lunes, 14 de febrero de 2011

León y las ninfas


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SYNAULIA I. Musica dell`antica Roma

Si existe una fuente popular en la ciudad de León es, sin duda, la “fuente del Espolón”. Este pozo artesiano que vierte sus aguas desde su instalación a principios del s. XX en el exterior del recinto amurallado, cerca de Puerta Castillo, ha pasado por distintas etapas y ha mantenido diferentes estructuras, siempre humildes, muy alejadas de otras construcciones consideradas monumentales que se ubican por la ciudad tras la traida de aguas y la constitución de la Junta de Fuentes a mediados del XVIII.

A pesar de su sencillez, siempre ha sido referencia para los leoneses de la zona norte de la ciudad partidarios del consumo de agua artesiana, que acudían y acuden todavía a llenar sus recipientes para disfrutar del sabor y la pureza de un agua sin tratar. Fruto de este apego y popularidad, la fuente sufre en estos días otra enésima renovación a pesar del paso del tiempo y del actual auge del agua embotellada, manteniéndose la tradición de obtenerla en los depósitos que forma la naturaleza y que, según los restos arqueológicos, estuvieron protegidos desde el inicio del asentamiento romano por las ninfas del lugar.

plaza del Espolón

Dentro de la compleja y maravillosa mitología greco-romana, las ninfas ocupan un lugar exclusivo a pesar de ser consideradas “deidades menores”. Algunas veces figuran como seres inmortales, pero en realidad son espíritus femeninos de gran longevidad, personificando, el culto y la fuerza creativa de la naturaleza.

Los griegos y romanos percibían en todo lo que les rodeaba las manifestaciones de la divinidad, por lo que el número de ninfas resultaba infinito: montañas, grutas, árboles, valles, bosques, rWilliam Adolphe Bouguereau Ninfas y Sátiroíos, fuentes, etc., eran portadores de vida. De alguna manera, resultaban encarnaciones de los dioses y las sensaciones percibidas por el hombre en la contemplación de esa naturaleza, eran atribuidas a la acción de aquellas divinidades.

Según el lugar en el que residen adquieren múltiples nombres. De una manera simple: las Oréades son las ninfas de grutas, montañas, valles y ganado; Mélides, Dríades, Hamadríades, Epimélides, etc., son las ninfas de los distintitos tipos de árboles; las ninfas de praderas, bosques y arboledas, eran denominadas Límonides, Napeas, Alseides y Auloníades. Por último las ninfas acuáticas que habitan en el mar son denominadas Oceánides y Nereidas, y las de agua dulce procedentes de lagos, ríos, arroyos, pozos o fuentes se las diferencia como Náyades, si bien el genérico de ninfas se utiliza habitualmente para éstas últimas.

Sus relaciones y actividades son diversas: se las ve acompañar, cazar, bañarse y bailar con Diana, son ayudantes de Apolo, del “juerguista” Dionisio, o de los lugareños Hermes y Pan. Resultan frecuentemente objetivos sexuales de los sátiros, manifestaciones primitivas del culto a la naturaleza, criaturas pícaras y festivas, pero a veces violentos y peligrosos, mitad hombre mitad carnero, con orejas puntiagudas, cuernos, barba y patas de macho cabrío, gran cola y un permanente priapismo.

En el arte las ninfas son representadas como hermosas jóvenes, desnudas o semidesnudas, con largos y hermosos cabellos, que gustan de cantar, danzar y jugar. Llevan una vida feliz refugiándose en los lugares solitarios de la naturaleza, mostrándose esquivas, tímidas y huidizas.

Son bellas y conocidas las historias que las rodean. Una de ellas, posiblemente la más popular, corresponde a las tribulaciones de la ninfa Eco que, enamorada apasionadamente del hermoso Narciso, hijo de otra ninfa llamada Liríope, fue despreciada y humillada por éste. Eco se fue consumiendo de tristeza hasta quedar únicamente su voz; Némesis, diosa de la venganza, ante el sufrimiento de la ninfa y el ultraje del joven, castigó a Narciso haciendo que se enamorase de sí mismo al ver su rostro reflejado en un arroyo. Como su amor resultaba imposible, la vida de Narciso se extinguió lentamente mirándose en el agua. En aquel lugar surgió una flor, símbolo perpetuo de la hermosura sin corazón: el narciso.

Otra de las bellas fábulas protagonizada por las ninfas y que cobra relevante protagonismo en León gracias al extraordinario mosaico hallado en una villa romana de una localidad cercana a la ciudad, es la que narra la historia de Hilas.

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En una de sus múltiples aventuras Hércules se enamoró del hermoso Hilas, llevándolo consigo en la célebre expedición de los Argonautas. Obligados a recalar en Misia para abastecerse, mientras Hércules talaba árboles para fabricar remos y otros miembros de la tripulación se ocupaban de diversas tareas, Hilas recibió el encargo de conseguir agua. De camino al arroyo, las ninfas que habitaban la fuente Pegea lo vieron llegar. Una de ellas, Dríope, se enamoró de él al instante y sin dudarlo pensó tenerlo a su lado para siempre.

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Mientras Hilas se disponía con su vasija a recoger agua, Driópe, ayudada por el resto de ninfas, emerge de las aguas y pasa su brazo alrededor del cuello del joven para besar su boca y arrastrarlo al fondo. Hércules pasó días y días buscando a su amante sin resultado alguno, mientras Hilas, después de su unión con la ninfa, se convierte en inmortal tal como simboliza la rama de laurel que crece tras la imagen del héroe en el mosaico leonés, actualmente expuesto en el Museo de la ciudad.

el_ninphaeum_de_adolphe_bouguereau A pesar de la importancia y trascendencia de León como campamento y ciudad romana, los restos arqueológicos no son muy abundantes ni proporcionales a la presencia y cultura latina. No obstante, resultan significativos los testimonios relacionados con el culto a las ninfas, de la que es buena muestra el mosaico citado (pero no la única como veremos), que ponen de manifiesto el interés de los habitantes por aquellas divinidades menores, seguramente poderosamente influenciados por el espacio natural que rodeaba el campamento.

Hace 2000 años, en el sur, este y oeste de la ciudad, hacia la confluencia de los dos ríos, dominaba un paisaje plenamente fluvial, imperando las inundaciones estacionales y las zonas pantanosas que mantenían diversas lagunas alrededor del elevado asentamiento. En el norte el paisaje resultaba agreste debido a las elevadas terrazas conformadas por los ríos Torío y Bernesga y la generosa arboleda, principalmente de robles y quejigos, en la que predominaban los pozos, arroyos y fuentes, como demuestran los cuantiosos descubrimientos de conduAnónimo (Taller Rubens, Pedro Pablo)cciones de agua hacia la ciudad.

El escenario natural representado: humedales, ríos, lagunas, arroyos, fuentes, bosques, monte, etc., era propicio para la “existencia” de ninfas, que serán veneradas por los pobladores de la ciudad, consagrando los lugares de su "refugio o morada". Pero también es un espacio propicio para la caza en el que reinarían las aves en los humedales y, hacia el norte, zona agreste de monte y bosque donde no falta abundante agua, sería habitual encontrar caza mayor: caballos salvajes, cérvidos de todo tipo, jabalíes y, posiblemente, osos.

Como prueba de la existencia de este extraordinario cazadero al norte de la ciudad, es el hallazgo a mediados del siglo XIX, incrustada en la muralla muy cerca de Puerta Castillo, de una de las piezas votivas romanas más interesantes y bellas de la Península: el ara de Diana. Se trata más bien de una “dedicatoria a la diosa” realizada en mármol grisáceo con algunas vetas rojizas, que posee inscripciones en los cuatro costados. La inscripción de la cara principal está en prosa, mientras que en las tres restantes figura en verso.

El ara está consagrDIANA ARAada por el legado augustal de la Legión VII Gémina, el general de la legión entre los años 162-166 dC., Quinto Tulio Máximo, gran amante de la caza y probable impulsor de un templo a extramuros de la ciudad dedicado a Diana, en el que depositaría los trofeos logrados: pieles, cornamentas, colmillos, … Dejó admirable constancia de las ofrendas en los versos, que va realizando en el ara a lo largo del tiempo y en función de sus conquistas cinegéticas.

Diana es la diosa virgen de la caza, protectora de la naturaleza y reina de los bosques. Júpiter la armó con arco y flechas y le otorgó como acompañantes un numeroso grupo de hermosas ninfas con las que se dedicaba a su ocupación favorita: la caza.

Pero las ninfas compañeras de Diana no eran las únicas que habitaban en la zona. También están presentes en varias aras votivas, como la que consagra y dedica el imaginifer (portador de la imagen imperial) de la Legio VII Gémina, Quinto Cornelio Antero, junto a un destacamento (vexillati) de la misma, a las ninfas que “habitarían” en el nacimiento de un arroyo o en una fuente significativa por su poder curativo o, tal vez, decisiva en el abastecimiento de la ciudad. Allí podría existir un pequeño templo, un espacio acotado como sagrado, una sencilla capilla o un santuario rupestre dedicado a los espíritus divinos de las ninfas del lugar:

Nymphis / sacrum Q(uintus) Cornelius /

Anteros im / aginifer le(gionis) VII G(eminae) F(elicis) /

cum vexil(l)ati / one v(otum) s(olvit) l(ibens) m(erito)


“Consagrado a las Ninfas. Quinto Cornelio Anteros,

imaginifer de la legión VII Gemina Felix,

en compañía de un destacamento de la misma

cumplió su voto con agrado.”

Tal vez, en el mismo recinto o lugar que lo hizo el imaginifer Quinto Cornelio, otro legado augustal Tito Vitrasio Polión, hijo adoptivo de Pomponio Proculo, junto con su esposa Faustina, situarían sobre el 160 dC., una bella ara votiva dedicada a las ninfas en cumplimiento de un voto, en gratitud de algún bien obtenido o, simplemente, como agradecimiento por la presencia o existencia del curso de agua. El ara hallada incrustada en la muralla, tiene la siguiente inscripción:

Nymphis / T Pomponius / Proculus /

Vitrasius / Pollio cos / pontif pro cos / Asiae leg aug pr /

pr provincia / Moesiae inf et / Hisp Citer / et Faustina eius


“A las Ninfas Tito Pomponio Próculo Vitrasio Polion

cónsul, pontífice, procónsul del Asia, legado augustal,

propretror de las provincias Mesia inferior y Hispania citerior,

juntamente con Faustina su esposa.”

Del mismo modo, resulta probable que las ninfas a las que el imaginifer Quinto CornelioPOMPONIO RET y el cónsul Tito Vitrasio Polion junto con su esposa rindieron homenaje, sean las mismas que “habitaban” en la famosa fuente Ameva, fuente conocida por los dos exvotos en forma de ara que les dedicó 20 años antes otro legado augustal de la Legio VII, el general Cneo Lucio Terencio Homullo en el 140 dC. Ambas piezas, de muy parecidas características y casi idéntica inscripción, fueron halladas también alojadas en la muralla leonesa.

El padre Fidel Fita, a mediados del s. XIX, sugiere que la fuente Ameva podría tratarse de la fuente o pozo que surtía de agua a las termas que ocupaban el solar de la catedral. Así todo, no descarta que las aras consagraran el nacimiento de un fructífero artesiano o una nueva obra pública de conducción de agua hacia el campamento, patrocinada o costeada por este legado, que con los años llegará a ser un importante personaje en la historia del Imperio.

Nymphis / fontis Amevi /

Cn(eus) L(ucius) Terentius / L(ucii) (f(ilius) Homullus /

iunior leg(atus) / l(egionis) VII G(eminae) F(elicis)

otra:

Nymphis / fon [tis Amevi] /

Cn(eus) L(ucius) Teren(tius) / L(ucii) (f(ilius) Homullus /

iunior leg(atus) / leg(ionis) VII G(eminae) F(elicis)

“A las Ninfas de la fuente Ameva.

Cneo Lucio Terencio Homullo el joven, hijo de Lucio,

legado de la Legio VII Gemina Feliz.”

Este doble e interesante documento epigráfico realizados en caliza, hace explícitamente referencia a un manantial, a una fuente que debió de ser muy apreciada en la ciudad, bien fuera por la abundancia y pureza de su agua o por sus facultades medicinales. Esta veneración especial dio lugar a que el propio legado augustal, el general de la Legio VII, interviniera personalmente en la dedicación a las diosas protectoras: las ninfas de la fuente Ameva.<SAMSUNG DIGITAL CAMERA>

Podemos presuponer la cercanía del surtidor al recinto amurallado, donde acudirían con frecuencia los legionarios y demás pobladores del campamento y la cannaba, para disfrutar de las excelencias de su potabilidad o de su poder salutífero, además de poder agradecer, venerar e implorar a las ninfas del lugar en una pequeña capilla, un oratorio rupestre o un espacio sagrado limitado.

Sin duda la fuente Ameva se encontraría al norte-noroeste del campamento (actualmente en terrenos de Navatejera, San Esteban y Ventas de Nava) zona antiguamente boscosa y repleta de fuentes, arroyos y manantiales. Testimonio de ello son los antecedentes que aun quedan o se tiene testimonio reciente. Según Matías Alonso en la obra “Mitos y leyendas de la tierra leonesa”, son varias las referencias a las fuentes en la zona: fuente del Medio, la Mosquitera, de las Huergas, la Valdesera; cerca del complejo hospitalario la Pardala, en una cercana elevación la Portillera, también la Vallina del Fontanal. Al lado de la villa romana la de Valdeiglesias, y más al norte, la Copona y la Fontanilla (¿Fontaninfa?).

En cuanto al pozo artesiano del que hablamos al inicio, la fuente del Espolón, tiene su origen, como ya comentamos, en los primeros años del siglo XX, cuando se realiza y se pone en marcha el nuevo método de obtención de aguas subterráneas mediante sondeos a los acuíferos profundos del Terciario. Estos sondeos artesianos permitieron obtener una calidad y cantidad de agua hasta ese momento imposible de conseguir. Con el tiempo, la profusión de pozos y la ejecución de muchos de ellos en fincas particulares sin medios ni conocimientos técnicos adecuados, produjo un agotamiento de las reservas artesianas, originando en algunos casos, como el de la fuente del Espolón, la obligación de utilizar un medio de bombeo para extraer agua.

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Para solucionar la situación, en los años 50 el Ayuntamiento intenta la recuperación de alguna de estas fuentes semiagotadas. En 1951 se realiza una importante perforación en el Espolón. De los 90 metros de profundidad anteriores se alcanzan los 220, obteniendo un caudal importantísimo de 815 l/min., que permitió instalar una gran pila con 12 caños, perdiéndose prácticamente la totalidad por el alcantarillado. Este enorme e innecesario derroche, significó que, en unos pocos años, se agotara prácticamente el acuífero. Aquel sutidor desapareció y durante años estuvo cegado; más adelante se construyó un pequeño caño que relativamente viene satisfaciendo en la actualidad a los deseosos de agua artesiana.

Estamos ante una nueva etapa en la fuente del Espolón. Está previsto la instalación inminente de un nuevo surtidor circular de cuatro caños en el lugar, para que los vecinos puedan disponer y disfrutar con más comodidad del único pozo artesiano existente en la ciudad. Esperemos que el vertido este controlado y no suponga un nuevo colapso en el acuífero, para ello, sería conveniente "consagrar" el lugar, elevando y dedicando una nueva ara votiva a las antiguas ninfas leonesas para que protejan el futuro de la nueva fuente.


- Diana y sus ninfas sorprendidas por Stiros. Pedro Pablo Rubens.
- Fuente artesiana del Espolón. Principios del s. XX.
- Ninfas y sátiro. William Adolphe Bougereau.
- Eco y Narciso. John William Waterhouse.
- Hilas y las ninfas. John William Waterhouse.
- Mosaico romano: Hilas y las ninfas. Museo de León.
- El ninfeo. William Adolphe Bougereau.
- Diana cazadora y sus ninfas. Anónimo (escuela de P.P. Rubens).
- Ara de Diana. Museo de León.
- Ara votiva a las ninfas. Museo de León.
- Ara votiva a las ninfas de la fuente Ameva. Museo de León.
- Fuente del Espolón. Años 50.

- Fuente y ninfas. Peter Lely.
- MÚSICA: YouTube - generalpatton3: SYNAULIA (Proyecto sonido, música y danza de la antigua Roma).
- Muchas de las referencias, imágenes y videos se encuentran en Internet dándose debida
cuenta de su origen, no obstante, serán retiradas si así se solicita.

lunes, 24 de enero de 2011

El interior de las iglesias



En la monumental y conocida obra de Parcerisa de mediados del XIX, Recuerdos y Bellezas de España”, se puede admirar un grabado del interior de la catedral de Santa María realizado por el artista en el año 1855. Francisco Javier Parcerisa, pintor y litógrafo barcelonés, realizó siempre sus trabajos con un criterio muy personal, crítico y con gran detalle, sobresaliendo en sus creaciones una especial libertad y peculiaridad en cuanto al tratamiento de la luz.

El grabado de la catedral capta parte del espacio que une la nave principal con el brazo sur del crucero, iluminado por la impetuosa luz que penetra por la puerta meridional izquierda del templo, la denominada “Heráldica”. Como curiosidades en el dibujo de Parcerisa observamos: el bello sepulcro (sin la reja frontal actual) situado en el brazo sur del crucero que corresponde al obispo Don Martín III Fernández, iniciador y formidable impulsor de las obras de la catedral; sobre el sepulcro, en las ventanas bajas, las pinturas de reyes de escasa calidad que ocupaban los vanos tapiados y que fueron repintadas y arruinadas por el pintor Neira, para más tarde ser sustituidas por vidrieras una vez abiertos los oportunos vanos.



Dos mujeres de la ciudad, una de pie y otra arrodillada sobre el suelo de la nave, cubiertas con típicos mantones, rezan piadosamente en un espacio desprovisto por completo de cualquier mobiliario. El artista ejecuta una realista y bella visión de la zona salvo por la posición de las dos figuras, seguramente elaboradas con posterioridad, que dirigen sus rezos hacia un lugar en el que no existe ni altar ni imagen ni capilla ni retablo, sencillamente se orientan y envían sus oraciones hacia la formidable columna del centro del crucero y al interior de la doble puerta central del lado meridional del templo.

De la misma manera, en otra de las recreaciones de Parcerisa también con el interior de la catedral de León como protagonista, podemos admirar una vista de la nave central en dirección oeste, hacia el coro, sin ningún tipo de amueblamiento, con el bello rosetón occidental al fondo y la mágica desintegración de la luz del mediodía al atravesar las vidrieras. Dos de las figuras principales que aparecen en el grabado, una mujer y un joven arrodillado, dirigen sus oraciones de espaldas al altar mayor.


Pero ni la “desorientación” de los fieles devotos ni las obras de Francisco Javier Parcerisa sobre la catedral de León son el objeto de esta entrada, más bien, son un pequeño ejemplo para iniciar y tratar brevemente sobre la desnudez de las naves, las prácticas y usos de los antiguos devotos, su comportamiento y el mobiliario existente en los desnudos templos.

El interior de las catedrales, basílicas, iglesias o ermitas permaneció en la antigüedad exento de cualquier tipo de amueblamiento. En los primeros siglos los fieles ni siquiera se sentaban para la predicación y cuando lo hacían, siempre por indicación del sacerdote o ministro, se sentaban en el suelo. En esta tesitura era posible y frecuente el movimiento o “traslado” de los fieles durante la celebración, asunto impensable en la actualidad donde el sacerdote se ha convertido en el único actor de la “representación”, mientras los asistentes se sitúan estáticos en el puesto elegido y siempre con la vista fija en el celebrante.


En los primeros siglos, las mujeres y hombres solían estar separados. Según una antiquísima tradición, las mujeres se situaban al norte y al oeste mientras los hombres lo hacían al este y sur. Para el hombre medieval, que suponía que el Infierno se encontraba al oeste y que el norte era la tierra del paganismo, esta posición simbólica asignaba a las mujeres de la ciudad o aldea, consideradas más fuertes moralmente, la tarea de proteger a “los menos santos y más débiles” de la comunidad de las grandes tentaciones y pecados.


A partir de los siglos XIII y XIV se introducen lentamente en algunas iglesias bancos corridos. Esta costumbre se impondrá más generosamente en los templos protestantes con el fin de que los fieles pudieran sentarse durante los sermones que, a veces, duraban horas. La práctica irá adueñándose paulatinamente de las iglesias católicas, sobre todo después de la Contrarreforma (siglos XVI-XVII) que dará gran importancia a la proclamación de la Palabra. 


partir del XVII-XVIII comienzan a imponerse los grandes bancos fijos con reclinatorio y respaldo alto, aunque en España, todavía en el siglo XIX, la mayoría de las iglesias permanecerán sin ningún tipo de amueblamiento, salvo algún que otro confesionario o los cada vez más impresionantes retablos que se sitúan principalmente en el altar mayor, para después ocupar las capillas laterales y, más adelante, cualquier punto de los lienzos laterales de la fábrica.


Los pintores románticos españoles del XIX plasmaron magníficamente el interior de iglesias y catedrales, pero también rincones e íntimas ceremonias en los pequeños templos. Unas y otras “fotografías” delatan el ambiente y las costumbres de los fieles españoles: entierros, la oración, el sermón, la misa, etc. No hay como “acercarse” al cuadro y observar minuciosamente las escenas para desentrañar la actitud y el hacer de los fieles.


En alguna de estas representaciones se puede diferenciar las distintas clases sociales, su vestimenta, el fervor religioso, la presencia de inválidos, de vendedoras o amas de casa que acuden con su cesta, la actitud de los niños, … hasta la tranquila presencia de algún que otro perro en aquellas inmensas naves que, vagabundo o acompañando a su dueño (Iglesia San Isidro de Madrid de Pérez Villamil), asiste a misa.



La condesa de D´Aulnoy en su obra “Un viaje por España en 1679”, hace referencia de esta manera al comportamiento de las mujeres de la clase alta madrileña en el interior de las iglesias de la capital:

"Las mujeres que frecuentan las iglesias acostumbran oír dos, tres y hasta una docena de misas; pero tan distraídamente que muestran bien a las claras estar pensando en otra cosa. Llevan manguitos de a media vara, hechos con la mejor marta cebellina, que no habrán costado menos de cuatrocientos o quinientos escudos; y los han de subir para sacar las puntas de los dedos. Usan también abanicos, tanto en verano como en invierno, y ni aun durante el santo sacrificio cesan de darse aire con ellos. Se sientan sobre las piernas y toman incesantemente rapé, pero sin mancharse, porque en esto, como en lo demás, son sus maneras correctas y pulcras. Durante la elevación de la sagrada forma, hombres y mujeres se golpean el pecho hasta una veintena de veces, con tanto estrépito que parece armada una riña. Los galanes se apresuran a rodear la pila de agua bendita apenas termina el oficio, para ofrecerla a las damas de su agrado, con algún piropo suplementario, al que saben ellas corresponder sobria y discretamente. El nuncio del Papa acaba de prohibir esa costumbre, conminando a los infractores con pena de excomunión."





- Catedral de Santa María de León (crucero sur). Francisco Javier Parcerisa.
- Catedral de Santa María de León (nave central). Francisco Javier Parcerisa.
- San Juan de los Reyes (Toledo). Jenaro Pérez Villamil.
- La confesión. Pietro Longhi.
- Misa de parida. Anónimo.
- Procesión del Corpus en la Catedral de Sevilla. Jenaro Pérez Villamil.
- Interior de San Isidro (Madrid). Jenaro Pérez Villamil.
- El sermón. Eugenio Lucas Velázquez.
- Pórtico de la Gloria (Santiago Compostela). Jenaro Pérez Villamil. 
- Video YOUTUBE - Belarmo: "Con amores, la mi madre". Juan de Anchieta.

viernes, 31 de diciembre de 2010

2011 !!!



Hoy finaliza otro año más.

No ha sido un año intrascendente. Ha resultado ser un periodo repleto de malos momentos y terribles perspectivas. Sin embargo, tenemos por delante un enorme horizonte para renovadores planes y grandes posibilidades de progreso. ¿Seremos capaces?

Gracias y abrazos para todos.


¡¡ FELIZ AÑO !!


YOU TUBE: "La Macanita y el niño Jero" (mario2002278)

lunes, 20 de diciembre de 2010

Las lavanderas: realidad, leyenda y tradición




La lavandera ha resultado siempre un personaje entrañable. El aumento de la población y el cambio de las costumbres en cuestiones de higiene que lentamente dejan atrás la Edad Media, producen una masiva aparición de mujeres obligadas a lavar con mayor frecuencia la ropa de toda la familia.


De la misma manera y debido a la sempiterna falta de ingresos, muchas de ellas a cambio de unas monedas se dedicaban profesionalmente a lavar la ropa de las casas que podían pagar este servicio. Estas pueden considerarse como las auténticas lavanderas, mujeres que nada más despuntar el día, fuera verano o invierno, se dirigían al río, arroyo, pilones o, las más afortunadas, a un lavadero habilitado y un poco resguardado de las inclemencias, cargando sobre su cabeza grandes cestos de ropa sucia a veces a largas distancias.

Jóvenes o maduras, incluso ancianas y niñas, sufrían de aquella penosa actividad arrodilladas al borde del agua sobre una piedra o desde un cajoncito de madera, que las protegía de la humedad. Frotaban y frotaban la ropa sobre la taja o tajuela, la típica tabla rugosa, con el fin de tratar de eliminar la suciedad ayudándose con ceniza y una pequeña pala para golpear las prendas. Con el tiempo, utilizarían jabón realizado a base de grasas animales que ellas mismas fabricarán.

En el norte español la figura de la lavandera se mezcla con antiguas historias y cuentos, sobre todo en el noroeste: León, Asturias y Galicia. En esta última, no existía aldea que no contara con un lavadero alimentado frecuentemente por torrentes impetuosos que surgían de las alturas y que, sorteando robles y castaños, llegaban hasta los robustos estanques de granito, naturales o toscamente tallados, o hasta los remansos de los regatos, donde las mujeres acudían acarreando sus tajuelas y cestos de mimbre o su balde de cinc repleto de ropa. La visión de aquella dura tarea, formó una parte importante del característico, fantástico e imborrable paisaje gallego de la niñez.

Junto aquella estampa cotidiana, convivían las leyendas que rodeaban aquel penoso oficio para algunas, y cotidiano y duro trabajo doméstico para la mayoría. Entre todas ellas predomina una que se repite constantemente por distintos lugares y algunas variantes. Cuentan que, especialmente en las noches de verano sobre todo la noche de San Juan, en lo profundo de la fraga gallegaque tan bien concretó Wenceslao F. Flórez en El bosque animado, suele aparecer a la luz de la luna una anciana de pelo blanco y vestida de negro, que lava su ropa en la ribera del rio.
Según se dice, lava prendas que están manchadas de sangre que jamás llega a desaparecer. Unos aseguran que son mujeres que murieron de parto y lavan sus propias sábanas ensangrentadas; otros, que son los restos de un homicidio no castigado o las sábanas que cobijaron sus prohibidos devaneos amorosos.

Al pasar junto a ella, solicitará tu ayuda para retorcer la ropa. Si ocurre esto, lo que debe hacerse es pasar rápidamente de largo sin dirigirle palabra alguna, porque la Lavandera de la Noche no es de este mundo y si te compadeces y la ayudas, desaparecerás para siempre.



“Era unha noite de lúa

era unha noite clara,





eu pasaba polo río





de volta da muiñada.





Topei unha lavandeira





que lavaba ao par da auga.





Ela lavaba no río





e unha cantiga cantaba






Moza que vés do muíño,






moza que ves pola estrada,






axúdame a retorcer






miña sábana lavada.






¡Santa María te axude






e San Lourenzo te valla!






Desparece a lavandeira






como fumeira espallada






Onde as sábanas tendera






poza de sangue deixara.






Era unha noite de lúa






era unha noite clara".






La figura de la lavandera ocupa parte del paisaje cotidiano de los siglos XVIII, XIX y buena parte del XX, es protagonista de mitos, cuentos y leyendas, pero también es el entrañable personaje que no puede faltar en los tradicionales Belenes. Junto al carpintero, los pastores, el leñador o la posadera, la imagen de la lavandera arrodillada a la orilla de ese río, realizado en cristal o de papel de aluminio, lava incansablemente la ropa.

¿Porqué una lavandera en el Belén? Según los Evangelios Apócrifos, en el nacimiento de Jesús estuvieron presente dos parteras llamada Zalomí y Salomé, aunque en otros textos se las denomina Zaquel y Zebel (Protoevangelio de Santiago, 17-20, Evangelio de Pseudo Mateo 62-7, Libro de la Infancia del Salvador 62-76, La Leyenda Dorada, etc.), Estas mujeres, preparadas para atender en todos los aspectos a las parturientas, ayudarían a traer al mundo a Jesús y lavarían las ropas de la Virgen tras el parto. Ese trabajo, entre sacrificado y sagrado, quedaríá reflejado e inmortalizado para siempre en la celebración de la Navidad mediante la tradicional representación del Belén.



- Las lavanderas. Jean Francois Millet.
- Lavanderas del Manzanares. Manuel Rodríguez de Guzmán.
- Las lavanderas. Francisco de Goya.
- La lavandera. Daniel Ridgway Knight.
- Figuras lavanderas en los Belenes.
- Natividad (parteras adorando al Niño). Jacques Daret.
- VIDEO: You-Tube. Carlos Nuñez&Noa: "A lavandeira da noite".


jueves, 11 de noviembre de 2010

La Laurentina

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Las velas (sobre Cantiga de Santa María nº 180) - Empleo "carrillón de martillo"

La Laurentina puede rivalizar en importancia con los más de 150 códices de la Real Colegiata de San Isidoro, algunos insuperables como los Morales de Job del 951, la Biblia mozárabe del 960 o la Biblia románica de 1162; pero también con las inigualables joyas que guarda el Tesoro de la Real Basílica: el Cáliz de ágata de Dª. Urraca, el Arca de la reliquias de San Isidoro, la Arqueta de marfiles de San Pelayo, la Arqueta de los esmaltes, el espléndido Pendón de Baeza realizado en tafetán carmesí del s. XII, o con el crucifijo de Fernando I, expoliado en el siglo XIX y actualmente en el Museo Arqueológico Nacional.

La campana de San Lorenzo o Laurentina es prácticamente desconocida, a pesar de ser considerada la campana más antigua de España y una de las más 036018 antiguas de Europa. Existe otra pieza en el Museo de Córdoba de fecha anterior (año 930), pero se trata de una pequeña campanilla votiva (21 x 30 cm.) donada al Monasterio de San Sebastián del Monte, en plena sierra cordobesa.

Sin embargo, la campana de San Lorenzo, fundida en 1086, el mismo año en el que Alfonso VI de León es derrotado en Sagrajas por las tropas almorávides de Yusuf, es ya una campana de significativas medidas para la época: 57 cm de diámetro, 1,75 metros de circunferencia y aproximadamente 80 kg. En una época (finales del XI) de construcción-remodelación de la iglesia y su Panteón Real, su destino sería la torre del templo con el objeto de ser oída en toda la ciudad, y no simplemente para ser utilizada en los actos litúrgicos del interior. Esta última, sería la función de la pieza cordobesa que, curiosamente, es idéntica a la que porta uno de los ovinos reflejados en la "Anunciación a los pastores" del propio Panteón Real de San Isidoro.

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La utilización de las campanas para comunicar cualquier tipo de acontecimiento viene de antiguo, pero en las iglesias cristianas comenzaron a usarse tardíamente. En los primeros siglos, los anuncios y las llamadas se hacían de puerta en puerta por medio de los “cursores”, diáconos dispuestos para esta ocupación. Más adelante, se usaron objetos de madera o platillos de metal, que se golpeaban unos con otros, pero también trompas o bocinas.

Campaneros

En sus inicios son denominadas “signum” (en el epígrafe de la campana leonesa se la designa así), comenzando a fundirse las de mejor calidad y tamaño en la región italiana de Campania en el siglo VII, de ahí el origen posterior de su nombre. También se las conocen con el nombre de “nolas”, debido a que la ciudad de Nola es la capital de la Campania, si bien este apelativo queda con el tiempo para designar las de pequeño tamaño: campanilla, esquila, codón, etc., que se utilizaban en el coro, refectorios, instrumentos o actos litúrgicos.

En las iglesias antiguas y en las de nueva construcción, se impone la edificación de torres con el fishow-midres.php (2)n de instalar las campanas para que su sonido, gracias a la altura, llegara lo más lejos posible, convirtiéndose, de alguna manera, en el medio de comunicación tradicional que el pueblo escucha y sabe interpretar. Marcan el tiempo de la colectividad e identifica el lugar donde suceden asuntos importantes, tanto religiosos como civiles.

Estas torres imitan en altura a los minaretes de las mezquitas, y las campanas a la voz del almuédano convocando al pueblo a la oración. Pero los musulmanes siempre fueron contrarios a su uso al pensar que su tañido asusta a los espíritus vagabundos e interrumpe el descanso de las almas. En su expansión militar, hicieron enmudecer las campanas que había en los territorios ocupados, bajándolas de las torres y utilizándolas como lámparas o adornos en sus mezquitas y palacios. Conocida es la historia de las campanas de Santiago de Compostela, que desmontadas por Almanzor en lCampanas de Compostelaa invasión del año 997, las trasladó a la mezquita de Córdoba a hombros de esclavos cristianos; Fernando III las recuperó en su conquista de 1236, y las devolvió, esta vez a hombros de musulmanes, a la catedral de Santiago.

Según va avanzando la Reconquista, las campanas se multiplican en la España cristiana, y entre los siglos XV y XVI se funden las mejores campanas de bronce (80% de cobre y 20% de estaño), muchas de las cuales aun siguen sonando espléndidamente. Actualmente, Wambay siguiendo al experto valenciano Frances Llop, existen 150.000 campanas censadas en la Península, de las que 1077 están ancladas en las 94 catedrales españolas.

Como curiosidades, Llop señala que la más antigua en funcionamiento es la “Wamba”, que suena en la catedral de San Salvador de Oviedo nada menos que desde 1219; la segunda más La Gorda antigua es “María Caterina”, que está ubicada y funcionando desde el año 1305 en la torre del Miguelete de la catedral de Valencia. La catedral que posee más campanas es la de Málaga, con 37 piezas, y la más grande, con 2,90 metros de diámetro y 7500 kg. de peso, es “La Gorda” en la catedral de Toledo, fundida en 1753; según se decía, su potente tañido hacía abortar a las embarazadas y, en algunos días, podía oirse desde Madrid.

Pero existen otras anécdotas, como la condena a muerte que sufrió "Honorata", la campana de la Catedral de Barcelona que en 1714, tras el sitio de la ciudad, fue sentenciada por Felipe V que ordenó fuera ajusticiada por haber La Mora 2 tocado a rebato contra su ejército. Fue bajada de la torre, destrozada públicamente y fundida para hacer cañones.

En la catedral de Murcia se encuentra desde 1383, “La Mora”, llamada también de “Los Conjuros”. Era costumbre que, desde mayo a septiembre, sonara todos los días a las 5 de la tarde con el fin de ahuyentar de la ciudad todo tipo de males: riadas, epidemias, tormentas, etc. También se decía que su tañido servía para "conjurar" a las nubes y hacer que descargaran su lluvia, siempre muy escasa en la zona.

Pero la campana más conocida por el suceso ampliamente divulgado en literatura, teatro y pintura, es la legendaria “campana” de Huesca, aquella en la que en el año 1136 el rey aragonés Ramiro II mandó colgar como escarmiento las cabezas de los nobles rebeldes de la ciudad, siguiendo los consejos del abad de San Juan de la Peña.

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Como ya hemos comentado, la campana leonesa de San Lorenzo mide de 57 cm. de diámetro y pesa unos 80 kg.; tiene una bella forma de tuGrietalipán y su corona posee tres anillas, más grande y potente la central, y dos pequeñas foraminas triangulares, llamadas "oídos": dos orificios para modificar y mejorar su sonoridad. No obstante, una grieta importante impide su utilización a pesar de los vastos intentos de soldadura que, en su momento, se realizaron para solucionar su estado. A pesar del fracaso en el intento de rehabilitación, no debe darse por perdida ya que la técnica actual permite su restauración, pudiéndose recuperar totalmente sus valores culturales, sonoros y sus toques tradicionales.

En el círculo o anillo sonoro posee, muy bien grabada en escritura visigótica, una inscripción de aproximadamente 3 cm. de altura entre dos franjas con dos cordones incisos; se trata de una roboratio, denominada así porque da noticia significativa del donante que ofrece el objeto votivo:

+ INNME DNI OBHoNOREM SCI LªVRENTi ARCE DCNI RVDERICVS GVNDISaLBIZ HoC SiGNUM FiERI ISSIT INERA CXXIIII P T S

+ EN NOMBRE DEL SEÑOR. EN HONOR A SAN LORENZO EL ARCEDIANO RODRIGO GONZÁLEZ MANDÓ QUE SE HICIERA ESTA CAMPANA EN LA ERA DE 1124.

San Lorenzo

Hay que tener en cuenta en relación con la datación de la inscripción, que la “era hispánica” llevaba 38 años de adelanto (fecha de referencia de la “pacificación romana": 1 de enero del 38 a.C), usándose con normalidad este calendario en documentos e inscripciones del s. III al s. XV en España y sur de Francia. Teniendo en cuenta esta práctica, la leyenda de la campana que h126-tabara-monasterioace mención a “Era Centesima vigesima quarta post millesima” (INERA CXXIIII P T S), corresponde realmente al año 1086.

Como señala la inscripción, la campana fue donada a finales del siglo XI por un arcediano, principal dignatario del cabildo, en honor a San Lorenzo. El arcediano Rodrigo González sería con seguridad el "padrino" en la consagración y bautizo de su campana.

El cáliz y las campanas son los únicos vasos litúrgicos que se consagran, los demás únicamente se bendicen. La ceremonia de consagración de las campanas, llena de simbolismo, se realiza en un bello ceremonial protagonizado, generalmente, por el obispo.

La campana se suspendía sobre el suelo en un acto solemne, donde participaban los fieles y el clero. El padrino y la madrina, en su caso, se situaban junto al obispo que rociaba la campana con agua bendita con el fin de ahuyentar los demonios, alimañas, granizo, los rayos, etc. Los diáconos la lavaban por dentro y por fuera también con agua bendita y luego era cuidadosamente secada mientras se entonaban salmos.

Capturar-2 El obispo se ponía debajo con el incensario inundando todo su interior, mientras era uncida por dentro y fuera con los óleos sagrados. Los padrinos debían elegir un nombre, por lo general correspondiente a un santo, en este caso San Lorenzo, y el obispo se dirigiría de esta manera a la campana:

"En honor de San Lorenzo, que la paz sea contigo de ahora en adelante, querida campana".

¿Porqué San Lorenzo? Los arcedianos, como en este caso el donante Rodrigo González, se encargaban, entre otras misiones, de las obras de caridad y la administración de los bienes de la diócesis; San Lorenzo, mártir en el siglo III, es nombrado por el Papa Sixto para administrar los bienes de la Iglesia y el cuidado de los pobres, por lo que es considerado el primer "tesorero" de la Iglesia. Seguramente el arcediano leonés quería rendir tributo al primer diácono que, como él, se encargaba de gestionar y gobernar el patrimonio eclesiástico.

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Actualmente, la campana de San Lorenzo está colgada de uno de los muros de la Capilla de los Vacas, una de las salas-capillas del claustro de la Colegiata de San Isidoro dedicadas al enterramiento de importantes familias leonesas. Junto a ella, en el centro de la sala y dentro de una Capturar-1vitrina, el "Gallo de San Isidoro" que posee sus correspondientes, aunque simples, paneles explicativos. La Laurentina simplemente tiene una escueta referencia: "Campana mozárabe. 1086". La campana más antigua de España, no muestra más reseñas.

Pero no solo su antigüedad la hace interesante. La Laurentina no estaba situada en un templo o ciudad cualquiera de la Península, se ubicaba en un lugar privilegiado y trascendental de la España que iniciaba el segundo milenio. Se hallaba en la capital del Reino que hacía frente al poder musulmán, y concretamente en el templo emblemático de la ciudad en el que los reyes leoneses eligieron como lugar de enterramiento. Pero también sobre el Camino de Santiago, en la torre del templo que controlaba la Puerta de Renueva de la muralla defensiva leonesa, la salida natural de la ciudad hacia el Oeste, hacia Compostela.

Desde en su otero en la torre de la Baasílica, la campana de San Lorenzo llamaría a prelados, nobles y reyes, convocaría Concilios y Cortes, sería testigo de grandes hechos y empresas, de excelsos enterramientos, celebraría hazañas, revelaría a los leoneses peligros y riesgos, fijaría la liturgia y marcaría las horas de la vida en la ciudad. Pero a la vez, sería testigo del paso de generaciones y generaciones de peregrinos que, desde los comienzos de la ruta ancestral, pasarían por la ciudad de León, la capital del Reino, en dirección a Finis Terrae mientras escuchaban sus solemnes tañidos.

Ahora, desde el vacío claustro de San Isidoro y cerca de cumplir 1000 años, solo puede esperar mejores tiempos y escapar de la condena de olvido y de silencio obligado.

- La Laurentina. Capilla de Los Vacas, Claustro de San Isidoro de León. - Campanilla votiva del abad Samson. Museo de Córdoba. - "Anuncio a los pastores". Panteón Real de San Isidoro. - "Los campaneros". Alexandre Gabriel Decamps. - Traslado campanas de Santiago a Córdoba. Catedral de Santiago de Compostela. - Grabado del regreso de las campanas a Compostela. - "Wamba". Catedral del Salvador. Oviedo. - "La Gorda". Catedral de Toledo. - "La Mora". Museo, antes Catedral de Murcia. - "La Campana de Huesca". José Casado de Alisal. - Grieta en la Laurentina. - Inscripción "San Lorenzo". - Beato de Tábara (siglo X). Imagen campanario primitivo con dos campanas y campanero. - Carrillón diatónico. Cantigas, siglo XIII. - Claustro y torre de la Real Colegiata de San Isidoro de León. - Carrillón martillo. Cantigas, siglo XIII. - La Laurentina en su ubicación.