domingo, 18 de octubre de 2009

El Estanque y la Peregrina


La tercera esposa de Felipe II, Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia y Catalina de Médicis, contaba trece años cuando se casa por poderes con el rey español en 1559. Pasó de jugar en las salas y jardines del castillo de Blois, a orillas del Loira, a ejercer de soberana del mayor reino existente que se administraba desde la austeridad del Alcázar de Toledo, recinto que nada tenía que ver con el lujo y la belleza que desplegaban los palacios y castillos franceses.


Isabel no llegará a España hasta el año siguiente, no consumándose el matrimonio hasta 1561, dos años después de la boda, cuando contaba 15 años. En estos dos años, el desarrollo y evolución física de la reina fue sorprendente, y su belleza era comentada en toda la Corte.


Esta extraordinaria belleza, la completaba y resaltaba aún más con su exquisito gusto en el vestir, empleando una estética y un lujo exclusivo y personal en los trajes y vestidos a los que era gran aficionada, comentándose en la Corte que ninguno de ellos era repetido por la Reina en actos públicos.


Esta suntuosidad en el vestir, era también acompañada por un gusto extraordinario por las joyas como complementos a sus trajes, y es ella la primera de las reinas de España que posee y luce el llamado “joyel de los Austrias”, que exhibe con frecuencia en las jornadas solemnes. En los dos cuadros de Antonio Moro, se aprecia el joyel sobre el pecho de, todavía, una joven Reina, y en el segundo (detalle), Isabel de Valois, exhibe su belleza y la perla sobre su cabello.


En 1559, el mismo año de su matrimonio y cuando aún no se conocían, Felipe II hace tallar un diamante que había adquirido en Amberes para regalar a su nueva esposa. Es la piedra preciosa que más leyendas ha generado en España, encarnando, por su perfección, el ideal de aquella época y el canon de belleza manierista, muy distinta a la actual. Tallado en España, posiblemente en Sevilla, el reconocido orfebre leonés Juan de Arfe llegó a decir de él que se trataba de un diamante perfecto, labrado de tal manera, que toda su área era cuadrada, con cuatro lados perfectos e iguales en ángulo recto, dando lugar a ángulos completos y enteros y a esquinas muy agudas, en resumen: un espejo limpio y trasparente.


Por esa trasparencia, su tono acerado y forma cuadrada, se le denominó El Estanque. Su valor y rareza residían más en su calidad que en su tamaño, ya que resultaba una pieza única. Con posterioridad, su talla anticuada y su escaso tamaño, le relegaron ante las grandes y soberbias piedras que las distintas Cortes europeas pusieron de moda a partir de s. XVIII. Por este motivo, la memoria de este tesoro, “la piedra más hermosa de Europa”, fue desapareciendo de la historia de la joyería, hasta que, al parecer, acabó engastada en la empuñadura de una espada que Fernando VII regaló a su suegro Francisco I, rey de las Dos Sicilias. Esto al parecer ocurrió una vez recuperado el diamante por el Rey español de manos francesas, debido al saqueo que realizaron los gabachos durante la Guerra de la Independencia en el Palacio Real.


Pero el “joyel de los Austrias” no solo lo conformaba el diamante El Estanque bellamente engarzado, sino que se remataba con una perla pinjante, que, según se decía, resultaba una perla “colmada de color y esplendor como no había otra”.


Descubierta en s. XVI en el Archipiélago de las Perlas, en Panamá, esta perla posee una historia fascinante. Su gran tamaño, su forma de pera o lágrima, la hicieron única por su escasez, pero sobre todo por su extrema belleza. Fue conocida también como la margarita, la huérfana o la sola, pero ha pasado a la historia con el nombre de La Peregrina, no debido a su gran periplo viajero, sino a que antiguamente (hoy menos) el vocablo peregrino se empleaba como sinónimo de exótico, singular o precioso.


La Peregrina se unió a El Estanque, constituyendo el “joyel de los Austrias”, pero unas veces unidos, otras por separado, la perla y el diamante formarán un conjunto radiante en la representación del poder, pero también del color, suntuosidad y belleza en un largo e importante momento de la Historia de España, como iremos viendo.


Hay opiniones acerca de que Felipe II ya había regalado a su segunda esposa, la reina María Tudor de Inglaterra, La Peregrina, y de hecho, la Reina inglesa luce una gran perla en el retrato que realizó Antonio Moro (arriba), sin embargo, y según los datos existentes, no coinciden las fechas estimadas en la compra de la perla, con las del matrimonio de María y Felipe. No obstante, no se debe descartar tal posibilidad, y la Reina inglesa pudo ser la primera en lucir La Peregrina.


La cuarta y última esposa de Felipe II y madre del heredero Felipe III, fue su sobrina carnal Ana de Austria, mujer bellísima que posa en tres espléndidas pinturas realizadas por Sánchez Coello (detalle abajo), Antonio Moro y Bartolomé González Serrano (derecha) con el joyel, en el que destaca claramente La Peregrina, aunque en los dos últimas obras el diamante va montado sobre águila bicéfala bajo la que cuelga La Perergrina, pudiendo ser una licencia y homenaje del artista hacia la Reina por su origen austriaco.


El hijo y heredero de Ana de Austria y Felipe II, Felipe III, posa a caballo para Diego Velázquez luciendo sombrero con plumas blancas, bajo las cuales luce espléndida La Peregrina. Su única esposa, Margarita de Austria, vinculará las joyas heredadas, entre ellas el “joyel de los Austrias”, a la Corona española, para de esta manera impedir su dispersión por motivos hereditarios.


La propia reina Margarita se retrata con el joyel, como se aprecia en el retrato ecuestre (abajo y detalle izquierda), cuadro ejecutado post mortem por Velázquez, a petición de su esposo con el fin de decorar el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, y que se emparejaba con el mencionado anteriormente de su esposo Felipe III también a caballo. Del mismo modo, Juan Pantoja de la Cruz retrata a la Reina con las joyas, así como otra pintura de autor anónimo (derecha) en el que la Reina muestra un tocado de plumas blancas y rojas, y en el que el “joyel de los Austrias” destaca admirablemente sobre su pecho.


La hija de Enrique IV de Francia y María Médicis, conocida como Isabel de Borbón, se casó a los 13 años con el futuro Felipe IV. La Reina destacó por su belleza, inteligencia y una gran personalidad, pero también por su vanidad y eterna coquetería.


Al cumplir los 17 años su suegro, Felipe III, le mostró y entregó las joyas de la Corona española entre las que se encontraba el joyel, del que quedó maravillada, luciéndolo con profusión. Muestra de ello, son dos cuadros en los que destaca El Estanque y La Peregrina sobre el pecho de la Reina, pintados por Rodrigo de Villadrando (arriba izquierda) y Gabriel Bocángel, cuadros muy semejantes, en los que Isabel muestra una actitud muy relajada, apoyando su mano izquierda con desenfado sobre la cadera, mientras la derecha sostiene, presumidamente, un abanico.


Diego Velázquez también retrata a Isabel de Borbón sobre un hermoso caballo blanco llevando el joyel, pero también de pie con el diamante y la perla que cuelga ahora de su cintura (arriba derecha), pintura en la que tampoco falta ya el recurrente abanico.


Mariana de Austria estuvo comprometida desde niña con su primo Baltasar Carlos, heredero e hijo de Felipe IV e Isabel de Borbón, pero al fallecer el príncipe inesperadamente, Felipe IV, viudo tras la muerte de Isabel, se casó con la princesa austriaca con objeto de conseguir un heredero. Velázquez pinta a la joven Reina con La Peregrina sobre un extraño y extravagante tocado, que no puede disimular su físico poco agraciado, su insignificancia, ni su semblante amargado y aburrido, como cuentan las crónicas.


Cuando le mostraron las joyas de la Corona, en particular el “joyel de los Austrias, María Luisa de Orleans, que había sido escogida como esposa para el último de los Austrias, Carlos II, quedó maravillada. Cuando el pintor José García Hidalgo quiso pintarla, la Reina se retrató con aquella joya (abajo derecha). También su esposo, Carlos II, llevó, según cuentan, en alguna solemne ocasión La Peregrina prendida mediante un lazo de su sombrero.


Los avatares del joyel finalizan con la Guerra de Sucesión y la llegada de los Borbones. De El Estanque ya no se habla, posiblemente porque los grandes diamantes empiezan a abundar en las Cortes europeas. Sin embargo, La Peregrina continuará su periplo aventurero y curioso hasta la actualidad.


Existe constancia de que el primer Borbón, Felipe V, durante la Guerra de Sucesión, ordenó a su esposa María Luisa de Saboya, enviar sus joyas a Francia para empeñarlas o venderlas, entre ellas El Estanque y La Peregrina. A pesar de ello, en las Memorias que realiza el duque de Saint Simón, se describe a Felipe V en una visita realizada a Versalles, portando la famosa perla en su sombrero.


En el incendio y destrucción del Alcázar madrileño ocurrido en 1734, se perdieron joyas universales: cuadros, planos y dibujos históricos, relojes, mobiliario, etc., dándose por perdidas las joyas de la Corona, entre ellas la célebre perla. Pero La Peregrina vuelve a aparecer en un inventario realizado a finales del s. XVIII en manos de la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV. Curiosamente, la Reina incluyó La Peregrina dentro de un óvalo de diamantes con la siguiente inscripción: “Soy La Peregrina”.


La Guerra de la Independencia deshizo por completo el patrimonio artístico español. Miles de objetos fueron saqueados por franceses, ingleses, portugueses y por los propios españoles, que se llevaron vajillas, cuadros, joyas, reliquias, platería, muebles, etc., en definitiva, todo lo que podían trasportar de palacios, casas, conventos e iglesias. Desaparecen definitivamente todas las joyas vinculadas y pertenecientes a la Corona española, siendo, desde aquel momento, bienes exclusivos y privados las joyas que posean los reyes de España.


En esta disposición, La Peregrina desapareció. José Bonaparte afirmó que se encontraba en poder de su esposa, el propio Napoleón aseguraba que se encontraba en Nápoles en manos de un joyero de la ciudad y Fernando VII creía que la tenía la esposa de Godoy.


Sin embargo, la perla siguió en poder de José Bonaparte y en su testamento la hizo llegar a su cuñada, la ex reina Hortensia de Holanda, con el fin de que sirviese para sufragar las actividades políticas de su hijo Luís, el futuro Napoleón III. Con el tiempo y los sucesos políticos europeos todo se complica. Durante su exilio en Londres en 1848 y en un momento de necesidad, Luís Napoleón decide vender la perla al primer duque de Abercorn, si bien la familia Abercorn vende posteriormente La Peregrina a una joyería de Londres, R.G. Hennell&Sons, y es así como comienza el periplo inglés-norteamericano de la perla, que aún continúa.


Alfonso XIII quiso adquirir la joya para regalársela a su futura esposa, la princesa Victoria Eugenia de Battenberg, y al mismo tiempo recuperar una joya histórica vinculada durante siglos a la Corona de España. Pero la venta no se llevó a cabo por la elevada pretensión económica de la firma inglesa.

A lo largo del siglo XX, la perla paso por las manos de dos multimillonarios, hasta que el año 1969 sale a subasta en una galería de Nueva York. La Casa Real española pujó por la joya, pero fue adjudicada al actor Richard Burton que se la regaló a su esposa la también actriz Elizabeth Taylor, que aún la tiene en su poder.

La contrariedad que causó la venta en la Casa Real española, en aquel momento representada por la Casa Real de la reina Victoria Eugenia fue significativa. En boca de su portavoz el Duque de Alba, Luis Martínez de Irujo, la Casa Real convocó a la prensa en Suiza para declarar que la perla subastada en Nueva York, no era la auténtica Peregrina, si no que ésta se encontraba en poder de la Reina Victoria Eugenia, desde que fue regalada por su esposo, el rey Alfonso XIII, con motivo de su boda. En la rueda de prensa el Duque de Alba mostró la perla, que ahora está manos de la reina Sofía.

Esta declaración no surtió el efecto deseado, y expertos, joyeros y la propia casa de subastas desmintieron esta afirmación, declarando que la perla subastada en Nueva York, es la auténtica Peregrina, ahora propiedad de la actriz americana, y que la perla en poder de Victoria Eugenia no es otra que la que, como regalo de bodas, recibió de su esposo Alfonso XIII, colgando de un broche de brillantes en forma de lazo y que nada tiene que ver con La Peregrina.

Viendo la trayectoria y las sugestivas aventuras de la perla en estos últimos 500 años, seguramente la historia y avatares de La Peregrina no acabarán aquí.


Isabel de Valois. Antonio Moro.
Isabel de Valois (detalle). Antonio Moro.
“Joyel de los Austrias”. Reconstrucción.
Isabel Tudor. Antonio Moro.
Ana de Austria. Bartolomé González Serrano.
Ana de Austria (detalle). Sánchez Coello.
Felipe III y detalle. Diego Velázquez.
Margarita de Austria (detalle). Diego Velázquez.
Margarita de Austria. Anónimo.
Margarita de Austria. Diego Velázquez.
Mariana de Austria. Diego Velázquez.
María Luisa de Orleans. José García Hidalgo.
María luisa de Parma (detalle, Familia de Carlos IV). Francisco de Goya.
Victoria Eugenia de España. Álvarez de Sotomayor.
Reina Sofía de España.
Elizabeth Taylor con La Peregrina.

23 comentarios:

R.Chao dijo...

Vaya pedazo de lección de Historia que nos has dado gracias a las joyas.Enhorabuena, y gracias.

América dijo...

Que historia tan fascinante Fonsado,ni me imagino todo lo que te llevo rastrear las joyas,me encanta la parte de El Estanque,pero La Peregrina es realmente seductora,cuantas mujeres la lucieron y quedaron retratadas para la historia.
Ana de Austria la llevaba estupendamente,lo que me cuesta comprender es que sea Elizabeth Taylor quien disfrute de La Peregrina. ...No cabe duda debería de recuperarse en su carácter de patrimonio pero en estos tiempos difícil resultaría.

Seguro que esa perla tan hermosa seguirá dando que hablar.

Felicitaciones por todas las imágenes publicadas,una verdadera antología del recorrido de la perla,precioso trabajo.

Un abrazo directo.

carlitosbraun dijo...

Realmente espectacular el seguimiento a través de los testimonios históricos, en este caso excepcionales pinturas. Enhorabuena.

Susana dijo...

Me ha encantado tu relato sobre las aventuras de estas joyas. ¡Y cómo acertaron al ponerles nombre!
Espero que Elisabeth Taylor, a quien Dios guarde muchos años, deje la Peregrina en buenas manos.

marta dijo...

¡Bufff, qué cosas...!

Gran trabajo, fonsado.

Sabor Añejo dijo...

Me hequedado estupefacta con la historia de La Peregrina (aunque como joya me gusta más El Estanque). Por cuanta realeza ha paso a lo largo del tiempo.... y al final ha terminado en otra reina, aunque ésta sea del celuloide.

En verdad que era bella Isabel.

Un abrazo

NPrada dijo...

Vaya colección de cuadros, siguiendo las joyas.
Impresionante llegar a ver la Peregrina en el cuello de la Tailor, después de pasar por manos de todos esos personajes, desde las manos de Felipe II y sus esposas, al sombrero de Felipe III o al bolsillo de José Bonaparte. Curiosisimo.

América dijo...

Haber entiendo que el estanque como tal ya no existe?.....

fonsado dijo...

El diamante El Estanque, ya no existe como tal.
Posiblemente este dividido en varios y diseminado.
Sin ninguna duda fue llevado a Francia por José I o alguno de sus allegados al fin de la Guerra de la Independencia, y a principios del s. XIX, no he podido averiguar como, el nuevo monarca español, Fernando VII, lo recuperó de manos francesas.
Pero ya no mantenía ni su valor artístico ni económico, por la abundancia de piedras con mejores características y gusto.
Fernando VII, al parecer, lo regala incrustado en la empuñadura de una espada a su suegro, el rey de las Dos Sicilias, Francisco I, padre de la que será su segunda esposa, María Cristina de Borbón Dos Sicilias.
Besos América.

fonsado dijo...

R. Chao. Gracias a ti Ricardo por leerlo y opinar. Un abrazo.

fonsado dijo...

Sabor Añejo: Posiblemente El Estanque resultara más espectacular, pero el verdadero valor por su rareza, lo tiene La Peregrina.
Sobre la belleza de Isabel de Valois, consulta otras pinturas, resulta espectacular.
Saludos.

Marta: Gracias por el comentario. Es una pequeña parte de lo que "podía haber sido", y ha resultado divertido realizar la búsqueda de diamante y perla. Saludos.

Susana: Quién sabe donde acabará la perla. Sin duda, oiremos hablar de ella. Besos.

Carlitos: Estoy de acuerdo con la belleza de las pinturas. Que sepas que existen muchas más que hubieran podido estar aquí. Saludos.

NPrada: No sé que puede sentir La Taylor, cuando se pone la perla ... ¿Tú crees que sabe todo lo que hemos escrito? Me temo que no.
Un saludo

Anónimo dijo...

Pero como se sabe que la buena es la de E. Taylor y no la de la reina Victoria Eugenia??

María dijo...

Una historia fascinante y que perla tan viajera!!!!
¿Quién será la próxima dueña?.
Enhorabuena por este muestrario de cuadros a través de esta joya tan peculiar.
Un abrazo. IoI

fonsado dijo...

No se puede decir con total exactitud, que la auténtica Peregrina es la que posee E. Taylor, pero todos los antecedentes y el seguimiento realizado documentalmente desde el s.XIX al XX, hacen suponer que la auténtica Peregrina fue la subastada en Nueva York y adquirida por R. Burton, mientras que la regalada por Alfonso XIII, no posee un origen claro.

María: El próximo dueño/a, quien sabe, pero seguro que continuará la aventura.
Gracias, María. Lol

SUSANA dijo...

Encantador periplo y fascinante relato Fonsado!

Cuántos sentientos, debieron despertar esas joyas apostadas en los cuellos nobles y poderosos y cuántas historias reúnen!

Por supuesto, sabés que disfruté hasta el último punto tu post...fue mágico leer a Catalina de Médicis al principio.

Muchas Gracias Querido Amigo por este interesantísimo material!

Un fuerte abrazo!

fonsado dijo...

Gracias por tu comentario.
Me alegro mucho que te haya gustado la historia del joyel de los Habsburgo.
Otro fuerte abrazo para ti.

Anónimo dijo...

¡Vaya historia!, ¡muy interesante y entretenida!

Yo creo que la verdadera Peregrina la tiene Elisabeth Taylor (que, por cierto, el famosisimo collar de Cartier renacentista, para mi gusto, es horrendo y la perla creo que esta avergonzada de ir engarzada a semejante ordinariez).

A todo esto, creo que España deberia ponerse en contacto con la actriz para intentar llegar a un acuerdo y traer definitivamente la perla a su verdadera nacion. Es patrimonio español y deberia de estar aqui, en su hogar.

En cuanto a El Estanque, ¿que se ha hecho de dicha espada en la qual supuestamente reside incrustrada?, ¿se tiene constancia de la existencia de la espada?

De todos modos (y viendo como esta el complicado asunto de las joyas), creo que estaria muy bien hacer una fiel reconstruccion (obviamente de una calidad "estandar" y mas economica) de El Estanque y de La Peregrina y exponerlas junto a las escasas joyas de la cornona que quedan para que generacioens futuras y la nuestra misma se pueda hacer una idea (y no caigan en el olvido) de la perfeccion y belleza que tenian estas dos joyas del escaso actual joyel español.

¡Saludos!

spidernegro dijo...

sr. fonsado, mis respetos a este usted por este magnifico legado de historia que enaltece la cultura, un abrazo

fonsado dijo...

spidernegro: Gracias por el comentario.
Saludos

Anónimo dijo...

me gustaría saber las fuentes documentales o la bibliografía que has manejado para esta entrada

Muchas gracias ^^

Anónimo dijo...

Extraordinario

Oscar García dijo...

Realmente bueno. He investigado algo sobre el tema y resulta el escrito más completo y riguroso que se puede encontrar en la red.
No merecería la pena rematar la historia hasta hoy?
Gracias y enhorabuena.

fonsado dijo...

Oscar García: Es verdad que se puede "decir" algo más hasta el día de hoy. Cualquier día habrá una segunda parte.
Gracia por el comentario.