jueves, 31 de agosto de 2017

Cataluña: EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS

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El prestigioso historiador José Luís Corral ha opinado recientemente sobre los acontecimientos históricos: “Las cosas han cambiado mucho, pero siguen existiendo demasiados intereses políticos que intervienen en la distorsión de los hechos históricos y a comienzos del siglo XXI se sigue haciendo presentismo con la historia; es decir, se proyecta una idea política del presente en el pasado aunque para ello sea preciso alterarlo y adulterarlo hasta el ridículo”.

Ejemplo claro de esta barbarie son los separatistas catalanes: políticos, intelectuales, artistas, periodistas, etc., todos bien engrasados con dinero público, que con sus falsedades y mentiras han abducido a una parte de la sociedad de Cataluña.

En Cataluña se adiestra y se repite constantemente cuales han sido los tres momentos críticos para la supervivencia de la “nación catalana” desde  1714. Vean la locura histórica que manejan estos individuos: “la Guerra de Sucesión en Europa (1707-1714), para ellos Secesión, la napoleónica Campaña de España -o Guerra del Francés- (1808-1814) y la Guerra Civil española -o Guerra del Español- (1936-1939)”. Interesante.

Estamos ante una perfecta y medida falsificación histórica promovida y financiada por un entramado político corrupto (demostrado hasta la saciedad) que únicamente trata de acomodarse y perpetuarse en el poder más exclusivo, dividiendo a la sociedad catalana a base de engaños, mentiras e ilusiones planetarias.

Don Próspero

Esta sarta de mentiras, engaños e invenciones ya viene de lejos. Uno de los primeros iluminados, más bien traumatizados catalanes por falta de historia y protagonismo, es Próspero de Bofarull i Mascaró, barcelonés y director del Archivo de la Corona de Aragón (sí, Aragón). Este individuo a mediados del siglo XIX reescribió y suprimió los nombres y apellidos de navarros, aragoneses y castellanos del “Libro de los Repartimientos del Reino de Valencia”, con el fin de destacar los nombres catalanes en la conquista del reino de Valencia por el rey aragonés Jaime I en 1238. En los años 80 del siglo pasado un historiador y filólogo catalán (posteriormente defenestrado), desenmascaró al archivero y denunció su actividad que daba todo el protagonismo a los catalanes en la conquista del reino valenciano. Por aquellas fechas, curiosamente, desapareció del Archivo el testamento de Jaime I, que establecía claramente las fronteras de los reinos de Aragón, Mallorca, Valencia y EL CONDADO DE BARCELONA. Que casualidad.

No podemos olvidar al que puede ser considerado el primer tramposo-mentiroso escritor-historiador catalán del XVII, Juan Gaspar Roig i Jalpí. Este individuo escribió el “Libro de los hechos de armas de Cataluña”, asegurando que era copia de un volumen de primeros del s. XV donde se narraban, de primera mano, los sucesos “guerreros y conquistadores” de los catalanes. Esta gran libro-mentira, descubierta también a mitad del siglo XX, es considerado todavía (en Cataluña, claro), pieza clave de la literatura medieval catalana y fuente indiscutible de su historia a través de los siglos. Todo invención, todo mentira. Esta es la VERDADERA RAZA CATALANA.

La raza catalanaResulta inexplicable como la sociedad catalana, dirigida por este grupo de iluminados, se lanza a un expansionismo cultural, histórico y territorial sin ningún pudor, manipulando, inventando, adecuando o apropiándose de historia y cultura ajena, con el propósito de contar con una plataforma que de respaldo histórico a sus delirantes pretensiones que, cobardemente (no podía ser de otra manera), pretenden un “golpe de estado”.

Lo grotesco del asunto, es que no existe ni patria de 1000 años, ni héroes independentistas, ni reino, ni siquiera un himno íntegro, sin manipular, ni una bandera propia… ni tan siquiera el idioma, ya que lo que ahora es catalán, todavía en el siglo XIX era denominado por los propios lingüistas catalanes como limousin (de la ciudad francesa de Limoges, un dialecto del provenzal u occitano), y hasta 1913 no se fijaron las normas ortográficas que pusieron fin a decenios de disputas para escribirlo (por cierto, suprimieron la letra ñ ¿?).

Prácticamente todo es usurpado, inexacto o inventado. Cataluña es un gigantesco trampantojo. Y como ejemplo y a vista de todos, es su artificial y “reciente” arquitectura medieval, visitada como ejemplo constructivo por miles de turistas que quedan admirados de la grandiosidad de sus edificios antiguos. Pero todo es un gran parque temático: catedral, barrio gótico con su conocido puentecito, Monasterio de Ripoll, Casa Canónigos, Palacio Pignateli, Palacio Berenguer, etc.

Actualmente, centenares de turistas recorren cada día el barrio gótico de Barcelona, un gran éxito económico sostenido sobre una gran mentira. El movimiento cultural catalanista del XIX, denominado Renaixenca, buscó sin cesar el “pasado glorioso” de Cataluña, entre el que se debía encontrar un patrimonio histórico-artístico que nunca existió. Previamente, se fijaron en el Monasterio de Ripoll, que por aquellas fechas se encontraba en completa ruina, abandonado y que era utilizado como cantera de materiales, para dar una base sólida a su gran mentira. A finales del s. XIX se realizó una obra prácticamente nueva, de estilo “románico”, donde enterraron a sus condes y se efectuaron continuamente celebraciones y exaltaciones de la “nación catalana”. Desde entonces, Ripoll significa para estos la prueba inequívoca de la existencia de un pasado y una grandeza artística-cultural propia.

Ripoll 1

Seguidamente, y al no poder edificaciones características con marchamo catalán, se las inventaron. Puig i Cadafalch, arquitecto, historiador del arte y político, diseñó un modelo a la carta de arquitectura medieval típicamente catalana, separándose, por supuesto, de cualquier parecido a la francesa o castellana con el fin de diferenciarse claramente de los demás y dejando bien descrito como deberían ser las construcciones, hasta aquel momento inexistentes.

Según el espabilado arquitecto la “casa catalana” debe de ser: “la obra arquitectónica que más refleje la manera de ser del pueblo (…). La casa siempre es el arte nacional surgido de la propia tierra”. Y así la describe: “Un gran portal de medio punto en la planta baja, ventanas coronellas (altas, estrechas, partidas por columnas) en la planta noble, y el último piso se remata con una galería porticada y una torre en un ángulo”. Sin despeinarse.

Plantilla casa catalana

En su demencia nacionalista, afirmó que la arquitectura catalana se había paralizado en el siglo XV cuando Aragón se unificó con Castilla, y animaba a continuar a partir de aquel momento con el proyecto histórico de la nación ¿?, recuperando el estado original de todas los restos de casas catalanas que existían, y negando la evolución histórica natural de la Edad Media que tenía ante sus Puente elevado Barrio Góticoojos. En resumen, los 400 años anteriores había que olvidarlos y construir (inventarse) la historia y el arte de Cataluña durante esos más de cuatro siglos.

Con esa plantilla fantaseada, arquitectos posteriores realizaron numerosas rehabilitaciones, mejor dicho, reinvenciones, comenzando por inventarse un barrio medieval en la ciudad: el “barrio gótico”. Ojo al tema: se reconstruyeron casas enteras, se derribaron otras, se intercambiaron fachadas, se inventaron puentes elevados, se trasladaron columnas, se abrieron galerías y ventanas, se reorientaron edificios, … apenas nada es original. Es el “barrio que nunca existió” y de “gótico” … nada, de la primera mitad del siglo pasado (Ver detalle en: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-371.htm). De esta manera, se crea poco a poco el parque temático del barrió gótico, del que, por supuesto, también forma parte su conocida catedral.

Finales XIX y 1913

Catedral Barcelona

A finales del siglo XIX, la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia de Barcelona, ofrecía un aspecto paupérrimo, desolador, risible y sin estilo definido (este era el ejemplo de su “brillante” arquitectura medieval). Esto no se podía tolerar, no se ajustaba a la historia que necesitaban. Antes de comienzos del s. XX, se le superpuso una fachada gótica y varios años después se añadió un cimborrio, dando como resultado un “espléndido templo gótico milenario” donde actualmente se agolpan los turistas-incautos para disfrutar de esta “joya arquitectónica”, y en la que los fines de semana se puede contemplar grupos de vecinos frente a su portada danzando al son de las populares sardanas.

Este baile tan venerado por el nacionalismo, que lo considera ancestral, no se perfila hasta el siglo XIX como música y baile único del folclore catalán. Pero esto no ha sido siempre así. Los bailes más típicos catalanes fueron una primitiva sardana, pero también la jota y el “españolito”. Como en la arquitectura, los regionalistas “depuraron” las danzas que contaban con puntos en común con las del resto de España, promocionando una nueva sardana y anulando y negando el resto de danzas tradicionales, haciendo de la primera el genuino y único “baile catalán”. El creador de la sardana moderna, tal como hoy la conocemos, fue Pep Ventura a mediados del XIX, inspirándose en la ópera y en la zarzuela. Por cierto, este músico se llamaba en realidad José María Ventura Casas y había nacido en Jaén. Todo muy “ancestral”·.

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La locura de estos golpistas, muchos de ellos completamente asilvestrados, no tiene límites. Llegan a afirmar que la catalanidad tiene sus orígenes en la tradición helena gracias a los griegos llegados a Ampurias en el s. VI a C. Estos griegos no llegaron directamente desde Grecia, sino que se trasladaron desde la cercana colonia de Marsalia (Marsella).

Según estos fenóm enos esta tradición helénica: “… ha estado siempre presente y consciente en nuestra nación, y ha marcado el talante de nuestra historia como base democrática y tolerante, versus el origen del derecho romano de los españoles y franceses, de tradición impositiva y siempre cercana a la inquisitoria Iglesia de Roma.” “Así pues, el espíritu griego de democracia impregnó los esplendorosos siglos X al XV en todo el Casal catalán (la corona Catalana y Occitania) con la creación de movimientos e instituciones como “Paz y Tregua” (siglo XI) o las “Cortes Catalanas” (1192). Y este pensamiento animó a la Renaixenca catalana en el s. XIX (setecientos años después) como recuperación a través del arte de los orígenes helénicos de la nación.”.

De esta manera nos enteramos que, después de transcurridos 25 siglos, los valores y el espíritu heleno que impregnaron el Mediterráneo, se encuentran únicamente refugiados y depositados en los hombres y mujeres catalanes (Véase familia Puyol y 3%), al haber caído todas las distintas civilizaciones mediterráneas en poder del mundo musulmán, cristiano o bajo el imperio arbitrario del derecho romano. Así nos enteramos que Cataluña y los catalanes, siempre han estado aislados de estas “dañinas” influencias.


Próxima la gran pantomima (diada 2017), en la que se conmemora la rendición de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 en manos del duque de Berwick al servicio borbónico, conviene saber que este “transcendental hecho histórico” se conmemora solamente desde el año 1980. 

Destacar que no es cierto que Cataluña fuese un estado soberano en 1714. Es mentira. Era un territorio español con algunas instituciones propias, como en cualquier otro lugar de la Europa del Antiguo Régimen, y parte constituyente de la Corona de Aragón, es decir, de España. No es cierto que se tratase de una guerra entre catalanes y españoles, sino entre partidarios de dos candidatos al trono de España. No es cierto que su famoso 11 de septiembre combatieran castellanos contra catalanes, pues había castellanos defendiendo Barcelona del mismo modo que el ejército borbón contaba con miles de catalanes. NADA ES CIERTO.

Por supuesto, los golpistas fijan este día como el fin de la nación catalana ¿?, pero la verdad es realmente otra. En la Guerra de Sucesión española fue la oligarquía soberbia, ambiciosa e ignorante de Barcelona de principios del XVIII, la que decidió entrar en la guerra únicamente para conseguir beneficios territoriales y económicos (¿os suena?). Gracias a la decisión de sus “dirigentes”, Cataluña fue arrasada y convertida en un campo de batalla durante 10 años, simplemente con la esperanza de que esta pandilla pudiera consequir para su único beneficio alguna merced en el caso de que triunfara el pretendiente austriaco. En la actualidad, los herederos de aquella fatal decisión, “niegan” lo ocurrido y lo trasformando la realidad, la auténtica verdad del suceso.

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Aquella fue una guerra de Sucesión (no secesión, como aseguran), donde los vencedores borbónicos tenían catalanes en sus filas y los defensores de Barcelona luchaban por “nosotros y por toda la nación española” y, según el manifiesto promulgado y leído al pueblo barcelonés en aquellos trágicos días, con la intención de: “Salvar la libertad del Principado y de toda España; evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de españoles bajo el dominio francés; derramar la sangre gloriosamente por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España”.

Josep Pla, escritor y periodista catalán (1897-1981), inexplicablemente medalla de oro de la Generalidad, reclamaba una nueva generación de historiadores catalanes que fueran fieles a la verdad: “¿Tendremos algún día en Cataluña una auténtica y objetiva Historia? ¿Cuándo tendremos una Historia que no contenga las memeces de las historias puramente románticas que van saliendo?”.

Como vemos, su arquitectura, su arte, su historia, sus bailes, su idioma, sus conmemoraciones, … TODO, TODO ES FALSO, TODO ES MENTIRA. Cataluña es el “PAÍS DE NUNCA JAMÁS”, es el “país mágico” de James Matthew Barrie.



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