jueves, 11 de noviembre de 2010

Puertos de Verano


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El pasado otoño, tras la subida al Fontañan y la visita a su hayedo, "Andarines" prometió no dejar pasar el siguiente otoño sin volver a disfrutar de la belleza de otro de los hayedos existentes en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, a escasos kilómetros de la ciudad. Para ello, se preparó una nueva y completa jornada de convivencia que contase con una pequeña travesía por la cercana y sorprendente montaña leonesa, sin olvidar la admirable y valorada gastronomía de la zona.

El lugar elegido fue el Valle del río Casares que, como otros cauces (Rodiezmo, Valverdin, Olleros, etc), se abre paso de oeste a este entre los materiales más fáciles de erosionar. El curso de estas aguas crea angostos valles entre las cumbres más resistentes de la Cordillera, formadas especialmente por las moldeables calizas y cuarcitas, hasta su desembocadura en el río Bernesga, corriente que discurre de norte a sur de la provincia.

Dentro de este valle, como también ocurre en los demás, las corrientes de agua que desde el sur (zona de umbría) vierten sus aguas en el Casares, han ido conformando sorprendentes hoces o foces al traspasar sus laderas de calizas, en las que se asientan prodigiosos bosques, principalmente de hayas, abedules y robles, necesitados de un cierto grado de humedad para sobrevivir, y que rodean los afloramientos calizos conformando enclaves de una extraordinaria riqueza paisajística.

Por el contrario, en las laderas situadas al norte del valle, pero con las pendientes orientadas al sur, crecen, fijando sus raíces sobre la caliza completamente desnuda en donde apenas existe humedad, las sabinas o 200px-Natura2000.svgxinebros, árboles típicamente mediterráneos que aquí aprovechan durante todo el día el calor del sol, acrecentado por el que guarda y refleja la roca, encontrando así el espacio ideal para sobrevivir: calor y sequedad.

Esta sorprendente diferencia de vegetación dentro del mismo valle, en la que cada una de sus vertientes o laderas poseen unas condiciones ecológicas bien diferencias debido a su orientación, es lo que hace a este espacio único en España y en Europa. La importancia natural del Valle del río Casares, se manifiesta al figurar incluido dentro de la Red de Espacios Naturales de la Unión Europea (Red Natura 2000 - Red ecológica europea de áreas de conservación de la biodiversidad) por su altísimo valor natural y paisajístico, además de formar parte de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga como Zona Núcleo específica, declarada en 2005 por la UNESCO dentro del marco del programa MaB (Hombre y Biosfera). En un futuro está prevista su inclusión en la denominada Gran Reserva de la Biosfera Cantábrica.

UNESCO

La localidad seleccionada para el comienzo de la ruta será Cabornera, a 36 km. de León y a 1.018 m. de altitud, población perteneciente al municipio de Pola de Gordón. La elección no es casual, Cabornera es una de las poblaciones más importantes del valle y punto de inicio de una de las rutas de montaña más interesante de la zona: “Los puertos de verano”.

Hasta no hace mucho tiempo la ganadería ovina era la principal economía de la zona. Durante el invierno los rebaños se trasladaban a los páramos y riberas del sur de la provincia, mientras durante la temporada de estío, iniciado ya el mes de junio, volvían a lo que llamaban los “puertos de verano”: las alturas de la cara norte del valle; este corto periplo migratorio se le denomina "trashumancia de travesío". En los puertos, el ganado aprovechaba los prado1s que se mantenían frescos durante todo el verano y en el que los sonidos de las esquilas y cencerros, los poderosos mastines, los inquietos careas y la imagen de los típicos teitos de pastores, resultaban escenas cotidianas durante la canícula.

El día elegido para la travesía fue el pasado 23 de octubre. La mañana de otoño, desautorizando todas las previsiones, resultó espléndida, con una nitidez en el horizonte que permitía observar perfectamente todas las crestas calizas, que resaltaban sobre un espléndido cielo azul. Desde Cabornera, en la ribera del Casares, iniciamos el camino, la subida a “Los puertos de verano”. Teniendo como referencia la iglesia de San Cristóbal, nos dirigimos en dirección sur cruzando el puente que atraviesa el río, para tomar la pista que inicia el ascenso.

Desde el comienzo la inclinación es importante. El camino repleto de vegetación propia de ribera, coincide en algunos puntos con el Arroyo Fuente del Fraile, que en la población cuenta con una fuente del mismo nombre, muy conocida en la zona por sus aguas minerales ferruginosas, según dicen, beneficiosas para la salud.AA

Poco a poco nos adentramos, en permanente subida, en la Foz del Calero, una garganta caliza abierta por el cauce del arroyo que muestra un paisaje impresionante debido a los soberbios pliegues calizos en las laderas; algunas de ellas poseen perfectos ejemplos de lapiaces, grandes surcos producidos por el agua de escorrentía que ha afectado a la superficie caliza produciendo estas importantes oquedades tabicadas. En la falda de algunas de estas paredes observamos grandes canchales o pedreras producto del hielo y deshielo sucesivo, que fragmenta la caliza facilitando su desprendimiento y el posterior deslizamiento por los verticales desniveles.

Parte de la subida se realiza por un camino enlosado que figura como “camino romano” en algunas informaciones, pero que simplemente es u11n empedrado reciente que está preparado de esta manera para combatir las fuertes torrenteras y el barro que se origina por tan estrecho paso, del mismo modo que, un poco más adelante, existe un tramo del camino con una base de hormigón.

Después de aproximadamente una hora de camino y de haber recorrido, en constante pendiente, unos 3 km y haber dejado a la izquierda Peña Forcada (1.400 m.), llegamos al primer punto de la ruta, el Puerto de Fonfrea a 1.338 m. El paisaje se abre y desde allí descubrimos parte del camino de subida que recorre hacia el oeste las laderas del sur del valle hasta perderse en el horizonte. Ahora, fuera de la protección de las paredes calizas del Calero y cerca ya del mediodía, el sol comienza a molestar, forzando a arrinconar alguna que otra prenda de abrigo.

Después de franquear una cancilla para el ganado, continuamos en dirección al Puerto del Espineo por el cómodo camino ascendente, mientras a la derecha dejamos la pirámide del Arbalejos de 1.500 m., salpicado deMali con carlanca Notas campo y jardfin sabinas. En su falda el primer rebaño, en este caso de vacuno, guardado fielmente por unos cuantos mastines. Desde antiguo, el mastín leonés, por su carácter y tamaño, se ha empleado tradicionalmente para defender el ganado de los ataques del lobo.

Aún hoy, el mastín, con su carranca al cuello, sigue acompañando y cuidando los escasos rebaños que se mueven por estas montañas. Esta escasez de rebaños y de actividad pastoril, se comprueba fácilmente en los laterales de la pista invadidos ahora por helechos, retamas y otros matorrales, resultado del abandono paulatino de algunos pastizales o brañas. Estas especies arbustivas colonizan rápidamente las laderas cuando el ganado deja de alimentarse en ellas.

A 4 km. aproximadamente de la salida, coronamos el Puerto del Espineo a 1.360 m. de altura. Un panel explicativo revela y aclara la espléndida panorámica que se puede contemplar desde allí: al frente las laderas calizas ocupadas por solitarias sabinas, a nuestra izquierda, por la zona denominada Las Dueñas, un espléndido hayedo desciende desde lo alto, atraviesa el camino y se pierde en el fondo del profundo valle.

A la derecha de la pista, un vallado protege una parcela con un pequeño refugio. Su dueño, ha construido también un teito o palloza, habitáculo propio de los antiguos pastores con una base de piedras y un gran techo de cubierta vegetal, en este caso de grandes retamas. Un poco más adelante, al mismo borde del camino, una inesperada sorpresa que en este escenario de fantástica belleza, de hechizados bosques y de paisajes de hadas, no podían faltar: un muérdago, parasitando un pequeño roble, y un espléndido acebo.

Según ancestrales creencias, el muérdago fue traído a la Tierra por los dioses como mágica medicina y amuleto contra el mal. Es una planta ajena a la tierra y el cielo; sus raíces no tocan la tierra, pero tampoco se sostiene en el aire sin la ayuda de otro arbusto. Son los zorzales los que originan su curiosa expansión. Primero comen el fruto, para dejar posteriormente la semilla con sus excrementos en las aberturas de otros árboles. Los druidas (“hombres de robles”), veneraban aquél de los robles que tuviera muérdago, es decir el roblcabornera 043e en el que los dioses habían puesto su señal. Dicen, que un beso bajo el muérdago es el inicio de un nuevo amor o la continuidad eterna del actual.

Pero también el acebo posee su leyenda atávica. Solía llevarse a casa en los inviernos, en los meses “oscuros”, como protección contra el mal, y era costumbre que los bastones, los báculos sagrados, se confeccionaran con madera de acebo.

Llegamos al Puerto de Santa Cruz, a 1.477 m., donde hallamos una majada, un r17efugio en piedra y un abrevadero. Reponemos fuerzas en la pequeña braña donde pasta tranquilamente, ajena por completo a nuestra presencia, una pequeña yeguada, mientras otros aprovechan para subir a Las Carvas, a más de 1.600 m., unas impresionantes crestas calizas que rodean Santa Cruz.

La pista llega hasta la majada. Para continuar la ruta, hay que ir girando hacia el norte por un estrecho sendero que discurre entre enormes retamas. En los claros existentes, aparecen generosamente las mensajeras del otoño: las “quitameriendas” o azafrán silvestre, flores características de esta época en los altos pastizales, IMG_0411_1pero que también podemos encontrar en los prados meseteños. Junto a ellas algunos rosales silvestres o escaramujos, repletos de brillantes frutos rojos, y alguna que otra lengua de vaca, con sus bellas corolas violáceas.

Después de cruzar el curso del Arroyo Valdecuevas que nace en la zona, dejamos a nuestra izquierda la senda que lleva al Puerto de Meleros y nos adentramos por otro cauce, el que corresponde al Arroyo Fozescura, en este caso completamente seco. Este arroyo es el causante de la configuración de la Foz Escura, una impresionante y estrecha hoz, con altas paredes verticales y sorprendentes conos de derrubio.

Al inicio de la hoz, aparecen restos de cabañas construidas con el abundante material de las pedreras, que forman parte de una leyenda que circula por las tierras de Gordón. Se cuenta que, ya por el siglo X, existía una ermita y un poblado de pastores en la parte más baja del Puerto de Santa Cruz (la entrada de Foz Escura), que desapareció en extrañas circunstancias. Dicen, que fue una tremenda tormenta la que destruyó el asentamiento y provocó que todos los vecinos se desplazaran con sus enseres y ganado hacia el Valle del Casares; pero también atribuyen la desaparición de la aldea a la intervención de una serpiente que envenenó la harina del molino, acabando con una parte importante de sus habitantes.

La leyenda que alude al veneno y la harina, estaría más bien relacionada, no con serpientes, sino con el peligroso cornezuelo. En un momento determinado, no se sabe cuando, por ignorancia o influencia de la necesidad, debió molerse el centeno con cornezuelo, resultando una harina tóxica que envenenaría a parte de la población y produciría la huida al valle de los supervivientes.

Continuamos descendiendo con dificultad por el curso seco de la reguera. A los lados, grandes e inestables canchales, salpicados por incipiente vegetación, que hacen complicado el paso. Lentamente la hoz se abre y va surgiendo el asombroso hayedo atravesado por el serpenteante curso del arroyo. Como hemos contado en otras ocasiones, adentrarse en el interior de un hayedo es penetrar en un paisaje, en un mundo de fantasía. Su espectáculo de color, con tonalidades amarillas, marrones, rojizas, … la ausencia de luz directa, su alfombra de hojas doradas, la falta o trasformación de los sonidos o la quietud, que todo lo invade, ocasionan este ambiente encantado.

Pero el hayedo de Foz Escura todavía resulta más especial por su encajonamiento entre las calizas que afloran por todas partes, y permiten el crecimiento de extensos tapices de musgo y líquenes. Los salientes calizos forman mágicos rincones donde se esconden, junto a los troncos secos abatidos, los helechos amantes de la oscuridad y alguna que otra planta que consigue sobrevivir en el peculiar sotobosque que configura el hayedo, como los escaramujos y pequeños brotes de fresno, avellano o alisio. Como un milagro aparece en un recodo, junto al curso del torrente, una Hierba o Geranio de San Roberto, con su floración rosada de cinco pétalos.

Poco a poco las paredes de la hoz se van separando y el hayedo se abre hacia el valle. Surge ahora, como por encanto, el agua en el Arroyo Focescura, y los tallos de jóvenes robles y abedules disputan ahora el espacio a las hayas. Dejamos el arroyo por la derecha, subiendo unos metros para tomar una nueva pista que, después de adaptarse a los desniveles del terreno, nos llevará hacia el puente sobre el río Casares, frente a Paradilla de Gordón, donde finaliza la travesía.

Nuevamente, la ruta escogida por nuestra montaña ha resultado un éxito. Entre rosales silvestres con sus llamativos frutos, las grandes retamas y abundantes andrinos, cuyos frutos negro-azulados maduran en esta época, dirigimos una última mirada hacia atrás, hacia la Foz Escura, con su hayedo que, aun desde la distancia, atrae con sus vivos colores. Un premio a los sentidos en una espléndida mañana de otoño.

En Geras de Gordón, en el mismo Valle del Casares, se encuentra el restaurante emblemático de la zona: Entrepeñas, conocido por la calidad de sus embutidos curados especialmente gracias al particular clima de la zona. Unas patatas con congrio, unas carrilleras y una caldereta de cordero, hicieron el milagro y consiguieron la desaparición del cansancio; vino, postre y chupitos permitieron todo tipo de comentarios sobre las circunstancias de la travesía y, por supuesto, el compromiso y voluntad de “Andarines” de regresar el próximo otoño a la montaña leonesa.



- Fotografías: Jacinto, Coca y Mar ("Andarines" -TGSS e INSS León).
- Audio: You Tube - Enya: Cuento de hadas.
- Notas de Campo y Jardín - Mastines: Mali
- Mapa: Instituto Geográfico Nacional.





17 comentarios:

América dijo...

Audio,texto y fotografías me han hecho viajar por eso parajes tannnn bonitos,sin duda que un buen grupo con animo para disfrutar y compartir.
"Un premio a los sentidos en una espléndida mañana de otoño." Tierra Bendita.

Un fuerte abrazo.Preciosaaaaa melodía para ni irse de tu blog en buen rato.

fonsado dijo...

El otoño por aquí es algo especial. Gracias por el interés y el comentario, a pesar de la gran distancia y lo "doméstico" del asunto.
Otro abrazo para ti.

Leodegundia dijo...

Un recorrido fantástico por un lugar de una gran belleza, una suerte pertenecer a ese grupo "Andarines" que programa unas excursiones estupendas donde por lo que se ve se aúna la maravilla del paisaje y la camaradería de los componentes.
Fotos, texto y música para nota.
Buen día.

22jotas dijo...

Lo bueno, de FONSADO, es que leyendo sus notas, nos hace volver al lugar que tanto nos gustó, pero lo mejor, sin duda, son sus explicaciones que nos hacen conocer y disfrutar mas y mejor de nuestra tierra.

fonsado dijo...

Leodegundia: Seguro que hubieses realizado unas estupendas fotografías, como las que, de vez en cuando, muestras en alguna entrada.
Saludos.

22jotas: Creo realmente que lo más importante y decisivo es realizar el primer paso: preparar, convencer y gestionar el asunto. Contarlo es secundario.
Saludos.

Irma dijo...

Por un momento has conseguido que me perdiese por esos lares, por cierto precioso, gracias por compartirlo.

Lástima de lunes, que cruda se hace la realidad cuando empieza de lunes.

Besines utópicos, Irma.-

fonsado dijo...

Tienes razón, después de estos "paseos" en los que disfrutas cada minuto, es penoso volver a la realidad. Gracias por el comentario.
Otro beso para ti.

MAR dijo...

Otra ruta detallada para tener en cuenta. Escuchar la música de Enya es regresar al hayedo, como dice "22jotas" nos haces volver al lugar.
Esperan más rutas a los Andarines!!!

Andarin dijo...

Es un lujo ver esta entrada después del esfuerzo realizado por estos parajes. La subida, subida, subida y la bajada por la Focescura buscando el sitio para colocar el pie… pero tuvo su recompensa y además una sabrosa y la suculenta comida nos esperaba en el Entrepeñas.
Todo un placer leerte de nuevo, como dicen los andarines anteriores.
Enhorabuena!!!

J.Carlos dijo...

Como aficionado a la montaña y a descubrir los mil lugares maravillosos que esconde esta provincia, he disfrutado mucho con tu entrada; dan ganas de calzarse la botas y salir corriendo para apurar los últimos colores del otoño.
Saludos

Leodegundia dijo...

Las fotos que suelo hacer en mis excursiones van a parar casi todas a mi blog de la naturaleza, en el de Leodegundia aparecen muy pocas.
Buen fin de semana.

Sabor Añejo dijo...

Que recorrido más gratificante en cuanto a la vista, y más fructífero en todos los sentidos. Lo que daría yo por hacerlo...
Me ha sorprendido que a la flor del azafrán se le llame "quitameriendas".

Un abrazo

fonsado dijo...

Mar: ¿Más rutas? ¿Un "Belén? Habrá que prepararse.
Abrazos.

Andarín: No hay casi nada comparable con la belleza del hayedo en otoño ... Bueno sí, ¿las carrileras del Entrepeñas?
Saludos

fonsado dijo...

J.Carlos: Si de verdad te gusta la montaña y no conoces "Puertos", merece la pena que el próximo otoño (o en la primavera) te des una vuelta. Ya tienes un "plano" completo.
Saludos.

fonsado dijo...

Leodegundia: Conozco "Naturaleza maravillosa" y lo he facilitado a algunos del grupo interesados por la fotografía.
Un Abrazo Leo.

Sabor A.: Bueno ... ¿te aviso para la próxima?
Sobre la observación que haces sobre el azafrán, éste silvestre no se puede consumir, es muy tóxico.
Florece cuando el tiempo y la luz ya no permite "merendar" en el campo.
Saludos.

Silvia dijo...

Maravilloso viaje a lugares cercanos y espectaculares. Saludos

De Gordón dijo...

Una perfecta "guía" que promociona esta fantástica montaña, gracias.