jueves, 11 de noviembre de 2010

Puertos de Verano


El pasado otoño, tras la subida al Fontañan y la visita a su hayedo, "Andarines" prometió no dejar pasar el siguiente otoño sin volver a disfrutar de la belleza de otro de los hayedos existentes en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica, a escasos kilómetros de la ciudad. Para ello, se preparó una nueva y completa jornada de convivencia que contase con una pequeña travesía por la cercana y sorprendente montaña leonesa, sin olvidar la admirable y valorada gastronomía de la zona.

El lugar elegido fue el Valle del río Casares que, como otros cauces (Rodiezmo, Valverdin, Olleros, etc), se abre paso de oeste a este entre los materiales más fáciles de erosionar. El curso de estas aguas crea angostos valles entre las cumbres más resistentes de la Cordillera, formadas especialmente por las moldeables calizas y cuarcitas, hasta su desembocadura en el río Bernesga, corriente que discurre de norte a sur de la provincia.

Dentro de este valle, como también ocurre en los demás, las corrientes de agua que desde el sur (zona de umbría) vierten sus aguas en el Casares, han ido conformando sorprendentes hoces o foces al traspasar sus laderas de calizas, en las que se asientan prodigiosos bosques, principalmente de hayas, abedules y robles, necesitados de un cierto grado de humedad para sobrevivir, y que rodean los afloramientos calizos conformando enclaves de una extraordinaria riqueza paisajística.

Por el contrario, en las laderas situadas al norte del valle, pero con las pendientes orientadas al sur, crecen, fijando sus raíces sobre la caliza completamente desnuda en donde apenas existe humedad, las sabinas o xinebros, árboles típicamente mediterráneos que aquí aprovechan durante todo el día el calor del sol, acrecentado por el que guarda y refleja la


roca, encontrando así el espacio ideal para sobreviv
ir: calor y sequedad.

Esta sorprendente diferencia de vegetación dentro del mismo valle, en la que cada una de sus vertientes o laderas poseen unas condiciones ecológicas bien diferencias debido a su orientación, es lo que hace a este espacio único en España y en Europa. La importancia natural del Valle del río Casares, se manifiesta al figurar incluido dentro de la Red de Espacios Naturales de la Unión Europea (Red Natura 2000 - Red ecológica europea de áreas de conservación de la biodiversidad) por su altísimo valor natural y paisajístico, además de formar parte de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga como Zona Núcleo específica, declarada en 2005 por la UNESCO dentro del marco del programa MaB (Hombre y Biosfera). En un futuro está prevista su inclusión en la denominada Gran Reserva de la Biosfera Cantábrica.

La localidad seleccionada para el comienzo de la ruta será Cabornera, a 36 km. de León y a 1.018 m. de altitud, población perteneciente al municipio de Pola de Gordón. La elección no es casual, Cabornera es una de las poblaciones más importantes del valle y punto de inicio de una de las rutas de montaña más interesante de la zona: “Los puertos de verano”.

Hasta no hace mucho tiempo la ganadería ovina era la principal economía de la zona. Durante el invierno los rebaños se trasladaban a los páramos y riberas del sur de la provincia, mientras durante la temporada de estío, iniciado ya el mes de junio, volvían a lo que llamaban los “puertos de verano”: las alturas de la cara norte del valle; este corto periplo migratorio se le denomina "trashumancia de travesío". En los puertos, el ganado aprovechaba los prado


s que se mantenían frescos durante todo el verano y en el que los sonidos de las esquilas y cencerros, los poderosos mastines, los inquietos careas y la imagen de los típicos teitos de pastores, resultaban escenas cotidianas durante la canícula.

El día elegido para la travesía fue el pasado 23 de octubre. La mañana de otoño, desautorizando todas las previsiones, resultó espléndida, con una nitidez en el horizonte que permitía observar perfectamente todas las crestas calizas, que resaltaban sobre un espléndido cielo azul. Desde Cabornera, en la ribera del Casares, iniciamos el camino, la subida a “Los puertos de verano”. Teniendo como referencia la iglesia de San Cristóbal, nos dirigimos en dirección sur cruzando el puente que atraviesa el río, para tomar la pista que inicia el ascenso.

Desde el comienzo la inclinación es importante. El camino repleto de vegetación propia de ribera, coincide en algunos puntos con el Arroyo Fuente del Fraile, que en la población cuenta con una fuente del mismo nombre, muy conocida en la zona por sus aguas minerales ferruginosas, según dicen, beneficiosas para la salud.


Poco a poco nos adentramos, en permanente subida, en la Foz del Calero, una garganta caliza abierta por el cauce del arroyo que muestra un paisaje impresionante debido a los soberbios pliegues calizos en las laderas; algunas de ellas poseen perfectos ejemplos de lapiaces, grandes surcos producidos por el agua de escorrentía que ha afectado a la superficie caliza produciendo estas importantes oquedades tabicadas. En la falda de algunas de estas paredes observamos grandes canchales o pedreras producto del hielo y deshielo sucesivo, que fragmenta la caliza facilitando su desprendimiento y el posterior deslizamiento por los verticales desniveles.

Parte de la subida se realiza por un camino enlosado que figura como “camino romano” en algunas informaciones, pero que simplemente es un empedrado reciente que está preparado de esta manera para combatir las 


fuertes torrenteras y el bar
ro que se origina por tan estrecho paso, del mismo modo que, un poco más adelante, existe un tramo del camino con una base de hormigón.

Después de aproximadamente una hora de camino y de haber recorrido, en constante pendiente, unos 3 km y haber dejado a la izquierda Peña Forcada (1.400 m.), llegamos al primer punto de la ruta, el Puerto de Fonfrea a 1.338 m. El paisaje se abre y desde allí descubrimos parte

 del camino de subida que recorre hacia el oeste las laderas del sur del valle hasta perderse en el horizonte. Ahora, fuera de la protección de las paredes calizas del Calero y cerca ya del mediodía, el sol comienza a molestar, forzando a arrinconar alguna que otra prenda de abrigo.

Después de franquear una cancilla para el ganado, continuamos en dirección al Puerto del Espineo por el cómodo camino ascendente, mientras a la derecha dejamos la pirámide del Arbalejos de 1.500 m., salpicado de sabinas. En su falda el primer rebaño, en este caso de vacuno, guardado


fielmente po
r unos cuantos mastines. Desde antiguo, el mastín leonés, por su carácter y tamaño, se ha empleado tradicionalmente para defender el ganado de los ataques del lobo.

Aún hoy, el mastín, con su carranca al cuello, sigue acompañando y cuidando los escasos rebaños que se mueven por estas montañas. Esta escasez de rebaños y de actividad pastoril, se comprueba fácilmente en los laterales de la pista invadidos ahora por helechos, retamas y otros matorrales, resultado del abandono paulatino de algunos pastizales o brañas. Estas especies arbustivas colonizan rápidamente las laderas cuando el ganado deja de alimentarse en ellas.

A 4 km. aproximadamente de la salida, coronamos el Puerto del Espineo a 1.360 m. de altura. Un panel explicativo revela y aclara la espléndida panorámica que se puede contemplar desde allí: al frente las laderas calizas ocupadas por solitarias sabinas, a nuestra izquierda, por la zona denominada Las Dueñas, un espléndido hayedo desciende desde lo alto, atraviesa el camino y se pierde en el fondo del profundo valle.

A la derecha de la pista, un vallado protege una parcela con un pequeño refugio. Su dueño, ha construido también un teito o palloza, habitáculo propio de los antiguos pastores con una base de piedras y un gran techo de cubierta vegetal, en este caso de grandes retamas. Un poco más adelante, al mismo borde del camino, una inesperada sorpresa que en este escenario de fantástica belleza, de hechizados bosques y de paisajes de hadas, no podían faltar: un muérdago, parasitando un pequeño roble, y un espléndido acebo.

Según ancestrales creencias, el muérdago fue traído a la Tierra por los dioses como mágica medicina y amuleto contra el mal. Es una planta ajena a la tierra y el cielo; sus raíces no tocan la tierra, pero tampoco se sostiene en el aire sin la ayuda de otro arbusto. Son los zorzales los que originan su curiosa expansión. Primero comen el fruto, para dejar posteriormente la semilla con sus excrementos en las aberturas de otros árboles. Los druidas (“hombres de robles”), veneraban aquél de los robles que tuviera muérdago, es decir el robl


e en el que los dioses habían puesto su señal. Dicen, que un beso bajo el muérdago es el inicio de un nuevo amor o la continuidad eterna del actual.

Pero también el acebo posee su leyenda atávica. Solía llevarse a casa en los inviernos, en los meses “oscuros”, como protección contra el mal, y era costumbre que los bastones, los báculos sagrados, se confeccionaran con madera de acebo.

Llegamos al Puerto de Santa Cruz, a 1.477 m., donde hallamos una majada, un r


efugio en piedra y un abrevadero. Reponemos fuerzas en la pequeña braña donde pasta tranquilamente, ajena por completo a nuestra presencia, una pequeña yeguada, mientras otros aprovechan para subir a Las Carvas, a más de 1.600 m., unas impresionantes crestas calizas que rodean Santa Cruz.

La pista llega hasta la majada. Para continuar la ruta, hay que ir girando hacia el norte por un estrecho sendero que discurre entre enormes retamas. En los claros existentes, aparecen generosamente las mensajeras del otoño: las “quitameriendas” o azafrán silvestre, flores características de esta época en los altos pastizales, pero que también podemos encontrar en los prados meseteños. Junto a ellas algunos rosales silvestres o escaramujos, repletos de brillantes frutos rojos, y alguna que otra lengua de vaca, con sus bellas corolas violáceas.

Después de cruzar el curso del Arroyo Valdecuevas que nace en la zona, dejamos a nuestra izquierda la senda que lleva al Puerto de Meleros y nos adentramos por otro cauce, el que corresponde al Arroyo Fozescura, en este caso completamente seco. Este arroyo es el causante de la configuración de la Foz Escura, una impresionante y estrecha hoz, con altas paredes verticales y sorprendentes conos de derrubio.

Al inicio de la hoz, aparecen restos de cabañas construidas con el abundante material de las pedreras, que forman parte de una leyenda que circula por las tierras de Gordón. Se cuenta que, ya por el siglo X, existía una ermita y un poblado de pastores en la parte más baja del Puerto de Santa Cruz (la entrada de Foz Escura), que desapareció en extrañas circunstancias. Dicen, que fue una tremenda tormenta la que destruyó el asentamiento y provocó que todos los vecinos se desplazaran con sus enseres y ganado hacia el Valle del Casares; pero también atribuyen la desaparición de la aldea a la intervención de una serpiente que envenenó la harina del molino, acabando con una parte importante de sus habitantes.

La leyenda que alude al veneno y la harina, estaría más bien relacionada, no con serpientes, sino con el peligroso cornezuelo. En un momento determinado, no se sabe cuando, por ignorancia o influencia de la necesidad, debió molerse el centeno con cornezuelo, resultando una harina tóxica que envenenaría a parte de la población y produciría la huida al valle de los supervivientes.

Continuamos descendiendo con dificultad por el curso seco de la reguera. A los lados, grandes e inestables canchales, salpicados por incipiente vegetación, que hacen complicado el paso. Lentamente la hoz se abre y va surgiendo el asombroso hayedo atravesado por el serpenteante curso del arroyo. Como hemos contado en otras ocasiones, adentrarse en el interior de un hayedo es penetrar en un paisaje, en un mundo de fantasía. Su espectáculo de color, con tonalidades amarillas, marrones, rojizas, … la ausencia de luz directa, su alfombra de hojas doradas, la falta o trasformación de los sonidos o la quietud, que todo lo invade, ocasionan este ambiente encantado.

Pero el hayedo de Foz Escura todavía resulta más especial por su encajonamiento entre las calizas que afloran por todas partes, y permiten el crecimiento de extensos tapices de musgo y líquenes. Los salientes calizos forman mágicos rincones donde se esconden, junto a los troncos secos abatidos, los helechos amantes de la oscuridad y alguna que otra planta que consigue sobrevivir en el peculiar sotobosque que configura el hayedo, como los escaramujos y pequeños brotes de fresno, avellano o alisio. Como un milagro aparece en un recodo, junto al curso del torrente, una Hierba o Geranio de San Roberto, con su floración rosada de cinco pétalos.

Poco a poco las paredes de la hoz se van separando y el hayedo se abre hacia el valle. Surge ahora, como por encanto, el agua en el Arroyo Focescura, y los tallos de jóvenes robles y abedules disputan ahora el espacio a las hayas. Dejamos el arroyo por la derecha, subiendo unos metros para tomar una nueva pista que, después de adaptarse a los desniveles del terreno, nos llevará hacia el puente sobre el río Casares, frente a Paradilla de Gordón, donde finaliza la travesía.

Nuevamente, la ruta escogida por nuestra montaña ha resultado un éxito. Entre rosales silvestres con sus llamativos frutos, las grandes retamas y abundantes andrinos, cuyos frutos negro-azulados maduran en esta época, dirigimos una última mirada hacia atrás, hacia la Foz Escura, con su hayedo que, aun desde la distancia, atrae con sus vivos colores. Un premio a los sentidos en una espléndida mañana de otoño.

En Geras de Gordón, en el mismo Valle del Casares, se encuentra el restaurante emblemático de la zona: Entrepeñas, conocido por la calidad de sus embutidos curados especialmente gracias al particular clima de la zona. Unas patatas con congrio, unas carrilleras y una caldereta de cordero, hicieron el milagro y consiguieron la desaparición del cansancio; vino, postre y chupitos permitieron todo tipo de comentarios sobre las circunstancias de la travesía y, por supuesto, el compromiso y voluntad de “Andarines” de regresar el próximo otoño a la montaña leonesa.

- Fotografías: Jacinto, Coca y Mar ("Andarines" -TGSS e INSS León).
- Audio: You Tube - Enya: Cuento de hadas.
- Notas de Campo y Jardín - Mastines: Mali - Mapa: Instituto Geográfico Nacional.

domingo, 17 de octubre de 2010

La tragedia de la belleza


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Uno de los cuadros que ha adquirido más fama en estos últimos años, es la obra titulada “Ofelia”, realizada en 1852 por el inglés John Everett Millais y expuesto actualmente en la Tate Gallery de Londres.

John Everett Millais Millais refleja en la obra el instante en el que el cuerpo de la enigmática Ofelia, ex amante de Hamlet, perturbada al verse abandonada por el príncipe danés, se abandona entre las aguas y muere ahogada. En realidad, la muerte no sucede en escena, sino que es narrado en la obra Shakespeare por Gertrudis, madre de Hamlet, quien explica como Ofelia, mientras recogía flores cerca de un arroyo, cae involuntariamente al agua y, en su locura, se deja arrastrar por la corriente:

…Llegada que fue, se quitó la guirnalda y queriendo subir a suspenderla de los pendientes ramos, se tronchó un vástago envidioso, y caen al torrente fatal ella y todos sus adornos rústicos. Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato sobre las aguas, semejante a una sirena, y en tanto iba cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia, o como criada y nacida en aquel elemento. Pero no era posible que así durase por mucho tiempo. Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían, arrebataron a la infeliz y la muerte interrumpió su canto dulcísimo."John Everett Millais, Ofelia 2

John E. Millais, inspirado en la infortunada y misteriosa Ofelia shakespeariana, realizó una espléndida obra simbólica en un entorno frondoso y colorista, que responde a un paisaje real del río Hogsmill, afluente del Támesis, en un remanso cerca de Ewell.

El hermoso rostro de Ofelia sobresale del agua mostrando sus labios entreabiertos y ojos inanimados, rodeado por su largo cabello rojizo. Las manos emergen en aptitud de ofrenda, mientras la parte inferior del cuerpo se encuentra ya sumergido, salvo algunos de los pliegues ligeros del vestido. Una gran variedad de flores se hallan a su alrededor. Son las flores que Ofelia había recogido, y tanto Shakespeare en la obra como Millais en la pintura, las utilizan simbólicamente: flotan amapolas, símbolo de la muerte; pensamientos, que personifican el amor no correspondido; en su cuello, violetas, que son imagen de una prematura muerte y símbolo de la desesperanza. También se distinguen margaritas, narcisos, lirios, nomeolvides, … Todas con el objeto de interpretar los sentimientos, defectos y virtudes de Ofelia y su amado el príncipe Hamlet.



Elisabeth Eleanor Siddal fue la modelo de esta espléndida obra. Descubierta cuando tenía 20 años por el pintor Walter Deverell mientras trabajaba como de modista de sombreros en Londres, Elisabeth fue modelo de Deverell y, a través de él, de los principales representantes de la “Hermandad Prerrafaelista”.

A mediados del siglo XIX, se creó en Londres dicha asociación formada por pintores, poetas y críticos, que encabezaban John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y Willian Holman Hunt. Rechazaban el arte académico dominante en la Inglaterra del siglo XIX, ya que, para ellos, la pintura académica reinante no hacía sino perpetuar el manierismo de la pintura italiana posterior a Rafael y Miguel Ángel, con hechuras elegantes pero vacías y faltas de sinceridad. Por esa razón, propugnaban la vuelta al minucioso detallismo y a los colores luminosos de los primitivos italianos y flamencos anteriores a Rafael (de ahí el nombre de prerrafaelistas), a los que consideraban pintores más auténticos.

Elizabeth Siddal posó para los principales prerrafaelistas, pero en especial para Dante Gabriel Rossetti, también poeta, que la hizo su esposa y trató de evitar que ella modelara para los demás. William Michael Rossetti, hermano del anterior, escritor, crítico y también miembro fundador de la Hermandad, describió así a la modelo:

“Una de las criaturas más bellas, con un aire entre dignidad y dulzura con algo que excedía la modestia y la autoestima y poseía una desdeñosa reserva; alta, finamente formada con un cuello suave y regular, con algunas características poco comunes, ojos verde-azulados y poco brillantes, grandes y perfectos párpados, una tez brillante y un espléndido, grueso y abundante cabello oro-cobrizo."

Sin embargo, el cuadro más célebre que protagoniza Elizabeth es “Ofelia”, pintado, como hemos señalado, por otro prerrafaelista: John Everett Millais. No es solo la obra suya más conocida y famosa, sino que, posiblemente, durante su confección ocurriera el suceso que influyó poderosamente en la salud de la modelo y que, finalmente, la llevó a la muerte. De esta manera, se cruzó la tragedia de Ofelia, con la belleza de Elizabeth.

La pintura se realizó en interminables sesiones, en las que Elisabeth posó sumergida con un vestido antiguo en una bañera durante el invierno de 1852. Para entibiar el agua, el pintor colocaba gran cantidad de velas bajo la bañera, hasta que en una de aquellas sesiones, la concentración de Millais en su trabajo le impidió darse cuenta de que algunas de las velas se consumieron enfriando lentamente el agua, sin que la modelo se quejara por ello. Desde aquel día, Elizabeth Siddal estuvo durante varios días gravemente enferma, padeciendo posteriormente frecuentes problemas de salud.

ROSSETTI

A partir de aquél suceso, no volvió a pintar para Millais. Su débil salud, la tormentosa relación con Rossetti y el “trastorno del ánimo” (depresión), que padecía según relatan algunos biógrafos, la habrían inducido a ser consumidora habitual y en exceso de laúdano, un compuesto alcohólico de opio, que reducía los dolores y se utilizaba también como relajante, ansiolítico, además de resultar un tratamiento eficaz para los síntomas de la tuberculosis.

Su fallecimiento a los 32 años, calificado como “muerte accidental, suele atribuirse a una sobredosis de laúdano. Esta hipótesis del suicidio de la bella Elisabeth, no cabe duda que la une e identifica eterna y poéticamente con la tragedia de Ofelia, a la que sirvió de modelo en el instante de su muerte y que, posiblemente, enfermó mortalmente representando la escena.

El sueño de Dante a la muerte de su amada

A pesar de la turbulenta relación que unía a Elizabeth y Rossetti, éste no dejó pintarla tras su muerte. Es más, Rossetti enterró sus poemas de amor en el ataúd, bajo la cabeza de su amada. Después de siete años y a instancia de sus amigos, aceptó desenterrar a su esposa para rescatar y posteriormente publicar aquellos primeros poemas inspirados en ella.

La leyenda cuenta que el cadáver de Elizabeth Siddall, a pesar de los años, mantenía su belleza y que el largo, rojo y ondulado cabello, que tanto había fascinado a Rossetti y a los demás prerrafaelistas, seguía brillante y había crecido hasta inundar el ataúd.



Escena de la serie de TV “Románticos Desesperados” (Desperate Romantics), producida por la BBC en 2009, correspondiente al trascendente momento en el que Elizabeth Siddall posa en la bañera como Ofelia, para John Everett Millais.


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Ofelia. John Everett Millais, 1851-52.
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John Everett Millais, por Georges F. Watts.
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Ofelia (fragmento).
- VIDEO:
You tube - marisayutub. Música: Lesiem - Justitia.
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Venus Verticordia (trasformadora de corazones). Dante Rossetti.
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Dante Rossetti: Autorretrato (1847); Williams H. Hunt (1853); George F. Watts (1875).
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El sueño de Dante por la muerte de su amada. Dante Rossetti.
- VIDEO:
You Tube - kynnusk. Serie TV BBC.


lunes, 4 de octubre de 2010

La tradicional fiesta leonesa: San Froilán


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El 5 de octubre del año 905 muere en la ciudad de León el obispo Froilán. Después de 1105 años del suceso, se sigue recordando y celebrando su paso e impronta en esta ciudad y en el reino leonés, fiesta que, cada año que trascurre, se vuelve más popular.

Nace Froilán, según las crónicas, en los arrabales de la localidad Lugo en el año 833, en el lugar denominado Regueiro dos Hortos, espacio a extramuros de la ciudad ubicado entre la Puerta Miñá y la Puerta del Postigo de la muralla romana, muy cerca de la vieja Catedral en la que, de acuerdo con la tradición, fue bautizado por “padres nobles y piadosos”, que le imponen por nombre Froilán, nombre de origen germano cuya raíz original significa “señor”.

Por ese lugar, que ve nacer y crecer a Froilán, la capital lucense se abre al oeste por la antigua calzada romana XIX del Itinerario de Antonino que, tras vadear el poderoso Miño, lleva a los viajeros hasta la tumba de Santiago, descubierta en el 813. Pero también era conocido que algunos peregrinos viajaban hasta la costa, hasta el mar, hasta Iria Flavia, mucho antes de la aparición del sepulcro del Apóstol. Caminaban al "encuentro" del Sol poniente, a los confines del mundo, a los acantilados atlánticos, donde, aún hoy, persiste una atmósfera atemporal.

Posiblemente Froilán los vio pasar y habló con ellos, descubriendo que su peregrinaje pretendía la búsqueda del aprendizaje de las bases y fundamentos del conocimiento humano, y que seguían aquella ruta atávica marcada desde la noche de los tiempos. Aquella ruta se mantuvo imperturbable a pesar de las invasiones, al poder y la fuerza de nuevas culturas y a la intolerancia de las distintas religiones imperantes a lo largo de los siglos.

Puente

Sobre aquel lugar del camino, Froilán vivirá sus primeros años; pero no serán aquellos peregrinos quienes influirán en el ánimo del joven, será la influencia de la cercana Catedral, la que intervendrá en su educación y formación gracias a la escuela que los canónigos mantenían en el templo. Sin embargo, no hay que olvidar la existencia de cronistas que aseguran que fue educado por su madre, elevada posteriormente a los altares (Santa Froila), dedicándose desde muy temprana edad al estudio de los asuntos sagrados. Según atestiguan, ya desde niño, “gustaba de amor al retiro, soledad y oración”. Hay también quién afirma que, “su cultura, litúrgica y patrística, que era mucha, la adquirió por su cuenta”.

Eran tiempos de reformas. Alfonso II, desde su sede regia instalada en Oviedo, restauraba en su corte la tradición visigótica. Asimismo, el propio monarca, junto con nobles y obispos, promovían vivamente la renovación monástica del nuevo reino que había quedado asolada por la invasión islámica. Froilán que, según se cuenta en aquellos años, “temía a Dios y elevaba su corazón a las regiones altas para contemplar al Señor; miraba siempre para las cosas humildes y, lleno de fe y de buenas obras, andaba por los caminos de la virtud, como buen negociante de los caminos de Dios”, se imbuye en esa nueva corriente y con 18 años abandona padres, casa y ciudad, para dirigirse al corazón del Reino, a las montañas leonesas, con el fin de vivir en soledad, pero también de predicar a las gentes: “de su boca emanaban las maravillas del Señor”.

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Su primer retiro será en la conocida Gruta de Ruitelán, al oeste de la provincia, en la zona de Valcárcel. De allí se traslada a las montañas del Curueño, donde coincide con Atilano, presbítero aragonés, decidiendo ambos proseguir su vida ermitaña en la Gruta de Valdorria. La fama de hombres santos, llega hasta el obispo de León que les pide que funden un monasterio bajo la Regla de San Benito; el lugar escogido será Valdecésar.

Tras la Batalla de la Polvorosa en el 878, que condena a los musulmanes al sur del Duero y devuelve la tranquilidad y seguridad a las riberas del Esla y Órbigo, Alfonso III hace llamar a Froilán para que contribuya en la repoblación y cristianización de la zona. Froilán fundará el Monasterio de Tábara, que será uno de los más importantes monasterios benedictinos de la Edad Media, especialmente famoso por su scriptorium y sus admirados beatos: Morgan, Tábara y Gerona.

En el año 900 fallece el Obispo Vicente de León y monarca y pueblo leonés coinciden en solicitar a Froilán que ocupe la Diócesis de la capital de Reino. Froilán será ordenado sacerdote y consagrado obispo de León el día de Pentecostés del año 900.

Durante su larga vida como eremita, evangelizador, fundador y obispo en tierras del Reino de León, no hay constancia de su regreso a Lugo. Sin embargo, el nacimiento de Froilán en la ciudad gallega, hará que, con el tiempo y el prestigio del Santo, las autoridades lucenses promocionen y divulguen entre el pueblo su devoción. El fervor popular, conducirá a la Diócesis de Lugo 900 años después de su muerte, en 1.605, a declararle Patrón de la ciudad. En 1.614, tras la petición del Ayuntamiento de Lugo, se enviarán desde León a la ciudad gallega algunas reliquias del Santo Patrón, para su exposición y adoración por los lucenses.

020 Catedral de Leon

Pero es León donde realmente se conmemora la festividad de San Froilán. Desde hace siglos se celebra la que es, sin duda, la más importante de las romerías de la provincia que el Santo "comparte" con la fiesta de La Virgen del Camino, y que es conocida como la "La Romería de San Froilán" : 5 de octubre de cada año.

¿Porqué esta celebración conjunta? Julio de Prado cree que el motivo fueron las epidemias, calamidades y las brutales sequías que se produjeron durante los ss. XVI y XVII, originando rogativas y procesiones conjuntas de La Virgen del Camino y el Arca de las Reliquias de San Froilán. El sacerdote leonés José Díez Monar dedica este romance a la Romería de San Froilán:

"... El día de San Froilán
tiene especial atractivo

para que todo León,

sea romero o peregrino

por lo mucho que se quiere
a la Virgen del Camino ..."


La gran afluencia de fieles a la famosa Romería procedentes de todos los pueblos leoneses, pero también de otras provincias, sobre todo desde Asturias, hizo que la fiesta religiosa sea también una fiesta de convivencia, que se acompañaba con tradicionales comidas-meriendas, principalmente de tortilla que se regada con abundante vino de la tierra, degustándose en grupos de parientes, amigos o vecinos en la explanada del Santuario de la Virgen. Templo (desde marzo de 2009, Basílica), que a lo largo de siglo y medio ha sufrido profundas trasformaciones. La música y los bailes de la región leonesa no podían faltar en la Romería: dulzaina, tamboril, gaita y cantos autóctonos de los distintos pueblos de la provincia, amenizaban aquellas horas de asueto tras los actos religiosos.

Virge Camino

Pasando el tiempo, surgen nuevas tradiciones como el "desfile de carros". Al mencionado "carro de la Virgen" que se trasladaba desde la ciudad de León al Santuario (6 km.), se le unieron los carros de los pueblos de los alrededores, que se engalanaban extraordinariamente para rivalizar entre ellos en colorido y originalidad.

En la actualidad los "carros" ya no se acercan al Santuario de la Virgen del Camino y, únicamente, desfilan por la ciudad, que cada vez va tomando más protagonismo en la Romería, programándose más actividades lúdicas: exposiciones de artesanía, mercados, festival de órgano, teatro, corros de lucha leonesa, concentración de pendones, la pugna dialéctica del Foro u Oferta y las Cantaderas (tradiciones de las que hablaremos en otra entrada), etc.

El fervor popular por aquel obispo y Santo leonés de hace más de 1000 años ha perdido fuerza. Sin embargo, San Froilán está presente estos días en las calles leonesas, si bien su fiesta ha tomado otro cariz, convirtiéndose en una festividad en la que se recuerda al Santo a través de espectáculos y "puchero": rosquillas, chorizo, avellanas, picadillo y la espectacular morcilla leonesa, pleitean con las celebraciones religiosas.

"Froilán fue flor en Lugo;
en el monte árbol santo;

de apóstol y de pastor
en León tuvo el lauro.

Hermoso farol, bello luminar,

tu luz singular afrenta es del sol.

Repita el clarín, publique la voz,

que al son de Froilán, festeja León".



- Puerta lateral del Santuario de la Virgen del Camino. Obra de José María Subirach.
- Monumento en Regueiro dos Hortos (Lugo).
- Lugo. Puente sobre el Miño en la antigua carretera a Santiago.
- Impronta sigilar del sudario de San Froilán del obispo de León J. Albertino que autentificaba los restos del Santo, s, XII. Catedral de Sta. María de León. (Fotografía de la exposición "San Froilán y su tiempo", 2005).
- Ermitas sobre las cuevas de Ruitelán y Valdorria (León).
- Imagen de San Froilán, obra del platero Rebollo, s, XVIII. Catedral de Sta. María de León.
(Fotografía de la exposición "San Froilán y su tiempo", 2005).
- Beato Morgan (Nueva York). Origen Monasterio de Tábara.
- Arca de madera y plata. Contiene los restos de San Froilán. Altar Mayor Catedral de Sta. María, León.
- Distintas etapas del Santuario de la Virgen del Camino (León).
- VIDEO: You-Tube. Teijeiro: MILLADOIRO,
"O bruxo da montaña".
- Morcilla tradicional leonesa.
- Romances: José Díaz Monar y Julio de Prado Reyero.
- Para conocer más:
"Siguiendo las Huellas de San Froilán" , Julio de Prado. Edit. S. Esteban, 1994. Salamanca.





domingo, 26 de septiembre de 2010

Nördlinguen y el Tercio de Idiáquez


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Formando leyenda con la falange macedónica y las legiones romanas, los tercios españoles ocupan un lugar destacadísimo en la historia militar. Durante la Edad Media los distintos ejércitos de los reinos hispanos estuvieron formándose en su lucha de 8 siglos contra la invasión islámica. Fue una sociedad adiestrada y preparada para la guerra que, con la llegada de la unificación nacional y su intervención fuera de sus fronteras, mostró su experiencia y supremacía militar en la mayoría de sus confrontaciones.

Ese poderío fue prácticamente total durante los siglos XVI y XVII, debido principalmente a un concepto distinto de ejército, a su formidable adiestramientoter6, a la coincidencia de unos mandos excepcionales (Fernández de Córdoba, Farnesio, Manuel Filiberto, Coloma, Álvaro de Bazán, Duque de Alba, Spínola, Fernando de Austria, etc.) y a la innovación en armas, tácticas y estrategias.

Se combatía bajo la cruz de San Andrés dispuesta de extremo a extremo de la tela, y representada unas veces lisa y otras con nudos. Su significado va unido al martirio del apóstol: humildad y sufrimiento. Aunque en un principio fue el emblema de la casa de Borgoña, ondeó por primera vez en los ejércitos hispanos en la batalla de Pavía con el aspa roja sobre fondo blanco. Más adelante, fue el símbolo por excelencia de los tercios, que la emplearon sobre distintos fondos de colores, casillas, rayas o jeroglíficos, siendo la más conocida la bandera del Tercio de Spínola: aspa roja sobre damero blanco y azul, que se puede observar a la derecha entre el enjambre de picas españolas del célebre cuadro la “Rendición de Breda” de Diego Velázquez.

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Los tercios los formaban combatientes profesionales, orgullosos, celosos en extremo de su honor personal y su reputación como soldados. Formaban una tropa de difícil trato pero disciplinada, agresiva y con una extraordinaria confianza en sí mismos. Era tal su espíritu combativo, que hubo que incluir castigos para aquellos que rompieran la formación por el ansia de combatir.

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Pero sobre todo, destacaban por su capacidad de sufrimiento, ya que, la mayoría de las veces, se encontraban en una situación de verdadera miseria: sin paga durante meses y siempre escasos de víveres, vestido o armamento.

No vamos a detallar aquí los antecedentes, costumbres, e historia de los tercios; para ello existen páginas espléndidas en donde se puede consultar y lafrondedescubrir su origen, historia, modo de vida, organización, vestimenta, armamento, mandos, etc.

Solamente destacar, aquella terrible forma de combatir imperante entre los siglos XVI-XVII, en la que resultaba imprescindible mantener y aguantar una formación en cuadro o en rectángulo, recibir casi a bocajarro los disparos del oponente, las poderosas cargas de caballería y el cruel enfrentamiento cuerpo a cuerpo, cuyo preámbulo era un lento y peligroso avance con las largas picas (algunas de 5 metros) por delante, teniendo a escasos centímetros un amenazante enjambre de picas enemigas, algunas ya tintas de sangre. Cualquier desmayo o duda en la formación, originaría el avance brutal de la compañía enemiga que, sin la defensa adecuada, penetraría sin oposición con sus picas y originaría un desenlace fatal.

Un silencio extremo imperaba entre las formaciones hispanas, acrecentado por una pragmática de Felipe II, que permitía una perfectas trasmisión de órdenes y producía en las tropas enemigas una inquietud aterradora. Un silencio que, inicialmente, solo se rompía en las tropas españolas por el redoble del tambor mayor que daba la orden de combate y que era contestado como un solo hombre con el grito de: ¡Santiago! o ¡España!

Como terrible costumbre heredada de los moros asentados en la Península, en el caso de retirada o huida del enemigo y a la orden del Maestre de Campo, el tambor repicaba el toque "a degüello”. Esa orden implicaba que el tercio se lanzaba tras el enemigo y no tomaba prisioneros.

En este mes de septiembre, concretamente los pasados días 5 y 6, se cumplieron 376 años de la batalla de Nördlingen, ocurrida en 1634, donde los tercios viejos españoles demostraron su efectividad en circunstancias militares adversas, atravesando media Europa en un estado precario de avituallamiento, siendo, al final, los verdaderos protagonistas del cruento enfrentamiento.175px-Kaiser_Ferdinand_II._1614

En Nördlinguen, localidad situada entre las ciudades de Münich y Ulm, en el sur de Alemania, se enfrentaron más de 60.000 hombres pertenecientes a dos irreconciliables bandos: católicos y protestantes. El objetivo era dirimir, dentro del terrible episodio de la Guerra de los Treinta Años que asoló Europa durante la primera mitad del siglo XVII, la supremacía político-militar-religiosa en el continente.

En 1634 la situación era insostenible para el emperador alemán Fernando II de Habsburgo. El formidable ejército sueco, que llevaba años tratando de imponer la supremacía de Suecia en Centroeuropa, apoyado por los príncipes alemanes protestantes de Sajonia, Brandeburgo, Franconia, Alto Rin y Suabia, dominaba la situación, amenazando a los católicos imperiales que contaban con tropas y mandos menos experimentados.

España decide intervenir ante la posibilidad de una derrota imperial, que la dejaría completameCardenal_Infante_D. Fernando de Austria. Hoeke-1635nte aislada. Felipe IV resuelve formar un potente ejército expedicionario al mando de su hermano el Cardenal-Infante Fernando de Austria, que, partiendo de Milán, se unirá al ejército imperial que manda Fernando, hijo del emperador y Rey de Hungría. El objetivo será doble: por un lado apoyar al bando imperial para impedir su completa derrota y, por otra, presionar por el sur a los Países Bajos con el fin de conseguir una paz duradera.

Los generales del bando protestante, el mariscal sueco Gustavo Horn y el príncipe alemán Bernardo de Sajonia-Weimar, situados en meGustavHorn0000jor posición estratégica, desechan esperar la llegada de refuerzos desde el norte, a la vez que infravaloran en número y potencial a las fuerzas españolas que se dirigen desde el norte de Italia para apoyar el asedio imperial a Nördlinguen. Allí, el ejercito expedicionario español al mando del Cardenal Infante Fernando, deberá enfrentarse a la orgullosa infantería sueca, a la perfecta organización de sus regimientos, a las Bernardo de Sajonia-Weimar 2 cargas mortíferas de su caballería “acorazada” y a las tácticas innovadoras y eficaces de sus mandos; toda una perfecta maquinaria de guerra que había creado Gustavo II Adolfo de Suecia y que había sobradamente demostrado su poderío en sucesivas batallas en Dinamarca, Polonia y Alemania.

El 4 de septiembre, cerca de Nördlinguen, se produce el encuentro de los dos ejércitos y se ocupan posiciones con vistas al inevitable enfrentamiento. La mañana del día 5, los protestantes inician los ataques, principalmente contra las colinas Hasselber y Albuch ocupadas por los católicos. El empuje y la efectividad de las tropas suecas, desarbola en un primer momento a las tropas hispano-imperiales que ceden y abandonan distintas posiciones a primera hora de la mañana, entre ellas el cerro de Hasselber. La colina Albuch, objetivo principal ya que desde allí se pueden batir todas las posiciones del ejército católico, aguanta a duras penas.

Según van trascurriendo las horas y los acontecimientos, resulta claro que Albuch será la clave de la batalla. El Cardenal-Infante refuerza la colina con el Tercio napolitano de Torralto y dos regimientos alemanes, colocando dos potentes escuadras españolas de caballería pesada en los flancos. Sin embargo, la precisa y determinante decisión de Fernando de Austria fue situar un contingente de experimentados y veteranos combatientes en la reserva: el Tercio de Idiáquez, compuesto de veintiséis banderas o compañías y 1800 hombres.

D. Martín de Idiáquez, cuya vida desde los 16 años estuvo dedicada al ejército formando parte de diversas unidades y tercios por África y Europa, es designado el 25 de julio de aquel mismo año por el Cardenal-Infante, como Maestre de Campo del veterano tercio de D. Juan Díaz de Zamorano, unidad que, desde aquel momento, adquirirá su apellido, Tercio de Idiáquez, y, después de la batalla, la eternidad y la gloria.

Combate nocturno  1623  Esaias van de Velde 2

El combate continua durante la noche del 5 al 6, sucediéndose tenazmente los ataques suecos a la colina. Los dos regimientos alemanes se descomponen, pero el Tercio de Torralto aguanta las embestidas. Una nueva ofensiva sueca protagonizada por el famoso regimiento Amarillo produce la huída de los ospreycampaign041poltav 2 alemanes, pero el de Torralto, aunque muy desgastado, mantiene su formación. Las posiciones abandonadas por los alemanes son ocupadas por el Tercio de Idiáquez, que en perfecta formación avanza hacia los suecos empujándoles con sus picas, mientras los arcabuceros realizan cerradas y precisas descargas que logran desalojar del lugar a los protestantes.

El Tercio de Idiáquez, con el apoyo del diezmado de Torralto, aguanta las sucesivas cargas de la potente caballería luterana y los ataques de las sucesivas formaciones de infantería sueca. Los generales Regimiento Azul protestantes saben que el desenlace de la batalla se encuentra en la cima de Albuch, y envían el resto de sus mejores tropas para acabar con la resistencia hispana: los legendarios regimientos Negro y Azul.

Hasta ese momento, durante la noche y primeras horas de la mañana, el Tercio de Idiáquez lleva rechazados catorce ataques. Ahora tienen que enfrentarse a los prestigiosos y potentes regimientos, entre los que hábilmente se intercalan tropas especializadas en combate con armas de fuego (cartucheras y mosquetes ligeros), nueva táctica empleada con éxito por el ejército sueco en los años anteriores.

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En aquel crucial momento, el Maestre de Campo D. Martín de Idiáquez, se dirige a sus hombres de esta manera:

“Ea señores, parece que esos demonios sin Dios nos quieren dar la puntilla y contra nosotros viene lo mejor que pueden poner en el campo, será cuestión de echar redaños y aguantar firme. Cuando esos diablos de colores se dejen ver, no quiero que ninguno desfallezca, aguantad firmes ante ellos y esperar a oír la detonación de sus mosquetes, en ese momento todo el mundo a tierra”.

arcabuceros caminando De esta manera, el Tercio, a pesar del movimiento suicida que resultaba deshacer la formación de combate, contrarrestaron el potencial de fuego de los disciplinados enemigos y alargó el tiempo de la descarga de sus propios arcabuceros, que lo hicieron a bocajarro barriendo por completo las primeras líneas de soldados enemigos. Ante el tremendo e inesperado castigo, los suecos dudan en su avance. Estos momentos de titubeo y vacilación de las tropas luteranas, son aprovechados asombrosamente por las formaciones españolas que, inesperadamente, contraatacan y empujan a los suecos con sus picas y disparos de arcabuz colina abajo.

En otras posiciones la situación para los protestantes no mejora. Es entonces cuando Fernando de Austria ordena a los tercios avanzar y cargar contra las formaciones enemigas en retirada. Con paso firme y tranihycm-2079quilo el Tercio de D. Martín de Idiáquez avanza y carga ferozmente contra el enemigo; como dejaría escrito un coronel sueco que se encontraba en aquella colina: “Avanzaron con paso templado, cerrados en masas compactas … la mayoría veteranos bien probados: sin duda alguna, la infantería más fuerte, la más firme con la que he luchado nunca”.

Temiendo que los católicos rompieran el frente, el mariscal Gustav Horn decide retirarse. La retirada se trasforma en desbandada y todos las líneas luteranas se hunden. Un auténtico desastre militar que supuso para el bando protestante 7000 muertos y otros tantos prisioneros, entre ellos el propio Horn, un botín de 4000 carros repletos de suministros y vituallas y más de 50 piezas de artillería.

Las consecuencias de la derrota fueron asombrosas: la Liga de los príncipes alemanes rebeldes desapareció, el poder sueco en Alemania se desintegró y todas las guarniciones al sur del río Maine fueron desalojadas, manteniendo solamente la Pomerania, en la costa báltica.

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Tres años más tarde, en 1637, el cronista Diego de Aedo, en su obra “Viaje, sucesos y guerras del Cardenal-Infante Fernando de Austria”, comentó sobre la batalla y el Tercio de Idiáquez: “… seis horas enteras sin perder pie, acometidos dieciséis veces, con furia y tesón no creíble; tanto que decían los alemanes que los españoles peleaban como diablos y no como hombres, estando firmes como si fueran paredes.”

Otra época, otra manera distinta de vivir y sobrevivir, pero sin duda, somos herederos de aquellos hombres que, de guerra en guerra y en enfrentamientos trágicos, conformaron las sociedades occidentales en las que actualmente vivimos. Sirva esta entrada para mostrar sus terribles sufrimientos y como homenaje a su bravura y heroicidad.


- El socorro de Brisach (fragmento). José Leonardo.
- Bandera Tercio de Spínola.
-
Rendición de Breda o Las lanzas. Diego Velázquez.
-
Desembarco de los Tercios en las Islas Terceiras (Azores) (fragmento). Anónimo.
- Defensa con picas. Grabado.
- VIDEO: You Tube - B
attle scene spaniards against dutchem (lthrbreeches). Basado en la película "Alatriste" y en la serie de novelas de Pérez Reverte.
-
Fernando II de Habsburgo, Emperador de Alemania. Anónimo.
-
Cardenal-Infante Fernando de Austria. Hoeke.
-
Gustav Horn. Anónimo.
-
Bernardo de Sajonia-Weimar. Anónimo.
-
Combate nocturno. Esaias van de Velde.
- Regimiento sueco "Amarillo".
- Regimiento sueco "Azul".
- Tercio español en combate.
- Arcabuceros de los Tercios.
-
Tercio español en marcha (fragmento). Anónimo.
-
Batalla de Nördlinguen. Pieter Meulener.
- Páginas sobre los Tercios:
http://www.tercios.org
http://ejercitodeflandes.blogspot.com/



viernes, 10 de septiembre de 2010

La muerte de la belleza


La Ilíada no cuenta la totalidad de la Guerra de Troya, como normalmente se cree. La gran obra homérica finaliza con la visita de Príamo, rey de Troya, a la tienda de Aquiles con el fin de recuperar el cadáver de su hijo Héctor. Los restantes episodios que conocemos sobre la guerra, hasta la conquista y 294C9FFC67224C8033EB2D4C802FBEdestrucción de la ciudad, no están narrados por Homero, sino por otras fuentes, entre las que sobresalen las obras de Quinto de Esmirna, escritor del siglo III - IV de nuestra era, que tenían como finalidad continuar el ciclo épico troyano donde lo dejó el propio Homero. Para ello, se inspiró en autores como Sófocles, Eurípides o Apolonio de Rodas.

Uno de esos episodios descrito por Quinto en la obra Posthoméricas, es la llegada y apoyo a la asediada ciudad de Troya, de un contingente de amazonas a cuyo frente se encontraba Pentesilea, la bellísima y valiente reina de Temiscira. Según la mitología griega, las amazonas eran descendientes de Marte, dios de la guerra, y Harmonía, deidad del amor. Su llegada a Troya confortó el ánimo de los desalentados troyanos, sumidos en la desesperanza tras la muerte de su héroe Héctor:

“… ahí llegaron las doce, y cada cual

parecía una princesa hambrienta de guerra y feroz batalla;

cada una tenía su fama bien ganada,

pero servían a Pentesilea, que sobresalía por encima de todas.

Igual que entre las estrellas del ancho cielo

brilla en su trono por encima de todas la Luna.”

Este extraordinario refuerzo ofreció nuevas expectativas a los troyanos y a su rey Príamo, que celebró su llegada y auguró que, con esta inestimable ayuda, lograrían arrojar a los griegos al mar. Según relata Quinto de Esmirna, al día siguiente de su llegada, la bella Pentesilea se enfundó su armadura y eligió sus AquilesPentesilea3armas. Se ciñó un cinto del color del arco-iris, unas glebas de oro, tomó su espada que introdujo en una vaina de plata y un casco corintio tocado con penacho dorado. En su mano izquierda sujetaba un escudo bruñido y en la derecha dos jabalinas. Vestida así, sobre su veloz caballo de guerra tracio regalo de Oritía, esposa del dios del viento, la figura de Pentesilea era similar al destello de la más alta y bella de las diosas.

Desde sus campamentos en la playa, los griegos la vieron salir de la ciudad al frente de sus amazonas y seguida por miles de troyanos. El choque fue brutal. Algunas de las valerosas amazon1as perecieron en los primeros momentos, pero los troyanos no dejaron de presionar a los invasores griegos hacia el mar. Sin embargo, la rápida llegada de Aquiles y Áyax con sus hombres cambió por completo la situación.

Pronto se encontraron frente a frente Pentesilea y Aquiles. Ella avanzó primero; Aquiles la esperó impasible. Pentesilea atacó de inmediato arrojando al griego las lanzas que portaba, que rebotaron en el escudo y coraza del griego.

Se enfrentaron durante largo tiempo, cuentan que hasta el crepúsculo. Pentesilea golpeaba con la espada el cuerpo del Aquiles, pero las heridas del héroe cicatrizaban instantáneamente y su sangre desaparecía de inmediato. Es entonces cuando Pentesilea, intuyendo la invulnerabilidad de su enemigo, comprendió que su fin estaba próximo.

En una de las incontables pugnapentesileas, la reina de las amazonas cayó a tierra con una profunda herida en el costado derecho, y en aquel momento los cuerpos de los dos combatientes se acercaron y sus miradas se cruzaron. La visión cercana del héroe griego, conquistó a la amazona e hizo que exclamara: “¡Ay!, ahora quiero vivir”.

Se hizo el silencio, un silencio mortal y los dos ejércitos enmudecieron. Aquiles se arrodilló, le retiró el casco y descubrió su rostro quedando sobrecogido por la belleza de, hasta ahora, su oponente. El aqueo dejó caer su coraza, casco y armas, y se mostró desnudo ante los guerreros; tomó en sus brazos el cuerpo aún con vida de Pentesilea, y permaneció horas abrazado a él hasta que, inevitablemente, le llegó la muerte.

Cuenta la leyenda que los dioses, entristecidos por el hecho, se apiadaron de la desolación de Aquiles y, en mitad de la noche, insuflaron aliento divino al cadáver de Pentesilea. De esta manera, el bello cuerpo de la amazona recobró vida hasta el amanecer y ambos amantes pudieron consumar aquel amor imposible que, surgido de un enfrentamiento brutal, se consumó con la muerte.





- Muerte de Pentesilea. Franz von Stuch.
- Amazona a caballo. Museo de Münich.
- Amazonas. Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.
- Muerte de Pentesilea por Aquiles. Vaso griego de figuras negras.
-Aquiles y Pentesilea. Grabado.
- La muerte de Pentesilea. Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.
- VIDEO de jkarl65: "Amor, dulce muerte". Vicente Amigo.