jueves, 31 de marzo de 2011

Presencia vikinga en el Reino de León






Tapiz de Bayeux. Conquista de Inglaterra por los normandos.

Una silueta baja y alargada surca velozmente las aguas cercanas a la costa norte del Reino de León. Posee una sola vela rectangular en el centro, distinguiéndose pequeñas troneras laterales para la instalación de remos, que se utilizan para navegar por los ríos o para aumentar su velocidad antes de entrar en combate. Es ligero, rápido, con un reducido calado que le permite maniobrar fácilmente en aguas poco profundas y ser transportado por tierra.

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La afilada quilla facilita una suave navegación y una espléndida ceñida al viento. En su interior, alrededor de 200 hombres preparados esencialmente para la guerra, han recorrido cientos de kilómetros hacinados en un espacio reducido (30 m. de eslora por 6 de manga, aproximadamente). Tiene una cubierta simple, con dos pequeñas bajocubiertas situadas a proa y popa y el centro totalmente abierto.

En la proa de la nave, en lo alto de la quilla como era costumbre, un mascarón maravillosamente tallado: la cabeza de un dragón. Es un drakkar, un barco de guerra vikingPor Craig A Rodwayo dispuesto para atacar cualquier punto vulnerable de la costa del Reino, desde el cabo Peñas, al este, hasta la desembocadura del río Duero, ya en el litoral Atlántico.

Como veremos, las incursiones fueron constantes durante décadas, siendo habitual, durante los siglos IX al XI, la presencia de barcos vikingos merodeando las costas hispanas. La procedencia de las naves de lo más heterogéneo: Irlanda, Normandía, Escocia, Inglaterra, pero también Noruega, Suecia o Dinamarca. Largos viajes que obligaban a los tripulantes a protegerse de las inclemencias de la navegación con una lona encerada que arropaba prácticamente la totalidad de la cubierta, resultando tediosas las largas jornadas en alta mar. 


Con el buen tiempo, era habitual, a pesar 222 del escaso espacio del que disponían, la práctica de la típica lucha personal. También se adiestraban y mostraban sus habilidades en un curioso juego, consistente en ir saltando de un remo a otro por la parte exterior del barco tratando de evitar la caída al agua. Estas toscas aficiones, contrastaban con otra más relajada y muy extendida: el Hnefatafl. Un “juego de mesa” que, conociendo las actividades y costumbres de estos hombres, su práctica resulta insólita.

Su significado es “Tablero del Rey” y, aunque resultaba muy popular, formaba parte de la educación de la nobleza que tenía por mérito ser diestro en el mismo. Se han hallado múltiples tableros y piezas; algunos de estos tableros cuentan con pequeños agujeros para sujetar las fichas, que contaban con una pequeña clavija para encajar, señal indiscutible de su empleo durante las largas travesías. Como curiosidad, comentar que el Hnefatafl se distingue del ajedrez en que los competidores, atacantes y defensores, tienen fuerzas desiguales y un objetivo distinto para ganar. La colocación de las fichas también es diferente y el número de los escaques del tablero pueden llegar hasta 11 x 11.

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Los primeros avistamientos de barcos vikingos se producen a mediados del s. IX, devastando distintos puntos del litoral: desde el golfo de Vizcaya a Finisterre. Los asturianos de Ramiro I consiguieron organizarse y repeleEUr a los guerreros nórdicos, considerados más peligrosos que los musulmanes.

En el 858, bajo el reinado de Ordoño I, llegaron nuevamente oleadas de vikingos a las costas hispanas. Esta vez desembarcaron en la zona atlántica, arrasando Iria Flavia y asediando Compostela, cuyos habitantes se vieron obligados a pagar un fuerte tributo para salvar la vida. Finalmente fueron empujados a la costa y obligados a reembarcar.

Una tercera oleada vikinga, posiblemente la de mayor importancia, tuvo lugar durante el reinado de Ramiro III (966 al 985). La fuerza vikinga avanzó a sangre y fuego hasta el interior, llegando incluso a las inmediaciones de León. Con esfuerzo, se llegó a reunir un potente ejécopia4decopiade40ep1rcito que, al mando del conde Gonzalo Sánchez y el obispo San Rosendo, obligó a retirarse a los vikingos hasta la costa donde se encontraba su flota. El ejército leonés logró darles alcance, derrotarles, recuperar el importante botín y quemar sus naves.

Las “visitas” esporádicas de piratas nórdicos se sucedieron. En 1028 tras la subida al trono del rey leonés Bermudo III y la grave inestabilidad política del territorio gallego, una importante fuerza vikinga penetró por la ría de Arosa comandada pantifonarioor un jefe danés llamado Ulf (Lobo), que saqueó y devastó los territorios costeros, para penetrar más tarde hasta el corazón del reino leonés. Cuatro años después, en el 1032, el vikingo todavía se encontraba en el interior del territorio apoyando como mercenario a un rebelde gallego, Rodrigo Romariz, que se alza en armas contra Bermudo III. El obispo de Compostela, Cresconio, le hace frente en nombre del rey, les derrota y les obliga a reembarcar en el 1038, siendo ya rey de León Fernando I.

La constante presencia vikinga en las costas influyó considerablemente en la sociedad y cultura leonesa del momento, sobre todo en esos 10 años en los que Ulf y sus tropas danesas permanecieron en territorio leonés. Esta influencia vikinga queda reflejada en una de las imágenes espléndidas del Antifonario Mozárabe de la Catedral de León, en el que un guerreroBeato de Escalada anticristo empuña una espada de pomo lobulado y ranura longitudinal o abatanador, pero también en otras existentes que se aprecian en el Beato de San Miguel de Escalada, que guardan un parecido substancial con las espadas vikingas que se conservan en distintos museos europeos.

Según cuenta el propio historiador Eduardo Morales Romero, en 1990 vino a España acompañado de dos colegas del Museo de los Barcos Vikingos de Roskilde (Dinamarca), Janviking6 Skamby y Keld Hansen, con el fin de encontrar antecedentes o muestras del pasado vikingo en nuestro país. Tuvo noticias de la existencia de un báculo existente en el Museo de la Catedral de Santa María de León, fechado en la segunda mitad del s. IX y realizado, según se apuntaba, en hueso o diente de morsa. Dicha pieza se había hallado en el interior del sarcófago del obispo San Pelayo (s. IX) y se creía que tenía origen escandinavo.

Las investigaciones de Morales y sus colegas daneses resultaron decepcionantes para sus pretensiones. El báculo resultó estar realizado en madera y, aunque reconocen que su decoración tiene cierto aire nórdico, comprobaron que no muestra ninguna ascendencia escandinava, excluyendo por completo cualquier intervención vikinga en su elaboración.

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Después de la visita al Museo catedralicio, acudieron al Museo de la Basílica de San Isidoro. Allí, como venían haciendo rutinariamente en otros centros, se interesaron por la existencia de alguna pieza de origen nórdico. La sorpresa fue enorme cuando les indicaron que, expuesto en el propio Museo de la Basílica, existía un pequeño ídolo de marfil con las características que señalaban.

Según relata textualmente Eduardo Morales, cuando contemplaron dentro de su vitrina la pieza en cuestión, quedaron hipnotizados. Sin duda alguna, se trataba de una obra de excepcional calidad artística del “periodo vikingo” que, hasta el momento, había pasado desapercibida.

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El ídolo resultó ser una cajita cilíndrica excelentemente conservada, calada, con un acusado saliente en uno de sus extremos y fabricada en asta de reno, no en marfil como se creía. Mide 44 mm. de altura y 33 de diámetro y posee dos placas de metal que cierran los extremos: una fija y circular, la otra ovalada y con una bisagra que le permite abrir y cerrar, aunque las perforaciones existentes indican que en su día también estuvo fija. Las placas metálicas son también caladas y con parecida decoración al cuerpo de la caja, pero de menor calidad artística. El motivo decorativo lo forman varios animales que se entrelazan cubriendo la integridad de la superficie tubular. El borde saliente representa el animal principal, posiblemente la cabeza de un ave, que vuelve la cabeza hacia atrás en un giro de 180º.tesoro_viking amarillo

La cajita del Museo de San Isidoro de León es una pieza única y excepcional, con unas características muy especiales y sin equivalentes conocidos. Es, además, uno de los pocos objetos vikingos conservados en un museo durante siglos, ya que la mayoría de los existentes proceden de hallazgos o excavaciones arqueológicas contemporáneas. En definitiva, una obra maestra del arte vikingo de la segunda mitad del s. X, y la única muestra representativa del arte nórdico que se encuentra en España.

D. Antonio Viñayo, abad emérito de San Isidoro, cuenta que, tras el examen del pequeño estuche por parte de Morales, Hansen y Skamby, entre los dos expertos daneses se barajó la idea de que podría tratarse de una de las fichas de Hnefatafl. Esta afirmación no parece una solución descabellada. Se han descubierto piezas de juego vikingas realizadas en diversos materiales: cristal, ámbar, hueso o cornamenta, y la cajita de San Isidoro tiene el tamaño perfecto para encajar en los escaques de un tablero. Hay que tener en cuenta también que, en un principio, la pieza en cuestión estaba herméticamente cerrada, siendo posterior su utilización como recipiente para guardar o conservar algún pequeño objeto, una vez desmontada la tapa y añadida la bisagra.

Panorama

¿Cómo llegó esta sorprendente muestra del arte vikingo a la Basílica de San Isidoro de León? Realmente no se conoce. A pesar de que la cajita no se encuentra en la lista de la donación que realizaron a la Colegiata los reyes Fernando I y Doña Sancha, Antonio Viñayo supone que formaría igualmente parte del lote de las joyas entregadas por el matrimonio regio, llegándose solo Fernando Ia reseñar en el inventario las más importantes y valiosas.

No se debe descartar que la cajita llegase a la Colegiata como receptáculo de una pequeña reliquia procedente de cualquier punto geográfico con importantes asentamientos vikingos: Inglaterra, Irlanda, Noruega, etc. Sin embargo, creemos que la ausencia de cualquier simbolismo cristiano en su factura y la posterior inclusión de la bisagra, implica que tuvo una utilidad anterior distinta. Morales se inclina por dos opciones: la posibilidad de contener una sustancia olorosa o ser portadora de un amuleto, posiblemente el apreciado ámbar.

Estas dos propuestas, más la referida que anotaron los dos expertos daneses, relacionándola con su posible utilización como una bella pieza del Hnefatafl, son las opciones más fiables sobre su origen. Sea como fuere, su llegada a la corte leonesa es, seguramente, consecuencia de un botín arrebatado a las tropas nórdicas en alguna de las múltiples refriegas ocurridas durante el s. XI, momento en el que la costa hispana era objetivo permanente de los ataques y saqueos vikingos, que suponen importantes enfrentamientos con las tropas leonesas.

En cuanto a los posibles asentamientos nórdicos en territorios hispanos, resulta sorprendente que el único vestigio toponímico vikingo en España, después de las múltiples incursiones por toda la costa, se encuentre en el interior, muy alejado de la zona literal y al sur de la capital leonesa. Es el caso de la localidad de Lordemanos (“hombres del norte”), aldea que aparece ya documentada en el 1117 y que tiene el privilegio de ser el único asentamiento vikingo reconocido en la Península.

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Estas escasas, pero únicas y valiosas, muestras de la llegada y estancia de los piratas nórdicos, hacen de León referencia obligada de su presencia y arte en España, protagonizada principalmente por la “Cajita de la Basílica de San Isidoro de León”, desconocida hasta hace unos años y ahora ocupando un puesto relevante dentro del Arte Vikingo.

- VIDEO. YouTube. Versión animada del Tapiz de Bayeux. Realizado en el s. XI, narra en sucesión de imágenes la conquista de Inglaterra por los normandos (vikingos). Comienza con aparición del cometa Halley y concluye con la batalla de Hastings en 1066. Animación: David Newton. De: Avidavid62.
- Flota de barcos vikingos. Grabado.
- Disposición del Hnefatafl.
- Tablero de Hnefatafl con clavijas.
- Caballeros. Vasnetsov.
- Ataque vikingo. Rom Lovell.
- Drakkar. Grabado.
- Antifonario Mozárabe de la Catedral de León.
- Beato de San Miguel de Escalada.
- Espadas vikingas. Museo Estocolmo.
- Báculo del obispo San Pelayo. Museo Catedral de Santa María de León.
- Cajita vikinga, siglo X. Museo de San Isidoro de León.
- Piezas vikingas de Hnefatafl.
- Libro de Horas de Fernando I.
- Visitantes de ultramar. Nicholas Roerich.
- Muchas de las referencias, imágenes y videos se encuentran en Internet dándose debida cuenta de su origen, no obstante, serán retiradas si así se solicita.



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jueves, 10 de marzo de 2011

La conquista más occidental de Alejandro: León


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"Alexander the Great". Vangelis.

Quizá sea Alejandro Magno una de las figuras más seductoras de la Historia. Desde Macedonia y a la edad de 20 años, el joven monarca heleno dirigió sus expediciones militares hacia Oriente, conquistando el mayor imperio conocido hasta el momento: desde los Balcanes hasta el Indo, desde el norte de Afganistán, hasta el sur de Egipto.

Según el historiador Diodoro de Sicilia (s. I aC.), Alejandro planeaba la construcción en distintos puertos: Fenicia, Siria y Chipre, de centenares de barcos de guerra y trasporte para una futura expedición hacia las Columnas de Hércules, con el fin de conquistar el norte de África, Sicilia, costas itálicas y, por supuesto, Iberia. La intención era aunar Oriente y Occidente en una sola cultura. Según el historiador francés Méchin, ese sueño “universal” surgió en la llanura de Hekatompylos, mientras Alejandro contemplaba el cadáver de Darío III, el último rey de los persas.

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Los planes se frustraron tras su prematura muerte en Babilonia a los 33 años, el 30 de junio del 323 aC. No obstante, el rey macedonio se convirtió en uno de los mayores iconos militares y culturales de Oriente, pero también de Occidente. Una figura que, junto a su legado, marcará una época de extraordinario progreso e intercambio que, de alguna manera, sigue valorándose y estando presente después de más de 2200 años. En esta permanente “conquista cAlejandroultural” a través de los siglos, Alejandro se interna en el occidente europeo. Evidentemente no estuvo en la Península, pero su presencia se hizo patente y llegó con fuerza hasta el reino medieval más occidental del continente: el Reino de León.

A principios del siglo XIII, se estima entre el 1202 y 1207, el monje leonés Juan Lorenzo Segura realiza una de las obras más representativa y trascendente de la literatura española: el “Libro de Alexandre”. El poema narra la vida del gran Alejandro, desde su nacimiento, infancia y juventud hasta su muerte. Pero también hace hincapié en su importante formación, el inicio de su reinado, las conquistas persas y su estancia en la India.

A pesar de la existencia de otras opiniones sobre la elaboración de la obra, que tratan de justificar y acercar el texto a la “tradicional cuna” del castellano, la opción de la autoría leonesa está avalada entre otros por Tomás Antonio Sánchez, Emil Gessner y Joan Corominas, además de Ramón Rodríguez Pidal, quien asegura, en un profundo estudio, que el dialecto leonés se encuentra permanentemente en la obra.

Charles Le Brun (1619-1690)-'Alexander and Porus (Puru) during the battle of Hydaspes (326 BC)'-1673

De esta manera, en la ciudad de León se realizarán los primeros balbuceos escritos del español con el rey macedonio como protagonista. Y es que el "español", como recientemente ha declarado Inés Fernán20070418klplyllic_26.Ies.SCOdez Ordoñez, catedrática de Lengua Española de la Complutense, experta en dialectología histórica y, desde hace unos días, miembro de la RAE, es un crisol de rasgos leoneses, aragoneses, portugueses y catalanes. No debe identificarse exclusivamente con la lengua de Castilla, error promovido por las influyentes ideas de la generación del 98 y de la historiografía liberal decimonónica, que atribuían únicamente a Castilla la “formación” de España. Esta ideología, que todavía hoy se mantiene en parte, ignoró e ignora, torpe o interesadamente, la trascendencia y protagonismo decisivo en la cultura, historia y lengua actuales, de los anteriores y periféricos reinos y sociedades existentes en la Península anteriores a la existencia del condado de Castilla.

A través del "Libro de Alexandre" conocemos detalles de la personalidad del monje leonés y de los valores y código moral del Reino de León a principios del siglo XIII. Integrado en la sociedad leonesa de la época, Juan Lorenzo Segura era un hombre culto, lector y conocedor de textos en latín y francés, que ensalza y subraya en el poema el orgullo y la valentía del guerrero, la fidelidad al señor, el rechazo de la deslealtad y la cobardía, la piedad religiosa y el temor de los pecados.

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El libro marca el punto de partida de la narrativa española, siendo parte trascendental de las primeras manifestaciones de nuestra literatura. Pero además, el clérigo, en las dos primeras coplas o estrofas del poema, define y diferencia las dos “escuelas” existentes en la época y que están plenamente vigentes en el estudio actual de nuestra lengua escrita: Mester de Juglaría y Mester de Clerecía (“mester” = oficio). Así se expresa el fraile leonés al inicio del libro:

Señores, se quisieredes mio serviçio prender,

querríavos de grado servir de mio mester;

deve de lo que sabe omne largo seer ,

se non podrié en culpa o en yerro caer.

Mester traygo fermoso, non es de joglaría,

mester es sen pecado, ca es de clereçía,

fablar curso rimado por la cuaderna vía,

a sýlabas contadas, que es grant maestría (…).

Alfonso IX - Tumbo A El poema fue escrito para entretenimiento de la corte mediante su lectura, además de servir de enseñanza moral para los príncipes. De esta manera, la vida y hazañas de Alejandro Magno “conquistarán” la corte de Alfonso IX de León en los inicios del siglo XIII, educando y distrayendo a ilustres y nobles, así como, con seguridad, a alguno de los diecinueve hijos del monarca leonés, entre ellos posiblemente a su sucesor: Fernando III.

Esta antigua y prácticamente desconocida “presencia” de Alejandro en León, ha cobrado un nuevo impulso y relevancia excepcional desde marzo de 2009, gracias a la instalación e inauguración en la ciudad del Instituto Bíblico y Oriental, curiosamente situado en dependencias de la Basílica de San Isidoro, panteón que fue de los reyes leoneses. Otro clérigo natural de León, Jesús García Recio, será el "responsable" de la "vuelta" de Alejandro Magno a la ciudad después de 800 años.

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El Instituto y su Museo cuentan con los fondos bibliográficos y museísticos únicos en el mundo, del asiriólogo holandés J. Van Dijk, que lega su inigualable colección de documentos arqueológicos y epigráficos orientales (1000 piezas y 10000 volúmenes) a su discípulo, el sacerdote leonés experto en culturas semíticas, Jesús García Recio que, después de enormes esfuerzos y contrariedades, consigue la financiación adecuada para la instalación permanente de los fondos en León. En la colección se pueden encontrar piezas arqueológicas del 7000 aC., pero, sobre todo, multitud de textos arcaicos Reina cuneiformes que desarrollan los primeros sistemas de escritura y ciencia. Con estos valiosísimos fondos, el Instituto se convierte en lugar de obligada visita para historiadores y estudiosos de los textos más antiguos de la humanidad.

Junto a Jesús García, otro apasionado de la cultura oriental, arabista y egiptólogo, participará con entusiasmo en esta empresa. Se trata de Francisco Antonovich, español nacido en el Cairo, historiador del arte, anticuario, coleccionista, arqueólogo, director de varios museos en Francia, … un entusiasta del Oriente y profundo conocedor del Helenismo, que ha puesto a disposición del Instituto Bíblico y Oriental su colección de piezas y documentos: biblias antiguas, objetos de culto egipcios, sarcófagos hebreos y egipcios, textos sumerios, fenicios, siríacos, ugaríticos, manuscritos cristianos-coptos, copias de evangelios, etc. Pero Francisco Antonovich, además de ser uno de los grandes expertos mundiales sobre Alejandro Magno y su cultura, es poseedor de la mejor colección privada existente sobre monarca macedonio y el mundo helenístico.

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El 11 de marzo de 2009, la reina de España inauguró oficialmente el Instituto Bíblico y Oriental, que engloba el Museo y la Biblioteca Oriental, en una curiosa y exclusiva ceremonia en la que se empleó un "clavo fundacional" sumerio que puede verse en el Museo. El mismo día, con la colección Antonovich como protagonista, se inauguró asimismo una exposición bajo el título de: “El itinerario religioso de Alejandro Magno”. En ella se realiza un recorrido por los aspectos religiosos del rey heleno, profundamente influido por la religión, que gustaba venerar a los dioses de cada lugar o región conquistada.

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Las piezas mostradas representan un amplio abanico en tiempo, procedencia y cultura: desde los días de Filipo de Macedonia y Alejandro, hasta el posterior mundo helenístico; desde Roma hasta la India, desde las representaciones del rey como dios Ganesh (hindú), hasta imágenes del monarca con profunda influencia cristiana.

Bajorrelieves, estatuillas de mármol y bronce, camafeos, vasos de liturgia báquica, monedas, cálices, … varios bustos de Alejandro helenísticos y de época romana, uno como Dios Sol. Diversas esculturas del monarca, en una de ellas revestido con las escamas de Medusa, una talla de la que solo existe otra en el mundo expuesta en el Louvre, pero de menor tamaño; una diadema real de oro y distintos discos del mismo material con los rayos típicos del reino macedónico, correspondiente a la época de Filipo. También importantes tallas de objetos del arte Gandhara, joyas, piezas de plata, las bellas monedas de Afganistán, etc. Toda una imponente y única muestra sobre el héroe heleno.

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Hace unos días se ha confirmado la buena noticia. Venía difundiéndose el rumor de que la exposición podría quedarse permanentemente en la ciudad y, felizmente, el pasado mes de febrero, Francisco Antonovich ha comunicado la cesión de su colección sobre Alejandro Magno y el Helenismo de más de 300 piezas al Instituto Bíblico y Oriental, en definitiva a la ciudad de León, que se convierte de esta manera en obligada referencia nacional e internacional de la cultura helenística. Ocho siglos después Alejandro Magno vuelve a "conquistar" León y esta vez, supuestamente, para quedarse.


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- MÚSICA: YouTube - maryoik: Banda sonora de
"Alexander". Vangelis.
- Alejandro Magno. Museos Capitolinos, Roma.
- Reconstrucción del mosaico "Batalla de Issos". Pompeya.
- "Alejandro y Poros" (detalle). Charles le Brun.
- "Alejandro y Poros". Charles le Brun.
- "Libro de Alexandre". Biblioteca Nacional. Madrid.
- "Cantigas de Santa María" (detalle). Alfonso X.
- Alfonso IX. Miniatura Tumbo A de la Catedral de Santiago.
- Entrada al IBO y exposición sobre Alejandro. Basílica de San Isidoro de León.
- Inauguración. La reina Sofía, a la derecha Jesús Recio, a su izquierda Antonovich.
- Varias piezas de la exposición.
- Alejandro Magno. Medallón en la fachada de San Marcos de León.
- Muchas de las referencias, imágenes y videos se encuentran en Internet dándose debida cuenta de su origen, no obstante, serán retiradas si así se solicita.

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lunes, 14 de febrero de 2011

León y las ninfas


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SYNAULIA I. Musica dell`antica Roma

Si existe una fuente popular en la ciudad de León es, sin duda, la “fuente del Espolón”. Este pozo artesiano que vierte sus aguas desde su instalación a principios del s. XX en el exterior del recinto amurallado, cerca de Puerta Castillo, ha pasado por distintas etapas y ha mantenido diferentes estructuras, siempre humildes, muy alejadas de otras construcciones consideradas monumentales que se ubican por la ciudad tras la traida de aguas y la constitución de la Junta de Fuentes a mediados del XVIII.

A pesar de su sencillez, siempre ha sido referencia para los leoneses de la zona norte de la ciudad partidarios del consumo de agua artesiana, que acudían y acuden todavía a llenar sus recipientes para disfrutar del sabor y la pureza de un agua sin tratar. Fruto de este apego y popularidad, la fuente sufre en estos días otra enésima renovación a pesar del paso del tiempo y del actual auge del agua embotellada, manteniéndose la tradición de obtenerla en los depósitos que forma la naturaleza y que, según los restos arqueológicos, estuvieron protegidos desde el inicio del asentamiento romano por las ninfas del lugar.

plaza del Espolón

Dentro de la compleja y maravillosa mitología greco-romana, las ninfas ocupan un lugar exclusivo a pesar de ser consideradas “deidades menores”. Algunas veces figuran como seres inmortales, pero en realidad son espíritus femeninos de gran longevidad, personificando, el culto y la fuerza creativa de la naturaleza.

Los griegos y romanos percibían en todo lo que les rodeaba las manifestaciones de la divinidad, por lo que el número de ninfas resultaba infinito: montañas, grutas, árboles, valles, bosques, rWilliam Adolphe Bouguereau Ninfas y Sátiroíos, fuentes, etc., eran portadores de vida. De alguna manera, resultaban encarnaciones de los dioses y las sensaciones percibidas por el hombre en la contemplación de esa naturaleza, eran atribuidas a la acción de aquellas divinidades.

Según el lugar en el que residen adquieren múltiples nombres. De una manera simple: las Oréades son las ninfas de grutas, montañas, valles y ganado; Mélides, Dríades, Hamadríades, Epimélides, etc., son las ninfas de los distintitos tipos de árboles; las ninfas de praderas, bosques y arboledas, eran denominadas Límonides, Napeas, Alseides y Auloníades. Por último las ninfas acuáticas que habitan en el mar son denominadas Oceánides y Nereidas, y las de agua dulce procedentes de lagos, ríos, arroyos, pozos o fuentes se las diferencia como Náyades, si bien el genérico de ninfas se utiliza habitualmente para éstas últimas.

Sus relaciones y actividades son diversas: se las ve acompañar, cazar, bañarse y bailar con Diana, son ayudantes de Apolo, del “juerguista” Dionisio, o de los lugareños Hermes y Pan. Resultan frecuentemente objetivos sexuales de los sátiros, manifestaciones primitivas del culto a la naturaleza, criaturas pícaras y festivas, pero a veces violentos y peligrosos, mitad hombre mitad carnero, con orejas puntiagudas, cuernos, barba y patas de macho cabrío, gran cola y un permanente priapismo.

En el arte las ninfas son representadas como hermosas jóvenes, desnudas o semidesnudas, con largos y hermosos cabellos, que gustan de cantar, danzar y jugar. Llevan una vida feliz refugiándose en los lugares solitarios de la naturaleza, mostrándose esquivas, tímidas y huidizas.

Son bellas y conocidas las historias que las rodean. Una de ellas, posiblemente la más popular, corresponde a las tribulaciones de la ninfa Eco que, enamorada apasionadamente del hermoso Narciso, hijo de otra ninfa llamada Liríope, fue despreciada y humillada por éste. Eco se fue consumiendo de tristeza hasta quedar únicamente su voz; Némesis, diosa de la venganza, ante el sufrimiento de la ninfa y el ultraje del joven, castigó a Narciso haciendo que se enamorase de sí mismo al ver su rostro reflejado en un arroyo. Como su amor resultaba imposible, la vida de Narciso se extinguió lentamente mirándose en el agua. En aquel lugar surgió una flor, símbolo perpetuo de la hermosura sin corazón: el narciso.

Otra de las bellas fábulas protagonizada por las ninfas y que cobra relevante protagonismo en León gracias al extraordinario mosaico hallado en una villa romana de una localidad cercana a la ciudad, es la que narra la historia de Hilas.

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En una de sus múltiples aventuras Hércules se enamoró del hermoso Hilas, llevándolo consigo en la célebre expedición de los Argonautas. Obligados a recalar en Misia para abastecerse, mientras Hércules talaba árboles para fabricar remos y otros miembros de la tripulación se ocupaban de diversas tareas, Hilas recibió el encargo de conseguir agua. De camino al arroyo, las ninfas que habitaban la fuente Pegea lo vieron llegar. Una de ellas, Dríope, se enamoró de él al instante y sin dudarlo pensó tenerlo a su lado para siempre.

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Mientras Hilas se disponía con su vasija a recoger agua, Driópe, ayudada por el resto de ninfas, emerge de las aguas y pasa su brazo alrededor del cuello del joven para besar su boca y arrastrarlo al fondo. Hércules pasó días y días buscando a su amante sin resultado alguno, mientras Hilas, después de su unión con la ninfa, se convierte en inmortal tal como simboliza la rama de laurel que crece tras la imagen del héroe en el mosaico leonés, actualmente expuesto en el Museo de la ciudad.

el_ninphaeum_de_adolphe_bouguereau A pesar de la importancia y trascendencia de León como campamento y ciudad romana, los restos arqueológicos no son muy abundantes ni proporcionales a la presencia y cultura latina. No obstante, resultan significativos los testimonios relacionados con el culto a las ninfas, de la que es buena muestra el mosaico citado (pero no la única como veremos), que ponen de manifiesto el interés de los habitantes por aquellas divinidades menores, seguramente poderosamente influenciados por el espacio natural que rodeaba el campamento.

Hace 2000 años, en el sur, este y oeste de la ciudad, hacia la confluencia de los dos ríos, dominaba un paisaje plenamente fluvial, imperando las inundaciones estacionales y las zonas pantanosas que mantenían diversas lagunas alrededor del elevado asentamiento. En el norte el paisaje resultaba agreste debido a las elevadas terrazas conformadas por los ríos Torío y Bernesga y la generosa arboleda, principalmente de robles y quejigos, en la que predominaban los pozos, arroyos y fuentes, como demuestran los cuantiosos descubrimientos de conduAnónimo (Taller Rubens, Pedro Pablo)cciones de agua hacia la ciudad.

El escenario natural representado: humedales, ríos, lagunas, arroyos, fuentes, bosques, monte, etc., era propicio para la “existencia” de ninfas, que serán veneradas por los pobladores de la ciudad, consagrando los lugares de su "refugio o morada". Pero también es un espacio propicio para la caza en el que reinarían las aves en los humedales y, hacia el norte, zona agreste de monte y bosque donde no falta abundante agua, sería habitual encontrar caza mayor: caballos salvajes, cérvidos de todo tipo, jabalíes y, posiblemente, osos.

Como prueba de la existencia de este extraordinario cazadero al norte de la ciudad, es el hallazgo a mediados del siglo XIX, incrustada en la muralla muy cerca de Puerta Castillo, de una de las piezas votivas romanas más interesantes y bellas de la Península: el ara de Diana. Se trata más bien de una “dedicatoria a la diosa” realizada en mármol grisáceo con algunas vetas rojizas, que posee inscripciones en los cuatro costados. La inscripción de la cara principal está en prosa, mientras que en las tres restantes figura en verso.

El ara está consagrDIANA ARAada por el legado augustal de la Legión VII Gémina, el general de la legión entre los años 162-166 dC., Quinto Tulio Máximo, gran amante de la caza y probable impulsor de un templo a extramuros de la ciudad dedicado a Diana, en el que depositaría los trofeos logrados: pieles, cornamentas, colmillos, … Dejó admirable constancia de las ofrendas en los versos, que va realizando en el ara a lo largo del tiempo y en función de sus conquistas cinegéticas.

Diana es la diosa virgen de la caza, protectora de la naturaleza y reina de los bosques. Júpiter la armó con arco y flechas y le otorgó como acompañantes un numeroso grupo de hermosas ninfas con las que se dedicaba a su ocupación favorita: la caza.

Pero las ninfas compañeras de Diana no eran las únicas que habitaban en la zona. También están presentes en varias aras votivas, como la que consagra y dedica el imaginifer (portador de la imagen imperial) de la Legio VII Gémina, Quinto Cornelio Antero, junto a un destacamento (vexillati) de la misma, a las ninfas que “habitarían” en el nacimiento de un arroyo o en una fuente significativa por su poder curativo o, tal vez, decisiva en el abastecimiento de la ciudad. Allí podría existir un pequeño templo, un espacio acotado como sagrado, una sencilla capilla o un santuario rupestre dedicado a los espíritus divinos de las ninfas del lugar:

Nymphis / sacrum Q(uintus) Cornelius /

Anteros im / aginifer le(gionis) VII G(eminae) F(elicis) /

cum vexil(l)ati / one v(otum) s(olvit) l(ibens) m(erito)


“Consagrado a las Ninfas. Quinto Cornelio Anteros,

imaginifer de la legión VII Gemina Felix,

en compañía de un destacamento de la misma

cumplió su voto con agrado.”

Tal vez, en el mismo recinto o lugar que lo hizo el imaginifer Quinto Cornelio, otro legado augustal Tito Vitrasio Polión, hijo adoptivo de Pomponio Proculo, junto con su esposa Faustina, situarían sobre el 160 dC., una bella ara votiva dedicada a las ninfas en cumplimiento de un voto, en gratitud de algún bien obtenido o, simplemente, como agradecimiento por la presencia o existencia del curso de agua. El ara hallada incrustada en la muralla, tiene la siguiente inscripción:

Nymphis / T Pomponius / Proculus /

Vitrasius / Pollio cos / pontif pro cos / Asiae leg aug pr /

pr provincia / Moesiae inf et / Hisp Citer / et Faustina eius


“A las Ninfas Tito Pomponio Próculo Vitrasio Polion

cónsul, pontífice, procónsul del Asia, legado augustal,

propretror de las provincias Mesia inferior y Hispania citerior,

juntamente con Faustina su esposa.”

Del mismo modo, resulta probable que las ninfas a las que el imaginifer Quinto CornelioPOMPONIO RET y el cónsul Tito Vitrasio Polion junto con su esposa rindieron homenaje, sean las mismas que “habitaban” en la famosa fuente Ameva, fuente conocida por los dos exvotos en forma de ara que les dedicó 20 años antes otro legado augustal de la Legio VII, el general Cneo Lucio Terencio Homullo en el 140 dC. Ambas piezas, de muy parecidas características y casi idéntica inscripción, fueron halladas también alojadas en la muralla leonesa.

El padre Fidel Fita, a mediados del s. XIX, sugiere que la fuente Ameva podría tratarse de la fuente o pozo que surtía de agua a las termas que ocupaban el solar de la catedral. Así todo, no descarta que las aras consagraran el nacimiento de un fructífero artesiano o una nueva obra pública de conducción de agua hacia el campamento, patrocinada o costeada por este legado, que con los años llegará a ser un importante personaje en la historia del Imperio.

Nymphis / fontis Amevi /

Cn(eus) L(ucius) Terentius / L(ucii) (f(ilius) Homullus /

iunior leg(atus) / l(egionis) VII G(eminae) F(elicis)

otra:

Nymphis / fon [tis Amevi] /

Cn(eus) L(ucius) Teren(tius) / L(ucii) (f(ilius) Homullus /

iunior leg(atus) / leg(ionis) VII G(eminae) F(elicis)

“A las Ninfas de la fuente Ameva.

Cneo Lucio Terencio Homullo el joven, hijo de Lucio,

legado de la Legio VII Gemina Feliz.”

Este doble e interesante documento epigráfico realizados en caliza, hace explícitamente referencia a un manantial, a una fuente que debió de ser muy apreciada en la ciudad, bien fuera por la abundancia y pureza de su agua o por sus facultades medicinales. Esta veneración especial dio lugar a que el propio legado augustal, el general de la Legio VII, interviniera personalmente en la dedicación a las diosas protectoras: las ninfas de la fuente Ameva.<SAMSUNG DIGITAL CAMERA>

Podemos presuponer la cercanía del surtidor al recinto amurallado, donde acudirían con frecuencia los legionarios y demás pobladores del campamento y la cannaba, para disfrutar de las excelencias de su potabilidad o de su poder salutífero, además de poder agradecer, venerar e implorar a las ninfas del lugar en una pequeña capilla, un oratorio rupestre o un espacio sagrado limitado.

Sin duda la fuente Ameva se encontraría al norte-noroeste del campamento (actualmente en terrenos de Navatejera, San Esteban y Ventas de Nava) zona antiguamente boscosa y repleta de fuentes, arroyos y manantiales. Testimonio de ello son los antecedentes que aun quedan o se tiene testimonio reciente. Según Matías Alonso en la obra “Mitos y leyendas de la tierra leonesa”, son varias las referencias a las fuentes en la zona: fuente del Medio, la Mosquitera, de las Huergas, la Valdesera; cerca del complejo hospitalario la Pardala, en una cercana elevación la Portillera, también la Vallina del Fontanal. Al lado de la villa romana la de Valdeiglesias, y más al norte, la Copona y la Fontanilla (¿Fontaninfa?).

En cuanto al pozo artesiano del que hablamos al inicio, la fuente del Espolón, tiene su origen, como ya comentamos, en los primeros años del siglo XX, cuando se realiza y se pone en marcha el nuevo método de obtención de aguas subterráneas mediante sondeos a los acuíferos profundos del Terciario. Estos sondeos artesianos permitieron obtener una calidad y cantidad de agua hasta ese momento imposible de conseguir. Con el tiempo, la profusión de pozos y la ejecución de muchos de ellos en fincas particulares sin medios ni conocimientos técnicos adecuados, produjo un agotamiento de las reservas artesianas, originando en algunos casos, como el de la fuente del Espolón, la obligación de utilizar un medio de bombeo para extraer agua.

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Para solucionar la situación, en los años 50 el Ayuntamiento intenta la recuperación de alguna de estas fuentes semiagotadas. En 1951 se realiza una importante perforación en el Espolón. De los 90 metros de profundidad anteriores se alcanzan los 220, obteniendo un caudal importantísimo de 815 l/min., que permitió instalar una gran pila con 12 caños, perdiéndose prácticamente la totalidad por el alcantarillado. Este enorme e innecesario derroche, significó que, en unos pocos años, se agotara prácticamente el acuífero. Aquel sutidor desapareció y durante años estuvo cegado; más adelante se construyó un pequeño caño que relativamente viene satisfaciendo en la actualidad a los deseosos de agua artesiana.

Estamos ante una nueva etapa en la fuente del Espolón. Está previsto la instalación inminente de un nuevo surtidor circular de cuatro caños en el lugar, para que los vecinos puedan disponer y disfrutar con más comodidad del único pozo artesiano existente en la ciudad. Esperemos que el vertido este controlado y no suponga un nuevo colapso en el acuífero, para ello, sería conveniente "consagrar" el lugar, elevando y dedicando una nueva ara votiva a las antiguas ninfas leonesas para que protejan el futuro de la nueva fuente.


- Diana y sus ninfas sorprendidas por Stiros. Pedro Pablo Rubens.
- Fuente artesiana del Espolón. Principios del s. XX.
- Ninfas y sátiro. William Adolphe Bougereau.
- Eco y Narciso. John William Waterhouse.
- Hilas y las ninfas. John William Waterhouse.
- Mosaico romano: Hilas y las ninfas. Museo de León.
- El ninfeo. William Adolphe Bougereau.
- Diana cazadora y sus ninfas. Anónimo (escuela de P.P. Rubens).
- Ara de Diana. Museo de León.
- Ara votiva a las ninfas. Museo de León.
- Ara votiva a las ninfas de la fuente Ameva. Museo de León.
- Fuente del Espolón. Años 50.

- Fuente y ninfas. Peter Lely.
- MÚSICA: YouTube - generalpatton3: SYNAULIA (Proyecto sonido, música y danza de la antigua Roma).
- Muchas de las referencias, imágenes y videos se encuentran en Internet dándose debida
cuenta de su origen, no obstante, serán retiradas si así se solicita.

lunes, 24 de enero de 2011

El interior de las iglesias



En la monumental y conocida obra de Parcerisa de mediados del XIX, Recuerdos y Bellezas de España”, se puede admirar un grabado del interior de la catedral de Santa María realizado por el artista en el año 1855. Francisco Javier Parcerisa, pintor y litógrafo barcelonés, realizó siempre sus trabajos con un criterio muy personal, crítico y con gran detalle, sobresaliendo en sus creaciones una especial libertad y peculiaridad en cuanto al tratamiento de la luz.

El grabado de la catedral capta parte del espacio que une la nave principal con el brazo sur del crucero, iluminado por la impetuosa luz que penetra por la puerta meridional izquierda del templo, la denominada “Heráldica”. Como curiosidades en el dibujo de Parcerisa observamos: el bello sepulcro (sin la reja frontal actual) situado en el brazo sur del crucero que corresponde al obispo Don Martín III Fernández, iniciador y formidable impulsor de las obras de la catedral; sobre el sepulcro, en las ventanas bajas, las pinturas de reyes de escasa calidad que ocupaban los vanos tapiados y que fueron repintadas y arruinadas por el pintor Neira, para más tarde ser sustituidas por vidrieras una vez abiertos los oportunos vanos.



Dos mujeres de la ciudad, una de pie y otra arrodillada sobre el suelo de la nave, cubiertas con típicos mantones, rezan piadosamente en un espacio desprovisto por completo de cualquier mobiliario. El artista ejecuta una realista y bella visión de la zona salvo por la posición de las dos figuras, seguramente elaboradas con posterioridad, que dirigen sus rezos hacia un lugar en el que no existe ni altar ni imagen ni capilla ni retablo, sencillamente se orientan y envían sus oraciones hacia la formidable columna del centro del crucero y al interior de la doble puerta central del lado meridional del templo.

De la misma manera, en otra de las recreaciones de Parcerisa también con el interior de la catedral de León como protagonista, podemos admirar una vista de la nave central en dirección oeste, hacia el coro, sin ningún tipo de amueblamiento, con el bello rosetón occidental al fondo y la mágica desintegración de la luz del mediodía al atravesar las vidrieras. Dos de las figuras principales que aparecen en el grabado, una mujer y un joven arrodillado, dirigen sus oraciones de espaldas al altar mayor.


Pero ni la “desorientación” de los fieles devotos ni las obras de Francisco Javier Parcerisa sobre la catedral de León son el objeto de esta entrada, más bien, son un pequeño ejemplo para iniciar y tratar brevemente sobre la desnudez de las naves, las prácticas y usos de los antiguos devotos, su comportamiento y el mobiliario existente en los desnudos templos.

El interior de las catedrales, basílicas, iglesias o ermitas permaneció en la antigüedad exento de cualquier tipo de amueblamiento. En los primeros siglos los fieles ni siquiera se sentaban para la predicación y cuando lo hacían, siempre por indicación del sacerdote o ministro, se sentaban en el suelo. En esta tesitura era posible y frecuente el movimiento o “traslado” de los fieles durante la celebración, asunto impensable en la actualidad donde el sacerdote se ha convertido en el único actor de la “representación”, mientras los asistentes se sitúan estáticos en el puesto elegido y siempre con la vista fija en el celebrante.


En los primeros siglos, las mujeres y hombres solían estar separados. Según una antiquísima tradición, las mujeres se situaban al norte y al oeste mientras los hombres lo hacían al este y sur. Para el hombre medieval, que suponía que el Infierno se encontraba al oeste y que el norte era la tierra del paganismo, esta posición simbólica asignaba a las mujeres de la ciudad o aldea, consideradas más fuertes moralmente, la tarea de proteger a “los menos santos y más débiles” de la comunidad de las grandes tentaciones y pecados.


A partir de los siglos XIII y XIV se introducen lentamente en algunas iglesias bancos corridos. Esta costumbre se impondrá más generosamente en los templos protestantes con el fin de que los fieles pudieran sentarse durante los sermones que, a veces, duraban horas. La práctica irá adueñándose paulatinamente de las iglesias católicas, sobre todo después de la Contrarreforma (siglos XVI-XVII) que dará gran importancia a la proclamación de la Palabra. 


partir del XVII-XVIII comienzan a imponerse los grandes bancos fijos con reclinatorio y respaldo alto, aunque en España, todavía en el siglo XIX, la mayoría de las iglesias permanecerán sin ningún tipo de amueblamiento, salvo algún que otro confesionario o los cada vez más impresionantes retablos que se sitúan principalmente en el altar mayor, para después ocupar las capillas laterales y, más adelante, cualquier punto de los lienzos laterales de la fábrica.


Los pintores románticos españoles del XIX plasmaron magníficamente el interior de iglesias y catedrales, pero también rincones e íntimas ceremonias en los pequeños templos. Unas y otras “fotografías” delatan el ambiente y las costumbres de los fieles españoles: entierros, la oración, el sermón, la misa, etc. No hay como “acercarse” al cuadro y observar minuciosamente las escenas para desentrañar la actitud y el hacer de los fieles.


En alguna de estas representaciones se puede diferenciar las distintas clases sociales, su vestimenta, el fervor religioso, la presencia de inválidos, de vendedoras o amas de casa que acuden con su cesta, la actitud de los niños, … hasta la tranquila presencia de algún que otro perro en aquellas inmensas naves que, vagabundo o acompañando a su dueño (Iglesia San Isidro de Madrid de Pérez Villamil), asiste a misa.



La condesa de D´Aulnoy en su obra “Un viaje por España en 1679”, hace referencia de esta manera al comportamiento de las mujeres de la clase alta madrileña en el interior de las iglesias de la capital:

"Las mujeres que frecuentan las iglesias acostumbran oír dos, tres y hasta una docena de misas; pero tan distraídamente que muestran bien a las claras estar pensando en otra cosa. Llevan manguitos de a media vara, hechos con la mejor marta cebellina, que no habrán costado menos de cuatrocientos o quinientos escudos; y los han de subir para sacar las puntas de los dedos. Usan también abanicos, tanto en verano como en invierno, y ni aun durante el santo sacrificio cesan de darse aire con ellos. Se sientan sobre las piernas y toman incesantemente rapé, pero sin mancharse, porque en esto, como en lo demás, son sus maneras correctas y pulcras. Durante la elevación de la sagrada forma, hombres y mujeres se golpean el pecho hasta una veintena de veces, con tanto estrépito que parece armada una riña. Los galanes se apresuran a rodear la pila de agua bendita apenas termina el oficio, para ofrecerla a las damas de su agrado, con algún piropo suplementario, al que saben ellas corresponder sobria y discretamente. El nuncio del Papa acaba de prohibir esa costumbre, conminando a los infractores con pena de excomunión."





- Catedral de Santa María de León (crucero sur). Francisco Javier Parcerisa.
- Catedral de Santa María de León (nave central). Francisco Javier Parcerisa.
- San Juan de los Reyes (Toledo). Jenaro Pérez Villamil.
- La confesión. Pietro Longhi.
- Misa de parida. Anónimo.
- Procesión del Corpus en la Catedral de Sevilla. Jenaro Pérez Villamil.
- Interior de San Isidro (Madrid). Jenaro Pérez Villamil.
- El sermón. Eugenio Lucas Velázquez.
- Pórtico de la Gloria (Santiago Compostela). Jenaro Pérez Villamil. 
- Video YOUTUBE - Belarmo: "Con amores, la mi madre". Juan de Anchieta.