domingo, 17 de octubre de 2010

La tragedia de la belleza


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Uno de los cuadros que ha adquirido más fama en estos últimos años, es la obra titulada “Ofelia”, realizada en 1852 por el inglés John Everett Millais y expuesto actualmente en la Tate Gallery de Londres.

John Everett Millais Millais refleja en la obra el instante en el que el cuerpo de la enigmática Ofelia, ex amante de Hamlet, perturbada al verse abandonada por el príncipe danés, se abandona entre las aguas y muere ahogada. En realidad, la muerte no sucede en escena, sino que es narrado en la obra Shakespeare por Gertrudis, madre de Hamlet, quien explica como Ofelia, mientras recogía flores cerca de un arroyo, cae involuntariamente al agua y, en su locura, se deja arrastrar por la corriente:

“…Llegada que fue, se quitó la guirnalda y queriendo subir a suspenderla de los pendientes ramos, se tronchó un vástago envidioso, y caen al torrente fatal ella y todos sus adornos rústicos. Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato sobre las aguas, semejante a una sirena, y en tanto iba cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia, o como criada y nacida en aquel elemento. Pero no era posible que así durase por mucho tiempo. Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían, arrebataron a la infeliz y la muerte interrumpió su canto dulcísimo."John Everett Millais, Ofelia 2

John E. Millais, inspirado en la infortunada y misteriosa Ofelia shakespeariana, realizó una espléndida obra simbólica en un entorno frondoso y colorista, que responde a un paisaje real del río Hogsmill, afluente del Támesis, en un remanso cerca de Ewell.

El hermoso rostro de Ofelia sobresale del agua mostrando sus labios entreabiertos y ojos inanimados, rodeado por su largo cabello rojizo. Las manos emergen en aptitud de ofrenda, mientras la parte inferior del cuerpo se encuentra ya sumergido, salvo algunos de los pliegues ligeros del vestido. Una gran variedad de flores se hallan a su alrededor. Son las flores que Ofelia había recogido, y tanto Shakespeare en la obra como Millais en la pintura, las utilizan simbólicamente: flotan amapolas, símbolo de la muerte; pensamientos, que personifican el amor no correspondido; en su cuello, violetas, que son imagen de una prematura muerte y símbolo de la desesperanza. También se distinguen margaritas, narcisos, lirios, nomeolvides, … Todas con el objeto de interpretar los sentimientos, defectos y virtudes de Ofelia y su amado el príncipe Hamlet.



Elisabeth Eleanor Siddal fue la modelo de esta espléndida obra. Descubierta cuando tenía 20 años por el pintor Walter Deverell mientras trabajaba como de modista de sombreros en Londres, Elisabeth fue modelo de Deverell y, a través de él, de los principales representantes de la “Hermandad Prerrafaelista”.

A mediados del siglo XIX, se creó en Londres dicha asociación formada por pintores, poetas y críticos, que encabezaban John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y Willian Holman Hunt. Rechazaban el arte académico dominante en la Inglaterra del siglo XIX, ya que, para ellos, la pintura académica reinante no hacía sino perpetuar el manierismo de la pintura italiana posterior a Rafael y Miguel Ángel, con hechuras elegantes pero vacías y faltas de sinceridad. Por esa razón, propugnaban la vuelta al minucioso detallismo y a los colores luminosos de los primitivos italianos y flamencos anteriores a Rafael (de ahí el nombre de prerrafaelistas), a los que consideraban pintores más auténticos.

Elizabeth Siddal posó para los principales prerrafaelistas, pero en especial para Dante Gabriel Rossetti, también poeta, que la hizo su esposa y trató de evitar que ella modelara para los demás. William Michael Rossetti, hermano del anterior, escritor, crítico y también miembro fundador de la Hermandad, describió así a la modelo:

“Una de las criaturas más bellas, con un aire entre dignidad y dulzura con algo que excedía la modestia y la autoestima y poseía una desdeñosa reserva; alta, finamente formada con un cuello suave y regular, con algunas características poco comunes, ojos verde-azulados y poco brillantes, grandes y perfectos párpados, una tez brillante y un espléndido, grueso y abundante cabello oro-cobrizo."

Sin embargo, el cuadro más célebre que protagoniza Elizabeth es “Ofelia”, pintado, como hemos señalado, por otro prerrafaelista: John Everett Millais. No es solo la obra suya más conocida y famosa, sino que, posiblemente, durante su confección ocurriera el suceso que influyó poderosamente en la salud de la modelo y que, finalmente, la llevó a la muerte. De esta manera, se cruzó la tragedia de Ofelia, con la belleza de Elizabeth.

La pintura se realizó en interminables sesiones, en las que Elisabeth posó sumergida con un vestido antiguo en una bañera durante el invierno de 1852. Para entibiar el agua, el pintor colocaba gran cantidad de velas bajo la bañera, hasta que en una de aquellas sesiones, la concentración de Millais en su trabajo le impidió darse cuenta de que algunas de las velas se consumieron enfriando lentamente el agua, sin que la modelo se quejara por ello. Desde aquel día, Elizabeth Siddal estuvo durante varios días gravemente enferma, padeciendo posteriormente frecuentes problemas de salud.

ROSSETTI

A partir de aquél suceso, no volvió a pintar para Millais. Su débil salud, la tormentosa relación con Rossetti y el “trastorno del ánimo” (depresión), que padecía según relatan algunos biógrafos, la habrían inducido a ser consumidora habitual y en exceso de laúdano, un compuesto alcohólico de opio, que reducía los dolores y se utilizaba también como relajante, ansiolítico, además de resultar un tratamiento eficaz para los síntomas de la tuberculosis.

Su fallecimiento a los 32 años, calificado como “muerte accidental, suele atribuirse a una sobredosis de laúdano. Esta hipótesis del suicidio de la bella Elisabeth, no cabe duda que la une e identifica eterna y poéticamente con la tragedia de Ofelia, a la que sirvió de modelo en el instante de su muerte y que, posiblemente, enfermó mortalmente representando la escena.

El sueño de Dante a la muerte de su amada

A pesar de la turbulenta relación que unía a Elizabeth y Rossetti, éste no dejó pintarla tras su muerte. Es más, Rossetti enterró sus poemas de amor en el ataúd, bajo la cabeza de su amada. Después de siete años y a instancia de sus amigos, aceptó desenterrar a su esposa para rescatar y posteriormente publicar aquellos primeros poemas inspirados en ella.

La leyenda cuenta que el cadáver de Elizabeth Siddall, a pesar de los años, mantenía su belleza y que el largo, rojo y ondulado cabello, que tanto había fascinado a Rossetti y a los demás prerrafaelistas, seguía brillante y había crecido hasta inundar el ataúd.



Escena de la serie de TV “Románticos Desesperados” (Desperate Romantics), producida por la BBC en 2009, correspondiente al trascendente momento en el que Elizabeth Siddall posa en la bañera como Ofelia, para John Everett Millais.


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Ofelia. John Everett Millais, 1851-52.
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John Everett Millais, por Georges F. Watts.
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Ofelia (fragmento).
- VIDEO:
You tube - marisayutub. Música: Lesiem - Justitia.
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Venus Verticordia (trasformadora de corazones). Dante Rossetti.
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Dante Rossetti: Autorretrato (1847); Williams H. Hunt (1853); George F. Watts (1875).
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El sueño de Dante por la muerte de su amada. Dante Rossetti.
- VIDEO:
You Tube - kynnusk. Serie TV BBC.


lunes, 4 de octubre de 2010

La tradicional fiesta leonesa: San Froilán


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El 5 de octubre del año 905 muere en la ciudad de León el obispo Froilán. Después de 1105 años del suceso, se sigue recordando y celebrando su paso e impronta en esta ciudad y en el reino leonés, fiesta que, cada año que trascurre, se vuelve más popular.

Nace Froilán, según las crónicas, en los arrabales de la localidad Lugo en el año 833, en el lugar denominado Regueiro dos Hortos, espacio a extramuros de la ciudad ubicado entre la Puerta Miñá y la Puerta del Postigo de la muralla romana, muy cerca de la vieja Catedral en la que, de acuerdo con la tradición, fue bautizado por “padres nobles y piadosos”, que le imponen por nombre Froilán, nombre de origen germano cuya raíz original significa “señor”.

Por ese lugar, que ve nacer y crecer a Froilán, la capital lucense se abre al oeste por la antigua calzada romana XIX del Itinerario de Antonino que, tras vadear el poderoso Miño, lleva a los viajeros hasta la tumba de Santiago, descubierta en el 813. Pero también era conocido que algunos peregrinos viajaban hasta la costa, hasta el mar, hasta Iria Flavia, mucho antes de la aparición del sepulcro del Apóstol. Caminaban al "encuentro" del Sol poniente, a los confines del mundo, a los acantilados atlánticos, donde, aún hoy, persiste una atmósfera atemporal.

Posiblemente Froilán los vio pasar y habló con ellos, descubriendo que su peregrinaje pretendía la búsqueda del aprendizaje de las bases y fundamentos del conocimiento humano, y que seguían aquella ruta atávica marcada desde la noche de los tiempos. Aquella ruta se mantuvo imperturbable a pesar de las invasiones, al poder y la fuerza de nuevas culturas y a la intolerancia de las distintas religiones imperantes a lo largo de los siglos.

Puente

Sobre aquel lugar del camino, Froilán vivirá sus primeros años; pero no serán aquellos peregrinos quienes influirán en el ánimo del joven, será la influencia de la cercana Catedral, la que intervendrá en su educación y formación gracias a la escuela que los canónigos mantenían en el templo. Sin embargo, no hay que olvidar la existencia de cronistas que aseguran que fue educado por su madre, elevada posteriormente a los altares (Santa Froila), dedicándose desde muy temprana edad al estudio de los asuntos sagrados. Según atestiguan, ya desde niño, “gustaba de amor al retiro, soledad y oración”. Hay también quién afirma que, “su cultura, litúrgica y patrística, que era mucha, la adquirió por su cuenta”.

Eran tiempos de reformas. Alfonso II, desde su sede regia instalada en Oviedo, restauraba en su corte la tradición visigótica. Asimismo, el propio monarca, junto con nobles y obispos, promovían vivamente la renovación monástica del nuevo reino que había quedado asolada por la invasión islámica. Froilán que, según se cuenta en aquellos años, “temía a Dios y elevaba su corazón a las regiones altas para contemplar al Señor; miraba siempre para las cosas humildes y, lleno de fe y de buenas obras, andaba por los caminos de la virtud, como buen negociante de los caminos de Dios”, se imbuye en esa nueva corriente y con 18 años abandona padres, casa y ciudad, para dirigirse al corazón del Reino, a las montañas leonesas, con el fin de vivir en soledad, pero también de predicar a las gentes: “de su boca emanaban las maravillas del Señor”.

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Su primer retiro será en la conocida Gruta de Ruitelán, al oeste de la provincia, en la zona de Valcárcel. De allí se traslada a las montañas del Curueño, donde coincide con Atilano, presbítero aragonés, decidiendo ambos proseguir su vida ermitaña en la Gruta de Valdorria. La fama de hombres santos, llega hasta el obispo de León que les pide que funden un monasterio bajo la Regla de San Benito; el lugar escogido será Valdecésar.

Tras la Batalla de la Polvorosa en el 878, que condena a los musulmanes al sur del Duero y devuelve la tranquilidad y seguridad a las riberas del Esla y Órbigo, Alfonso III hace llamar a Froilán para que contribuya en la repoblación y cristianización de la zona. Froilán fundará el Monasterio de Tábara, que será uno de los más importantes monasterios benedictinos de la Edad Media, especialmente famoso por su scriptorium y sus admirados beatos: Morgan, Tábara y Gerona.

En el año 900 fallece el Obispo Vicente de León y monarca y pueblo leonés coinciden en solicitar a Froilán que ocupe la Diócesis de la capital de Reino. Froilán será ordenado sacerdote y consagrado obispo de León el día de Pentecostés del año 900.

Durante su larga vida como eremita, evangelizador, fundador y obispo en tierras del Reino de León, no hay constancia de su regreso a Lugo. Sin embargo, el nacimiento de Froilán en la ciudad gallega, hará que, con el tiempo y el prestigio del Santo, las autoridades lucenses promocionen y divulguen entre el pueblo su devoción. El fervor popular, conducirá a la Diócesis de Lugo 900 años después de su muerte, en 1.605, a declararle Patrón de la ciudad. En 1.614, tras la petición del Ayuntamiento de Lugo, se enviarán desde León a la ciudad gallega algunas reliquias del Santo Patrón, para su exposición y adoración por los lucenses.

020 Catedral de Leon

Pero es León donde realmente se conmemora la festividad de San Froilán. Desde hace siglos se celebra la que es, sin duda, la más importante de las romerías de la provincia que el Santo "comparte" con la fiesta de La Virgen del Camino, y que es conocida como la "La Romería de San Froilán" : 5 de octubre de cada año.

¿Porqué esta celebración conjunta? Julio de Prado cree que el motivo fueron las epidemias, calamidades y las brutales sequías que se produjeron durante los ss. XVI y XVII, originando rogativas y procesiones conjuntas de La Virgen del Camino y el Arca de las Reliquias de San Froilán. El sacerdote leonés José Díez Monar dedica este romance a la Romería de San Froilán:

"... El día de San Froilán
tiene especial atractivo

para que todo León,

sea romero o peregrino

por lo mucho que se quiere
a la Virgen del Camino ..."


La gran afluencia de fieles a la famosa Romería procedentes de todos los pueblos leoneses, pero también de otras provincias, sobre todo desde Asturias, hizo que la fiesta religiosa sea también una fiesta de convivencia, que se acompañaba con tradicionales comidas-meriendas, principalmente de tortilla que se regada con abundante vino de la tierra, degustándose en grupos de parientes, amigos o vecinos en la explanada del Santuario de la Virgen. Templo (desde marzo de 2009, Basílica), que a lo largo de siglo y medio ha sufrido profundas trasformaciones. La música y los bailes de la región leonesa no podían faltar en la Romería: dulzaina, tamboril, gaita y cantos autóctonos de los distintos pueblos de la provincia, amenizaban aquellas horas de asueto tras los actos religiosos.

Virge Camino

Pasando el tiempo, surgen nuevas tradiciones como el "desfile de carros". Al mencionado "carro de la Virgen" que se trasladaba desde la ciudad de León al Santuario (6 km.), se le unieron los carros de los pueblos de los alrededores, que se engalanaban extraordinariamente para rivalizar entre ellos en colorido y originalidad.

En la actualidad los "carros" ya no se acercan al Santuario de la Virgen del Camino y, únicamente, desfilan por la ciudad, que cada vez va tomando más protagonismo en la Romería, programándose más actividades lúdicas: exposiciones de artesanía, mercados, festival de órgano, teatro, corros de lucha leonesa, concentración de pendones, la pugna dialéctica del Foro u Oferta y las Cantaderas (tradiciones de las que hablaremos en otra entrada), etc.

El fervor popular por aquel obispo y Santo leonés de hace más de 1000 años ha perdido fuerza. Sin embargo, San Froilán está presente estos días en las calles leonesas, si bien su fiesta ha tomado otro cariz, convirtiéndose en una festividad en la que se recuerda al Santo a través de espectáculos y "puchero": rosquillas, chorizo, avellanas, picadillo y la espectacular morcilla leonesa, pleitean con las celebraciones religiosas.

"Froilán fue flor en Lugo;
en el monte árbol santo;

de apóstol y de pastor
en León tuvo el lauro.

Hermoso farol, bello luminar,

tu luz singular afrenta es del sol.

Repita el clarín, publique la voz,

que al son de Froilán, festeja León".



- Puerta lateral del Santuario de la Virgen del Camino. Obra de José María Subirach.
- Monumento en Regueiro dos Hortos (Lugo).
- Lugo. Puente sobre el Miño en la antigua carretera a Santiago.
- Impronta sigilar del sudario de San Froilán del obispo de León J. Albertino que autentificaba los restos del Santo, s, XII. Catedral de Sta. María de León. (Fotografía de la exposición "San Froilán y su tiempo", 2005).
- Ermitas sobre las cuevas de Ruitelán y Valdorria (León).
- Imagen de San Froilán, obra del platero Rebollo, s, XVIII. Catedral de Sta. María de León.
(Fotografía de la exposición "San Froilán y su tiempo", 2005).
- Beato Morgan (Nueva York). Origen Monasterio de Tábara.
- Arca de madera y plata. Contiene los restos de San Froilán. Altar Mayor Catedral de Sta. María, León.
- Distintas etapas del Santuario de la Virgen del Camino (León).
- VIDEO: You-Tube. Teijeiro: MILLADOIRO,
"O bruxo da montaña".
- Morcilla tradicional leonesa.
- Romances: José Díaz Monar y Julio de Prado Reyero.
- Para conocer más:
"Siguiendo las Huellas de San Froilán" , Julio de Prado. Edit. S. Esteban, 1994. Salamanca.





domingo, 26 de septiembre de 2010

Nördlinguen y el Tercio de Idiáquez


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Formando leyenda con la falange macedónica y las legiones romanas, los tercios españoles ocupan un lugar destacadísimo en la historia militar. Durante la Edad Media los distintos ejércitos de los reinos hispanos estuvieron formándose en su lucha de 8 siglos contra la invasión islámica. Fue una sociedad adiestrada y preparada para la guerra que, con la llegada de la unificación nacional y su intervención fuera de sus fronteras, mostró su experiencia y supremacía militar en la mayoría de sus confrontaciones.

Ese poderío fue prácticamente total durante los siglos XVI y XVII, debido principalmente a un concepto distinto de ejército, a su formidable adiestramientoter6, a la coincidencia de unos mandos excepcionales (Fernández de Córdoba, Farnesio, Manuel Filiberto, Coloma, Álvaro de Bazán, Duque de Alba, Spínola, Fernando de Austria, etc.) y a la innovación en armas, tácticas y estrategias.

Se combatía bajo la cruz de San Andrés dispuesta de extremo a extremo de la tela, y representada unas veces lisa y otras con nudos. Su significado va unido al martirio del apóstol: humildad y sufrimiento. Aunque en un principio fue el emblema de la casa de Borgoña, ondeó por primera vez en los ejércitos hispanos en la batalla de Pavía con el aspa roja sobre fondo blanco. Más adelante, fue el símbolo por excelencia de los tercios, que la emplearon sobre distintos fondos de colores, casillas, rayas o jeroglíficos, siendo la más conocida la bandera del Tercio de Spínola: aspa roja sobre damero blanco y azul, que se puede observar a la derecha entre el enjambre de picas españolas del célebre cuadro la “Rendición de Breda” de Diego Velázquez.

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Los tercios los formaban combatientes profesionales, orgullosos, celosos en extremo de su honor personal y su reputación como soldados. Formaban una tropa de difícil trato pero disciplinada, agresiva y con una extraordinaria confianza en sí mismos. Era tal su espíritu combativo, que hubo que incluir castigos para aquellos que rompieran la formación por el ansia de combatir.

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Pero sobre todo, destacaban por su capacidad de sufrimiento, ya que, la mayoría de las veces, se encontraban en una situación de verdadera miseria: sin paga durante meses y siempre escasos de víveres, vestido o armamento.

No vamos a detallar aquí los antecedentes, costumbres, e historia de los tercios; para ello existen páginas espléndidas en donde se puede consultar y lafrondedescubrir su origen, historia, modo de vida, organización, vestimenta, armamento, mandos, etc.

Solamente destacar, aquella terrible forma de combatir imperante entre los siglos XVI-XVII, en la que resultaba imprescindible mantener y aguantar una formación en cuadro o en rectángulo, recibir casi a bocajarro los disparos del oponente, las poderosas cargas de caballería y el cruel enfrentamiento cuerpo a cuerpo, cuyo preámbulo era un lento y peligroso avance con las largas picas (algunas de 5 metros) por delante, teniendo a escasos centímetros un amenazante enjambre de picas enemigas, algunas ya tintas de sangre. Cualquier desmayo o duda en la formación, originaría el avance brutal de la compañía enemiga que, sin la defensa adecuada, penetraría sin oposición con sus picas y originaría un desenlace fatal.

Un silencio extremo imperaba entre las formaciones hispanas, acrecentado por una pragmática de Felipe II, que permitía una perfectas trasmisión de órdenes y producía en las tropas enemigas una inquietud aterradora. Un silencio que, inicialmente, solo se rompía en las tropas españolas por el redoble del tambor mayor que daba la orden de combate y que era contestado como un solo hombre con el grito de: ¡Santiago! o ¡España!

Como terrible costumbre heredada de los moros asentados en la Península, en el caso de retirada o huida del enemigo y a la orden del Maestre de Campo, el tambor repicaba el toque "a degüello”. Esa orden implicaba que el tercio se lanzaba tras el enemigo y no tomaba prisioneros.

En este mes de septiembre, concretamente los pasados días 5 y 6, se cumplieron 376 años de la batalla de Nördlingen, ocurrida en 1634, donde los tercios viejos españoles demostraron su efectividad en circunstancias militares adversas, atravesando media Europa en un estado precario de avituallamiento, siendo, al final, los verdaderos protagonistas del cruento enfrentamiento.175px-Kaiser_Ferdinand_II._1614

En Nördlinguen, localidad situada entre las ciudades de Münich y Ulm, en el sur de Alemania, se enfrentaron más de 60.000 hombres pertenecientes a dos irreconciliables bandos: católicos y protestantes. El objetivo era dirimir, dentro del terrible episodio de la Guerra de los Treinta Años que asoló Europa durante la primera mitad del siglo XVII, la supremacía político-militar-religiosa en el continente.

En 1634 la situación era insostenible para el emperador alemán Fernando II de Habsburgo. El formidable ejército sueco, que llevaba años tratando de imponer la supremacía de Suecia en Centroeuropa, apoyado por los príncipes alemanes protestantes de Sajonia, Brandeburgo, Franconia, Alto Rin y Suabia, dominaba la situación, amenazando a los católicos imperiales que contaban con tropas y mandos menos experimentados.

España decide intervenir ante la posibilidad de una derrota imperial, que la dejaría completameCardenal_Infante_D. Fernando de Austria. Hoeke-1635nte aislada. Felipe IV resuelve formar un potente ejército expedicionario al mando de su hermano el Cardenal-Infante Fernando de Austria, que, partiendo de Milán, se unirá al ejército imperial que manda Fernando, hijo del emperador y Rey de Hungría. El objetivo será doble: por un lado apoyar al bando imperial para impedir su completa derrota y, por otra, presionar por el sur a los Países Bajos con el fin de conseguir una paz duradera.

Los generales del bando protestante, el mariscal sueco Gustavo Horn y el príncipe alemán Bernardo de Sajonia-Weimar, situados en meGustavHorn0000jor posición estratégica, desechan esperar la llegada de refuerzos desde el norte, a la vez que infravaloran en número y potencial a las fuerzas españolas que se dirigen desde el norte de Italia para apoyar el asedio imperial a Nördlinguen. Allí, el ejercito expedicionario español al mando del Cardenal Infante Fernando, deberá enfrentarse a la orgullosa infantería sueca, a la perfecta organización de sus regimientos, a las Bernardo de Sajonia-Weimar 2 cargas mortíferas de su caballería “acorazada” y a las tácticas innovadoras y eficaces de sus mandos; toda una perfecta maquinaria de guerra que había creado Gustavo II Adolfo de Suecia y que había sobradamente demostrado su poderío en sucesivas batallas en Dinamarca, Polonia y Alemania.

El 4 de septiembre, cerca de Nördlinguen, se produce el encuentro de los dos ejércitos y se ocupan posiciones con vistas al inevitable enfrentamiento. La mañana del día 5, los protestantes inician los ataques, principalmente contra las colinas Hasselber y Albuch ocupadas por los católicos. El empuje y la efectividad de las tropas suecas, desarbola en un primer momento a las tropas hispano-imperiales que ceden y abandonan distintas posiciones a primera hora de la mañana, entre ellas el cerro de Hasselber. La colina Albuch, objetivo principal ya que desde allí se pueden batir todas las posiciones del ejército católico, aguanta a duras penas.

Según van trascurriendo las horas y los acontecimientos, resulta claro que Albuch será la clave de la batalla. El Cardenal-Infante refuerza la colina con el Tercio napolitano de Torralto y dos regimientos alemanes, colocando dos potentes escuadras españolas de caballería pesada en los flancos. Sin embargo, la precisa y determinante decisión de Fernando de Austria fue situar un contingente de experimentados y veteranos combatientes en la reserva: el Tercio de Idiáquez, compuesto de veintiséis banderas o compañías y 1800 hombres.

D. Martín de Idiáquez, cuya vida desde los 16 años estuvo dedicada al ejército formando parte de diversas unidades y tercios por África y Europa, es designado el 25 de julio de aquel mismo año por el Cardenal-Infante, como Maestre de Campo del veterano tercio de D. Juan Díaz de Zamorano, unidad que, desde aquel momento, adquirirá su apellido, Tercio de Idiáquez, y, después de la batalla, la eternidad y la gloria.

Combate nocturno  1623  Esaias van de Velde 2

El combate continua durante la noche del 5 al 6, sucediéndose tenazmente los ataques suecos a la colina. Los dos regimientos alemanes se descomponen, pero el Tercio de Torralto aguanta las embestidas. Una nueva ofensiva sueca protagonizada por el famoso regimiento Amarillo produce la huída de los ospreycampaign041poltav 2 alemanes, pero el de Torralto, aunque muy desgastado, mantiene su formación. Las posiciones abandonadas por los alemanes son ocupadas por el Tercio de Idiáquez, que en perfecta formación avanza hacia los suecos empujándoles con sus picas, mientras los arcabuceros realizan cerradas y precisas descargas que logran desalojar del lugar a los protestantes.

El Tercio de Idiáquez, con el apoyo del diezmado de Torralto, aguanta las sucesivas cargas de la potente caballería luterana y los ataques de las sucesivas formaciones de infantería sueca. Los generales Regimiento Azul protestantes saben que el desenlace de la batalla se encuentra en la cima de Albuch, y envían el resto de sus mejores tropas para acabar con la resistencia hispana: los legendarios regimientos Negro y Azul.

Hasta ese momento, durante la noche y primeras horas de la mañana, el Tercio de Idiáquez lleva rechazados catorce ataques. Ahora tienen que enfrentarse a los prestigiosos y potentes regimientos, entre los que hábilmente se intercalan tropas especializadas en combate con armas de fuego (cartucheras y mosquetes ligeros), nueva táctica empleada con éxito por el ejército sueco en los años anteriores.

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En aquel crucial momento, el Maestre de Campo D. Martín de Idiáquez, se dirige a sus hombres de esta manera:

“Ea señores, parece que esos demonios sin Dios nos quieren dar la puntilla y contra nosotros viene lo mejor que pueden poner en el campo, será cuestión de echar redaños y aguantar firme. Cuando esos diablos de colores se dejen ver, no quiero que ninguno desfallezca, aguantad firmes ante ellos y esperar a oír la detonación de sus mosquetes, en ese momento todo el mundo a tierra”.

arcabuceros caminando De esta manera, el Tercio, a pesar del movimiento suicida que resultaba deshacer la formación de combate, contrarrestaron el potencial de fuego de los disciplinados enemigos y alargó el tiempo de la descarga de sus propios arcabuceros, que lo hicieron a bocajarro barriendo por completo las primeras líneas de soldados enemigos. Ante el tremendo e inesperado castigo, los suecos dudan en su avance. Estos momentos de titubeo y vacilación de las tropas luteranas, son aprovechados asombrosamente por las formaciones españolas que, inesperadamente, contraatacan y empujan a los suecos con sus picas y disparos de arcabuz colina abajo.

En otras posiciones la situación para los protestantes no mejora. Es entonces cuando Fernando de Austria ordena a los tercios avanzar y cargar contra las formaciones enemigas en retirada. Con paso firme y tranihycm-2079quilo el Tercio de D. Martín de Idiáquez avanza y carga ferozmente contra el enemigo; como dejaría escrito un coronel sueco que se encontraba en aquella colina: “Avanzaron con paso templado, cerrados en masas compactas … la mayoría veteranos bien probados: sin duda alguna, la infantería más fuerte, la más firme con la que he luchado nunca”.

Temiendo que los católicos rompieran el frente, el mariscal Gustav Horn decide retirarse. La retirada se trasforma en desbandada y todos las líneas luteranas se hunden. Un auténtico desastre militar que supuso para el bando protestante 7000 muertos y otros tantos prisioneros, entre ellos el propio Horn, un botín de 4000 carros repletos de suministros y vituallas y más de 50 piezas de artillería.

Las consecuencias de la derrota fueron asombrosas: la Liga de los príncipes alemanes rebeldes desapareció, el poder sueco en Alemania se desintegró y todas las guarniciones al sur del río Maine fueron desalojadas, manteniendo solamente la Pomerania, en la costa báltica.

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Tres años más tarde, en 1637, el cronista Diego de Aedo, en su obra “Viaje, sucesos y guerras del Cardenal-Infante Fernando de Austria”, comentó sobre la batalla y el Tercio de Idiáquez: “… seis horas enteras sin perder pie, acometidos dieciséis veces, con furia y tesón no creíble; tanto que decían los alemanes que los españoles peleaban como diablos y no como hombres, estando firmes como si fueran paredes.”

Otra época, otra manera distinta de vivir y sobrevivir, pero sin duda, somos herederos de aquellos hombres que, de guerra en guerra y en enfrentamientos trágicos, conformaron las sociedades occidentales en las que actualmente vivimos. Sirva esta entrada para mostrar sus terribles sufrimientos y como homenaje a su bravura y heroicidad.


- El socorro de Brisach (fragmento). José Leonardo.
- Bandera Tercio de Spínola.
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Rendición de Breda o Las lanzas. Diego Velázquez.
-
Desembarco de los Tercios en las Islas Terceiras (Azores) (fragmento). Anónimo.
- Defensa con picas. Grabado.
- VIDEO: You Tube - B
attle scene spaniards against dutchem (lthrbreeches). Basado en la película "Alatriste" y en la serie de novelas de Pérez Reverte.
-
Fernando II de Habsburgo, Emperador de Alemania. Anónimo.
-
Cardenal-Infante Fernando de Austria. Hoeke.
-
Gustav Horn. Anónimo.
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Bernardo de Sajonia-Weimar. Anónimo.
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Combate nocturno. Esaias van de Velde.
- Regimiento sueco "Amarillo".
- Regimiento sueco "Azul".
- Tercio español en combate.
- Arcabuceros de los Tercios.
-
Tercio español en marcha (fragmento). Anónimo.
-
Batalla de Nördlinguen. Pieter Meulener.
- Páginas sobre los Tercios:
http://www.tercios.org
http://ejercitodeflandes.blogspot.com/



viernes, 10 de septiembre de 2010

La muerte de la belleza


La Ilíada no cuenta la totalidad de la Guerra de Troya, como normalmente se cree. La gran obra homérica finaliza con la visita de Príamo, rey de Troya, a la tienda de Aquiles con el fin de recuperar el cadáver de su hijo Héctor. Los restantes episodios que conocemos sobre la guerra, hasta la conquista y 294C9FFC67224C8033EB2D4C802FBEdestrucción de la ciudad, no están narrados por Homero, sino por otras fuentes, entre las que sobresalen las obras de Quinto de Esmirna, escritor del siglo III - IV de nuestra era, que tenían como finalidad continuar el ciclo épico troyano donde lo dejó el propio Homero. Para ello, se inspiró en autores como Sófocles, Eurípides o Apolonio de Rodas.

Uno de esos episodios descrito por Quinto en la obra Posthoméricas, es la llegada y apoyo a la asediada ciudad de Troya, de un contingente de amazonas a cuyo frente se encontraba Pentesilea, la bellísima y valiente reina de Temiscira. Según la mitología griega, las amazonas eran descendientes de Marte, dios de la guerra, y Harmonía, deidad del amor. Su llegada a Troya confortó el ánimo de los desalentados troyanos, sumidos en la desesperanza tras la muerte de su héroe Héctor:

“… ahí llegaron las doce, y cada cual

parecía una princesa hambrienta de guerra y feroz batalla;

cada una tenía su fama bien ganada,

pero servían a Pentesilea, que sobresalía por encima de todas.

Igual que entre las estrellas del ancho cielo

brilla en su trono por encima de todas la Luna.”

Este extraordinario refuerzo ofreció nuevas expectativas a los troyanos y a su rey Príamo, que celebró su llegada y auguró que, con esta inestimable ayuda, lograrían arrojar a los griegos al mar. Según relata Quinto de Esmirna, al día siguiente de su llegada, la bella Pentesilea se enfundó su armadura y eligió sus AquilesPentesilea3armas. Se ciñó un cinto del color del arco-iris, unas glebas de oro, tomó su espada que introdujo en una vaina de plata y un casco corintio tocado con penacho dorado. En su mano izquierda sujetaba un escudo bruñido y en la derecha dos jabalinas. Vestida así, sobre su veloz caballo de guerra tracio regalo de Oritía, esposa del dios del viento, la figura de Pentesilea era similar al destello de la más alta y bella de las diosas.

Desde sus campamentos en la playa, los griegos la vieron salir de la ciudad al frente de sus amazonas y seguida por miles de troyanos. El choque fue brutal. Algunas de las valerosas amazon1as perecieron en los primeros momentos, pero los troyanos no dejaron de presionar a los invasores griegos hacia el mar. Sin embargo, la rápida llegada de Aquiles y Áyax con sus hombres cambió por completo la situación.

Pronto se encontraron frente a frente Pentesilea y Aquiles. Ella avanzó primero; Aquiles la esperó impasible. Pentesilea atacó de inmediato arrojando al griego las lanzas que portaba, que rebotaron en el escudo y coraza del griego.

Se enfrentaron durante largo tiempo, cuentan que hasta el crepúsculo. Pentesilea golpeaba con la espada el cuerpo del Aquiles, pero las heridas del héroe cicatrizaban instantáneamente y su sangre desaparecía de inmediato. Es entonces cuando Pentesilea, intuyendo la invulnerabilidad de su enemigo, comprendió que su fin estaba próximo.

En una de las incontables pugnapentesileas, la reina de las amazonas cayó a tierra con una profunda herida en el costado derecho, y en aquel momento los cuerpos de los dos combatientes se acercaron y sus miradas se cruzaron. La visión cercana del héroe griego, conquistó a la amazona e hizo que exclamara: “¡Ay!, ahora quiero vivir”.

Se hizo el silencio, un silencio mortal y los dos ejércitos enmudecieron. Aquiles se arrodilló, le retiró el casco y descubrió su rostro quedando sobrecogido por la belleza de, hasta ahora, su oponente. El aqueo dejó caer su coraza, casco y armas, y se mostró desnudo ante los guerreros; tomó en sus brazos el cuerpo aún con vida de Pentesilea, y permaneció horas abrazado a él hasta que, inevitablemente, le llegó la muerte.

Cuenta la leyenda que los dioses, entristecidos por el hecho, se apiadaron de la desolación de Aquiles y, en mitad de la noche, insuflaron aliento divino al cadáver de Pentesilea. De esta manera, el bello cuerpo de la amazona recobró vida hasta el amanecer y ambos amantes pudieron consumar aquel amor imposible que, surgido de un enfrentamiento brutal, se consumó con la muerte.





- Muerte de Pentesilea. Franz von Stuch.
- Amazona a caballo. Museo de Münich.
- Amazonas. Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.
- Muerte de Pentesilea por Aquiles. Vaso griego de figuras negras.
-Aquiles y Pentesilea. Grabado.
- La muerte de Pentesilea. Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.
- VIDEO de jkarl65: "Amor, dulce muerte". Vicente Amigo.



viernes, 27 de agosto de 2010

En memoria de un genio

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No vamos a comentar aquí la trascendencia literaria de Lope de Vega, considerado uno de los novelistas, poetas y dramaturgos más importante en lengua castellana. Tampoco los avatares de su vida, contradictoria, turbulenta, apasionada, que, como se ha dicho, “es comparable a un vendaval, a una intrincada y ferocísima selva, a un encrespado mar en el que vemos zozobrar continuamente sus ilusiones y sus propósitos de enmienda”. Luís de Góngora, su feroz enemigo, le describió perfectamente en dos sencillos versos:

“Soberbias velas alza, mal navega.
Potro es gallardo, pero va sin freno.”

Por la parte que nos toca, entre los múltiples episodios escandalosos de los que estuvo llena su vida, citar la curiosa y poco difundida peripecia en la que, un Lope adolescente, después de robar dinero y algunas joyas, huye de su casa en Madrid a lomos de un flaco rocín, en busca de grandes aventuras. El viaje finalizará en tierras leonesas, concretamente en Astorga, donde, arrepentido de su acción, decide regresar a casa y asumir las consecuencias.

Pero el motivo de esta entrada es, principalmente, conmemorar hoy el aniversario de su muerte, mostrando, mediante unas pinturas poco conocidas, los avatares de su multitudinario entierro en Madrid. También, celebrar la noticia (no muy habitual) del reciente “descubrimiento” de un retrato del poeta en una colección particular en la ciudad de Münich, y, además, felicitarnos por el inminente estreno de una película sobre el escritor, "Lope", un relato de amor y aventuras, sobre la vida del hombre que supo enamorar como nadie y a la vez contar las mejores historias.




Félix Lope de Vega Carpio muere en Madrid el 27 de agosto de 1635 a los 73 años, hace hoy 375 años. Tras llevar varios días enfermo, el lunes 27 fallece a las 5 de la tarde en el nº 11 de la calle de los Francos, hoy la madrileña calle Cervantes, en el Barrio de las Letras.

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Su entierro, efectuado al día siguiente y al que acudió todo el pueblo madrileño, fue tan espectacular como su vida. Sin embargo, el Consejo de Castilla prohibió las honras fúnebres con las que el Ayuntamiento de la ciudad había acordado homenajear al poeta, presionado por las altas esferas eclesiásticas que no llegaron a perdonar al escritor la vida libertina que, siendo ya sacerdote, había llevado en sus últimos años.

A las once de la mañana salió de su casa el cortejó que acompañará el cadáver hasta su sepultura en la Iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha. Lope es conducido a hombros, con el rostro descubierto y vistiendo el hábito de caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, más conocida como Orden de Malta. La comitiva fúnebre pasará antes por el convento de las Trinitarias Descalzas, entre las calles Huertas y Cantarranas (ahora Lope de Vega) donde una de las monjas, sor Marcela de San Félix, hija de Lope y de una de sus amantes, la actríz Micaela Luján, ha solicitado que el féretro de su padre se detenga unos instantes ante la reja de clausura de una de las puertas del monasterio, para darle su último adiós.

SM - Suarez Llanos 2 Ese momento de desgarrada emoción, en el que se refleja el instante en que sor Marcela despide el cadáver de su padre desde una de las puertas enrejadas del convento de clausura, es el que muestra la pintura realista del pintor decimonónico Ignacio Suárez Llanos, "Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega, su padre” (1862), actualmente en la pinacoteca del Senado.

Unos años antes, en 1853, el pintor francés Jean-Paul Etienne Balze realizó el mismo tema en el cuadro “Funérailles de Lope de Vega”, actualmente en el Museo Ingrés, pero en un entorno romántico, muy medieval y, de alguna manera, excéntrico. Un escenario en el que sor Marcela, a las puertas del convento, se arrodilla ante el cuerpo de su padre que se encuentra, bajo palio, sobre un extraordinario catafalco.

photo Pero 400 años después, Lope de Vega sigue vivo. Sigue vivo en sus poemas, en sus comedias y dramas que no dejan de representarse en todo el mundo, y que resultan un espectacular reclamo para los amantes del teatro. Y sigue vivo, porque recientemente se ha “descubierto” un nuevo retrato del escritor.

La pintura, “Félix Lope de Vega Carpio como caballero de Malta”, atribuida al español de origen holandés Juan Van der Hamen y León, considerado un auténtico “fotógrafo” de los artistas del momento, se encuentra, como hemos señalado al inicio, en una colección particular en Alemania.

news_story_detail-Lope de Vega1 En esta “nueva” obra, Lope posa de medio cuerpo vistiendo un amplio manto negro con una gran cruz de la Orden de Malta en su lado izquierdo, que le designa como caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, siendo la mayor distinción que Lope de Vega tuvo en vida y que fue otorgada por el propio papa Urbano VIII. Apoya su mano izquierda sobre una mesa cubierta con paño carmesí, en la que se encuentran varios libros, mientras la mano derecha del poeta sostiene una carta o documento, que parece haber dejado su lectura unos momentos para posar para el artista.

12 Dice la tradición, que la noche en que murió Lope hubo un eclipse de Luna. Jacinta Baca, poetisa y amiga del escritor, dejó escrito este bello soneto sobre la confluencia de los dos sucesos:

Llegó ya a las montañas de Apenino,
llegó a la Libia ardiente y Seythia helada
la fama por justicia acreditada
de este varón de tanto laurel digno.

Y así del más remoto al más vecino

con himnos de dolor será llorada,
su falta, y la memoria venerada
del que en el velo humano fue divino.

Hasta en el campo de zafir hermoso
la noche, que dio término a su vida,
mostraron sus lumbreras sentimiento.


Y con afecto triste y amoroso,

cuando Delio llegó a su luz cumplida,

le formó en sombras sacro monumento.


- Lope de Vega (detalle). Eugenio Cajés.
- Interior Museo-Casa Lope de Vega. Madrid.
- VIDEO: "Que el soneto nos tome por sorpresa", Jorge Drexler - Película "Lope".
- Fachada Convento Trinitarias Descalzas. Madrid.
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Sor Marcela de San Felix ... Ignacio Suárez Llanos.
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Funérailles de Lope de Vega. Jean Paul Etienne.
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Félix Lope de Vega como caballero de la Orden de Malta. Juan Van der Hamen.
- Varios retratos del escritor
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