viernes, 16 de junio de 2017

VALLE DE VALDEÓN

Son ya varias las veces que nos hemos acercado a Picos de Europa. Allí se concentran las figuras de protección de la Naturaleza más importantes de España: Parque Nacional, Reserva de la Biosfera y Parque Regional, formando un verdadero tesoro natural y, posiblemente, la más fantástica agrupación de montañas calizas de toda Europa, en donde viven el 90% de las especies de mamíferos terrestres del país y un importante porcentaje de reptiles, anfibios y aves. Asimismo, es el dominio del bosque atlántico mixto con múltiples especies como el haya, roble, serval, arce, abedul, castaño, tilo, fresno, etc. Pero, sobre todo y como tendremos ocasión de comprobar nuevamente, es el reino de los grandes bosques de haya y roble que se extienden por la umbría de la Cordillera.


El Parque Nacional de Picos de Europa se constituye en 1995, si bien su Macizo Occidental es ya declarado Parque Nacional por el rey Alfonso XIII en 1918, con la denominación de Parque de la Montaña de Covadonga. La cadena montañosa de los Picos de Europa se forma y surge en el centro de la propia Cordillera Cantábrica, que es mucho más antigua, diferenciándose y destacando por su constitución caliza que ha facilitado su modelado y actual aspecto como consecuencia de la fuerte erosión y glaciación del Cuaternario.

Aunque todo el paisaje del Parque Nacional resulta impresionante por sus grandes alturas, en su interior destacan tres cadenas montañosas bien diferenciadas con picos que sobrepasan los 2500 metros: al oeste el Macizo Occidental o Cornión, que se enmarca entre los ríos Sella y Cares y es el más extenso; los Urrieles o Macizo Central, entre los ríos Cares y Duje, el más vertical y agreste, y el Macizo Oriental, también llamado Macizo de Ándara, situado entre el Duje y el Deva, de menor extensión y de niveles muchos más suaves que los anteriores.


Popularmente se considera que los Picos de Europa están vinculados únicamente con Cantabria o Asturias. Mientras asturianos y cántabros durante el s. XX vendieron magníficamente el “producto Picos" y lo hicieron suyo, León se sumió en la desidia e indolencia. Ahora resulta difícil defender y divulgar que la provincia de León es la que posee la mayor extensión del Parque Nacional (casi el 40%), con parte del Cornión y los Urrieles, y las alturas más importantes y espectaculares de los tres Macizos: Torre Cerredo (compartida con Asturias), Peña Santa, Torre Llambrión, Tiro Tirso, Torre de Casiano de Prado y Torre Llastria, además de dos de los valles más interesantes: Sajambre y Valdeón.


El sábado 27 de mayo es el día elegido para volver Picos, pero en esta ocasión la ruta será por el Valle de Valdeón, para finalizar en Posada de Valdeón. La ruta se complementará con las visitas al Museo Etnográfico de Riaño por la tarde y, en la misma localidad, a la antigua iglesia de Nuestra Señora del Rosario, pequeño templo que perteneció a la localidad de La Puerta, que quedó bajo las aguas del pantano.

Partimos a primera hora desde León hacia el noroeste de la provincia, haciendo una parada, siempre obligada, en Riaño. El paisaje desde el autocar hacia la montaña siempre resulta interesante. Son patentes los estragos que ha realizado en la vegetación las fuertes y tardías heladas, hasta 10º bajo cero, que durante unos días del mes de mayo castigaron todos los brotes de frutos, hojas y flores. Solo se deja ver una tímida floración en las retamas y, desgraciadamente, el desastre que estas bajas temperaturas produjeron en muchos árboles, sobre todo en los nogales, completamente ennegrecidos. Así todo, no faltó la imagen de los grandes chopos colonizados por el mágico muérdago.

Riaño siempre es un espectáculo. Un tímido sol se abre paso entre las nubes que colonizan el impresionante circo calizo que rodea la población y que se refleja en las tranquilas aguas del pantano. Tras el café de rigor, continuamos ruta hasta entrar en el Parque Nacional por el Puerto de Panderruedas, a 1450m. de altura. Este puerto de montaña, paso natural que divide los valles leoneses de Sajambre y Valdeón, ya era utilizado por los romanos como lugar estratégico en su largo asedio y conquista del norte peninsular.

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Desde el Puerto de Panderruedas iniciaremos la ruta hacia Posada de Valdeón, pero antes nos desviaremos para disfrutar del cercano Mirador de Piedrashitas. Pasadas las 10 de la mañana, desde la pequeña área de aparcamiento del Puerto, cruzamos la pradería, habilitada para el esparcimiento y disfrute del entorno, en dirección norte. 

A escasos metros, un bosque de hayas y grandes robles flanquean el camino hasta alcanzar el Mirador, una balconada de cemento y escaso gusto, a 1500 metros de altura, que se abre de manera espectacular sobre el Valle de Valdeón, entre el Macizo Occidental y el Macizo Central. Desde allí se divisan las más cercanas e importantes elevaciones calizas del Cornión y los Urrieles, todas alturas leonesas. De derecha a izquierda: Torre Diego Mella, Torre Delgado y Torre Peñalba; en el centro, Torre de Salinas, Torre del Friero y Torre Ciega; más cercanas, a la izquierda, ya en el Cornión: Torre Bermeja, los Moledizos y Peña Santa.

El Mirador fue inaugurado por Franco el 22 de mayo de 1967 y, aparte de los dos hormigonados poliedros, tiene una escultura de hierro, el “espigón silbante” que, según cuentan, hace silbar al viento con distintos sonidos según la dirección desde donde sople (http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-1273/1486310/).


De vuelta al Puerto de Panderruedas hay que tomar la ruta señalada como PR11, una pista destinada exclusivamente a uso agrícola y del Parque Nacional, que deja a la izquierda la carretera y se dirige hacia el valle hoyado por el río Cares.

La PR11 se interna en las laderas boscosas que bajan hacia Vega Lluero, en la zona de Porciles. Es el perfil clásico del bosque atlántico que, en su parte alta, está conformado únicamente por hayas. Como hemos comentado otras veces, adentrarse en un hayedo es penetrar en un mundo de fantasía. Las calizas afloran por todas partes cubiertas de musgo y líquenes formando mágicos rincones, bodegones de color, junto con los troncos retorcidos de las hayas. La belleza de los hayedos hace todavía más significativo el llamado “baño de bosque” (Shinrin-joku), confirmando que pasear por este hayedo activa las partes del cerebro relacionadas con la empatía, el placer y la emoción.

A medida que descendemos las hayas van siendo acompañadas por otras especies como abedules, acebos y robles, pero también por el sotobosque repleto de escaramujos y pequeños brotes de fresno, avellano o aliso. En cada revuelta los torrentes atraviesan la pista y se alejan rápidos hacia el fondo del valle, haciéndose hueco entre rocas y troncos.

En una de estas revueltas atravesamos el emblemático río Cares, que traza la geografía del Valle de Valdeón. Nace en las cercanías del Puerto de Panderruedas, a 1600 m. de altitud, en las estribaciones del Pico Gildar. Por el lugar en que lo cruzamos mantiene un perfil todavía de arroyo, aunque ya apunta maneras.

Tras un pequeño tramo de carretera, por la zona conocida como El Curriello, y siguiendo el cauce por la derecha del Cares, aparece a lo lejos la localidad de Capdevilla de Valdeón. Fuimos testigos, a escasos metros, del cruce de una parte a otra de la carretera de una solitaria hembra adulta de corzo que nos impresionó por su potencia, velocidad y enormes saltos.

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Capdevilla, primer pueblo del Valle, se encuentra atrapado en el pequeño espacio entre la montaña y el río. Capdevilla de Valdeón ha sabido mantener su encanto popular, conservando alguna de sus casas tradicionales con su sencillo corredor de madera y sus grandes portones, los típicos y enormes cobertizos, llamados en la zona portaladas, pero , sobre todo, por el cuidado y conservación de sus hórreos.

Uno de los elementos más singulares de la arquitectura del Valle de Valdeón son sus hórreos. Su estructura ofrece una gran variabilidad en formas y componentes, detalles o motivos decorativos, que demuestran la enorme implantación que debieron tener en la zona. Construcciones con formas parecidas ya debían existir en tiempo de los romanos, que los denominaban “graneros suspendidos sobre el suelo”, ya que en ellos se guardaba la cosecha, el grano o los despieces de la matanza, preservándolos así de la humedad y los roedores. El hórreo es considerado por la mayoría de la gente como una construcción arquitectónica de origen asturiano o gallego. Pero históricamente el hórreo es tan leonés como el que más y se debe conservar y potenciar.

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No hay dos hórreos iguales, cada uno es único y responda a las necesidades y posibilidades de la familia que lo manda construir y del estilo de los artesanos que los levantan. Los hórreos han formado parte del paisaje de la Montaña de Riaño desde hace cientos de años. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada de finales del siglo XVIII, los ejemplares en la comarca de Riaño superaban los mil ejemplares. Actualmente su número ronda los 140 y en esta localidad en concreto se conservan trece.

Dejamos Capdevilla tras cruzar el Cares, para continuar en dirección a Soto, donde encontraremos hórreos todavía más antiguos. Antes pasaremos por un antiguo molino de piedra y la bella iglesia de San Pedro Advíncula (encadenado) que comparte Capdevilla y Soto. También disfrutaremos de una curiosa representación de algunos de los árboles tradicionales del Valle, como el fresno, asociado a la actividad ganadera y que era plantado en las cercas de los prados como divisoria y para que sus hojas alimentaran el ganado. Con sus ramas más gruesas se realizaban colleras, mangos de apero y algunas partes de los carros.

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También el tilo era primordial en la zona. Árbol imponente de hasta 30 metros de altura, que puede llegar a vivir 1000 años. Aparte de su apreciada flor para infusiones, su madera blanda, ligera y fácil de trabajar era muy utilizada para los necesarios aperos de labranza.

Soto de Valdeón, como hemos dicho, posee los hórreos más antiguos y más numerosos (17) construidos a dos aguas, planta rectangular, cubierta de teja y con los tablones colocados en sentido horizontal. Antiguamente las techumbres eran de paja de centeno, como se aprecia en algunas fotografías de hórreos de mediados del siglo XX (http://reinolvidado.blogspot.com.es/2006/11/el-horreo.html).

IMG_1042El camino continua hasta Posada de Valdeón, que es el municipio del Valle y donde reside también la Junta Vecinal del Real Concejo de Valdeón. Fue también capital del Concejo Medieval de Valdeón, formado por las poblaciones de Los Llanos, Prada, Cordiñanes, Soto y Caldevilla. Se encuentra en el corazón del Valle y es una población que mantiene asimismo muchas de su arquitectura tradicional: diez hórreos y casas balconadas.

En Posada finaliza nuestra ruta, que ha transcurrido con un tiempo excelente para caminar. Han sido 11 kilómetros intensos disfrutando del paisaje que, en Picos de Europa, nunca deja de asombrar con su exuberante vegetación y las grandes calizas dominándolo todo. Si la Naturaleza se muestra aquí pródiga, no menos interesante es la mano del hombre actuando sabiamente con la vegetación y los recursos pero, sobreIMG_1058 todo, con sus tradiciones y cultura popular que trata de perpetuar en la memoria colectiva, creando y cuidando una arquitectura curiosa y exclusiva, recreando, como luego veremos en el Museo de Riaño, costumbres, artesanía, oficios, modo de vida, etc. Antes del regreso, en Casa Abascal de Posada, disfrutamos de una muy recomendable comida.

De vuelta a León, parada programada nuevamente en Riaño para visitar el Museo Etnográfico y la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Desde el año 2004 el Museo Etnográfico de Riaño, patrocinado por el Ayuntamiento, viene desarrollando un destacado trabajo de recopilación y estudio de piezas arqueológicas, históricas y etnológicas de la Montaña Oriental. El Museo se sitúa en un edifico anejo a la iglesia parroquial y cuenta con piezas que van desde la Prehistoria hasta la actualidad cultural más reciente.

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Es de señalar la composición de escenas con figuras que recrean oficios y tradiciones: representaciones de la vida del pueblo vadiniense, trabajos artesanos o relacionados con el campo y la ganadería, pero también la educación, las costumbres religiosas y la vida cotidiana. Destaca la representación de la “Casa de Tía Genoveva”, una de las típicas “casas de humo”, viviendas tradicionales, llamada así porque la falta de salida de humos ennegrecía de hollín paredes y techos.

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Impresionante resulta la Capilla del Monumento de Semana Santa, prácticamente desaparecidos en la provincia. Suele estar formada por lienzos escalonados y pintados que tratan de imitar una arquitectura lujosa. Se colocaba ante el altar los días de Jueves, Viernes y Sábado Santo, teniendo como centro el sagrario. En este Museo de Riaño, con representaciones arquitectónicas, se incorpora en el frontal la Última Cena, custodiada por las figuras de dos soldados romanos.

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La iglesia de Nuestra Señora del Rosario se encuentra en Riaño desde 1987. Era la iglesia parroquial de la localidad de La Puerta, pueblo anegado por la construcción del embalse, siendo desmontada y trasladada a esta nueva ubicación. Es una construcción románica, entre los siglos XIII-XIV, y su gran interés reside en sus pinturas góticas que cubren todo el ábside de la cabecera, muy originales y en un estado excelente de conservación. Resultó interesante conocer el descubrimiento de estas pinturas y el método empleado para su traslado al nuevo emplazamiento.

Ha sido un largo día, pero siempre merece la pena volver a Picos de Europa. Como final, reivindicar nuevamente la zona leonesa de Picos. Como ya hemos señalado casi el 40% del territorio del Parque Nacional pertenece a León, mientras es Asturias y Cantabria quienes publicitan y monopolizan la “posesión” exclusiva de Picos de Europa.


jueves, 8 de junio de 2017

NATALICIO DEL ÁGUILA 2017


Muerte de Nerón y entrada de la LEGIO VII en Roma a las órdenes de Galba.
Fragmento de QUO VADIS (Warner Bros)
Resulta una circunstancia inusual conocer la fecha oficial de la fundación de una legión romana: la LEGIO VII GEMINA. Las inscripciones que lo certifican están labradas en dos estelas de mármol fechadas en los años 163 y 184 dC., procedentes de la localidad de Villalís de la Valduerna, población que se encuentra a 48 km. al suroeste de la capital leonesa. Las lápidas se encontraban incrustadas en los muros de su iglesia parroquial, y en su texto conmemoran el “Natalicio del Águila”, el "ob natalem aquilae", la entrega de las enseñas militares a la Legio VII (http://www.fonsado.com/la-entrega-de-las-águilas.html).

Este hecho sucedió en la ciudad de Clunia (Burgos) el IIII idus iunias, el 10 de junio del 68 dC., hace ahora 1949 años, en el cuartel general del, por aquel entonces, gobernador de la Hispania Tarraconensis: Servio Sulpicio Galba.

No se encuentran antecedentes de la creación o fundación de la legión en los textos históricos, pero si en estos dos textos epigráficos que ya fueron mencionados en el siglo XVIII por el historiógrafo italiano Ludovico Antonio Muratori que, parece ser, las recogió de un antiguo documento anónimo.

Estas estelas, que se consideraron perdidas, fueron de nuevo descubiertas por D. Manuel Gómez-Moreno a principios del s. XX en la iglesia de Villalís. El hallazgo fue publicado por el propio historiador en el Boletín de la Real Academia de la Historia en el año 1909. Gómez-Moreno describe brevemente su visita a la localidad leonesa en donde, incrustadas en las esquinas de su iglesia parroquial y a unos tres metros sobre el suelo, se encontraban seis estelas de mármol blanco.

Dos de aquellas conmemoran el “natalicio del águila” de la Legión VII Gemina y Felix, es decir, el día en que fue creado este cuerpo militar por Galba: el 10 de junio del año 68 dC.

Sobre la estela fechada en el año 163, Gómez-Moreno comenta lo siguiente: “Existe en el ángulo NO de la iglesia, tendida y llena de líquenes y musgo, que se albergan en la huella de las letras. Es un pedestal con sencillas molduras, de 1,16 metros de alto, 0,42 de ancho y 0,22 de grueso; miden sus letras 35 milímetros, disminuyendo en las dos últimas líneas, y son de tipo bastante clásico”.

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Transcripción:

“A Júpiter Óptimo Máximo. Por la salud de Marco Aurelio Antonino y de Lucio Aurelio Vero, Augustos, en el aniversario del natalicio del águila (enseña militar), (lo erigió) el destacamento de la legión VII Gémina Feliz, bajo el mando de Licinio Paterno, centurión de la misma legión, y de Hermes, procurador (de las minas), liberto imperial (de los Augustos), y de Lucrecio Paterno, decurión de la cohorte I de los celtíberos, y de Fabio Marciano, beneficiario del procurador imperial, y de Julio Juliano, portaenseña de la misma legión. En el día 4 antes de los idus de junio (día 10 de junio), siendo cónsules Leliano y Pastor”.

En cuanto a la estela fechada en el 184 dC., el historiador señala lo siguiente en su artículo: “En el ángulo NE de la sacristía. Remata en un frontispicio, con rudas molduras y algo como estrías en ellas. Alto, 1,06 metros; ancho, 0,50; alto, 0,20. Inscripción borrosa y desgarbada, cuyas letras decrecen de 4 a 3 centímetros. Grabados al margen, quizá dos cintos con phalerae y un varal entre ellos.”

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Transcripción:

“A Júpiter Óptimo Máximo. Por la salud de Marco Aurelio Cómodo Antonino Augusto, en el aniversario del natalicio del águila el destacamento de la legión VII Gemina Feliz bajo el mando de Aurelio Eutyches, liberto imperial procurador (de las minas), y de Valerio Semproniano, decurión del ala II Flavia. 4 días antes de los idus de junio (10 de junio) siendo cónsules Marulio y Eliano (año 184)”.

En ambas epigrafías, que se fechan el 10 de junio, se conmemora el aniversario del nacimiento (entrega) de la enseña militar (el águila) de la Legio VII Gemina por parte de dos unidades de la legión: la I Cohorte de los celtíberos y el Ala II Flavia.

La Legio VII, en aquel momento con el sobrenombre de Galbiana, formada íntegramente con legionarios hispanos, se levanta en armas contra Nerón marchando a las órdenes de Galba hacia Roma en el año 68, consiguiendo imponer, aunque efímeramente, a su general como emperador del Imperio.




Junto con la VII Claudia participó con victoria en la batalla de Bedriacum en el 69, y desempeñó un importante papel en la toma de las murallas de Cremona donde se dice que realizó un importante ataque en cuña para forzar la entrada.

La creación de la Legio VII, no debe confundirse con la fundación de la ciudad de León. El asentamiento debe su origen a otra fuerza militar, la Legio VI Victrix, que con posterioridad a las campañas contra los territorios norteños, será la fuerza militar romana que primero se instalará en el solar leonés.

Según el historiador Tácito, la Legio VII ayudó posteriormente a entronizar a Vespasiano como emperador. En ese tiempo tuvo numerosas bajas, dando lugar a que el propio Vespasiano la combinara con otra, concretamente con la Legio XVIII, creando así la Legio VII Gemina.

En el 74 Vespasiano la traslada a Hispania, instalándose definitivamente en el antiguo campamento de la Victrix, en el interfluvio de los ríos Torío y Bernesga. Ahí se encontraba todavía en torno al 230 dC. durante el reinado de Severo Alejandro. Después del s III no existe constancia de su estancia en el solar leonés. Será con posterioridad cuando la población, que residía a extramuros del campamento, ocupe el espacio interior de la muralla y surja lentamente la ciudad que hoy conocemos.



jueves, 18 de mayo de 2017

LEÓN: el paraíso natural




España se ha convertido en el país con más Reservas de la Biosfera del mundo por delante de Estados Unidos, una vez realizada la última actualización de la UNESCO (Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura), Organismo responsable de este sistema de espacios naturales protegidos. Con un total de 48 espacios protegidos la superficie de la Red Española de Reservas de la Biosfera (RERB) supone casi el 11% de la superficie total de España, en la que residen cerca de dos millones de habitantes.

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Las denominadas Reservas de la Biosfera son territorios designados por la UNESCO en el contexto del Programa MAB (Hombre y Biosfera), que tiene como objetivo tratar de armonizar la conservación del medio y sus recursos naturales con el bienestar de la población que lo ocupa. Estas áreas protegidas deben cumplir las funciones de conservación, desarrollo, ayuda y apoyo logístico, como son: conservación del ecosistema, paisajes y especies; el fomento de un desarrollo económico y humano sostenible teniendo en cuenta el hábito sociocultural y ecológico. Asimismo, deberá facilitarse apoyo a proyectos de educación e investigación sobre conservación y desarrollo sostenible.

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Con un total de 48 espacios protegidos, España, como hemos señalado, es actualmente líder mundial en Reservas de la Biosfera. De todas estas, 7 de ellas corresponden a la provincia de León, haciendo de los 15.000 kilómetros cuadrados de la provincia leonesa el espacio con mayor concentración de Reservas de la Biosfera de España y del mundo: PICOS DE EUROPA, VALLE DE LACIANA, BABIA, VALLES DE OMAÑA Y LUNA, ALTO BERNESGA, LOS ARGÜELLOS Y ANCARES LEONESES.

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PICOS DE EUROPA. Es Reserva de la Biosfera desde 2003. En Picos de Europa se concentran las figuras de protección más importantes de España: Parque Nacional, Reserva de la Biosfera y Parque Regional. Forman un verdadero tesoro natural y, posiblemente, la más fantástica agrupación de montañas calizas de toda Europa.

Casi el 40% del Parque Nacional y de la Reserva de la Biosfera pertenecen a la provincia de León, formada por dos valles principales Valdeón y Sajambre. En Picos viven el 90% de las especies de los mamíferos terrestres del país y un importante porcentaje de anfibios, reptiles y aves.

Es el dominio del bosque cantábrico mixto con múltiples especies, como el serval, arce, abedul, castaño, tilo, fresno, etc. Pero sobre todo destacan los extensos bosques de roble y haya que se extienden en la umbría de la Cordillera, al pie de los macizos.


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VALLE DE LACIANA. También seleccionada como Reserva de la Biosfera desde el año 2003. Este Valle leonés se encuentra rodeado por un circo de cumbres que rondan los 2000 m. de altitud, en donde predominan los pastizales de alta montaña y numerosas especies arbóreas, entre las que sobresalen el manzano, fresno, roble y haya. Es una zona de vital importancia para la conservación del urogallo, la liebre piornal y, sobre todo, el oso pardo.

Esta Reserva de la Biosfera resulta única por su modelo tradicional en la gestión de los pastos y en el uso y conservación de razas locales de ganado bovino y vacuno. Asimismo, destacar su particular arquitectura, influenciada por la actividad ganadera y la existencia de edificaciones ancestrales para almacenar grano: el hórreo. Esta construcción, que tan conocida es en Galicia y Asturias, pasa completamente desapercibida en la montaña leonesa.

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BABIA. Esta comarca es declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en el año 2004 por su importante flora y fauna. De tradición pastoril, su señal de identidad es la trashumancia. En sus puertos de montaña durante el verano se pueden ver vacas, caballos de raza hispano-bretona, cabras pirenaicas, ovejas merinas y las, casi desaparecidas, ovejas casinas. Por las alturas se deja ver el oso pardo y en sus ríos reside una rica variedad de especies que convierte a esta zona en un auténtico paraíso para los pescadores.

La flora de Babia es muy semejante a la que existe en las otras Reservas leonesas. Destacan dos especies exclusivas de las praderías de este territorio: la centaurea babiana y la rompepiedras babiana.

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VALLES DE OMAÑA Y LUNA. Declarada en 2005, es la Reserva de la Biosfera más extensa de León. Forma frontera entre la zona atlántica y la zona mediterránea, lo que supone una gran riqueza cultural y natural al encontrarse en medio de estas dos zonas climáticas.

Su paisaje es el resultado de un sistema agropecuario formado en la Edad Media que se mantuvo hasta mediados del s. XX. Este sistema suponía que cada población contaba con tierras propias de cultivo, además de abundantes pastizales para el ganado y grandes masas forestales para el autoabastecimiento de madera. Estos bosques son los elementos principales que definen y hacen singular esta Reserva, con importantes bosques caducifolios de abedulares y robles melojos, únicos en España. Una auténtica joya del cuaternario es el Sabinar de Mirantes, formado por ejemplares que han enraizado sin problemas en las laderas calizas.

La fauna es, asimismo, importante. En estos valles se encuentra fácilmente la liebre de piornal, la perdiz pardilla o el curioso desmán de los Pirineos. Pero también marca la frontera septentrional de algunas especies en peligro de extinción, como el urogallo y el oso pardo.

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ALTO BERNESGA.  Esta Reservada de la Biosfera es una de las regiones de Europa más interesantes desde el punto de vista geológico, geomorfológico y botánico. Declarada en el 2005, esta Reserva es tierra de transición entre el clima atlántico y mediterráneo, entre el bosque mediterráneo y el caducifolio. Es el río Bernesga y sus importantes afluentes, quienes se disponen por los valles y abonan con sus aguas las grandes extensiones de robles, encinas, abedules y hayas, donde no faltan tampoco las sabinas.

Esta abundante cubierta vegetal proporciona seguridad a especies como el urogallo, el oso y el lobo, y en sus aguas no es difícil encontrar al desmán de los Pirineos y nutrias, que en sus recorridos llegan a veces muy cerca de la capital. En este territorio es importante también la ganadería y el pastoreo de altuira, dando lugar a la existencia de brañas con sus típicas cabañas.

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LOS ARGÜELLOS. También data del 2005 la declaración de Reserva de la Biosfera a este territorio leonés, que se concentra en los valles del nacimiento del Bernesga, Torío y Curueño.

En la declaración de la UNESCO se argumenta que los Argüellos en un ejemplo de ecosistema de montaña cantábrico, en el que los escasos recursos han sido aprovechados por la población desde hace siglos, configurando un paisaje singular de gran valor estético con elementos de interés científico. En esto han contribuido los procesos kársticos de la zona, que han formado espectaculares cuevas y desfiladeros: Llamazares, Barredo, Valporquero, Vegacervera y Valdeteja. Esto no es impedimento para que existan en la zona bellos hayedos, así como bosques de robles melojos y enebros.
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ANCARES LEONESES.  Se encuentra al noroeste de la provincia y es la última Reserva leonesa declarada en el año 2006. Los Ancares son un cúmulo de diversidad biológica efecto de la confluencia al sur del clima mediterráneo cálido y seco, con las brumas y lluvias cantábricas del norte. Este choque de climas, supone que acebos, robles y abedules coexistan con alcornoques y madroños y castaños.

También el oso se deja ver en los Ancares, junto con grandes rapaces y más de doscientas especies de vertebrados. Es un territorio de gran riqueza botánica, faunísta y cultural, que sus habitantes han conservado extraordinariamente. Las actividades tradicionales como la ganadería o la arquitectura tradicional (pallozas), hacen del paisaje de los Ancares leoneses, un espacio único y de gran valor.

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A estas 7 Reservas de la Biosfera hay que añadir que la provincia de León cuenta con 17 zonas ZEC (Zonas Especiales de Conservación), territorios con especies de animales o vegetales representativos de un determinado ecosistema, y 14 zonas ZEPA (Zona Especial Protección Aves), ambos programas pertenecientes al programa Natura 2000 de la Unión Europea (red ecológica europea de áreas de conservación de la biodiversidad), cuya finalidad es asegurar la supervivencia a largo plazo de las especies y sus tipos de hábitat, siendo los principales imagesinstrumentos para la conservación de la naturaleza que establecen las directivas de la Unión Europea.

Todos estos datos hacen de León un verdadero “Paraíso Natural" a nivel mundial, que resulta prácticamente desconocido para los leoneses y para el resto de España. Son muchas las comunidades, regiones o provincias que tratan de mostrar y publicitar sus cualidades paisajísticas y naturales inigualables: Galicia, Cantabria, Valencia, Asturias, … Ésta última usa precisamente el eslogan de: “Paraíso Natural”, y se atribuye y arroga, igual que Cantabria, el protagonismo del Parque Natural de Picos de Europa, mientras que la provincia de León es la posee más superficie, prácticamente el 40%, dato apenas conocido ni divulgado.

Como podemos comprobar, la incompetencia e ineptitud de nuestros representantes es absoluta en la promoción y desarrollo de nuestro patrimonio natural (no hablemos del cultural y artístico, que es un auténtico desastre). A esto hay que añadir la inapreciable “ayuda” que presta la Junta de Castilla y León promocionando actualmente los “espacios naturales” de Castilla y León, sin reseñar ni mencionar que León, una de sus provincias, posee la mayor concentración de Reservas de la Biosfera de España y del mundo. Todo un despropósito. Así nos va.



martes, 18 de abril de 2017

Cañón de la Horadada y Las Tuerces


En varias ocasiones se comentó la posibilidad de acercarse a la vecina provincia de Palencia con el fin de visitar Las Tuerces, un peculiar enclave paisajístico resultado de un largo proceso kárstico que forma un auténtico laberinto de grandes bloques rocosos con formas caprichosas.

aEste espacio se encuentra en la parte nororiental de la provincia palentina, encajado en el denominado “Geoparque de Las Loras” que se encuentra a la espera de que la UNESCO lo incluya en la red mundial de geoparques, territorios que cuentan con una trama de lugares de gran importancia geológica, además de etnográfica y cultural.

Si bien el Monumento Natural de Las Tuerces sería el principal objetivo de la visita, el viaje se completará con un recorrido por el Cañón de la Horadada, un desfiladero formado por el curso del río Pisuerga al penetrar por los páramos calizos en los que se abrirá paso a lo largo del tiempo, creando un recorrido sinuoso y encajonado entre roquedos y del que forma parte la meseta donde se asientan Las Tuerces.

cropped-logo-naranja-tx1Aprovechando también el desplazamiento a esa zona de Palencia y muy cerca de estos dos milagros geológicos, se visitarán dos muestras excepcionales de la arquitectura medieval: la iglesia románica de Santa María de Mave, que fue parte integrante de un monasterio benedictino, y el eremitorio rupestre de los Santos Justo y Pastor.

Animados por el tiempo espléndido de los últimos días del invierno, el sábado 25 de marzo, recién estrenada la primavera, nos dirigimos a primera hora de la mañana desde León hacia Palencia. Después de un café en carretera, el primer destino será la localidad de Santa María de Mave, donde se ubica la iglesia dedicada a Santa María.

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Esta pequeña localidad se encuentra en la margen izquierda del Pisuerga. El pequeño caserío nos recibe con un día gris y ligera nevada (nada de lo esperado). Allí se asienta el antiguo Monasterio Benedictino de Santa María la Real de Mave, declarado Monumento Histórico Artístico en 1931.

Aún se conserva gran parte del edificio monacal, hoy convertido en hotel (Hotel El Convento de Mave), que no es posible visitar al no haber comenzado aún la temporada turística. Sin embargo, la iglesia románica es visitable gracias a que existe un encargado de abrir el templo a los visitantes que, previo pago, lo soliciten.

La iglesia, de inicios del s. XIII, no se encuentra exenta. Forma, junto con el cuerpo principal del monasterio (Hotel) y otras dependencias ahora de utilización exclusiva de la hospedería, un gran conjunto rectangular. En su lado norte se abre una entrada o atrio que conduce directamente a la que fue el primitivo acceso a la iglesia. Sobre esa portada se sitúa el hastial con ventana geminada y espadaña rectangular con dos vanos ojivales para las campanas. Esta entrada se cerró al exterior en el s. XVI, lo que supuso que la erosión actuara vigorosamente durante cuatro siglos ocultando la parte baja de la portada, como vemos en alguna fotografía antigua.

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La excavación realizada para descubrir el zócalo donde se apoyan las dieciséis columnillas, supuso descubrir la completa belleza de la portada, ligeramente apuntada y adelantada al muro, con cuatro arquivoltas que se apean en cuatro parejas de columnas con capiteles vegetales. De las cuatro arquivoltas, la interior y la tercera presentan unas originales líneas de dientes de sierra. Esta decoración, de origen normando, tan presente en las portadas de nuestro románico, encierra, según algunos expertos, un valor simbólico. Los zigzagueadoIMGP0462s y dientes de sierra, sugerirían la fuerza purificadora de las aguas y los altibajos continuos que supone la progresión espiritual.

En el atrio se encuentran expuestas varias rejas con volutas dobles contrapuestas. Es un tipo de forja muy difundido en los templos románicos del Camino de Santiago. Las que se exponen en Mave son prácticamente idénticas a las que adornan las ventanas de la portada de la Iglesia de Nuestra Señora del Mercado de León que datan del s. XII. Las de SRejas Leónanta María de Mave, con seguridad del mismo siglo, cubrieron posiblemente los vanos de los tres ábsides que posee la cabecera de la iglesia.

En la desnudez de las tres naves con las que cuenta el templo, destaca la bella talla de un crucificado, datado en el siglo XVI, y una hermosa escultura de pequeño tamaño de una Virgen sedente con el Niño en el regazo.

No vamos a detallar los pormenores arquitectónicos del templo que se encuentran en multitud de publicaciones. Sólo señalar, a título personal, que Santa María de Mave posee un románico auténtico que sorprende por los colores de sus grandes sillares de arenisca que cuentan con unas sorprendentes tonalidades rojizas, amarillentas y grises. Estos vivos colores combinan espléndidamente con las pesadas y mágicas formas del románico, produciendo un estallido visual único que hermana espléndidamente la espiritualidad y el arte.

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Tras la visita del templo románico, nos trasladamos en autobús hasta la cercana localidad de Mave. Durante el corto viaje, llama nuestra atención cuatro construcciones cúbicas con tejado prácticamente plano, y situadas irregularmente muy cerca de la carretera. Parecen cuatro torres de defensa realizadas con cantos rodados cementados y pequeños sillares en las esquinas, con puerta y ventana en DSC06228un lateral. Después conocimos que se trataba de edificaciones destinadas a instalar molinos de viento, construidas por el Marqués de Huidobro con el fin de trasladar el agua del cercano Pisuerga a sus propiedades.

Mave nos recibe con una débil pero constante nevada. Será desde allí desde donde iniciaremos una pequeña marcha de 7 kilómetros hasta Las Tuerces. Atravesamos su caserío siguiendo las indicaciones de la ruta y, tras cruzar una carretera secundaria que conduce a La Rebolleda, se continua por una pista que deja a la izquierda el río Pisuerga, rio que nace varios kilómetros más al norte, en plena montaña palentina. La senda, flanqueada por una alta chopera, conduce en pocos metros a los edificios de una antigua fábrica de harina construida en el s. XIX que aprovechaba la energía producida por un salto de agua cimentado sobre el río. Esta fábrica harinera se convirtió a principios del siglo XX en la empresa “Hidroeléctrica de La Horadada, S.A.”, que proporcionó energía eléctrica a varios pueblos de la zona.

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Dejando a la izquierda las instalaciones industriales, bordeamos su pequeña valla rústica de color verde que ofrece una imagen curiosa al mostrarse plenamente colonizada por el parásito conocido como barbas de capuchino. Un poco más adelante, la humedad convierte el lugar en una zona donde gobierna la hiedra que invade completamente los cercados de piedra seca, en donde el abundante musgo hace “florecer” las piedras.

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El camino se va estrechando según ascendemos y nos acercamos a las paredes calizas, único camino accesible, ya que el cañón queda ahora únicamente reservado al Pisuerga y a la vía del tren. Hay que ceñirse al farallón rocoso por una estrecha senda que cuenta con un par de vueltas labradas artificialmente en la roca, hasta llegar al túnel de La Horadada, verdadero capricho geológico, conocido como Cueva del Gitano, que permite salvar cómodamente la muralla rocosa que permite el paso hacia el páramo.


Desde la entrada y la salida de la galería se tienen magníficas panorámicas del encajamiento fluvial del río Pisuerga, aunque la constante nieve quite la nitidez necesaria para contemplar con detalle las vistas. Desde allí se observa como el río se ha encajonado al encontrar en su recorrido materiales resistentes a la erosión, excavando, a través de miles de años, un cañón de aproximadamente 3 Km, conformando enormes farallones verticales en sus riberas.

Aunque la temperatura no resulta desagradable, la nieve nos sigue acompañando por la ruta que, poco a poco, deja atrás el cañón y se adentra por el páramo, donde se aprecian algunas zonas de cultivo dominadas por la elevada meseta de Las Tuerces que, a nuestra derecha, se muestra difuminada por la nevada.

La senda, ahora desprotegida de vegetación y roca, se vuelve más complicada por la nieve que no cesa de caer. Los pequeños copos de nieve se enredan en los arbustos, aun descarnados, transformándose en pequeñas gotas de agua que cuelgan en permanente equilibrio en muchas de sus ramas. Un solitario y pequeño arbusto de jara, con su incipiente floración blanca cubierta de agua y hielo, destaca en medio del macilento páramo.


El sendero se trasforma en pista agrícola, que lleva directamente a Villaescusa de las Torres, localidad prácticamente a los pies de Las Tuerces. La nieve convierte el camino en un auténtico barrizal, mientras lentamente nos acercamos a la población donde un cartel anunciador, situado junto a la Fuente de San Pedro, señala la subida hacia lo alto de la meseta. La ascensión, aunque algo costosa por la fuerte pendiente y la permanente nevada, discurre por lugares verdaderamente curiosos.

Estos escasos 200 m de desnivel, conocidos como “la escalera del tiempo”, nos sitúan en cada tramo a unas distancias geológicas difícilmente comprensibles. Son 30 minutos de subida pero millones de años los que ha constado conformar todo este paisaje espectacular que nos rodea hasta llegar a lo alto de la meseta, a Las Tuerces. James Hutton, geólogo ingles del s. XVII, en su obra Teoría de la Tierra, indicaba: “Desde la cima de las montañas, hasta el fondo del mar, cada cosa está en constante cambio. En la Tierra, algunas cosas crecen y otras decaen. En alguna parte del mundo se destruye y en otras se construye. ¿Cuál es el factor por el que no lo percibimos? Es el tiempo.”

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La nevada arrecia. El suelo comienza tornarse blanco. En un pequeño cobijo aparecen algunos narcisos abatidos por el hielo que comienza a cubrirlos. Se llega a la meseta, directamente a un refugio que apenas permite un completo resguardo. Es el momento de cerrar paraguas, sacudir chubasqueros y reponer fuerzas, algunos con un milagroso chocolate caliente.

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El conjunto de Las Tuerces, compuesto prácticamente de materiales de naturaleza calcárea, constituye un relieve amesetado que culmina en una superficie prácticamente plana. Es ahí donde se encuentra un caos de formas pétreas que forman una pequeña ciudad encantada: callejones, monolitos, cornisas, cárcavas, agujeros, puentes, etc… Algunas f18muy nombradas, como el Perro sentado, la Tuta, el Beso… La más representativa es la formación conocida como la Mesa, una “seta” monolítica y solitaria coronada por una cruz, que resulta ser el auténtico emblema del Monumento Natural.

El paseo por la meseta resultó breve. La nieve, cada vez más intensa, cubrió rápidamente el lugar. La búsqueda de una foto con un fantástico monolito de fondo, un menhir natural, supuso que no se encontrara fácilmente el camino de regreso al haberse cubierto por la nieve los senderos por donde habíamos llegado. Fueron momentos de ansiedad que, afortunadamente, no duraron demasiado.

El regreso a Villaescusa de las Torres resultó muy rápido. Desde allí un corto viaje en autobús hasta Aguilar de Campoo para comer en el Restaurante Valentín. Lugar recomendable por su rapidez y servicio.

H15Para completar el día, quedaba pendiente la visita a la cercana localidad de Olleros de Pisuerga, donde se encuentra la que es considerada la ermita rupestre más significativa de España: la iglesia de los Santos Justo y Pastor (se cree que son la cristianización de los paganos Cástor y Pólux). Excavada en un promontorio de arenisca alejado unos metros del núcleo de la localidad de Olleros, la iglesia se encuentra asociada a una necrópolis rupestre con sepulturas antropomórficas, manteniendo una torre campanario exenta y alejada.

Una moderna rampa nos lleva directamente al atrio de la iglesia. Desde allí se accede a un pórtico de forma cúbica con dos columnas donde se apoyan las vigas de madera que componen la cubierta. La portada actual realizada con sillares de arenisca adosados a la piedra presenta arco de medio punto. Rematando el conjunto existe una pequeña espadaña de factura moderna con una sola abertura para albergar una campaña.

Como relata el guía (Abel), que hace de entusiasmado “cicerone”, desde el s. VII menudeaban en la montaña palentina varios eremitorios rupestres. Con el tiempo algunos desaparecieron pero en otros casos, como en este de Olleros, el fervor popular construyó-excavó una auténtica “catedral rupestre” a base de horadar la roca arenisca.

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El complejo de los Santos Justo y Pastor, trata de imitar los volúmenes típicos del románico. Sus dos naves con sus dos pequeñas capillas absidiales, poseen bóveda tallada en forma de cañón apuntado, simulando sostenerse por arcos fajones inexistentes tallados en la roca natural. Como elementos sustentantes se disponen cuatro soportes que dividen las dos naves, pero son meramente decorativos, igual que las bóvedas, porque la roca excavada se sostiene sola. A los pies, cercano al sencillo coro, un pilar labrado directamente en la roca; de las tres columnas restantes, dos de ellas insertadas, la que se encuentra en la cabecera está tallada en la misma piedra. Más que una obra de arquitectura, la iglesia es una escultura.

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La iluminación de las naves se realiza mediante aberturas en la pared que da al exterior, inhabitualmente al este. En el lado de la Epístola se abre una estrecha galería, utilizada actualmente como sacristía. Al otro lado, en la parte del Evangelio, se descubrió en el pasado siglo otra estancia sin iluminación natural que parece ser fue la capilla principal en origen y lugar de enterramientos.

El mobiliario resulta escaso, pero muy interesante. Un retablo del s. XVI con las imágenes de los santos titulares; un Cristo crucificado del XVII sobre el altar mayor y un púlpito de madera policromada. Destaca en un pequeño arcosolio una figura de medio cuerpo del Padre Eterno, datada en el s. XVI.

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Alejada de los espectaculares y más perceptibles edificios religiosos, la ermita rupestre de los Santos Justo y Pastor nos conduce a un tiempo muy anterior a los grandes constructores. El templo nos muestra un mundo distinto de religiosidad y penitencia. Un mundo impenetrable y enigmático capaz de ejecutar una joya arquitectónica como ésta, que rezuma misterio, arte y espiritualidad, al margen por completo de cualquier creencia.

Dejamos la ermita al caer la tarde. Ha dejado de nevar y se abren algunos claros en el cielo, pero es el momento de regresar.