jueves, 25 de febrero de 2016

Meteora: entre cielo y tierra


Tesalia es una región del norte de Grecia de grandes contrastes regada por el mítico río Peneo (actualmente Salámbria), donde alterna una gran llanura con bosque, montaña y costa. Es un territorio repleto de historia y mitología que debe su nombre a un hijo de Hércules: Tesalo.

Cuenta la tradición que fue el lugar donde nació Helén, el epónimo de los helenos, la tierra por la que pasó Jasón en busca del Vellocino, y donde vivió, trabajó y murió Hipócrates, el padre de la Medicina. En llanuras se criaban los famosos caballos que utilizó la caballería tesalia que conquistó Asia junto a Alejandro, que montaba otro ejemplar procedente de las yeguadas tesalias: Búcefalo.

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Es, asimismo, la patria de Aquiles y el lugar donde se asienta el monte Pelión, residencia de los centauros, mitad hombre mitad caballo, que eran la imagen del ser salvaje, sin hospitalidad ni leyes y esclavos de las pasiones animales. Entre ellos existían algunas excepciones, como el centauro Quirón, que será encargado de la educación del héroe Aquiles y, por mandato directo de Apolo, de su propio hijo Asclepio (Esculapio para los romanos), futuro dios de la Medicina.

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Una de las ninfas más conocidas y bellas de Tesalia era Dafne, hija de la Tierra y el río Peneo, cuya tortuosa relación con Apolo ha sido largamente representada. El soberbio Apolo, guardián de Delfos, discutió con Eros sobre quien era mejor arquero. Eros, molesto, se vengó lanzando dos flechas, una de oro contra Apolo y otra de plomo contra el corazón de Dafne.

El efecto de las flechas fue contradictorio. Mientras Apolo se enamoró completamente de la ninfa, ésta sentía un total rechazo por esos amores. Allí mismo, en Tesalia, comenzó la conocida persecución entre el dios y la ninfa. Ésta, al darse cuenta que estaba muy cerca de su padre el río Peneo, le pidió ayuda. Peneo la convirtió en un laurel antes de que Apolo llegara a abrazarla. El dios, desesperado, decidió, desde aquel momento, honrar a los triunfadores con coronas de laurel, en recuerdo de su amada.

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Dioses, ninfas, centauros, héroes, ... La belleza poética de la mitología que rodea la región de Tesalia resulta extraordinaria, pero su paisaje no lo es menos. En medio de la llanura se erige un singular conjunto de formaciones rocosas de notable altura e incomparable belleza, alguna de ellas coronadas por antiguos monasterios bizantinos: Meteora.

Declarada por la UNESCO en 1988 Patrimonio de la Humanidad, Meteora ofrece uno de esos paradójicos espectáculos en que la Naturaleza, unida a la acción del hombre, hacen de la simple contemplación una experiencia inolvidable.

Desde el siglo XI, en este histórico y legendario territorio, muy cerca de la actual población de Kalambaka, los monjes ortodoxos convirtieron en habitáculos las grutas existentes en las paredes de un conjunto de altas peñas, que más tarde remataron con pequeñas celdas, ermitas y monasterios. Estas gigantescas columnas de roca configuran un paisaje fascinante y, a la vez sobrecogedor, formado por cerca de mil altísimos peñascos que semejan un gigantesco bosque rocoso y cuyo origen se remonta a 60 millones de años. El el agua, el viento, hundimientos y terremotos, quebraron y modelaron el lugar cavando barrancos y gargantas entre las calizas para, finalmente, pulir y suavizar su forma actual.

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Este enclave mágico, esculpido a lo largo de los siglos, desprende un halo espiritual que motivó a aquellos primeros ascetas a retirarse a lo alto de sus paredes y cimas con el fin de “estar más cercanos al Creador”. Después de tres siglos de ascetismo, la fundación del primer monasterio es el que da origen al nombre actual. En el siglo XIV un monje del conocido Monte Athos, llamado Atanasio de Trebisonda, llega a la zona y funda un cenobio en lo alto de unaGran-Meteoro_thumb8 peña a más de 400 metros sobre el suelo, bautizándola como "meteora" (suspendido en el aire). De este modo, se designará en el futuro al complejo de altas rocas como "los meteoros", y al territorio como Meteora.

Actualmente solo seis son los monasterios que continúan activos y pueden ser visitados: San Nicolás Anapafssas, Roussanou, Varlaam, Gran Meteoro de la Transfiguración, Santa Trinidad y San Esteban. Pero la importancia que adquirió el monacato en la zona lo demuestra que, aparte de los seis conventos citados, se pueden observar las ruinas de otros quince cenobios, todos en lo alto.

Partimos desde Kalambaka para realizar un circuito de cerca de 20 km, que permite la visión y visita a los seis monasterios activos. Tras cruzar la pintoresca localidad de Kastraki,  la estrecha y tortuosa calzada comienza su ascenso hacia el conjunto de columnas rocosas donde se encuentran las construcciones monacales.

Mientras se remonta la carretera, van apareciendo los primeros peñascos en los que en alguno se aprecian grietas y covachas de las que cuelgan viejas escaleras de madera apoyadas sobre rudimentarias y precarias plataformas de tablones, que prueban su utilización antigua como refugio y vivienda de antiguos ascetas.

Poco a poco la carretera nos introduce en un país de ensueño donde el verde intenso de la abundante vegetación, alterna con los colores grisáceos de las escarpadas, imponentes y caprichosas peñonas de  arenisca, modeladas por el tiempo y la erosión.

Desde la misma carretera se puede observar el primero de los monasterios, San Nicolás Anapafssas. A más de 300 metros de altura, la construcción monacal, con sus paredes terrosas y sus rojos tejados, se prolonga hacia el cielo apoyada únicamente en la cumbre del farallón pétreo.

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La imposibilidad de visitar la totalidad de monasterios en una mañana, hace que seleccionemos dos de ellos para una visita en profundidad: Varlaam, por ser, posiblemente, el que tenga el acceso más impresionante y la iglesia y construcciones más acreditadas, y San Esteban, ahora convento de monjas, que cuenta además con una entrada asombrosa, un espléndido museo y unas panorámicas magníficas.

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Dejando atrás las vistas de San Nicolás Anapafssas, la carretera continua sinuosa hasta alcanzar las mayores alturas de Meteora. La primera edificación que aparece a la vista es el monasterio de Roussanou, con su pequeño cimborrio octogonal, su tejado rojizo y sus paredes ocres que continúan la verticalidad de la roca sobre la que se asienta. Su antiguo aislamiento, símbolo de suVarlaam-grabado_thumb2 espiritualidad, ahora se salva por un pequeño puente que le une a un montículo cercano.

Todos los monasterios son accesibles actualmente por carretera. Pero antes no era así. El acceso a ellos se realizaba mediante cuerdas y poleas que salvaban los 300 o 400 metros al suelo, con plataformas o redes que transportaban tanto a monjes como a pertrechos y materiales.

Esta manera todavía se puede observar en funcionamiento en el monasterio de Varlaam, al que realizaremos una detenida visita. Aún hoy las poleas siguen funcionando y elevando provisiones o materiales, pero no fue siempre fue así. Antes de las poleas o coincidiendo en el tiempo con ellas, el acceso a Varlaam y a la mayoría de los monasterios de Meteora, se realizaba con largas escaleras colgantes o con tramos de escaleras fijas que se anclaban a la roca. Cuentan que la entrada o salida del convento solía durar media hora. Actualmente para entrar al monasterio de Varlaam, consagrado a Todos los Santos, hay que salvar 195 escalones tallados en la roca.

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El conjunto monacal de Varlaam resulta única por su espectacular acceso, su paisaje, sus construcciones y la riqueza artística que atesora, en resumen, resulta una conjunción completa entre arte, hombre y una ensoñada naturaleza. Hay que destacar el katholikón o iglesia principal del monasterio, realmente impresionante, que conserva pinturas originales de los tiempos de su fundación referentes a los ciclos históricos, dogmáticos y litúrgicos de la Iglesia Ortodoxa. Tiene forma de cruz griega, con cúpula central y cuatro nichos laterales: al norte el “lugar sagrado”, al sur el nártex o vestíbulo, este y oeste para la oración.

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Muy cerca de Varlaam, se encuentra el monasterio más grande de Meteora: Gran Meteoro de la Transfiguración. Se alza a más de 400 metros del suelo, y se distingue de los demás por su gran cimborrio sobre su katholikón de forma cruciforme. Desde allí se pueden ver los cables que sostienen un pequeño funicular, apenas una cesta de metal colgada en el vacío, que utilizan todavía hoy los monjes para evitar las escaleras.

En el recinto se pueden encontrar pinturas de la época post-bizantina y frescos policromados sobre temática religiosa, obra del reconocido monje Strelitzas. Este cenobio llegó a ser Santa Trinidaden el s. XVI el centro neurálgico de Meteora, aunque había sido fundado en el XIV, como ya hemos visto, por San Atanasio de Trebisonda.

Continuamos con el recorrido hacia los dos últimos monasterios: Santa Trinidad y San Esteban. El monasterio de Santa Trinidad, muy cercano al de San Esteban, está construido sobre un abrupto peñón que tiene una fisonomía muy original. Las paredes verticales mantienen una planicie donde se sustentan las estructuras del monasterio, muy reconocible por algunos edificios encalados. En la actualidad ciento cuarenta escalones tallados en la roca conducen al cenobio con comodidad, evitando la antigua manera de acceso por poleas o escaleras de madera ancladas a las paredes verticales.

Durante la segunda guerra mundial, el monasterio fue víctima del expolio de alemanes e italianos, su rica sacristía fue saqueada y su biblioteca quemada. Entre los años 1942 y 1961 el monasterio estuvo abandonado, lo que propició la pérdida de muchas de sus reliquias, iconos y manuscritos. Posteriormente parte del patrimonio fue rescatado, y hoy en día se encuentra en el monasterio de San Esteban.

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Por último San Esteban, convertido en convento de monjas en los años 60, salvando así su ruina. Construido sobre la cima de un enorme peñón, resultaba relativamente fácil llegar hasta él, gracias a la existencia cercana de una colina. Un puente levadizo salvaba la distancia de diez metros existente entre colina y peñón, ahora un puente salva la garganta entre la peña y la colina. Habitado desde el 1200, fue convertido convento a principios del s. XIV.

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El katholikón, bajo la advocación de San Jaralambos, tiene forma de cruz griega con cúpula en el centro. Existe también la iglesia primitiva, de una sola nave, dedicada a San Esteban en el otro extremo del conjunto monacal, decorada con frescos del 1500. El antiguo refectorio está convertido en museo con objetos muy interesantes: iconos post-bizantinos, manuscritos, figuras de madera, textiles, ropas bordadas con oro, trabajos de platería, etc .

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Son varias las estancias del conjunto monacal, entre ellas un impresionante mirador entre enormes cipreses y varios ejemplares de calamodín todavía repletos de frutos. Desde allí, con Kalambaka en primer término, se tiene una hermosa panorámica de la llanura de Tesalia.

Virgen de ternuraAntes de regresar a Kalambaka, una última parada en el taller de iconos, Dimitri Zervopoulos, para observar el laborioso trabajo de creación de los iconos y una pequeña muestra de éstas representaciones de mediados del pasado siglo, entre las que se repite la figura de la Virgen de la Ternura, siempre presente en los monasterios visitados y no muy frecuente en occidente.

Eleusa, en griego, Ἐλεούσα, "ternura" es un tipo de icono donde se muestra la estrecha relación que existe entre Jesús y la Virgen María y el fuerte vínculo que los une como madre e hijo. En este icono la Virgen sostiene al niño, que toca su cara a la suya y pasa unMeteoron Panorama brazo alrededor de su cuello u hombro. De este modo se exhibe la plenitud del amor entre el dios y el hombre. 

Acabada la visita, a los pies de las asombrosas rocas, en Meteoron Panorama, disfrutamos de una típica comida de la zona, antes de continuar hasta Termópilas.

Ahora, desde la distancia que marca el tiempo, cuando los recuerdos se agolpan y revives la mitología que rodea la legendaria Tesalia y te sumerges en el recuerdo del inmenso bosque de piedra de Meteora, surgen y te envuelven, casi sin quererlo, los sentimientos de lo excelso, de lo sublime, de lo bello. Todas estas emociones, mezcladas con el evocación del olor a candela e incienso,  con el recuerdo del repique rítmico de la toaca y la cadencia de las salmodias de los monjes, producen la nostalgia de una gran vivencia, que, sin duda, permanecerá para siempre en el fondo del alma.



- Video: Meteora a vista de pájaro. THOMAS CHRISOHOIDIS.
- Hipócrates rechazando regalos de Artajerjes. Anne Luís Girdet.
- La educación de Ulises por Quirón. Jean Baptiste Regnault.
- Apolo persiguiendo a Dafne. Giovanni Battista Tiepolo.
- Meterora.
- Monasterio de la Transfiguración. Dibujo de Barskij (s. XVIII).
- Celdas.
- Monasterio de San Nicolás Anapafssas.
- Meteora. A lo lejos San Nicolás Anapafssas.
- Monasterio de Varlaam. Dibujo de Barskil (s. XVIII).
- Monasterio de Varlaam.
- Monasterio de la Transfiguración.
- Monasterio Santa Trinidad.
- Monasterio de San Esteban.
- Llanura de Tesalia. Kalamata. Desde San Esteban.
- Virgen de la Ternura.
- Rest. Meteoron Panorama.
- Meteora. Atenas.net.
 













martes, 2 de febrero de 2016

Cuando las asociaciones de defensa del patrimonio leonés eran otra cosa…

Hoy 2 de febrero, Fiesta de las Candelas, merece la pena recordar lo que hace unos años fue una jornada de reivinidicación ciudadana potente, seria y con futuro, para la protección y defensa de nuestro patrimonio. San Miguel de Escalada fue el protagonista y tal día como hoy del 2007, en una noche muy fría, se pusieron los medios para iluminar San Miguel y “encender” nuestras reivindicaciones.

Hoy solo queda el recuerdo de aquellas intenciones. La pasión y la fuerza reivindicativa se diluyó como un azucarillo gracias a un grupo de actores que no han pasado, como temíamos, del gris marengo, pero sin la elegancia que transmite ese color.

Son los herederos de aquellas pretensiones, pero solo son expertos en rencor y celos, técnicos en indolencia y pasividad, maestros de la ineptitud y representantes de la nada. Así les va.

Las Candelas y San Miguel de Escalada: una bella historia, un triste escenario (02-02-2008) .


    … Un día tan intenso no podía finalizar sin un colofón digno de San Miguel. Tras los testimoniales focos, llegó la potencia de modernos generadores que lanzaron sobre el templo 40.000 vatios de luz. La oscuridad del entorno y la luz sobre el Monasterio formaron un espectáculo mágico. En aquella fría noche de diciembre, la sutileza de San Miguel desafió el paso del tiempo y surgió poderoso, seductor, entre los ribazos que se asoman a los llanos del Esla, turbando a todos los que allí DSCF5617estábamos.

En los días siguientes fue incesante el apoyo entusiasta de diversos colectivos, municipios, vecinos, y todo tipo de personas comprometidas y sensibles con nuestro patrimonio. Había que volver a iluminarlo. Y que mejor ocasión que el día de la Fiesta de las Luces, las Candelas, el 2 de febrero, hace ahora un año, día en el que según la tradición popular, hoy casi perdida, finalizaba la Navidad, se bendecían las velas, las candelas, que se utilizarían en el hogar durante el año, se cantaban los últimos villancicos ante el Belén, que ese mismo día se retiraba, y se comían los restos de los turrones y dulces.

En las Candelas del año 2.007, la fiesta de luz y sonido atrajo a decenas de personas implicadas con el Monasterio, que participaron activamente en la fiesta y que, como manda la tradición, dieron buena cuenta de los últimos dulces de la Navidad y del orujo que por allí deambulaba. No faltó la luna llena, los discursos reivindicativos, la música medieval, los medios de comunicación, los trajes típicos, y, sobre todo, la procesión de todos los asistentes que, con una veDSCF5612la encendida, desfilaron en procesión por la explanada. El rito de los cirios (Lc. 2,32), en el que el anciano Simeón habla de Cristo como “luz para iluminar a las naciones ...”, se escenificó junto al Monasterio y todos los allí presentes pedimos al cielo que la luz, en todos los sentidos, llegue definitivamente a San Miguel e ilumine, de paso, a sus grises responsables.

Ante un giro inesperado en los acontecimientos, que ocasiona la llegada de personas indolentes e inoperantes a algún colectivo, otrora preocupado por la reivindicación del patrimonio leonés, en la fiesta de las Candelas del 2.008, este 2 de febrero, no se podrán repetir los mismos o parecidos actos que el pasado año con el fin de denunciar y exigir la protección y rehabilitación definitiva de San Miguel de Escalada, pero sirva este texto para recordar aquellos significativos y fascinantes días, que siempre estarán en nuestra memoria, y pedir ayuda haciendo nuestra la máxima del Obispo Sampiro: “Que la sabiduría encienda tu luz, ¡oh, San Miguel!, y desaparezcan las tinieblas.

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domingo, 31 de enero de 2016

ALFONSO IX, rey de León



En el número correspondiente al próximo del mes de febrero, la prestigiosa revista de tirada nacional “La Aventura de la HISTORIA” dedica una páginas al último rey de León: Alfonso IX.

Si bien el artículo se inscribe, muy desafortunadamente, dentro de un apartado denominado “castilla medieval”, resulta interesante que se destaque y divulgue la figura de
este monarca leonés que resultará excepcional y determinante en la Historia de España.

Alfonso IX, a juicio del historiador y arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, tuvo el gran defecto de ceder a las intrigas, pero era “hombre piadoso, benévolo y valiente”, como demostró en la sangrienta batalla de Alange (1230, cerca de Mérida) contra Ibn Hud al-Mutawakkil, en donde los musulmanes corrieron en desbandada perseguidos por los leoneses que hicieron una verdadera escabechina, el lugar que se conoce como Valle de la Matanza.

Continúo la guerra de reconquista contra los musulmanes a los que arrebató distintas plazas importantes como Mérida, Valencia de Alcántara, Cáceres y Badajoz, haciendo, prácticamente, toda la Extremadura territorio leonés. Sus frecuentes relaciones con los árabes le supuso ser denominado por éstos como “el baboso”, en relación con la informalidad de sus tratados.




Su consideración como hombre y rey piadoso ofrece tremendas paradojas. Siendo esposo y padre de santos (Santa Teresa de Portugal y de Fernando III el Santo), gran devoto y frecuente peregrino a Santiago, muriendo en Sarria mientras acudía nuevamente a Compostela, ha sido el monarca de la historia más excomulgado por Roma: dos veces por contraer matrimonio con parientes cercanas, y la tercera por pactar con los almohades en contra del castellano Alfonso VIII.

Sin embargo, Alfonso IX de León (ALDEFONSIS-REGIS-LEGIONIS, como sellaba sus documentos), merece un puesto destacado en la Historia de España al fundar el Estudio General de Salamanca, pero, sobre todo, por convocar las
primeras Cortes en 1.188 en la Basílica de San Isidoro de León, haciendo de esta ciudad la Cuna del Parlamentarismo: “el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo”, reconocido por la UNESCO.

Hace tiempo realizamos una entrada sobre la destrucción del Castro de los Judíos, asentamiento muy cercano y vinculado a la ciudad de León, que relataba uno de los episodios de los continuos y permanentes enfrentamientos entre Alfonso IX y su primo, el castellano Alfonso VIII, mucho más conocido por su victoria en las Navas, pero mucho menos trascendente en su legado que el monarca leonés. Esto es lo que ocurrió entre el 23 y el 25 de julio de 1.196 muy cerca de las murallas de León.


La destrucción del Castro de los Judíos.

Uno de los hechos que destacan en el largo reinado de Alfonso IX, último monarca leonés (1188-1230), es la constante pugna fronteriza con Castilla. En esta obstinada disputa, la guerra alcanza las puertas de la ciudad de León y se produce el asalto y destrucción del asentamiento denominado, Castrum Iudeorum, el Castro de los Judíos, enclavado sobre el actual cerro de la Mota o de las Motas, en el extremo sur del conocido en época medieval como Monte Áureo, cárcava que serpentea la margen izquierda del río Torío.


Desde su llegada al trono, hasta la paz con su propio hijo Fernando III en agosto de 1218, los enfrentamientos con Castilla fueron permanentes. De febrero a junio de 1188, el castellano Alfonso VIII, aprovechando la inestabilidad política que produce la sucesión del reino leonés, destruye la mayor parte de las defensas fronterizas leonesas, tomando varias fortificaciones en el norte y en Tierra de Campos, entre las que sobresale Coyanza (Valencia de Don Juan).


No hubo guerra abierta. Los dos monarcas, a la sazón primos (Alfonso IX y Alfonso VIII, son hijos de los hermanos Fernando II de León y Sancho III de Castilla respectivamente, hijos éstos de Alfonso VII), mantuvieron diversas entrevistas, y en la Curia celebrada en Carrión en el verano de 1188 llegan a un principio de acuerdo fronterizo. En ese ambiente de buenas relaciones, el día de San Juan Bautista en el Monasterio de San Zoilo, el joven Alfonso IX es armado caballero por el rey castellano.


También sostuvo diferencias con el vecino reino de Portugal, que solucionó concertando su matrimonio con Teresa de Borgoña, hija del segundo rey de Portugal, Sancho I, matrimonio que se vio truncado por el papa Celestino III que lo declaro incestuoso. Teresa, la penúltima reina leonesa, fue beatificada en el s. XVIII por Clemente XI.

El tiempo pasaba y el tratado con el rey castellano no se cumplía. En 1194 y en Toledo, se produce una nueva entrevista con el fin de establecer una alianza ante la inminente ofensiva almohade. En aquellas conversaciones y con la ayuda militar en juego, probablemente hubo promesas de devolución castellana, ya que, en el verano del año siguiente, Alfonso IX acudió con un ejército en ayuda de Alfonso VIII. El monarca castellano, creyendo conseguir una fácil victoria en Alarcos, hizo frente al ejército del tercer califa almohade, Abu Yusuf Yáqudlos en solitario, sin esperar al rey leonés que ya se enco
ntraba en Toledo con sus tropas, sufriendo una estrepitosa derrota el 17 de julio de 1195.

Desde aquél suceso las relaciones de los dos monarcas se deterioraron. No obstante, se produce nuevamente un nuevo encuentro en Toledo a finales del año 1195. En aquel momento las exigencias de Alfonso IX debieron ser muy claras, reclamando, a cambio de una nueva ayuda militar contra los almohades, la rectificación de la frontera y la entrega de los castillos en litigio. Alfonso VIII se negó. La negativa castellana, propició un pacto entre Alfonso IX y los almohades, que fue considerado por Roma como una traición a la cristiandad y facilitó el establecimiento de una alianza entre Castilla, Portugal, Navarra y Aragón, contra musulmanes y leoneses.

En la primavera de 1196, las tropas almohades avanzaron hacia el norte y las leonesas, apoyadas por fuerzas auxiliares musulmanas, penetraron en Castilla hasta alcanzar Carrión y Villarcázar de Sirga, aunque ambos ejércitos terminaron replegándose. La intervención de tropas africanas en la campaña, dio lugar a que se sucedieran desmanes y hechos incontrolados: se destruyeron cosechas y se arrasaron por completo aldeas, iglesias y monasterios.


El papa Celestino III consideró el pacto con los musulmanes y la incursión leonesa por Tierra de Campos como un ataque directo a la Iglesia. El 31 de octubre de ese mismo año, Celestino III anuncia la excomunión de Alfonso IX y el entredicho de su reino, en el caso de que el rey leonés no renuncie a la utilización de tropas musulmanas y abandone de inmediato el pacto con los almohades.

Antes del pronunciamiento del Papa, Alfonso VIII y su nuevo aliado, Pedro II de Aragón, una vez alejado el peligro almohade y como réplica y venganza a la feroz invasión leonesa de la primavera, irrumpen en territorio leonés por la ruta que seguía la calzada romana Zaragoza-Astorga.

Llegan a Intercacia (Villalpando) y toman al asalto el castillo de Castroverde, continuando hacia Benavente y Astorga. La irrupción de Alfonso VIII y su aliado aragonés no desmerece la anterior del rey leonés, y su paso queda sembrado de ruina. Desde Astorga, toman Ardón, y continuando por el curso del río Bernesga llegan hasta la ciudad de León. Su primer objetivo será el asentamiento judío situado a escasa distancia de la ciudad, el Castro de los Judíos.

En las regiones reconquistadas a partir de los ss. X-XI, todas las ciudades del norte peninsular poseían una pequeña población judía, que formaban micro-sociedades complejas, estratificadas y jerarquizadas, siendo el Castro leonés un lugar ideal para ellos: su separación del núcleo principal de habitantes, les facilitaba la práctica de su religión y costumbres y, a la vez, suficientemente cerca para ejercer un comercio productivo.


La temprana fecha de construcción del recinto, implicaría la precariedad de los materiales de su fábrica. Mampostería, adobe y madera, ésta última sobre todo en torres, empalizadas y construcciones anejas, formarían el conjunto defensivo que resguardaría humildes viviendas de adobe. Por las condiciones del terreno, la poca superficie para el despliegue y ataque, y la fuerte pendiente hasta alcanzar el Castro, sería inútil el empleo, por parte de castellanos y aragoneses, de importantes máquinas de asalto. Las murallas se ganarían mediante arietes, todo tipo de escalas y la lucha encarnizada en los glacis.

Según las crónicas, el asalto duró tres días, desde el martes 26 al jueves 28 del mes Ab (23 al 25 de julio de 1196) y, aunque algunos de sus habitantes consiguieron huir hacia León, la destrucción y el saqueo, costumbres habituales, se cebó sobre los moradores. Los que no fueron muertos, fueron hechos cautivos sin hacer distinción entre hombres, mujeres o niños.

No resulta fácil establecer el número de víctimas que produjo la destrucción del Castro, debido al eterno problema de determinar el número de pobladores en los núcleos habitados cristianos de la Alta Edad Media. Julio Valdeón, citando a Estepa, fija para la ciudad de León, a finales el s. XII, momento del asalto al castillo, la existencia de unos 3.000 habitantes. Según estos datos, se puede aventurar que la población del Castro en el momento del ataque, entre vecinos y defensores, no llegaría a 500 individuos.

Durante los veinticinco años que duraron los enfrentamiento entre Alfonso IX y Alfonso VIII, se cumplieron escrupulosamente los dos principios fundamentales de la estrategia militar en la Edad Media: el temor a un combate frontal en cambio abierto y el llamado “reflejo obsidional”, una respuesta espontánea y repetitiva que lleva a protegerse en lugares fortificados conocidos, con el fin de resistir un ataque enemigo. Así se entiende la escasez de grandes batallas. Todo se reducía a un avance lento y “anunciado” por parte de los atacantes, y una defensa a ultranza de los defensores. Operaciones limitadas en espacio y tiempo, y una búsqueda de beneficio material inmediato: ataques por sorpresa, pérdida y recuperación de castillos, de pasos fortificados, ataques rápidos y emboscadas. De vez en cuando, ocurría algún encuentro importante, batallas más “solemnes”, cuya infrecuencia podía compensar el carácter brutal y sangriento que, a menudo, implicaban. Una derrota suponía un cambio importante en la vida del combatiente: una futura situación política catastrófica, la ruina en el caso de caer prisionero y tener que pagar un rescate y, en el peor de los casos, la muerte, que suponía entre un 30 y un 50% del total de efectivos; por esa razón se medían cuidadosamente los riesgos antes de un enfrentamiento.


Tras la conquista del Castro, las tropas invasoras, aunque no es probable que tuvieran intención de conquistar León, se vuelven contra la ciudad y le ponen cerco. En la traducción al romance de los capítulos 52-75 del Liber Miraculis Sancti Isidori, de Lucas de Tuy, referencia tomada de la obra de D. Antonio Viñayo, Santo Martino de León, concretamente en el capítulo XX se narra: “Don Alfonso, rey de Castilla, vino a conquistar León con ayuda de Don Pedro, rey de Aragón. Y trajo muy grandes ejércitos de gentes de armas de Castilla y Aragón. Y puso luego cerco sobre el Castro de los Judíos, que está una milla de la dicha ciudad de León. Y tomólo por fuerza. Y después de tomado el Castro comenzó su ejército a combatir la ciudad fuertemente …”.

Alfonso IX, conocedor de la situación, realiza el movimiento táctico necesario para que acudan emisarios al campamento sitiador comunicando a los monarcas aliados que Castilla peligra: “ … havrá presto mensajeros y nuevas que el rey de León le toma por la fuerza su reino de Castilla, y alzará el cerco que tiene puesto sobre esta ciudad, y irse ha a resistir al rey de León: más ninguna batalla ni rompimiento havrá entre ellos”.

El ejército castellano-aragonés, tan decidido en su asedio, levanta el cerco precipitadamente ante un posible peligro en retaguardia y parte hacia Castilla, pero no se dirige a interceptar a Alfonso IX, ni éste tampoco intentará una batalla frontal.

Las hostilidades entre los dos monarcas continuaron. Alfonso IX llegó a visitar Sevilla en el invierno de 1197 para solicitar ayuda del califa, sin obtener resu
ltados. Al año siguiente, es Alfonso VIII quién invade tierras leonesas llegando nuevamente cerca de León. Se detiene en Ardón y a continuación emprende una campaña hacia el sur, por Zamora y Salamanca. A pesar de ello, y tras nuevas conversaciones, se celebra en ese mismo año, en la Iglesia de Santa María la Mayor de Valladolid, el enlace de Alfonso IX con la primogénita de Alfonso VIII, Berenguela, lo que supone un paréntesis en el conflicto fronterizo hasta la disolución del matrimonio en 1204.

Una enfermedad de Alfonso VIII, que le pone al borde de la muerte, motiva un reconocimiento mediante testamento de la soberanía leonesa sobre plazas como, Valderas, Melgar, Almanza, Castrotierra, etc. Sin embargo, con la salud recobrada, los propósitos y promesas del monarca castellano se desvanecen y campañas hostiles y treguas se suceden, dando lugar a que el rey leonés no se encontrase presente en la jornada importantísima de las Navas de Tolosa, contra el cuarto califa almohade Muhammad al-Nasir, aunque algún noble leonés si llegó a participar.

El 5 de octubre de 1214 muere Alfonso VIII. Las hostilidades fronterizas del rey de León con su propio hijo, Fernando III, continuaron hasta la paz de Toro en agosto de 1218.




- Revista de febrero de la Aventura de la HISTORIA.
- Miniatura. Enfrentamiento musulmanes-cristianos.
- Mosaicos de la conquista de Badajoz y Cáceres por Alfonso IX. Plaza Mayor de Sevilla.
- Maravedí de oro de Alfonso IX.
- Logo: León, Cuna del Parlamentarismo.
- El Castro de los Judíos, sobre el cerro de la Mota. Creación de Javier Fernández.
- Castillo de Valencia de Don Juan.
- Monasterio de San Zoilo. Alfonso VIII arma caballero a Alfonso IX.
- Santa Teresa de Portugal, con sus hermanas Sancha y Mafalda. Monasterio de Lorvao.
- Alfonso IX. Tumbo Catedral de Santiago.
- Alfonso VIII y Leonor.
- Miniatura. Prisioneros.
- Miniatura. Asalto a fortaleza.
- Berenguela. Última reina de León. Ayuntamiento de León.
- Tumba de Alfonso IX. Santiago


domingo, 17 de enero de 2016

LEÓN, ciudad de moda.



Dicen que uno de los programas de televisión más visto en España hasta la fecha, fue la entrevista del pasado mes de diciembre que realizó Bertín Osborne al presidente del gobierno Mariano Rajoy.

En el programa y por distintos motivos, la única ciudad española que se mencionó varias veces fue León. En primer lugar porque León fue, en un momento de la vida familiar del presidente, su lugar de residencia y estudios. También surgió la coincidencia con la residencia del expresidente Zapatero, pero, sobre todo, porque se “publicitó” de forma explícita la llegada del AVE a la ciudad.


Rajoy, en un momento de la entrevista, comentó que había estado recientemente en León para inaugurar el AVE. ¿Pero hay AVE a León?, preguntó un sorprendido Bertín, que reconoció su interés por este nuevo de trasporte al reconocer que viajaba por esta zona a menudo. Desde entonces media España conoce la existencia y la posibilidad de viajar cómodamente y en muy poco tiempo a León.

¿Por y para qué habría que visitar León y su provincia? Carlos Herrera el pasado 20 de septiembre de 2015 en el XLSemanal, publicó el siguiente artículo sobre la llegada del AVE a la ciudad, ofreciendo además pautas para descubrir todo lo que encierra la capital y su provincia:


    De paseo por León y alrededores

La cueva del Valporquero, en la provincia de León, no es excesivamente antigua: cuenta con una edad de cuatro millones de años.

Pero ese inconveniente lo solventa siendo extraordinariamente hermosa. Es una de esas sorpresas medio ocultas que tiene esa prodigiosa y desconcertante provincia leonesa permanentemente por descubrir.

Las estalactitas y estalagmitas desarrolladas a lo largo de los siglos forman salas de una belleza lenta que resulta inusitada, y la organización de visitas y acceso es perfecta. Se llega a través del tránsito por hoces ciclópeas y pueblos recoletos, piedra gris y teja roja, donde se come y se bebe, por cierto, de forma contundente. Las hoces son las de Vegacervera, altas, desafiantes, nacidas de la eterna pelea del agua y la roca, y por la ladera de Valporquero de Torio, cordillera cantábrica leonesa, se desperdiga algún hayedo que aconsejo visitar en paseo sereno, como en general toda la zona de bosques, ríos y desfiladeros que regala el paisaje.

Digo que León es una prodigiosa provincia y no quiero simular exageración. La Maragatería es excelsa, y el Camino de Santiago brinda algunos momentos de éxtasis. Salir de Astorga y llegar a Castrillo de Polvazares, paisaje yemení, donde degustar un cocido maragato en Juan Andrés o en Cuca La Vaina, es un regalo para dos o tres sentidos al menos. Vista, olfato, gusto. Salir de Castrillo y llegarse a Rabanal, y después a Foncebadón, y transitar hasta Molinaseca, todo ello es asegurarse los montes de León a tus pies. Paisaje indomable, soberbio, coronado por las viandas que Casa Ramón desperdiga de manera elegante y mimosa, tal como ya he escrito en alguna ocasión, en la aldea que corona una de las etapas más apasionantes y laboriosas del Camino.

Viajamos unos amigos desde León a Matallana en los remozados trenes de FEVE (esos que unen León con Bilbao a paso lento) con la intención de desayunar rústicamente en La Cocinona, en Vegacervera, donde la cecina de chivo. No esperen manteles de hilo. Embutidos leoneses y diversa variedad de contundencia. Visita a las cuevas después y comida en La Rinconada, en Coladilla, donde el consabido cocido de chivo nos brindó la oportunidad de comer algo diferente, intenso, distinto, exquisito. Y luego... León.

El AVE va a unir la capital de España y la de los reinos antiguos en poco más de hora y media. Valdrá la pena entonces echar un día de paseo por una ciudad tan desconocida como apasionante. Si la provincia leonesa es un cúmulo de sorpresas, la capital es un depósito de tesoros por descubrir. 

Uno de ellos es, evidentemente, el santo grial. El cáliz de Doña Urraca se guarda en la colegiata de San Isidoro y son muchos los expertos que aseguran que contendría piezas de ónice de la copa de la última cena venerada por la Iglesia de Jerusalén. Al parecer, esa Copa habría llegado a manos de Fernando I de León como presente de los musulmanes españoles, el cual habría sido heredado por su hija Urraca de Zamora. Evidentemente hay controversia científica, pero los indicios son lo suficientemente sólidos como para que se establezca una duda razonable.


Independientemente de ello, San Isidoro, cumbre del románico, goza de un panteón de reyes que asombra desde el primer segundo. Los franceses lo convirtieron en cuadra para sus caballos, expoliando lo que pudieron, y Mendizábal hizo el resto; pero finalmente fue restaurado en diversas actuaciones y hoy es una soberbia lección de historia. De San Isidoro a la catedral media un paseo breve, pero hermoso y de ahí al Barrio Húmedo otro tanto, salpicado de acudideros literalmente regios. No es la primera vez que hablo de Camarote Madrid, uno de los cinco mejores bares de España, donde Javi ofrece por igual cordialidad y viandas. Y de tantos otros a los que debo pleitesía y a los que dedicaré atención especial, como La Bodega Regia, Casa Condeso, La Cava de Santa Clara o El Racimo de Oro, sublimes todos.

Entre el chivo, el grial, la cueva, los vinos de El Bierzo, y la madre que los parió, tienen a su alcance un fin de semana portentoso. Yo no me lo perdería.

Pero no solo Carlos Herrera ha hablado recientemente de León. Aunque viene comentado sobre la ciudad y provincia en carta abierta radiofónica desde hace años, el periodista Fernando Ónega dirigió nuevamente en las ondas una nueva carta, en unos de los programas de La Brújula de Onda Cero del pasado mes de noviembre:

Buenas noches León. Llevo 9 años, desde 2007, escribiendo una carta cada octubre, y siento la emoción del primer día. Eres mi ciudad novia, mi provincia novia. Beso mi carta al echarla al buzón de la radio, y me siento correspondido.

Llamé a preguntar cómo estabas, León, y me dijeron que había llegado el frío, y que el otoño está alfombrando la ribera del Bernesga, los verdes de San Francisco, La Granja, Papalaguinda y el Paseo de la Condesa. Huele a otoño en la ciudad de León. Es otoño en el Páramo, y en la Maragatería, y en la Tierra de Campos, y en El Bierzo y en las Vegas.

Y ahora, León, ya no eres el mismo. Ya tienes el AVE, el viejo sueño cumplido. Y el AVE te está haciendo ciudad turística con los hoteles al completo. Y necesito decirle al mundo que te estás convirtiendo en capital de la biofarmacia, y que se ha fijado en ti Microsoft. Turismo y alta tecnología: es como un renacer de León.

León está de moda, repite con orgullo tu alcalde Antonio Silván, y yo cuánto lo celebro. Pero te seguiré viendo, León, como te he visto siempre: la apasionante tierra, las entrañables gentes de acogida. Seguiré haciendo lo que me pide el cuerpo cada día, y varias veces al día: aparecer en la Plaza del Grano, embriagarme de caldos y de tapas en el Barrio Romántico y en el Barrio Húmedo. Entrar en San Isidoro, la Capilla Sixtina del Románico, sentir la grandeza de tu historia en el Panteón de los Reyes, que 23 reyes has tenido, León, y no reclamas la independencia.

Y allí te diré que me dejen ver el Santo Grial. Sí, habéis oído bien, forasteros, el Santo Grial está en León, en la Basílica de San Isidoro, y nunca lo quise decir por no profanar la magia del secreto.

Y quiero dejarme embrujar por las vidrieras de la Pulchra Leonina, que Juan XXIII llamó Catedral Maravillosa, y quiero pasar horas mirando una a una las figuras de su coro. Y necesito volver a asombrarme en la Azabachería, y en San Marcos, y en los palacios de los Ponces y los Guzmanes, y el Conde Luna, y Casa Botines, y la memoria de Gaudí.

Y me hace falta tu gastronomía. Tus vinos del Bierzo, tus mantecadas, tus botillos, tus quesos, tus cecinas, tus imperiales y tus nicanores. Y me urge entrar en tu provincia, la provincia de Las Médulas, y Riaño, y Castrillo de los Polvazares. Y seguir el Camino de Santiago y parar en cada pueblo, y adentrarme en mi Lugo por Los Ancares, buscando los senderos de Froilán.

Será cualquier tarde. Quizá mañana mismo. Con esa ansiedad, desde esa nostalgia, desde el afecto, desde la gratitud: buenas noches ciudad mágica, buenas noches León.


Circula, desde hace años, una anécdota que se atribuye al obispo Almarcha (aquel que “ayudó” al poeta Miguel Hernández), en la que aseguraba que León tenía un clima propio para “bueyes y algún que otro canónigo” . Pero León ya no recibe grandes nevadas, ni los aleros presentan durante varios días afilados carámbanos como antes. Sigue haciendo frío, pero los inviernos se han suavizado. También se han superado aquellas manifestaciones que dejó por escrito el escritor romántico inglés Richard Ford en la primera mitad del XIX, en la que aseguraba en su obra “Viajes por España”, que León era una de las ciudades más decadente, triste y aburrida de España.

El impulso de sus gentes ha permitido sobreponerse a la incapacidad permanente de sus políticos a través de los años, para sacar la ciudad del  olvido y del anonimato, y situarla por primera ven en los circuitos y rutas turísticas nacionales e internacionales.

Por fin se puede dejar atrás aquel conocido eslogan de los años 60-70: “León, la bella desconocida”.  Hoy podemos comprobar en la revista multimedia de viajes y cultura, “http://www.viajesdeprimera.com/category/espana/castilla-y-leon-espana”, como León y su provincia sobresalen dentro de los circuitos más interesantes de Castilla y León, siendo referencia ineresante la última entrada del pasado 14 de enero: “Los secretos de la Colegiata de San Isidoro”.


León sale lentamente del olvido, pero quien iba a suponer que la conocida página de viajes internacionales, de consulta obligada en todo el mundo, SKISCANNER, iba a incluir a León entre las “16 ciudades que deberías visitar en 2016” (http://www.skyscanner.es/noticias/inspiracion/las-16-ciudades-que-visitar-en-2016/) compitiendo con ciudades como Rio de Janeiro, La Habana, Marrakech, Abu Dabi, etc. León se descubre al mundo, León, está de moda.