sábado, 1 de mayo de 2010

El Crismón en el Reino de León (I)


En una entrada reciente, se hacía referencia a las primeras monedas medievales con ceca en la ciudad de León emitidas por Alfonso VI, con el fin de hacer frente a la escasez de numerario en el Reino originada por la invasión almorávide de la Península, que supuso la interrupción del envío de moneda hispano-árabe que realizaban los diversos Reinos de Taifas como tributo al Rey leonés. 
Estas monedas, en cuyo anverso figura una cruz y la leyenda ANFVS REX, presentan en el reverso dos modelos: uno con roeles y estrellas, y otro con un Crismón. La leyenda que bordea a este último diferencia las dos cecas principales en aquel momento: Toledo, conquistado por el rey leonés en 1085, con la leyenda TOLETVM, y la de la capital del Reino, León, mediante la leyenda LEO CIVITAS.
Pero mientras en la totalidad de las emitidas en Toledo, el Crismón representado lleva el alfa a la izquierda y omega a la derecha, algunas de las monedas acuñadas en León, presentan la curiosa inversión de las dos letras griegas omnipresentes en el monograma: OMEGA a la izquierda y la letra ALFA a la derecha.
El Crismón o anagrama de Cristo, durante los primeros tiempos del cristianismo, puede considerarse como una criptografía mística o clave secreta, que escondía, bajo un conjunto de letras, una comunicación oculta que encubría creencias y evitaba sospechas. Sin embargo, este emblema es mucho más antiguo y complejo de lo que se pudiera suponer.
El anagrama, también designado cruz de seis “direcciones” o seis radios, ya estaba representado entre los sumerios, fenicios, hebreos, griegos y romanos. Pero igualmente forma parte de otros símbolos herméticos: la flor de lis, el águila heráldica, la estrella de David y hasta lo hallamos en la Cábala hebrea, ya que dentro del árbol sefirótico, la esfera central del Árbol de la Vida es la número seis, siendo el Sol su símbolo supremo como dador de Vida y Fuerza Vital y asimilándose a todos los Dioses Redentores y al “Corazón del Cosmos”.
El monograma simple está formado en sus inicios por la superposición de las iniciales griegas de Jesús Cristo: Iêsous (I), Xpestos (X). Su difusión se generaliza con la “conversión” de Constantino, que comenzó a utilizar el Crismón en los lábaros u estandartes imperiales, sustituyendo la I por la P, segunda letra de XPestos (Cristo), por lo qu
e el ideograma se forma ahora con las dos primeras letras de la palabra Cristo en griego, pasando a denominarse Crismón cristológico.
Hay que tener en cuenta, que existe otra lectura sobre la inclusión de la letra P. No falta quien asegura que imita la cruz egipcia de la Vida Eterna, conocida universalmente como cruz ansada, y que en el Crismón, esa abertura, ese ojal, representa la “puerta estrecha” que se menciona generosamente en los Evangelios: “Yo soy la puerta …”.
Continuando con la aparición o los orígenes del lábaro imperial, el teólogo Lucio Cecilio Lactancio cuenta que Constantino vio a Cristo en un sueño antes de la batalla del Puente Milvio a finales del 312, y que fue Él quien le reveló que, para conseguir la victoria sobre su rival Magencio, reflejara en sus enseñas militares las letras sobrepuestas: “XP” (XPestos=Cristo). Eusebio de Cesaréa, sin embargo, relata que fue antes de la batalla cuando Constantino tuvo una visión. Observó el signo del Crismón en el cielo, sobre el Sol, junto con el lema “In Hoc Singo vinces” (“Con este signo vencerás”, el abreviado y conocido IHS; también referido a él como “Iesus Hominum Salvator”, “Jesús Salvador de los Hombres”).

Fuera como fuese, el ideograma se extiende con profusión desde aquel momento y algunas de las monedas de plata acuñadas posteriormente en Tréveris por el Emperador, presentan ya el monograma cristiano reflejado en el vexillum o estandarte del ejército, aunque el “Sol invictus” y otros signos paganos no desparecerán hasta después del Concilio de Nicea en el 325.
El mismo símbolo lo encontramos también en las monedas a partir de mediados del siglo IV, durante el reinado de Constancio II, en las que ya figura junto a la leyenda: “Con este signo venceremos - Hoc signo victoremis”. Pero es el emperador Flavio Magno Magnencio quien utiliza todo el reverso de la moneda para situar el Crismón, ya con los símbolos alfa y omega a izquierda y derecha.
Y es que el ideograma se completará con dos símbolos apocalípticos, la primera letra del alfabeto griego ALFA a la izquierda, y a la derecha la última, OMEGA: “Yo soy el Alfa y Omega, el principio y el fin, el Señor que es y que era, y que será por siempre, el Omnipotente” (Apocalipsis 1, 8). También: “Yo soy Alfa y Omega, el primero y el último”, “Yo soy el Alfa y Omega, el primero y el último, el principio y el fin” (Apocalipsis 1, 11 y 22, 13, respectivamente).
El monograma cristiano viajará con el discurso y la prédica apostólica por toda la geografía occidental acompañando a la evangelización, pero ya no con la simbología oculta de sus inicios, sino como mención directa a Cristo y a las creencias cristianas. Es por ello por lo que, después de la caída del Imperio, lo encontraremos en Bizancio y en la Europa carolingia, pero también durante el periodo de dominación visigoda y en los primeros años de la Reconquista. Más tarde se reflejará con profusión en los documentos cristianos de la época y será protagonista en los edificios románicos del sur de Francia, pero sobre todo, en el norte de España, sobre el Camino de Santiago, siguiendo el "camino de las estrellas", en donde creemos que toma un nuevo "significado", como veremos.

- Justiniano y su séquito. Mosaico de San Vital de Rávena, s. VI.
- Alfonso VI. Litografía del XIX.
- Dinero de Alfonso VI. Ceca: Ciudad de León.
- Crismón. Catacumbas de Priscila. Roma, s. III.
- Sarcófago con Crismón. Roma, s. IV.
- Conversión de Constantino. Pedro Pablo Rubens.
- La visión de la cruz. Rafael Sancio. Museos Vaticanos.
- Moneda de Constantino. Ceca Tréveris 312-313.
- Moneda de Constancio II.
- Imagen de Jesús, Alfa y Omega, Principio y Fin (primero con barba). Mural catacumba de Commodilla.
- Moneda con Crismón del emperador Magnencio.




jueves, 22 de abril de 2010

23 de abril: una festividad impuesta y ajena



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El día 23 de abril se celebra la fiesta de la Comunidad de Castilla y León, posiblemente la única Comunidad española políticamente impuesta y ajena por completo a un sentimiento general de identidad.

Leoneses y castellanos (meseteños), son dos grupos sociales completamente distintos y dispares cuyo futuro es la desconfianza y el enfrentamiento, en parte provocado por la fuerte e implacable imposición del uno sobre el otro, y por la patente y continua anulación y “agresión” política, económica, cultural e histórica, que vienen ejerciendo y practicando con asiduidad y persistencia los meseteños sobre los leoneses.

Como no podía ser de otra manera, la población y sociedad que lidera sobre las restantes ciudades castellanas y el territorio leonés gracias a las presiones e intereses políticos que imperaron durante la transición, impuso e impone la fiesta que cree representativa de unas ancestrales y discutibles aspiraciones y reivindicaciones que, según ellos, encarnan su peculiaridad e idiosincrasia histórica: la derrota de Villalar ocurrida el 23 de abril de 1521, episodio que puede considerarse como el fin de la “Guerra de las Comunidades”.

No se pretende hacer un desarrollo de esta “revolución” que todavía aún sigue rodeada de grandes controversias. La "revuelta comunera" tiene sus orígenes en la terrible situación económica española de los años 1504-1506, durante la regencia de Fernando de Aragón, donde las malas cosechas, el hambre y la mortandad, originaron un caos económico y social que el Reino trató de paliar con un aumento extremo de la presión fiscal que acabará agravando aún más la situación.

En 1520, ya bajo el reinado de Carlos I, la precariedad se mantiene aún en todos los sectores, y los pueblos castellanos se sienten desamparados con la marcha de Carlos a Europa y la continua petición de recursos para sufragar los gastos que ocasionan los conflictos en el continente. Pero además, el pueblo tiene la impresión de que el Rey está sacrificando el bien común de Castilla, que es como decir en aquellos momentos los intereses legítimos y propios del Reino, a sus intereses privados y dinásticos.

En en centro-sur de Castilla se va madurando un ambiente de malestar y descontento que solo toma un cariz político en la franja central, entre Toledo y Valladolid, la zona más industrial que se encuentra aislada respecto al norte, este y sur, que encuentran una mejor salida para sus productos a través de la costa.

Estos problemas de penuria inicial y de sentimiento de despojo y ruina del territorio con el fin de solucionar problemas ajenos, tratan de trasformar el binomio imperante hasta el momento de rey-reino, e imponer la supremacía del poder del reino sobre las decisiones reales.

En la provincia de León, el Bierzo se mantuvo completamente al margen del conflicto y en el resto de la provincia la participación fue muy escasa. En la propia ciudad leonesa se producen tensiones entre los dos bandos, que protagonizan el conde de Toral por el partido comunero, y el conde de Luna por el bando realista. Pero los enfrentamientos en la ciudad son se poca entidad porque, principalmente, falla el apoyo popular, al contrario de lo que ocurre en ciudades como Segovia, Valladolid, Madrid, Albacete, Ávila, Cuenca, Guadalajara o Toledo.

A pesar de la participación leonesa en el enfrentamiento a favor de los comuneros, resulta importantísima la intervención de combatientes leoneses en favor de Carlos I, entre los que destacan las tropas del marqués de Astorga, las del conde de Benavente y el contingente del conde de Luna, que envía al encuentro de Villalar 1000 infantes y más de 800 lanzas, que consiguen un protagonismo importante en la victoria real sobre la revuelta castellano-comunera.

Comuneros en el patíbulo - 1521

En todo caso, la celebracion en León del 23 de abril no debe corresponder a la derrota de la denominada “revolución de las comunidades”, los leoneses debemos celebrar y festejar, no aquella derrota, sino la victoria conseguida sobre las imposciones castellanas, sobre las mal llamadas “libertades castellanas”, invocando e impulsando así una nueva lucha, una nueva victoria que nos permita liberarnos de las "cadenas" actuales con las que los meseteños nos tienen cautivos.


- Derrota comunera en Villalar. Manuel Pícolo y López.
- Carlos I de España. Bernaert van Orley.
- María Pacheco después de Villalar. Vicente Baños.
- Vencido y prisionero. Luciano Sánchez.
- Los caudillos comuneros en el patíbulo. Antonio Gisbert.


domingo, 11 de abril de 2010

Desinformación de “primera línea”


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La Rosa de los Vientos, el programa mítico de Onda Cero, estuvo ayer en León realizando un programa especial sobre el 1100 aniversario del Reino de León. Tras la muerte en 2007 de su creador, Juan Antonio Cebrián, se hizo cargo del programa de radio el periodista-ufólogo Bruno Cardeñosa.

Aún no conozco el desarrollo del programa al no estar disponibles las grabaciones del mismo, pero la trayectoria de Bruno Cardeñosa hace sospechar de su calidad informativa. Como muestra reciente, señalar que Bruno Cardeñosa, como director también que es de la discutible y polémica revista de tirada nacional “Historia de la Iberia Vieja”, publicación que recibe fuertes críticas por su contenido, ha autorizado y permitido la difusión de, bajo el sugestivo título de “LEÓN, capital del primer imperio”, un artículo en el número correspondiente al actual mesde abril.

El autor del texto, Javier Brandoli, que parece ser periodista y fotógrafo, hace un escueto pero “escalofriante” recorrido por la historia leonesa, desde la conquista romana hasta la definitiva, como él menciona, “unión dinástica” de Castilla y León.

Por supuesto, ameniza el “artículo” con una serie de fotografías prestadas de las páginas webs leonesas, en las que demuestra su total desconocimiento de la ciudad: El “Barrio Húmedo” lo confunde con el final de la calle Mariano D. Berrueta, y la Plaza Mayor es, según menciona, la Plaza del Ayuntamiento.

De entrada, el texto no puede comenzar mejor. El señor Brandoli califica a León como “ciudad castellana”, en un alarde de frases incomprensibles:

“Es imposible entender la historia de España sin comprender la importancia que tuvieron sus diferentes reinos. Allí, entre las tumbas de aquellos reyes se escuchan y entienden historias de una España en guerra contra el invasor musulmán y en ocasiones contra sí misma.

Hemos dado ya dos razones lo suficientemente poderosas como para acudir a la cita con la ciudad castellana.”

Pero eso no es todo. Como sabemos, el campamento romano, primero con el establecimiento de la Legio VI Victrix y después con el de la Legio VII Gemina, llega a tener cuatro recintos amurallados. Los dos primeros realizados con materiales perecederos y los dos siguientes, el tercero construido entre los siglos I y II, y el cuarto y último en época Bajoimperial, posiblemente a finales del s. III o quizá a comienzos del IV.

El autor del artículo señala que fue amurallada solamente en dos ocasiones, y que aún se pueden apreciar algunos restos:

“Fue amurallada en dos ocasiones y, al menos de la segunda muralla, quedan aún restos visibles.”

El desconocimiento es total. La segunda muralla a la que hace referencia (en realidad la cuarta), está considerada como el tercer recinto amurallado más importante de España, declarado Monumento Histórico Artístico en 1931 y protegida por distinta legislación posterior. Se conservan más de 30 cubos o torres de los 70 que contaba, repartidos en distintos puntos de la ciudad, que conforman un conjunto defensivo espectacular: estos son los “restos visibles” a los que hace reseña la desafortunada crónica.

También señala que, tras la “reconquista” de la ciudad por el rey asturiano Ordoño I, la ciudad es amurallada. Nada más lejos de la realidad. La muralla existente en la época de Ordoño I, siglo IX, y la que hoy todavía podemos disfrutar, sigue siendo la misma construida por la Legio VII entre los siglos III y IV.

La única modificación, salvo las remodelaciones y reparaciones ocasionales, es la construcción muy posterior a la fecha que menciona de una pequeña cerca medieval que se levanta para defender el caserío de la zona sur, que se encontraba a extramuros del recinto campamental romano, y que se levantó entre el siglo XIII y XIV, si bien existen antecedentes en el siglo XII de la existencia en la misma zona de un muro de tapial o tierra.

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Inexplicablemente, el autor del artículo destaca “la construcción de la denominada Puerta Moneda”, que simplemente es una puerta más de la cerca medieval que, junto con otras, formaban parte del acceso a la ciudad desde el sureste: Puerta del Peso, del Sol, Cal de Moros, Gallega, etc.

Pero no dejan de sucederse a lo largo del texto verdaderas “atrocidades” históricas. Hace mención al rey Alfonso VI como mentor del Fuero de León, cuya fecha se fija en 1017, cuando Alfonso VI nace en 1040 y es rey de León desde 1065.

De una banalidad ingenua y a la vez lamentable, trata el tema de León como sede imperial de la siguiente manera:

“Tanto poder acumulado por los leoneses hace que el Papa Gregorio VII proclame emperador al rey Alfonso VI. Título que conservará su hijo Alfonso VII, …”

El papa Gregorio VII no proclamó emperador a Alfonso VI, sino que el rey leonés, en relación con una carta del Papa de 1077 que pretendía y reclamaba el Reino leonés para el Papado, defendió el trono intitulándose emperador; por otra parte, el título imperial ya estuvo presente en documentos que hacían referencia a su padre Fernando I. Lo que está claro, es que es que fue Alfonso VII quien en 1135 institucionalizará y dignificará la sede imperial leonesa, con una ceremonia en la ciudad de León de claro corte germánico.

En resumen, una serie de despropósitos que pone en entredicho la credibilidad de la revista, la validez y el trabajo de su director y la facultad para opinar y divulgar del autor del artículo.


- Página Oficial del "1100 aniversario del Reino de León".
- Plaza San Martín. Centro "Barrio Húmedo".
- Torres-cubos de la Muralla Bajoimperial. León.
- Jura Santa Gadea de Alfonso VI. Marcos Giráldez de Acosta. Palacio del Senado.
- Miniatura del emperador alemán Enrique IV a los pies de san Gregorio VII.


domingo, 28 de marzo de 2010

Morir de amor en Viernes Santo


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Rafael Sancio fallecía en Roma el mismo día en el que cumplía 37 años: el Viernes Santo de 1520. Giorgio Vasari, célebre biógrafo de artistas italianos, cuenta que Rafael nació en Urbino el Viernes Santo del año 1483, a las 3 de la madrugada. Su énfasis sobre el día y la hora son claves porque sobre ellos el biógrafo comenzó a construir la vida del pintor renacentista como una milagrosa imitación de Cristo, con el fin de sostener la grandiosidad y divinidad terrenal del pintor. De hecho, su corta vida estuvo rodeada de un halo de misterio.

Entre los sucesos extraordinarios que le rodean, es conocido el que tiene como protagonista una de sus obras, actualmente en el Museo del Prado, Lo Spasimo di Sicilia (La subida al Calvario). Este cuadro fue lo único que se salvó de un naufragio ocurrido entre Génova y Palermo, en el que fallecieron todos los ocupantes del barco y se perdieron todos los enseres. También se cuenta, como hecho sorprendente, que el mismo día de su muerte, el 6 de abril de 1520, surgieron unas grietas en las Loggia vaticana que el artista estaba decorando, y que sus coetáneos tomaron por un signo milagroso, como si el Arte se resintiera de su prematura desaparición.

La Spasimo  di Sicilia

Según Vasari, a finales de marzo de 1520 Rafael contrajo unas fiebres originadas, según el biógrafo, por los excesos pasionales y amorosos del pintor: “Enamorado de los placeres y abusando de la práctica, en una de estas contrajo unas fiebres que los médicos creían que era una insolación por imprudencia suya, no confesando el exceso que se lo provocó. Le sangraron cuando más falta le hacía para recuperarse de la debilidad en que se zambulló. Por lo que hizo testamento como honrado y cristiano disponiendo medios para vivir a su amada la envió fuera”. Y así fue, el 4 de abril, Rafael despidió a su amante, hizo testamento solicitando ser enterrado en Santa María de la Rotonda y, dos días más tarde, el Viernes Santo de 1520, entre las nueve y las diez de la noche, expiró.

Es verdad que otro de sus cronistas Francesco Longhena, atribuye su muerte a una dolencia “más corriente”:”Rafael era de naturaleza muy delicada … Hallándose muy debilitado, un día, encontrándose él en la Farnesina, recibió orden de acudir a la corte inmediatamente. Echó a correr para no incurrir en retraso; y mientras hablaba allí, largamente, acerca de la construcción de San Pedro, se le secó el sudor encima. Súbitamente, se sintió enfermo. Marchó a su casa; y se vio acometido por una fiebre perniciosa …”.

Panorama 2 Su naturaleza enfermiza y la gran cantidad de trabajo debió influir en la salud de Rafael. El deterioro físico es evidente si contemplamos su “Autorretrato” de 1506, a los 23 años, con el conocido “Autorretrato con el maestro de esgrima”, pintado en 1518, a los 35 años, en el que el artista aparece con barba y largo cabello con raya al medio, rasgos que se aproximan a la iconografía de Cristo, y con una expresión de fatiga y dulce melancolía.

A pesar de su pésima salud, Vasari califica a Rafael de enamoradizo y gran aficionado a las mujeres, entregándose sin media al amor y, a veces, más pendiente de sus amantes que de su profesión. Aunque murió soltero, estuvo prometido a una dama importante María Bibbiena, sobrina del influyente cardenal Bernardo de Bibbiena, a la que continuamente daba largas sobre matrimonio, porque de quien realmente estaba enamorado era de su amante, Margarita Luti, apodada la Fornarina por ser hija de un panadero del Trastevere.

Con Margarita compartía su pasión vehemente, pintándola en numerosas ocasiones. Sobresale la “Donna velata”, pintado en 1516, en el que Rafael sintetiza su ideal de belleza en el retrato de su amante: perfección, virtudes, gestos, costumbres, etc.

Pero la obra que llama poderosamente la atención, es la que pinta un año antes de su muerte. Es el único desnudo no mitológico que realiza, “La Fornarina”, donde el pintor descubre su amor y pasión por aquella mujer, rubricándolo de una manera poco habitual: escribiendo su propio nombre en el brazalete que luce Margarita en el brazo izquierdo.

La declaración de Rafael sobre su pasión no ignora ni las plantas del fondo de la obra, entre las que se distinguen un membrillo y un mirto. Éste, asociado a Venus, era la planta del amor y el deseo; el membrillo, símbolo del amor carnal y la fecundidad.

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La gran historia de amor y pasión entre Margarita Luti y Rafael Sancio está repleta de leyendas y misterio. Desde considerarse como causa de la muerte del pintor los excesos pasionales con su amada, hasta la desaparición del anillo nupcial que lucía la Fornarina en el dedo anular de su mano izquierda, y que, incomprensiblemente, alguien borró.


- Donna Velata. Rafael Sancio.
- La Spasimo di Sicilia. Rafael Sancio.
- Autorretrato. Rafael Sancio.
- Autorretrato con el maestro de esgrima. Rafael Sancio.
- Rafael y la Fornarina. Ingres.
- Rafael pinta a la Fornarina. Felice Eschiavoni.
- Detalle de La Fornarina. Rafael Sancio.
- La Fornarina. Rafael Sancio.




lunes, 15 de marzo de 2010

Monedas con ceca en León

No son muy abundantes las monedas con ceca en León. Se realizan acuñaciones en la ciudad durante el periodo de tiempo comprendido entre los reinados de Alfonso VI de León (1072‑1109) y Enrique IV, rey de Castilla y de León (1454‑1474), si bien nos centraremos en las emisiones de moneda realizadas en la ciudad durante la existencia del Reino leonés del 910 al 1230, además de enumerar algunas emisiones anteriores a la invasión musulmana que, aunque escasas, merecen señalarse.

En la España Medieval era el monarca el que tenía el privilegio y la facultad de acuñar moneda. Para ello, poseía su propia ceca formada por pequeños talleres de herreros y artesanos grabadores, fijos o itinerantes. Era frecuente también, siempre con la supervisión del monarca, el encargo de emisión a artesanos particulares pero controlando exhaustivamente el peso y aleación de los metales. Con el paso del tiempo, los reyes concedieron ocasionalmente derechos de acuñación a obispos, abades, condes y señores feudales, lo que dio lugar a una gran confusión dentro del campo monetario, desconcierto que se acrecentó con las adulteraciones y falsificaciones constantes. 

El lugar físico del emplazamiento de una ceca (de la voz árabe sikka, que significa troquel), solía situarse en las ciudades más importantes del Reino, aunque en un principio, como hemos dicho, no tenía ninguna importancia su ubicación concreta al poder realizarse de forma ambulante por la sencillez que suponía la acuñación de forma manual: utilizando dos troqueles con los grabados que iban a figurar en la moneda, se situaba el disco metálico o cospel entre los dos troqueles y se golpeaba fuertemente para producir la impresión, produciéndose pieza a pieza. Trascurrido el tiempo, se utilizarán máquinas movidas por ingenios hidráulicos, con lo que el lugar de las cecas se traslada a las proximidades del cauce de los ríos.


En cuanto a la ceca de León, Amando Represa Rodríguez en su obra "Los viejos gremios de León", describe al gremio de monederos en la ciudad leonesa: "Gremio interesante y antiquísimo, pues consta la existencia de ceca en León desde los días de Alfonso VI. Su asentamiento en el Burgo de los francos y en uno de los accesos al mismo, bautizó la calle con el nombre de Moneda, así como la puerta próxima."

En los alrededores de Puerta Moneda, entrada a la capital del Reino por el este, ejercían su lucrativo oficio los cambistas que trocaban las monedas de oro y plata por las fracciones de vellón (aleación de plata y cobre). El lugar de asentamiento elegido no era casual. La ciudad medieval de León se expande hacia el sur y el este, hacia las vegas, y es por allí por donde entran principalmente las mercaderías, las cosechas, los comerciantes y los peregrinos que, desde Europa y los reinos cristianos peninsulares, acuden a Santiago de Compostela. Toda esta importante entrada de labradores, comerciantes y peregrinos, necesitaría fraccionar moneda con el fin de gestionar su estancia o sus negocios en la ciudad que, en aquel momento, era la más importante del norte peninsular.

Así todo, durante los siglos X y XI el uso de moneda no era habitual. Hasta ese momento, se usa moneda musulmana (dirhemes de oro y plata), alguna pieza franca e, incluso, moneda de cobre del Bajo Imperio. Es frecuente también como sistema de pago, el trueque, el pago en especie y el denominado "pagos en plata al peso", pesando con balanza cualquier pieza de plata en el caso de no disponer de moneda.

Una muestra excelente de esta actividad, se encuentra en un fragmento de la conocida obra del medievalista Claudio Sánchez Albornoz, “Una ciudad en la España cristiana hace mil años”. En uno de los episodios, se narra la compra de varias piezas de marroquinería para una cabalgadura en el mercado de la ciudad de León en los inicios del año 1.000: “El talabartero, a presencia de todos, prepara una pequeña balanza que le presta uno de los zabazoques o inspectores del mercado, allí presente, y se dispone a pesar los denarios romanos, los sueldos galicanos, los dirhermes moriscos y los demás pedazos de plata que entrega por la silla, el petral, la cincha y unas bridas el caballero recién improvisado. ... Mas no bastan las dirhemes de Córdoba, los sueldos ni los viejos denarios, y aunque con frecuencia se acude al trueque directo de objetos por objetos, como no es éste siempre suficiente y los reyes leoneses no acuñan numerario, fuerza es admitir en los pagos todo trozo de plata y pesar la moneda, para igualar de algún modo los diversos instrumentos de cambio.”
MONEDAS SUEVAS Y VISIGODAS
Antes del comienzo de la emisión de las monedas leonesas medievales, el reino suevo acuña en la actual provincia leonesa durante la ocupación del noroeste peninsular a principio del s. V, las primeras monedas denominadas tremis o trientes de oro (nombre de origen romano que vienes a significar “tercera parte”). Estas monedas poseen leyendas que resultan de difícil interpretación; una de ellas muestra en el anverso busto a la derecha con leyenda: LEONES MONETA CLARA; en su reverso, cruz en el centro de dos láureas o coronas de laurel con la leyenda: CONOB (abreviatura de “Obryzum de Constantinopol”, que vendría a significar “oro puro Constantinopolitano”). Se conoce otra acuñación similar a la anterior con la leyenda: LEIOA CUTIS MUNITA.


No existe mucha información gráfica sobre las emisiones suevas en la Península. Como ejemplo podemos mostrar una moneda de procedencia sueva emitida a mediados del s. V, en honor del Emperador Valentiniano III (423—455), perteneciente a los reinados de Rechila y Rechario, con busto a la derecha diademado y drapeado; en el reverso cruz dentro de dos láureas de laurel y la leyenda CONO. Una como la descrita, según Luengo Martinez, se encontró en las proximidades de la iglesia de San Bartolomé de Astorga.

Con posterioridad a la dominación sueva, los visigodos también acuñan monedas en territorio leonés. Sisebuto (612‑621), realiza emisiones en Villafranca del Bierzo de trientes de oro, con un peso de 1,50 gr., representando en el anverso la silueta muy esquematizada del rey con la leyenda: SISEBUTVS RE; en el reverso, la misma silueta del anverso, con la leyenda de la ceca: BERGIO PIVS.

Su sucesor Suintila (621–631), también acuña en zona leonesa trientes de oro con el mismo peso, presentando en el anverso silueta esquematizada del rey y leyenda: SVINTILA RE; en el reverso silueta esquematizada y la ceca de León: LEIONE PIUS. Este triente apareció entre las piezas del tesorillo de La Capilla, en Carmona. Asimismo, se conocen trientes del reinado de Suintila acuñados en Astorga con la leyenda de la ceca: ASTORICA PI.

MONEDAS MEDIEVALES – REINO DE LEÓN

Alfonso VI
Es a partir del siglo XI, coincidiendo con el apogeo político, económico y militar del Reino de León, cuando comienzan las emisiones de moneda en la ciudad. Después de las primeras monedas emitidas por suevos y visigodos, no se producen acuñaciones en León hasta el reinado de Alfonso VI (1072-1109), considerándose como las primeras realmente españolas sin influencia de emisiones extranjeras. Como ya se ha señalado, hasta ese momento imperaba el trueque y una escasa circulación de moneda procedente del Bajo Imperio, de acuñaciones suevas, visigodas y francas, pero, sobre todo, sobresalía la utilización de moneda hispano-árabe que llega desde el sur a los reinos cristianos en concepto de parias.

En 1086 irrumpe en la Península la primera gran expedición almorávide, netamente fundamentalista, que se hace con el control de los Reinos de Taifas y emprende su expansión hacia el norte derrotando a Alfonso VI en Sagrajas (1086) y, tras una segunda expedición, en Uclés (1108). Estas derrotas leonesas significan el fin de los pagos musulmanes y una gran escasez de moneda en el Reino de León.

La necesidad de moneda, el deseo del monarca leonés de afianzar su soberanía y una incipiente relación económica con los reinos europeos debido a su matrimonio con la princesa francesa Constanza, provocó la necesidad de acuñar una moneda propia.

Alfonso VI realiza acuñaciones de dineros (procede de denario) y óbolos (medio dinero) de vellón, con 0,90 gr. y 0,45 gr., respectivamente, en distintas ciudades: Santiago, Segovia, Toledo y León. Los motivos representados en estas primeras monedas leonesas están inspirados en emisiones francesas, mostrando en el anverso cruz griega patada y leyenda: ANFVS REX. En los reversos, crismones con la primera y última letra del alfabeto griego, alfa y omega, y las leyendas de la ceca con todas las letras: LEO CIVITAS.

Es a partir de estos momentos, cuando la ceca de León tomará gran importancia acuñándose más monedas en comparación con otras ciudades del Reino. Incluso llegó a emitirse una moneda, hoy parece perdida, con la leyenda: LEGIO CIVITAS CAPUT SPANIE (Ciudad de León Cabeza de las Españas). Esta importante moneda, viene a demostrar que la ciudad de León es la capital indicutible del Reino, ante el pretendido y reivincado protagonismo actual de castellanos y gallegos por minimizar y hasta anular su predominio durante los más de 300 años de la existencia del Reino. No está claro el periodo de acuñación, ya que puede tratarse de una emisión realizada por Alfonso VII (1126-1157). Ver artículo e imagen sobre el asunto en: http://corazonleon.blogspot.com/2009/09/leon-capital-de-alfonso-vii-leo-civitas.html.

Doña Urraca / Alfonso I de Aragón
Doña Urraca (1109-1126), hija de Alfonso VI, acuña dineros de vellón con ceca en León de ocho tipos diferentes. Seis de ellos, continúan con los modelos de su padre: cruces patadas, floreadas y crismones, con leyendas como VRRACA REGI alrededor de cruz floreada en los anversos, y LEO CIVITAS alrededor de crismón en los reversos, haciendo referencia directa a la ceca de la ciudad.

Los otros modelos introducen una variedad importante, ya que, por primera vez en esta etapa medieval, aparece el rostro del monarca, en uno de frente y en el otro de perfil, con la leyenda en el anverso: VRRACA REXA; en reverso: LEGIONENSIS.

Aunque no es monarca leonés, se debe citar a Alfonso I de Aragón y Navarra (1109-1114), casado con Doña Urraca y cuyo matrimonio que fue anulado en 1114.

Este monarca acuña en la ciudad de León dineros y óbolos de vellón, continuando con algunos de los motivos y creando otros nuevos e innovadores. En los anversos: cruces patadas, motivos florales, jinete a derecha con espada, busto mitrado con creciente y estrella en la parte superior. En los reversos: cruces patadas, cruz sobre vástago, y adornos florales.

Por primera vez se representa un león pasante en las monedas leonesas. Las leyendas de estas emisiones son: ALF REX, ANFVS REX y ANF REX en los anversos; IN SPANIA y LEO CIVITAS, en los reversos.

Alfonso VII
Continúan las acuñaciones en la ciudad de León durante el reinado del hijo de Doña Urraca y Raimundo de Borgoña, Alfonso VII (1126‑1157), proclamado Emperador en un acto solemne convocado por las Cortes Leonesas en el año 1135.

Durante este periodo, se consolida la ceca de León y se multiplican las emisiones de moneda como corresponde al más importante centro de la vida política, económica y religiosa del norte peninsular, llegando a acuñarse en la ciudad 23, de los 52 tipos diferentes.

Las monedas acuñadas son dineros y óbolos de vellón, con 1,0 gr. y 0,55 gr. de peso, respectivamente. Los motivos que se muestran son muy diversos. En los anversos: cabezas afrontadas con cruz y adornos florales, catedral y campanario, busto coronado a izquierda, león con cabeza humana y coronada, jinete a caballo con espada, leones pasantes y rampantes, enfrentados, espaldados, etc. Los reversos siguen con los modelos de cruz patada, equilátera, latina, floreada, sobre árbol, con creciente, con estrellas, con adornos florales, leones, etc.

Las leyendas de los anversos suelen ser con ANFVS REX, IMPERATOR, REX ANFVS IMPERATOR, incluso SVPER REX; en cuanto a las leyendas de los reversos, LEO CIVITAS, LEONI, LEO, LEONIS CIVI, LEGIONENS, LEGIO CIVITAS, LE CIVITAS, y por primera vez, LEON.

Fernando II
A Alfonso VII le sucede su hijo Fernando II (1157‑1188), reinado durante el cual se vuelven a separar los reinos de Castilla y León. Fernando II de León se intitula "rex Hispaniae", lo que da lugar a que, en alguna de las monedas que acuña, figure en los reversos la leyenda: IN SPANIA.

Siguen las acuñaciones de dineros y óbolos de vellón, figurando en los anversos rey coronado a derecha, cruces patadas, floreadas, en trebolillo y busto de frente; en los reversos, distintas cruces y leones en diferentes posiciones: a derecha, espaldados, cabezas, etc. Las leyendas siguen conformándose con los nombres: FERNAND, FERNANDVS REX, FERNAND REX, SPANIA y F REX LEGIONIS, en los anversos. En los reversos: REX D LEON, ET LEGIONIS, IN SPANIA.


Bajo el reinado de Fernando II se acuña por primera vez una moneda de oro de 3,85 gr., representando en el anverso al rey coronado a izquierda con cetro y cruz, mas espada, y leyenda de FERNANDVS DEI GRACIA REX; en el reverso, león a derecha y encima una espada sobre globo; debajo la ceca de León con LEO y leyenda IN NE PATRIS I FLI Y SPS SCI. Esta nueva moneda se denominada maravedí (de "morabithis", devotos a Dios, calificación dada por Abd Allah-ben-Yasim o los sectarios que llamamos almorávides. Con el tiempo los reinos cristianos harán de esta definición, sinónimo de moneda), designación que se utilizará hasta Isabel II, acuñándose, con el tiempo, en plata y posteriormente en cobre.

Alfonso IX
Al llegar al trono el hijo de Fernando II, Alfonso IX (1188‑1230), se encuentra con una economía muy poco saneada. Como consecuencia de esta situación, decide adoptar una serie de medidas económicas, entre ellas, una devaluación de la moneda, rebajando la proporción de plata en las piezas de vellón que pasa del 22% al 11%, y todo ello, sin incrementar las cargas impositivas.

El pueblo ante este cambio, y siendo consciente de la importancia de la devaluación, protesta ante el Rey consiguiendo de éste el compromiso de no modificar nuevamente el valor de la moneda durante un periodo de 7 años, a cambio de crear una tasa llamada de "la moneda forera", que consistía en pagar al monarca una cierta cantidad de dinero. Este acuerdo de “venta” al pueblo, se adopta en la Cortes de Benavente de 1202, resultando ser el más remoto antecedente histórico de una votación en unas Cortes Estamentales para otorgar un servicio y una normativa o Ley que puede considerarse como la actualmente existente en los parlamentos democráticos: la Ley de Presupuestos.

Durante este reinado, los modelos de monedas acuñadas en vellón son similares a periodos anteriores: dineros y óbolos. Los motivos que se representan son diversos tipos de cruces patadas, en trebolillo, potenzadas con veneras en los cuarteles, leones, busto coronado a derecha, en el anverso; en el reverso: cruces, cuatro cabezas de león bajo árbol, león a derecha, con muchas variantes combinando con estrellas, punto, medias lunas veneras, etc. Las leyendas: ADEFONSVS, ADEFONSV y ADEFONSVS REX en los anversos; LEGIONIS, LEONIS LEGIO CIVITAS, LEO Y IMPERATO.


El último rey leonés emite también un maravedí de oro muy parecido al de su padre, figurando en el anverso el busto del Rey a izquierda, con cetro, espada, y leyenda: ALFON SVS DEI GRACIA REX; en el reverso presenta un león pasante izquierda sobre puente, con leyenda: IN NE PATRIS IFLI I SPS SCI. Aunque no figura concretamente la ceca, todo hace pensar que fue acuñada en la ciudad de León.

Documentación:
F. Álvarez Burgos
Luís Abello Álvarez
Edmundo Carretero