jueves, 24 de junio de 2010

De Babia a Omaña

LEON_37 3 copia Con la llegada del buen tiempo y como se había previsto semanas atrás, se preparó una nueva jornada de convivencia y, a la vez, de aproximación a nuestra geografía, con el fin de conocer mejor nuestras comarcas más próximas y disfrutar de un espléndido día de primavera en la montaña. El día elegido: el pasado 5 de junio; la ruta: una travesía de aproximadamente 20 kilómetros, con un desnivel de 840 metros que en dirección sur une, cruzando la Sierra de Villabandín (estribaciones de la Cordillera Cantábrica), las comarcas de Babia y Omaña, a escasos 80 kilómetros de León.



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Desde la localidad babiana de Riolago (1240 metros), nos dirigiremos hacia el sur atravesando el collado Machadones (1966 metros), que deja el pico Valgrán de 2081 metros al oeste, para descender posteriormente hacia Omaña por el barranco de Valgrán hasta la confluencia con el Arroyo Collado, al que acompañaremos hasta la localidad omañesa de Villabandín, ya a 1230 metros de altura, y desde allí hasta Senra, a orillas del río Omaña.

El viaje en autocar hasta Babia resulta siempre sugestivo por el espectáculo que ofrece el pantano de Luna, del que disfrutamos una buena parte del recorrido. Lleno a rebosar por la gran cantidad de agua y nieve caída durante el invierno y primavera, la tranquilidad de las aguas, a esta hora de la mañana, hace que la imagen de las impresionantes montañas calizas que lo bordean, se refleje sobre la superficie como en un espejo, rompiéndose solo ocasionalmente por las ondas que forman los peces al cebarse.

16283959El pantano de Luna ha incidido notablemente en estos últimos años en la vida y la economía de la zona. Sin embargo, la comarca de Babia ha estado condicionada desde siempre por la altura de sus cumbres de más de 2000 metros, influyendo en su clima, fauna, vegetación y economía. Sus montañas son elevaciones calizas de un gris claro, en algunos lugares casi blanco, que guardan en su interior, en el subsuelo, gran cantidad de depósitos, cuevas, lagos y ríos subterráneos, que acumulan el agua de los importantes deshielos para verterla posteriormente al exterior. Curiosamente, es también zona de 15711 abundantes lagunas, de origen glacial, que se forman por el vertido permanente de agua en ciertos lugares totalmente impermeables debido a sus bases de pizarra.

Esta abundancia de agua y los verdes prados, han determinado siempre su principal riqueza: la ganadería. Babia ha sido, y aún es, tierra de pastores, donde la trashumancia es todavía protagonista en los veranos y donde el afamado mastín leonés adquiere verdadero protagonismo en la protección del ganado.

Sobre los hombres de Babia, el escritor Víctor Gómez de la Serna en su obra “La ruta de los Foramontanos”, con la que consiguió el Premio Nacional de Literatura en 1955, comenta: “Babia es un extraño país, lleno de bosques, de escuelas, de praderas, de bienestar y de cultura, donde la gente le contesta a uno a cualquier pregunta con un aplomo y una llaneza casi académica, sin muletillas ni tartamudeos, sin frases hechas; donde las casas son confortables, están alhajadas con buen gusto IMG_0485y constituyen lo que pudiera ser un ejemplo de hogar rural español”.

La belleza de las montañas de Babia, su vegetación, la abundante presencia de agua, su fauna, su inigualable paisaje, ha permitido conservar durante más de mil años una expresión, un dicho popular conocidísimo: “estar en Babia”. Y es que “estar en Babia” suponía tal placer para los sentidos, que los primeros reyes leoneses, allá por el siglo X, acudían con frecuencia a la zona por sus abundantes cazaderos, los hermosos parajes, el clima exquisito de los veranos y la tranquilidad de sus montañas, olvidándose por completo de sus obligaciones y problemas. La tranquilidad, sosiego y felicidad que debió inspirar el lugar, ha dado lugar a que la popular frase, aun hoy, tenga el significado o equivalencia de: “estar ausente”, “no darse cuenta de la realidad” o “estar en otro lugar”.

GRUPO 1

El punto de partida de nuestra ruta, la localidad babiana de Riolago, es conocida por su sorprendente palacio-fortaleza, joya de la arquitectura civil del siglo XVI y solar que fue de los Quiñones. Víctima de un incendio en 1915 que lo dejó prácticamente destruido, fue adquirido en 1977 en unas condiciones lamentables por D. Fernando Geijo. El nuevo propietario realizó un gran esfuerzo personal y económico para su restauración y amueblamiento, que ha hecho del edificio un punto de visita obligada. Este esfuerzo de rehabilitación supuso el reconocimiento de la organización internacional Europa Nostra (Londres, 1989) y la declaración de Conjunto Histórico en el mismo año. Desde 1999 es propiedad de la Junta de Castilla y León, que tiene previsto forme parte de la Red de Casas del Parque Natural Valles de Babia y Luna.

Sobre las 10 de la mañana, con el Sol oculto tras las nubes, pero con una temperatura ideal para la marcha, dejamos Riolago en dirección sur por el denominado camino de las Brañas que abandona el pueblo en suave pendiente. La vegetación es la propia de ribera con predominio de sauces y alisos, pero también chopos, salgueros, fresnos y abedules, que tratan de ocultar el curso del arroyo de las Vegas (o de Riolago), siempre a nuestra izquierda. El camino trascurre en zig-zag, buscando, por la derecha, el perfil de las alturas de la Empedrada, por las que no dejan de fluir escorrentías que atraviesan sin dificultad las murias o linderos de piedra, cruzando el camino y buscando sonoramente el arroyo, acentuando así el murmullo del agua que rompe el sosiego del lugar y hace que parezca más vivaz y caudaloso de lo que en realidad es.

Según ascendemos, la alta vegetación de las pendientes va dejando paso al matorral, donde predominan las retamas que, en estas fechas, inician su espectacular floración amarilla. Así, las laderas adquieren ese tono amarillento sobre el verde del suelo, que a veces sorprende con las manchas blancas y moradas que forman las flores del brezo. En algunos puntos, pequeños prados en los que brotan del suelo formaciones de rocas calizas que destacan entre el verde intenso de la pradería y los “cementerios” de raíces y ramas secas.

La subida se endurece y surgen las primeras elevaciones importantes que muestran significativos conos de derrubio o canchales. Estas pedreras, que aparecerán en distintos puntos de la ruta, son el resultado del impacto sobre la superficie caliza de las fuertes heladas invernales y su deshielo posterior, al fragmentar la roca y originar su deslizamiento posterior por las fuertes laderas.

Panorama 2

En el horizonte, las estribaciones de la Sierra de Villabandín formando una típica y pequeña cordillera de plegamiento, con sus circos repletos aún de neveros y diseñados por las alturas de La Cañada, Rabinalto, Peña Arena y Valgrán. A la izquierda, se distingue el alto de Peñouta y el cortado por el que se desploma una imponente cascada, resultado del drenaje de la Laguna del Lago que, oculta tras las alturas, origina el pequeño curso de agua denominado la Señal, que fluye rápidamente hacia el arroyo que viene haciendonos compañía desde el inicio.

Continuamos subiendo, ahora por las serpenteantes laderas de la Braña Vieja en las que, reposadamente, pasta un rebaño de vacas al ritmo de sus esquilas, que se dejan oír a gran distancia. El empinado sendero prolonga su ascensión bordeando los salientes calizos, las voraces retamas y enebros, los espacios repletos de vistosos gamones, a la vez que zigzaguea el arroyo repleto de chopos y fresnos, entre los que hemos conseguido observar varios servales, aún con los restos de sus flores blancas, además de algún que otro avellano.

lA BRAÑAEl camino de la Braña finaliza precisamente en un amplio valle conocido también como la Braña. Allí, a 1450 metros, se encuentra una majada y un pequeño refugio. En los alrededores, pastan abundantes cabezas de ganado vacuno y una importante yeguada, entre la que se distingue algún bello ejemplar. Hacia el sur, repletos de nieve, los dos circos formados por los picos: Ferrera, Rabinalto en el centro, y Peña Arena. Por la derecha, aunque fuera del alcance de nuestra vista, la subida que conduce directamente al collado Machadones, lugar escogido para atravesar la Sierra y bajar hacia tierras de Omaña.

Panorama 3 Después de un breve descanso, continuamos camino por el valle en dirección a las alturas que cierran el horizonte. Nos dirigimos a la derecha, por el denominado paso o foz de San Bartolo, siguiendo el curso de agua que alimenta el arroyo de las Vegas, que tendremos que cruzar en distintos puntos. Mientras ascendemos, el Sol comienza a molestar al desaparecer lentamente las nubes que, hasta ahora, nos habían acompañado haciendo muy tolerable el trayecto.

Un primer nevero obliga a tomar algunas precauciones a pesar de la suavidad de la pendiente y de las bolas de nieve que, inevitablemente, vuelan alrededor. Una vez gestionado el pequeño repecho, observamos por primera vez el circo repleto de nieve, formado a la derecha por la altura del Valgrán y a la izquierda por Peña Arena, que tendremos que alcanzar y atravesar.

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FLORES 2 El agua sigue acompañando toda la ascensión, cubriendo las laderas y nutriendo la espléndida cubierta vegetal, que muestra bellos ejemplares de floraciones típicas de las alturas medias de la Cordillera Cantábrica, entre las que reconocemos el diente de perro, con su flor pendular y solitaria, el espectacular diseño y colorido de la centaura negra, la tapizante y colorista genciana de primavera, un posible lirio pirenaico, y como no podía ser de otra manera, la saxifraga babiana, típica de la zona y capaz de crecer y desarrollarse entre las grietas de las calizas llegando, con sus potentes raíces, a fragmentar la roca.

El último tramo de desnivel resulta muy atractivo. Es el trayecto de pendiente más acusada y totalmente colmado de nieve. Se habilitan unos peldaños para hacer más asequible la subida y, una vez superado, alcanzamos el collado Machadones a 1966 metros de altura. Desde allí, se observa perfectamente la foz por la que hemos ascendido y toda la Sierra de Villabandín que discurre de Este a Oeste. Hacia el sur, ya en tierras de Omaña, el Alto de la Curiscada y en el horizonte la Sierra de Gistreo.

Mientras la mayoría hace la parada “oficial” para la comida, algunos continúan hasta el Alto de Terreiros y la cima del Valgrán (2081 metros), desafiando el fuerte viento con el que nos encontramos. Desde allí, se contempla mucho mejor el espléndido paisaje que ofrece el horizonte, destacando el Macizo de Peña Ubiña hacia el norte y una pequeña laguna en las inmediaciones, fruto del importante deshielo y del sustrato impermeable, seguramente pizarroso, que le sirve de lecho.

Panorama_PEÑA UBIÑA 2 Como hemos ya mencionado, el collado Machadones nos introduce en Omaña. La comarca la conforma un extenso valle longitudinal que atraviesa el río Omaña, junto con una sucesión de suaves valles laterales que han formado los numerosos arroyos que bajan desde las alturas. Y es que Omaña, es también tierra de montañas que alcanzan con facilidad los 2000 metros.

Panorama 4La tierra de los hombres-dioses (“Homus manium”), como calificaban los romanos a sus pobladores debido a su gran resistencia, se encuentra actualmente asfixiada por la despoblación, que ha supuesto un importante deterioro económico y la desaparición, casi por completo, de las tierras de labor. Esta situación ha permitido una espectacular recuperación del medio natural, que ha vuelto a ser ocupado por el monte bajo y el arbolado. Pero la comarca aún conserva grandes extensiones boscosas autóctonas, con impenetrables robledales, bosque mixtos de fresnos, chopos y abedules, éste último protagonista de bellísimos paños forestales, que llegan a cobijar las ultimas parejas de urogallos fuera de reserva.

Panorama 1 Como en Babia, la economía omañesa estuvo basada en la ganadería, aunque existen testimonios de la importancia que tuvieron las explotaciones auríferas realizadas por los romanos, a semejanza de las Médulas. Aún hoy, como antiguamente, se realizan actividades conducentes a batear las arenas del río Omaña en busca de pepitas de oro.

El descenso hacia Omaña lo realizamos por el Barranco de Valgrán, una pronunciada y bronca pendiente cubierta por completo de retorcidas retamas, algunas de más de metro y medio, en la que no existe sendero abierto y que resultó verdaderamente imposible.

Las retamas (“escobillas“, desde entonces para Javi) harán muy complicado, lento y costoso el descenso hasta el cauce del Collado Arroya y el camino de Villabandín que une las localidades de Quintanilla de Babia y la propia Villabandín. Antes de llegar, una manada de jabalíes, tres o cuatro ejemplares adultos y sus respectivas crías, salen huyendo a toda velocidad hacia el refugio que les garantiza las alturas, ante nuestra inesperada visita que, seguramente, les sorprendió sesteando. Su imprevista aparición y rápida fuga, suponen ocurrentes comentarios de los que tuvimos la suerte de observar la escena. Más tarde, surge la pregunta: ¿QFLORES 3ué hubiera ocurrido si su frenética y descontrola huída la hubiesen realizado en nuestra dirección?

Tras la llegada al camino, el descenso se suaviza y se hace muy cómodo, situación que se agradece después del tortuoso descenso del Barranco. Vuelve el agua y la vegetación propia de ribera, con pequeñas acumulaciones de jóvenes robles, fresnos y chopos. Regresan también los prados con sus espléndidos gamones, cuernecillos, y alguna que otra saxifraga babiana entre las rocas, además de pequeños rebaños de ganado, que a veces se descubren entre la vegetación gracias al sonido de sus esquilas.

Lugar obligado de parada, fue la fuente natural de Fuentes Blancas, donde un soneto, sobre azulejo adosado a la roca, nos habla de las virtudes de su agua: “Glacial, trasparente, nítida, pura, escondida en el borde del sendero… y en el claro verano caluroso, será siempre la paz y la alegría, que vio el crepúsculo y beso la aurora.”

De una pequeña abertura en la roca a ras del suelo, surge una fuerte corriente de agua que brota a una temperatura gélida. Del hueco en la montaña fluye el agua con ímpetu, pero también una corriente de aire a la misma o similar temperatura, que deja completamente “helado” al osado que se inclina a recoger agua.

Panorama 6Cerca de la 5 de la tarde llegamos a la localidad de Villabandín, muy cerca de Rodicol, lugar conocido por el hallazgo en sus alrededores del denominado ídolo de Rodicol, un ídolo fálico que serviría, con seguridad, para realizar ritos y cultos que promovían e invocaban la fecundidad de la tierra. Fechado en la Edad del Bronce (aproximadamente 2000 años a.C), demuestra y atestigua la existencia, en toda esta zona omañesa, la presencia y asentamientos humanos ya desde antiguo.Rodicol

Después de atravesar la pequeña población de Lazado, sobre las 18:30 alcanzamos el final de la ruta: Senra, junto al río Omaña, que es el destino y el lugar escogido para una merienda-cena en el restaurante Cumbres de Omaña.

Un pequeño aseo y unas merecidas “cañas”, mientras asoman los variados e inevitables comentarios y opiniones sobre los sucesos y circunstancias del recorrido, serán la antesala para una caldereta de cordero y posteriormente la obligada foto de “familia”. Un buen final para una extraordinaria jornada festiva, mientras preparamos y esperamos la próxima.

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- Fotografías: Javi, Mari Luz, Jacinto, Guillermo, Jesús y Rita.
- Pantano de Luna: Quelícero.
- "El Trota", Manuel Tascón, conocido trashumante babiano con su mastín. La Crónica 2008.




sábado, 12 de junio de 2010

Santiago Peregrino en León

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Hundí, efectivamente, la mano en el guante de piedra que otras manos habían abierto. Era, por el roce, más alabastro que mármol: un tobogán exiguo y resbaladizo para que los dedos palpasen la ultratumba. Desde la metafísica del fuste, pero sin modificar su ySantiago peregrino 3erta superficie, me trepaba un calor que imaginé energía allí acumulada por los peregrinos. ... Pero conozco y jamás olvidaré el diáfano desenlace de la aventura. Mejor dicho: lo que entonces recibí, lo que aquellos minutos me restituyeron. Algo que tal vez nunca tuve: señas de identidad. No he vuelto a perderlas.” (Fernando Sánchez Dragó, “Gárgoris y Habidis”).

Como ritual obligado a su largo tránsito y episodio final de la aventura, los peregrinos funden su mano en la piedra, entierran sus dedos en el parteluz del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela, en el Árbol de Jesé, dejando allí parte de la esencia del viaje y recogiendo el testimonio de millones de caminantes que, en aquellos cinco huecos, han dejado desde antiguo un poco de su espíritu.

Muchos kilómetros atrás, en la ciudad de León, los viajeros del Camino, en ceremonia semejante, aunque más sencilla y poco conocida, remedan la misma escena. En la jamba central izquierda de la Portada del Juicio Final, en el Pórtico Occidental de nuestra catedral, entre San Juan y San Pedro, se encontraba la talla del Apóstol Santiago antes de su traslado al interior del templo para su restauración.

La figura del Apóstol no se representa con la cruz abacial de doble travesaño, como primer arzobispo de España; ni con la espada envainada, en memoria de su martirio, como en Reims, Chartres y Amiens, o desnuda, como en Nôtre Dame de París. En León, Santiago es peregrino y cubre su cabeza con el sombrero de fieltro y ala ancha, adornado con venera, que se recoge con cordón y que era usado con habitualidad en el Medievo. De aspecto amable y bondadoso, sostenía en su mano derecha el bordón de romero, de peregrino, que el tiempo y el hombre han hecho desaparecer; de su lado izquierdo cuelga un pequeño y típico zurrón, con venera.

Este discreto lugar, actualmente poco o nada frecuentado, ha sido durante siglos punto de referencia de miles de peregrinos que en su camino se han acercado a la catedral, y han dejando su huella visible en el desgaste del pilar, del fuste central que sostiene al Apóstol. Con el paso del tiempo, la pequeña columna ha ido moldeándose por las caricias de muchas manos y el roce piadoso de medallas, cruces y objetos queridos, que buscaban y buscan la energía, la tradición, el aliento del santo, el poder y la magia que emerge de la catedral o, tal vez, el vigor y el ánimo de viajeros anteriores.

Esta costumbre, aparentemente simple, forma parte de los cuantiosos mitos, prácticas y tradiciones que conforman el Camino de Santiago, peregrinación cuya existencia no hay que buscarla en la tumba del Apóstol ni en la ciudad donde se encuentra, sino en los mismos orígenes de la religiosidad humana: Sol y Tierra. El caminar hacia el oeste es una marcha constante hacia la puesta del Sol; hacia el lugar donde el Sol, fuente de vida, muere. Es el encuentro personal con la muerte en una tierra en donde aún persiste una atmósfera atemporal. Pero también la peregrinación se realiza en dirección a Finis Terrae, hacia el lugar donde los antiguos consideraban que se terminaba la Tierra.

Sol y Tierra están en los albores de este periplo en el norte peninsular, pero también las estrellas. Son las estrellas las que marcan la ruta del viaje, de este a oeste de la Península, del Mediterráneo al Atlántico, siguiendo “el camino de las estrellas”, siguiendo la Vía Láctea que, para la mayoría de las culturas, aparece como el camino de origen celestial que enlaza los mundos divino y terrestre. Hacia allí, hacia el oeste, se dirigen todos los pasos, todos los sueños. Sin embargo, la exégesis, la magia del Camino de Santiago no se encuentra solamente en esas tierras ni en la catedral de Santiago de Compostela, ni siquiera en la costa.

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La magia, la atracción, la esencia de lo que es y simboliza la Ruta Jacobea, hay que buscarla en el significado de su origen primitivo, en su afán ancestral de la búsqueda de identidad, del conocimiento. Hay que buscarla en el contacto permanente y directo con la tierra, en los caminos que se transitan, en los parajes, pueblos y ciudades que se cruzan, en sus gentes, en sus templos; en los pequeños ritos y costumbres ancestrales que, como la caricia del fuste que sostiene a Santiago Peregrino en la catedral de León, se suceden a lo largo del trayecto.


- Portada Jucio Final. Pórtico occidental de la catedral de León.
- Imagen Santiago Peregrino, s. XIII. Portada Juicio Final.
- Manos peregrinas sobre fuste Santiago Peregrino. León, Portada Juicio Final.
- Puesta de sol sobre el Faro de Fisterra. Fotografía VCUEVAS.
- Santiago Peregrino. Juan de Juanes.
- Nacimiento de la Vía Láctea. Pedro Pablo Rubens.

domingo, 30 de mayo de 2010

La Sibila Eritrea




Panorama 1 Ya desde el siglo XVIII, existen antecedentes del mal estado en que se encontraban las esculturas de la portada occidental de la Catedral de Santa María de León. Ahora, después de varios episodios más o menos importantes de rehabilitación, las 23 tallas de las jambas del pórtico, un conjunto escultórico realizado entre los siglos XIII al XV, han “abandonado” temporalmente sus podios y se han “mudado” al interior, al claustro catedralicio para su restauración, excepto tres, que han sido realojadas bajo la torre norte, en la capilla de San Juan de Regla.

En un principio, debió existir un proyecto iconográfico completo para las tres portadas de la fachada occidental. Con el paso del tiempo, resultó imposible la culminación del proyecto original dejando de realizarse varias de las figuras programadas, y dando lugar a espacios que se colmataron en parte con obras tardías o a inconvenientes cambios de lugar, con objeto de tratar de salvar parcialmente la estética de las portadas.

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Ejemplo de este caos en la ubicación de las tallas, es una de las figuras más bellas e interesantes y a la vez más desconocida, posiblemente obra del mismo autor de la espléndida Virgen Blanca del parteluz. Se trata de la imagen de la Sibila Eritrea, una de las tres esculturas que se alojan actualmente en la capilla bajo la torre norte.

¿Qué hace un personaje pagano y apasionante, real y a la vez cercano a la mitología griega y romana, en la portada de la catedral? La presencia de la Sibila Eritrea en el templo leonés y en la religión y tradición cristiana, obedece a que la pitonisa es considerada, desde los primeros tiempos del cristianismo, como la voz del mundo antiguo, del mundo pagano, al que se le prometía un Salvador de igual manera que los profetas anunciaban al pueblo judío la llegada de un Mesías.

Las sibilas eran mujeres que, en la cultura griega y romana, se creía estaban inspiradas para interpretar las respuestas de los dioses sobre la predicción del futuro. Según la tradición, la primera de estas mujeres se encontraba en Delfos y se llamaba Sibila, generalizándose el nombre a todas las demás.

También se las denominaba pitias o pitonisas, nombre tomado de la serpiente Pitón (antes designada como dragón llamado Delfine, de ahí el nombre de Delfos) que vivía dentro de una cueva en la ciudad griega de Delfos, y a la que el dios Apolo (Apolo Pitio) dio muerte con el fin de apoderarse de su sabiduría. Delfos fue el oráculo más nombrado y sus prácticas las más conocidas y divulgadas por los autores de la Antigüedad.

Otro mito que rodea a la ciudad griega, es el que cuenta que Zeus, antes de la "creación", envió dos águilas desde dos lugares opuestos del Universo y que éstas se encontraron sobre Delfos, considerado desde entonces el punto, el ónfalos, el centro, el denominado ombligo del mundo, donde una piedra en forma de medio huevo señalaba el lugar en el que comenzó la creación del mundo.

La sibila o pitonisa de Delfos se sentaba sobre un trípode y, después de haberse purificado con el agua sagrada de Delfos y haber masticado hojas de laurel, escuchaba la pregunta y devolvía a los solicitantes el oráculo del dios que hablaba a través de ella.

En el siglo II aparecen una serie de libros de poemas, denominados sibilinos, compilados por cristianos orientales que tenían como base textos con contenidos históricos, políticos y religiosos de origen y antecedentes paganos, judíos y cristianos. Entre estos contenidos, figuraban los oráculos de la Sibila Eritrea que fueron considerados tan importantes como las predicciones de los profetas del Antiguo Testamento.

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Durante la Edad Media, las profecías de la Sibila gozaron de gran estima e influencia, dando lugar a las representaciones teatrales más antiguas (s. XI) sobre el misterio de la Navidad. Eran, en principio, ceremonias sencillas que solían celebrarse el 24 de diciembre y que se limitaban al solemne canto de la “Profecía de Isaías” y al denominado “Canto de la Sibila”, que se componía principalmente de su antigua profecía sobre el Juicio Final y las horrendas consecuencias que le acompañaban.

En el XII y XIII surgen sobre el mismo asunto verdaderos dramas teatrales. Al profeta Isaías y a la Sibila Eritrea les acompañan ahora las prefiguras de Cristo y los profetas mesiánicos y escatológicos: Jeremías, Daniel, Samuel, Ezequiel, Elías, Asuero, Esther, etc.; también figuras con simbolismo escatológico: Baalam, Aarón, la Sinagoga, la Iglesia, la Virgen, San José, la reina de Saba, etc… Es el conocido drama denominado Ordo Prophetarum, que deriva de un sermón, atribuido a San Agustín, que se leía en la vigilia de Navidad y que desde hace unos años se ha recuperado en la catedral de Santiago de Compostela.

Durante la representación del drama son llamados a dar testimonio del advenimiento de Cristo y de los sucesos que acaecerán en el Juicio Final, los profetas del Antiguo Testamento, interviniendo tambien prefiguras de Cristo y de la Virgen, peronajes mesiánicos y escatológicos y, por supuesto, la Sibila Eritrea.

El denominado “Canto de la Sibila” es una ceremonia propia de las iglesias españolas. Se representó en ciudades levantinas: Gerona, Barcelona, Palma, Valencia, etc., pero también en León. Desde la capital del Reino se expande la tradición a ciudades como Santiago, Toledo y, según avanzan las conquistas militares, a tierras portuguesas, extremeñas y andaluzas. La tradición sigue viva aún en algunas localidades de Cataluña, Baleares y, recientemente, en Santiago de Compostela.

La representación del “Canto de la Sibila” ya no se realiza en León la noche de Navidad. Sin embargo, fue sin duda una costumbre arraigada durante siglos en nuestras iglesias y, por supuesto, en la catedral. Así lo hace constar Raimundo Fernández (Ediciones Leonesas, 1947) dando a conocer el Códice musical nº 23 existente en el archivo de la catedral de León, en el que figura en primer lugar el canto de la profecía de Isaías, “Nacimiento de Dios” (Isaías, Cap. IX, vers. 2,6 y 7), para continuar con los versos del “Canto de la Sibila” que señala los horrores del Juicio Final, en la versión que realiza San Agustín y cuya traducción, realizada por Fray Luis de Granada en el siglo XVI, es la siguiente:

Una de las señales será que la tierra sudará sangre;
y del cielo vendrá en carne un rey a juzgar el mundo:
el cual reinará en todos los siglos.
Y así los incrédulos como los fieles, en el fin del mundo,
verán a Dios en lo alto acompañado de santos,
y las almas juntamente con los cuerpos se hallarán
presentes para ser juzgados por él.
Desecharán de sí los hombres sus ídolos, y todas sus riquezas.
Abrasará un fuego las tierras, el mar, el cielo,
y las puertas del oscuro infierno.
Y los cuerpos de los santos volverán a la luz de esta vida;
y los de los malos quemará el fuego eterno.
Y cada uno confesará los pecados que secretamente cometió;
y Dios descubrirá entonces los secretos de los corazones.
Allí será el llanto, y el crujir de dientes.
El sol se oscurecerá, y las estrellas, juntamente con la luna.
Entonces los montes altos se allanarán,
y los valles se levantarán, y toda la tierra estará llana.
No habrá entre los hombres ninguna cosa grande ni alta.
Todas las cosas cesarán.
La tierra abrasada con rayos del cielo, perecerá;
y las fuentes y los ríos con el fuego se secarán.
Y una trompeta dará un triste sonido de lo alto,
gimiendo los pecados de los hombres,
y las miserias de sus trabajos.
La tierra se abrirá, y descubrir há la región del infierno.
Y todos los reyes del mundo serán presentados en este juicio;
y del cielo caerá sobre los malos fuego, y un gran río de azufre.

Siguiendo a Raimundo Fernández, la Sibila era representada en la catedral de León por un infantillo o niño de coro que trataba de imitar la voz de una mujer. Con el paso del tiempo, como ya hemos dicho, la ceremonia se fue complicando con la representación de juglares, pastores y ministriles (músicos). La Sibila llegaba a la catedral desde una dependencia de la misma, vestida con gran riqueza, bien pintada y, a veces, montada en un caballo bellamente enjaezado, con acompañamientos de mozos, tambores, trompetas, salterios, sonajas y rabeles.

A mediados del siglo XVI debió suspenderse durante algunos años la representación navideña. Esto se desprende de un acuerdo del Capítulo catedralicio de fecha 4 de diciembre de 1581, por el que se ordena la retoma de la tradición: "Ordenaron y mandaron que de aquí en adelante la noche de Navidad se cantase la Sibila como se solía hacer y que el Sr. Administrador tuviese cuidado de que se aderezase y el Maestro de ceremonias de informarse de Toledo a qué tiempo y hora se ha de cantar y el Maestro de Capilla tuviese cuidado de instruir un muchacho que mejor cante". Los problemas económicos que debía acarrear la representación y el paso del tiempo que la relega al olvido, acabaron con la tradición leonesa del "Canto de la Sibila" en la catedral.

SIBILA SANTOS

Como recuerdo de aquella costumbre, nos queda la talla del pórtico occidental, ahora pendiente de restauración bajo la torre norte, en la capilla de San Juan de Regla. Es una figura de pequeña estatura realizada en el siglo XIII, que muestra una hermosa joven, casi niña, que viste túnica y manto sujeto con una trencilla. Luce larga cabellera y tocado hebreo, mientras sostiene entre sus manos una filacteria, hoy casi desaparecida, que representa la ciencia y la sabiduría de la que es dueña. Quién sabe si una vez restaurada, volveremos algún día a oír su canto y profecía en la catedral de León la noche de Navidad.





- Traslado de la Sibila Eritrea al interior de la catedral. Fotografía La Crónica.
- La Sibila en su emplazamiento actual: bajo torre norte.
- Sibila de Delfos. John Collier.
- Ónfalos. Museo Arqueológico de Delfos. Foto TROTAMUNDOS ("horadada.biz").
- Sibila y el rey Egeo. Kylix ático de figuras rojas (s. V a.C.).
- Sibila Eritrea. Lorenzo Pasinelli.
- Profeta Isaías. Fra Bartolommeo.
- Sibila Eritrea. Pórtico occidental catedral de León.
- Sibila Eritrea. Capilla Sixitina. Miguel Ángel Buonarroti.
- Sibila Eritrea (fragmento). Catedral de León.
- El canto de la Sibila. Santa María del Mar, Barcelona. Video: jcmluthier.



domingo, 16 de mayo de 2010

El Crismón en el Reino de León (II)

El “error” de acuñación que parece tan evidente en las monedas leonesas de Alfonso VI al invertir la colocación de las letras alfa y omega en el Crismón, no lo es tanto y hace dudar del mismo, al observar las representaciones del anagrama cristiano en los edificios religiosos de la época. Veamos.

Bien entrada ya la Edad Media, la representación del Crismón sufre trasformaciones importantes. Mientras en época paleocristiana mantiene una narración propiamente cristológica, en el periodo románico se trasforma adquiriendo un simbolismo trinitario. Esto se debe, en primer lugar, a la confusión de la letra griega P, con la P latina, que se interpreta erróneamente como la inicial de Pater, dando lugar a que se considere la “X”, la cruz, como símbolo del Hijo y la “P” como alegoría del Padre.

Posteriormente se añadió la “S”, símbolo del Espíritu Santo, con lo que el Crismón pasa a simbolizar a la Santísima Trinidad y a denominarse Crismón Trinitario. También llegará a representarse con una tercera forma: como rueda de ocho radios, al incrementarse con un radio trasversal, pasando así a encarnar la cruz bautismal, símbolo de la regeneración y de la vida eterna para los cristianos.

La incorporación de la letra latina “S”, para el periodista y experto en los misterios de la historia, el francés Louis Charpentier, está relacionada con el mundo celta y la representación de la serpiente, el árbol de la Vida, la sabiduría y el Sol. Del mismo modo, el conocido investigador español Juan G. Atienza, filólogo románico e investigador histórico y antropológico, considera que la ”S”, cuando existe, simboliza la custodia de algún secreto o mensaje oculto.

Muestra significativa de esta última afirmación, es el Crismón de la puerta oeste de la iglesia de Santiago, en Puente la Reina, uno de los lugares emblemáticos en el Camino de Santiago. Se trata de un Crismón trinitario de gran tamaño en el que la letra griega alfa, se ha trasformado en una S y una T unidas, grafía que representa al planeta Saturno. Carlos Galindo, investigador y autor de un libro sobre este anagrama, analizó los restantes símbolos bajo una visión astrológica, llegando a la sorprendente conclusión de que nos encontramos ante una representación astral. A la izquierda, como hemos dicho, Saturno, a la derecha, la letra omega es el símbolo invertido de Aries; arriba la P con una pequeña línea cruzada, tal y como se muestra en la talla, representa al planeta Plutón, y la S, el Espíritu, el “árbol de la vida”, astrológicamente simboliza el Sol.

¿Qué representa el Crismón de poniente de la iglesia de Santiago? Como sabemos, los astrólogos consideran que los signos zodiacales tienen vinculaciones específicas con los planetas, por lo que ni más ni menos, estamos ante un mensaje astral, concretamente ante una “cruz astral”, una alineación planetaria-zodiacal en cruz, que tiene lugar en pocas ocasiones y que, casualmente, se repetirá en junio de este año. ¿Cuál es su mensaje? Según Carlos Galindo, el Crismón de Puente la Reina señala inicios y finales de ciclo, fechas en las que ocurrirán modificaciones en las formas de actuar y pensar, principalmente, un cambio de conciencia en el ser humano.

Pero dejemos por el momento la astrología y volvamos a las representaciones del Crismón en el Reino de León con las dos letras griegas invertidas. Antes, es necesario exponer las proposiciones realizadas por Fulcanelli, el enigmático maestro y conocedor de la alquimia y su relación con las construcciones medievales. Fulcanelli asocia directamente los símbolos del Crismón con elementos de la alquimia: la X es el símbolo del crisol, mientras que el círculo que rodea sus representaciones simboliza el Sol; el eje vertical y la S son para el investigador el caduceo con la serpiente enroscada del dios Hermes-Mercurio, símbolo por excelencia del alquimista.

Afirma asimismo, que el Camino de Santiago es una representación alegórica de la “preparación de la materia prima”, ya que no se trata de perseguir u obtener la maravillosa “piedra filosofal” que convierta el mineral en oro, sino el conseguir el cambio, la trasformación interior del caminante, del peregrino. Por eso asevera que el Crismón es la firma, una marca, un mensaje de los constructores itinerantes de la Edad Media que realizaron decenas de obras sobre el Camino.


En esta tesitura, conviene recordar que la mayor parte del Camino durante los siglos X, XI y XII es territorio del Reino de León, incluyendo, por supuesto, Compostela y toda la costa este, y que son los reyes leoneses quienes impulsan y protegen la peregrinación.

Lo que resulta claro, es que el Crismón, a pesar de sus orígenes y trayectoria, se utiliza con profusión por los constructores en las obras del sur de Francia y del norte español. Es un símbolo constante sobre el Camino de Santiago, que se localiza en numerosas construcciones románicas que recorren de oeste a este la Península, llegando a ser la ciudad de Estella, la localidad de toda Europa que más Crismones conserva en sus iglesias.

Como se ha descrito en la anterior entrada, las monedas del leonés Alfonso VI con ceca en León y que poseen un Crismón en el anverso, sitúan las letras ALFA y OMEGA invertidas, asentadas al revés que en la representación convencional. Curiosamente, este mismo “error” de representación no solo se produce en las monedas, aparece también en algunos Crismones realizados en piedra sobre las construcciones del Camino de Santiago, ruta ancestral de la que el rey leonés fue gran difusor y protector, y donde el "error" parece menos probable por las circunstancias y diferencias en la realización.


Así, encontramos un anagrama invertido en la primera ciudad importante en el inicio de la ruta: Estella, concretamente en la iglesia de San Pedro de Larrúa. Pero también en el final y destino, en la propia catedral de Santiago de Compostela, donde el único Crismón existente está enclavado sobre el parteluz de la Puerta de las Platerías. Es un anagrama de pequeño tamaño con las dos letras griegas invertidas, flanqueado por dos “leones” y que, según relatan, fue realizado en el año 1111 con motivo de la coronación Alfonso VII de León, cuando contaba 6 años de edad, como celebración y homenaje de la ciudad de Santiago a su nuevo Rey.


Hemos descrito dos Crismones invertidos en dos de los puntos más reveladores del Camino. Pero todavía encontraremos otros dos sobre el propio recorrido, sobre dos de los lugares más significativos en el peregrinaje a Santiago. Uno, donde fue armado caballero el rey leonés Alfonso IX, en el Monasterio de San Zoilo en Carrión de los Condes, monasterio que con anterioridad estuvo bajo la advocación de San Juan Bautista. El otro Crismón invertido lo descubrimos en pleno corazón del Reino, en la Basílica de San Isidoro de León, punto neurálgico del Camino de Santiago, y templo que, curiosamente, también estuvo dedicado en sus orígenes a San Juan Bautista. Hay que tener en cuenta en esta reveladora coincidencia, que el Bautista está asociado con la importante celebración del solsticio de verano, la fiesta del Sol, el “Sol invictus”, y que, todavía aún hoy, se mantiene como la festividad mayor de la ciudad de León, claro está, que con el nombre del santo cristiano.

El Crismón de San Isidoro se encuentra rehundido sobre el tímpano de una puerta con arco de medio punto, alojada bajo el coro, en la parte posterior del templo. Es un monograma de ocho brazos semi-patados, de doble círculo, el interior decorado con perlitas o contarios y el exterior abocelado que aun conserva restos de policromía de almagre en las superficies planas. La S robusta y muy marcada enroscada al brazo inferior de la P; las dos letras griegas permutadas de posición, la omega a la izquierda y alfa a la derecha. No falta quien asegura que esta inversión se debe al carácter funerario del Crismón al encontrarse sobre la puerta que, antiguamente, daba acceso al Panteón Real de los reyes leoneses: “Fin y principio”.



Criptogramas místicos, fiesta del Sol, San Juan el Bautista, el “Sol invictus”, las monedas leonesas, las representaciones sobre el Camino de Santiago, la inversión de las dos letras griegas … ¿El Crismón es simplemente un anagrama, una decoración románica o una señal? ¿La inversión de las letras griegas está condicionada a un lugar, a un aviso, a una lectura, o se trata de un error continuado en documentos, iglesias y monedas?

Sea como fuere, no se puede negar que existe un secretismo que rodea el monograma cristiano desde sus orígenes, entremezclándose con el tiempo, la criptografía, su difusión evangélica, el Camino de Santiago, los constructores, la alquimia, ... Tampoco se puede negar, que la inversión de las dos letras griegas sobre el Crismón se produce, “casualmente”, en un determinado periodo de tiempo, en las monedas con ceca en León y en puntos significativos del Camino de Santiago a su paso por los dominios del Reino leonés.

- La batalla de Constantino contra Magencio. Giulio Romano.
- Crismón de San Isidoro de León.
- Portada y Crismón de la iglesia de Santiago. Puente la Reina.
- Símbolo astral de Saturno.
- Mercurio. Pedro Pablo Rubens.
- Camino de Santiago en el Reino de León en 910.
- Crismón de San Pedro de Larrúa. Estella.
- Puerta de las Platerias y Crismón. Santiago de Compostela.
- Crismón del Monasterio de San Zoilo. Carrión de los Condes.
- San Juan Bautista. Leonardo da Vinci.
- Tímpano y Crismón. Basílica de San Isidoro de León.