jueves, 27 de agosto de 2020

Poeta del cielo y la tierra


Señala la tradición, que el día que murió Lope de Vega hubo un eclipse de Luna. La poetisa y amiga del poeta, Jacinta Baca, nos dejó un bello soneto sobre la confluencia de los dos sucesos:

Llegó ya a las montañas de Apenino,
llegó a la Libia ardiente y Seythia helada
la fama por justicia acreditada
de este varón de tanto laurel digno.

Y así del más remoto al más vecino
con himnos de dolor será llorada,
su falta, y la memoria venerada
del que en el velo humano fue divino.

Hasta en el campo de zafir hermoso
la noche, que dio término a su vida,
mostraron sus lumbreras sentimiento.

Y con afecto triste y amoroso,
cuando Delio llegó a su luz cumplida,
le formó en sombras sacro monumento.


Lope Félix de Vega Carpio es uno de los más significativos y trascendentales dramaturgos y poetas de nuestra literatura, además de ser uno de los más fecundos escritores de la literatura universal.


Es autor de nueve epopeyas, siete novelas, cuatro de ellas cortas y un número impresionante de comedias ya que llegan a atribuírsele más de 1500, siendo el primero en dividir las mismas en tres actos. Pero donde se considera que destaca verdaderamente es como poeta. Se le considera autor de 3000 sonetos que, sin duda, junto a las comedias, le otorgan la "inmortalidad" ya que nadie a conseguido en la confección del soneto la delicadeza, el refinamiento  y una musicalidad perfecta.


No podemos dejar de comentar de su paso por León, concretamente por La Bañeza y Astorga en la “huida” de casa durante su adolescencia. Tras la muerte de su padre y junto con un amigo con las mismas inquietudes, huyen de la casa familiar en Madrid y comienzan una aventura para ver mundo y alejarse de la protección paterna. Llegó a pie hasta Segovia donde compró, o compraron, un caballo ruin que les llevo hasta La Bañeza y luego a Astorga donde les desaparecieron por completo las ansías aventureras y decidiendo volver a la comodidad de la casa familiar, regresando a Madrid por el mismo camino por donde habían venido.



Hace hoy 385 años y tras llevar varios días enfermo, el lunes 27 de agosto de 1635 fallece a las 5 de la tarde en su casa, en el nº 11 de la calle de los Francos, actualmente la madrileña calle Cervantes, en el conocido Barrio de las Letras.


Las honras fúnebres con las que el Ayuntamiento madrileño había acordado homenajear al poeta, fueron prohibidas por el Consejo de Castilla, presionado por las altas esferas eclesiásticas que no llegaron a perdonar a Lope de Vega la vida libertina que, siendo ya sacerdote, había llevado en sus últimos años.


Sin embargo, al entierro, efectuado al día siguiente acudió todo el pueblo de Madrid y, según se cuenta, su sepelio fue tan espectacular como su contradictoria vida, apasionada y turbulenta: “… comparable a un vendaval, a una intrincada y ferocísima selva, a un encrespado mar en el que vemos zozobrar continuamente sus ilusiones y sus propósitos de enmienda”.



















El 28 de agosto a las once de la mañana salió de su casa el inmenso cortejó que acompañó el cadáver hasta su sepultura en la Iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha. Lope es conducido a hombros, con el rostro descubierto y vistiendo el hábito de caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, más conocida como Orden de Malta. La comitiva fúnebre, custodiada por frailes franciscanos con hachones, pasará antes por el convento de las Trinitarias Descalzas, entre las calles Huertas y Cantarranas (ahora Lope de Vega), donde una de las monjas, sor Marcela de San Félix, hija de Lope y la actriz Micaela Luján, una de sus amantes, solicitó que el féretro de su padre se detuviera unos instantes ante la entrada del monasterio para darle su último adiós.



Ese momento de desgarrada emoción en el que se refleja el instante en que sor Marcela despide el cadáver de su padre desde una de las puertas enrejadas del convento de clausura, es el que muestra la pintura realista del pintor decimonónico Ignacio Suárez Llanos, "Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega, su padre” (1862), actualmente en la pinacoteca del Senado. Tal suceso no debió suceder realmente como imagina el artista, ya que, al tratarse de un convento de clausura, el cadáver sería contemplado por su hija y el resto de religiosas desde alguna de las ventanas con celosías con las que contaba el edificio.

















El cadáver de Lope de Vega fue enterrado en la  iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha, por decisión de su protector el conde de Sessa, que entregó una cantidad a cuenta para sufragar los gastos del funeral y entierro. Esta cantidad, con el tiempo, resultó insuficiente y varios años después, al no abonarse la cantidad restante por los herederos del conde, los restos de Lope fueron llevados al osario común de la parroquia que hoy se encuentra bajo una de las capillas de la iglesia, en la que Real Academia Española de la Lengua erigió hace años una hornacina en honor al poeta.



Cuentan que sobre su mesa de trabajo se encontró su último poema. Se trataba de una silva moral titulada Al Siglo de Oro, todo un homenaje póstumo al esplendor cultural de España del que él fue ilustre y glorioso protagonista: poeta del cielo y la tierra.



Miguel Poveda/Para la Libertad
Desmayarse, atreverse/soneto Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.




                                                                                                      

sábado, 25 de julio de 2020

Santiago, Capitán General de las Españas


“Hundí, efectivamente, la mano en el guante de piedra que otras manos habían abierto. Era, por el roce, más alabastro que mármol: un tobogán exiguo y resbaladizo para que los dedos palpasen la ultratumba. Desde la metafísica del fuste, pero sin modificar su yerta superficie, me trepaba un calor que imaginé energía allí acumulada por los peregrinos. ... Pero conozco y jamás olvidaré el diáfano desenlace de la aventura. Mejor dicho: lo que entonces recibí, lo que aquellos minutos me restituyeron. Algo que tal vez nunca tuve: señas de identidad. No he vuelto a perderlas.” (Fernando Sánchez Dragó, “Gárgoris y Habidis”). 

Hoy día de Santiago Apóstol, debemos recordar el ritual obligado como final al largo tránsito de la aventura que supone recorrer cualquiera de las rutas hacia Santiago de Compostela. Allí los peregrinos funden su mano en la piedra, entierran sus dedos en el parteluz del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago, en el Árbol de Jesé, dejando allí parte de la esencia del viaje y recogiendo el testimonio de millones de caminantes que, en aquellos cinco huecos, han dejado desde antiguo parte de su espíritu. 

Muchos kilómetros atrás, en la ciudad de León, los viajeros del Camino, en ceremonia semejante, aunque más sencilla y poco conocida, remedan la misma escena. En la jamba central izquierda de la Portada del Juicio Final, en el Pórtico Occidental de nuestra catedral, entre San Juan y San Pedro, se encontraba la talla del Apóstol Santiago antes de su traslado al interior del templo para su restauración. 

La figura del Apóstol de España no se representa con la cruz abacial de doble travesaño, como primer arzobispo de España; ni con la espada envainada, en memoria de su martirio, como en Reims, Chartres y Amiens, o desnuda, como en Nôtre Dame de París. En la catedral de León, Santiago es peregrino y cubre su cabeza con el sombrero de fieltro y ala ancha, adornado con venera, que se recoge con cordón y que era usado con habitualidad en el Medievo. De aspecto amable y bondadoso, sostenía en su mano derecha el bordón de romero, de peregrino, que el tiempo y el hombre han hecho desaparecer; de su lado izquierdo cuelga un pequeño y típico zurrón, con venera. 

Este discreto lugar, actualmente poco o nada frecuentado, ha sido durante siglos punto de referencia de miles de peregrinos que en su camino se han acercado a la catedral, y han dejando su huella visible en el desgaste del pilar, del fuste central que sostiene al Apóstol. Con el paso del tiempo, la pequeña columna ha ido moldeándose por las caricias de muchas manos y el roce piadoso de medallas, cruces y objetos queridos, que buscaban y buscan la energía, la tradición, el aliento del santo, el poder y la magia que emerge de la catedral o, tal vez, el vigor y el ánimo de viajeros anteriores. 


Esta costumbre, aparentemente simple, forma parte de los cuantiosos mitos, prácticas y tradiciones que conforman el Camino de Santiago, peregrinación cuya existencia no hay que buscarla en la tumba del Apóstol ni en la ciudad donde se encuentra, sino en los mismos orígenes de la religiosidad humana: Sol y Tierra. El caminar hacia el oeste es una marcha constante hacia la puesta del Sol; hacia el lugar donde el Sol, fuente de vida, muere. Es el encuentro personal con la muerte en una tierra en donde aún persiste una atmósfera atemporal. 

La magia, la atracción, la esencia de lo que es y simboliza la Ruta Jacobea, el Camino de Santiago Apóstol, hay que buscarla en el significado de su origen primitivo, en su afán ancestral de la búsqueda de identidad, del conocimiento. Hay que buscarla en el contacto permanente y directo con la tierra, en los caminos que se transitan, en los parajes, pueblos y ciudades que se cruzan, en sus gentes, en sus templos; en los pequeños ritos y costumbres ancestrales que, como la caricia del fuste que sostiene a Santiago Peregrino en la catedral de León, se suceden a lo largo del trayecto.

El Reino de León protagonista de esta tradición. El 1 de agosto de 1170, con el patrocinio del rey leonés Fernando II, se funda la Orden de Santiago, en principio con el fin de defender la frontera de la extremadura del Reino leonés frente a las posibles incursiones musulmanas. 

Las conquistas leonesas, entre las que se encontraban la ciudad de Cáceres (Qasrish), son confiadas a la Orden que desde el 31 de enero de 1171 se sitúa bajo la advocación y patrocinio del apóstol Santiago que, a pesar de que actualmente se pretende vincular exclusivamente a un ámbito extremadamente localista, su culto y promoción fue desde sus inicios obra de los reyes asturianos y, más tarde, de sus herederos los monarcas del Reino de León, que protegieron y divulgaron la devoción al santo por toda la Península, que llegará a ser Patrón y Capitán General de las Españas. 

El Reino de León, y la Orden Militar de Santiago que implanta, protege y difunde por toda España, tendrán un protagonismo especial durante toda la Reconquista, llegando hasta el episodio que pone fin a la invasión y expansionismo musulmán iniciado en el siglo VIII desde el norte de África: la rendición de Granada. Pero eso es otra historia.


                                                  San Marcos (León) - (foto Artehistoria)

                                                                                                                                                 

miércoles, 10 de junio de 2020

2020: Sin NATALICIO DE LAS AGUILAS



Muerte de Nerón y entrada de la LEGIO VII en Roma a las órdenes de Galba.
Fragmento de QUO VADIS (Warner Bros)
Resulta una circunstancia inusual conocer la fecha oficial de la fundación de una legión romana: la LEGIO VII GEMINA. Las inscripciones que lo certifican están labradas en dos estelas de mármol fechadas en los años 163 y 184 dC., procedentes de la localidad de Villalís de la Valduerna, población que se encuentra a 48 km. al suroeste de la capital leonesa. Las lápidas se encontraban incrustadas en los muros de su iglesia parroquial, y en su texto conmemoran el “Natalicio del Águila”, el "ob natalem aquilae", la entrega de las enseñas militares a la Legio VII (http://www.fonsado.com/2008/06/la-entrega-de-las-guilas.html)

Este hecho sucedió en la ciudad de Clunia (Burgos) el IIII idus iunias, el 10 de junio del 68 dC., hace ahora 1949 años, en el cuartel general del, por aquel entonces, gobernador de la Hispania Tarraconensis: Servio Sulpicio Galba.

No se encuentran antecedentes de la creación o fundación de la legión en los textos históricos, pero si en estos dos textos epigráficos que ya fueron mencionados en el siglo XVIII por el historiógrafo italiano Ludovico Antonio Muratori que, parece ser, las recogió de un antiguo documento anónimo.

Estas estelas, que se consideraron perdidas, fueron de nuevo descubiertas por D. Manuel Gómez-Moreno a principios del s. XX en la iglesia de Villalís. El hallazgo fue publicado por el propio historiador en el Boletín de la Real Academia de la Historia en el año 1909. Gómez-Moreno describe brevemente su visita a la localidad leonesa en donde, incrustadas en las esquinas de su iglesia parroquial y a unos tres metros sobre el suelo, se encontraban seis estelas de mármol blanco.

Dos de aquellas conmemoran el “natalicio del águila” de la Legión VII Gemina y Felix, es decir, el día en que fue creado este cuerpo militar por Galba: el 10 de junio del año 68 dC.

Sobre la estela fechada en el año 163, Gómez-Moreno comenta lo siguiente: “Existe en el ángulo NO de la iglesia, tendida y llena de líquenes y musgo, que se albergan en la huella de las letras. Es un pedestal con sencillas molduras, de 1,16 metros de alto, 0,42 de ancho y 0,22 de grueso; miden sus letras 35 milímetros, disminuyendo en las dos últimas líneas, y son de tipo bastante clásico”.

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Transcripción:

“A Júpiter Óptimo Máximo. Por la salud de Marco Aurelio Antonino y de Lucio Aurelio Vero, Augustos, en el aniversario del natalicio del águila (enseña militar), (lo erigió) el destacamento de la legión VII Gémina Feliz, bajo el mando de Licinio Paterno, centurión de la misma legión, y de Hermes, procurador (de las minas), liberto imperial (de los Augustos), y de Lucrecio Paterno, decurión de la cohorte I de los celtíberos, y de Fabio Marciano, beneficiario del procurador imperial, y de Julio Juliano, portaenseña de la misma legión. En el día 4 antes de los idus de junio (día 10 de junio), siendo cónsules Leliano y Pastor”.

En cuanto a la estela fechada en el 184 dC., el historiador señala lo siguiente en su artículo: “En el ángulo NE de la sacristía. Remata en un frontispicio, con rudas molduras y algo como estrías en ellas. Alto, 1,06 metros; ancho, 0,50; alto, 0,20. Inscripción borrosa y desgarbada, cuyas letras decrecen de 4 a 3 centímetros. Grabados al margen, quizá dos cintos con phalerae y un varal entre ellos.”

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Transcripción:

“A Júpiter Óptimo Máximo. Por la salud de Marco Aurelio Cómodo Antonino Augusto, en el aniversario del natalicio del águila el destacamento de la legión VII Gemina Feliz bajo el mando de Aurelio Eutyches, liberto imperial procurador (de las minas), y de Valerio Semproniano, decurión del ala II Flavia. 4 días antes de los idus de junio (10 de junio) siendo cónsules Marulio y Eliano (año 184)”.

En ambas epigrafías, que se fechan el 10 de junio, se conmemora el aniversario del nacimiento (entrega) de la enseña militar (el águila) de la Legio VII Gemina por parte de dos unidades de la legión: la I Cohorte de los celtíberos y el Ala II Flavia.

La Legio VII, en aquel momento con el sobrenombre de Galbiana, formada íntegramente con legionarios hispanos, se levanta en armas contra Nerón marchando a las órdenes de Galba hacia Roma en el año 68, consiguiendo imponer, aunque efímeramente, a su general como emperador del Imperio.



(Fotograma serie TV: ROMA / Composición: Ricardo Chao)

Junto con la VII Claudia participó con victoria en la batalla de Bedriacum en el 69, y desempeñó un importante papel en la toma de las murallas de Cremona donde se dice que realizó un importante ataque en cuña para forzar la entrada.

La creación de la Legio VII, no debe confundirse con la fundación de la ciudad de León. El asentamiento debe su origen a otra fuerza militar, la Legio VI Victrix, que con posterioridad a las campañas contra los territorios norteños, será la fuerza militar romana que primero se instalará en el solar leonés.

Según el historiador Tácito, la Legio VII ayudó posteriormente a entronizar a Vespasiano como emperador. En ese tiempo tuvo numerosas bajas, dando lugar a que el propio Vespasiano la combinara con otra, concretamente con la Legio XVIII, creando así la Legio VII Gemina.

En el 74 Vespasiano la traslada a Hispania, instalándose definitivamente en el antiguo campamento de la Victrix, en el interfluvio de los ríos Torío y Bernesga. Ahí se encontraba todavía en torno al 230 dC. durante el reinado de Severo Alejandro. Después del s III no existe constancia de su estancia en el solar leonés. Será con posterioridad cuando la población, que residía a extramuros del campamento, ocupe el espacio interior de la muralla y surja lentamente la ciudad que hoy conocemos.







miércoles, 13 de mayo de 2020

Pobre España


En estos días terribles te das cuenta con estupefacción que hasta alguna de la gente que te rodea te impide criticar la situación actual, además de censurar la realización o divulgación de comentarios sobre la tragedia social y económica por la que transita España. 

No soportan la crítica hacia los que "deben" dirigir la Nación y dan por buena o aceptable su gestión. Es el sectarismo crónico que crucifica por norma al resto de personas que piensan de otra manera y que lo único que desean es el bien y progreso de España por encima de partidos y tendencias políticas. 

Además de todo esto, se permiten el lujo de llamarte estúpido utilizando y sentenciando con una frase lapidaria de asqueante tufo intelectual, que coincide plenamente con la ineptitud que demuestran diariamente los actuales encargados de la gestión nacional:

"Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro". A. Einstein.


La ignorancia e incapacidad (a juego con su sectarismo), les impide conocer que la culta y pedante frasecita es una de las cientos que falsamente se atribuyen a D. Alberto Einstein. Con esta cuidada y pulcra incultura te llaman "estúpido infinito" si te atreves a censurar, opinar o pensar distinto.

En su indecente postura, coinciden plenamente con la actuación del propio gobierno, nuestro gobierno, el gobierno de todos ¡! que, desde la propia tribuna del Congreso, dirigen a los españoles que piensan distinto los calificativos de hipócritas, miserables, parásitos e inmundicia. Pero no solamente eso, desde el propio gobierno también se amenaza e insulta a la Corona, a los medios de comunicación no afines, se ataca a la Justicia, a los que llevan la bandera de España, a los ahorradores y empresarios, se utiliza a las fuerzas y cuerpos de seguridad en su beneficio y, como no, se invoca permanentemente el guerracivilismo.

Por si estos necios necesitan ampliar su envidiable erudición, yo les ofrezco otras dos frases que pueden aprender, guardar y utilizar cuando les convenga en sus animadas y cultas conversaciones habituales, que no van más allá de fútbol, tetas, albóndigas  y cerveza:














Así todo, después de reflexionar sobre el apunte intelectual de estos fenómenos, llego a la conclusión de que el universo no sé si será realmente infinito, pero de lo que estoy seguro es de que la estupidez no es infinita, se limita y abarca completamente a este nutrido grupo de sectarios enfermizos que, por desgracia, destacan por su intransigencia en esta trágica situación repleta de incompetencia, torpeza, mentiras, ruina y, sobre todo, miles y miles de cruces.



lunes, 27 de abril de 2020

León: 24 de abril de 1808


Este pasado fin de semana nuevamente se ha tratado de celebrar en León, imposible por la confinación debida al covid-19, el levantamiento de la ciudad contra la invasión francesa de España. Como todos los años vuelven las discrepancias y discusiones sobre si el día 24 de abril de 1808, la ciudad de León se manifestó efectivamente contra la presencia militar francesa en la Península.

Las tropas francesas, al mando del mariscal Bessières, no llegan a León hasta el 26 de julio de 1808. La noche del 18 de julio la Junta leonesa sale de la ciudad y es el polémico obispo D. Pedro Luís Blanco, única persona de representación pública, quién negoció la capitulación con el mariscal francés, consiguiendo unas aceptables condiciones.

En tres días se formó un nuevo Ayuntamiento con leoneses adeptos a la causa francesa, y en el acta del día 30 de julio la nueva corporación jura fidelidad al nuevo rey José Bonaparte, proclamado por Napoleón tras las abdicaciones de Bayona el 5 de mayo:

“... Y en su vista deseando el Ayuntamiento complacer en todo y en cuanto esté de su parte a dicho Excmo. señor Mariscal Bessières acordó … prestar obediencia, y fidelidad a S.M. Catholica el Sr. Dn. Joseph Napoleón primero y reconocerle por su Rey y Señor en nombre del Común de vecinos de esta Ciudad, su Provincia y Reino, y que llegue noticia de todos este solemne Acto, se publicase por bando … “.

Poco duró esta primera estancia de las fuerzas ocupantes, porque siete días después, concretamente el 1 de agosto, se ven obligados a abandonar la población como consecuencia de la amenaza militar que, desde el sur y tras la victoria española en Bailén ocurrida el 19 de julio, presiona sobre la ocupación francesa existente en el norte peninsular, imponiendo su repliegue. 

Desde comienzos del año 1808 la sociedad española está convulsa. En una inmensa mayoría de pueblos y ciudades se producen actos de solidaridad, patriotismo, revueltas ciudadanas, etc., que desembocan en los acontecimientos definitivos del 2 de mayo en Madrid. 
El disturbio más importante lo protagoniza el Conde de Montijo, Cipriano Portocarrero, que consiguió reunir en torno al Príncipe de Asturias a la mayoría de los nobles, y en la noche del 17 al 18 de marzo de 1808 amotinó a los habitantes de Aranjuez y de otros pueblos cercanos, para que acudieran al Real Sitio a “defender” al Rey. La revuelta, conocida como Motín de Aranjuez, tiene como resultado la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando y la posterior detención de Godoy. A raíz de aquel suceso, se producen algaradas en varios puntos de la Península.

En el acta municipal del Ayuntamiento de León correspondiente al 1 de abril de 1808, se da cuenta de los acontecimientos referentes a la renuncia de Carlos IV y de la subida al trono de Fernando VII, pero también se hace cumplida referencia a la revuelta ocurrida en la ciudad el 28 de marzo de 1808 y que es conocida popularmente como “motín de la hogaza”.

El acta relata minuciosamente como los leoneses, conocedores de la detención de Godoy unos días antes en Aranjuez, se concentran ante la residencia del Comisionado Regio, D. Felipe Sierra y Pambley, para demandarle que arroje a la calle el retrato de Godoy con el fin de arrastrarlo por las calles y quemarlo. En la misma revuelta, exigen la supresión de la nueva e impopular tasa sobre el vino, de la que se decía que había sido impuesta por el favorito. El Comisionado se negó a las exigencias de los alborotadores y, en vez del retrato de Godoy, lanzó a los amotinados desde una ventana una hogaza de pan. Esto ocurría en nuestra ciudad el 28 de marzo. 
Esta pequeña revolución popular que se produce contra la persona y gobierno del favorito del ahora depuesto Carlos IV, si podría considerarse una oposición a la presencia francesa en España, ya que la estrategia seguida en su momento por Godoy con respecto a Francia, tuvo como consecuencia la ocupación militar del territorio español y, de alguna manera, el pueblo leonés manifestó su desacuerdo y repulsa contra el gobierno y la estrategia política de Manuel Godoy. 
Sin embargo, la fecha que suscita grandes controversias y la que es considerada por diversos sectores como la sublevación u oposición de la ciudad de León a la presencia francesa, el 24 de abril de 1808, no contiene ninguna evocación contra la ocupación a pesar de ser uno de los días importantes en la vida política de la ciudad de León.
Prueba de ello, es que los franceses todavía no han llegado a la ciudad, como ya hemos comentado, pero, sobre todo, lo que se invoca y demanda aquel día durante la algarada popular, es el apoyo al nuevo monarca Fernando VII. Para confirmar lo expuesto, acudimos al acta municipal de ese día que refiere dos sucesos importantes.

En primer lugar, se da conocer al pueblo de León la Real Orden de Fernando VII del 12 del mismo mes, expedida en Burgos, mientras el monarca se encaminaba a la frontera francesa para entrevistarse con Napoleón, por la que el Rey solicita que se hagan rogativas públicas para conseguir el mejor gobierno para el País. En segundo lugar, el Ayuntamiento leonés hace saber a S.M. Fernando VII los incidentes ocurridos esa mañana a favor de su persona:

“A las 10 de la mañana de ese día (24 de abril), ora en que recibe la ciudad el correo xeneral, empezó a trascender la noticia de que en esa vuestra Villa y Corte intentaron algunos malvados el día 20 del presente mes publicar edictos revolucionarios contra el sagrado gobierno que autoriza a Vuestra Digna Persona ... Los repetidos conductos por donde se comunicó dicha noticia a diferentes sujetos en esta Ciudad, ocasionaron a un tiempo mismo, no sólo el que no se dudase de su aserto, sino el que se llegase a vulgarizar entre todos los ciudadanos ... En tal supuesto, agitados, señor, todos los ánimos de estos fieles ciudadanos que no ceden en su amor y lealtad acendrada hacia vuestra Real Persona, ... juntándose en numerosos corrillos a cotejar sus pálidos semblantes, a la primera insinuación de un compatriota fiel repitieron millones de ecos: ¡Viva Nuestro amado Rey Fernando VII, mueran los conspiradores! ... de tal manera, Señor, se desplegaron las Quadrillas de vecinos de todas clases por las calles y por las plazas repitiendo entre incesantes alaridos y demostraciones emprendedoras ¡Viva el Rey, mueran los malvados!...”.
De lo manifestado en el acta, se desprende que los orígenes de la revuelta popular en la ciudad leonesa se encuentran en la noticia recibida aquella misma mañana, en la que se cuenta que el día 20 dos agentes franceses intentaron imprimir una proclama en Madrid a favor del abdicado Carlos IV (18 de marzo de 1.808) y en contra de su hijo y nuevo rey Fernando VII, originando una revuelta en la capital del Reino.

Tras comentarse la noticia, se fueron concentrando los vecinos animados por “patriotas”, entre otros, como bien se conoce, D. Luis de Sosa Tovar, que acabaron exigiendo en el Ayuntamiento los pendones de la ciudad para mostrar su fidelidad a Fernando VII, que en aquellos momentos no estaba en contra de la ocupación francesa, sino, más bien, trataba de entrevistarse y negociar con Napoleón su permanencia en el trono, manteniendo la situación de aliado y, por ende, la ocupación militar del territorio español.


- Mariscal Jean Baptiste Bessières.
- Regimiento de Infantería Fijo de Ceuta, en el frente de Bailén. Augusto Ferrer Dalmau. 
- Proclamación de Fernando VII en Aranjuez.
- Cipriano Portocarrero, Conde de Montijo.
- Don Felipe Sierra Pambley, Comisionado Real.
- Don Luis de Sosa Tovar.
- Oficiales británicos prisioneros en Astorga. Museo de Versalles.



jueves, 9 de abril de 2020

La Saeta de Antonio Machado


Es habitual escuchar en los desfiles procesionales de nuestra Semana Santa, interpretada por las distintas bandas de música de las Cofradías de la ciudad, la partitura conocida como “La Saeta”, canción que Juan Manuel Serrat publicó en 1969 en su álbum, “Dedicado a Antonio Machado, poeta”.

Serrat pone música al poema del poeta sevillano Antonio Machado que fue incluido en el libro "Campos de Castilla", publicado en 1912. En esta obra el escritor se "encuentra" con el paisaje castellano que lo rodea, pero también incluye una serie de poemas breves, unos críticos con la España del momento, otros sentenciosos y de carácter personal.

Entre estos últimos poemas  se encuentra “La Saeta”, copla en la que Machado evoca y reflexiona, de una manera muy breve, sobre las creencias y costumbres de su Andalucía natal, contrastando éstas con su interpretación de la religiosidad y su manera de entenderla y sentirla. Para ello, emplea y menciona el canto tradicional andaluz: la saeta.

Muy unida al cante flamenco y a la devoción popular, la saeta es una expresión andaluza propia de la Semana Santa. Su origen se remonta a las coplillas que recitaban o cantaban los padres franciscanos en los ss. XVI y XVII, mientras predicaban el arrepentimiento de los pecados. Pero también mantiene influencias de las antiguas salmodias judías y del rezo musulmán del almuédano.

A mediados del s. XIX nace la costumbre de cantar estas coplas durante las procesiones de Semana Santa. Sin embargo, esta “oración cantada” tiene su apogeo en el primer tercio del s. XX, cuando la saeta se hace flamenca teniendo como epicentro fundamental la ciudad de Sevilla. Según los expertos, el mágico mundo de la saeta popular se deteriora con el tiempo y la promoción turística de la Semana Santa, surgiendo los saeteros profesionales, denigrados por los entendidos, que los consideran “artistas sin implicaciones” o, como también se les denomina, “cantaores de Cuaresma”.

La letra de Machado y la música de Serrat, como hemos señalado, es constantemente versionada por orquestas, bandas, solistas y cantaores, siendo permanentemente protagonista en los desfiles procesionales de toda España, a lo que no son ajenas las bandas de las Cofradías leonesas.

Si Machado levantara la cabeza, quedaría horrorizado del uso de su poema. El poeta describe las formas y costumbres andaluzas de la Semana Santa, pero renegando y abogando por una representación y celebración no sangrienta. Una festividad que invitara a mirar, imitar y cantar al Cristo hombre, al Cristo de los sermones, al de los milagros, al de las enseñanzas y el amor, al Cristo vivo, no al martirizado, al del sufrimiento, no al Cristo muerto.

Ese Cristo muerto, crucificado, es al que, desde que Serrat hizo popular el tema, se trata de identificar y hasta de “apropiarse” por las distintas Hermandades andaluzas. ¿Quién es el Cristo crucificado y ensangrentado de la copla de Machado? El escritor menciona al Cristo de los Gitanos y habla de “la tierra mía”. En su Sevilla natal,  Nuestro Padre Jesús de la Salud es conocido como el “Cristo de los Gitanos” y también como “er Manué”

Procesiona con  la Hermandad de los Gitanos y es una obra de 1937 del escultor sevillano José Rodríguez (la antigua talla se perdió en un incendio en 1936). Todo indica que ésta sería la talla de la copla, pero el poeta no puede referirse a este Cristo, ya que corresponde a una imagen de Nazareno, figura que porta la cruz camino del Calvario, no a un Crucificado, como mencionan los versos.

Otra posibilidad sobre la identificación, estaría en la idea de que el escritor evocara una de las imágenes más emblemáticas de la devoción sevillana y andaluza: Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, obra del escultor Juan de Mena realizada en 1620:
Que redoblen los tambores
y las trompetas despacio.
Contemplemos al Gran Poder,
va caminando despacio.
¡Fijarse, gitanos, en Él.!

Esta opción tampoco resulta verosímil, ya que también se trata de una talla de Nazareno, por lo que nada tiene que ver con el Cristo Crucificado que se menciona en “La Saeta”.


Hay quien propone que Machado podría referirse a la imagen de uno de los desfiles más espectaculares de Andalucía, por el marco que supone la Alhambra y por las candelas que se encienden a su paso por el Sacromonte. Es la procesión del Cristo de los Gitanos, imagen con una curiosa historia y a la que le llueven las saetas desde los jardines y las cuevas del barrio granadino. Pero este Cristo, a pesar de ser un Crucificado, tampoco es al que canta Machado. La Hermandad de los Gitanos de Granada fue fundada en 1939 y el poema, como hemos comentado, fue incluido y publicado en 1912 en la obra "Campos de Castilla".

La imagen por la que se inclina la mayoría como protagonista de “La Saeta”, tal vez por las múltiples leyendas e historias que le acompañan, es por el Crucificado sevillano: el Santísimo Cristo de la Expiración, conocido como “El Cachorro”, el “Moreno de Triana”, obra magnífica de Francisco Antonio Ruíz Girón que fue tallada en 1682.
Cachorro, quién pudiera
librarte de esta agonía, 
que si Triana pudiera
su vida, Señor, daría
para que Tú no murieras.


Cuenta la leyenda que, no encontrando la perfección que deseaba para la nueva obra encargada por la Hermandad de la Expiración, el escultor se inspiró en un suceso trágico ocurrido en Triana.

Paseando una noche por el barrio sevillano le llamaron la atención unos gritos. Se acercó al lugar y entre los faroles de los congregados, pudo ver a un hombre retorciéndose en la agonía que, alzando con dificultad la cabeza, dejaba escapar con trabajo los últimos estertores de una respiración convulsa, producto de varias cuchilladas en el pecho.

Aquel hombre moribundo era “el Cachorro”, un joven gitano, guitarrista, cantaor admirado, serio y taciturno, que decían tenía amores al otro lado del Guadalquivir con una dama casada. Ruiz Girón, mientras el gitano era auxiliado por los vecinos y a la luz amarillenta de los escasos candiles, dibujó en un papel el semblante agónico del gitano de Triana. En poco tiempo trasladó aquel boceto a la madera, consiguiendo en la talla del Cristo una auténtica expresión de agonía.

Cuando salió por primera vez la nueva imagen de la Hermandad a las calles de Triana el día de Viernes Santo de 1862, los trianeros al ver en la cruz al Cristo de la Expiración, profirieron gritos de admiración y sorpresa al reconocer en la fisonomía del Cristo al joven gitano asesinado: ¡Es el Cachorro!

No acaban aquí las curiosidades y leyendas que rodean a esta imagen tan conocida y venerada. Pero, posiblemente, Antonio Machado no pensó tampoco en “El Cachorro” sevillano ni en ninguna otra talla, en el momento de componer las conocidas estrofas de “La Saeta”. Lo único que deseaba describir el poeta en esos escasos versos, son las costumbres muy arraigadas de la Semana Santa en Andalucía, identificada muchas veces como tierra de gitanos, a la vez que manifiesta que ese no es su sentimiento religioso ni la manera debida de celebrar el cristianismo. Machado aboga por desterrar la sangre, el sufrimiento, la muerte, y centrarse en el hombre vivo y en sus enseñanzas.

Hoy, más arraigadas que nunca estas celebraciones, se viene utilizando, paradójicamente, una copla, un poema que, precisamente, reniega y excluye este tipo de representaciones. De esta manera, la interpretación de “La Saeta” en los desfiles procesionales, resulta un equívoco, un absurdo de intenciones que solo busca en los presentes un sentimentalismo fácil, sin reparar en la esencia y espíritu de los versos del poeta andaluz.

La Saeta (fragmento). Julio Romero de Torres (1918 - Colección Caja Sur).
- Album: "Dedicado a Antonio Machado, poeta" (1969 - Juan Manuel Serrat).
- Serrat.
La Saeta (fragmento). Julio Romero de Torres (1918 - Colección Caja Sur).
Nuestro Padre Jesús de la Salud. Sevilla. José Rodríguez, 1937. Sevilla.
Nuestro Padre Jesús del Gran Poder . Pedro de Mena, 1620. Sevilla.
Cristo de los Gitanos. José Risueño, s. XVII. Granada.
Santísimo Cristo de la Expiración, conocido como “El Cachorro”. Francisco Ruíz Girón, 1682. Sevilla.
Santísimo Cristo de la Expiración, detalle.
- Antonio Machado.