jueves, 31 de diciembre de 2015

El muérdago o la rama dorada

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Junto con el acebo y la poinsettia, el muérdago se ha convertido en una de las plantas más características de la Navidad. Evidentemente, en la antigüedad su presencia no tenía nada que ver con las actuales celebraciones, pero ya era muy apreciada por favorecer la fertilidad, por sus numerosas propiedades medicinales, pero, sobre todo, por la mística que la rodeaba.

imageEl muérdago crece entre las ramas de los árboles, por lo que era considerado como la parte del árbol que se mantenía permanentemente viva, ya que, cuando caían sus hojas y los árboles se exponían descarnados, el muérdago conservaba su verdor en lo alto de las ramas. Se especulaba que la planta se alimentaba del aire y no de la tierra y que el árbol en el que se encontraba era elegido por los propios dioses.

Tanto la encina como el roble, designados científicamente como quercus, eran considerados en la vieja Europa como árboles mágicos por su poder para atraer el rayo, lo que les otorgaba un carácter divino, convirtiéndose en los árboles sagrados de Zeus, imageseñor del rayo, al que en las grandes celebraciones se le ofrecían coronas confeccionadas con estas ramas.

Al carácter divino de estos árboles, que reciben la bendición del cielo mediante el rayo, el hombre antiguo añade la presencia en ellos del que consideran fuego celestial: el muérdago. Esta manifestación ígnea de las encinas, pero sobre todo de los robles, hacía que los pueblos antiguos usaran preferentemente madera de estos últimos para encender fuego.

Por ello, la planta de muérdago, rodeada de leyendas y magia, era recogida de manera muy especial: había que pedirle permiso antes de cortarla, obligatoriamente debería utilizarse un utensilio de oro y realizarlo de un solo tajo cuando la luna tenía seis días; además no podía caer al suelo para asegurar su pureza.

besoSe pensaba que la planta ayudaba a superar enfermedades y proteger a las personas de los lémures o espíritus malignos, por lo que a principio del invierno, alrededor del solsticio, se repartía el muérdago sagrado para llevarlo al hogar. Allí protegería a la familia, aumentaría la fertilidad y la buena suerte para el nuevo año, además de conseguir o mantener el afecto en el seno del grupo y el amor de la personada deseada; de ahí la costumbre tan conocida de besarse bajo el muérdago.

Pero, sobre todo, el muérdago era símbolo de paz y cualquiera que se encontrase bajo su protección recibiría siempre manifestaciones de cariño. Por eso durante la Navidad el muérdago está presente en muchos hogares con el fin de iniciar el nuevo año con paz, felicidad, salud y amor.

imageLa visión y creencia popular de que resplandece en ciertos momentos con sobrenaturales brillos dorados, el muérdago se la ha identificado con la mitológica Rama Dorada. El pintor inglés J.W. Turner realiza en 1834 el conocido cuadro titulado La Rama Dorada (portada). Turner plasma en el lienzo el lago del bosque de Nemi, cercano a Roma, que era conocido como “Espejo de Diana”, en cuyo lado meridional se encontraba el santuario dedicado a la diosa. Para realizar el cuadro el artista se inspiró en el conocido poema de Virgilio, La Eneida, en el que el héroe troyano Eneas, para cumplir con el fantasma de su padre Anquises, llega a Cumas para consultar a la Sibila.

Eneas, por consejo de la Sibilia, deberá descender al Inframundo, siempre y cuando consiga entregar al barquero Caronte una rama de oro del árbol sagrado. En el cuadro se muestra a la Sibila de Cumas frente a las puertas del Infierno sosteniendo una hoz de oro y la rama recién cortada; al fondo las Parcas con su eterna danza, en medio de un idílico paisaje.

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En esta obra, la más conocida sobre el mito del troyano, no aparece Eneas, pero en otro cuadro realizado con anterioridad por Turner, Eneas y la Sibila en el lago, la pitonisa empuña una rama de muérdago que muestra directamente al héroe. También Jean Brueghel el Viejo recrea la misma historia en su obra, Eneas en el Hades, en el que descubrimos a la Sibila acompañando a Eneas al Infierno con la rama de muérdago en su mano derecha

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El cuadro de Turner (portada), sirve de título a la obra del antropólogo escocés James George Frazer, La Rama Dorada: un estudio de Magia y Religión. El libro  es una exhaustiva obra comparativa de mitología y religión, que se publicó por vez primera en 1890. La obra, conocida en todo el mundo y en permanente consulta, influyó en todo el pensamiento antropológico del s. XX, sirviendo como base a múltiples5251a68ab4057b4a101b3b884ff14a61aa33950db09abd25b35c5a320c7313f8 teorías y estudios. Si bien es verdad que el libro ha perdido fuerza, el estudio sigue vivo como muestra del inicio de la Antropología y como ejemplo de bellos elementos estéticos y, a la vez, inquietantes.

El estudio de Frazer trata de precisar las formas y elementos comunes de los distintos credos religiosos arcaicos, pero también de las religiones de estos últimos siglos, incluyendo el cristianismo. Toma como centro de su trabajo la certeza de que todas las antiguas religiones o mitologías giraban en torno al culto de la fertilidad, que siempre sucedía en torno a una muerte o un sacrificio periódico. 

Para tratar de explicarlo, recurre como protagonista a un monarca que habita en el mencionado bosque romano de Nemi, como reencarnación de un dios, y cuyo fin era morir y revivir posteriormente a semejanza de la “muerte o fin de las cosechas” y la “llegada invariable de la primavera”. En este “morir para volver a nacer”, está, como hemos visto, siempre presente el muérdago, la rama dorada.

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                                       ¡¡¡¡ FELIZ 2016 !!!!

- W. Turner: La Rama Dorada.
- Idem. Detalle Sibila
- Recogida del muérdago.
- Beso bajo el muérdago.
- W. Turner: Eneas y la Sibila.
- Idem. Detalle Sibila.
Jean Brueghel el Viejo: Eneas en el Hades.
- Idem. Detalle Sibilia.
- Muérdago.


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