
En la catedral de León, concretamente en la Capilla del Nacimiento, en la ventana de la derecha, existen dos vidrieras fechadas en el siglo XIII y de autor anónimo. El vitral izquierdo resulta bastante popular por su armonía y bellos colores, pero prácticamente desconocido en su tema y significado.

El 9 de diciembre del año 666, se preparaba con gran ostentación en Toledo, capital del reino visigodo, la festividad de la Santa Leocadia. La nobleza, el clero y el pueblo se agolpaban en el recinto sagrado. Allí estaba también el rey visigodo Recesvinto y San Ildefonso, arzobispo de Toledo en aquellos momentos.
El arzobispo, en un momento durante la celebración, se arrodilla a los pies de la tumba de la Santa con el fin de realizar las oraciones dedicadas a la conmemoración de su martirio. Mientras se entonan los salmos y rezos por todos los asistentes, la pesada losa del sepulcro de la Santa lentamente se abre y aparece Leocadia que, incorporándose en su nicho, acompaña con su voz el canto de los fieles.

Después de rogar e interceder ante la Virgen María por la ciudad de Toledo, sus habitantes, el rey y San Ildefonso, la joven mártir vuelve lentamente a su sepultura. Antes de que se cierre por completo la enorme lápida que cubre el sepulcro, el rey Recesvinto desenvaina el cuchillo que cuelga de su cintura, se acerca al arzobispo Ildefonso y le insta para que corte y se haga con parte del velo que cubre a la Santa, con el fin de conservarlo como preciada reliquia. Ese es el instante que refleja la pequeña vidriera de la catedral de León: el momento en el que el rey visigodo entrega al arzobispo toledano el cuchillo y le apremia para conseguir la milagrosa reliquia.

Allí permaneció hasta el s. XI, en el que el rey leonés Alfonso VI “regaló” el venerado cuerpo al conde Hainaut, que había llegado a España como peregrino de Santiago y se había quedado para ayudar a Alfonso en las campañas de la Reconquista. En el siglo XII, los restos de Santa Leocadia se encontraban en Bélgica, en la abadía benedictina de Saint-Ghislain. Hasta allí llegaron en el siglo XVI los archiduques Felipe el Hermoso y Juana la Loca, quienes lograron enviar a la catedral de Toledo “una tibia” de la Santa.

Al acto de entrega de las reliquias a la ciudad de Toledo acudió el propio Felipe II, que llegó a llevar a hombros uno de los brazos de la litera en que el santo cuerpo era transportado, mientras su heredero, Don Felipe, sostenía un cordón a ella cogido y la Corte y la familia real iban tras el séquito funerario. Y es que la locura por las reliquias llegaba a todas las esferas sociales.

En el siglo IV comenzó la práctica de fragmentar los cuerpos de los santos para repartirlos. De esta manera, comienzan a multiplicarse los restos u objetos y, lógicamente, convertirse en una fuente importante y permanente de ingresos, llegando a pagarse verdaderas fortunas por algunos cuerpos.
En el siglo XIII, el IV Concilio de Letrán, prohibirá la veneración de las reliquias sin “certificado de autenticidad”. También prohibirá que las antiguas reliquias se muestren fuera de su envase ni se expongan para la venta. Sin embargo, la “locura por las reliquias” llegará a extremos alucinantes. Ya no será reliquia sagrada el cuerpo del mártir o santo, sino también la multitud de objetos que le hubieran pertenecido o hubiesen estado en contacto con él.
El enloquecimiento llegó a extremos de considerar como reliquias las limaduras de metal de los instrumentos de tortura, los trozos de las piedras utilizadas en la lapidación, los lugares de vivienda o por los que pasó, predicó o se sentó. Pero también el aceite de las lámparas que se encendieron delate de su cuerpo, el polvo del lugar de enterramiento en las catacumbas, etc.
La Iglesia de Roma llegó a clasificar el tipo de reliquia, recibiendo distintos nombres según que se trate de: "residuo", si era parte de un todo; "ex-carne", "ex-ossibus" y "ex-pilis" si son partes del cuerpo de un santo. Si es parte de una prenda, "ex-vestibus"; en cambio se denomina "a-contactu", "ex-capsa" o "extrema ratio", en el caso de ser un objeto tocado por el santo o mártir.
El concilio de Trento en 1545, intensificó aún el valor e importancia de las reliquias. Su posesión llegó a ser una especie de obsesión frenética. Particulares, nobles, religiosos y reyes, se desvivían por adquirir y acumular reliquias que, en algún momento, llegaron constituir colecciones magníficas. Este es el caso de Felipe II, que llegó a reunir reliquias documentadas de más 7000 cuerpos y objetos de santos y mártires. La descripción acumulada de los restos resulta espeluznante: 12 esqueletos completos, 144 cabezas enteras, más de 4000 fragmentos óseos y multitud de objetos sagrados.

Y es que desde hace 2000 años no se ha extraviado absolutamente nada relacionado con Cristo Existen multitud de fragmentos de la cruz, varias coronas de espinas, la lanza de Longinos, el cáliz, la sábana santa, los clavos, el velo de la Verónica, la santa esponja, la sangre, la columna de flagelación, las vestiduras, la inscripción INRI, más de una mesa y un plato de Última Cena, las monedas de Judas, etc…
Pero entre miles de objetos esperpénticos sobresalen algunos verdaderamente cercanos a la esquizofrenia:
En Roma, en la iglesia de la Madona di Loreto, existe una pluma del arcángel San Grabriel que “se dejó” en la Anunciación. Parece que en Liria, Valencia, existe otra parecida.

En la catedral de Murcia, existe un pelo de la barba de Jesucristo: Pelo Vultus Divini Jesuchristi. También existen cabellos de la Virgen María y María Magdalena en Sangüesa.
Los pañales de Jesús se conservan en San Marcelo al Corso de Roma, custodiados por los Servitas o Siervos de María. Fue muy conocido y venerado otro pañal que existió en Lérida, el “Santo Pañal”, que desapareció tras la Guerra Civil.
También en Roma, en Santa María la Mayor, encontramos una de las reliquias más sorprendentes: los restos del pesebre donde supuestamente fue acostado Jesús nada más nacer. Se muestran dentro de una espectacular urna de plata en forma de cuna.

Se conservan varios cordones umbilicales del Niño Jesús: en Francia, en la localidad de Chalons, también en Santa María del Popolo en Roma y otro más en la localidad italiana de San Martino.
La existencia de tres cordones umbilicales, no es nada comparado con la presencia de hasta 14 prepucios procedentes, se supone, de la circuncisión de Jesús. Contaron con una reliquia de prepucio, la abadía de Charrux, el monasterio Coulombs, San Juan de Letrán, la catedral de Le-Puy-en-Velay, Nuestra Señora de Amberes, las iglesias de Calcalta, Hildesheim, Besancon y Metz, y hasta la Catedral de Santiago de Compostela. El culto al Santo Prepucio, merece un seguimiento especial, a pesar de haber sido derogado por la Iglesia en el año 1900.

La ciudad del Vaticano es un auténtico almacén de reliquias y, posiblemente, contenga las más sorprendentes. Como por ejemplo estrambótico tenemos trece lentejas, el mantel y un trozo de pan de la Última Cena. Pero, además, allí se guardan dos de las reliquias más sorprendentes de la cristiandad: procedente de la Iglesia de Blois, se conserva un “suspiro de San José” en el interior de un frasco, y también, en otro recipiente de vidrio sellado, existe un “estornudo del Espíritu Santo”, originario este último de la parroquia romana de San Frontino. Como vemos, son innumerables e insospechados los restos u objetos que han sido, y todavía son, objeto de veneración a través de los siglos.

Por último volvamos a Roma, concretamente al Santuario Pontificio de la Escalera Santa, situado enfrente de la Basílica de San Juan de Letrán. Allí se encuentra el denominado Sancta Sanctorum, la antigua capilla palatina de los Papas, llamado así porque sirve de depósito de las valiosas y veneradas reliquias que allí se guardan. La principal de todas es la imagen acheropita de Cristo, Santissimi Salvatore Acheiropoieton, que significa “no pintado por mano humana”.
Para llegar al Sancta Sanctorum, hay que subir una escalera de 28 escalones de mármol de Tiro, recubiertos de madera de nogal desde el s. XVIII con el fin de protegerles del desgaste producido durante siglos por la subida de peregrinos, que la ascienden de rodillas como ejercicio penitencial.
¿Qué tiene de especial esta escalera? Es, nada menos, que el graderio del pretorio de Pilatos en Jerusalén, escalera por la que subió varias veces Cristo el día de su condena a muerte, el Viernes Santo. Fue traída a Roma desde Jerusalén en el año 326 por Santa Helena, madre de Constantino. Pero eso no es todo, la escalera conserva en varios peldaños la sangre que Jesucristo derramó, y que se pueden ver a través de pequeños óculos de cristal abiertos en la madera de los escalones.
Es verdad que después del Concilio Vaticano II, el interés de la Iglesia Católica por las reliquias ha disminuido notablemente, principalmente por la decisión vaticana de relegar muchas reliquias de larga tradición a la categoría de "leyendas devotas".
Esta decisión ha servido para relajar las costumbres populares, moderándose bastante la “locura por las reliquias” y la obsesión por acapararlas. Sin embargo, aun se mantiene una fuerte devoción por ellas y un cierto interés de la Iglesia por su continuidad. Sirva como ejemplo la exposición reciente en una urna, del cuerpo incorrupto del beato Juan XXIII en el altar de San Jerónimo, en la Basílica de San Pedro, curiosamente el Papa que inspiró y convocó el Concilio Vaticano II.
- Video: YouTube. Folias de España, FelipeII de Antonio de Cabezón. mestrehistoria.
- Vidriera San Ildefonso y Recesvito. Catedral de León.
- Vidriera San Ildefonso y Recesvito. Catedral de León.
- Idem. Capilla del Nacimiento. Catedral de León.
- Milagro de Santa Leocadia. Iglesia de San Ildefonso de Granada.
- Cripta de Santa Leocadia. Catedral de Oviedo.
- Reliquias de Santa Leocadia. Toledo.
- Martirio de San Ignacio de Antioquía. Anónimo, s. XVI.
- Concilio de Trento. Anónimo.
- Relicario de Federico Zuccaro. Monasterio del Escorial.
- Relicario: Restos del Pesebre. Santa María la Mayor, Roma.
- Circuncisión, Michel Pacher. Retablo de San Wolfgang.
- Sancta Sanctorum, Santuario Pontifico de la Escalera Santa. Roma.
- Santissimi Salvatore Acheiropoieton.
- Escalera Santa, Santuario Pontifico de la Escalera Santa. Roma.