jueves, 6 de agosto de 2020

Diana: La Virgen de Agosto


Entramos en el mes de agosto, un mes lleno de cambios. Es el momento en que la mayoría de las cosechas llegan a su término y la tierra ofrece y regala sus últimos frutos. Es el mes en el que comienza a notarse tristemente el cambio de ciclo: la luz nos abandona cada vez más temprano, haciendo los días más cortos.

Agosto es el mes en el que el mundo católico y ortodoxo celebra la denominada: “Assumptio Mariae Virginis (Asunción de la Virgen María). Es la fiesta de La Asunción, o como se conoce popularmente, la “Virgen de Agosto”, en el que la Virgen María es "ascendida" al cielo en cuerpo y alma.

Esta historia no es casual. El 13 de agosto el mundo pagano celebraba una gran festividad que era consagrada a la Virgen Diana, diosa, entre otras cosas, de la fertilidad y la naturaleza. Tocada con una diadema en forma de media luna creciente, era la guardiana de las montañas y reina de los bosques, teniendo sus santuarios cerca de manantiales, montañas y ríos .

Su figura y culto fueron muy importante en la Península pero también en todo el mundo romano, ya que la ferviente adoración por Diana llega a mencionarse hasta en la Biblia, en el que se recuerda el “motín de Éfeso”, la revuelta que se produce en la citada ciudad debido a las predicaciones de San Pablo en contra de los dioses locales (Hechos de los Apóstoles, 19,23)

“… sino también de que sea tenido en nada el templo de la gran Diana y de que sea despojada de la majestad aquella a quien venera toda Asia y el orbe entero. Al oír esto se llenaron de ira, y se pusieron a gritar: “¡Grande es la Diana de los efesios!”. 


Curioso resulta que fue en el Concilio de Éfeso, en el 431, donde se oficializó el culto a María.

El culto a Diana fue una de las grandes festividades del mundo romano que el cristianismo no lograba derrotar. La Iglesia, con un leve cambio de fecha, pasando su festividad del 13 al 15 de agosto, convirtió la tradicional fiesta de la Virgen Diana en la festividad de la Asunción de la Virgen María, la asunción al cielo de la madre virgen de Cristo, que, de esta manera, absorbe el resultado de una serie de cultos matriarcales ancestrales que se pierden en el tiempo.


Diana cazadora. Guillermo Seignac.
Diana. Alexandre J. Chartron.
Diana cazadora. Michelena.
Asunción de la Virgen. Murillo.
 

sábado, 25 de julio de 2020

Santiago, Capitán General de las Españas


“Hundí, efectivamente, la mano en el guante de piedra que otras manos habían abierto. Era, por el roce, más alabastro que mármol: un tobogán exiguo y resbaladizo para que los dedos palpasen la ultratumba. Desde la metafísica del fuste, pero sin modificar su yerta superficie, me trepaba un calor que imaginé energía allí acumulada por los peregrinos. ... Pero conozco y jamás olvidaré el diáfano desenlace de la aventura. Mejor dicho: lo que entonces recibí, lo que aquellos minutos me restituyeron. Algo que tal vez nunca tuve: señas de identidad. No he vuelto a perderlas.” (Fernando Sánchez Dragó, “Gárgoris y Habidis”). 

Hoy día de Santiago Apóstol, debemos recordar el ritual obligado como final al largo tránsito de la aventura que supone recorrer cualquiera de las rutas hacia Santiago de Compostela. Allí los peregrinos funden su mano en la piedra, entierran sus dedos en el parteluz del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago, en el Árbol de Jesé, dejando allí parte de la esencia del viaje y recogiendo el testimonio de millones de caminantes que, en aquellos cinco huecos, han dejado desde antiguo parte de su espíritu. 

Muchos kilómetros atrás, en la ciudad de León, los viajeros del Camino, en ceremonia semejante, aunque más sencilla y poco conocida, remedan la misma escena. En la jamba central izquierda de la Portada del Juicio Final, en el Pórtico Occidental de nuestra catedral, entre San Juan y San Pedro, se encontraba la talla del Apóstol Santiago antes de su traslado al interior del templo para su restauración. 

La figura del Apóstol de España no se representa con la cruz abacial de doble travesaño, como primer arzobispo de España; ni con la espada envainada, en memoria de su martirio, como en Reims, Chartres y Amiens, o desnuda, como en Nôtre Dame de París. En la catedral de León, Santiago es peregrino y cubre su cabeza con el sombrero de fieltro y ala ancha, adornado con venera, que se recoge con cordón y que era usado con habitualidad en el Medievo. De aspecto amable y bondadoso, sostenía en su mano derecha el bordón de romero, de peregrino, que el tiempo y el hombre han hecho desaparecer; de su lado izquierdo cuelga un pequeño y típico zurrón, con venera. 

Este discreto lugar, actualmente poco o nada frecuentado, ha sido durante siglos punto de referencia de miles de peregrinos que en su camino se han acercado a la catedral, y han dejando su huella visible en el desgaste del pilar, del fuste central que sostiene al Apóstol. Con el paso del tiempo, la pequeña columna ha ido moldeándose por las caricias de muchas manos y el roce piadoso de medallas, cruces y objetos queridos, que buscaban y buscan la energía, la tradición, el aliento del santo, el poder y la magia que emerge de la catedral o, tal vez, el vigor y el ánimo de viajeros anteriores. 


Esta costumbre, aparentemente simple, forma parte de los cuantiosos mitos, prácticas y tradiciones que conforman el Camino de Santiago, peregrinación cuya existencia no hay que buscarla en la tumba del Apóstol ni en la ciudad donde se encuentra, sino en los mismos orígenes de la religiosidad humana: Sol y Tierra. El caminar hacia el oeste es una marcha constante hacia la puesta del Sol; hacia el lugar donde el Sol, fuente de vida, muere. Es el encuentro personal con la muerte en una tierra en donde aún persiste una atmósfera atemporal. 

La magia, la atracción, la esencia de lo que es y simboliza la Ruta Jacobea, el Camino de Santiago Apóstol, hay que buscarla en el significado de su origen primitivo, en su afán ancestral de la búsqueda de identidad, del conocimiento. Hay que buscarla en el contacto permanente y directo con la tierra, en los caminos que se transitan, en los parajes, pueblos y ciudades que se cruzan, en sus gentes, en sus templos; en los pequeños ritos y costumbres ancestrales que, como la caricia del fuste que sostiene a Santiago Peregrino en la catedral de León, se suceden a lo largo del trayecto.

El Reino de León protagonista de esta tradición. El 1 de agosto de 1170, con el patrocinio del rey leonés Fernando II, se funda la Orden de Santiago, en principio con el fin de defender la frontera de la extremadura del Reino leonés frente a las posibles incursiones musulmanas. 

Las conquistas leonesas, entre las que se encontraban la ciudad de Cáceres (Qasrish), son confiadas a la Orden que desde el 31 de enero de 1171 se sitúa bajo la advocación y patrocinio del apóstol Santiago que, a pesar de que actualmente se pretende vincular exclusivamente a un ámbito extremadamente localista, su culto y promoción fue desde sus inicios obra de los reyes asturianos y, más tarde, de sus herederos los monarcas del Reino de León, que protegieron y divulgaron la devoción al santo por toda la Península, que llegará a ser Patrón y Capitán General de las Españas. 

El Reino de León, y la Orden Militar de Santiago que implanta, protege y difunde por toda España, tendrán un protagonismo especial durante toda la Reconquista, llegando hasta el episodio que pone fin a la invasión y expansionismo musulmán iniciado en el siglo VIII desde el norte de África: la rendición de Granada. Pero eso es otra historia.


                                                  San Marcos (León) - (foto Artehistoria)

                                                                                                                                                 

domingo, 5 de julio de 2020

Aniversario del Museo Arqueológico Nacional (MAN)

Tal día como hoy en 1895 la reina regente de España María Cistina inauguró oficialmente la nueva y definitiva sede del Museo Arqueológico Nacional en la calle Serrano de Madrid, en los locales del Palacio de Biblioteca y Museo Nacional, que albergaba también la Biblioteca Nacional y el Museo de Arte Moderno.

En aquella fecha y como novedad museográfica en esta nueva sede, destaca la recreación de ambientes mediante la llamativa  decoración pictórica de las salas con estilo y motivos relacionados con la temática de las colecciones expuestas. Así mismo se recurrió al uso de reproducciones, vaciados y maquetas con fines didácticos.

Hace unos años dedicamos una entrada a la historia particular del MAN, que reproducimos a continuación, incluyendo las incautaciones que se hicieron el León por el Estado para aumentar los fondo museísticos.


"A mediados del siglo XIX se fraguaba en Madrid, por parte del gobierno central, la creación de un Museo Nacional de Antigüedades donde se instalasen definitivamente las piezas de arte más sobresalientes del país, con el fin de salvarlas del “abandono” que habían provocado las distintas desamortizaciones.

Primera piedra_thumb[1]

Administrativamente, el Museo se creó mediante Real Decreto de Isabel II de 20 de marzo de 1867, hace ahora 150 años, siendo ministro de hacienda y Fomento Manuel Orovio Echagüe. Unos meses despuésMonlau_thumb[3] se nombró su primer director, Pedro Felipe Monlau, instalándose, como sede provisional, en el palacete conocido como Casino de la Reina, ya que, el que sería su centro definitivo el Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales, se encontraba en plena construcción.

Aquella primera exposición en el Casino de la Reina reflejaba la filosofía y el criterio decimonónico de exhibir todos los fondos existentes. En la escasa superficie del edificio, se aglutinaron las colecciones de piezas prehistóricas, junto a muestras de arte antiguo, de la Edad Media y Moderna, además de colecciones sobre etnografía, numismática y patrimonio de distintos países. Era la primera vez que en España se mostraba y abría al público una exposición con tal variedad de piezas y objetos de tal enorme arco cultural y cronológico.

Monetario. Casino de la Reina_thumb[1]

La ciudad de León no fue ajena a la creación de esta Institución. Dos años después de su creación administrativa, concretamente el 9 de diciembre de 1869, siendo regente del reino tras la revolución, Francisco Serrano y Domínguez, se personaron en la ciudad el secretario del Museo, un vocal de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos, junto con un representante del Gobierno Civil de la provincia, procediendo a incautar en la Basílica de San Isidoro y posteriormente trasladar a Madrid para que formaran parte de los fondos del recién creado Museo, una serie de objetos artísticos.

casino de la reina_thumb[2]

Las confiscaciones leonesas incluyeron un códice del s. XIV, un óleo sobre tabla, seis cofres, cajas o arcas de diferentes periodos, entre las que sobresalía un arca de ágata y plata del s. XI, y por supuesto, el magnífico y conocido crucifijo románico de marfil, que Fernando I y su esposa Sancha regalaron a la Basílica. De esta manera, se ejecutó uno de los saqueos de arte más significativos de la ciudad de León. En la entrada de 27-01-2013, fonsado / 9 de diciembre de 1869: Incautaciones en San Isidoro (http://www.fonsado.com/2013/01/la-incautacion-de-obras-de-san-isidoro.html), se detallan cumplidamente toda esta relación de objetos incautados.

MANF51967_P-3_thumb4_thumb1

MANF50867_SEQ_022_P_thumb1_thumb2dIBUJO-JOSE-CASADO-DE-ALISAL_thumb2












Caja-de-gatas_thumb2Capturar-2_thumb1












  
MANF52340_SEQ_001_P_thumb3_thumb1

Esta situación no era nueva ni desconocida en la ciudad. Dos años antes, el propio director del Museo Arqueológico, Pedro Felipe Monlau, en uno de sus frecuentes viajes a León en busca de piezas para el Museo, localizó en la Iglesia de San Marcelo, concretamente sobre la propia talla del santo titular que preside el retablo del altar mayor, obra de Gregorio Fernández (s. XVII), una espada de las denominadas jinetas que la imagen de San Marcelo portaba al cinto.

El alto valor artístico-histórico de la pieza dio lugar a la realización de importantes gestiones o “presiones” por parte del ahora director D. José Amador de los Ríos, teniendo como resultado que, al año siguiente, la espada fuera “donada” por el Cabildo de la iglesia de San Marcelo al Museo Arqueológico, pasando a formar parte de los tesoros artísticos leoneses que se localizan, por una u otra causa, en Madrid. Ver entrada: fonsado / 11 de noviembre de 2009: La jineta de San Marcelo (http://www.fonsado.com/2009/11/la-jineta-de-san-marcelo.html).

sAN-mARCELO_thumb1

Jineta_thumb1

















jineta 2_thumb[1]

El origen de la espada leonesa es una incógnita. Es muy probable que llegara a León junto con el cuerpo de San Marcelo, y que fuera una ofrenda al santo realizada por Fernando el Católico que estuvo presente en la ciudad en los actos de marzo de 1493. Si fuera así, la espada pertenecería a algunos de los altos personajes nazaríes tras la conquista de Granada.

Después de pasar cerca de cuatro siglos colgada al cinto de la imagen de San Marcelo en el retablo del altar mayor de la iglesia leonesa, le esperaba su nueva y definitiva ubicación en Madrid para ser exhibida en el recién creado Museo Arqueológico. Pero no iba a finalizar ahí su historia, a la jineta leonesa le esperaba una nueva e inesperada aventura.

Como ya hemos señalado, la sede del nuevo Museo se decide construir en un solar existente entre el Paseo de Recoletos y Serrano. Hasta que finalizasen las obras del nuevo edificio, el Museo se ubicó en el Casino de la Reina, al sur del Madrid de la época. Se trataba de un pequeño jardín con palacete y unos pequeños pabellones, que habían sido casa de recreo de la reina Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando VII.
  
Amadeo I inaugura el Museo en 1871, todavía en su instalación provisional en el Casino de la Reina, en la madrileña Glorieta de Embajadores. En aquellos momentos el panorama político español resultaba desolador. En Madrid los motines y algaradas populares eran frecuentes. El 11 de diciembre de 1872, un grupo de insurgentes republicanos salieron a la calle siendo uno de sus objetivos el Museo Arqueológico.

Manifestación del pueblo de Madrid en la Puerta del Sol durante la revolución de 1868, obra de J. Casado del Alisal_thumb[2]_thumb[1]

El asalto al Museo no formaba parte de la acción político-revolucionaria de los alborotadores, sino que, únicamente, se trataba de conseguir cualquier tipo de arma allí expuesta. Antonio García Gutiérrez, director en aquel momento del Arqueológico, relató los sucesos de aquella noche:

Entraron en el denominado Salón Árabe, sin que se les pudiera oponer resistencia. Los cinco individuos del cuerpo de orden público que guardaban el establecimiento no tenían otras armas que tres revólveres por lo que, notando la insistencia con que los amotinados les buscaban, creyeron prudente ocultarse. El conserje del Museo trató de calmar la violencia de los amotinados, ebrios en su mayor parte, haciéndoles algunas concesiones, como un revólver de su propiedad y una carabina del jardinero. No pudo impedir que otros se apropiaran de unas armas antiguas de poco valor, salvo una espada granadina que es la única pérdida importante a lamentar.

La llegada de los soldados provocó la huida de los asaltantes que rápidamente desaparecieron por las calles adyacentes al Museo. Uno de aquellos revolucionarios se llevó con él la jineta de San Marcelo, hecho que pudo haber sido el final de la historia de la pieza. Sin embargo, la suerte quiso que durante su ronda habitual dos civiles militarizados, miembros del 10° Batallón de Voluntarios de la Libertad, escuchasen gritos y vivas a la República.

Localizados los alborotadores, los militares les dieron el alto efectuando uno de ellos un disparo al aire que produjo la huida instantánea de los dos amotinados, soltando lo que llevaban en las manos: una vieja bayoneta y una espada antigua, espada que resultó ser la jineta de San Marcelo, robada momentos antes del Museo y que de esta manera pudo regresar a los fondos del mismo.


A finales del siglo XIX el Museo se traslada a su nueva sede en Recoletos, una vez finalizado e inaugurado el edificio del Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales por la reina regente María Cristina y los reyes de Portugal.
  
Es una nueva e interesante etapa, protagonizada por las nuevas adquisiciones, los importantes hallazgos arqueológicos y, sobre todo, por la guerra y la pérdida de las colonias, que generan una nueva ideología nacional cerrada al mundo y centrada en la historia y los orígenes propios. Esta tendencia se extiende también al Museo Arqueológico que cobra un nuevo sentido ajustando su montaje a la historia y arte español, filosofía que mantendrá durante todo el s. XX y que se ha subrayado asimismo en la última y reciente remodelación.

La guerra civil paralizó por completo la actividad y proyectos del Museo. En previsión de daños, se retiraron las piezas de pedestales, salas y vitrinas, guardándose en cajones apilados dentro de un andamiaje.

Finalizada la guerra civil se hizo cargo en la dirección del Museo de 1939 a 1951, Blas Taracena Aguirre que, una vez solucionados los problemas surgidos de la contienda, consiguió abrir al público hasta 1951 una instalación provisional, conocida como “Museo resumido” o “Museo breve”, en el que se mostraban las piezas más representativas de los fondos.

Taracena_thumb[1]De 1952 a 1966, bajo la dirección de Joaquín María de Navascués, se consolida un nuevo proyecto museístico adecentando salas y empleando nuevos e innovadores materiales expositivos. De 1968 a 1981 con el nuevo director, Martín Almagro Basch se remodela totalmente el edificio pasando a tener cinco plantas, y a partir de 1988 se plantea una nueva remodelación: se amplía espacio bajo el jardín existente en la fachada de la calle Serrano, se reorganiza el archivo y comienza su informatización.

Entre 2008 y 2013, bajo la dirección de Rubí Sanz Gamo y la actual de Andrés Carretero Pérez, se ha desarrollado la última e significativa reforma del edificio en el que se ubica el Museo Arqueológico Nacional y la reinstalación de su exposición permanente. Según se indica en la página web del MAN: “El edificio se ha acondicionado logrando que sus espacios se distribuyan más racionalmente, sean más accesibles, dispongan del equipamiento tecnológico necesario y respondan a los criterios de confortabilidad y seguridad requeridos para hacer cómoda y placentera la estancia en él.

La ampliación de las áreas públicas permite ofrecer a los visitantes una zona de acogida en condiciones idóneas, exponer nuevas colecciones, ofertar una amplia variedad de actividades simultáneamente y poner a su disposición nuevos servicios.

La renovación museográfica de las salas de exposición incorpora todos los medios técnicos y de comunicación que pueden favorecer la puesta en valor de las colecciones y la comprensión del discurso expositivo histórico propio del Museo, convenientemente actualizado y reinterpretado a la luz de los nuevos descubrimientos científicos.”

Como ya hemos señalado con anterioridad, y tras su creación administrativa en marzo de 1867, unos años más tarde, concretamente en 1871, tuvo lugar la inauguración del Museo Arqueológico Nacional, en el palacete conocido como Casino de la Reina. El acto comenzó a las 5 de la tarde con la asistencia de autoridades y del propio monarca Amadeo de Saboya.

Como se puede leer en el recorte de prensa de la época, los jardines del palacete se engalanaron para la ocasión. Se realizó la lectura del discurso inaugural y, seguidamente, comenzó a sonar, interpretado por la banda del Regimiento de Cantabria con la participación de un coro de cuarenta miembros y las voces de cincuenta alumnos del Conservatorio, un himno para la ocasión cuya partitura fue compuesta por el maestro Emilio Arteta.

Tras seis años de reforma integral, en marzo de 2014 el MAN reabría sus puertas. A las 7 de la tarde, la cantata de la inauguración interpretada en 1871, “Cantata a la Patria”, volvía a ser interpretada esta vez por la Banda Sinfónica de Madrid y el Coro Nacional de España en la escalinata de entrada al Museo, entre las características esfinges de bronce."

31 de marzo de 2014 Inauguración del nuevo Museo Arqueológico Nacional_thumb[1]

- MAN
- Primera piedra del Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales.
- Pedro Felipe Monlau.
- Sala de Numismática. Casino de la Reina.
- Casino de la Reina.
- Piezas expoliadas de San Isidoro. Ver entrada.
- San Marcelo y jineta. Ver entrada.
- Manifestación Puerta del Sol en 1868. José Casado de Alisal.
- Inauguración Museo en el Casino de la Reina, 1871.
- Sala Museo durante la Guerra Civil.
- Joaquín María de Navascués.
- Recorte prensa. Inauguración 1871.
- 2014: el MAN abre de nuevo sus puertas. Cantata de Arriola.


miércoles, 10 de junio de 2020

2020: Sin NATALICIO DE LAS AGUILAS



Muerte de Nerón y entrada de la LEGIO VII en Roma a las órdenes de Galba.
Fragmento de QUO VADIS (Warner Bros)
Resulta una circunstancia inusual conocer la fecha oficial de la fundación de una legión romana: la LEGIO VII GEMINA. Las inscripciones que lo certifican están labradas en dos estelas de mármol fechadas en los años 163 y 184 dC., procedentes de la localidad de Villalís de la Valduerna, población que se encuentra a 48 km. al suroeste de la capital leonesa. Las lápidas se encontraban incrustadas en los muros de su iglesia parroquial, y en su texto conmemoran el “Natalicio del Águila”, el "ob natalem aquilae", la entrega de las enseñas militares a la Legio VII (http://www.fonsado.com/2008/06/la-entrega-de-las-guilas.html)

Este hecho sucedió en la ciudad de Clunia (Burgos) el IIII idus iunias, el 10 de junio del 68 dC., hace ahora 1949 años, en el cuartel general del, por aquel entonces, gobernador de la Hispania Tarraconensis: Servio Sulpicio Galba.

No se encuentran antecedentes de la creación o fundación de la legión en los textos históricos, pero si en estos dos textos epigráficos que ya fueron mencionados en el siglo XVIII por el historiógrafo italiano Ludovico Antonio Muratori que, parece ser, las recogió de un antiguo documento anónimo.

Estas estelas, que se consideraron perdidas, fueron de nuevo descubiertas por D. Manuel Gómez-Moreno a principios del s. XX en la iglesia de Villalís. El hallazgo fue publicado por el propio historiador en el Boletín de la Real Academia de la Historia en el año 1909. Gómez-Moreno describe brevemente su visita a la localidad leonesa en donde, incrustadas en las esquinas de su iglesia parroquial y a unos tres metros sobre el suelo, se encontraban seis estelas de mármol blanco.

Dos de aquellas conmemoran el “natalicio del águila” de la Legión VII Gemina y Felix, es decir, el día en que fue creado este cuerpo militar por Galba: el 10 de junio del año 68 dC.

Sobre la estela fechada en el año 163, Gómez-Moreno comenta lo siguiente: “Existe en el ángulo NO de la iglesia, tendida y llena de líquenes y musgo, que se albergan en la huella de las letras. Es un pedestal con sencillas molduras, de 1,16 metros de alto, 0,42 de ancho y 0,22 de grueso; miden sus letras 35 milímetros, disminuyendo en las dos últimas líneas, y son de tipo bastante clásico”.

1b

10 b
10

  















Transcripción:

“A Júpiter Óptimo Máximo. Por la salud de Marco Aurelio Antonino y de Lucio Aurelio Vero, Augustos, en el aniversario del natalicio del águila (enseña militar), (lo erigió) el destacamento de la legión VII Gémina Feliz, bajo el mando de Licinio Paterno, centurión de la misma legión, y de Hermes, procurador (de las minas), liberto imperial (de los Augustos), y de Lucrecio Paterno, decurión de la cohorte I de los celtíberos, y de Fabio Marciano, beneficiario del procurador imperial, y de Julio Juliano, portaenseña de la misma legión. En el día 4 antes de los idus de junio (día 10 de junio), siendo cónsules Leliano y Pastor”.

En cuanto a la estela fechada en el 184 dC., el historiador señala lo siguiente en su artículo: “En el ángulo NE de la sacristía. Remata en un frontispicio, con rudas molduras y algo como estrías en ellas. Alto, 1,06 metros; ancho, 0,50; alto, 0,20. Inscripción borrosa y desgarbada, cuyas letras decrecen de 4 a 3 centímetros. Grabados al margen, quizá dos cintos con phalerae y un varal entre ellos.”

2b


2020 B

Transcripción:

“A Júpiter Óptimo Máximo. Por la salud de Marco Aurelio Cómodo Antonino Augusto, en el aniversario del natalicio del águila el destacamento de la legión VII Gemina Feliz bajo el mando de Aurelio Eutyches, liberto imperial procurador (de las minas), y de Valerio Semproniano, decurión del ala II Flavia. 4 días antes de los idus de junio (10 de junio) siendo cónsules Marulio y Eliano (año 184)”.

En ambas epigrafías, que se fechan el 10 de junio, se conmemora el aniversario del nacimiento (entrega) de la enseña militar (el águila) de la Legio VII Gemina por parte de dos unidades de la legión: la I Cohorte de los celtíberos y el Ala II Flavia.

La Legio VII, en aquel momento con el sobrenombre de Galbiana, formada íntegramente con legionarios hispanos, se levanta en armas contra Nerón marchando a las órdenes de Galba hacia Roma en el año 68, consiguiendo imponer, aunque efímeramente, a su general como emperador del Imperio.



(Fotograma serie TV: ROMA / Composición: Ricardo Chao)

Junto con la VII Claudia participó con victoria en la batalla de Bedriacum en el 69, y desempeñó un importante papel en la toma de las murallas de Cremona donde se dice que realizó un importante ataque en cuña para forzar la entrada.

La creación de la Legio VII, no debe confundirse con la fundación de la ciudad de León. El asentamiento debe su origen a otra fuerza militar, la Legio VI Victrix, que con posterioridad a las campañas contra los territorios norteños, será la fuerza militar romana que primero se instalará en el solar leonés.

Según el historiador Tácito, la Legio VII ayudó posteriormente a entronizar a Vespasiano como emperador. En ese tiempo tuvo numerosas bajas, dando lugar a que el propio Vespasiano la combinara con otra, concretamente con la Legio XVIII, creando así la Legio VII Gemina.

En el 74 Vespasiano la traslada a Hispania, instalándose definitivamente en el antiguo campamento de la Victrix, en el interfluvio de los ríos Torío y Bernesga. Ahí se encontraba todavía en torno al 230 dC. durante el reinado de Severo Alejandro. Después del s III no existe constancia de su estancia en el solar leonés. Será con posterioridad cuando la población, que residía a extramuros del campamento, ocupe el espacio interior de la muralla y surja lentamente la ciudad que hoy conocemos.







miércoles, 13 de mayo de 2020

Pobre España


En estos días terribles te das cuenta con estupefacción que hasta alguna de la gente que te rodea te impide criticar la situación actual, además de censurar la realización o divulgación de comentarios sobre la tragedia social y económica por la que transita España. 

No soportan la crítica hacia los que "deben" dirigir la Nación y dan por buena o aceptable su gestión. Es el sectarismo crónico que crucifica por norma al resto de personas que piensan de otra manera y que lo único que desean es el bien y progreso de España por encima de partidos y tendencias políticas. 

Además de todo esto, se permiten el lujo de llamarte estúpido utilizando y sentenciando con una frase lapidaria de asqueante tufo intelectual, que coincide plenamente con la ineptitud que demuestran diariamente los actuales encargados de la gestión nacional:

"Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro". A. Einstein.


La ignorancia e incapacidad (a juego con su sectarismo), les impide conocer que la culta y pedante frasecita es una de las cientos que falsamente se atribuyen a D. Alberto Einstein. Con esta cuidada y pulcra incultura te llaman "estúpido infinito" si te atreves a censurar, opinar o pensar distinto.

En su indecente postura, coinciden plenamente con la actuación del propio gobierno, nuestro gobierno, el gobierno de todos ¡! que, desde la propia tribuna del Congreso, dirigen a los españoles que piensan distinto los calificativos de hipócritas, miserables, parásitos e inmundicia. Pero no solamente eso, desde el propio gobierno también se amenaza e insulta a la Corona, a los medios de comunicación no afines, se ataca a la Justicia, a los que llevan la bandera de España, a los ahorradores y empresarios, se utiliza a las fuerzas y cuerpos de seguridad en su beneficio y, como no, se invoca permanentemente el guerracivilismo.

Por si estos necios necesitan ampliar su envidiable erudición, yo les ofrezco otras dos frases que pueden aprender, guardar y utilizar cuando les convenga en sus animadas y cultas conversaciones habituales, que no van más allá de fútbol, tetas, albóndigas  y cerveza:














Así todo, después de reflexionar sobre el apunte intelectual de estos fenómenos, llego a la conclusión de que el universo no sé si será realmente infinito, pero de lo que estoy seguro es de que la estupidez no es infinita, se limita y abarca completamente a este nutrido grupo de sectarios enfermizos que, por desgracia, destacan por su intransigencia en esta trágica situación repleta de incompetencia, torpeza, mentiras, ruina y, sobre todo, miles y miles de cruces.



lunes, 27 de abril de 2020

León: 24 de abril de 1808


Este pasado fin de semana nuevamente se ha tratado de celebrar en León, imposible por la confinación debida al covid-19, el levantamiento de la ciudad contra la invasión francesa de España. Como todos los años vuelven las discrepancias y discusiones sobre si el día 24 de abril de 1808, la ciudad de León se manifestó efectivamente contra la presencia militar francesa en la Península.

Las tropas francesas, al mando del mariscal Bessières, no llegan a León hasta el 26 de julio de 1808. La noche del 18 de julio la Junta leonesa sale de la ciudad y es el polémico obispo D. Pedro Luís Blanco, única persona de representación pública, quién negoció la capitulación con el mariscal francés, consiguiendo unas aceptables condiciones.

En tres días se formó un nuevo Ayuntamiento con leoneses adeptos a la causa francesa, y en el acta del día 30 de julio la nueva corporación jura fidelidad al nuevo rey José Bonaparte, proclamado por Napoleón tras las abdicaciones de Bayona el 5 de mayo:

“... Y en su vista deseando el Ayuntamiento complacer en todo y en cuanto esté de su parte a dicho Excmo. señor Mariscal Bessières acordó … prestar obediencia, y fidelidad a S.M. Catholica el Sr. Dn. Joseph Napoleón primero y reconocerle por su Rey y Señor en nombre del Común de vecinos de esta Ciudad, su Provincia y Reino, y que llegue noticia de todos este solemne Acto, se publicase por bando … “.

Poco duró esta primera estancia de las fuerzas ocupantes, porque siete días después, concretamente el 1 de agosto, se ven obligados a abandonar la población como consecuencia de la amenaza militar que, desde el sur y tras la victoria española en Bailén ocurrida el 19 de julio, presiona sobre la ocupación francesa existente en el norte peninsular, imponiendo su repliegue. 

Desde comienzos del año 1808 la sociedad española está convulsa. En una inmensa mayoría de pueblos y ciudades se producen actos de solidaridad, patriotismo, revueltas ciudadanas, etc., que desembocan en los acontecimientos definitivos del 2 de mayo en Madrid. 
El disturbio más importante lo protagoniza el Conde de Montijo, Cipriano Portocarrero, que consiguió reunir en torno al Príncipe de Asturias a la mayoría de los nobles, y en la noche del 17 al 18 de marzo de 1808 amotinó a los habitantes de Aranjuez y de otros pueblos cercanos, para que acudieran al Real Sitio a “defender” al Rey. La revuelta, conocida como Motín de Aranjuez, tiene como resultado la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando y la posterior detención de Godoy. A raíz de aquel suceso, se producen algaradas en varios puntos de la Península.

En el acta municipal del Ayuntamiento de León correspondiente al 1 de abril de 1808, se da cuenta de los acontecimientos referentes a la renuncia de Carlos IV y de la subida al trono de Fernando VII, pero también se hace cumplida referencia a la revuelta ocurrida en la ciudad el 28 de marzo de 1808 y que es conocida popularmente como “motín de la hogaza”.

El acta relata minuciosamente como los leoneses, conocedores de la detención de Godoy unos días antes en Aranjuez, se concentran ante la residencia del Comisionado Regio, D. Felipe Sierra y Pambley, para demandarle que arroje a la calle el retrato de Godoy con el fin de arrastrarlo por las calles y quemarlo. En la misma revuelta, exigen la supresión de la nueva e impopular tasa sobre el vino, de la que se decía que había sido impuesta por el favorito. El Comisionado se negó a las exigencias de los alborotadores y, en vez del retrato de Godoy, lanzó a los amotinados desde una ventana una hogaza de pan. Esto ocurría en nuestra ciudad el 28 de marzo. 
Esta pequeña revolución popular que se produce contra la persona y gobierno del favorito del ahora depuesto Carlos IV, si podría considerarse una oposición a la presencia francesa en España, ya que la estrategia seguida en su momento por Godoy con respecto a Francia, tuvo como consecuencia la ocupación militar del territorio español y, de alguna manera, el pueblo leonés manifestó su desacuerdo y repulsa contra el gobierno y la estrategia política de Manuel Godoy. 
Sin embargo, la fecha que suscita grandes controversias y la que es considerada por diversos sectores como la sublevación u oposición de la ciudad de León a la presencia francesa, el 24 de abril de 1808, no contiene ninguna evocación contra la ocupación a pesar de ser uno de los días importantes en la vida política de la ciudad de León.
Prueba de ello, es que los franceses todavía no han llegado a la ciudad, como ya hemos comentado, pero, sobre todo, lo que se invoca y demanda aquel día durante la algarada popular, es el apoyo al nuevo monarca Fernando VII. Para confirmar lo expuesto, acudimos al acta municipal de ese día que refiere dos sucesos importantes.

En primer lugar, se da conocer al pueblo de León la Real Orden de Fernando VII del 12 del mismo mes, expedida en Burgos, mientras el monarca se encaminaba a la frontera francesa para entrevistarse con Napoleón, por la que el Rey solicita que se hagan rogativas públicas para conseguir el mejor gobierno para el País. En segundo lugar, el Ayuntamiento leonés hace saber a S.M. Fernando VII los incidentes ocurridos esa mañana a favor de su persona:

“A las 10 de la mañana de ese día (24 de abril), ora en que recibe la ciudad el correo xeneral, empezó a trascender la noticia de que en esa vuestra Villa y Corte intentaron algunos malvados el día 20 del presente mes publicar edictos revolucionarios contra el sagrado gobierno que autoriza a Vuestra Digna Persona ... Los repetidos conductos por donde se comunicó dicha noticia a diferentes sujetos en esta Ciudad, ocasionaron a un tiempo mismo, no sólo el que no se dudase de su aserto, sino el que se llegase a vulgarizar entre todos los ciudadanos ... En tal supuesto, agitados, señor, todos los ánimos de estos fieles ciudadanos que no ceden en su amor y lealtad acendrada hacia vuestra Real Persona, ... juntándose en numerosos corrillos a cotejar sus pálidos semblantes, a la primera insinuación de un compatriota fiel repitieron millones de ecos: ¡Viva Nuestro amado Rey Fernando VII, mueran los conspiradores! ... de tal manera, Señor, se desplegaron las Quadrillas de vecinos de todas clases por las calles y por las plazas repitiendo entre incesantes alaridos y demostraciones emprendedoras ¡Viva el Rey, mueran los malvados!...”.
De lo manifestado en el acta, se desprende que los orígenes de la revuelta popular en la ciudad leonesa se encuentran en la noticia recibida aquella misma mañana, en la que se cuenta que el día 20 dos agentes franceses intentaron imprimir una proclama en Madrid a favor del abdicado Carlos IV (18 de marzo de 1.808) y en contra de su hijo y nuevo rey Fernando VII, originando una revuelta en la capital del Reino.

Tras comentarse la noticia, se fueron concentrando los vecinos animados por “patriotas”, entre otros, como bien se conoce, D. Luis de Sosa Tovar, que acabaron exigiendo en el Ayuntamiento los pendones de la ciudad para mostrar su fidelidad a Fernando VII, que en aquellos momentos no estaba en contra de la ocupación francesa, sino, más bien, trataba de entrevistarse y negociar con Napoleón su permanencia en el trono, manteniendo la situación de aliado y, por ende, la ocupación militar del territorio español.


- Mariscal Jean Baptiste Bessières.
- Regimiento de Infantería Fijo de Ceuta, en el frente de Bailén. Augusto Ferrer Dalmau. 
- Proclamación de Fernando VII en Aranjuez.
- Cipriano Portocarrero, Conde de Montijo.
- Don Felipe Sierra Pambley, Comisionado Real.
- Don Luis de Sosa Tovar.
- Oficiales británicos prisioneros en Astorga. Museo de Versalles.