domingo, 26 de septiembre de 2010

Nördlinguen y el Tercio de Idiáquez


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Formando leyenda con la falange macedónica y las legiones romanas, los tercios españoles ocupan un lugar destacadísimo en la historia militar. Durante la Edad Media los distintos ejércitos de los reinos hispanos estuvieron formándose en su lucha de 8 siglos contra la invasión islámica. Fue una sociedad adiestrada y preparada para la guerra que, con la llegada de la unificación nacional y su intervención fuera de sus fronteras, mostró su experiencia y supremacía militar en la mayoría de sus confrontaciones.

Ese poderío fue prácticamente total durante los siglos XVI y XVII, debido principalmente a un concepto distinto de ejército, a su formidable adiestramientoter6, a la coincidencia de unos mandos excepcionales (Fernández de Córdoba, Farnesio, Manuel Filiberto, Coloma, Álvaro de Bazán, Duque de Alba, Spínola, Fernando de Austria, etc.) y a la innovación en armas, tácticas y estrategias.

Se combatía bajo la cruz de San Andrés dispuesta de extremo a extremo de la tela, y representada unas veces lisa y otras con nudos. Su significado va unido al martirio del apóstol: humildad y sufrimiento. Aunque en un principio fue el emblema de la casa de Borgoña, ondeó por primera vez en los ejércitos hispanos en la batalla de Pavía con el aspa roja sobre fondo blanco. Más adelante, fue el símbolo por excelencia de los tercios, que la emplearon sobre distintos fondos de colores, casillas, rayas o jeroglíficos, siendo la más conocida la bandera del Tercio de Spínola: aspa roja sobre damero blanco y azul, que se puede observar a la derecha entre el enjambre de picas españolas del célebre cuadro la “Rendición de Breda” de Diego Velázquez.

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Los tercios los formaban combatientes profesionales, orgullosos, celosos en extremo de su honor personal y su reputación como soldados. Formaban una tropa de difícil trato pero disciplinada, agresiva y con una extraordinaria confianza en sí mismos. Era tal su espíritu combativo, que hubo que incluir castigos para aquellos que rompieran la formación por el ansia de combatir.

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Pero sobre todo, destacaban por su capacidad de sufrimiento, ya que, la mayoría de las veces, se encontraban en una situación de verdadera miseria: sin paga durante meses y siempre escasos de víveres, vestido o armamento.

No vamos a detallar aquí los antecedentes, costumbres, e historia de los tercios; para ello existen páginas espléndidas en donde se puede consultar y lafrondedescubrir su origen, historia, modo de vida, organización, vestimenta, armamento, mandos, etc.

Solamente destacar, aquella terrible forma de combatir imperante entre los siglos XVI-XVII, en la que resultaba imprescindible mantener y aguantar una formación en cuadro o en rectángulo, recibir casi a bocajarro los disparos del oponente, las poderosas cargas de caballería y el cruel enfrentamiento cuerpo a cuerpo, cuyo preámbulo era un lento y peligroso avance con las largas picas (algunas de 5 metros) por delante, teniendo a escasos centímetros un amenazante enjambre de picas enemigas, algunas ya tintas de sangre. Cualquier desmayo o duda en la formación, originaría el avance brutal de la compañía enemiga que, sin la defensa adecuada, penetraría sin oposición con sus picas y originaría un desenlace fatal.

Un silencio extremo imperaba entre las formaciones hispanas, acrecentado por una pragmática de Felipe II, que permitía una perfectas trasmisión de órdenes y producía en las tropas enemigas una inquietud aterradora. Un silencio que, inicialmente, solo se rompía en las tropas españolas por el redoble del tambor mayor que daba la orden de combate y que era contestado como un solo hombre con el grito de: ¡Santiago! o ¡España!

Como terrible costumbre heredada de los moros asentados en la Península, en el caso de retirada o huida del enemigo y a la orden del Maestre de Campo, el tambor repicaba el toque "a degüello”. Esa orden implicaba que el tercio se lanzaba tras el enemigo y no tomaba prisioneros.

En este mes de septiembre, concretamente los pasados días 5 y 6, se cumplieron 376 años de la batalla de Nördlingen, ocurrida en 1634, donde los tercios viejos españoles demostraron su efectividad en circunstancias militares adversas, atravesando media Europa en un estado precario de avituallamiento, siendo, al final, los verdaderos protagonistas del cruento enfrentamiento.175px-Kaiser_Ferdinand_II._1614

En Nördlinguen, localidad situada entre las ciudades de Münich y Ulm, en el sur de Alemania, se enfrentaron más de 60.000 hombres pertenecientes a dos irreconciliables bandos: católicos y protestantes. El objetivo era dirimir, dentro del terrible episodio de la Guerra de los Treinta Años que asoló Europa durante la primera mitad del siglo XVII, la supremacía político-militar-religiosa en el continente.

En 1634 la situación era insostenible para el emperador alemán Fernando II de Habsburgo. El formidable ejército sueco, que llevaba años tratando de imponer la supremacía de Suecia en Centroeuropa, apoyado por los príncipes alemanes protestantes de Sajonia, Brandeburgo, Franconia, Alto Rin y Suabia, dominaba la situación, amenazando a los católicos imperiales que contaban con tropas y mandos menos experimentados.

España decide intervenir ante la posibilidad de una derrota imperial, que la dejaría completameCardenal_Infante_D. Fernando de Austria. Hoeke-1635nte aislada. Felipe IV resuelve formar un potente ejército expedicionario al mando de su hermano el Cardenal-Infante Fernando de Austria, que, partiendo de Milán, se unirá al ejército imperial que manda Fernando, hijo del emperador y Rey de Hungría. El objetivo será doble: por un lado apoyar al bando imperial para impedir su completa derrota y, por otra, presionar por el sur a los Países Bajos con el fin de conseguir una paz duradera.

Los generales del bando protestante, el mariscal sueco Gustavo Horn y el príncipe alemán Bernardo de Sajonia-Weimar, situados en meGustavHorn0000jor posición estratégica, desechan esperar la llegada de refuerzos desde el norte, a la vez que infravaloran en número y potencial a las fuerzas españolas que se dirigen desde el norte de Italia para apoyar el asedio imperial a Nördlinguen. Allí, el ejercito expedicionario español al mando del Cardenal Infante Fernando, deberá enfrentarse a la orgullosa infantería sueca, a la perfecta organización de sus regimientos, a las Bernardo de Sajonia-Weimar 2 cargas mortíferas de su caballería “acorazada” y a las tácticas innovadoras y eficaces de sus mandos; toda una perfecta maquinaria de guerra que había creado Gustavo II Adolfo de Suecia y que había sobradamente demostrado su poderío en sucesivas batallas en Dinamarca, Polonia y Alemania.

El 4 de septiembre, cerca de Nördlinguen, se produce el encuentro de los dos ejércitos y se ocupan posiciones con vistas al inevitable enfrentamiento. La mañana del día 5, los protestantes inician los ataques, principalmente contra las colinas Hasselber y Albuch ocupadas por los católicos. El empuje y la efectividad de las tropas suecas, desarbola en un primer momento a las tropas hispano-imperiales que ceden y abandonan distintas posiciones a primera hora de la mañana, entre ellas el cerro de Hasselber. La colina Albuch, objetivo principal ya que desde allí se pueden batir todas las posiciones del ejército católico, aguanta a duras penas.

Según van trascurriendo las horas y los acontecimientos, resulta claro que Albuch será la clave de la batalla. El Cardenal-Infante refuerza la colina con el Tercio napolitano de Torralto y dos regimientos alemanes, colocando dos potentes escuadras españolas de caballería pesada en los flancos. Sin embargo, la precisa y determinante decisión de Fernando de Austria fue situar un contingente de experimentados y veteranos combatientes en la reserva: el Tercio de Idiáquez, compuesto de veintiséis banderas o compañías y 1800 hombres.

D. Martín de Idiáquez, cuya vida desde los 16 años estuvo dedicada al ejército formando parte de diversas unidades y tercios por África y Europa, es designado el 25 de julio de aquel mismo año por el Cardenal-Infante, como Maestre de Campo del veterano tercio de D. Juan Díaz de Zamorano, unidad que, desde aquel momento, adquirirá su apellido, Tercio de Idiáquez, y, después de la batalla, la eternidad y la gloria.

Combate nocturno  1623  Esaias van de Velde 2

El combate continua durante la noche del 5 al 6, sucediéndose tenazmente los ataques suecos a la colina. Los dos regimientos alemanes se descomponen, pero el Tercio de Torralto aguanta las embestidas. Una nueva ofensiva sueca protagonizada por el famoso regimiento Amarillo produce la huída de los ospreycampaign041poltav 2 alemanes, pero el de Torralto, aunque muy desgastado, mantiene su formación. Las posiciones abandonadas por los alemanes son ocupadas por el Tercio de Idiáquez, que en perfecta formación avanza hacia los suecos empujándoles con sus picas, mientras los arcabuceros realizan cerradas y precisas descargas que logran desalojar del lugar a los protestantes.

El Tercio de Idiáquez, con el apoyo del diezmado de Torralto, aguanta las sucesivas cargas de la potente caballería luterana y los ataques de las sucesivas formaciones de infantería sueca. Los generales Regimiento Azul protestantes saben que el desenlace de la batalla se encuentra en la cima de Albuch, y envían el resto de sus mejores tropas para acabar con la resistencia hispana: los legendarios regimientos Negro y Azul.

Hasta ese momento, durante la noche y primeras horas de la mañana, el Tercio de Idiáquez lleva rechazados catorce ataques. Ahora tienen que enfrentarse a los prestigiosos y potentes regimientos, entre los que hábilmente se intercalan tropas especializadas en combate con armas de fuego (cartucheras y mosquetes ligeros), nueva táctica empleada con éxito por el ejército sueco en los años anteriores.

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En aquel crucial momento, el Maestre de Campo D. Martín de Idiáquez, se dirige a sus hombres de esta manera:

“Ea señores, parece que esos demonios sin Dios nos quieren dar la puntilla y contra nosotros viene lo mejor que pueden poner en el campo, será cuestión de echar redaños y aguantar firme. Cuando esos diablos de colores se dejen ver, no quiero que ninguno desfallezca, aguantad firmes ante ellos y esperar a oír la detonación de sus mosquetes, en ese momento todo el mundo a tierra”.

arcabuceros caminando De esta manera, el Tercio, a pesar del movimiento suicida que resultaba deshacer la formación de combate, contrarrestaron el potencial de fuego de los disciplinados enemigos y alargó el tiempo de la descarga de sus propios arcabuceros, que lo hicieron a bocajarro barriendo por completo las primeras líneas de soldados enemigos. Ante el tremendo e inesperado castigo, los suecos dudan en su avance. Estos momentos de titubeo y vacilación de las tropas luteranas, son aprovechados asombrosamente por las formaciones españolas que, inesperadamente, contraatacan y empujan a los suecos con sus picas y disparos de arcabuz colina abajo.

En otras posiciones la situación para los protestantes no mejora. Es entonces cuando Fernando de Austria ordena a los tercios avanzar y cargar contra las formaciones enemigas en retirada. Con paso firme y tranihycm-2079quilo el Tercio de D. Martín de Idiáquez avanza y carga ferozmente contra el enemigo; como dejaría escrito un coronel sueco que se encontraba en aquella colina: “Avanzaron con paso templado, cerrados en masas compactas … la mayoría veteranos bien probados: sin duda alguna, la infantería más fuerte, la más firme con la que he luchado nunca”.

Temiendo que los católicos rompieran el frente, el mariscal Gustav Horn decide retirarse. La retirada se trasforma en desbandada y todos las líneas luteranas se hunden. Un auténtico desastre militar que supuso para el bando protestante 7000 muertos y otros tantos prisioneros, entre ellos el propio Horn, un botín de 4000 carros repletos de suministros y vituallas y más de 50 piezas de artillería.

Las consecuencias de la derrota fueron asombrosas: la Liga de los príncipes alemanes rebeldes desapareció, el poder sueco en Alemania se desintegró y todas las guarniciones al sur del río Maine fueron desalojadas, manteniendo solamente la Pomerania, en la costa báltica.

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Tres años más tarde, en 1637, el cronista Diego de Aedo, en su obra “Viaje, sucesos y guerras del Cardenal-Infante Fernando de Austria”, comentó sobre la batalla y el Tercio de Idiáquez: “… seis horas enteras sin perder pie, acometidos dieciséis veces, con furia y tesón no creíble; tanto que decían los alemanes que los españoles peleaban como diablos y no como hombres, estando firmes como si fueran paredes.”

Otra época, otra manera distinta de vivir y sobrevivir, pero sin duda, somos herederos de aquellos hombres que, de guerra en guerra y en enfrentamientos trágicos, conformaron las sociedades occidentales en las que actualmente vivimos. Sirva esta entrada para mostrar sus terribles sufrimientos y como homenaje a su bravura y heroicidad.


- El socorro de Brisach (fragmento). José Leonardo.
- Bandera Tercio de Spínola.
-
Rendición de Breda o Las lanzas. Diego Velázquez.
-
Desembarco de los Tercios en las Islas Terceiras (Azores) (fragmento). Anónimo.
- Defensa con picas. Grabado.
- VIDEO: You Tube - B
attle scene spaniards against dutchem (lthrbreeches). Basado en la película "Alatriste" y en la serie de novelas de Pérez Reverte.
-
Fernando II de Habsburgo, Emperador de Alemania. Anónimo.
-
Cardenal-Infante Fernando de Austria. Hoeke.
-
Gustav Horn. Anónimo.
-
Bernardo de Sajonia-Weimar. Anónimo.
-
Combate nocturno. Esaias van de Velde.
- Regimiento sueco "Amarillo".
- Regimiento sueco "Azul".
- Tercio español en combate.
- Arcabuceros de los Tercios.
-
Tercio español en marcha (fragmento). Anónimo.
-
Batalla de Nördlinguen. Pieter Meulener.
- Páginas sobre los Tercios:
http://www.tercios.org
http://ejercitodeflandes.blogspot.com/



viernes, 10 de septiembre de 2010

La muerte de la belleza


La Ilíada no cuenta la totalidad de la Guerra de Troya, como normalmente se cree. La gran obra homérica finaliza con la visita de Príamo, rey de Troya, a la tienda de Aquiles con el fin de recuperar el cadáver de su hijo Héctor. Los restantes episodios que conocemos sobre la guerra, hasta la conquista y 294C9FFC67224C8033EB2D4C802FBEdestrucción de la ciudad, no están narrados por Homero, sino por otras fuentes, entre las que sobresalen las obras de Quinto de Esmirna, escritor del siglo III - IV de nuestra era, que tenían como finalidad continuar el ciclo épico troyano donde lo dejó el propio Homero. Para ello, se inspiró en autores como Sófocles, Eurípides o Apolonio de Rodas.

Uno de esos episodios descrito por Quinto en la obra Posthoméricas, es la llegada y apoyo a la asediada ciudad de Troya, de un contingente de amazonas a cuyo frente se encontraba Pentesilea, la bellísima y valiente reina de Temiscira. Según la mitología griega, las amazonas eran descendientes de Marte, dios de la guerra, y Harmonía, deidad del amor. Su llegada a Troya confortó el ánimo de los desalentados troyanos, sumidos en la desesperanza tras la muerte de su héroe Héctor:

“… ahí llegaron las doce, y cada cual

parecía una princesa hambrienta de guerra y feroz batalla;

cada una tenía su fama bien ganada,

pero servían a Pentesilea, que sobresalía por encima de todas.

Igual que entre las estrellas del ancho cielo

brilla en su trono por encima de todas la Luna.”

Este extraordinario refuerzo ofreció nuevas expectativas a los troyanos y a su rey Príamo, que celebró su llegada y auguró que, con esta inestimable ayuda, lograrían arrojar a los griegos al mar. Según relata Quinto de Esmirna, al día siguiente de su llegada, la bella Pentesilea se enfundó su armadura y eligió sus AquilesPentesilea3armas. Se ciñó un cinto del color del arco-iris, unas glebas de oro, tomó su espada que introdujo en una vaina de plata y un casco corintio tocado con penacho dorado. En su mano izquierda sujetaba un escudo bruñido y en la derecha dos jabalinas. Vestida así, sobre su veloz caballo de guerra tracio regalo de Oritía, esposa del dios del viento, la figura de Pentesilea era similar al destello de la más alta y bella de las diosas.

Desde sus campamentos en la playa, los griegos la vieron salir de la ciudad al frente de sus amazonas y seguida por miles de troyanos. El choque fue brutal. Algunas de las valerosas amazon1as perecieron en los primeros momentos, pero los troyanos no dejaron de presionar a los invasores griegos hacia el mar. Sin embargo, la rápida llegada de Aquiles y Áyax con sus hombres cambió por completo la situación.

Pronto se encontraron frente a frente Pentesilea y Aquiles. Ella avanzó primero; Aquiles la esperó impasible. Pentesilea atacó de inmediato arrojando al griego las lanzas que portaba, que rebotaron en el escudo y coraza del griego.

Se enfrentaron durante largo tiempo, cuentan que hasta el crepúsculo. Pentesilea golpeaba con la espada el cuerpo del Aquiles, pero las heridas del héroe cicatrizaban instantáneamente y su sangre desaparecía de inmediato. Es entonces cuando Pentesilea, intuyendo la invulnerabilidad de su enemigo, comprendió que su fin estaba próximo.

En una de las incontables pugnapentesileas, la reina de las amazonas cayó a tierra con una profunda herida en el costado derecho, y en aquel momento los cuerpos de los dos combatientes se acercaron y sus miradas se cruzaron. La visión cercana del héroe griego, conquistó a la amazona e hizo que exclamara: “¡Ay!, ahora quiero vivir”.

Se hizo el silencio, un silencio mortal y los dos ejércitos enmudecieron. Aquiles se arrodilló, le retiró el casco y descubrió su rostro quedando sobrecogido por la belleza de, hasta ahora, su oponente. El aqueo dejó caer su coraza, casco y armas, y se mostró desnudo ante los guerreros; tomó en sus brazos el cuerpo aún con vida de Pentesilea, y permaneció horas abrazado a él hasta que, inevitablemente, le llegó la muerte.

Cuenta la leyenda que los dioses, entristecidos por el hecho, se apiadaron de la desolación de Aquiles y, en mitad de la noche, insuflaron aliento divino al cadáver de Pentesilea. De esta manera, el bello cuerpo de la amazona recobró vida hasta el amanecer y ambos amantes pudieron consumar aquel amor imposible que, surgido de un enfrentamiento brutal, se consumó con la muerte.





- Muerte de Pentesilea. Franz von Stuch.
- Amazona a caballo. Museo de Münich.
- Amazonas. Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.
- Muerte de Pentesilea por Aquiles. Vaso griego de figuras negras.
-Aquiles y Pentesilea. Grabado.
- La muerte de Pentesilea. Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.
- VIDEO de jkarl65: "Amor, dulce muerte". Vicente Amigo.



viernes, 27 de agosto de 2010

En memoria de un genio

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No vamos a comentar aquí la trascendencia literaria de Lope de Vega, considerado uno de los novelistas, poetas y dramaturgos más importante en lengua castellana. Tampoco los avatares de su vida, contradictoria, turbulenta, apasionada, que, como se ha dicho, “es comparable a un vendaval, a una intrincada y ferocísima selva, a un encrespado mar en el que vemos zozobrar continuamente sus ilusiones y sus propósitos de enmienda”. Luís de Góngora, su feroz enemigo, le describió perfectamente en dos sencillos versos:

“Soberbias velas alza, mal navega.
Potro es gallardo, pero va sin freno.”

Por la parte que nos toca, entre los múltiples episodios escandalosos de los que estuvo llena su vida, citar la curiosa y poco difundida peripecia en la que, un Lope adolescente, después de robar dinero y algunas joyas, huye de su casa en Madrid a lomos de un flaco rocín, en busca de grandes aventuras. El viaje finalizará en tierras leonesas, concretamente en Astorga, donde, arrepentido de su acción, decide regresar a casa y asumir las consecuencias.

Pero el motivo de esta entrada es, principalmente, conmemorar hoy el aniversario de su muerte, mostrando, mediante unas pinturas poco conocidas, los avatares de su multitudinario entierro en Madrid. También, celebrar la noticia (no muy habitual) del reciente “descubrimiento” de un retrato del poeta en una colección particular en la ciudad de Münich, y, además, felicitarnos por el inminente estreno de una película sobre el escritor, "Lope", un relato de amor y aventuras, sobre la vida del hombre que supo enamorar como nadie y a la vez contar las mejores historias.




Félix Lope de Vega Carpio muere en Madrid el 27 de agosto de 1635 a los 73 años, hace hoy 375 años. Tras llevar varios días enfermo, el lunes 27 fallece a las 5 de la tarde en el nº 11 de la calle de los Francos, hoy la madrileña calle Cervantes, en el Barrio de las Letras.

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Su entierro, efectuado al día siguiente y al que acudió todo el pueblo madrileño, fue tan espectacular como su vida. Sin embargo, el Consejo de Castilla prohibió las honras fúnebres con las que el Ayuntamiento de la ciudad había acordado homenajear al poeta, presionado por las altas esferas eclesiásticas que no llegaron a perdonar al escritor la vida libertina que, siendo ya sacerdote, había llevado en sus últimos años.

A las once de la mañana salió de su casa el cortejó que acompañará el cadáver hasta su sepultura en la Iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha. Lope es conducido a hombros, con el rostro descubierto y vistiendo el hábito de caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, más conocida como Orden de Malta. La comitiva fúnebre pasará antes por el convento de las Trinitarias Descalzas, entre las calles Huertas y Cantarranas (ahora Lope de Vega) donde una de las monjas, sor Marcela de San Félix, hija de Lope y de una de sus amantes, la actríz Micaela Luján, ha solicitado que el féretro de su padre se detenga unos instantes ante la reja de clausura de una de las puertas del monasterio, para darle su último adiós.

SM - Suarez Llanos 2 Ese momento de desgarrada emoción, en el que se refleja el instante en que sor Marcela despide el cadáver de su padre desde una de las puertas enrejadas del convento de clausura, es el que muestra la pintura realista del pintor decimonónico Ignacio Suárez Llanos, "Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega, su padre” (1862), actualmente en la pinacoteca del Senado.

Unos años antes, en 1853, el pintor francés Jean-Paul Etienne Balze realizó el mismo tema en el cuadro “Funérailles de Lope de Vega”, actualmente en el Museo Ingrés, pero en un entorno romántico, muy medieval y, de alguna manera, excéntrico. Un escenario en el que sor Marcela, a las puertas del convento, se arrodilla ante el cuerpo de su padre que se encuentra, bajo palio, sobre un extraordinario catafalco.

photo Pero 400 años después, Lope de Vega sigue vivo. Sigue vivo en sus poemas, en sus comedias y dramas que no dejan de representarse en todo el mundo, y que resultan un espectacular reclamo para los amantes del teatro. Y sigue vivo, porque recientemente se ha “descubierto” un nuevo retrato del escritor.

La pintura, “Félix Lope de Vega Carpio como caballero de Malta”, atribuida al español de origen holandés Juan Van der Hamen y León, considerado un auténtico “fotógrafo” de los artistas del momento, se encuentra, como hemos señalado al inicio, en una colección particular en Alemania.

news_story_detail-Lope de Vega1 En esta “nueva” obra, Lope posa de medio cuerpo vistiendo un amplio manto negro con una gran cruz de la Orden de Malta en su lado izquierdo, que le designa como caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, siendo la mayor distinción que Lope de Vega tuvo en vida y que fue otorgada por el propio papa Urbano VIII. Apoya su mano izquierda sobre una mesa cubierta con paño carmesí, en la que se encuentran varios libros, mientras la mano derecha del poeta sostiene una carta o documento, que parece haber dejado su lectura unos momentos para posar para el artista.

12 Dice la tradición, que la noche en que murió Lope hubo un eclipse de Luna. Jacinta Baca, poetisa y amiga del escritor, dejó escrito este bello soneto sobre la confluencia de los dos sucesos:

Llegó ya a las montañas de Apenino,
llegó a la Libia ardiente y Seythia helada
la fama por justicia acreditada
de este varón de tanto laurel digno.

Y así del más remoto al más vecino

con himnos de dolor será llorada,
su falta, y la memoria venerada
del que en el velo humano fue divino.

Hasta en el campo de zafir hermoso
la noche, que dio término a su vida,
mostraron sus lumbreras sentimiento.


Y con afecto triste y amoroso,

cuando Delio llegó a su luz cumplida,

le formó en sombras sacro monumento.


- Lope de Vega (detalle). Eugenio Cajés.
- Interior Museo-Casa Lope de Vega. Madrid.
- VIDEO: "Que el soneto nos tome por sorpresa", Jorge Drexler - Película "Lope".
- Fachada Convento Trinitarias Descalzas. Madrid.
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Sor Marcela de San Felix ... Ignacio Suárez Llanos.
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Funérailles de Lope de Vega. Jean Paul Etienne.
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Félix Lope de Vega como caballero de la Orden de Malta. Juan Van der Hamen.
- Varios retratos del escritor
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sábado, 31 de julio de 2010

¿Cuál es el mejor bar de España?

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Capture-1 Son estos días centrales del verano los que, sin duda, más se disfruta de la calle. Son propicios para la convivencia, para los paseos al aire libre y, como no, para reunirse con familia o amigos en torno a la barra o mesa de un bar, para tomar unas “cañas” y su oportuna tapa.

León siempre ha sido lugar de tapeo, de reuniones en tradicionales locales, especialmente en el barrio antiguo, de los que dejó fantástico testimonio durante sus años de periodismo en la ciudad el gran Francisco Umbral, amante y asiduo de estos lugares, que en sus “Crónicas de las tabernas leonesas” inmortalizó locales, de los que algún día hablaremos, y que son, o fueron, auténticos templos de la ciudad en materia de tertulias entre vinos y tapas: “Casa Benito”, “el 2 de Mayo”, “La Mazmorra”, “La Gitana”, etc.

Los que disfrutamos de estas reuniones y tratamos de buscar los “mejores” por su atención y servicio, ambiente y decoración, el entorno, la comodidad y la calidad de sus productos, creemos que uno de los mejores locales de España que reúne todas estas condiciones se encuentra en León, es la cervecería “Camarote Madrid”, conocido coloquialmente desde hace más de 20 años como “el Madrid”, en la calle Cervantes, en el denominado Barrio Romántico del casco antiguo. "El Madrid" ha ido perdiendo con el tiempo la etiqueta (infundada) de clasista y se ha vuelto totalmente heterogéneo en su concurrida clientela.

Capture-2 Aparte de reunir todas las “virtudes” mencionadas, “el Madrid” es la única cervecería-bar dinámica de la ciudad. A lo largo del año, mientras mantiene su decoración inspirada en los años 50 del pasado siglo y en la que el toro es el principal protagonista, “el Madrid” se trasforma durante la Navidad, también mientras dura la feria de abril sevillana o cuando juega la selección española de fútbol, pero sobre todo, durante la Semana Santa leonesa, en la que el local se vuelca en reflejar los episodios y la imaginería de la cofradía centenaria de la ciudad: Dulce Nombre de Jesús Nazareno.

Capture-6 No es una afirmación gratuita. El popular periodista Carlos Herrera, reconocido gourmet y peregrino de las mejores "barras" españolas, lo confirma en el artículo publicado el pasado 6 de septiembre en el magazine XL Semanal, bajo el título: ¿Cuál es el mejor bar de España?


¿CUÁL ES EL MEJOR BAR DE ESPAÑA?

images Me lo preguntaba un amigo extranjero hace no pocos días, coincidiendo en una etapa del Camino de Santiago. Concretamente entrando en la Cervecería Madrid de León, uno de los mejores lugares que he conocido jamás. El extranjero, originario de un país en el que hay infinitamente menos bares que en España –es decir, sirve cualquier país del mundo–, no sabía con qué mano tomar cualquiera de las excelencias que a modo de tapas le surgían en todo abrevadero en el que se detuviera. Le hice ver que todo español tiene un listado imprescindible y que no tiene por qué coincidir con otro del que le separen apenas cincuenta kilómetros. Hay países en los que se pueden conocer todos los bares de su territorio y establecer una clasificación de fácil acceso; España no. En España hay muchos bares cuya fama trasciende a su entorno más inmediato, pero hay cientos de miles que sólo son conocidos por los lugareños y por un puñado de estudiosos visitantes. Además, resultan excesivamente heterogéneos para ser comparados: un bar de Santiago no tiene por qué ser una réplica de uno de Santa Cruz de Tenerife, y uno de Mahón exhibirá otro producto que uno de Badajoz. Los aficionados a las barras prodigiosas no dejamos una ciudad sin peinar, así que la visitamos, pero siempre se nos escapa alguna excelencia. Con todo, creemos conocer lo imprescindible y, aun así, no lo conocemos. Balbino, en Sanlúcar de Barrameda, es totémico, pero no es desechable La Barbiana o la barra de Bigote. Como la de Secundino o todo Bajo de Guía. El Nou Manolín de Alicante parece inalcanzable, pero no descarten el Piripi. Me falta tiempo en Barcelona para dejarme caer por Paco Meralgo, o por Pinocho, en la Boquería, donde el gran Juanito regala por igual calidad estratosférica y simpatía descomunal. Pero cómo no ir al renovado Velódromo de la calle Muntaner o al soberbio Quimet-Quimet de Poeta Cabanyes o al exuberante Inopia de Albert Adrià. Si el extranjero pasase por Granada no tendría tiempo para dividirse entre Cunini, El Elefante y El Mentidero. Y tendría que ir a Huelva a machacar la barra de Portichuelo. Y luego viajar a Vitoria a dejarse emborrachar por el insuperable Toloño, uno de los inevitables en un topten. Y en Pamplona rebozarse en El Gaucho o en Miami, la casa del bueno de Lucio. Y de Donosti no sabría qué decirle: el bar Antonio es uno de mis favoritos, pero paséense por cualquiera de los otros y no tendrán más remedio que reconocer que son incapaces de elegir. Otrosí de Bilbao, de Santander (¡esa Bombi!), de Oviedo. ¿Puede haber una barra mejor que la de La Criolla de Valladolid? ¿O que la de Amorós de Valencia? ¿O que La Ponderosa de Cuenca?.

Me faltaría tiempo para llevarte –le dije– al Manteca, en Cádiz, a El Chele o a El Quinto Toro, en Almería, bares-bares todos, que no es lo mismo que restaurantes. Pueden tener mesas y servir comidas, pero manda la barra. En León, ciudad que me trastorna, la tapa es obsequiada como cortesía en todos los bares: no hablo de un platito de cacahuetes, hablo de uno de morcilla o de uno de paella por el precio de una caña. Igual que en Granada. Eso resultaba fascinante para el amigo extranjero, acostumbrado a los sucedáneos de bares de su país. Nórdico, por más señas, era incapaz de asimilar la riqueza que florece por doquier en cualquiera de los acudideros que le asaltaban durante su camino. ¿Para todo sois igual los españoles?, me preguntaba. No, le respondí. Nos empeñamos en tener pocas cosas en común, pero los bares son la que unifica y articula el territorio de norte a sur. Un español, por muy sedicioso que sea, echará en falta el territorio nacional si anda por lugares en los que no pueda saborear porciones de gloria en una barra. La riqueza de los pueblos y ciudades no la medimos sólo por sus catedrales o sus ruinas, por sus museos o sus centros peatonales: buena parte del atractivo de esta enigmática y jodida España está en sus bares. En la barra de Trifón, en Sevilla, o en la de Puerta 57, en Madrid. Y en la de todos a los que no he nombrado y que merecerían estar en esta crónica.

El abrazo que le dio el nórdico al Apóstol sé que fue intenso y sincero. Natural.

Carlos Herrera, XLSemanal, 6 de septiembre de 2009.

Ahora, solo tenéis que comprobarlo.


- Francisco Umbral. Años 50.
- Fotografías extraídas de la web:
http://www.camarotemadrid.com/
- Carlos Herrera. Periodista.



domingo, 18 de julio de 2010

La belleza de la muerte


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Frescos Capilla Sixtina las Hijas de Jetró r

Las imágenes que tenemos sobre los estragos que produce en el ser humano el tiempo previo a una muerte irremediable, resultan terribles. Las enfermedades largas, lentas, agónicas, trasforman el cuerpo, desfigurándolo y deformándolo Young Woman in Mythological Guise, Botticelli,1480lentamente. Los rostros se convulsan y adquieren los matices especiales de la impronta de una muerte próxima.

Pero en este proceso de padecimiento-muerte existe una excepción. Se trata de una enfermedad que acompaña al hombre desde épocas remotas, concretamente desde que se hace sedentario y ganadero, y se contagia de una sandro_botticelli_022_ritratto_giovane_donnabacteria de origen animal que muta y ataca al ser humano: la tuberculosis, que hasta los primeros tratamientos efectivos del siglo XX, resultaba mortal.

Sin embargo, curiosamente, este padecimiento no producía en el rostro del enfermo los efectos propios de una muerte cercana. La tuberculosis, en su etapa terminal, alarga las pestañas, afina las facciones y vuelve la piel de una suavidad y palidez sobrenatural, que es conocida en los textos como “belleza alabastrina”.

Estos “síntomas” armonizaban con el prototipo de belleza femenino que se inicia y se exhibe plenamente en las representaciones del Renacimineto, y que se caracterizan por sus formas sensuales, melancólicas, pero también, frágiles y etéreas, modelos que, aún hoy, deslumbran por su idílica y sublime hermosura que las acerca a las divinidades mitológicas.

venus_mars_Boticelli Este canon de belleza en la mujer permanece durante siglos. Entre el XVI-XVII, existía la costumbre de masticar barro, de la que ya hemos hablado en otra entrada, que producía la obstrucción de los conductos biliares, originando un blanco especial en la piel. En época romántica, las mujeres persiguen ese mismo patrón de belleza sobrenatural, incorpórea, que produce la extremada palidez, ingiriendo dietas a base de vinagre mezclado con agua con el fin de autogenerarse anemias hemolíticas.

Ognissanti Botticelli Grave Nadie como Botticelli para perpetuar esta belleza que, algunas veces, es antesala de la muerte. Así ocurre con la modelo de la que se sirvió para la mayoría de sus obras: Simonetta Cattaneo. Tal fue la pasión que el artista sintió por la “bella Simonetta”, que fue su deseo ser enterrado a sus pies, en la iglesia florentina de de Ognissanti, nada menos que 34 años después de la muerte de la modelo.

Simonetta había nacido en 1453 en la ciudad de Génova, aunque hay quien la hacen descender de Liguria, concretamente de la localidad de Portovenere, lugar donde, según la mitología, había nacido Venus. A los 16 años se desposa con el merca31485_Giuliano_de_Medici_fder florentino Marco Vespucci, familiar del famoso explorador Americo Vespucci y, desde aquel momento, la ciudad de Florencia, sus artistas y sus nobles, entre los que se encontraban los Médicis, quedaron rendidos por la belleza de la joven.

Es muy probable que Giuliano de Médicis, hermano menor de Lorenzo el Magnífico, estuviera enamorado de ella o que llegaran a ser amantes, como avalan los hechos ocurridos en la conocida justa florentina (La Giostra) celebrada en 1475, en la que el Médicis participó portando un estandarte con el retrato de Simonetta, representada como Palas Atenea, que había pintado el propio Botticelli.

The-Joust-in-the-Piazza-Florence-1555 Con el tiempo, el artista florentino también llegó a retratar a Guliano abatido, cabizbajo, como si el pintor conociese su afligido destino (murió asesinado a los 28 años), o su estado de permanente melancolía por el recuerdo de su amada. Aquel torneo ha pasado a la Historia por su trasfondo amoroso y, por supuesto, porque la protagonista fue nombrada en aquel momento como “la mujer más bella de la Toscana”.

La “bella Simonetta” murió en abril de 1476, cuando contaba 23 años de edad, a consecuencia de la tuberculosis que la hizo aún más bella al final de su vida. La belleza de Simonetta ligada a la muerte cercana, fue el ideal estético que rindió y cautivó a los artistas florentinos, pero sobre todo a Sandro Botticelli.

Boticelli Faces En realidad no sabemos como era el rostro de Simonetta, solo sabemos como la veía Botticelli y así la inmortalizó en sus retratos, como ninfa o madonna, y en las extraordinarias y conocidas composiciones bíblicas y mitológicas.


- Hijas de Jetro (detalle). Botticelli.
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Simonetta. Botticelli.
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Simonetta Cattaneo. Botticelli.
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Venus y Marte. Botticelli.
- Tumba de Sandro Botticelli. Iglesia de Ognissanti, Florencia.
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Giuliano de Médicis. Botticelli.
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Justas en la Plaza de Florencia en 1555. Anónimo.
- Detalles:
Virgen y el Niño de Uffizi - Nacimiento de Venus - Madonna del Magnificat. Botticelli


domingo, 11 de julio de 2010

Sin palabras !!!