miércoles, 13 de mayo de 2020

Pobre España


En estos días terribles te das cuenta con estupefacción que hasta alguna de la gente que te rodea te impide criticar la situación actual, además de censurar la realización o divulgación de comentarios sobre la tragedia social y económica por la que transita España. 

No soportan la crítica hacia los que "deben" dirigir la Nación y dan por buena o aceptable su gestión. Es el sectarismo crónico que crucifica por norma al resto de personas que piensan de otra manera y que lo único que desean es el bien y progreso de España por encima de partidos y tendencias políticas. 

Además de todo esto, se permiten el lujo de llamarte estúpido utilizando y sentenciando con una frase lapidaria de asqueante tufo intelectual, que coincide plenamente con la ineptitud que demuestran diariamente los actuales encargados de la gestión nacional:

"Hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro". A. Einstein.


La ignorancia e incapacidad (a juego con su sectarismo), les impide conocer que la culta y pedante frasecita es una de las cientos que falsamente se atribuyen a D. Alberto Einstein. Con esta cuidada y pulcra incultura te llaman "estúpido infinito" si te atreves a censurar, opinar o pensar distinto.

En su indecente postura, coinciden plenamente con la actuación del propio gobierno, nuestro gobierno, el gobierno de todos ¡! que, desde la propia tribuna del Congreso, dirigen a los españoles que piensan distinto los calificativos de hipócritas, miserables, parásitos e inmundicia. Pero no solamente eso, desde el propio gobierno también se amenaza e insulta a la Corona, a los medios de comunicación no afines, se ataca a la Justicia, a los que llevan la bandera de España, a los ahorradores y empresarios, se utiliza a las fuerzas y cuerpos de seguridad en su beneficio y, como no, se invoca permanentemente el guerracivilismo.

Por si estos necios necesitan ampliar su envidiable erudición, yo les ofrezco otras dos frases que pueden aprender, guardar y utilizar cuando les convenga en sus animadas y cultas conversaciones habituales, que no van más allá de fútbol, tetas, albóndigas  y cerveza:














Así todo, después de reflexionar sobre el apunte intelectual de estos fenómenos, llego a la conclusión de que el universo no sé si será realmente infinito, pero de lo que estoy seguro es de que la estupidez no es infinita, se limita y abarca completamente a este nutrido grupo de sectarios enfermizos que, por desgracia, destacan por su intransigencia en esta trágica situación repleta de incompetencia, torpeza, mentiras, ruina y, sobre todo, miles y miles de cruces.



lunes, 27 de abril de 2020

León: 24 de abril de 1808


Este pasado fin de semana nuevamente se ha tratado de celebrar en León, imposible por la confinación debida al covid-19, el levantamiento de la ciudad contra la invasión francesa de España. Como todos los años vuelven las discrepancias y discusiones sobre si el día 24 de abril de 1808, la ciudad de León se manifestó efectivamente contra la presencia militar francesa en la Península.

Las tropas francesas, al mando del mariscal Bessières, no llegan a León hasta el 26 de julio de 1808. La noche del 18 de julio la Junta leonesa sale de la ciudad y es el polémico obispo D. Pedro Luís Blanco, única persona de representación pública, quién negoció la capitulación con el mariscal francés, consiguiendo unas aceptables condiciones.

En tres días se formó un nuevo Ayuntamiento con leoneses adeptos a la causa francesa, y en el acta del día 30 de julio la nueva corporación jura fidelidad al nuevo rey José Bonaparte, proclamado por Napoleón tras las abdicaciones de Bayona el 5 de mayo:

“... Y en su vista deseando el Ayuntamiento complacer en todo y en cuanto esté de su parte a dicho Excmo. señor Mariscal Bessières acordó … prestar obediencia, y fidelidad a S.M. Catholica el Sr. Dn. Joseph Napoleón primero y reconocerle por su Rey y Señor en nombre del Común de vecinos de esta Ciudad, su Provincia y Reino, y que llegue noticia de todos este solemne Acto, se publicase por bando … “.

Poco duró esta primera estancia de las fuerzas ocupantes, porque siete días después, concretamente el 1 de agosto, se ven obligados a abandonar la población como consecuencia de la amenaza militar que, desde el sur y tras la victoria española en Bailén ocurrida el 19 de julio, presiona sobre la ocupación francesa existente en el norte peninsular, imponiendo su repliegue. 

Desde comienzos del año 1808 la sociedad española está convulsa. En una inmensa mayoría de pueblos y ciudades se producen actos de solidaridad, patriotismo, revueltas ciudadanas, etc., que desembocan en los acontecimientos definitivos del 2 de mayo en Madrid. 
El disturbio más importante lo protagoniza el Conde de Montijo, Cipriano Portocarrero, que consiguió reunir en torno al Príncipe de Asturias a la mayoría de los nobles, y en la noche del 17 al 18 de marzo de 1808 amotinó a los habitantes de Aranjuez y de otros pueblos cercanos, para que acudieran al Real Sitio a “defender” al Rey. La revuelta, conocida como Motín de Aranjuez, tiene como resultado la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando y la posterior detención de Godoy. A raíz de aquel suceso, se producen algaradas en varios puntos de la Península.

En el acta municipal del Ayuntamiento de León correspondiente al 1 de abril de 1808, se da cuenta de los acontecimientos referentes a la renuncia de Carlos IV y de la subida al trono de Fernando VII, pero también se hace cumplida referencia a la revuelta ocurrida en la ciudad el 28 de marzo de 1808 y que es conocida popularmente como “motín de la hogaza”.

El acta relata minuciosamente como los leoneses, conocedores de la detención de Godoy unos días antes en Aranjuez, se concentran ante la residencia del Comisionado Regio, D. Felipe Sierra y Pambley, para demandarle que arroje a la calle el retrato de Godoy con el fin de arrastrarlo por las calles y quemarlo. En la misma revuelta, exigen la supresión de la nueva e impopular tasa sobre el vino, de la que se decía que había sido impuesta por el favorito. El Comisionado se negó a las exigencias de los alborotadores y, en vez del retrato de Godoy, lanzó a los amotinados desde una ventana una hogaza de pan. Esto ocurría en nuestra ciudad el 28 de marzo. 
Esta pequeña revolución popular que se produce contra la persona y gobierno del favorito del ahora depuesto Carlos IV, si podría considerarse una oposición a la presencia francesa en España, ya que la estrategia seguida en su momento por Godoy con respecto a Francia, tuvo como consecuencia la ocupación militar del territorio español y, de alguna manera, el pueblo leonés manifestó su desacuerdo y repulsa contra el gobierno y la estrategia política de Manuel Godoy. 
Sin embargo, la fecha que suscita grandes controversias y la que es considerada por diversos sectores como la sublevación u oposición de la ciudad de León a la presencia francesa, el 24 de abril de 1808, no contiene ninguna evocación contra la ocupación a pesar de ser uno de los días importantes en la vida política de la ciudad de León.
Prueba de ello, es que los franceses todavía no han llegado a la ciudad, como ya hemos comentado, pero, sobre todo, lo que se invoca y demanda aquel día durante la algarada popular, es el apoyo al nuevo monarca Fernando VII. Para confirmar lo expuesto, acudimos al acta municipal de ese día que refiere dos sucesos importantes.

En primer lugar, se da conocer al pueblo de León la Real Orden de Fernando VII del 12 del mismo mes, expedida en Burgos, mientras el monarca se encaminaba a la frontera francesa para entrevistarse con Napoleón, por la que el Rey solicita que se hagan rogativas públicas para conseguir el mejor gobierno para el País. En segundo lugar, el Ayuntamiento leonés hace saber a S.M. Fernando VII los incidentes ocurridos esa mañana a favor de su persona:

“A las 10 de la mañana de ese día (24 de abril), ora en que recibe la ciudad el correo xeneral, empezó a trascender la noticia de que en esa vuestra Villa y Corte intentaron algunos malvados el día 20 del presente mes publicar edictos revolucionarios contra el sagrado gobierno que autoriza a Vuestra Digna Persona ... Los repetidos conductos por donde se comunicó dicha noticia a diferentes sujetos en esta Ciudad, ocasionaron a un tiempo mismo, no sólo el que no se dudase de su aserto, sino el que se llegase a vulgarizar entre todos los ciudadanos ... En tal supuesto, agitados, señor, todos los ánimos de estos fieles ciudadanos que no ceden en su amor y lealtad acendrada hacia vuestra Real Persona, ... juntándose en numerosos corrillos a cotejar sus pálidos semblantes, a la primera insinuación de un compatriota fiel repitieron millones de ecos: ¡Viva Nuestro amado Rey Fernando VII, mueran los conspiradores! ... de tal manera, Señor, se desplegaron las Quadrillas de vecinos de todas clases por las calles y por las plazas repitiendo entre incesantes alaridos y demostraciones emprendedoras ¡Viva el Rey, mueran los malvados!...”.
De lo manifestado en el acta, se desprende que los orígenes de la revuelta popular en la ciudad leonesa se encuentran en la noticia recibida aquella misma mañana, en la que se cuenta que el día 20 dos agentes franceses intentaron imprimir una proclama en Madrid a favor del abdicado Carlos IV (18 de marzo de 1.808) y en contra de su hijo y nuevo rey Fernando VII, originando una revuelta en la capital del Reino.

Tras comentarse la noticia, se fueron concentrando los vecinos animados por “patriotas”, entre otros, como bien se conoce, D. Luis de Sosa Tovar, que acabaron exigiendo en el Ayuntamiento los pendones de la ciudad para mostrar su fidelidad a Fernando VII, que en aquellos momentos no estaba en contra de la ocupación francesa, sino, más bien, trataba de entrevistarse y negociar con Napoleón su permanencia en el trono, manteniendo la situación de aliado y, por ende, la ocupación militar del territorio español.


- Mariscal Jean Baptiste Bessières.
- Regimiento de Infantería Fijo de Ceuta, en el frente de Bailén. Augusto Ferrer Dalmau. 
- Proclamación de Fernando VII en Aranjuez.
- Cipriano Portocarrero, Conde de Montijo.
- Don Felipe Sierra Pambley, Comisionado Real.
- Don Luis de Sosa Tovar.
- Oficiales británicos prisioneros en Astorga. Museo de Versalles.



jueves, 9 de abril de 2020

La Saeta de Antonio Machado


Es habitual escuchar en los desfiles procesionales de nuestra Semana Santa, interpretada por las distintas bandas de música de las Cofradías de la ciudad, la partitura conocida como “La Saeta”, canción que Juan Manuel Serrat publicó en 1969 en su álbum, “Dedicado a Antonio Machado, poeta”.

Serrat pone música al poema del poeta sevillano Antonio Machado que fue incluido en el libro "Campos de Castilla", publicado en 1912. En esta obra el escritor se "encuentra" con el paisaje castellano que lo rodea, pero también incluye una serie de poemas breves, unos críticos con la España del momento, otros sentenciosos y de carácter personal.

Entre estos últimos poemas  se encuentra “La Saeta”, copla en la que Machado evoca y reflexiona, de una manera muy breve, sobre las creencias y costumbres de su Andalucía natal, contrastando éstas con su interpretación de la religiosidad y su manera de entenderla y sentirla. Para ello, emplea y menciona el canto tradicional andaluz: la saeta.

Muy unida al cante flamenco y a la devoción popular, la saeta es una expresión andaluza propia de la Semana Santa. Su origen se remonta a las coplillas que recitaban o cantaban los padres franciscanos en los ss. XVI y XVII, mientras predicaban el arrepentimiento de los pecados. Pero también mantiene influencias de las antiguas salmodias judías y del rezo musulmán del almuédano.

A mediados del s. XIX nace la costumbre de cantar estas coplas durante las procesiones de Semana Santa. Sin embargo, esta “oración cantada” tiene su apogeo en el primer tercio del s. XX, cuando la saeta se hace flamenca teniendo como epicentro fundamental la ciudad de Sevilla. Según los expertos, el mágico mundo de la saeta popular se deteriora con el tiempo y la promoción turística de la Semana Santa, surgiendo los saeteros profesionales, denigrados por los entendidos, que los consideran “artistas sin implicaciones” o, como también se les denomina, “cantaores de Cuaresma”.

La letra de Machado y la música de Serrat, como hemos señalado, es constantemente versionada por orquestas, bandas, solistas y cantaores, siendo permanentemente protagonista en los desfiles procesionales de toda España, a lo que no son ajenas las bandas de las Cofradías leonesas.

Si Machado levantara la cabeza, quedaría horrorizado del uso de su poema. El poeta describe las formas y costumbres andaluzas de la Semana Santa, pero renegando y abogando por una representación y celebración no sangrienta. Una festividad que invitara a mirar, imitar y cantar al Cristo hombre, al Cristo de los sermones, al de los milagros, al de las enseñanzas y el amor, al Cristo vivo, no al martirizado, al del sufrimiento, no al Cristo muerto.

Ese Cristo muerto, crucificado, es al que, desde que Serrat hizo popular el tema, se trata de identificar y hasta de “apropiarse” por las distintas Hermandades andaluzas. ¿Quién es el Cristo crucificado y ensangrentado de la copla de Machado? El escritor menciona al Cristo de los Gitanos y habla de “la tierra mía”. En su Sevilla natal,  Nuestro Padre Jesús de la Salud es conocido como el “Cristo de los Gitanos” y también como “er Manué”

Procesiona con  la Hermandad de los Gitanos y es una obra de 1937 del escultor sevillano José Rodríguez (la antigua talla se perdió en un incendio en 1936). Todo indica que ésta sería la talla de la copla, pero el poeta no puede referirse a este Cristo, ya que corresponde a una imagen de Nazareno, figura que porta la cruz camino del Calvario, no a un Crucificado, como mencionan los versos.

Otra posibilidad sobre la identificación, estaría en la idea de que el escritor evocara una de las imágenes más emblemáticas de la devoción sevillana y andaluza: Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, obra del escultor Juan de Mena realizada en 1620:
Que redoblen los tambores
y las trompetas despacio.
Contemplemos al Gran Poder,
va caminando despacio.
¡Fijarse, gitanos, en Él.!

Esta opción tampoco resulta verosímil, ya que también se trata de una talla de Nazareno, por lo que nada tiene que ver con el Cristo Crucificado que se menciona en “La Saeta”.


Hay quien propone que Machado podría referirse a la imagen de uno de los desfiles más espectaculares de Andalucía, por el marco que supone la Alhambra y por las candelas que se encienden a su paso por el Sacromonte. Es la procesión del Cristo de los Gitanos, imagen con una curiosa historia y a la que le llueven las saetas desde los jardines y las cuevas del barrio granadino. Pero este Cristo, a pesar de ser un Crucificado, tampoco es al que canta Machado. La Hermandad de los Gitanos de Granada fue fundada en 1939 y el poema, como hemos comentado, fue incluido y publicado en 1912 en la obra "Campos de Castilla".

La imagen por la que se inclina la mayoría como protagonista de “La Saeta”, tal vez por las múltiples leyendas e historias que le acompañan, es por el Crucificado sevillano: el Santísimo Cristo de la Expiración, conocido como “El Cachorro”, el “Moreno de Triana”, obra magnífica de Francisco Antonio Ruíz Girón que fue tallada en 1682.
Cachorro, quién pudiera
librarte de esta agonía, 
que si Triana pudiera
su vida, Señor, daría
para que Tú no murieras.


Cuenta la leyenda que, no encontrando la perfección que deseaba para la nueva obra encargada por la Hermandad de la Expiración, el escultor se inspiró en un suceso trágico ocurrido en Triana.

Paseando una noche por el barrio sevillano le llamaron la atención unos gritos. Se acercó al lugar y entre los faroles de los congregados, pudo ver a un hombre retorciéndose en la agonía que, alzando con dificultad la cabeza, dejaba escapar con trabajo los últimos estertores de una respiración convulsa, producto de varias cuchilladas en el pecho.

Aquel hombre moribundo era “el Cachorro”, un joven gitano, guitarrista, cantaor admirado, serio y taciturno, que decían tenía amores al otro lado del Guadalquivir con una dama casada. Ruiz Girón, mientras el gitano era auxiliado por los vecinos y a la luz amarillenta de los escasos candiles, dibujó en un papel el semblante agónico del gitano de Triana. En poco tiempo trasladó aquel boceto a la madera, consiguiendo en la talla del Cristo una auténtica expresión de agonía.

Cuando salió por primera vez la nueva imagen de la Hermandad a las calles de Triana el día de Viernes Santo de 1862, los trianeros al ver en la cruz al Cristo de la Expiración, profirieron gritos de admiración y sorpresa al reconocer en la fisonomía del Cristo al joven gitano asesinado: ¡Es el Cachorro!

No acaban aquí las curiosidades y leyendas que rodean a esta imagen tan conocida y venerada. Pero, posiblemente, Antonio Machado no pensó tampoco en “El Cachorro” sevillano ni en ninguna otra talla, en el momento de componer las conocidas estrofas de “La Saeta”. Lo único que deseaba describir el poeta en esos escasos versos, son las costumbres muy arraigadas de la Semana Santa en Andalucía, identificada muchas veces como tierra de gitanos, a la vez que manifiesta que ese no es su sentimiento religioso ni la manera debida de celebrar el cristianismo. Machado aboga por desterrar la sangre, el sufrimiento, la muerte, y centrarse en el hombre vivo y en sus enseñanzas.

Hoy, más arraigadas que nunca estas celebraciones, se viene utilizando, paradójicamente, una copla, un poema que, precisamente, reniega y excluye este tipo de representaciones. De esta manera, la interpretación de “La Saeta” en los desfiles procesionales, resulta un equívoco, un absurdo de intenciones que solo busca en los presentes un sentimentalismo fácil, sin reparar en la esencia y espíritu de los versos del poeta andaluz.

La Saeta (fragmento). Julio Romero de Torres (1918 - Colección Caja Sur).
- Album: "Dedicado a Antonio Machado, poeta" (1969 - Juan Manuel Serrat).
- Serrat.
La Saeta (fragmento). Julio Romero de Torres (1918 - Colección Caja Sur).
Nuestro Padre Jesús de la Salud. Sevilla. José Rodríguez, 1937. Sevilla.
Nuestro Padre Jesús del Gran Poder . Pedro de Mena, 1620. Sevilla.
Cristo de los Gitanos. José Risueño, s. XVII. Granada.
Santísimo Cristo de la Expiración, conocido como “El Cachorro”. Francisco Ruíz Girón, 1682. Sevilla.
Santísimo Cristo de la Expiración, detalle.
- Antonio Machado.



sábado, 14 de marzo de 2020

Idus de Marzo

Según la tradición romana fue Rómulo el creador del sistema de calendario que constó en su inicio de 10 meses, seis de ellos de 30 días y cuatro de 31, haciendo que el año comenzase el 1 de marzo. Fue el rey Numa Pompilio el que añadió 2 meses más, que supuso redistribuir los días entre los meses de la siguiente manera: todos los meses de 29 días, febrero de 28 y marzo, mayo, julio y octubre de 31 días (utilizando la terminología mensual actual). 

Aunque resultaba algo más complejo, la estructura y división de los meses se organizaba en tres tipos de días: las Calendas, las Nonas y los Idus, que correspondían a los periodos de la luna nueva, al cuarto creciente y a la luna llena, respectivamente. De esta manera, la distribución de los tipos variaba todos los meses (ver imagen distribución calendario anual: https://www.imperivm.org/el-calendario-romano-el-fasti/)
 
En la antigüedad los idus eran días de buenos augurios. Se celebraban los días 13 de cada mes, con excepción de marzo, mayo, julio y octubre que se celebraban el día 15. La importancia y el interés por los Idus de marzo, reside en que en el mundo romano se celebraba el mes de marzo como el inicio del año nuevo, pero, sobre todo, porque fue la fecha en la en el 44 a.C. murió asesinado aq los 56 años uno de los hombres más populares e importantes de la Historia: Cayo Julio César, el hombre que pudo reinar en Roma y cuya muerte desencadenó una serie de sucesos que trasformaron para siempre el futuro del mundo conocido.

Julio César es el único hombre de la antigüedad que sigue incrustado en nuestra manera de pensar, hablar o actuar. Y es que César es el primer publicista con sus frases universales, el primero que incorpora su imagen en las monedas, el que origina el nombre las distintas dinastías dirigentes: Emperador, Káiser, Zar … Pero también responsable en la reforma del calendario acomodándolo al año solar, formando su nombre parte del nombre de uno de sus meses, también la denominación de la forma de nacer mediante “cesárea”, la organización de bibliotecas, etc. Pudieron asesinarlo, pero no hacerle desaparecer de la historia de del mundo.


El suceso se produjo en el fondo de la parte central de la llamada Curia de Pompeyo (Curia Pompeia), edificio que formaba parte del gran recinto conocido como Teatro de Pompeyo, complejo construido por el que fue gran rival de César, Cneo Pompeyo Magno en el año 55 aC., para celebrar sus éxitos militares (http://www.todossc.es/visitas/TeatrodePompeyo). 

El enorme edificio situado en el Campo de Marte, contaba con el primer teatro permanente de Roma, pero también con tiendas, lujosos pórticos, jardines, un templo dedicado a Venus y edificios para servicios, como la Curia, que serviría provisionalmente para las reuniones del Senado, hasta la finalización de las obras de la futura Curia Julia del Foro.


Hoy solo quedan restos de la parte trasera oeste del enorme complejo, que se conoce como Área Sacra di largo di Torre Argentina, en pleno centro de Roma. Allí se pueden apreciar claramente los restos de los cuatro templos que se encontraban tras el edificio de la Curia, todos construidos en periodo republicano del I al IV siglo a.C.: Templo de Juturna (A – s.III), Templo de Aedes Fortunae (B – s. I) (redondo), Templo de Feronia(C – s. IV) y Templo de Lares Permanini (D – s. II).

 
El inmenso edificio del Teatro de Pompeyo queda bajo la ciudad actual, pero detrás de las estructuras de los templos señalados, se observan los escasos restos del edificio de la Curia, lugar que fue descubierto y señalado recientemente por investigadores españoles del CSIC, y que marca el lugar exacto donde fue asesinado Julio César (https://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/investigadores-del-csic-hallan-el-lugar-exacto-donde-fue-apunalado-julio-cesar).


Cuando César entró en la Curia hacia el mediodía de aquel 15 de marzo fue rodeado por los conjurados. Tulio Cimber, uno de ellos, se acercó a él pidiéndole clemencia para un hermano suyo condenado a destierro. César niega el perdón, pero Tulio le retiene sujetándole por la toga siendo ésta, al parecer, la señal para alzar puñales y espadas. De inmediato Casio le apuñaló por la espalda y, a pesar de la sorpresa, César tuvo arrestos para sujetar su mano mientras le increpaba. Seguidamente otra daga le atravesó el costado y Décimo Bruto le hirió en la ingle. En unos segundos, le asestaron 23 puñaladas.
 
 
Cuenta la tradición que cuando Julio César vio a Bruto con el arma en la mano, quedó tan sorprendido que dejó de defenderse y le dijo: Et tu, Brute (Tú también, Bruto?) Dejó de defenderse, se cubrió la cabeza con la toga y con la otra mano se envolvió las piernas y, ya agonizante, se derrumbó bajo los pies de la estatua de Pompeyo.

 
Conjurados y senadores abandonaron precipitadamente la Curia. Posteriormente todo resulto muy confuso. Los conjurados se dirigieron al Foro para proclamar públicamente la muerte del tirano y, posteriormente, con algunos partidarios más, dirigieron sus pasos al Capitolio, el sagrado monte donde se depositaban los símbolos del pueblo de Roma. Allí decidieron defender a los asesinos y legalizar su magnicidio, planeando arrojar el cadáver de Julio César al Tiber, como solía hacerse desde antiguo con los traidores y los peores criminales. Sin embargo, durante ese espacio de tiempo, el cadáver de César, abandonado en el suelo de la Curia, fue recogido por cuatro de sus esclavos y en una litera trasladado apresuradamente a la Domus Publica, al lado del Foro, que era habitualmente donde residia con su esposa Calpurnia al ser como Pontifex Máximus.


Ante los sucesos, Lépido, fiel partidario de César, que aturdido había presenciado el asesinato, se ocultó durante algunas horas temiendo una planificada represión por los conjurados. Más tarde y viendo que no existía un plan concebido contra los allegados a César, se reunió con las tropas que preparaba para ir a Galia e Hispania y ocupó esa misma noche el Campo de Marte, que en aquella época era todavía un espacio donde los jóvenes se ejercitaban y campamento provisional de las tropas de los generales que iban a celebrar un triunfo y que no podían atravesar las murallas servianas.

El resto de los seguidores de César también se recompusieron poco a poco de la sorpresa. Marco Antonio, que un primer momento se había escondido temeroso de los acontecimientos, decidió distribuir armas entre sus partidarios y se acercó a casa de César a visitar a su viuda Calpurnia. Con esta audaz operación se presentaba como su heredero político. Otra acción importante de Marco Antonio fue ocupar el Templo de Ops, diosa de la abundancia, donde se depositaba y custodiaba el tesoro de Roma y que se encontraba frente al templo de Júpiter Capitolino.


Las tropas de Lépido cercaron el Capitolio, que los asesinos habían hecho su cuartel general y que no supieron que acciones ni que decisiones tomar. Marco Antonio y Lépido dueños de la fuerza militar, convocaron al Senado en el Campo de Marte y allí se llegó a un acuerdo para no derramar más sangre y evitar una guerra civil: los conjurados quedarían impunes, pero se honraría la memoria y la obra de César.
 
Pero el testamento del general desbarató el acuerdo conseguido. César legaba una pequeña fortuna a cada vecino de Roma, trescientos sestercios, y cedía a la ciudad los jardines que poseía a la ribera del Tiber, en el Trastevere: César se descubría como un padre para los romanos y ellos no habían vengado su muerte.
 
El cuerpo de César, por instrucciones de Calpurnia, fue lavado, perfumado y amortajado y, una vez realizada la máscara mortuoria y cubierta su cabeza con un sudario blanco, fue revestido con la toga praetexta y colocado frente a las imágenes de sus antepasados, en el llamado lectus funebris, especie de diván que se situaba con los pies hacia la calle y donde amigos y clientes pasaron a rendirle honores durante 5 días. 

El lecho mortuorio se rodeó de flores, antorchas, velas y quemadores de perfumes, para amortiguar el olor de la muerte. Durante ese tiempo y siguiendo los rituales romanos para la clase poderosa, sería velado por parientes, mientras profesionales plañideras lloraban y cantaban los méritos del fallecido, mesándose los cabellos golpeándose el pecho mientras realizaban gritos lastimeros.
 
 
Cinco días después de su asesinato, concretamente el 20 de marzo, la comitiva fúnebre formada por magistrados, patricios, ciudadanos y veteranos militares llegó hasta el Foro, donde se agolpaba el pueblo, en su camino hacia el Campo de Marte lugar donde estaba prevista la incineración. El cadáver depositado sobre una angarilla de marfil, iba cubierto con la mortaja púrpura. En el Foro, el pueblo allí reunido escuchó el discurso fúnebre de Marco Antonio, que señaló a los asesinos como los hombres y traidores que habían jurado protegerlo, a la vez que mostraba entre sus manos a la muchedumbre el manto ensangrentado del difunto.


Comenzaron a oírse gritos de venganza y se desataron los ánimos. La decisión fue unánime, Julio César merecía el honor de ser incinerado en aquel lugar, en el Foro, en el propio corazón de Roma y no en el Campo de Marte, lugar a extramuros.

 Surgieron espontáneos que acumularon madera y muebles para improvisar una pira. Sobre ella colocaron la angarilla con el cadáver y le prendieron fuego con toda la madera que encontraron, desmontando bancos, tribunas, etc. Se formó una gran hoguera a la que la gente, según cuentan, arrojaba sus mantos, sus joyas y los veteranos de las legiones arrojaban sus armas. Tres días estuvo ardiendo la pira funeraria en el Foro y tres días duro la excitación de los ánimos entre los romanos. Las cenizas de César fueron colocadas finalmente en una urna, depositadas en un altar y adoradas como divinas día y noche. Según la leyenda fueron depositadas en un globo de oro que formaría parte del obelisco de la Colina Vaticana. Fue un duelo dilatado que dio tiempo a los asesinos a abandonar apresuradamente la ciudad.


“Depusieron los restos de César en el Foro, allí donde estaba la antigua Regia de los romanos y acomodaron encima mesas, asientos y cuantas cosas de madera había allí. Encendieron el fuego y todo el pueblo estuvo ante la pira funeraria durante la noche. En aquel lugar se erigió primero una columna y una ara; ahora allí está el templo del mismo César, en el cual es venerado como un Dios” (Apiano, s. II dC.).

En el lugar de la incineración se elevó por iniciativa del Senado una columna y un ara, hasta que en el año 29 aC., tras la batalla de Actium en la que fue derrotado Marco Antonio, el emperador Augusto erigió un templo a su “padre”, el “Templo del Divino Julio”, justo en el mismo lugar de la cremación, en el lado sudeste del Foro, donde se rendirá por tiempo culto a Julio César divinizado.
 

El templo se distinguía porque, en vez de una escalera frontal de acceso como era habitual, poseía dos escalinatas laterales bordeadas por un muro que cercaba el altar que señalaba el lugar de la espontánea incineración. Poseía una tribuna para los oradores, denominada Rostra del Divino Julio, que Augusto decoró con los mascarones de proa de las naves egipcias derrotadas en Actium.






Actualmente todavía se puede contemplar los restos del templo en el Foro. Solo existen algunos muros, su planta y parte del podio, ya que la mayoría de su estructura fue utilizada, curiosamente, para la construcción de la Basílica de San Pedro. Pero todavía se puede observar, el lugar, el altar que señala el punto exacto de la cremación. Aún hoy, como pudimos comprobar con emoción, se continúan realizando visitas y ofrendas sobre lo que queda del altar, y nunca faltan flores frescas en el mismo lugar de incineración.

Circulaba la leyenda de que la esfera de bronce que remataba el obelisco que se encuentra en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, contenía las cenizas de Julio César. El conocido obelisco fue erigido en el Foro Julio de la ciudad de Alejandría (Egipto) por indicación de Augusto. Trasladado por Calígula a Roma, se colocó en la espina del Circo Gaio y fue en ese momento cuando surgió la tradición de que las cenizas de Cesar se encontraban en la esfera.

La esfera de bronce con que fue rematado el obelisco se convirtió en la imaginación popular en el contenedor de las cenizas de Julio César. Quienes pasaban por la base del obelisco lo reverenciaban como cosa santa y se inclinaban ante aquello muy grande que custodiaba las alturas. En 1586 el papa Sixto V trasladó el obelisco frente a la Basílica de San Pedro y la esfera que lo coronaba fue sustituida por una cruz.








Se cuenta, que la esfera de bronce custodiada actualmente en los Museos Capitolinos desde su retirada y que hace unos años fue expuesta en Roma con ocasión de una muestra dedicada a Julio César, fue abierta a finales del s. XVI por Doménico Fontana, un arquitecto renacentista, comprobándose que estaba vacía.


                    Verde: Circo Vaticano o Gaio (Calígula)
                    Azul: Antigua Basilica de S. Pedro
                    Roja: Actual Basílica de San Pedro






Situación obelisco en Circo y durante primera Basílica.
                     
                                                                      
                                                                  

- Asesinato de César bajo la estatua de Pompeyo. E.H. Figer.    
- Calendario republicano romano.
- Busto de César de Arlés. Único realizado en vida.
- Teatro de Pompeyo. Recreación de Jean Claude Golvín.
- Teatro de Pompeyo
- Actualmente trasera Teatro de Pompeyo y Zona Sacra.
- Restos de la Curia de Pompeyo.
- César se dirige a la Curia en los Idus de marzo.
- Muerte de César. Karl Theodor.
- Asesinato de César. Jean León Gerome.
- Portalápices de César ...
- Vista aérea del lugar donde se encontraba la Curia de Pompeyo.
- Lépido.
- Marco Antonio.
- Cornelia.
- Turín. Máscara mortuoria de César?
- Discurso de Antonio en el funeral de César. Willians Holmes.
-Recreación de la cremación de César en el Foro. Jean Claude Golvin.
- Muerte de César. Guillaume Guillón.
- Reconstrucción Templo Divino Julio en el lugar de cremación.
- Templo Divino Julio actualidad (2 fotos)
- Ara del Templo del lugar cremación.
- Remate globo del obelisco del Vaticano. Museos Vaticanos.
- Grabado obelisco y primera Basílica.
- Idem.
- Circo, obelisco y Basílicas.
- Plaza del Vaticano. Centro el obelisco.