum, la antigua capilla palatina de los Papas, llamado así porque sirve de depósito de las valiosas y veneradas reliquias que allí se guardan. La principal de todas es la imagen acheropita de Cristo, Santissimi Salvatore Acheiropoieton, que significa “no pintado por mano humana”.

Para llegar al Sancta Sanctorum, hay que subir una escalera de 28 escalones de mármol de Tiro, recubiertos de madera de nogal desde el s. XVIII con el fin de protegerles del desgaste producido durante siglos por la subida de peregrinos, que la ascienden de rodillas como ejercicio penitencial.

¿Qué tiene de especial esta escalera? Es, nada menos, que el graderio del pretorio de Pilatos en Jerusalén, escalera por la que subió varias veces Cristo el día de su condena a muerte, el Viernes Santo. Fue traída a Roma desde Jerusalén en el año 326 por Santa Helena, madre de Constantino. Pero eso no es todo, la escalera conserva en varios peldaños la sangre que Jesucristo derramó, y que se pueden ver a través de pequeños óculos de cristal abiertos en la madera de los escalones.

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Es verdad que después del Concilio Vaticano II, el interés de la Iglesia Católica por las reliquias ha disminuido notablemente, principalmente por la decisión vaticana de relegar muchas reliquias de larga tradición a la categoría de "leyendas devotas". 

Esta decisión ha servido para relajar las costumbres populares, moderándose bastante la “locura por las reliquias” y la obsesión por acapararlas. Sin embargo, aun se mantiene una fuerte devoción por ellas y un cierto interés de la Iglesia por su continuidad. Sirva como ejemplo la exposición reciente en una urna, del cuerpo incorrupto del beato Juan XXIII en el altar de San Jerónimo, en la Basílica de San Pedro, curiosamente el Papa que inspiró y convocó el Concilio Vaticano II.


- Video: YouTube. Folias de España, FelipeII de Antonio de Cabezón. mestrehistoria.
- Vidriera San Ildefonso y Recesvito. Catedral de León.
- Idem. Capilla del Nacimiento. Catedral de León.
- Milagro de Santa Leocadia. Iglesia de San Ildefonso de Granada.
- Cripta de Santa Leocadia. Catedral de Oviedo.
- Reliquias de Santa Leocadia. Toledo.
- Martirio de San Ignacio de Antioquía. Anónimo, s. XVI.
- Concilio de Trento. Anónimo.
- Relicario de Federico Zuccaro. Monasterio del Escorial.
- Relicario: Restos del Pesebre. Santa María la Mayor, Roma.
- Circuncisión, Michel Pacher. Retablo de San Wolfgang.
- Sancta Sanctorum, Santuario Pontifico de la Escalera Santa. Roma.
Santissimi Salvatore Acheiropoieton.
- Escalera Santa, Santuario Pontifico de la Escalera Santa. Roma.