miércoles, 8 de mayo de 2013

El asesinato de García y el desastre de Tamarón: principio del fin



En este mes, concretamente el día 13, se cumplen 984 años de un suceso que resultó trascedente para el destino del Reino de León. Aquel año 1029 (hay quien lo adelanta a 1028), el joven conde castellano García Sánchez, biznieto de Fernán González, vino a León para casarse con la joven princesa Sancha de 15 años, hija de rey de León Alfonso V y hermana del nuevo monarca leones Vermudo III, que en aquellos momentos solo contaba  12 años. El castellano, según algunas crónicas, acudió acompañado del rey navarro Sancho Garcés III, su cuñado y por aquel entonces el monarca  peninsular más poderoso e intrigante.

Las comitivas castellana y navarra llegaron a León y acamparon fuera de la ciudad. El leonés Lucas de Tuy (Crónica Tudense) cuenta de esta manera los sucesos de aquel día 13 de mayo de 1029:

Sucedió que hallándose el rey Vermudo en Oviedo, llegaron a León los nobles burgaleses con su conde, el infante García, dispuestos a ir a Oviedo para poder hablar con el rey tanto del futuro matrimonio como de la concesión del título de rey al conde García, pero los hijos del mencionado conde Vela, reuniendo una tropa en las Somozas, recordando los males que les había infligido el conde Sancho (padre de García) caminando toda la noche entraron en la ciudad de León y al amanecer del martes mataron al mismo infante García a la puerta de la Iglesia de San Juan Bautista (hoy San Isidoro). Diego, hijo del conde Vela, que en el bautizo había sacado de la pila sagrada al dicho infante, le dio muerte con su misma mano perpetrando un enorme sacrilegio y desechando cualquier temor de Dios. 

En la misma ocasión, fueron asesinados muchos caballeros, tanto castellanos, como leoneses, que habían acudido en socorro del infante García. Poco después, como se reuniese una gran multitud para vengar la muerte del conde García, dichos hijos de Vela, esto es: Diego y Silvestre, dándose a la fuga buscaron refugio entre los montes. La dicha infanta Sancha lloró amargamente la muerte del conde García, y le dio sepultura con todos los honores al lado del propio padre de la infanta, el rey Alfonso, en la iglesia de San Juan Bautista.

Los castellanos recelaron de una conspiración leonesa, y en León se vio en el magnicidio la poderosa mano del rey de Navarra. No estaban equivocados. Si alguien ganó con la muerte del conde castellano fue Sancho Garcés III, como demuestran los posteriores acontecimientos y el giro radical que, desde la muerte del conde castellano, tomó la historia de los reinos del norte peninsular.

Castellanos y navarros trasladaron el cadáver del conde hasta el antiguo monasterio de San Salvador de Oña (Burgos). Hoy la tumba del Conde García ocupa un lugar en el lado de la epístola junto a sus padres. Otro sepulcro del conde García se muestra en el actual Panteón de San Isidoro de León. Se trata de una pequeña tumba o cenotafio en cuya lápida está grabada la figura de un joven (el conde contaba 19 años en el momento del asesinato), coronado, con cetro y en aptitud de discurso, con su nombre grabado a los pies: García. En el mismo túmulo también puede leerse: Aquí descansa el infante don García, que vino a León a recibir el titulo real y fue muerto por los hijos del conde Vela.

En el Romanz del Infant García, obra épica recogida por la Estoria de Espanna alfonsí, se describe crudamente el asesinato del conde de Castilla y la terrible venganza de la infanta de León, Sancha, su prometida. Relata el romance que el joven conde fue alanceado por varios miembros del linaje de los Vela (familia de origen castellana enemiga de los condes), crimen en el que también participó el gobernador de la ciudad, Fernando Laínez. Cuando la infanta Sancha quiso impedir el crimen de su prometido, fue abofeteada, cogida del pelo y empujada escaleras abajo por el gobernador leonés. Una vez capturados los responsables del asesinato, la venganza de la infanta fue ejemplar. Fernando Laínez, fue entregado a Sancha que:

Entonces donna Sancha tomol et fizo justicia en el qual ell quiso, et fizola en esta guisa: tomo un cuchiello en su mano ella misma, et taiole luego las manos con que el firiera all inffant et a ella misma, desi taiol los pies con que andidiera en aquel fecho, después sacole la lengua con que fablara la traycion; et desque esto ouo fecho, sacole los oios con que viera todo. Et desquel ovo parado tal, mando adocir una azemila et ponerle en ella et levarle por quantas villas et mercados avie en Castilla et en tierra de Leon do el fioziera aquella traycion diciendo et pregonando sobrel cada logar que por la muerte que aquel Fernant Laynez basteçiera al inffant Garcia et fuera ell e lla padecie ell aquello.


El conde García murió sin descendencia, arrogándose los derechos al condado de Castilla su hermana Muniadona, conocida en las crónicas también como Mayor, casada con el navarro Sancho Garcés III. El rey pamplonés se hace con el poder efectivo del condado castellano e inicia un expansionismo hacia el oeste, ocupando las tierras entre los ríos Cea y Pisuerga, territorio leonés que había recuperado Alfonso V después de que el castellano Sancho I García, se las hubiera usurpado durante la niñez.

En los años siguientes la confusión es total en el reino leonés. Sancho Garcés llega a dominar Zamora y Astorga, y aunque Vermudo III sigue siendo el rey de León, parece ser que el navarro pudo en algún momento entrar en la capital y pretender el reino. Hubo intentos de normalización y acercamientos, concertándose la boda de Vermudo con Jimena, hija del rey navarro, y Sancha, hermana de Vermudo y que había sido la prometida de García, con Fernando, segundo hijo de Sancho Garcés, que será el próximo conde castellano. Esta última boda, junto con el asesinato de García, determinarán inexorablemente el futuro del Reino de León.

El apoyo de los condes gallegos, revitaliza la ofensiva militar de Vermudo que en 1035 desaloja las tropas navarras de León, y las hace retroceder hasta cruzar nuevamente el Cea. En ese mismo año muere Sancho Garcés, y el reino navarro queda en manos de García, el primogénito. El segundo hijo, Fernando, se hará con el condado de Castilla, Gonzalo obtendrá Sobrarbe y Ribagorza, y Aragón será para el ilegítimo Ramiro. Estas últimas donaciones, no fueron a título de reyes, sino como gobernadores territoriales siempre bajo la autoridad del heredero García.

Las hostilidades a León continuarán con el nuevo rey navarro y el conde de Castilla. La eterna disputa, los Campos Góticos Leoneses, las tierras entre los ríos Cea y Pisuerga, que vuelven a ser pretensión del conde castellano, incapaz de renunciar a ellas. Ante la invasión leonesa, Fernando solicita la ayuda de su hermano García y ambos se enfrentarán al rey leonés en las cercanías del pequeño pueblo burgalés de Tamarón, entre finales del mes de agosto o principios de septiembre de 1037. Así lo cuenta la Crónica Silense de 1115, casi 80 años después de suceso:

Fernando y su hermano García, congregando las haces de los más fuertes guerreros, al avanzar contra el ejército invasor, se encuentran al enemigo que había atravesado la frontera de los cántabros. Ya los dos ejércitos se miraban retadores con las armas deslumbrantes, cuando Vermudo, lleno de audacia y de osadía, clava el aguijón de la espuela a su famoso caballo Pelagiolo y, ansioso de lucha, parte con rápida carrera, tensa la lanza, entre las apretadas filas del enemigo; pero la muerte acerba, a quien ningún mortal puede vencer, le echa por tierra en aquel impetuoso galopar, mientras el feroz García y Fernando arrecian en la lucha, cayendo en torno a él siete de sus más fuertes guerreros.


Tras el desastre de Tamarón, la corona de León recae en Sancha hermana de Vermudo y esposa de Fernando. En un principio los leoneses no aceptaron a Fernando y cerraron las puertas de la capital. No fue hasta el verano del año siguiente, en 1038, cuando el rey consorte de origen navarro, fue consagrado como rey de León el 22 de junio en la Iglesia de Santa María.

Tradicionalmente se le considera el primer rey de Castilla y el fundador de la monarquía castellana. Sin embargo, parte de la historiografía más actual considera que Fernando no fue jamás rey de Castilla, y que el origen de este reino hay que situarlo a la muerte del monarca, con la división de sus estados entre sus hijos, dejando al primogénito el legado castellano con el título de rey.


La muerte de Vermudo en Tamarón, es considerada como el fin de la dinastía goda, pero resulta discutible. Entiendo que la dinastía astur permanece y continua en la persona de la reina Sancha I de León, 1037-1065, hija de Alfonso V y Elvira Menéndez, hermana de Vermudo III y madre del futuro Alfonso VI.

Hace ya algunos años, financiado por la Junta de Castilla y León y el Ayuntamiento de la ciudad, se pretendió realizar un estudio antropológico de los restos que se encontraban en el Panteón Real de San Isidoro, con el fin de reparar el ultraje cometido por las tropas napoleónicas en 1809. Más de dos mil soldados franceses al mando del mariscal Soult, convirtieron San Isidoro y su Panteón en cuartel, profanaron los sarcófagos y arrojaron por el suelo los restos de reyes, condes e infantes.


Se abrieron las sepulturas y un equipo de profesionales de la arqueología, biólogos, antropólogos, forenses, odontólogos, radiólogos, historiadores, etc., auspiciados por la Asociación Española de Paleontología, creó una gran expectativa ante la sociedad leonesa por lo interesante y sugestivo del trabajo que
tenían por delante. Pero el estudio, inexplicablemente y por ignoradas circunstancias, resultó ser una auténtica pifia y, según se pudo leer en la prensa local, hasta cómico en algunos aspectos. Dentro de ese estudio, se encuentra la reconstrucción del posible rostro de Vermudo III ¿?, tomando como base su cráneo y que, según las noticias aparecidas en los diarios, no se conoce su paradero.

Mientras se desarrollaba el “trabajo”, tuvimos la suerte de poder observar, según nos señalaron, los posibles restos del "ultimo rey godo", Vermudo III, aunque después del resultado de la memoria, es fácil dudar de la veracidad de que realmente fueran los restos del monarca leonés.

En aquel esqueleto reconstruido podían apreciarse importantes marcas en algunos de sus huesos, evidentemente consecuencia de importantes heridas. Sin duda, una muerte producida en combate, que podría coincidir con el trágico fin de Vermudo III, herido de muerte por las lanzas navarras y castellanas.



- Vermudo III. Uno de los cuadros de los Reyes de León, obra del XIX de José Rodríguez de Losada, copista del Museo del Prado, adquirido por el Ayuntamiento de León al Duque del Infantado en 1942.
- Sancho Garcés III.
- Conde García. Lápida del cenotafio en el Panteón Real de San Isidoro de León.
- Situación cenotafio interior Panteón Real.
- Jimena, esposa de Vermudo III.
- Batalla de Tamarón. Burgospedia.
- Sancha I de León. Plaza de Oriente, Madrid.
- Restos de Vermudo III ¿?. Revista Promonumenta (estudio antropológico).
- A la persona que me habló de García, los Velas, Tamarón ... y muchas otras cosas, hace ya más de cuarenta años: 





11 comentarios:

Leodegundia dijo...

En esa época todo se quería arreglar asesinando al que incomodaba de alguna manera, pero esos asesinatos llevaban a las tremendas venganzas como la que por lo visto llevó a cabo Sancha.
Los condados pasaban de un rey a otro, se recuperaban y se volvían a perder y todo a base de batallas que arruinaban los reinos y los dejaban bastante despoblados.

Mara dijo...

¡Qué compleja es la Historia! Qué difícil saber lo que ocurre en realidad. Un deseo es seguro que no nos condenen a repetirla, aunque las formas hoy sean diferentes. Siempre subyace el "quítate tú para ponerme yo". Gracias y saludos.

América dijo...

La historia es tan apasionante como la vida misma, no es ficción, es la realidad de los hombres y su relación con el poder.
Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Yo también opino que Fernando fue únicamente conde castellano y rey consorte De León.

fonsado dijo...

Leo. Tiempos convulsos ... pero algunos episodios aislados logran cambiar la Historia.
Saludos Leo.

fonsado dijo...

Mara: La muerte del conde castellano, tan aparentemente intrascendente, cambió por completo la historia del Reino de León, que todavía padecemos.
Gracias y saludos.

fonsado dijo...

América: Lo has dicho perfecto.
Un abrazo América.

Enrique Soto dijo...

Gracias por el esfuerzo de poner al alcance de cualquier lector estos episodios de la historia.
Como otros han comentado también, el presente es fruto del pasado y conocerlo nos permitirá construir un futuro.
La historia de un pueblo es como la memoria de una persona. Una persona amnésica ha perdido su identidad. Un pueblo que desconoce su historia, también.

fonsado dijo...

Enrique: Estoy de acuerdo contigo. Gracias por el comentario.
Saludos

María Mier dijo...

Encantada de encontrar esta historia, porque cuando busqué mi origen, me topé con el Conde Vela y cuando conocí lo que relata la historia, a mí no me cuadraba que mis antepasados hubiesen matado al infante García , ya que era el cuñado de éste, el único beneficiado de la muerte del infante. Me molesta mucho la historia que han decidido hacer oficial, ya que cuando la hacían y cuando la han admitido oficialmente tanto los primeros como los segundos sabían la verdad. Y que yo sepa quedó un Vela que se refugió en Asturias en el pueblo de Mier y allí cambió sus apellidos Vela Ximénez por Mier, sus descendientes además de extenderse por el mundo , también a los que quedaron aquí, les pidieron auxilio para ir a las Navas de Tolosa y junto a los reyes , cuando estaban perdiendo contra los moros participaron en la carga de los reyes y a ellos , lo mismo que al resto de caballeros , se les concedió la cruz de San Andrés en el escudo. Los Mier , antes Condes Vela Ximénez de Navarra, descendían del primer rey de Pamplona, anterior a éste del ducado de Aquitania y hacia atrás de los reyes de Francia y sus orígenes más lejanos conocidos que eran Godos y que bajaron por Europa matando a diestro y siniestro. Lo que no sé es si lo de bajar por Europa fue al tiempo de ser Godos . Porque de historia no soy ninguna ilustrada y conozco la historia de los Vela por ser de interés propio por querer saber de dónde vengo.

María Mier dijo...

Perdón, dije conde de Navarra, era Conde de Álava