viernes, 27 de agosto de 2010

En memoria de un genio

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No vamos a comentar aquí la trascendencia literaria de Lope de Vega, considerado uno de los novelistas, poetas y dramaturgos más importante en lengua castellana. Tampoco los avatares de su vida, contradictoria, turbulenta, apasionada, que, como se ha dicho, “es comparable a un vendaval, a una intrincada y ferocísima selva, a un encrespado mar en el que vemos zozobrar continuamente sus ilusiones y sus propósitos de enmienda”. Luís de Góngora, su feroz enemigo, le describió perfectamente en dos sencillos versos:

“Soberbias velas alza, mal navega.
Potro es gallardo, pero va sin freno.”

Por la parte que nos toca, entre los múltiples episodios escandalosos de los que estuvo llena su vida, citar la curiosa y poco difundida peripecia en la que, un Lope adolescente, después de robar dinero y algunas joyas, huye de su casa en Madrid a lomos de un flaco rocín, en busca de grandes aventuras. El viaje finalizará en tierras leonesas, concretamente en Astorga, donde, arrepentido de su acción, decide regresar a casa y asumir las consecuencias.

Pero el motivo de esta entrada es, principalmente, conmemorar hoy el aniversario de su muerte, mostrando, mediante unas pinturas poco conocidas, los avatares de su multitudinario entierro en Madrid. También, celebrar la noticia (no muy habitual) del reciente “descubrimiento” de un retrato del poeta en una colección particular en la ciudad de Münich, y, además, felicitarnos por el inminente estreno de una película sobre el escritor, "Lope", un relato de amor y aventuras, sobre la vida del hombre que supo enamorar como nadie y a la vez contar las mejores historias.




Félix Lope de Vega Carpio muere en Madrid el 27 de agosto de 1635 a los 73 años, hace hoy 375 años. Tras llevar varios días enfermo, el lunes 27 fallece a las 5 de la tarde en el nº 11 de la calle de los Francos, hoy la madrileña calle Cervantes, en el Barrio de las Letras.

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Su entierro, efectuado al día siguiente y al que acudió todo el pueblo madrileño, fue tan espectacular como su vida. Sin embargo, el Consejo de Castilla prohibió las honras fúnebres con las que el Ayuntamiento de la ciudad había acordado homenajear al poeta, presionado por las altas esferas eclesiásticas que no llegaron a perdonar al escritor la vida libertina que, siendo ya sacerdote, había llevado en sus últimos años.

A las once de la mañana salió de su casa el cortejó que acompañará el cadáver hasta su sepultura en la Iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha. Lope es conducido a hombros, con el rostro descubierto y vistiendo el hábito de caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, más conocida como Orden de Malta. La comitiva fúnebre pasará antes por el convento de las Trinitarias Descalzas, entre las calles Huertas y Cantarranas (ahora Lope de Vega) donde una de las monjas, sor Marcela de San Félix, hija de Lope y de una de sus amantes, la actríz Micaela Luján, ha solicitado que el féretro de su padre se detenga unos instantes ante la reja de clausura de una de las puertas del monasterio, para darle su último adiós.

SM - Suarez Llanos 2 Ese momento de desgarrada emoción, en el que se refleja el instante en que sor Marcela despide el cadáver de su padre desde una de las puertas enrejadas del convento de clausura, es el que muestra la pintura realista del pintor decimonónico Ignacio Suárez Llanos, "Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega, su padre” (1862), actualmente en la pinacoteca del Senado.

Unos años antes, en 1853, el pintor francés Jean-Paul Etienne Balze realizó el mismo tema en el cuadro “Funérailles de Lope de Vega”, actualmente en el Museo Ingrés, pero en un entorno romántico, muy medieval y, de alguna manera, excéntrico. Un escenario en el que sor Marcela, a las puertas del convento, se arrodilla ante el cuerpo de su padre que se encuentra, bajo palio, sobre un extraordinario catafalco.

photo Pero 400 años después, Lope de Vega sigue vivo. Sigue vivo en sus poemas, en sus comedias y dramas que no dejan de representarse en todo el mundo, y que resultan un espectacular reclamo para los amantes del teatro. Y sigue vivo, porque recientemente se ha “descubierto” un nuevo retrato del escritor.

La pintura, “Félix Lope de Vega Carpio como caballero de Malta”, atribuida al español de origen holandés Juan Van der Hamen y León, considerado un auténtico “fotógrafo” de los artistas del momento, se encuentra, como hemos señalado al inicio, en una colección particular en Alemania.

news_story_detail-Lope de Vega1 En esta “nueva” obra, Lope posa de medio cuerpo vistiendo un amplio manto negro con una gran cruz de la Orden de Malta en su lado izquierdo, que le designa como caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, siendo la mayor distinción que Lope de Vega tuvo en vida y que fue otorgada por el propio papa Urbano VIII. Apoya su mano izquierda sobre una mesa cubierta con paño carmesí, en la que se encuentran varios libros, mientras la mano derecha del poeta sostiene una carta o documento, que parece haber dejado su lectura unos momentos para posar para el artista.

12 Dice la tradición, que la noche en que murió Lope hubo un eclipse de Luna. Jacinta Baca, poetisa y amiga del escritor, dejó escrito este bello soneto sobre la confluencia de los dos sucesos:

Llegó ya a las montañas de Apenino,
llegó a la Libia ardiente y Seythia helada
la fama por justicia acreditada
de este varón de tanto laurel digno.

Y así del más remoto al más vecino

con himnos de dolor será llorada,
su falta, y la memoria venerada
del que en el velo humano fue divino.

Hasta en el campo de zafir hermoso
la noche, que dio término a su vida,
mostraron sus lumbreras sentimiento.


Y con afecto triste y amoroso,

cuando Delio llegó a su luz cumplida,

le formó en sombras sacro monumento.


- Lope de Vega (detalle). Eugenio Cajés.
- Interior Museo-Casa Lope de Vega. Madrid.
- VIDEO: "Que el soneto nos tome por sorpresa", Jorge Drexler - Película "Lope".
- Fachada Convento Trinitarias Descalzas. Madrid.
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Sor Marcela de San Felix ... Ignacio Suárez Llanos.
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Funérailles de Lope de Vega. Jean Paul Etienne.
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Félix Lope de Vega como caballero de la Orden de Malta. Juan Van der Hamen.
- Varios retratos del escritor
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sábado, 31 de julio de 2010

¿Cuál es el mejor bar de España?

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Capture-1 Son estos días centrales del verano los que, sin duda, más se disfruta de la calle. Son propicios para la convivencia, para los paseos al aire libre y, como no, para reunirse con familia o amigos en torno a la barra o mesa de un bar, para tomar unas “cañas” y su oportuna tapa.

León siempre ha sido lugar de tapeo, de reuniones en tradicionales locales, especialmente en el barrio antiguo, de los que dejó fantástico testimonio durante sus años de periodismo en la ciudad el gran Francisco Umbral, amante y asiduo de estos lugares, que en sus “Crónicas de las tabernas leonesas” inmortalizó locales, de los que algún día hablaremos, y que son, o fueron, auténticos templos de la ciudad en materia de tertulias entre vinos y tapas: “Casa Benito”, “el 2 de Mayo”, “La Mazmorra”, “La Gitana”, etc.

Los que disfrutamos de estas reuniones y tratamos de buscar los “mejores” por su atención y servicio, ambiente y decoración, el entorno, la comodidad y la calidad de sus productos, creemos que uno de los mejores locales de España que reúne todas estas condiciones se encuentra en León, es la cervecería “Camarote Madrid”, conocido coloquialmente desde hace más de 20 años como “el Madrid”, en la calle Cervantes, en el denominado Barrio Romántico del casco antiguo. "El Madrid" ha ido perdiendo con el tiempo la etiqueta (infundada) de clasista y se ha vuelto totalmente heterogéneo en su concurrida clientela.

Capture-2 Aparte de reunir todas las “virtudes” mencionadas, “el Madrid” es la única cervecería-bar dinámica de la ciudad. A lo largo del año, mientras mantiene su decoración inspirada en los años 50 del pasado siglo y en la que el toro es el principal protagonista, “el Madrid” se trasforma durante la Navidad, también mientras dura la feria de abril sevillana o cuando juega la selección española de fútbol, pero sobre todo, durante la Semana Santa leonesa, en la que el local se vuelca en reflejar los episodios y la imaginería de la cofradía centenaria de la ciudad: Dulce Nombre de Jesús Nazareno.

Capture-6 No es una afirmación gratuita. El popular periodista Carlos Herrera, reconocido gourmet y peregrino de las mejores "barras" españolas, lo confirma en el artículo publicado el pasado 6 de septiembre en el magazine XL Semanal, bajo el título: ¿Cuál es el mejor bar de España?


¿CUÁL ES EL MEJOR BAR DE ESPAÑA?

images Me lo preguntaba un amigo extranjero hace no pocos días, coincidiendo en una etapa del Camino de Santiago. Concretamente entrando en la Cervecería Madrid de León, uno de los mejores lugares que he conocido jamás. El extranjero, originario de un país en el que hay infinitamente menos bares que en España –es decir, sirve cualquier país del mundo–, no sabía con qué mano tomar cualquiera de las excelencias que a modo de tapas le surgían en todo abrevadero en el que se detuviera. Le hice ver que todo español tiene un listado imprescindible y que no tiene por qué coincidir con otro del que le separen apenas cincuenta kilómetros. Hay países en los que se pueden conocer todos los bares de su territorio y establecer una clasificación de fácil acceso; España no. En España hay muchos bares cuya fama trasciende a su entorno más inmediato, pero hay cientos de miles que sólo son conocidos por los lugareños y por un puñado de estudiosos visitantes. Además, resultan excesivamente heterogéneos para ser comparados: un bar de Santiago no tiene por qué ser una réplica de uno de Santa Cruz de Tenerife, y uno de Mahón exhibirá otro producto que uno de Badajoz. Los aficionados a las barras prodigiosas no dejamos una ciudad sin peinar, así que la visitamos, pero siempre se nos escapa alguna excelencia. Con todo, creemos conocer lo imprescindible y, aun así, no lo conocemos. Balbino, en Sanlúcar de Barrameda, es totémico, pero no es desechable La Barbiana o la barra de Bigote. Como la de Secundino o todo Bajo de Guía. El Nou Manolín de Alicante parece inalcanzable, pero no descarten el Piripi. Me falta tiempo en Barcelona para dejarme caer por Paco Meralgo, o por Pinocho, en la Boquería, donde el gran Juanito regala por igual calidad estratosférica y simpatía descomunal. Pero cómo no ir al renovado Velódromo de la calle Muntaner o al soberbio Quimet-Quimet de Poeta Cabanyes o al exuberante Inopia de Albert Adrià. Si el extranjero pasase por Granada no tendría tiempo para dividirse entre Cunini, El Elefante y El Mentidero. Y tendría que ir a Huelva a machacar la barra de Portichuelo. Y luego viajar a Vitoria a dejarse emborrachar por el insuperable Toloño, uno de los inevitables en un topten. Y en Pamplona rebozarse en El Gaucho o en Miami, la casa del bueno de Lucio. Y de Donosti no sabría qué decirle: el bar Antonio es uno de mis favoritos, pero paséense por cualquiera de los otros y no tendrán más remedio que reconocer que son incapaces de elegir. Otrosí de Bilbao, de Santander (¡esa Bombi!), de Oviedo. ¿Puede haber una barra mejor que la de La Criolla de Valladolid? ¿O que la de Amorós de Valencia? ¿O que La Ponderosa de Cuenca?.

Me faltaría tiempo para llevarte –le dije– al Manteca, en Cádiz, a El Chele o a El Quinto Toro, en Almería, bares-bares todos, que no es lo mismo que restaurantes. Pueden tener mesas y servir comidas, pero manda la barra. En León, ciudad que me trastorna, la tapa es obsequiada como cortesía en todos los bares: no hablo de un platito de cacahuetes, hablo de uno de morcilla o de uno de paella por el precio de una caña. Igual que en Granada. Eso resultaba fascinante para el amigo extranjero, acostumbrado a los sucedáneos de bares de su país. Nórdico, por más señas, era incapaz de asimilar la riqueza que florece por doquier en cualquiera de los acudideros que le asaltaban durante su camino. ¿Para todo sois igual los españoles?, me preguntaba. No, le respondí. Nos empeñamos en tener pocas cosas en común, pero los bares son la que unifica y articula el territorio de norte a sur. Un español, por muy sedicioso que sea, echará en falta el territorio nacional si anda por lugares en los que no pueda saborear porciones de gloria en una barra. La riqueza de los pueblos y ciudades no la medimos sólo por sus catedrales o sus ruinas, por sus museos o sus centros peatonales: buena parte del atractivo de esta enigmática y jodida España está en sus bares. En la barra de Trifón, en Sevilla, o en la de Puerta 57, en Madrid. Y en la de todos a los que no he nombrado y que merecerían estar en esta crónica.

El abrazo que le dio el nórdico al Apóstol sé que fue intenso y sincero. Natural.

Carlos Herrera, XLSemanal, 6 de septiembre de 2009.

Ahora, solo tenéis que comprobarlo.


- Francisco Umbral. Años 50.
- Fotografías extraídas de la web:
http://www.camarotemadrid.com/
- Carlos Herrera. Periodista.



domingo, 18 de julio de 2010

La belleza de la muerte


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Frescos Capilla Sixtina las Hijas de Jetró r

Las imágenes que tenemos sobre los estragos que produce en el ser humano el tiempo previo a una muerte irremediable, resultan terribles. Las enfermedades largas, lentas, agónicas, trasforman el cuerpo, desfigurándolo y deformándolo Young Woman in Mythological Guise, Botticelli,1480lentamente. Los rostros se convulsan y adquieren los matices especiales de la impronta de una muerte próxima.

Pero en este proceso de padecimiento-muerte existe una excepción. Se trata de una enfermedad que acompaña al hombre desde épocas remotas, concretamente desde que se hace sedentario y ganadero, y se contagia de una sandro_botticelli_022_ritratto_giovane_donnabacteria de origen animal que muta y ataca al ser humano: la tuberculosis, que hasta los primeros tratamientos efectivos del siglo XX, resultaba mortal.

Sin embargo, curiosamente, este padecimiento no producía en el rostro del enfermo los efectos propios de una muerte cercana. La tuberculosis, en su etapa terminal, alarga las pestañas, afina las facciones y vuelve la piel de una suavidad y palidez sobrenatural, que es conocida en los textos como “belleza alabastrina”.

Estos “síntomas” armonizaban con el prototipo de belleza femenino que se inicia y se exhibe plenamente en las representaciones del Renacimineto, y que se caracterizan por sus formas sensuales, melancólicas, pero también, frágiles y etéreas, modelos que, aún hoy, deslumbran por su idílica y sublime hermosura que las acerca a las divinidades mitológicas.

venus_mars_Boticelli Este canon de belleza en la mujer permanece durante siglos. Entre el XVI-XVII, existía la costumbre de masticar barro, de la que ya hemos hablado en otra entrada, que producía la obstrucción de los conductos biliares, originando un blanco especial en la piel. En época romántica, las mujeres persiguen ese mismo patrón de belleza sobrenatural, incorpórea, que produce la extremada palidez, ingiriendo dietas a base de vinagre mezclado con agua con el fin de autogenerarse anemias hemolíticas.

Ognissanti Botticelli Grave Nadie como Botticelli para perpetuar esta belleza que, algunas veces, es antesala de la muerte. Así ocurre con la modelo de la que se sirvió para la mayoría de sus obras: Simonetta Cattaneo. Tal fue la pasión que el artista sintió por la “bella Simonetta”, que fue su deseo ser enterrado a sus pies, en la iglesia florentina de de Ognissanti, nada menos que 34 años después de la muerte de la modelo.

Simonetta había nacido en 1453 en la ciudad de Génova, aunque hay quien la hacen descender de Liguria, concretamente de la localidad de Portovenere, lugar donde, según la mitología, había nacido Venus. A los 16 años se desposa con el merca31485_Giuliano_de_Medici_fder florentino Marco Vespucci, familiar del famoso explorador Americo Vespucci y, desde aquel momento, la ciudad de Florencia, sus artistas y sus nobles, entre los que se encontraban los Médicis, quedaron rendidos por la belleza de la joven.

Es muy probable que Giuliano de Médicis, hermano menor de Lorenzo el Magnífico, estuviera enamorado de ella o que llegaran a ser amantes, como avalan los hechos ocurridos en la conocida justa florentina (La Giostra) celebrada en 1475, en la que el Médicis participó portando un estandarte con el retrato de Simonetta, representada como Palas Atenea, que había pintado el propio Botticelli.

The-Joust-in-the-Piazza-Florence-1555 Con el tiempo, el artista florentino también llegó a retratar a Guliano abatido, cabizbajo, como si el pintor conociese su afligido destino (murió asesinado a los 28 años), o su estado de permanente melancolía por el recuerdo de su amada. Aquel torneo ha pasado a la Historia por su trasfondo amoroso y, por supuesto, porque la protagonista fue nombrada en aquel momento como “la mujer más bella de la Toscana”.

La “bella Simonetta” murió en abril de 1476, cuando contaba 23 años de edad, a consecuencia de la tuberculosis que la hizo aún más bella al final de su vida. La belleza de Simonetta ligada a la muerte cercana, fue el ideal estético que rindió y cautivó a los artistas florentinos, pero sobre todo a Sandro Botticelli.

Boticelli Faces En realidad no sabemos como era el rostro de Simonetta, solo sabemos como la veía Botticelli y así la inmortalizó en sus retratos, como ninfa o madonna, y en las extraordinarias y conocidas composiciones bíblicas y mitológicas.


- Hijas de Jetro (detalle). Botticelli.
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Simonetta. Botticelli.
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Simonetta Cattaneo. Botticelli.
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Venus y Marte. Botticelli.
- Tumba de Sandro Botticelli. Iglesia de Ognissanti, Florencia.
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Giuliano de Médicis. Botticelli.
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Justas en la Plaza de Florencia en 1555. Anónimo.
- Detalles:
Virgen y el Niño de Uffizi - Nacimiento de Venus - Madonna del Magnificat. Botticelli


domingo, 11 de julio de 2010

Sin palabras !!!










jueves, 24 de junio de 2010

De Babia a Omaña

LEON_37 3 copia Con la llegada del buen tiempo y como se había previsto semanas atrás, se preparó una nueva jornada de convivencia y, a la vez, de aproximación a nuestra geografía, con el fin de conocer mejor nuestras comarcas más próximas y disfrutar de un espléndido día de primavera en la montaña. El día elegido: el pasado 5 de junio; la ruta: una travesía de aproximadamente 20 kilómetros, con un desnivel de 840 metros que en dirección sur une, cruzando la Sierra de Villabandín (estribaciones de la Cordillera Cantábrica), las comarcas de Babia y Omaña, a escasos 80 kilómetros de León.



Ver De Babia a Omaña en un mapa más grande

Desde la localidad babiana de Riolago (1240 metros), nos dirigiremos hacia el sur atravesando el collado Machadones (1966 metros), que deja el pico Valgrán de 2081 metros al oeste, para descender posteriormente hacia Omaña por el barranco de Valgrán hasta la confluencia con el Arroyo Collado, al que acompañaremos hasta la localidad omañesa de Villabandín, ya a 1230 metros de altura, y desde allí hasta Senra, a orillas del río Omaña.

El viaje en autocar hasta Babia resulta siempre sugestivo por el espectáculo que ofrece el pantano de Luna, del que disfrutamos una buena parte del recorrido. Lleno a rebosar por la gran cantidad de agua y nieve caída durante el invierno y primavera, la tranquilidad de las aguas, a esta hora de la mañana, hace que la imagen de las impresionantes montañas calizas que lo bordean, se refleje sobre la superficie como en un espejo, rompiéndose solo ocasionalmente por las ondas que forman los peces al cebarse.

16283959El pantano de Luna ha incidido notablemente en estos últimos años en la vida y la economía de la zona. Sin embargo, la comarca de Babia ha estado condicionada desde siempre por la altura de sus cumbres de más de 2000 metros, influyendo en su clima, fauna, vegetación y economía. Sus montañas son elevaciones calizas de un gris claro, en algunos lugares casi blanco, que guardan en su interior, en el subsuelo, gran cantidad de depósitos, cuevas, lagos y ríos subterráneos, que acumulan el agua de los importantes deshielos para verterla posteriormente al exterior. Curiosamente, es también zona de 15711 abundantes lagunas, de origen glacial, que se forman por el vertido permanente de agua en ciertos lugares totalmente impermeables debido a sus bases de pizarra.

Esta abundancia de agua y los verdes prados, han determinado siempre su principal riqueza: la ganadería. Babia ha sido, y aún es, tierra de pastores, donde la trashumancia es todavía protagonista en los veranos y donde el afamado mastín leonés adquiere verdadero protagonismo en la protección del ganado.

Sobre los hombres de Babia, el escritor Víctor Gómez de la Serna en su obra “La ruta de los Foramontanos”, con la que consiguió el Premio Nacional de Literatura en 1955, comenta: “Babia es un extraño país, lleno de bosques, de escuelas, de praderas, de bienestar y de cultura, donde la gente le contesta a uno a cualquier pregunta con un aplomo y una llaneza casi académica, sin muletillas ni tartamudeos, sin frases hechas; donde las casas son confortables, están alhajadas con buen gusto IMG_0485y constituyen lo que pudiera ser un ejemplo de hogar rural español”.

La belleza de las montañas de Babia, su vegetación, la abundante presencia de agua, su fauna, su inigualable paisaje, ha permitido conservar durante más de mil años una expresión, un dicho popular conocidísimo: “estar en Babia”. Y es que “estar en Babia” suponía tal placer para los sentidos, que los primeros reyes leoneses, allá por el siglo X, acudían con frecuencia a la zona por sus abundantes cazaderos, los hermosos parajes, el clima exquisito de los veranos y la tranquilidad de sus montañas, olvidándose por completo de sus obligaciones y problemas. La tranquilidad, sosiego y felicidad que debió inspirar el lugar, ha dado lugar a que la popular frase, aun hoy, tenga el significado o equivalencia de: “estar ausente”, “no darse cuenta de la realidad” o “estar en otro lugar”.

GRUPO 1

El punto de partida de nuestra ruta, la localidad babiana de Riolago, es conocida por su sorprendente palacio-fortaleza, joya de la arquitectura civil del siglo XVI y solar que fue de los Quiñones. Víctima de un incendio en 1915 que lo dejó prácticamente destruido, fue adquirido en 1977 en unas condiciones lamentables por D. Fernando Geijo. El nuevo propietario realizó un gran esfuerzo personal y económico para su restauración y amueblamiento, que ha hecho del edificio un punto de visita obligada. Este esfuerzo de rehabilitación supuso el reconocimiento de la organización internacional Europa Nostra (Londres, 1989) y la declaración de Conjunto Histórico en el mismo año. Desde 1999 es propiedad de la Junta de Castilla y León, que tiene previsto forme parte de la Red de Casas del Parque Natural Valles de Babia y Luna.

Sobre las 10 de la mañana, con el Sol oculto tras las nubes, pero con una temperatura ideal para la marcha, dejamos Riolago en dirección sur por el denominado camino de las Brañas que abandona el pueblo en suave pendiente. La vegetación es la propia de ribera con predominio de sauces y alisos, pero también chopos, salgueros, fresnos y abedules, que tratan de ocultar el curso del arroyo de las Vegas (o de Riolago), siempre a nuestra izquierda. El camino trascurre en zig-zag, buscando, por la derecha, el perfil de las alturas de la Empedrada, por las que no dejan de fluir escorrentías que atraviesan sin dificultad las murias o linderos de piedra, cruzando el camino y buscando sonoramente el arroyo, acentuando así el murmullo del agua que rompe el sosiego del lugar y hace que parezca más vivaz y caudaloso de lo que en realidad es.

Según ascendemos, la alta vegetación de las pendientes va dejando paso al matorral, donde predominan las retamas que, en estas fechas, inician su espectacular floración amarilla. Así, las laderas adquieren ese tono amarillento sobre el verde del suelo, que a veces sorprende con las manchas blancas y moradas que forman las flores del brezo. En algunos puntos, pequeños prados en los que brotan del suelo formaciones de rocas calizas que destacan entre el verde intenso de la pradería y los “cementerios” de raíces y ramas secas.

La subida se endurece y surgen las primeras elevaciones importantes que muestran significativos conos de derrubio o canchales. Estas pedreras, que aparecerán en distintos puntos de la ruta, son el resultado del impacto sobre la superficie caliza de las fuertes heladas invernales y su deshielo posterior, al fragmentar la roca y originar su deslizamiento posterior por las fuertes laderas.

Panorama 2

En el horizonte, las estribaciones de la Sierra de Villabandín formando una típica y pequeña cordillera de plegamiento, con sus circos repletos aún de neveros y diseñados por las alturas de La Cañada, Rabinalto, Peña Arena y Valgrán. A la izquierda, se distingue el alto de Peñouta y el cortado por el que se desploma una imponente cascada, resultado del drenaje de la Laguna del Lago que, oculta tras las alturas, origina el pequeño curso de agua denominado la Señal, que fluye rápidamente hacia el arroyo que viene haciendonos compañía desde el inicio.

Continuamos subiendo, ahora por las serpenteantes laderas de la Braña Vieja en las que, reposadamente, pasta un rebaño de vacas al ritmo de sus esquilas, que se dejan oír a gran distancia. El empinado sendero prolonga su ascensión bordeando los salientes calizos, las voraces retamas y enebros, los espacios repletos de vistosos gamones, a la vez que zigzaguea el arroyo repleto de chopos y fresnos, entre los que hemos conseguido observar varios servales, aún con los restos de sus flores blancas, además de algún que otro avellano.

lA BRAÑAEl camino de la Braña finaliza precisamente en un amplio valle conocido también como la Braña. Allí, a 1450 metros, se encuentra una majada y un pequeño refugio. En los alrededores, pastan abundantes cabezas de ganado vacuno y una importante yeguada, entre la que se distingue algún bello ejemplar. Hacia el sur, repletos de nieve, los dos circos formados por los picos: Ferrera, Rabinalto en el centro, y Peña Arena. Por la derecha, aunque fuera del alcance de nuestra vista, la subida que conduce directamente al collado Machadones, lugar escogido para atravesar la Sierra y bajar hacia tierras de Omaña.

Panorama 3 Después de un breve descanso, continuamos camino por el valle en dirección a las alturas que cierran el horizonte. Nos dirigimos a la derecha, por el denominado paso o foz de San Bartolo, siguiendo el curso de agua que alimenta el arroyo de las Vegas, que tendremos que cruzar en distintos puntos. Mientras ascendemos, el Sol comienza a molestar al desaparecer lentamente las nubes que, hasta ahora, nos habían acompañado haciendo muy tolerable el trayecto.

Un primer nevero obliga a tomar algunas precauciones a pesar de la suavidad de la pendiente y de las bolas de nieve que, inevitablemente, vuelan alrededor. Una vez gestionado el pequeño repecho, observamos por primera vez el circo repleto de nieve, formado a la derecha por la altura del Valgrán y a la izquierda por Peña Arena, que tendremos que alcanzar y atravesar.

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FLORES 2 El agua sigue acompañando toda la ascensión, cubriendo las laderas y nutriendo la espléndida cubierta vegetal, que muestra bellos ejemplares de floraciones típicas de las alturas medias de la Cordillera Cantábrica, entre las que reconocemos el diente de perro, con su flor pendular y solitaria, el espectacular diseño y colorido de la centaura negra, la tapizante y colorista genciana de primavera, un posible lirio pirenaico, y como no podía ser de otra manera, la saxifraga babiana, típica de la zona y capaz de crecer y desarrollarse entre las grietas de las calizas llegando, con sus potentes raíces, a fragmentar la roca.

El último tramo de desnivel resulta muy atractivo. Es el trayecto de pendiente más acusada y totalmente colmado de nieve. Se habilitan unos peldaños para hacer más asequible la subida y, una vez superado, alcanzamos el collado Machadones a 1966 metros de altura. Desde allí, se observa perfectamente la foz por la que hemos ascendido y toda la Sierra de Villabandín que discurre de Este a Oeste. Hacia el sur, ya en tierras de Omaña, el Alto de la Curiscada y en el horizonte la Sierra de Gistreo.

Mientras la mayoría hace la parada “oficial” para la comida, algunos continúan hasta el Alto de Terreiros y la cima del Valgrán (2081 metros), desafiando el fuerte viento con el que nos encontramos. Desde allí, se contempla mucho mejor el espléndido paisaje que ofrece el horizonte, destacando el Macizo de Peña Ubiña hacia el norte y una pequeña laguna en las inmediaciones, fruto del importante deshielo y del sustrato impermeable, seguramente pizarroso, que le sirve de lecho.

Panorama_PEÑA UBIÑA 2 Como hemos ya mencionado, el collado Machadones nos introduce en Omaña. La comarca la conforma un extenso valle longitudinal que atraviesa el río Omaña, junto con una sucesión de suaves valles laterales que han formado los numerosos arroyos que bajan desde las alturas. Y es que Omaña, es también tierra de montañas que alcanzan con facilidad los 2000 metros.

Panorama 4La tierra de los hombres-dioses (“Homus manium”), como calificaban los romanos a sus pobladores debido a su gran resistencia, se encuentra actualmente asfixiada por la despoblación, que ha supuesto un importante deterioro económico y la desaparición, casi por completo, de las tierras de labor. Esta situación ha permitido una espectacular recuperación del medio natural, que ha vuelto a ser ocupado por el monte bajo y el arbolado. Pero la comarca aún conserva grandes extensiones boscosas autóctonas, con impenetrables robledales, bosque mixtos de fresnos, chopos y abedules, éste último protagonista de bellísimos paños forestales, que llegan a cobijar las ultimas parejas de urogallos fuera de reserva.

Panorama 1 Como en Babia, la economía omañesa estuvo basada en la ganadería, aunque existen testimonios de la importancia que tuvieron las explotaciones auríferas realizadas por los romanos, a semejanza de las Médulas. Aún hoy, como antiguamente, se realizan actividades conducentes a batear las arenas del río Omaña en busca de pepitas de oro.

El descenso hacia Omaña lo realizamos por el Barranco de Valgrán, una pronunciada y bronca pendiente cubierta por completo de retorcidas retamas, algunas de más de metro y medio, en la que no existe sendero abierto y que resultó verdaderamente imposible.

Las retamas (“escobillas“, desde entonces para Javi) harán muy complicado, lento y costoso el descenso hasta el cauce del Collado Arroya y el camino de Villabandín que une las localidades de Quintanilla de Babia y la propia Villabandín. Antes de llegar, una manada de jabalíes, tres o cuatro ejemplares adultos y sus respectivas crías, salen huyendo a toda velocidad hacia el refugio que les garantiza las alturas, ante nuestra inesperada visita que, seguramente, les sorprendió sesteando. Su imprevista aparición y rápida fuga, suponen ocurrentes comentarios de los que tuvimos la suerte de observar la escena. Más tarde, surge la pregunta: ¿QFLORES 3ué hubiera ocurrido si su frenética y descontrola huída la hubiesen realizado en nuestra dirección?

Tras la llegada al camino, el descenso se suaviza y se hace muy cómodo, situación que se agradece después del tortuoso descenso del Barranco. Vuelve el agua y la vegetación propia de ribera, con pequeñas acumulaciones de jóvenes robles, fresnos y chopos. Regresan también los prados con sus espléndidos gamones, cuernecillos, y alguna que otra saxifraga babiana entre las rocas, además de pequeños rebaños de ganado, que a veces se descubren entre la vegetación gracias al sonido de sus esquilas.

Lugar obligado de parada, fue la fuente natural de Fuentes Blancas, donde un soneto, sobre azulejo adosado a la roca, nos habla de las virtudes de su agua: “Glacial, trasparente, nítida, pura, escondida en el borde del sendero… y en el claro verano caluroso, será siempre la paz y la alegría, que vio el crepúsculo y beso la aurora.”

De una pequeña abertura en la roca a ras del suelo, surge una fuerte corriente de agua que brota a una temperatura gélida. Del hueco en la montaña fluye el agua con ímpetu, pero también una corriente de aire a la misma o similar temperatura, que deja completamente “helado” al osado que se inclina a recoger agua.

Panorama 6Cerca de la 5 de la tarde llegamos a la localidad de Villabandín, muy cerca de Rodicol, lugar conocido por el hallazgo en sus alrededores del denominado ídolo de Rodicol, un ídolo fálico que serviría, con seguridad, para realizar ritos y cultos que promovían e invocaban la fecundidad de la tierra. Fechado en la Edad del Bronce (aproximadamente 2000 años a.C), demuestra y atestigua la existencia, en toda esta zona omañesa, la presencia y asentamientos humanos ya desde antiguo.Rodicol

Después de atravesar la pequeña población de Lazado, sobre las 18:30 alcanzamos el final de la ruta: Senra, junto al río Omaña, que es el destino y el lugar escogido para una merienda-cena en el restaurante Cumbres de Omaña.

Un pequeño aseo y unas merecidas “cañas”, mientras asoman los variados e inevitables comentarios y opiniones sobre los sucesos y circunstancias del recorrido, serán la antesala para una caldereta de cordero y posteriormente la obligada foto de “familia”. Un buen final para una extraordinaria jornada festiva, mientras preparamos y esperamos la próxima.

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- Fotografías: Javi, Mari Luz, Jacinto, Guillermo, Jesús y Rita.
- Pantano de Luna: Quelícero.
- "El Trota", Manuel Tascón, conocido trashumante babiano con su mastín. La Crónica 2008.